Un día de gerencia

Esta historia ocurrió en Marzo del 2003, cuando yo me fui a trabajar al África por dos meses. Mi esposa, Vanesa, se había quedado en Buenos Aires, y si bien iba a venir a pasar un mes conmigo, todavía faltaban 20 días para su partida. Hacia ya una semana que estaba sola y como es muy celosa, se la había pasado toda la noche dando vueltas en la cama, pensando en que yo la estaba engañando con otra mujer.

Después de una mala noche, se levantó muy temprano para ir a trabajar a la gerencia. Hacia mucho calor y se puso su vestido corto azul que le hace una figura muy esbelta y sensual, encima con un escote muy marcado que le hace resaltar sus hermosas tetas. Como sobraba el tiempo y estaba lindo, fue caminando hasta la estación del subte. En el momento que bajaba las escaleras, escucho que uno estaba viniendo. Corrió, puso la tarjeta y se metió en el primer vagón que vio. Las puertas se cerraron y en ese momento se pudo percatar que el vagón estaba lleno de hombres. Ella era la única mujer. Como este no era su horario habitual, el ambiente también era distinto. De a poquito, se le fueron arrimando y la empezaron a apoyar. Vane estaba muy nerviosa, pero el subte estaba tan lleno, que no le quedo otra alternativa que mirar hacia abajo y aguantárselas. Con el movimiento y el vaivén del vagón, se le apoyaban cada vez mas seguido. Ya algunos sin ningún reparo, hasta sintió algunas manos por debajo que la tocaban. La pobrecita estaba agarrada de un pasamano y no sabia si largarse a llorar de la impotencia. Ya no aguantaba mas, ella notaba como todos la miraban y le clavaban los ojos en su cola, que se marcaba claramente a través del vestido. Otros tantos no podían sacarle la vista de su busto, que al estar estirada para agarrar el pasamano, parecía que iba a explotar hacia fuera del escote. Todavía faltaban 6 estaciones, si seguían a este ritmo, la iban a terminar violando.

Por suerte para ella, al llegar a una estación, hubo un movimiento de pasajeros y quedo enfrentada con un chico joven y bastante apuesto. Como la apoyaban y empujaban desde atrás, Vane hacia fuerza para no llegar a rozar al muchacho que tenia enfrente. Esa presión que ella ejercía para atrás, sumada a las apoyadas que le daban por detrás, le empezó a gustar. Ya estaba entregada. De repente, esa sensación de impotencia e indignación, se empezó a transformar en excitación. Sentir que más de 50 hombres la deseaban, la hizo soñar por un momento que era una vedette y eso le gusto. Su humor empezó a cambiar rápidamente, hasta que llego a la estación de destino. Se bajo muy tranquila y se fue caminando sensualmente. Al volver a arrancar el subte, se dio vuelta y pudo ver en detalle las caras petrificadas de sus 50 admiradores mirándola con satisfacción. Fue una sensación que le gustó, dejándola contenta. Se acomodó el vestido que estaba todo desarreglado y siguió caminando hasta su trabajo. Entró al edificio y pensó que había sido un buen comienzo del día, algo distinto a lo normal.

Ni bien entró a la oficina y como todavía no había llegado mucha gente, se sentó en una PC para conectarse y bajar los e-mails. Se encontró con 2 mensajes que yo le había enviado el día anterior, contándole como era el lugar, que se podía hacer, los planes que tenía y fundamentalmente que le decía que la amaba mucho y la extrañaba un montón. Vane que es muy sentimental, se empezó a sentir triste y sola. Se le cayeron unas lágrimas y para que nadie la viera llorar decidió bajar a la calle a tomar un café en Havanna. Al llegar al café se sentó en la barra y percibió que había dos ejecutivos muy atractivos que estaban desayunando. Tendrían alrededor de 30 años. Vane que es muy detallista percibió que estaban muy bien vestidos, usaban buen reloj y que ambos eran casados (por el anillo). Al terminar de tomar el café, ella se levantó haciéndose la artista y sacando buen pecho como lo sabe hacer, fue caminando hacia la puerta mientras los hombres se quedaron mirándola con mucho deseo.
Regresó a la gerencia y se puso a trabajar en unos informes que tenía pendientes. Como es muy eficiente, se puso las pilas y en poco tiempo los terminó.

Al cabo de 2 horas, Sánchez, el gerente, la mando a llamar para consultarle algo. Cuando entró a su oficina, se encontró con que Sánchez estaba charlando con dos hombres. El le pidió si por favor podía buscar todos los informes relacionados con el transporte del personal. Ella asintió y al darse vuelta para ir a buscarlos, se percató que los 2 hombres, eran los ejecutivos que había visto en el bar, y que de cerca eran mucho más apuestos. Les saludó con una sonrisa y enseguida, volvió con los papeles que le había pedido el gerente.

Vane regresó a su lugar de trabajo, pero como ya había concluido con el mismo, se fue a charlar con una compañera. Después de los saludos y preguntas de rutina, su compañera le dijo “Que fuerte que están esos 2 perros”. Vane concordó y le dijo que en el bar, ellos le habían clavado la mirada. Su compañera le insistió, para que vaya de vuelta a la oficina de Sánchez con cualquier excusa, así ella observaba sus miradas y luego le contaba.

Vane no pudo con su genio y utilizando todo su carisma, entro nuevamente a la oficina del gerente llevando café para los 3. Todos agradecieron el gesto y mientras se distendían tomando el café, charlaron un poco. Ellos resultaron ser dos abogados de una compañía de seguros que estaban arreglando un problema de una demanda. Uno de ellos era extranjero, y si bien entendía perfectamente el castellano, tenía dificultades para hablarlo.

Vane regresó con su compañera, quien le dijo que los había observado babearse al charlar con ella y que cuando ella se retiraba, uno de ellos saco su lengua relamiéndose.

El largo día de trabajo continúo y Vane volvió a llevarles café varias veces. Por el cansancio, ya no estaban tan duritos, estaban más relajados y el trato era menos formal. En uno de los cruces, averiguó sus nombres. Uno se llamaba Daniel y el otro John.

Yendo al baño, John se detuvo enfrente al escritorio de Vane y en un castellano con acento de ingles que sonó muy cómico, le dijo que era muy bonita y amable. Esto hizo que Vane se sienta reconfortada. Había sido un buen día para la caza, primero el subte y ahora estos dos.

A las 17 horas, todo el personal comenzó a retirarse. Vane pasó por la oficina de Sánchez para despedirse y éste le pidió que si antes de irse, le podía alcanzar los contratos con la compañía de seguros. Ella los fue a buscar inmediatamente, pero tuvo dificultad en encontrarlos. Después de 20 minutos de búsqueda, apareció con el contrato del año anterior y Sánchez le dijo que servia igual pero que había que hacer una actualización porcentual en una planilla en la PC. Ya resignada a que se tenia que ir mas tarde, Vane hizo los cálculos minuciosamente en forma correcta. El gerente le agradeció el favor y le pidió disculpas por la demora. Mientras Vane juntaba sus cosas, ellos dieron por terminada la reunión.

Siendo aproximadamente las 18, salieron todos juntos. Sánchez se ofreció acercarlos con su auto, pero lamentablemente iba para el otro lado. Entonces Vane paró un taxi y ellos le preguntaron hacia dónde iba. Casualmente ellos iban para el mismo lado, para lo cual sin preguntarle se subieron al mismo taxi. Uno subió de cada lado y Vane quedó sentada en el medio. Durante el trayecto, haciéndose el que no se daba cuenta, John fue acercando una pierna a la de Vane, rozándola positivamente cada vez que podía. Si bien ella lo notó, se hizo la despistada y como sintió una pequeña mezcla de miedo y excitación, lo dejo continuar y no lo sacó. En un momento se estaba poniendo denso, pero John era tan simpático y su forma de hablar era tan cómica, que borraba sus intenciones fácilmente. A pesar de estar viajando con dos desconocidos, Vane no sentía temor alguno, estaba cómoda.

Le pidieron al taxista, llevar primero a Vane y luego seguir con ellos. Cuando llegaron a nuestra casa y antes que ella se baje, le preguntaron si le gustaría ir a cenar con ellos a lo que Vane respondió que no. Daniel insistió argumentando que era una noche muy linda, que hacia calorcito y que John al día siguiente partiría para su país y él lo quería llevar a cenar a un buen lugar pero que no se le ocurría donde. Vane les pidió perdón y disculpándose por estar cansada, les rechazó la invitación. Sin seguir insistiendo, Daniel le agradeció el viaje y le dijo que de todas formas, por si cambiaba de idea, le dejaba una tarjeta personal con el número de celular. Vane los saludo formalmente y se bajó.

Cansadísima y sintiéndose mal por el largo día de trabajo y todos los pormenores, ni bien entró a casa, Vane se desvistió y fue directo para la ducha. Después de varios minutos de agua caliente relajante por todo el cuerpo, se empezó a sentir mejor. Allí se puso a pensar si debía haber aceptado la invitación o no. No se podía auto-engañar, realmente deseaba haber ido a cenar con ellos. Se la había pasado todo el día, sintiéndose deseada por hombres, cosa que le había gustado. Hacia una semana que estaba sola y encima desconfiaba de mi. En estos casos, siempre había reprimido su necesidad de sexo, por respeto a la pareja, salvo en contadas excepciones donde no pudo controlar su cabeza, y había ido mas allá de donde se debe, comportándose como una verdadera hembra, que vuelve loco a los hombres, incluyéndome a mi. Con todo este dilema, estuvo pensando un rato, puso todo en la balanza y tomo una decisión, que por supuesto fue llamar al numero de la tarjeta. Por encima de todo, cualquiera de los dos tipos, le gustaban mucho. Solo tenia que decidir a quien elegir.

Al rato lo llamó a Daniel al celular. Este atendió bastante cortado. Se notaba que no podía hablar y él contestó, “Bueno, no hay problema señor, lo paso a buscar por su hotel.” y cortó rápidamente. Se notó que el hijo de puta atendió el teléfono delante de su mujer y no sabia que decir. Esto excitó mas aun a Vane, quien se empezó a preparar especialmente para la velada. Mientras tanto pensaba con quien se quedaría.

Alrededor de las 21 horas sonó el timbre. Era Daniel solo. Vanesa salio deslumbrante. Tenia puesto un vestido minifalda negro, medias de encaje y zapatos de taco alto. Llevaba una minúscula tanga al tono y no tenia puesto corpiño. Su pelo estaba suelto y salvaje.

Daniel casi muere de un infarto. Ni bien subió al auto, él le empezó a dar piquitos en la boca, cosa que mi mujer no rechazó. Al poco tiempo, estos se convirtieron en húmedos besos, caricias y abrazos. Aparentemente Vane ya había decidido. Daniel le insinuó ir inmediatamente para un hotel. Vane aclaró inocentemente, que la habían invitado a cenar y media enojada preguntó por John. Acto seguido, Daniel continuo dándole besitos y le dijo que estaban yendo a buscar a John por el Sheraton, para ir a cenar y que la insinuación solo había sido un chiste. Entre besos y manotazos continuaron su camino hacia dicho hotel.

Estacionaron en la entrada e ingresaron para buscar a John, quien estaba sentado en la barra tomando unos tragos. Se lo notaba muy alegre y zafado, producto del alcohol. Se reunieron con él y allí decidieron ir primero a cenar a un restaurante en las cañitas y después a tomar algo a algún boliche con show. Vanesa ya se inclinaba hacia el lado de Daniel.

Iban caminando por el lobby del hotel hacia la salida, cuando John trastabilló y ante una inminente caída se agarró de Vane, rasgándole sin querer el vestido. El se incorporó rápidamente y balbuceando mil palabras mezcladas entre español e ingles, le pedía las disculpas muy apenado. Sonó tan cómico y la escena fue tan graciosa que todos se largaron a reír a carcajadas sin parar. Lloraban de la risa. Vane reviso que su vestido solo se había descosido, no se había roto, con lo que se quedó mas tranquila. John le propuso si quería subir a su habitación para coserlo, pues allí había un kit de costura. Vane en un primer momento dijo que no, pero analizando que así no podía ir a ningún lugar, aceptó. Daniel les dijo que los esperaba en el auto y Vane le puso una cara como pidiéndole que no la deje sola con John. Daniel comprendió el mensaje y dijo que mejor los acompañaba.

Subieron al ascensor y Daniel que estaba detrás de ella, empezó a tocarle levemente la cola por encima del vestido, haciendo rozar el mismo contra la tanguita. Vane cerró los ojos, echó su cabeza hacia atrás y le comió la boca. Mientras tanto John, empezó a besarle el cuello y a frotar su cuerpo con el de ella. Cuando ella se percató, lo sacó inmediatamente. Pero John estaba muy ebrio, no entendía nada e insistía. Vane le dijo seriamente que la corte, pero el pedo de John era tal, que se mataba de la risa. Mientras tanto, la seducción que le brindaba Daniel besándola, le hizo olvidar de la presencia de John que cada tanto metía alguna mano sin acertar. El ascensor navegaba para arriba y para abajo sin destino alguno, Vane y Daniel se encargaban de apretar al azar algún botón, cuando este se detenía. Mi mujer se estaba mojando mal, entre los besos de lengua y el palo que tenia Daniel, el ambiente se puso espeso. De repente sonó la alarma del ascensor, todos se recompusieron, tocaron el piso correspondiente y fueron para la habitación. Iban caminando por los pasillos tratando de ayudar a John que rebotaba de pared en pared por la borrachera.

Llegaron a la habitación y entre los dos cargaron a John hacia la cama. Lo recostaron y Vane se sentó en la cama para descansar. Daniel se sentó a su lado y continuaron con los besos y caricias. Al poco tiempo y para sorpresa de todos, Vane fue directamente al pantalón de John, le bajo el cierre y saco su pija afuera. Sus ojos al verla se iluminaron, era muy grande y muy gorda, a pesar de que todavía no estaba muy dura. Se la metió en la boca y fue notando como iba creciendo de a poco. John, medio inconsciente, con sus manos le acariciaba las tetas por encima del vestido.

Daniel se dedico a ir subiéndole la pollera poco a poco, mientras le pasaba la lengua por las piernas. Cuando llegó a su cola, le bajó las medias y la dejó en tanga. Mi mujer tenía la pollera subida hasta la cintura, le estaba chupando la pija a uno que mientras tanto le tocaba las tetas y el otro le besaba la cola y como podía le metía la puntita de la lengua lentamente por su concha que se estaba lubricando. Vane estaba muy caliente, los empezó a desnudar a los dos, fue a buscar 2 forros a su cartera y cambio a ambos de posición. Ahora ella se la chupaba a Daniel y John le saboreaba la concha, metiéndole dos dedos mientras le chupaba el clítoris. Ella estaba en la luna. Después de un rato así, empezó a gemir y a convulsionarse, teniendo su primer mojada, un orgasmo largo e intenso que gritó sin vergüenza. Los 2 abogados no la dejaron descansar, a la fuerza, la sentaron encima de John y ella comenzó a cabalgar salvajemente, Daniel por su parte le metía su pija en la boca y amasaba las tetas mientras le decía lo muy puta que era. Vane no aguantando más, acabó por segunda vez. Al mismo tiempo Daniel terminaba en su boca, mientras ella lo miraba con ojos de lujuria. El semen le resbalaba por los labios y como ella no quería desperdiciar ni una gota, se relamía con su lengua. Le chupo la pija hasta dejarla bien limpia y Daniel cayó rendido. John por su parte seguía cogiendo, el efecto del alcohol se le borraba con las acciones de Vane. De repente se la saco de adentro y le pidió que se arrodillara en el piso. Acercó la pija a su rostro y después que Vane le diera dos lengüetazos, inundó su boca y su cara con un chorro de esperma.

Todo muy lindo, descansaron un rato, se repusieron pero Vane no tenía lo suficiente y quería mas. Acostada desnuda en el medio de los dos, se empezó a tocar el clítoris lentamente. De a poquito empezó a jadear y a meterse un dedito. Este jueguito suyo continúo hasta terminar en una terrible paja, contorsionando todo su cuerpo. Desesperadamente se mojaba un dedo con saliva y se lo metía en el culo. La imagen era una película pornográfica y mi mujer era la estrella y estaba en el medio. Los dos hombres no aguantaban más la escena y quisieron participar. Como estaban muy al palo, Vane agarró las dos pijas y se las metió en la boca. Ella misma se sorprendía de la puta que tenía escondida dentro. Los dos machos se pusieron rápidamente a tono y quisieron sacarle el control de la situación que hasta ahora lo tenia mi mujer. Juntos decidieron ponerla en cuatro patas, Daniel se arrimó por detrás y de una se la metió hasta el fondo de la lubricada concha. Vane soltó un grito, mitad placer, mitad dolor. John se puso delante de ella y la empezó a coger por la boca mientras le masajeaba las tetas y le tironeaba de los pezones. Después de un rato en esta posición, Daniel se puso debajo y ella lo montó. El extranjero con semejante cuadro, le empezó a chupar el agujero del culo y a introducirle un dedo. Se lo escupió para poder lubricarlo un poco más. Vane en un principio tuvo miedo, pero enseguida empezó a sentir placer. Sentía como la punta de la pija de John, toda mojada, apoyada en el esfínter de su culo, iba penetrando el estrecho agujero. Estaba experimentando una nueva sensación, ya que nunca se la habían cogido por la concha y por el culo a la vez. Los 3 empezaron suavemente con un ritmo tranquilo, pero que enseguida se hizo más rápido. Ella sentía algo increíble, una mezcla de dolor y mucho placer. Daniel pidió a los gritos, poder cogérsela él por el culo, así que cambiaron de posición. Esta vez Vane se sentó encima de Daniel, dándole la espalda. El se la metió por el culo y le levantaron las piernas para que John se la pudiese meter por adelante. Con esta postura, Vane gozaba aún más que la anterior, gemía en cada embestida. Daniel aprovechaba para apretarle bien las tetas y John le besaba todo el cuello. Le decían todo tipo de barbaridades, lo muy puta que era y lo bien que cogía. Ella no paraba de gozar, de suplicarles que la siguiesen cogiendo, de que no parasen. Los huéspedes de las habitaciones contiguas estarían excitadísimos escuchando las palabras de mi mujer. Así estuvieron serruchando un buen rato hasta que acabaron como animales. Se quedaron los tres abrazados, derrotados tras esta competencia de sexo. Había sido su mejor experiencia sexual.

Se levantó, cosió su vestido, se duchó y cuando estaba por preguntar si iban a ir a cenar, se dio cuenta que eran la 4 de la mañana y que los dos abogados estaban dormidos. En silencio agarró sus cosas y se marchó.

Al llegar a casa pensó en si volvería a repetirlo. Esta era la hora de los arrepentimientos. Inmediatamente prendió la PC y me mando un mail diciendo que me extrañaba mucho, que ya no veía la hora de volver a encontrarnos y que tenía una sorpresa para contarme.

Cuando nos volvimos a encontrar, lo primero que hizo fue relatarme esta historia con lujo de detalles. Durante el relato, estuvimos casi medio día haciendo el amor de manera espectacular, recordando este inolvidable trío.

Claudio

Favor enviar comentarios a: horaciosandra@yahoo.com.ar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*