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Mi poder mental / Capitulo 3 / La colita de mi mami

Jueves, Enero 11th, 2007

El día siguiente a haber perdido la virginidad follándome a mi madre, estaba aún mas caliente que antes. Fue un día desastroso para mi en la escuela, puesto que tenía mi cabeza en otra cosa, a saber, en todo lo que pensaba hacer con mi madre en cuanto pudiera estar con ella en mi casa.
Normalmente yo llego a mi casa una hora antes que mi madre, pero esta vez en lugar de dirigirme a casa fui hasta su oficina a esperar a que terminara de trabajar. Cuando lo hizo, yo la estaba esperando en la puerta.

—¡Qué sorpresa, Pablo! ¿Qué haces por acá?

—”No hagas preguntas y subamos al auto”— respondí mentalmente.

Subimos al auto y ella condució rumbo a nuestro hogar, y en el camino comencé a darle algunas órdenes de caracter sexual.

—”Subite la pollera”— le indiqué cuando nos detuvimos en un semáforo. Ella obedeció al instante. Quedaban a la vista sus panties, asique le indiqué

—”Bajate las panties y la bombacha hasta las rodillas”— y quedó a la vista su coño peludo. Sin importarme de nada le indiqué que continuara conduciendo con rumbo a nuestro hogar, y mientras tanto yo la masturbaba, metiéndole con cierta torpeza un dedo en su cuevita. Ya no podía más, tenía que acabar en seguida, estaba tan empalmado que esperaba sentir la leche en mis calzoncillos de un momento a otro, así que en cuanto llegamos a casa y pusimos el auto dentro del garage, sin siquiera salir del auto, me bajé los pantalones y le ordené —”Chupamela” y ella se inclinó sobre mi y se metió mi polla en su boca, mamándomela y haciéndome acabar en cuestión de segundos… —”Tragatela toda, te gusta, te gusta tragar la lechita de tu hijo… trágatela…”

Nos arreglamos las ropas y nos bajamos del auto, y dejé libre a mi madre para que preparara la comida, mientras yo miraba un poco de televisión tratando de despejarme de tanta calentura, pero unos minutos después ya estaba en la cocina nuevamente. Ella estaba cocinando, y yo me le acerqué a ella por detrás y le ordené —”Seguí cocinando, quedate tranquila”— al tiempo que le tocaba el culo y elegía una zanahoria de las que ella había lavado para preparar el almuerzo. La hice inclinarse un poquito, le subí la pollera y le bajé las panties y la bombacha, y le separé las nalgas, y apoyándole la punta de la zanahoria en el culo, lentamente se la fui introduciendo. Ella seguía cocinando como si nada ocurriera, evidentemente la tenía tan controlada mentalmente que ni siquiera la afectaba el dolor de estar siendo penetrada analmente. Sin casi interrumpirla de sus tareas, la fui desnudando por completo, sin sacarle la zanahoria del culo, para poder contemplar su cuerpo por completo. Pronto ella termino de preparar el almuerzo, y entonces si le quite el improvisado consolador para que pudieramos sentarnos a comer.

Antes de ir a la mesa, yo también me quité la ropa, y allí estabamos los dos, sentados uno junto al otro, completamente desnudos y almorzando. Con tan solo unos bocados calmé mi hambre, dado que mi verdadero apetito en ese momento era el sexual, y me dediqué a mi madre nuevamente. Había llevado la zanahoria que le había metido un rato antes en el culo, y le indiqué que se la comiera, mientras yo le ponía puré en los pezones y comía directamente de las enormes tetas de mi madre. Una vez que terminamos, ella quiso juntar los platos sucios, pero yo estaba muy caliente como para eso.

—”Inclinate sobre la mesa, apoyá las tetas sobre la tabla sin flexionar las rodillas… separá más las piernas…”—. Ella obedecía al instante mis pensamientos, sin tener yo siquiera que repetirlos. —”Separate las nalgas, abrite la cola con las manos”. Apoyé mi polla sobre la entrada de su cola, y de a poco fui penetrando analmente a mi mamá, mientras le daba cachetadas en las nalgas, que quedaban marcadas con la forma de mi mano. —”Pajeate… tocate las tetas… movete para adelante y para atras, hacé que mi polla entre y salga de tu culo… te gusta… te gusta mucho…”.

No sé si realmente yo podía ordenarle que lo disfrute, pero realmente ella estaba gozando como loca. Tuvo dos orgasmos masturbándose ella misma, mientras yo la sodomizaba, hasta que al fin sucumbí a la lujuria de ese culo enorme, que se movía para adelante y para atrás haciendo que mi polla entrara y saliera con facilidad… le llené la cola de semen, cuando se la saqué pude ver un chorrito de leche que salía de su ano, y pensé que ya que alguna vez había estado en el interior de mi madre, era lógico que volviera a estarlo ahora, aunque sea mi polla y mi esperma.

El resto del día la deje libre, y yo lo pase con mis amigos, ahora mucho mas relajado después de haberme descargado.

Mi poder mental / Capitulo 2/ Debutando con mamá

Jueves, Enero 11th, 2007

Cuando cumplí 15 años, mi hermana no estaba ya en casa. Se había ido del pueblo para poder estudiar, y si bien venía de visita, todo el tiempo que permanecía en nuestro pueblo estaba con sus amigas o en compania de nuestros padres, que la extrañaban mucho y no nos dejaban solos jamás. Si bien yo ya había decidido que estaba dispuesto a tener relaciones sexuales mas allá de estar desnudos y masturbarnos mutuamente, me era imposible concretar porque no teníamos oportunidad de estar a solas. Sin embargo, la primera vez que volvió de visita a nuestro hogar, le ordene mentalmente, y varias veces, que no tuviera relaciones sexuales de ningún tipo, que conservara su virginidad. No sabia cuando se daría la oportunidad, pero estaba dispuesto a ser yo quien le robara la virginidad a mi hermana.

En esos tiempos mi madre empezó a trabajar solo por las mañanas, y ya no podía disfrutar de la independencia que antes tenia en mi hogar, pues por las tardes ella estaba en la casa, y a la noche volvía mi padre de trabajar. Yo concurría al colegio por las mañanas, y ya no disponía de tanta libertad. Esas tardes mi madre las pasaba viendo televisión, cocinando, o haciendo tareas del hogar, y yo pasaba entonces mas tiempo con ella. A las tres de la tarde, siempre, invariablemente, se ponía su ropa deportiva y hacia gimnasia frente al aparato de tv, con unos videos de esos para ejercitarse, donde aparecen unas tías buenísimas. Claro que mi madre no se parecía a estas mujeres ni de lejos, pero tenia un muy buen cuerpo, aún a sus 42 años, y lo conservaba bastante bien gracias a sus rutinas de ejercicios y dietas. Usaba el cabello corto, rubio, y realmente tenia formas generosas, pero armoniosas al mismo tiempo, o sea, buenas tetas, un culo un poquito grande, pero buena cintura y todo en su lugar. Yo no perdía ocasión de hacerle companía, sentado en un sillón, mientras ella hacia gimnasia, porque realmente las tías del video me calentaban, y algunas veces que me quedaba solo en casa miraba esos videos y me hacia unas pajillas calentándome con eso.

Un día, mientras ella hacia gimnasia, me puse a darle ordenes mentalmente, como hacia con mi hermana, pero esta vez solo por jugar, porque ya lo había probado antes y no daba resultados con otras personas. Pero esta vez noté algunas reacciones. Por ejemplo, si ella estaba haciendo un ejercicio donde los brazos debían quedar pegados al cuerpo, yo le ordenaba “levanta los brazos”, y ella dudaba un poco, y al final, a veces, los levantaba, haciendo cosas distintas a las coreografías del video.

Entonces me dediqué a perfeccionar la técnica, y me di cuenta de que, con tiempo, podía dominar mentalmente a quien quisiera, pues en realidad se trata de “domar” las mentes. Al principio me costaba trabajo, no me hacían caso o solo me obedecían a veces, pero con constancia, las mentes —al menos la de mi madre— iban dejando de oponer resistencia y me obedecían ciegamente.

Al principio lo hice para ayudar a mi madre a hacer ejercicios que a ella le costaban mucho o no tenía voluntad, le ordenaba que fuera a correr al parque, que hiciera rutinas mas difíciles, que siguiera las dietas al pie de la letra, etc. Y al mismo tiempo, ganaba un poco de libertad en mi hogar, pues podía mandarla a pasear cada vez que quería masturbarme.

De todas formas, con el tiempo, empezaron a ocurrírseme cosas mas diabólicas. Mi madre trabajaba por las mañanas, por lo que ella disponía de un sueldo, y por lo tanto yo también, dado que le ordenaba que me entregara buena parte de sus ingresos cada vez que me hacía falta.

Una tarde, en que ella estaba haciendo ejercicio, la mande a ir corriendo hasta el video club y alquilarme un par de películas porno. Cuando volvió, la mandé a ducharse un largo rato y luego a que se quedara en el baño hasta que yo se lo ordenara, pues quería estar un rato solo para poder pajearme. Puse una de las películas y enseguida estaba empalmado, y bien, me masturbé. Luego le di la orden de que fuera a vestirse y la tarde continuó normalmente, ella se vistió y luego se puso a limpiar la casa. Ese día todo hubiera continuado normalmente, si no fuera porque a esa edad las hormonas nos empujan a pajearnos constantemente. No había pasado mas de una hora que ya quería volver a masturbarme, pero mi mamá estaba viendo una telenovela. Así que le ordene:

“Quédate donde estas, viendo la tv, y no digas nada”

Puse el video porno y me senté en el sillón individual, al lado de donde estaba ella sentada, y me puse a ver la porno. Me daba bastante morbo que ella también viera a esas parejas follando, a pesar de mi orden de que no reaccionara. Y entonces fue cuando, por primera vez, me dio curiosidad de verla desnuda.

Ella tenia puesta una blusa blanca y una pollera gris que le llegaba a las rodillas, y yo le ordene “desabróchate la blusa” y ella me obedeció. Quedó a la vista un corpiño blanco que ocultaba sus enormes tetas. Me acerqué y me arrodillé delante suyo, para poder verlas de cerca, y fui yo quien terminó de abrir la blusa para ver que había dentro. Podía ver a través del corpiño las enormes areolas de mi madre, tan grandes como podía esperarse de semejantes tetas, aquellas que me habían amamantado en mi mas tierna infancia. “Quítate el sujetador” y ella pasó sus manos por su espalda y quitó el broche, y luego pude ver en directo esos enormes pechos. Los contemplé en silencio, hasta que al fin los acaricié… creo que nunca antes me había fijado en lo hermosas que eran las tetas de mi madre. Además, con todo el ejercicio que le había hecho hacer en ese tiempo, ella estaba mas buena que nunca. Tomé sus tetas con mis manos, y levantándolas un poco me las llevé a la boca, primero una, luego la otra, y luego me metía los dos pezones al mismo tiempo y se los mordisqueaba. Hice que se los pellizcara, que se los chupara, que los amasara, y mientras tanto yo ya me había bajado la bragueta y me estaba masturbando. Y entonces, luego de pensarlo un poco, tan fríamente como podía frente a la visión de las enormes tetas de mi madre, decidí ir mas lejos. Apagué la video y fuimos a su pieza. Me senté en la cama y la hice quedarse de pie junto a mi.

“Súbete la pollera… lentamente”

Entonces pude ver una bombacha muy grande, creo que les dicen bombachón, de color beige, con encajes, y… ¡estaba húmeda! ¡Mi madre estaba cachonda, con todo el toqueteo! Muy despacio le bajé el bombachón, y de a poco fui dejando a la vista sus pelillos rubios, su raja… Sin mas preámbulos pensé “Abrete el coño, mamá” y ella, sin dejar caer la pollera que tenía a la altura de la cintura, con sus manos separó sus labios vaginales y me mostró el interior de su conejo rosado. Yo me humedecí el dedo índice con mi saliva, y se lo hundí en ese coño de donde yo mismo alguna vez había salido. La masturbé un rato, y luego le terminé de quitar la ropa por completo.

“Acuestate en la cama y separa las piernas”, y ella obedeció. Yo me acosté sobre ella y, muy lentamente, temblando como una hoja, la penetré…
¡Que placer! Sentía por primera vez mi polla envuelta en carne, y era la carne de mi madre, estaba cogiéndome a mi madre… Chupaba esas tetas con locura, con desesperación, y los pezones se le hinchaban como uvas, se le ponían durísimos… me movía embistiéndola con furia, con toda la furia que tanto tiempo acumulé esperando debutar, y ahora lo estaba haciendo… ¡con mi madre!

“Ten un orgasmo, grítalo”

—¡¡Aaah…!!! mmmhhh…. ¡¡¡siiiii!!! ¡¡¡AAAhhhh!!!

Movía sus caderas desesperadamente, de arriba abajo, y yo no paraba de embestirla metiéndole mi polla cada vez mas hondo… hasta que al fin… llegamos al mismo tiempo… y yo apoyé mi cabeza, aliviado, sobre las tetas de mi madre.

Quedé agotado. Estaba recostado sobre el cuerpo desnudo de mi madre, a quien le había llenado el coño con mi esperma. Me vestí rápidamente y la mandé a ducharse, y me fui, a dar una vuelta por allí con mis amigos. Volví a la noche y cené con mis padres como si nada hubiera pasado, pero con muchas cosas en mente para disfrutar con mi nueva esclava sexual.

Mi poder mental / Capitulo 4 / En la cama de mis padres

Jueves, Enero 11th, 2007

Esa misma noche, después de haberme follado a mi madre temprano, por la tarde, ya estaba empalmado nuevamente. En la oscuridad de la habitación, me tocaba estando envuelto entre las sábanas, y me moría de ganas de follarme a mi madre nuevamente, pero ella dormía junto a mi padre en su habitación, y me resultaba un poco complicado el despertarla para poder saciar mis instintos sin que mi padre se diera cuenta. Entonces me di cuenta de que si no había tenido problemas en dominar mentalmente a mi hermana y a mi madre ¿por que habría de tener problemas para que mi padre obedeciera mis pensamientos?

Vistiendo mis calzoncillos y unos pantalones cortos, me acerque sin hacer ruido a la pieza de mis padres. Ambos dormían profundamente. No sabía si podría dominar la mente de mi padre estando él dormido, y no quería despertarlo porque temía que mi poder fracasara con él, y entonces tendría que darle una explicación respecto a que hacía yo en su habitación.

Me acerqué a su cama todo lo que pude y empece a enviarle mensajes mentales a mi padre.

—”Papá, soy yo, Pablo. ¿Me escuchas?”

—”Perfectamente”

Era maravilloso, en el primer intento ya había logrado comunicarme. Luego, con el tiempo, comprendería que es mas fácil dominar a una mente dormida, que no opone ninguna resistencia.

—”Papá, te ordeno que me obedezcas en todo, absolutamente todo lo que te ordene”

—”Si, Pablo”

—”No me llames Pablo, llámame Amo”

—”Si, Amo”

Ahora que ya sabía que mi padre no era una molestia, entablé comunicación con mi madre.

—”Mamá, ¿me estás escuchando?

—”Si Pablo”

—”Quiero que te pongas boca arriba”

Aun estaban los dos profundamente dormidos, pero de todas formas obedecían mis ordenes. Mi mamá, que dormía volteada hacia a mi padre, se puso boca arriba enseguida que se lo ordené.

—”Dime mamá, ¿Que llevas puesto?

—”Mi camisón rosa, Pablito”

—”Quítatelo”

En seguida se lo quitó. Saber que ella estaba desnuda, bajo las sabanas, esperándome, no hacía mas que empalmarme mas de lo que ya estaba. Me pare junto a la cama, y apartando las sabanas, encontré a mi madre y a mi padre, profundamente dormidos. El vestía únicamente un calzoncillo, y mi madre estaba, como se lo ordené, completamente dormida. Me desnudé yo también, y recostándome sobre ella, cubrí nuestros cuerpos desnudos con las sabanas.

—”Bésame, mamá”

Y nos besamos apasionadamente. Sostuve su cabeza con mis manos, atrayéndola hacia mí, y sin pensarlo deje que mi lengua se mezclara con la suya. Luego baje hasta sus enormes tetazas y me quede un rato mordisqueando sus gordos pezones. El hecho de sentir mi polla apoyada entre sus piernas contenía mi excitación, y la tranquilidad volvía a mi cuerpo. Mientras le chupaba las tetas a mi madre, tuve curiosidad por ver como sería cuando mi padre la penetraba. Me corrí a un costado y les ordené mentalmente

—”Mamá, papá, hagan de cuenta que no estoy aquí y follen como lo hacen siempre”

Mi madre le sacó rápidamente los calzoncillos a mi padre, y de un solo bocado se tragó su polla, acomodándose al mismo tiempo sobre él, y quedando el la posición del “69″. Mi padre comenzó a comerse el coño de mamá, y así estuvieron largo rato. Yo, a un lado de la cama, ayudado por la tenue luz del velador, los observaba, admirado y sorprendido de ver a mis padres practicando el sexo oral con tanta experiencia.

Ya no podía mas, sentía que la polla iba a explotarme de un momento a otro. Me subí a la cama y me puse detrás de mi madre, y comencé a meterle un dedito en su culo. Estaba gozando como loca, tragándose entera la polla de mi padre, y sin interrumpirla me acomode atrás suyo y aferrándome a sus nalgas la penetre analmente, muy despacio y con cuidado, pero con la facilidad que me daba el hecho de que estuviera totalmente relajada.
Mi padre no dejaba de comerle el coño, a pesar de tener mis pelotas en el rostro, y eso me daba un morbo enorme.

—”Papá, lámeme los cojones”

—”Si, amo”

Eso fue demasiado. Sentía que iba a eyacular de un momento a otro, y les di la orden de que se vinieran conmigo. Así lo hicieron, y en el momento en que descargué mi leche en el recto de mi madre, ella se convulsionaba al llegar al orgasmo al mismo tiempo que mi padre le llenaba la boca de leche.

Estaba agotado. Realmente agotado. Le ordené a mi padre que se fuera a dormir al living, y que al día siguiente no recordara nada ni le resultara extraño despertarse allí, y que se fuera a trabajar sin entrar a su habitación, así que se llevara su ropa antes de salir de la pieza.

Acomodé mi polla extenuada entre las nalgas de mi madre, y me dormí haciendo “cucharita”, pegado a su cuerpo desnudo.

Cura antiestress / Parte 2

Jueves, Enero 11th, 2007

Así que al día siguiente de convertir a Eva la llamo.

- Hola Eva.

- Hola Ramón, te iba a llamar ahora. He quedado con unas amigas para ir al cine, si te parece bien nos vemos cuando termine la película.

Él necesitaba tiempo para enseñarle a manejar el aparato antiestres y para los otros planes que tenia para esa tarde.

- Eva, me gustaría que quedásemos a las 6 en mi casa.

- De acuerdo, les diré a mis amigas que no voy a ir al cine. – Ella no dudó un minuto en cambiar sus planes.

Esa tarde Eva llegó puntualmente a las 6. Según entro, Ramón le pregunto que si había tenido tiempo de hacer algo de lo que le ordeno. Ella respondió

- Sí. Aprovechando que estoy sola en casa fui a un videoclub y alquile algunas películas porno. He estado aprendiendo a chuparla practicando con un plátano.

- Vaya, veo que eres muy diligente. Veamos lo que sabes.

Ella se arrodilló frente a él y comenzó a lamerle lentamente la polla. Cuando la tuvo dura, la introdujo en su boca y empezó a chuparla, moviendo la cabeza adelante y atrás. Se la veía mucho mas suelta que el día anterior. Le dijo que se fueran a su cuarto y allí le ordeno que se pusiese a cuatro patas en la cama. Ella obedeció.

- Eva, ¿te han dado alguna vez por el culo?. – Sabia de sobras la respuesta, no, y seguro que no le gustaba.

- No.

- ¿Por que?.

- No creo que me gustase.

- Cuando yo te de por el culo veras como te gusta, ¿te apetece que lo haga ahora?

- Sí.

Metió su polla por el culo de Eva y empezó a darle. Ella empezó a jadear y a disfrutar mientras él metía y sacaba su polla de su culo. Los jadeos se fueron haciendo más y más continuos hasta que Eva y Ramón se corrieron. El se corrió sobre su espalda y ella se tendió en la cama exhausta. Estuvieron descansando y luego se dieron una ducha. Ramón le enseño el aparato antiestress y le dijo como usarlo, como debía ir cambiando las cintas y como cerciorase de que el sujeto estaba respondiendo adecuadamente al proceso.

- ¿Cuándo vuelve tu hermana Ana?.

- Mis padres y ella vuelven dentro de tres días.

- Bien, quiero que aproveches cualquier oportunidad para usar con ella el aparato antiestress.

- Lo haré.

Una semana después sonó el teléfono de Ramón. Descolgó y era Eva.

- Hola Ramón.

- Hola Eva.

- ¿Te parece bien que quedemos esta tarde para que te devuelva lo que me dejaste?. A mi hermana le ha encantado.

Esa era la frase convenida. Eso significaba que había sometido a Ana.

- De acuerdo, ¿esta Ana por ahí?. Si esta dile que se ponga.

Nunca había cruzado con Ana mas que un hola y adiós pero ahora sabia que seria distinto.

- Hola Ramón.

- Hola Ana. Vente con tu hermana esta tarde a mi casa. – Ramón no supo controlarse y su voz sonó algo autoritaria. Pero no importaba…

- De acuerdo, a las 7 si te viene bien.

- Claro, ponte guapa.

- Lo haré.

- Dile a Eva que se ponga…

Poco antes de las siete llegaron ambas hermanas a casa de Ramón. Este se fijo en la vestimenta de ambas. Eva no había recibido ninguna orden acerca de como vestirse y la ropa que traía iba en su línea habitual, discreta. Ana sin embargo venia de lo más sexy. Llevaba una minifalda negra y un jersey rojo muy ajustado que marcaba perfectamente sus pechos. Si Eva no se había equivocado, Ana debería estar dispuesta a aceptar cualquier orden o sugerencia de Ramón y su indumentaria indicaba que la cosa había ido bien. Tras saludarlas, decidió pasar inmediatamente a la acción y probar el poder que tenia sobre ambas.

- Ana. – Su voz volvía a sonar autoritaria.

- ¿Sí?.

- ¿Por que no te vas desnudando?

En una situación normal habría sonado muy mal la frase de Ramón pero esta no era una situación normal. Sin dudarlo Ana se quito el jersey y Ramón pudo ver sus pechos bajo el sujetador. Se volvió hacia Eva.

- Eva, desnúdate tu también. Coge la cámara de vídeo que hay sobre el televisor y comienza a grabar cuando yo te diga. – ahora se dirigió a ambas -. Hasta que os marchéis de aquí seréis mis esclavas y me llamareis amo. ¿Lo habéis entendido?

- Si amo. – Respondieron ambas a coro.

Ramón dijo a Eva que comenzase a grabar y se puso a sobar las tetas de Ana mientras la besaba. Eran firmes y suaves.

- Ana, ¿sabes hacer una cubana?

- Si amo.

- Hazme una.

Ana le quito los pantalones y los calzoncillos a Ramón, coloco su polla entre sus tetas y comenzó a hacerle una cubana. Eva no perdía detalle y se acerco para tener un primer plano de las tetas de su hermana con la polla de Ramón entre ambas. Tras un rato de cubana, Ramón decidió probar la boca de Ana pero dándole un poco de picante al asunto. Hizo una seña a Eva para que parase y ordeno a Ana que se comportase como una ninfómana desesperada que a toda costa quería follar, chupar pollas, etc. Indico a Eva que siguiese grabando y a Ana que prosiguiese.

- Amo, quiero chupar tu polla, deseo hacerlo. Córrete en mi cara… – Ana lo miraba lascivamente y subrayaba cada palabra lamiéndose los labios.- Vaya esclava, pareces muy dispuesta.

- Si amo, estoy dispuesta a entregarme totalmente. Necesito follar, necesito que me jodan, que me den por el culo. Quiero sentir una polla en mi boca, tu polla en mi boca, en mi culo, en mi coño.

- Bien, adelante… – dijo Ramón acercando su polla a la boca de Ana.

Ella se introdujo la polla de Ramón en la boca con ansia. Empezó a chupársela como una loca, moviendo rápidamente la cabeza atrás y adelante. Ramón se sintió tan excitado que sabia que tardaría muy poco en correrse y quería seguir disfrutando de Ana. Le dijo que se detuviese y se tumbase en el sofá con las piernas abiertas. Ramón acarició su coño para excitarla.

- Follame Amo. Follame, jodeme, necesito follar.

Ramón introdujo con un rápido movimiento su polla en el coño de Ana y comenzó a follarla. Ana no paraba de jadear y Eva grababa todo con la cámara. Cuando sintió que le quedaba poco para correrse Ramón se detuvo y ordeno a Ana que se masturbase. Ana se introdujo dos dedos en el coño y comenzó a masturbarse mientras con la otra mano se daba pequeños pellizcos en sus erectos pezones. Cuando Ana se corrió Ramón le volvió a decir que se la chupara. Ana volvió a chupársela como una loca y Ramón no tardo en correrse. El aspecto de Ana tras la explosión de Ramón lo decía todo. Miraba a Ramón con una mirada lasciva que haría arder el hielo, mientras el semen del goteaba por los labios de ella. Definitivamente Ana seria una esclava excelente. Hizo una seña a Eva para que dejase de grabar.

- Ve a adecentarte esclava – dijo Ramón a Ana.

- Si amo – contesto y salió de la habitación.

- Buen trabajo Eva, tu hermana es una esclava excelente.

- Gracias Amo.

- Has traído lo que te pedí

- Sí Amo.

Eva cogió su bolso y saco de él unas fotos. Eran fotos de ella con sus amigas y de las de Ana con las suyas. Ramón iba a escoger a la siguiente incorporación a su selecto club. Estuvieron un rato ojeando las fotos y finalmente señalo una con el dedo.

- ¿Quien es?

- Es una amiga de mi hermana que se llama Cristina, Amo.

- Es guapa.

- Mucho Amo.

- ¿Son muy amigas?

- Bastante Amo.

Eso facilitaría las cosas, penso. Entonces llegó Ana. Venia desnuda, se paro frente a Ramón y dijo

- He terminado Amo. ¿En que puedo servirte?

- Veras voy a enseñarte a manejar un aparato que te resultara familiar y….

HipnoMaster

Lluvia relajante

Jueves, Enero 11th, 2007

“Bajas ya o te tenemos que esperar otro cuarto de hora” Dijo Óscar por el micro del portero automático.

“Y eso que te hemos avisado con tiempo” “Venga Óscar, déjala y que baje cuando quiera” Le gritaban sus compañeros desde el coche. “Escucha Teresa, voy a llevarlos al restaurante, tienes 20 minutos para arreglarte y esperarme en el portal.” “De acuerdo, 20 minutos” Respondió la voz metálica.

“Venga chicos, Vámonos, ya volveré a por ella.”- Informo Óscar a sus acompañantes.

“Ten cuidado, amenaza lluvia”- Dijo Luis

“¿Lluvia? Va a caer la que no esta en los escritos”- Dijo Claudia

Comenzó a llover mientras volvía a por Teresa. Estaba en el portal bajo un paraguas y cara de cabreo que asustaba.

“¿Qué te pasa? Se supone que el enfadado debería ser yo, que he tenido que volver del restaurante bajo este chaparrón.”

“Habría bajado antes, pero me han cortado el agua cuando estaba en la ducha, se ha roto el secador y para colmo me encuentro con la sorpresa de que mi compañera de piso me ha quitado el vestido que me iba a poner esta noche”

“Pues lo que llevas puesto te sienta estupendamente. Vamos a una cena de fin de curso con los amigos de la facu, no a una recepción en la Casa Blanca.”

“Muy gracioso” Dijo Teresa con retintín.

Levaba puesta una blusa blanca algo escotada y unos ceñidos pantalones de cuero que se ajustaban perfectamente a su hermoso culo. Su pelo, negro como el azabache, le caía sobre los hombros enmarcando sus profundo ojos y su encantadora sonrisa. Una idea apareció de repente en la mente de Óscar. Le echo un vistazo a Teresa, estaba mirando a través de la ventana, perdida en sus pensamientos:

“Es tranquila, ¿verdad?”

“¿Cómo?”

“La lluvia. Siempre he encontrado la lluvia tranquila. Solo escucharla y mirarla. Es muy tranquila. Escucha la lluvia caer contra el cristal del coche y poder sentir como se lleva todos los problemas. Es tan bonito, solo deja que la lluvia se lleve todas tus preocupaciones. ¿Lo sientes, Teresa?”

“Sí” Dijo Teresa con voz distraída mientras miraba a través del parabrisas.

“Si, mirar la lluvia te ayuda a relajarte. Y te ayuda especialmente cuando ves los limpiaparabrisas, los limpia te ayudan muy bien. Se mueven de lado a lado, de lado a lado llevándose la lluvia. Se llevan la lluvia y la lluvia se lleva tus problemas. Es muy relajante ver moverse los limpia de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, mira las ondas de agua barrer la superficie del cristal, onda tras onda. Es tan relajante, tan tranquilizante. Olvida todos tus problemas, todas tus preocupaciones, olvida todo. Solo relájate, escucha mi voz y mira los limpia moverse de lado a lado.”

Óscar dio un rodeo, necesitaba tiempo. Dirigió una mirada silenciosa a Teresa. Ella no respondió, sus ojos estaban fijos en el balanceo de los limpia. “Es tan relajante, solo mirar los limpia balancearse y dejar que el agua se lleve todos tus problemas. Es tan tranquilizante mirar y escuchar que te sientes relajada. Muy relajada. Mira los limpia moverse de lado a lado, de lado a lado. Solo escucha mi voz y entraras en un maravilloso sueño. Un agradable y maravilloso sueño. Cuando pare el coche, cuando deje de sonar el motor caerás completamente en ese sueño.” Mientras decía esto Óscar había aparcado el coche, y cuando paro el motor los ojos de Teresa se cerraron y su cabeza cayo hacia delante. Todavía no estaba en un trance lo suficientemente profundo como para ordenarle nada, así que le dijo “Teresa, si vuelves a oír mi voz y solo mi voz decir “Lluvia relajante” volverás a dormir mas profundamente que ahora. No recordaras nada mas, solo que te has quedado dormida durante el viaje y despertaras cuando te toque el hombro.” La cosa prometía. Le gustaba Teresa desde la primera vez que la vio hace dos años. Pero él era muy tímido y no muy agraciado físicamente y ella muy distante, muy orgullosa. Pero las cosas iban a cambiar.

Durante la cena y sin que nadie se diera cuenta Óscar se las arreglo para que Teresa se “sintiera” indispuesta. “Óscar, no me encuentro bien. ¿Podrías llevarme a casa?” Dijo “¿Qué te pasa, Tere?” Dijo Claudia “No sé, me duele mucho la cabeza y me arde el estómago” “Seguramente sea una indigestión. Venga vamos” Óscar sabía que en cuanto salieran por la puerta iban a ser el centro de todos los cotilleos de la facultad. Un pequeño precio a pagar.

Tenia que profundizar en el trance y darle algunas ordenes mas precisas. Así que cuando se montaron en el coche le dijo: “Teresa” “¿Sí?” “Lluvia relajante”. Sus músculos faciales se relajaron y sus párpados cayeron. “Teresa, escúchame. Mi voz es como la lluvia cayendo. Cada palabra te relaja mas, cada palabra te hace caer más y más profundamente en este maravilloso sueño. Te encanta oír mi voz, Teresa, adoras oírme hablar. Quieres hacer cualquier cosa que digas porque te gusta mucho mi voz. Cualquier cosa, ¿no estas de acuerdo?

“Sí… Cualquier cosa…”

Paso el resto del viaje profundizando en su trance más y más hasta que llegaron a su piso. “Debes confiar en mi. Después de todo te he ayudado a librarte de tus problemas. ¿Confiaras en mi?” “Si…” Susurro Teresa. “Bien, bien, debes confiar en mi. Después de todo soy tu amigo. Un buen amigo. Un amigo amable. De hecho, soy algo mas que un amigo para ti, Teresa ¿No estoy en lo cierto?” “Si…” “Teresa, te voy a pedir que hagas algo por mí, ¿Lo harás?” Tras un momento ella asintió. ” Bien. Teresa, ¿podrías desabrocharte la blusa?” No del todo, solo unos pocos botones, eso es todo, esta todo bien, puedes confiar en mi. Adelante. Quieres hacerlo”

Teresa dudo un poco mientras dirigía su mano hacia el primer botón, pero pronto desabrocho la mitad de los botones, lo suficiente para que Óscar pudiera ver el sujetador. Lanzo su mano para agarrar una teta, Teresa gimió, pero no hizo nada para impedírselo. Óscar la masajeaba suavemente mientras le hablaba a su hipnotizada amiga: “Teresa, cuando despiertes no recordaras haber estado dormida ni enferma. Te encontraras perfectamente. No obstante, comenzara a tener pensamientos eróticos sobre mí. Pensamientos muy eróticos. Cuando te vayas a la cama ahora, pensaran en mis manos recorriendo todo tu cuerpo. Soñaras conmigo haciéndote el amor. Soñaras con eso y lo estará esperando. Cada vez que me veas, sentirás que esas sensaciones crecen hasta que hasta que quieras hacerme el amor.” Óscar recompuso la blusa de Teresa y la despertó. “Buenas noches, Óscar” “Buenas noches, Teresa” Cinco, cuatro, tres, dos, uno, cero. Óscar miro por el retrovisor y vio a Teresa apoyada en la pared, mirándole. Había funcionado.

La durmió varias veces para reforzar la sugestión, y para disfrutar un poco, un strip-tease, un par de magreos, una cubana… además, manipulaba su mente para que empezara a verlo de forma diferente.

Finalmente llego el momento que había esperado. Se encontraban estudiando en la biblioteca, Teresa paso un dedo por su nuca, dándole a Óscar un escalofrío de placer y le susurro “Vamos fuera un rato” Parecía nerviosa “Estooo ¿Óscar?” “Si” dijo Óscar como si la cosa no fuera con él. Me estaba preguntando si tenias planes para esta noche. Porque si no los tienes me pregunto si quisieras tomar algo conmigo.

“Claro, será estupendo”

“Me lo he pasado estupendamente” Dijo Teresa. Ella y Óscar se dirigían a su piso. “Sabes, pensaba que eras un chico mas…” “Aburrido, tonto” Dijo Óscar “Tranquilo, estoy acost…” Fue interrumpido por un súbito beso de Teresa, las manos de Óscar recorrieron su espalda y se posaron en su firme culo. “Veras Óscar, últimamente he estado pensando mucho en ti, y se me ha ocurrido que tal vez podríamos…” Estaba muy azorada, roja como un tomate “Olvídalo, lo siento. Me lo he pasado muy bien, eres un chico magnifico, tenemos que rep…” “Lluvia relajante” Dijo Óscar después de un ahogado suspiro. No había llegado tan lejos para nada. “Teresa, ¿Quieres hacer el amor conmigo?” “Si” dijo Teresa “¿Quieres hacer el amor conmigo esta noche?” “Sííí” “¿Eres virgen?” Óscar siempre había tenido la idea de que uno debía tener su primera relación sexual cuando uno estuviera preparado, no de manera forzada “No” Contesto Teresa “Bien, cuando chasquee los dedos despertaras y me contaras lo que sientes. No tengas miedo al rechazo, solo se honesta y confía en mi, siempre confía en mi.” Óscar chasqueo los dedos y Teresa despertó. Le lanzo una mirada picara “Óscar, quiero follar contigo. Ahora.” “¿Estas segura? Mira, no vayas demasiado rápido.” Disimulaba lo mejor que podía. Teresa le abrazo y le dio un beso, primero suave, después comenzaron a rozarse las lenguas. “Responde esto a tu pregunta. Vamos para arriba.”

Óscar se desnudo rápidamente y se tumbo sobre la cama, preparado para realizar su anhelado sueño. Teresa se desvistió lentamente, en su mente estaba la idea de darle el máximo placer a Óscar, primero la camiseta, después la falda, las medias muy lentamente, por ultimo el sujetador y las bragas. Tenia unas tetas muy bonitas, del tamaño justo, altas y firmes. Se tumbo sobre Óscar y se besaron de nuevo. Óscar se zambullo entre sus tetas, besándolas, lamiéndolas y chupando sus erectos pezones. Teresa gemía de placer muy ruidosamente. Menos mal que su compañera se encontraba en una fiesta y no volvería seguramente hasta la mañana del día siguiente.

Teresa se introdujo la verga en su coño y comenzó a moverse de adelante y atrás rítmicamente. Empujaba ambos muslos contra la verga de Óscar. Óscar acariciaba su cuerpo, pellizcando sus tetas mientras la introducía cada vez más. Estaban ebrios de placer, Óscar por razones obvias y Teresa por el trance hipnótico al que había esta sometida los últimos días. Ambos alcanzaron el clímax a la vez mientras ella empujaba su cuerpo contra el de Óscar. Se volvieron a abrazar y a besar.

Sorprendentemente, Teresa se deshizo rápidamente de los brazos de Óscar y se puso a gatas, levantado su hermoso culo frente a Óscar. “Fóllame aquí, quiero que me folles el culo” Esto si que era una sorpresa. No pensaba “sugerírselo” hasta la quinta o sexta vez, pero Óscar no sabia que una de las mayores fantasías de Teresa era ser sodomizada. Óscar no podía rechazar una invitación como esa. Introdujo su polla en su fantástico culo y comenzó a empujar. Teresa se aferro a sus nalgas, usándolas para sentir mas todavía la polla de Óscar moverse dentro y fuera de ella. Gemía salvajemente sintiendo descargas de placer por todo su cuerpo. “Más, sigue, sigue, más fuerte, más fuerte” Óscar introdujo su polla lo mas profundo que pudo. Teresa no dejaba de moverse, espasmos de placer recorrían todo su cuerpo, Óscar tres cuartos de lo mismo. “Me corro, me corro” Y Óscar descargó su semen dentro de su ano mientras ella respiraba afanosamente. Se abrazaron y cayeron exhaustos sobre la cama. No les tomo mucho tiempo volver a empezar

Había sido increíble. Teresa dormía ahora después de una noche de placer, con la cabeza apoyada en el pecho de su amante mientras él acariciaba su hermoso pelo negro. Óscar no creía que la fría y distante Teresa pudiera ser una amante tan maravillosa. La verdad es que últimamente había cambiado debido a las sugestiones de Óscar, era más simpática y más agradable. Óscar se preguntó si alguna vez la compañera de piso de Teresa accedería a dar un paseo en coche bajo la lluvia.
Si tienes alguna sugerencia sobre las historias o algún escenario /situación no dudes en escribirme: LatinHypno@telepolis.com

Mi compañera Nuria

Jueves, Enero 11th, 2007

Mi nombre es Juan y soy un estudiante de química, trabajo en el departamento de Orgánica y elegí esta carrera porque me encanta el trabajo de laboratorio, me sirve de terapia para escaparme de las presiones que tenemos todo estudiante entre los trabajos, las practicas, los exámenes… ojalá pudiéramos clonar el tiempo. Pero me gusta relajarme en el laboratorio, diluir, extraer, filtrar, depurar y obtener un bonito cristal de color verde esmeralda a partir de una disolución negra y espesa. Lastima que a Nuria no le parezca tan relajante.

Nuria, tan buena estudiante como guapa. Algo mas baja que yo, pelo rubio y unos ojos azul verdosos capaces de enamorar con una sola mirada. Me pasaba noches enteras soñando con sus voluptuosas curvas. Y en una de esas noches febriles me vino la inspiración.

Me encontraba en el departamento, trabajando en una síntesis cuando sonó el teléfono del laboratorio. “Juan, soy Nuria” dijo su melosa voz al otro lado del hilo “Estoy cansada. ¿Te apetece un café?” “Espera un momento que ahora bajo” Nuria también era alumna interna como yo solo que ella estaba en el departamento de Analítica, un par de pisos mas abajo. Deje todo bien tapado y baje por las escaleras deseando que la primera parte del plan hubiera funcionado. Allí estaba ella, con su bata blanca, el pelo recogido en coleta y unos auriculares de walkman alrededor del cuello. “¿Te han gustado las cintas que te deje, ojazos?” pregunte. “Si, son geniales. ¿Cómo dices que se llama?” “New Age”, conteste. “¿Qué te pasa? Pareces agotada” “Estresada es la palabra” “Me hago a la idea.” Dije mientras me sentaba en uno de los taburetes “Tienes que relajarte. ¿Has probado con la hipnosis?” “¡¿Qué?! Es una broma, ¿no? ¿No creerás en esas tonterías?” Me espeto. “Oh sí, realmente funciona, hace maravillas en la gente” “Me sigue sonando a fraude. Y te quiero decir que nunca funcionaría conmigo.” “No estés tan segura. Creo que yo podría hacerlo” Le conteste. Nuria me miro con dubitativamente con esos ojazos antes de asentir “¿Por qué no? Me reiré un poco, y eso también quita el estrés”

Mi excitación crecía por momentos mientras íbamos hacia los sillones del vestíbulo del departamento. Nos sentamos uno enfrente de otro. “Bien, respira profundamente” comencé “Solo ponte cómoda y a gusto. Ahora, mírame a los ojos. Solamente mira. Fija tu mirada en la mía y trata de limpiar tus pensamientos. Solamente sigue mirando profundamente a mis ojos. Profundamente, Nuria. Sigue respirando dentro y fuera, y mirando profundamente a mis ojos. Bloquea todos tus pensamientos ajenos, concéntrate en mi mirada y en mi voz. Sigue mirándome a los ojos, más y más profundamente, Nuria, estas cayendo en la profundidad de mis ojos mientras miras más y más profundamente.” Mientras hablaba iba desplazando mi mirada lentamente, para ver como Nuria balanceaba su cabeza para mantener su mirada fija en la mia.

Los mensajes subliminales de las cintas habían hecho bien su trabajo, reduciendo su resistencia a la inducción. Además, Nuria era ya de por si un estupendo sujeto hipnótico, con inteligencia e imaginación. Caería en poco tiempo, mucho más rápido de lo que yo esperaba. Podría haberla hipnotizado con las cintas pero quería hacerlo por mi mismo. “Profundamente, Nuria, mientras miras profundamente mis ojos, comienzas a sentirte somnolienta. Muy somnolienta. Muy cansada, Nuria. Mientras miras más y más profundamente a mis ojos, sientes como caes en un profundo sueño. Un agradable y profundo sueño, Nuria. Déjate llevar por ese profundo sueño. Es muy agradable dejarse llevar por el sueño. No puedes mantener los ojos abiertos. Cae dormida, Nuria. Duerme. Duerme profundamente.”

La cabeza de Nuria cayo hacia atrás mientras sus ojos se cerraban. Podía sentir mi polla endurecerse mientras miraba a la chica de mis sueños bajo mi hechizo. Me tome unos momentos para asegurarme que estaba en un trance lo suficientemente profundo antes de darle algunas ordenes. “Nuria, estas hipnotizada ¿Verdad?

“Sí… estoy hipnotizada…”

“Si, Nuria, y sabes lo que tienes que hacer bajo hipnosis, ¿no?”

“Síí… Haré… cualquier cosa que digas…”

“Debes obedecer, ¿verdad, Nuria?”

“Sí… te obedeceré.”

Nos dirigimos al despacho de mi tutora, la había “persuadido” para que me dejara solo trabajando en el proyecto. Nuria me seguía como un perro sigue a su amo. Nos sentamos en el sofá uno junto a otro y me incline para besarla. Quede sorprendido con la pasión con la que me correspondió. Al final me separe lo suficiente para ordenarle “Quítate la ropa, Nuria. Debes obedecerme, quítatela.” Comenzó a desabotonarse la bata, que cayo lentamente al suelo. Vestía con un vestido amarillo de una pieza, muy sexy. Primero se quito un tirante, después el otro y el vestido se unió a la bata. No llevaba sujetador, seguramente por el calor así que sus maravillosas tetas quedaron libres. Eran más grandes de lo que había imaginado. Tenia los pezones erectos. Comencé a besarla, primero su increíble boca, dirigí mi lengua alrededor de sus carnosos labios y después nuestras lenguas comenzaron a rozarse. Baje la cabeza hasta introducirla entre sus pechos y me lance a besarlos y chuparle los pezones. Empezó a gemir al sentir las ondas de placer que le llegaban de los senos. Estruje y manosee sus hermosas tetas. Seguí bajando mi cabeza besándole el liso vientre hasta llegar a su rubio coño. Le quite las bragas e introduje mi lengua en su clítoris mientras ella masajeaba sus pechos y yo hacia lo propio con sus nalgas. Cada vez los gemidos eran mas fuertes.

“Ahora me toca disfrutar a mí, Nuria” le dije mientras me quitaba toda la ropa y me tumbaba sobre el sofá. Mi polla estaba totalmente erecta. “Hazme el amor” Ordene. Mi hipnotizada compañera acato la orden y comenzó a cabalgar sobre mí. Mi polla entraba y salía de su cuerpo mientras yo empezaba a gruñir, sintiendo los espasmos de placer por todo mi cuerpo. Mis manos acariciaban todo su cuerpo y ella lo hacia con el mío. Fue entonces cuando me lleve un tremendo susto. Nuria abrió sus preciosos ojos y yo creí que iba despertar del trance. Me calme cuando me di cuenta de que su mirada estaba perdida en el infinito, sin expresión. Estaba demasiado entregada al placer como para salir de mi control. Continuaba moviendo su cuerpo de arriba a abajo, intentado que mi polla penetrara cada vez mas en su coño. Yo estaba a punto de correrme. “Nuria, túmbate en el suelo” Le dije. Ella obedeció y yo me arrodille su pecho. Coloque mi polla entre sus tremendas tetas y comencé a masturbarme. Nuria se las estrujaba para darme más placer. De pronto agarro mi polla con sus manos y se la llevo a su boca. La recorrió de arriba abajo con su lengua y con sus labios. Se la introdujo totalmente en la boca. Yo estaba al borde del éxtasis, mi querida esclava estaba tan perdida en la lujuria que tomaba decisiones por si misma si estas me conferían más placer. Me corrí en su boca y le ordene que se lo tragara todo. Me seque el sudor de la frente mientras ella lamía los restos de semen que habían caído sobre sus pechos.

Después de limpiarnos con unas toallas que había traído en mi mochila y vestirnos de nuevo bajamos al vestíbulo de su departamento y le ordene que se sentara. “Nuria, en uno momentos, voy a dar una palmada y despertaras. No recordaras nada de lo sucedido, ni siquiera nuestra conversación sobre la hipnosis. Solo recordaras que nos sentamos aquí, comenzamos a charlar sobre los exámenes y te quedaste dormida y si alguna vez te miro fijamente a los ojos y te digo “Duerme” volverás a este maravilloso estado de trance. Recuerda esto pero nada mas” Dicho esto di una palmada. Nuria se despertó. “Vaya, me he quedado dormida. En esta época de exámenes parezco una marmota, me quedo dormida por todas partes” “Será mejor que te vayas a casa y descanses. ¿Te llevo a casa?” “Si, muchas gracias. Soy capaz de quedarme dormida en el autobús y pasarme la parada.” “Ve a recoger tus cosas, yo subo a por las mías.” Mientras subía por las escaleras me complacía en haber encontrado algo más relajante que el trabajo de laboratorio.
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Cura antiestress / Parte 1

Jueves, Enero 11th, 2007

Tras la primera semana la cosa empezó a decaer y pronto se dio cuenta de que lo de Eva no iba a funcionar. Ella era una chica de 25 años, corriente en todos los aspectos, sobre todo en el físico. No era ni guapa ni fea, estatura media, pelo corto, pechos no demasiado grandes, en fin, nada fuera de lo común. Su carácter era algo arisco y en cuanto al sexo se la podría calificar de estrecha. Por todo esto, decidió usar con ella su invento. Se trataba de unas gafas que emitían destellos sincronizados con música que sonaba por unos auriculares instalados en las patillas. Inicialmente debían servir para aliviar el estrés y conseguir que el sujeto se relajase, pero Ramón descubrió que podían servir para algo más. El proceso era largo y necesitaría una tarde a solas con Eva.

Ella acababa de terminar los exámenes y estaba bastante alterada, así que decidió usar eso como excusa para invitarla a su casa a merendar. Cuando llevaban un rato merendando Eva le contó lo estresada que estaba y Ramón aprovecho para contarle que había comprado un aparato que a él le había ayudado bastante para recuperarse del estrés. Ella acepto rápidamente la propuesta de Ramón de que probase el invento. Se coloco las gafas y el activo una cinta con la música, dando comienzo a la primera de las tres fases del proceso. La primera tenia como objeto relajar al sujeto y transmitirle una sensación de paz y tranquilidad. Una vez completamente relajada, Ramón cambiaría la cinta por otra muy parecida pero que llevaba mensajes que harían que Eva fuese bajando su resistencia hasta que, por fin, con la tercera cinta ella seria programada como quería Ramón.

Durante todo el proceso, Ramón permaneció tranquilamente viendo un partido de fútbol que termino 5 minutos antes de que la tercera cinta terminase de hacer su trabajo. Cuando la cinta termino, desconecto las gafas y vio como Eva parpadeaba y lo miraba.

- ¿Que te ha parecido? . – Preguntó él

- Me encuentro estupendamente, muy relajada. Es un gran invento este.

- Me gustaría que no le hablases de él a nadie.

- De acuerdo.

- Prométemelo

- Lo prometo. No le hablare de él a nadie.

- A menos que yo te lo diga.

- Por supuesto.

La cosa parecía funcionar porque a estas alturas era muy raro que Eva no le hubiera preguntado el por que de tanto secreto. Decidió ir algo mas lejos, si salía mal no pasaría nada porque de todas formas pensaba romper con ella. Decidió probar con algo que sabia que a Eva le resultaría difícil hacer.

- Tenemos que celebrar que hemos terminado los exámenes, hagamos algo distinto. ¿Por que no te fumas un cigarrillo?. – Dijo Ramón alargándole un paquete de cigarrillos.

Sabia que Eva odiaba el tabaco, le molestaba el humo y nunca había fumado ni lo haría nunca. Pero en lugar de mandarlo a paseo contesto:

- De acuerdo.

Cogió el paquete de cigarrillos lo abrió, coloco uno en su boca y lo encendió. Tosió al aspirar el humo pero no apago el cigarrillo, fue fumándoselo dándole caladas cortas procurando no aspirar demasiado humo.

- ¿Por que te lo estas fumando?. Tu odias el tabaco.

- No sé, imagino que me lo estoy fumando porque tu me lo has pedido.

- Vaya, ¿qué pasa, vas a hacer todo lo que yo te diga?

Eva puso gesto pensativo, como si tuviese que meditar la respuesta. Finalmente, un par de segundos después, parecía como si se hubiera dado cuenta de algo.

- Si, voy a hacer todo lo que me digas.

- ¿Por que? ¿Qué te impulsa a hacerlo?.

- Porque me apetece hacer lo que tu quieras. Es una sensación muy rara, cuando me pides algo, es como si mi propia voz resonase en mi cabeza y me dijese “Obedécele Eva, debes hacerlo”. No sé, deseo hacer lo que me digas.

- Y, ¿no te extraña?.

- No, imagino que eso me ha pasado siempre desde que salgo contigo. Es algo perfectamente normal y sin importancia.

Ramón penso que el invento había funcionado a las mil maravillas. Eva estaba convencida de que obedecerle era algo normal. Lo bueno del aparato es que no creaba esclavas sin iniciativa. Eva seguiría siendo la Eva de siempre, solo que vería como algo normal obedecer a Ramón. Debería darle instrucciones para que esa obediencia sólo se diese en privado o cuando Ramón se lo ordenase. Llego el momento de jugar fuerte.

- Eva.

- ¿Sí?

- Chúpame la polla.

Eva se arrodillo frente a él y comenzó a bajarle los pantalones. Ramón sabía que esta era otra de las cosas que Eva odiaba y, sin embargo, ahí estaba, arrodillada frente a él, introduciéndose su polla en la boca. Comenzó a lamérsela de arriba a abajo, dando pequeños besos en la punta. Ramón anoto mentalmente que debía hacer algo para mejorar la técnica de Eva. Luego penso en llegar mas lejos y le dijo.

- Eva, cuando me vaya a correr lo haré en tu cara y luego quiero que me la sigas chupando.

- Uuummm, ummmmm, sí Ramón, ummmm, ummm

Finalmente Ramón se corrió en la cara de Eva, que se lleno de semen. Luego ella continuo chupando su polla como si se la quisiera limpiar con la boca. Bastaba por esa noche, ya se la follaría otro día.

- Basta, Eva, ve a ducharte.

- De acuerdo.

Ya era muy tarde cuando Ramón comenzó a dar a Eva sus instrucciones. No hablaría a nadie de la existencia del aparato antiestress, a no ser que Ramón se lo ordenase y la primera excepción era su hermana Ana. Una belleza de 20 añitos que, afortunadamente, no se parecía a su hermana. Si pasaba una sesión con el invento de Ramón empezaría a sacarle verdadero partido. Otro de sus deberes era aprender a chupar pollas mejor. Para ello debía instruirse con libros, revistas y películas porno. Eva abandonó la casa de Ramón dispuesta a cumplir con los deberes que le había encargado.

HipnoMaster

Premeditadamente

Jueves, Enero 11th, 2007

Liseth, deseaba poseer a Mary, habí­a planeado hacerlo de mucho antes y al fin se decidió a someterla de manera pací­fica.

Eran las 7 de la noche, Liseth estaba en casa, sola, pensando en Mary, en hacerla suya, leía aquel libro viejo, sin forros, sin pasta, desgastado.

Cogió el teléfono, marcó, contestó su amiga de siempre, le dijo que le tenía que mostrar algo ,que era parte de un experimento que quería compartir con ella. Mary aceptó, confirmando que llegaría en media hora. Liseth siempre había tenido inclinación hacia las chicas y era Mary a quien más deseaba.

Preparó todo, un par de velas negras, un jaspe dorado engarzado a una cadena de oro brillante, tenues luces multicolores, una cena sencilla.

Al llegar Mary la hizo pasar, hablaron un poco mientras comían; después de la cena fue al grano.

-Quisiera que me ayudes en un experimento.

-claro, sabes que cuentas conmigo.

-Antes que nada, siéntate en el sofás y acomódate.

Diciendo esto apagó las luces normales, encendió las multicolores, prendió las velas, puso una música suave y monótona; luego que se sentó cogió el jaspe dorado, se lo acercó, le decía con voz tenue y monótona.

-Consiste en algo sencillo, tienes que mirar el jaspe brillar con las luces multicolores, cómo resplandece, cómo brilla cambiando de color, mezclando los colres reflejando cada matiz en tus ojos, en tu rostro, relájate, esto ayudará mucho.

-Sí, respondió suavemente.

-Bien, eso es, relájate, mira el jaspe brillar, deja que tu mirada se pose libremenete sobre él, y escucha la música al igual que mi voz. Solo puedes mirar el jaspe y escuchar mi voz y la música.

-Sí.

-Deja que tu cuerpo se relaje, deja que tus pensamientos se desvanezcan, deja que tu mente se ponga en blanco, deja que tu voluntad vaya muriendo poco a poco, Mary, todo eso poco a poco.

-Sí, poco a poco.

-Así es, te sientes bien al estar así, muy bien, sin

pensamientos, sin nada en tu mente, sin voluntad propia, te sientes bien, verdad.

-Sí muy bien.

-¿Cómo están tus pensamientos?

-Desvanecidos.

-¿Cómo está tu mente?

-En blanco.

-¿Y tu voluntad?

-Muerta.

-Ahora, Mary, pon atención a todo lo que te diga, te sientes muy bien en este estado, déjate llevar por mí, déjate envolver por mí, déjame entrar en tus pensamientos, déjame entrar en tu mente, déjame tomar tu voluntad.

-Sí, estoy a ti disposición.

-Ahora te daré un beso, te entregarás a mi beso, corresponderás con una mezcla de ternura y pasión

y conforme vaya pasando el tiempo, mientras dure ese beso, te sentirás más absorvida por mí, sentirás que me apodero de tu mente, de tus pensamientos y detu voluntad más y más y cuando termine ese beso despertarás y solo recordarás que hablábamos, pero de ahora en adelante, siempre harás todo lo que te diga, no será necesario hipnotizarte de nuevo, tú harás todo aquello que te indique sin dudar, entendido, Mary.

-Sí, entiendo.

Se acercó a ella, la tomó de la barbilla, puso sus labios en los suyos y se enfrascaron en un largo beso, duró varios minutos.

Terminado ese beso, Mary regresaba de ese trance de a pocos, no comprendía bien, Liseth le dijo que se quedó dormida mientras charlaban, le dijo que era hora de dormir, que fuera a su casa y que regrese a l anoche siguiente.

Al despedirse nuevamente la besó en los labios, le dijo, esto se repetirá cuando regreses.

Desde ese día empezó a jugar con Mary a su antojo sin que Mary pudiera evitarlo ni cuestionarse el porqué estaba como sometida a Liseth, pero se sentía tranquila de vivir así.A todo eso, regresaría a la noche siguiente.

les_dina@hotmail.com

El Don / Primera parte

Jueves, Enero 11th, 2007

La casa no era muy grande. Una más entre las muchas de aquella urbanización a las afueras. Pero era agradable a la vista. El lugar tampoco estaba mal. Parecía tranquilo. A pesar de ser media mañana, no se veía un gran movimiento de gente.

Me acerqué a la puerta principal, sin dejar de asombrarme de lo hermosa que podía ser una casa si se decoraba sin demasiadas pretensiones. Pero mi trabajo allí no era admirar la belleza del entorno, sino otra muy distinta. Tomando una gran bocanada de aire, no porque necesitara hacer acopio de valor, sino porque me gusta respirar el aire puro cuando me alejo de la ciudad, llamé a la puerta.

Al cabo de unos momentos, una ojo apareció ante la mirilla, escudriñándome. Con un apagado grito de reconocimiento y de sorpresa, la puerta se abrió mostrando a una morena ama de casa, rondando la treintena de años, que vestía un chandal azul y llevaba una toalla en la mano. Su pelo estaba mojado. Sus ojos reflejaban la misma sorpresa que su voz no había podido ocultar a través de la puerta.

- ¡Carlos! Dios mío. ¿Que haces aquí?

Con una sonrisa, me encogí de hombros.

- Pasaba por aquí, y se me ocurrió entrar a hacerte una visita.

- Pero… pero… – apenas podía articular ninguna palabra – ¿Como se te ha ocurrido venir sin avisar?

- Estaba en la ciudad por un asunto de negocios. He terminado pronto y he pensado en venir a veros – su rostro mostró una leve sombra de culpabilidad cuando notó el énfasis que había puesto en la palabra “veros” – Y por lo visto no he venido en buen momento. Llevo cinco minutos en la puerta y todavía no me has invitado a entrar.

- No seas tonto – dijo apartándose a un lado para dejarme pasar – Lo que ocurre es que me he quedado tan sorprendida que hasta se me ha olvidado ser cortés. Pasa, ya sabes que estas en tu casa.

Cerró la puerta y me dio un beso de bienvenida en la mejilla. Al hacerlo, pude comprobar que la chaqueta del chandal apenas estaba abrochada. La parte superior se abrió cuando se movió para besarme. No llevaba sujetador. Su seno parecía firme y muy apetecible. Ella, al darse cuenta de que la estaba mirando, se sonrojó y subió la cremallera.

- ¿Te apetece tomar algo?

- Apenas hace un rato que he almorzado. Pero gracias de todas formas.

Se la veía nerviosa. Apenas sabía que decir o que hacer. Dudaba entre darme la mala noticia en el recibidor, o esperar a que estuviéramos en el salón. Finalmente, decidió esperar.

- Pasa al salón y siéntate en el sofá. Yo subiré a ponerme algo mas decente y bajaré en seguida. Si cambias de idea, la cocina está al fondo. En la nevera encontrarás refrescos fríos. Sírvete tú mismo.

La miré mientras desaparecía escaleras arriba. A pesar de que un chandal no puede considerarse una prenda demasiado erótica, la verdad es que el que ella llevaba era muy ajustado. Su trasero no estaba nada mal llenando completamente la tela que lo recubría. Era firme y parecía duro. Por lo visto seguía realizando ejercicio físico todos los días. Probablemente, acababa de llegar de correr y se había duchado apenas hacía unos minutos.

Entré en el salón. No era demasiado grande, o tal vez era un efecto óptico producido por la gran cantidad de muebles que estaban distribuidos por toda la habitación, entre los que destacaban tres sofás, dispuestos en forma de “U”, con una pequeña mesa en el centro. Hacía las veces de salón y sala de estar al mismo tiempo.

No tenía sed, pero me levanté y fui a la buscar algo en la nevera, más que nada para pasar el rato mientras esperaba. Al cabo de unos minutos de volver al salón, la escuché bajar las escaleras. Entró y se sentó justo enfrente de mí. Comenzamos una conversación de circunstancias. Me preguntó sobre el motivo de mi visita a la ciudad y se interesó por mis negocios. Seguía nerviosa. Tenía las manos cruzadas y apoyadas sobre las piernas. No dejaba de frotárselas para secarse el sudor. Mientras hablábamos de tonterías y esperaba a que se decidira a contarme lo que yo ya sabía, me entretuve mirando la ropa que había elegido.

Llevaba falda. No demasiado larga, pero tampoco era una minifalda. No llevaba medias. No se había molestado en ponérselas para estar en casa. Me decepcioné un poco, puesto que unas medias, sobre todo si son negras, cubriendo las piernas de una mujer, son el mejor afrodisíaco que conozco. A pesar de todo, sus piernas eran preciosas. el ejercício diario les sentaba divinamente. En la parte de arriba llevaba un sueter de lana, no demasiado grueso. Ya no hacía la calor del verano, pero era media mañana y el sol lucía en la calle. El sueter, como casi todas las prendas que la había visto vestir en las pocas veces que nos habíamos encontrado, era muy ajustado. Sus pechos resaltaban bajo el amarillo de la lana atrayendo continuamente mi mirada. Ella lo sabía, y eso la hacía sentir aún más incómoda y nerviosa.

Finalmente se decidió a contarme la verdad.

- Carlos, no sé porqué todavía no me has preguntado por Pedro, pero antes de que lo hagas, he de decirte algo. Hemos tenido ciertos… problemas y nos hemos separado. Esta misma semana lo he echado de casa. Las cosas han ido deteriorándose entre nosotros en los últimos meses. Ya no éramos la pareja feliz que tu conociste. Ya sabes lo dominante que es Pedro. Al fin y al cabo, fuisteis compañeros de universidad y muchas veces os habéis reido de su caracter en aquellos tiempos. Pues no ha mejorado desde entonces. Le gustaba obligarme a… hacer cosas contra mi voluntad, y yo no soy el juguete de nadie. Mi vida era casi un infierno. Hasta que ya no he podido soportarlo mas.

Un incómodo silenció siguió a sus palabras. Poco despues de comenzar a hablar había bajado la mirada hacia el suelo y seguía con los ojos fijos en ninguna parte. Pedro era mi mejor amigo, aunque apenas nos veíamos un par de veces al año, y ella me estaba diciendo que era un pervertido. Se sentía muy incómoda. Podía sentirlo, pero nada de lo que yo dijera la haría sentirse mejor.

Aunque tampoco era esa mi intención.

- No te sientas mal, Carmen. Ya lo sabía.

- ¿¿Lo sabias?? Pero, ¿como…?

- Esta misma mañana he estado hablando con él.

- ¿Y porque no…?

- Es una historia un poco larga. Tranquilizate y déjame contártela, por favor.

Podía ver la irritación en su cara. Se sentía como si le hubiese estado tomando el pelo.

- … y te habrá pedido que hables conmigo para que le perdone, ¿no?

El tono de irritación en su voz era patente.

- No exactamente. Por favor, déjame acabar de hablar.

Se levantó del sofá, furiosa.

- Mira Carlos, no sé lo que te habrá contado, pero nuestros problemas no son asunto de nadie más que de nosotros. Tu no puedes comprenderlo. Eres hombre y supongo que te pondrás de su lado, y no estoy dispuesta a…

- Carmen – mi voz era suave – siéntate, por favor – y al mismo tiempo “empujé” con mi mente.

Su rostro me miró confuso durante un instante, y luego se sentó.

- Hace unos dias me llamó. Me dijo que le habías echado de casa y me dió su versión de los hechos. Tienes razón. Pedro siempre ha sido un poco raro en cuanto a sus gustos, pero no más que la mayoría de los hombres. El problema es que tú eres demasiado dominante, demasiado independiente, y demasiado feminista. Dices que Pedro es tiránico, pero la verdad es que no lo es más que tú. La única diferencia es que Pedro intenta aprovechar vuestro matrimonio al máximo. A él le gustaría que en algunos momentos fueras sumisa y obediente, sobre todo en el terreno sexual, pero a tí no te gusta ese papel de esclava que debes de jugar de vez en cuando y aborreces la idea de dejarle mandar completamente. De ahí vienen todos vuestros problemas. Dos personalidades dominantes chocan una contra la otra y acaban reventando un matrimonio. Pedro todavía te quiere, y quiere volver a vivir contigo. Tienes razón en una cosa. Me ha pedido que hablara contigo, para ver si te hacía cambiar de idea, y yo le he asegurado que iba a conseguirlo.

- Pierdes el tiempo. No pienso dejar que él, ni nadie, domine mi vida. No voy a dejar que…

- Sí que vas a hacerlo, porque no tienes elección.

Mis palabras fueron tajantes, causando el efecto que yo esperaba. Pude advertir en su mirada la duda sobre lo que yo intentaba decir, pero no le dí tiempo a preguntar.

- Verás, Carmen. Tengo un pequeño secreto que no conoce mucha gente, y los que lo conocen no se lo pueden contar a nadie. Cuando era pequeño, mis padres me dejaban siempre hacer lo que yo quería: comer dulces, ver la televisión hasta tarde, y nunca me castigaban por nada que yo hiciera. Yo creía que todos los padres del mundo hacían lo mismo, hasta que me dí cuenta de que no ocurría así con mi hermana, a la que le hacían acatar las normas continuamente. Un dia, cuando yo tenía 12 años, una profesora del colegio me suspendió. La odié tanto que solo quería dejarla en ridículo. De repente, sin más, se desnudó completamente delante de toda la clase. La expulsaron ese mismo dia. Despues de mucho pensar y atar cabos, y de realizar unos cuantos experimentos con mi propia familia, descubrí que había nacido con algo especial. En las películas o las novelas de ciencia ficción lo llamarían “un poder” especial. Yo prefiero llamarlo un don. Ese don me permite controlar los deseos de los demás, sus sentimientos, sus emociones, sus pensamientos. Puedo dominar la mente de la gente, dominar su voluntad. Y sin ningún esfuerzo.

Su rostro iba mostrando una continua variedad de emociones. Primero miedo, despues incredulidad, y al final de nuevo temor, aunque esta vez por mi salud mental.

- Solo se lo he contado a mis mejores amigos, y usando sobre ellos mi don, me he asegurado de que no se lo puedan contar a nadie. Pedro es uno de ellos. Cuando me llamó, me pidió un pequeño favor. No solo quería que hablara contigo, sino que usara mi don para hacerte cambiar un poco tu actitud hacia algunas cosas. Lo hago algunas veces a petición de mis amigos. No vas a ser la primera esposa a la que le aplique el “tratamiento”.

Su mirada seguía mostrando temor, cada vez más profundamente. Aunque mayor aún que su temor por mi cordura, era su incredulidad.

- Puedo ver en tu cara que no me crees, y sin embargo, todavía no te has dado cuenta de que no puedes moverte del sofá – su mirada cambió a un terror extremo cuando se dió cuenta de que estaba en lo cierto – Te he “sugerido” mentalmente que por mucho miedo que tuvieras, no te levantaras, ni gritaras. Ni siquiera puedes hablar mientras lo esté haciendo yo. No me gusta que me interrumpan – mi sonrisa no parecía tranquilizarla.

- Como te iba diciendo, algunos de mis amigos me han pedido que “reprograme” un poco a sus novias y a sus esposas para hacerlas mas complacientes con ellos. Podría haberme hecho rico si les hubiera cobrado, pero no necesito el dinero. Tan solo les pido un favor a cambio.

La miré detenidamente, esta vez sin miedo a que se diera cuenta de que lo estaba haciendo. Su temor había llegado al punto máximo al que yo le había permitido. No quería que la invadiera el pánico, así que había impuesto unos límites a sus sentimientos. El temor no pasaría de un grado aceptable. Ahora, al alcanzar ese punto, el temor se estaba convirtiendo en deseo. Todavía no había eliminado su voluntad, así que ella era consciente de todo, incluyendo el que no era más que un juguete en mis manos.

- Verás, todos mis amigos saben que yo podría acostarme con sus mujeres en el momento en que quisiera, simplemente usando mi don. Pero tiene mas morbo hacerlo cuando ellos lo saben. Así que a cambio de vuestra obediencia, yo puedo disponer de vosotras siempre que me apetezca. Un trato muy morboso para mi. Pedro tambien ha consentido en ese pequeño favor, así que tengo su permiso para hacer lo que quiera contigo, siempre y cuando esta noche tu lo vuelvas a aceptar en casa, a él y a sus insignificantes manias. Y, naturalmente, vas a hacerlo.

Momentáneamente, interrumpí el bloqueo sobre ella para que pudiera hablar.

- ¿Po…porque me haces esto?

- La verdad es que no necesito un motivo. Es cierto que tambien utilizo mi don con mucha otra gente, todos los dias y a todas horas, para hacer mi vida más fácil. Pero desde que era pequeño he valorado en mucho la amistad. No puedo dejar colgado a un amigo. Normalmente no suelo explicarle a nadie mis motivos, pero en tu caso, he querido hacer una excepción. Pedro es mi mejor amigo, y a pesar de que tu y yo tan solo nos henos visto cuatro o cinco veces, he llegado a cogerte cierto aprecio. Verás, el que lo sepas no implica absolutamente nada, porque dentro de un rato no recordarás nada de esta visita, ni de lo que te he contado. Cuando termine contigo, no serás más que una obediente ama de casa, cuyo mayor deseo en esta vida será el de hacer feliz a su marido de cualquier forma que él le pida. Serás sumisa y obediente, callada y trabajadora, y una tigresa en la cama, siempre que él te lo pida. No vivirás más que por él y para él. Y por encima de sus deseos, tan solo valorarás los mios. Aparte de eso, no existirá nada más en tu vida.

- N…no puedes hacerme esto.

- Querida… ya lo estoy haciendo.

Me había cansado de hablar. Era cierto que nunca les daba explicaciones a mis víctimas. No me divertía. Así que decidí pasar a la acción. Era un juego interesante el obligarla a hacer cosas sin robarle del todo su voluntad. Sus intentos de resistencia reflejaban la fuerza de carácter que siempre había tenido, y hacían más divertido mi “trabajo”.

- Levántate – ordené.

Lo hizo sin dudar, aunque su mirada no reflejaba más que odio. Notaba un creciente deseo sexual hacia mí, pero sabía que era impuesto e intentaba luchar contra él.

- ¿Sigues yendo al gimnasio, como antes?

- Si – no podía evitar responderme

- ¿Todos los dias?

- Casi todos

- Ya lo veo. ¿Y crees que tanto ejercicio mejora tu figura?

- Si – el odio en sus palabras y en sus ojos crecía al mismo ritmo que su deseo por mí.

- ¿Que partes de tu cuerpo cuidas más?

- Las piernas y los pechos.

- Me gustan tus piernas. Enseñamelas.

Se subió la falda hacia arriba dándome una excelente visión de sus piernas, sus muslos y de sus bragas. Eran blancas, muy prácticas, pero no demasiado sexys.

- No, así no. Eso lo hubiera podido hacer yo mismo. Quiero que me excites mientras me enseñas las piernas. Quiero que lo hagas como si quisieras acostarte conmigo y me estuvieras enseñando la mercancia.

Su rostro se suavizó. El odio aún era patente en sus ojos, pero el resto de su cara formó una sonrisa destinada a seducirme. Se bajó la falda. Subió una de sus pienas sobre el sofá y comenzó a acariciarse el tobillo mientras me miraba. Mi orden había sido muy clara. Tenía que excitarme, y así lo estaba haciendo, a pesar del odio que sentía por mí en aquellos momentos y que su rostro ya no podía reflejar porque su prioridad era la seducción. Siguió acariciandose el tobillo un instante, despues subió las caricias hacia la pantorrilla. Era firme y bien torneada. Realmente debía de pasar mucho tiempo en el gimnasio cuidando su cuerpo. Siguió con las caricias, pero esta vez hacia los muslos. Al tiempo sus manos se deslizaban hacia arriba, tambien subia la falda, aunque con cuidado de no enseñarme más que las piernas. A pesar de odiarlo, conocía el juego de la seducción. Dejar lo más importante para el final hace el juego más interesante.

- Sigue así. Sedúceme. Excítame y tal vez te deje disfrutar de nuestro encuentro.

Se sentó de nuevo en el sofá. Abrió las piernas y siguió acariciándoselas mientras me miraba con cara lasciva. El odio que la consumia estaba desapareciendo bajo un torrente de pasión como nunca antes había conocido. Estaba disfrutando de sus propias caricias tanto como yo de mirarla.

- Muy bien, Carmen. Ya que tanto disfrutas acariciándote, hazlo ahora con el resto de tu cuerpo, comenzando por esos pechos que tanto te gusta cuidar.

Sus manos reptaron rápidamente hacia sus prominentes senos, acariciandolos sobre el sueter. Bajo los surcos tejidos en la lana, apareció uno de sus pezones, y precisamente a él y a su hermano gemelo fue donde Carmen dedicó sus mayores caricias, mientras no dejaba de mirarme en ningún momento, al tiempo que abria y cerraba sus piernas varias veces.

- Te excita acaciciarte delante de mí, ¿verdad?

No respondió. Abrió la boca para intentar decir algo, pero sus palabras no llegaron a salir.

- ¿Verdad? – insistí

- S…S…sí

- No me sorprende. Es lo que te he sugerido mentalmente. Tambien te he sugerido que no podrás llegar a ningún orgasmo hasta que yo te lo permita. Podrás disfrutar de tu cuerpo, y despues del mio, pero no podrás llegar al climax si no te portas bien conmigo.

Una de sus manos había buceado por debajo del sueter y acariciaba sus pechos desde allí, mientras que la otra se había deslizado por debajo de su falda. Ya no le importaba que yo pudiera ver sus bragas, que tampoco cubrían gran cosa puesto que se las había apartado a un lado para poder acariciarse mejor. Con movimientos cada vez más frenéticos introducía sus dedos en el interior de su cuerpo y los volvía a sacar, frotándolos sobre su clítoris ya húmedo, y repitiendo de nuevo toda la operación. Muy a su pesar, comenzó a jadear, siempre sin dejar de mirarme fíjamente, como gesto de sumisión y de sometimiento, puesto que todo lo que hacía era por mí y para mí.

- Dentro de un rato, cuando yo me vaya, tu vida cambiará por completo. Desearás fervientemente a tu marido. Le llamarás y le pedirás que te perdone y que vuelva a casa contigo cuanto antes. El deseo se apoderará de tí cada vez que lo veas o pienses en él. Serás adicta al sexo con tu marido. Jamás se te ocurrirá serle infiel con nadie que no sea yo, ni discutir cualquier decisión que él tome. Serás sumisa y obediente. Tus mayores deseos en esta vida serán obedecerle y servirle. La única forma en la que podrás ser feliz es haciéndole feliz a él. Cuando hagais el amor, o practiqueis cualquier clase de sexo, tu placer quedará supeditado al suyo. Jamás podrás disfrutar si él no lo hace, y cuanto mayor sea su placer, mayor será el tuyo. Nunca llegarás al orgasmo antes que él, excepto en el caso de que él te lo pida, pero siempre para su propio goze. Harás todo cuanto él te diga, incluso hacer el amor con otros hombres o mujeres, siempre que sea a petición suya. Disfrutarás de todos los juegos que él te proponga, e incluso estudiaras e inventarás nuevas formas de darle placer. Se convertirá en el centro de tu vida. Se convertirá en toda tu vida. Será tu único motivo para vivir.

A medida que escuchaba mis palabras, el ritmo de las caricias iba aumentando. Sus jadeos eran más ruidosos y había mojado el sofá con sus jugos sexuales. Podría haber estado toda la tarde masturbándose de aquella forma sin llegar al orgasmo, porque yo se lo había prohibido, pero mi trabajo ya estaba hecho.

- Y por encima de todo, por encima de tu marido y de tu propia vida, estaré yo. Mi voluntad es suprema y mis deseos inapelables. Tu vida será tu marido, excepto cuando yo quiera tenerte. Solo entonces dejarás de pensar en él para someterte, con más pasión si cabe, a mis deseos.

Su rostro reflejaba un placer y una frustración extremos. Deseaba llegar al climax. ¡Necesitaba llegar!

- Y para demostrarte finalmente como será tu vida a partir de esta noche, ahora vas a tener el orgasmo más fuerte y largo de toda tu vida. Jamás en toda tu existencia habrás tenido un placer como el que vas a disfrutar, y jamás volverás a tenerlo con nadie, incluyendo tu marido. Tan solo cuando yo quiera podrás volver a disfrutar del extremo gozo que va a recorrer tu cuerpo… YA.

Su cuerpo se estremeció varias veces con increibles espasmos de placer. Su mano seguía acariciando su sexo al ritmo de los espasmos.

- Más largo. Todavía disfrutas del placer del orgasmo. Más placer. Y cada vez que recuerdes este orgasmo, lo relacionarás conmigo. Sabrás que yo tuve mucho que ver con él, pero no sabrás exáctamente como. Más placer. Todavía más aún. Y secretamente, muy en tu interior, desearás fervientemente volver a encontrar este placer como sea. Y sabrás que solo podrás volver a tenerlo conmigo.

Las convulsiones seguían estremeciendo su cuerpo, que casi sin fuerzas había caido tumbado sobre el sofá mientras seguía retorciéndose. Poco a poco, fueron haciéndose más largos hasta desaparecer. Su cuerpo quedó inmovil. Su respiración era larga y cansada. No tenía fuerzas para moverse. Su voluntad ya no existía. Su mente ya no era suya. Su sumisión era completa. Era una mujer nueva, que solo vivía para su marido, y aquel había sido el primer orgasmo de su nueva vida.

Me acerqué a ella y le acaricié el pelo. Estaba completamente mojado. El esfuerzo del orgasmo había sido increible. Sus ojos estaban medio cerrados. Apenas tenía fuerzas para mantenerlos abiertos.

- Duerme, querida. Cuando despiertes no recordarás nada de mi visita.

Sus ojos se cerraron del todo.

- Descansa querida. Descansa.

Su cabeza se relajó totalmente hacia un lado, cubierta por sus cabellos, dando una imagen de total indefensión.

- Duerme…

Starlord.

Mi secretaria

Jueves, Enero 11th, 2007

- El empleo es suyo

Cerró la carpeta con un golpe seco, la dejó encima de la mesa y apoyó ambas manos sobre ella.

- De todos los candidatos usted ha sido el que mejor ha superado todas las pruebas. Creemos que el puesto de jefe de la sección de ventas le vendrá como anillo al dedo. Pero recuerde que en esta empresa somos un equipo. Las individualidades no están bien vistas porque…

Bla, bla, bla. Siempre el mismo cuento. Cada vez que entras a trabajar en una empresa te sueltan las mismas tonterías. ¿Tendrán alguna grabación debajo de la cama diciendo lo mismo todas las noches para aprendérselo de memoria?

El caso es que mientras el encargado de personal no dejaba de hablar, yo me sentía inmensamente contento. Aquel puesto era el más importante que había tenido que desempeñar hasta entonces. Era la primera vez que me asignaban un despacho propio y secretaria personal. Iba a tener a mis órdenes a toda una plantilla de empleados, y lo único que debía de hacer para ascender en la empresa era aumentar en un 10% el nivel de las ventas.

Pocos minutos después, me dirigía hacia lo que para mí era la culminación de una vida de estudios y malos tragos. Había tenido que renunciar a muchas cosas para estar allí. Había pasado por trabajos de mala muerte con el fin de conseguir experiencia y un curriculum. Pero al final lo había conseguido. Cuesta mucho entrar en el mundillo, pero una vez dentro, lo único que puedes hacer es seguir subiendo. Ni siquiera la historia que me habían contado sobre el señor Diez, mi antecesor en el cargo, podía ensombrecer mi ego en aquellos momentos. Según decían, a los pocos meses de estar trabajando allí, el estrés pudo con él. Un día no se presentó a trabajar, y en su lugar envió una nota diciendo que se iba a realizar un viaje por el mundo. Dejó su empleo, a su mujer y a sus tres hijos y nadie le había vuelto a ver.

Mi secretaria no estaba en su sitio. Tenía un pequeñísimo despacho a las puertas del mío, así que nadie podía pasar dentro sin que ella le diera permiso para hacerlo. Pero si no estaba allí, no podría cumplir ese encargo. No quería comenzar siendo duro con ella, pero le daría una pequeña regañina en cuanto pudiera. A los empleados hay que demostrarles la fuerza de carácter de uno. Tienes que causar respeto para que te respeten.

Mi despacho no era enorme, pero desde luego era mayor que cualquier otro sitio donde hubiera trabajado. Incluso era mayor que aquella habitación de mi anterior trabajo donde estábamos metidos siete personas durante todo el día. Miré por el ventanal. La vista era relajante y tranquilizadora. A lo lejos podía distinguir…

- Buenos días

Aquella voz me sobresaltó. Me volví para encontrar a una atractiva mujer de unos treinta años, alta, morena y con un rostro inquietante. Iba vestida con la corrección que aconsejaba la empresa. Una blusa blanca de manga larga, botones abrochados hasta el cuello, falda oscura por encima de las rodillas, medias negras y zapatos de tacón, aunque sin exagerar.

- Buenos días – respondí – Supongo que usted debe de ser…

- … su secretaria. Mi nombre es Laura. Lamento no haber estado aquí cuando ha llegado usted, pero tenía que hacer unas copias. y mi fotocopiadora se ha estropeado.

La excusa era correcta. No me pareció oportuno reñirla tan pronto, así que opté por ser amable con ella.

- No se preocupe. En lo sucesivo le agradeceré que me avise cuando tenga que ausentarse de su puesto. No soy una persona exigente. Creo que seremos buenos amigos. – a los empleados siempre les gusta que les digan estas cosas – Lo único que deberemos de hacer es trabajar como un equipo.

Cuando me di cuenta de que estaba a punto de recitarle el rollo que me acababa de soltar el encargado de personal, sonreí levemente.

- Bien, señorita Alvarez…

- Laura, por favor.

- De acuerdo, Laura. Por favor, póngame al día.

Resultó ser una empleada muy eficaz. Cumplía todos mis encargos de manera rápida y eficiente. Se amoldó muy bien a mi forma de trabajar. Lo único que yo exijo a mis subordinados es que puedan leerme el pensamiento. Y ella casi lo conseguía muchas veces. Sabía exactamente cuando necesitaba una taza de café. Nunca repetía  dos veces la misma excusa a la misma persona. Cuando tenía que quedarme a trabajar hasta tarde, casi siempre se quedaba conmigo para ayudarme. Se adelantaba a mis deseos cuando le pedía información, e incluso cuando no se la pedía. Parecía disfrutar con su empleo. Era correcta en su trabajo y en su forma de ser y de vestir. Nunca llevaba pantalones. Las faldas las prefería cortas. Las medias siempre negras, y los zapatos con un cierto tacón. Me pregunté como una mujer como ella no ascendía en la empresa. Me informé. Llevaba ya varios años trabajando allí, pero parecía estar un tanto gafada. Todos los jefes que le asignaban, al poco tiempo desaparecían, abandonaban la empresa o eran trasladados, así que no pasaba el tiempo suficiente con nadie que pudiera recomendarla para un ascenso.

Una noche, muy tarde, éramos ya las únicas personas trabajando en la empresa. Tenía una operación importante entre las manos y no podía dejarla pasar. Me encontraba cansado, pero al día siguiente tenía que presentar un informe y no podía permitirme el lujo de irme a casa. Como siempre, ella adivinó mis pensamientos y me trajo un café, muy caliente y con dos terrones de azúcar. Mientras lo tomaba noté un cierto sabor agridulce, pero lo achaqué a mi nerviosismo. Aparte de eso, estaba delicioso. A los pocos minutos me encontré cansado. Muy cansado. Terriblemente cansado. Apenas podía mantener los ojos abiertos. La visión se me nublaba por momentos, hasta que mi cabeza cayó sobre los papeles que abarrotaban mi mesa. Lo último que recuerdo fue la borrosa figura de mi secretaria mirándome fijamente desde la puerta del despacho.

Después, la oscuridad.

Cuando desperté estaba solo. Eran las siete de la mañana. Mi cabeza parecía una bombona de butano a punto de explotar y mi visión era un tanto borrosa. Como pude, revisé los papeles. El trabajo estaba ya muy adelantado. La noche anterior lo había dejado casi terminado antes de dormirme.

De dormirme. Sí. Eso fue. El cansancio había podido conmigo y me había dormido. Lo que no entendía era porqué no me había despertado Laura.

Pero eso ya no importaba. Tenía que terminar el informe para llevarlo a gerencia. Me apresuré a ello y en menos de un par de horas lo dejé en la mesa de Laura con una nota para que lo entregara en cuanto llegara. Ya más tranquilo, me senté en mi sillón y me permití el lujo de dar una pequeña cabezadita.

- Buenos días.

Tenía la maldita costumbre de sobresaltarme. Abrí los ojos y me incorporé sobre el sillón para que no se diera cuenta de que me había dormido.

- ¿Ha dormido bien? – Una amplia sonrisa de complicidad se dibujó en su rostro.

- ¿Porque no me despertó anoche?

- Comprobé que el informe ya estaba muy adelantado y no lo consideré necesario. Lleva muchos días trabajando en esto sin descansar, así que decidí dejarle dormir. ¿Hice mal?

Su voz sonaba como la de una niña pequeña cuando quiere ser perdonada por algo que ha hecho y que sabe que no está bien.

La verdad es que, habiendo terminado el trabajo, la cosa ya no tenía mayor importancia.

- No se preocupe, Laura. Ahora lo único que quiero es descansar un poco.

Me sentía enormemente cansado, como si en vez de dormir, me hubiera pasado la noche descargando camiones. Intenté desperezarme. No era algo que soliera hacer delante de mis subordinados, pero por algún motivo, no me importó hacerlo delante de ella. Una pequeña molestia en un costado me impidió hacerlo completamente a gusto. Toqué por allí y encontré un pequeño moretón, como si me hubiera golpeado. No era muy grande, pero dolía horrores. El golpe debió de ser muy fuerte, pero no recordaba haberme dado ninguno.

- Cerraré la puerta e intentaré no pasarle llamadas durante un par de horas. Si quiere echarse un rato en el sofá, le despertaré si viene alguien.

Se dirigió hacia la puerta con unos increíble e insinuantes movimientos de cadera. ¿Siempre se había movido así? Nunca antes me había dado cuenta. La miré de arriba a abajo. Vestía como siempre, elegantemente, con falda y medias negras. Sus piernas, envueltas en maravilloso nylon negro. ¡Dios mío! ¡Que piernas!. Y sus zapatos. Eran maravillosos. Negros, con un tacón de aguja más propio de una fiesta que de unas oficinas. ¿Porqué nunca antes me había fijado en aquellos zapatos? ¿Como había podido no haberme fijado en ella de aquella manera? Con cada movimiento de caderas que realizaba, una palabra se dibujaba en mi cerebro: fóllame, fóllame. Cada paso que daba, cada taconazo que sonaba en el suelo, me parecían los sonidos más maravillosos que pueden provenir del cuerpo de una mujer. Se detuvo en la puerta. Me miró. Sonrió enigmáticamente y la cerró.

Me quedé solo.

Solo con mis pensamientos.

Y en mis pensamientos solo estaba ella.

Me quedé solo con ella.

¿Que diablos me estaba ocurriendo?

Ella no era más que una subordinada. La empresa prohibía tajantemente las relaciones entre sus empleados.

Pero aquellos zapatos…

¿Zapatos? Yo nunca había sido un fetichista. Me gustaban las piernas de las mujeres, claro, y más aún cuando están envueltas en nylon. Pero de ello a lo que había sentido cuando miraba sus zapatos…

De todas las partes del cuerpo de una mujer los pies no eran mis preferidos a la hora de excitarme. Sin embargo, noté que mi pene estaba completamente dispuesto para la batalla. Lo había estado desde que miré sus zapatos.

Me acosté sobre el pequeño sofá que había en el despacho. Intenté dormir, pero no lo conseguí del todo. No podía quitarme aquellos maravillosos zapatos negros de la cabeza.

Medio adormilado, me encontré a mi mismo masturbándome mientras pensaba en ellos.

Me despertó el teléfono un par de horas después. Era Laura para decirme que el gerente quería verme para discutir mi informe. Todavía no había acabado de colgar el teléfono cuando ella entró en el despacho con una pequeña bolsa de aseo en sus manos.

- Aquí encontrará todo lo que necesita para afeitarse y acicalarse un poco. No puede ir a ver al gerente así. Tiene una pinta horrible.

Me miré a mi mismo y comprendí que tenía razón. Toda mi ropa estaba arrugada, e imaginé mi rostro dejando entrever la primera barba de la mañana.

- La ropa no será problema. Si se pone la chaqueta y procura estar de pié el menor tiempo posible, no se darán cuenta. Acérquese al cuarto de baño y aféitese.

- ¿De donde ha sacado esto?

- Su predecesor, el señor Diez, también solía quedarse dormido en el despacho muchas noches.

- ¿Fue usted la secretaria del señor Diez?

- Si. Hasta que se marchó. Ya sabe…

- Sí. Ya lo sé.

Nadie me había dicho que ella fuera su secretaria. Supongo que pensaron que no tenía importancia.

Yo tampoco se la di. Me afeité, me acicalé un poco y fui a la reunión con el gerente.

La cosa salió estupendamente. Mi primer trabajo de importancia había sido un éxito. Incluso el gerente me invitó a comer. Pasamos toda la tarde discutiendo el informe y bien caída la noche me felicitó y nos despedimos. Estaba contento. Casi eufórico cuando llegué a mi despacho. Era Viernes, aquella noche ya no tenía que trabajar, el gerente me había felicitado y tenía todo el fin de semana por delante. La vida me sonreía.

Me sorprendí al encontrar allí a Laura. Apenas quedaba ya nadie trabajando.

- ¿Todavía no se ha ido a casa? – pregunté mientras me dirigía a mi mesa y me sentaba en mi sillón.

- Quería saber como le había ido.

Había un tono de sinceridad en su voz. Parecía como si le importara realmente que yo triunfara. Enablé una enorme sonrisa de satisfacción y la miré.

- Me ha felicitado.

- ¡Lo sabía! La verdad es que se lo merece. Ha trabajado mucho en este proyecto como para que no se lo reconocieran.

Mientras hablaba, se acercó a la mesa, la bordeó y se colocó en la parte de atrás, donde yo me encontraba.

- Me gustaría celebrarlo. ¿Quiere venir mañana a cenar a mi casa? Soy una buena cocinera. Le aseguro que no le decepcionaré.

¿Cenar en su casa? ¿Se había vuelto loca? ¿Quien se había creído ella que era?

- Verás, Laura, el caso es que yo…

- No puede negarse. Ya lo tengo todo preparado.

Me molestó el casi imperceptible todo de condescendencia de su voz. Parecía una madre intentando razonar con su hijo pequeño. En un acto de confianza inconcebible, se sentó en la mesa, dejando en alto sus hermosas piernas… y sus zapatos.

- La empresa prohibe expresamente… prohibe… la empresa…

No conseguía concentrarme. El incesante balanceo de sus pies me tenían casi hipnotizado. Aquellas maravillosas piernas, culminadas con los más increíbles zapatos que habían visto nunca.

- No te preocupes por la empresa. Nadie tiene porqué enterarse, ¿no crees?

- Yo no… puedo… no…

- ¿Te gustan mis zapatos?

La pregunta me dejó helado. Se había dado cuenta de que la miraba. Intenté recuperar mi compostura pero no pude apartar mis ojos de aquellos maravillosos zapatos.

- Me parece que sí que te gustan, ¿no es así? Pues tengo algo mejor aún para enseñarte.

Con un movimiento dejó caer al suelo sus zapatos. Sus pies aparecieron radiantes, cubiertos también por el oscuro velo de las medias negras. Sin darme tiempo a reaccionar, los acercó a mi cuerpo y comenzó a tocar mis piernas con ellos.

- Ya veo que te gusta mucho mirarme. ¿Te gusta también que te toque?

No podía casi moverme. Notaba que mi cuerpo no quería obedecerme. Haciendo un esfuerzo increíble, conseguí levantar la vista, para darme cuenta de que lo que ahora me atraía eran sus pechos. La blusa que llevaba puesta era transparente. Durante todo el día había ido enseñando el sujetador a través de la suave tela blanca. Pero ahora no llevaba. Se lo había quitado. Bajo el velo de la tela aparecían radiantes sus oscuros pezones. La forma de sus pechos era claramente visible desde donde yo estaba. Menos de un metro me separaba de ella. Sus pies seguían jugueteando con mis piernas. Levantó uno de ellos y lo colocó sobre mi vientre. Al hacerlo, mis ojos volvieron a verse irremediablemente atraídos hacia ellos.

¿Que demonios me estaba ocurriendo? Yo no podía estar allí, mirando los pies de mi secretaria como si fuera un colegial enamorado de su profesora. ¡Ni siquiera me gustaban los pies!

- ¿Estas seguro de que no quieres venir mañana a mi casa?

Una perversa sonrisa cruzaba su rostro cuando deslizó su pie hacia mi ingle. El contacto de su pie con mi pene a través de la tela del pantalón me causó un efecto inmediato. Noté la presión de mi sexo sobre los pantalones, intentando liberar sus energías. Laura también lo notó. Incrementó sus juegos ayudándose del otro pie y presionando como si fuera una verdadera profesional. Me estaba masturbando con sus pies, y lo peor de todo era que yo la estaba dejando hacerlo.

- ¿Te gusta esto, mi duro jefe?

De todo lo que estaba ocurriendo, el oír mi propia voz no fue lo que menos me sorprendió.

- Ssssssi

- Quieres que siga con ello, ¿verdad?

- Sssi, pppor favvvorr

- Pues entonces tendrás que venir mañana a mi casa.

¿Porqué estaba tan empeñada en aquello? ¿Para qué diantres tenía que ir a su casa? ¿Creía realmente que podía obligarme a ir?

- De acuerdo, de acuerdo. Iré, pero no paressss…

¿Había dicho yo aquello? Me horroricé al comprobar que así había sido. No podía dejar de mirar sus pies mientras realizaban su placentero trabajo con mi sexo. Cada vez me sentía más y más excitado.

- Muy bien, así me gusta. Te has portado bien, y voy a darte tu recompensa. Vas a correrte, como nunca antes en toda tu vida te habías corrido. Te gustan mis pies y vas a correrte gracias a ellos, y cuando lo hagas, tu vida nunca volverá a ser la misma. Vas a correrte… ¡ahora!

Justo en el instante en que ella lo dijo, los espasmos comenzaron a recorrer mi cuerpo. El placer era increíble. Nunca antes había sentido un orgasmo como aquel. Mientras me corría, sus pies seguían presionando sobre mi pene, al ritmo de las convulsiones, causándome aún más goce, si eso era posible. Después de cuatro o cinco sacudidas, mi cuerpo quedó sin fuerzas, exhausto en el sillón. Yo seguía mirando sus pies como un pajarillo hipnotizado por una serpiente mientras notaba como una mancha húmeda aparecía en mis pantalones. El semen había quedado todo en mi ropa interior y comenzaba a dar muestras de su existencia.

Con la voluntad rota y mi cuerpo sin fuerzas, como una marioneta, la miré mientras sus hermosos pies volvían a introducirse dentro de sus increíbles zapatos, y sus más aún hermosas piernas la llevaban hacia la puerta del despacho.

- A las ocho y media. Tienes mi dirección sobre tu mesa. Hasta mañana, jefe.

Con una diabólica sonrisa en su boca, cerró la puerta y me dejó solo con mi angustia, y con mis pantalones mojados de semen.

Cuando estaba a punto de llamar al timbre me pregunté, por enésima vez en la noche, el motivo por el que mi cuerpo se había dirigido allí. Era como si mi mente no tuviera ya el control de mis músculos, o como si, inconscientemente, fuera impulsado por una fuerza misteriosa y me viera impelido a realizar cosas contra mi voluntad. Haciendo un último esfuerzo, intenté no tocar el timbre de la puerta, pero fue en vano. La odiosa campanilla sonó cuando mi dedo presionó sobre el botón.

Pese a todo, no estaba preparado para la visión que me esperaba cuando se abrió la puerta. Una mujer me miraba con cara de odio. Le devolví la mirada, pero con temor en mis ojos, mientras me daba cuenta de que llevaba los pechos al aire. Dos tiras de cuero se cruzaban entre sus pechos para desaparecer tras su espalda. No llevaba pantalones, ni falda, ni siquiera bragas. Solamente un liguero negro, unas medias del mismo color, y unos inconcebibles zapatos negros con un tacón de aguja de más de 10 centímetros de altura. Pero lo que más me sorprendió fue que los ojos que con tanto odio me miraban eran los de Laura, la eficaz secretaria que de alguna forma me había hecho ir hasta su casa, después de proporcionarme el mejor orgasmo de toda mi vida.

- ¡Entra, cerdo!

Sus palabras se clavaron en mí como cuchillos, mientras comprobaba asustado como mi pene reaccionó a aquel insulto con una casi inmediata erección. Aunque intenté rebelarme con todas mis fuerzas, entré en la casa como un cordero que sabe perfectamente que la puerta que cruza le conduce hasta el matadero.

Escuché como la puerta se cerraba detrás de mí cuando súbitamente me di cuenta de que el suelo ascendía vertiginosamente hacia mi cara.

Tumbado en el suelo comprobé que me habían empujado sin miramientos.

- A partir de este momento, solo te pondrás de pie en mi presencia cuando yo te dé permiso, ¿entendido?

Aquella mujer estaba loca. Cerré mis ojos y comencé a desear con fuerza: esto no me está ocurriendo, esto no me está ocurriendo…

Un fuerte dolor sacudió mi costado, obligándome a arquearme sobre mi mismo, cuando ella me golpeó con su pié.

- ¿Es que no me has oído?

- Ssssi, ssi.

- Te he dicho que solo te pondrás de pié cuando te dé mi permiso. ¿Entendido?

- Sí.

No quería que volviera a golpearme, así que decidí seguirle la corriente.

- Muy bien, no te muevas de aquí. tengo algo que hacer.

Y me dejó tendido en el suelo, con un enorme dolor en el costado, y llorando como un niño pequeño.

Pero nada de aquello me preocupaba más que el que mi pene estuviera en continua erección desde que ella me había abierto la puerta.

Al cabo de unos minutos escuché el sonido de sus tacones contra el suelo. Entreabrí los ojos para mirar como se sentaba en el sillón que había en medio de la habitación. Llevaba una cadena en la mano. Siguiendola con la mirada comprobé estupefacto que terminaba en un collar que se encontraba alrededor del cuello de un hombre semidesnudo. Apenas llevaba unas tiras de cuero sobre el cuerpo, similares a las de ella, y un par de tiras más alrededor de las piernas. Estaba arrodillado, casi como si estuviera a cuatro patas. Aparte de eso, la única peculiaridad que podía observar en él era que su pene estaba tan erecto como un cuchillo de cocina dispuesto a trinchar un pavo.

- ¿No saluda a nuestro invitado, señor Diez?

Laura no se dirigía a mí, sino al hombre que tenía a su lado, atado con una correa como si fuera un perro.

- Hola – fue la escueta respuesta del hombre

¿Diez? ¿Había dicho señor Diez? ¿Mi predecesor?

Se suponía que ese hombre se había visto afectado por el estrés y se había ido de viaje.

Ella debió de ver la estupefacción en mi rostro, y con la misma eficacia que me leía el pensamiento cuando estábamos trabajando, lo hizo también en esta ocasión.

- Sí. Es el señor Diez. Y aquellos de la esquina son sus otros predecesores.

Miré hacia donde me había señalado. Acurrucados, a cuatro patas, desnudos excepto por las tiras de cuero como las del señor Diez, habían tres hombres más. No reconocí sus rostros, pero sí que reconocí la erección que todos tenían. Al parecer todos los hombres en aquella casa tenían… teníamos la misma capacidad de permanecer en erección durante largo tiempo.

- Tengo los zapatos sucios. ¿No te apetece limpiármelos?

¿Limpiar sus zapatos? Claro, ¿porqué no? Con tal de que no me pegara cogería un trapo y los limpiaría. Me arrastré hacia ella y comencé a limpiárselos. No fue hasta algunos segundos después cuando me di cuenta de que no estaba usando ningún trapo, sino ¡mi propia lengua!.

- Muy bien, muy bien. así me gusta. Eres muy obediente.

¿Como podía estar limpiando los zapatos de una mujer con mi lengua? No podía comprenderme a mi mismo. De cuando en cuando, algunos de mis lametazos se salían de los zapatos e iban a parar a sus pies, cubiertos por la fina tela de las medias. El sabor de la piel de los zapatos, unido al del nylon de las medias, en lugar de repugnarme, me llenaba de una extraña excitación. Mi pene seguía erecto como nunca, llegando a producirme un cierto dolor cuando me movía. Laura, de nuevo, leyó mi mente.

- ¿Te aprietan los pantalones? Eso tiene fácil solución, querido. ¡Quítatelos!

¿Se habría creído esa loca que me iba a quitar los pantalones delante de ella?

¡Ni hablar!

Noté una especie de liberación cuando mi pene consiguió salir del aprisionamiento de mis pantalones y mis calzoncillos. Antes de darme cuenta, sin saber el motivo por el que lo había hecho, me encontraba desnudo de cintura para abajo. Mi pene parecía querer alcanzar el cielo, apuntando directamente al cuerpo de mi secretaria.

- ¿Te alegras de verme, corazón? – Una cínica sonrisa convertía su rostro en el reflejo mismo de la depravación – Demuéstramelo. ¡Mastúrbate!

Esta vez no me cogió por sorpresa el encontrarme a mi mismo obedeciendo su orden. Comencé a jugar con mi pene, con suaves movimientos al principio, aumentando el ritmo a medida que mi voluntad desaparecía mientras mis ojos no podían apartar la vista de sus pies. No conocía el motivo, pero a cada minuto que pasaba, me sentía más y más excitado por ellos.

- ¿Sientes curiosidad de saber lo que te ha pasado, querido?

¿Lo que ha pasado? Si, si. Quería saberlo. Quería que me explicara porqué no podía controlar mis impulsos, porque me estaba masturbando delante de ella y de cuatro hombres más.

- Es muy sencillo. Todos los hombres sois unos cerdos. Os aprovecháis de las mujeres en la vida y en los negocios. Nos tratáis como esclavas. Tan solo nos permitís ser vuestras secretarias, en lugar de vuestras compañeras o vuestras superiores. Tú y todos ellos – señaló a los otros – habéis pasado de ser mis jefes a ser mis esclavos.

Desde el fondo de mi alma conseguí fuerzas para hacer una simple pregunta.

- Pero… ¿como…?

- Es muy sencillo. Una pequeña cantidad de cierta droga en el café, y quedáis indefensos. Primero notáis somnolencia, pero es algo más que eso. Dejáis la consciencia, aunque sin entrar directamente en el sueño. La droga causa un efecto narcótico que actúa sobre el centro de voluntad del cerebro. Una vez drogados, sois muy susceptibles a la hipnosis. Cualquiera con unos mínimos conocimientos puede haceros pasar del sueño de la droga al trance hipnótico. Después, unas simples sugerencias post-hipnóticas os convierten en mis esclavos. Como animales que sois, la primera muestra de humillación es el amor que sentís hacia mis pies. Adoráis mis pies, y no tenéis más remedio que obedecer mis órdenes cuando los estáis mirando. Después, ya es fácil jugar con vosotros. Una vez en mi casa ya sois míos completamente. Nunca más volverás a salir de esta casa, al menos sin mi permiso. Escribirás una carta a la empresa despidiéndote. El estrés causado por la necesidad de acabar el informe de ayer pudo más que tú. Todavía no he decidido a donde vas a decir que te has escapado, pero seguro que algo se me ocurrirá.

Mientras ella hablaba, yo seguía masturbándome con todas mis fuerzas. A medida que sus palabras iban entrando en mi cerebro, el deseo iba consumiendo los últimos restos de mi voluntad. Sus pies salieron de sus zapatos para juguetear de nuevo con mi pene, aunque en esta ocasión, el suave tacto del nylon de las medias directamente sobre la piel de mi órgano más sensible me produjo unas inmensas oleadas de placer.

- ¡No te corras! Todavía no te he dado permiso.

Mis testículos estaban a punto de estallar, pero me encontré sin fuerzas para correrme. Ella lo había ordenado y a pesar de que mis manos se movían frenéticamente sobre mi pene, no podía llegar de ninguna manera. El placer de la masturbación, unido al dolor de mis testículos, creaban unas sensaciones que no había sentido en toda mi vida. Sentí como una de mis manos cogía su pié y lo restregaba sobre mi pene, mientras que mi otra mano seguía frenéticamente intentando obtener lo que se me había prohibido.

Mientras tanto, ella se reía ruidosamente. Sus carcajadas tan solo me hacían sentir más placer. Todo lo que ella hacía o decía incrementaba mis sentidos hasta límites insospechados. El calor de su piel llegaba a mi mano y a mi pene a través de la suavidad de sus medias. Apenas podía mirar a otra parte que no fueran sus pies. Tenía delante de mis ojos la gloriosidad de su sexo totalmente al descubierto, abierto completamente el tener que mantener uno de sus pies sobre mi sexo y el otro apoyado en el suelo. Adivinaba sus pechos moviéndose seductores al ritmo que yo agitaba su pierna con mis bruscos movimientos intentando usar su pie para llegar al orgasmo. Pero a pesar de todo, yo no podía apartar mi vista de aquellos maravillosos y deseables pies. Sabía que mi sentimiento era forzado, que no era más que una sugerencia post-hipnótica que ella me había implantado. Pero nada tenía ya importancia. Tan solo la necesidad de llegar al orgasmo.

Mi pene comenzaba a resentirse de los esfuerzos a los que le estaba sometiendo. La fricción sobre mi piel empezaba a dolerme. Ella seguía riendo. En una huidiza mirada conseguí verla, exuberante, riéndose de mí mientras usaba su mano para masturbar al señor Diez, cuyo rostro reflejaba una felicidad absoluta y una gratitud sin límites por usarle a él para darse placer a sí misma.

- Muy bien, creo que ya estas listo. Cuando yo te diga, te correrás. Y cuando lo hagas, con cada gota de semen que salga de tu polla, tu voluntad desaparecerá por completo. Te convertirás en mi esclavo, en mi perro personal, en un animal de compañía, dispuesto siempre para mí, con la polla siempre a punto para mi placer. Jamás pensarás en darte placer a ti mismo si no es para proporcionármelo a mí. Tu vida no tendrá ningún otro sentido más que amarme, obedecerme y servirme. Nada será más importante que yo.

Cada una de sus palabras era un cuchillo que perforaba el centro del placer de mi cerebro. No importaba lo que decía, tan solo deseaba correrme, llegar al orgasmo e irme de aquella maldita casa para siempre. Irme. Correrme. Tocar sus piernas. No volver nunca. Besar sus pies. Salir de allí. Lamer sus zapatos…

- Ya puedes correrte.

Fue como si un invisible tapón fuera apartado de la punta de mi pene. El semen comenzó a salir con una presión extraordinaria. Mis manos, el suelo, y sus pies se vieron inundados por oleadas de mi líquido blanco, causándome un placer mayor incluso que el de la noche anterior. Con el primer espasmo, mi mente comenzó a pensar en la forma de salir de allí. Con el segundo, pensé que tenía tiempo para pensarlo. No tenía prisa. Con el tercero, el más fuerte, no me importaba estar allí hasta el día siguiente. El cuarto y quinto espasmos fueron cortos, y el sexto casi inexistente. Cuando acabé de correrme, casi sin fuerzas, contemplé el espectáculo que había causado con mi orgasmo, pero de todo lo que vi, tan solo me importaba una cosa: su pie estaba completamente manchado con mi semen.

Una vez más, Laura leyó mi mente.

- ¡Límpialo, esclavo!

Sin dudar ni un solo instante, contento por la posibilidad de que mi lengua volviera a tocarla, comencé a lamer su pie. La suavidad del semen se confundía con el sabor agridulce de las medias. No era algo tan desagradable el beber semen. Al fin y al cabo, era mío. Con el rabillo del ojo contemplé como el señor Diez se corría a la orden de Laura y su pene perdía fuerza y erección, tal y como me había pasado a mí. Pero al comprobar mi propio órgano, contemplé como cada vez que lamía el pie de Laura, volvía poco a poco a la posición de erección original, increíblemente a punto para lo que fuera necesario. Perdido en mis observaciones, no me di cuenta de que ya no quedaba semen en el pié, a pesar de que yo seguía lamiendo como si hubiera pasado varias semanas sin comer.

- Ya está bien, esclavo. Ahora ven aquí y lámeme el coño.

Aquella orden me complació. Contento y con nuevas energías, me acerqué a ella. Lo único que tenía en la cabeza era cumplir su orden, darle placer. Lejos, en el fondo de mi cerebro, una pequeña, minúscula idea intentaba no morir aplastada por el peso del deseo. La idea de escapar era ya tan minúscula que no me di cuenta ni de que se desvanecía en el olvido absoluto. Cuando desapareció, ni una sola parte de mi cerebro lo lamentó. Del fondo de mi alma, reflejando mis verdaderos anhelos, mis únicos deseos de servir a aquella mujer, salieron mis siguientes palabras.

- Gracias, ama.