En la cima

Os voy a contar una historia que me paso el verano pasado. No tenía mucho dinero para marcharme de vacaciones porque la empresa en la que trabajo estaba pasando una mala racha y andaban algo retrasados con el pago de los sueldos. Un amigo me dio la idea y me fui de camping a un pueblecito de montaña no lejos de donde vivo. Allí podría pasar unos días tranquilo y disfrutar de la naturaleza haciendo algo de montaña. Pensé pasar allí dos semanas. Cogí mi coche, mi mochila y mi tienda de campaña y antes del mediodía estaba acampado preparando la comida.Los dos primeros días los pasé muy tranquilo, leyendo y paseando por los alrededores. Había llevado un par de novelas eróticas con lo que las siestas en la tienda de campaña me resultaron bastante placenteras.

Al tercer día una pareja llegó al camping y pusieron su tienda en la parcela contigua a la mía. Como confirmé después eran recién casados y esas eran sus primeras vacaciones después de la luna de miel. El era un tipo atlético y ella una rubia muy mona que se presentó con unos pantalones cortos que dejaban enseñar unas piernas muy sujerentes. Nos saludamos muy amablemente y después de montar la tienda se marcharon. Yo me quedé en el camping tomando el sol.

A la noche volvieron bastante tarde. Yo ya estaba dormido y me despertaron con la cremallera de la tienda. Debieron de estar cenando y bebiendo algo, porque no paraban con las risitas. Esperé un rato a que se hiciera silencio para poder dormir. Al día siguiente tenía previsto hacer una larga caminata y necesitaba descansar. Pero qué va. Las risitas continuaban, así que decidí salir de la tienda para fumar un cigarro.

El cielo estaba estrellado, anunciando un día siguiente estupendo. Los vecinos tenían la luz de la tienda encendída. Me alejé un poco y pasé con curiosidad por delante de la puerta de la tienda: la tenían abierta de par en par y estaban medio desnudos. Ella ya tenía las tetas al aire pero llevaba las bragas puestas; el también tenía puestos los calzoncillos. Se estaban besando apasionadamente. Yo apagué el cigarro y seguí mirando.

Después de un largo besuqueo, el chico la tumbo boca arriba y le empezó a mamar las tetas y luego todo el cuerpo hasta llegar al pubis. Luego le bajó las bragas y mientras le lamía el vientre con la lengua con una mano le acariciaba las piernas, cada vez más arriba. Ella no paraba de hacer risitas.

El chico fue acercando su boca hacia el pubis de ella, hasta, poco a poco meter toda la cabeza entre sus piernas. Las risita dieron paso a pequeños gemidos. Aquello me estaba poniendo a mil. Desde mi posición veía a la chica, acariciándose las tetas, completamente abierta de piernas y el tío de espaldas, con la cabeza lamiéndole el coño a su mujer.

El tío se quitó los calzoncillos y se empezó a masturbar mientras seguía mamando el coño. Ella cada vez gamía con más sentimiento y prontó alcanzó un orgasmo. Entonces se incorporaron los dos y se pusieron de perfil, de rodillas. La polla del marido se veía perfectamente erecta. Ella le empezó a hacer una mamada. Se la llevó a la boca y empezó a succionar lentamente mientras con las manos acariciaba el culo y los cojones de su marido.

Yo me había quitado el patalón corto que llevaba y me estaba masturbando placenteramente. El tío no quería correrse y saco la polla de la boca de su mujer y la volvió a tumbar, pero esa vez para metérsela por el coño. Desde donde yo estaba se podía ver el musculoso culo del tío subiendo y bajando. Era una escena muy sugerente. La tía volvía a gemir, era un polvo excelente. Al cabo de un rato el tío también empezó a gemir y se corrió. Yo derramé toda mi leche sobre la hierba y me aparté rápidamente del campo de visión.

A la mañana siguiente mientras estaba preparando mi café, la tienda de los vecinos se abrió y salio la mujer toda risueña. Llevaba el pelo revuelto y una camiseta larga, ajustada que dejaba adivinar unos pezones sabrosos y un culo sin bragas debajo. Nos dimos los buenos días y comenzamos a charlar. Nos presentamos (se llamaba Ana) y me preguntó si iba a hacer alguna excursión. Yo le dije cuáles eran mis planes y me dijo que tal vez ellos se animaran también a acercarse a la zona que le dije.

Después salió el marido (Angel) en calzoncillos, con una media erección que trató de disimular poniéndose una camiseta (son una pareja caliente, pensé). Mientras preparaban el café les ofrecí fruta y ellos me ofrecieron galletas. Después cogí mi mochila y me despedí. Cogí mi coche y recorrí pronto los diez km. que había desde el campìng al puerto de montaña desde donde partía mi caminata. Dejé el coche apartado de la carretera, al abrigo de unos árboles que le darían sombra durante la mañana.

Caminé unas tres horas hasta la cima. Me acomodé al abrigo del aire, en un rellanito de hierba que había tras una roca. Me desnudé para tomar un poco el sol. El calor y el recuerdo de la escena nocturna me volvieron a poner cachondo. Estaba sólo así que podía hacerme una paja lentamente, en plena naturaleza con las rapaces sobrevolando mis cabezas. Estoy bastante bien dotado (18 cm.) así que me entretuve con mi polla, subiendo y bajando lentamente mis dedos por el tronco, primero secos y después un poco mojados con saliva.

Pero no pude terminar la operación. Oí ruido, me incorporé y vi que eran Ana y Angel que llegaban a la cima. Rápidamente me incorporé y me puse el pantalón. No vieron mi erección pero si mi culo peludo.

“Hola!” Dijo Ana “¿Aprovechando para que el sol no te deje marca?”

“Sí, me gusta tomar el sol desnudo y el camping no es nudista así que aprovecho estos ratos”.

Me dijeron que, al final se habían animado a siguirme y que no se arrepentían porque el paisaje era precioso. Comimos algo. Angel comentó: “Parece que por aquí no viene mucha gente ¿no? Parece un sitio tranquilo.”

“Así es, las veces que he venido no me he coincidido con nadie. Es la primera vez que me encuentro con alguien en la cima”, respondí.
“Así podremos tomar el sol tranquilos” dijo Angel. Dicho y hecho se quitó el pantalón y el calzoncillo y se quedó desnudo. No tenía un pelo en el cuerpo. Le pregunté si se depilaba y me dijo que sí, que el vello le molestaba para hacer atletismo. El también estaba bastante bien dotado y me atrevería a decir que su polla no estaba del todo relajada. Se puso crema protectora en los brazos, las piernas y en los genitales y le pidió a Ana que le pusiera en el culo y en la espalda.

Luego Ana se quitó la camiseta y el sujetador y el pantalón corto que llevaba. Se quedó con una braguita y también se puso crema. “Vamos, puedes quitarte el pantalón tranquilamente, ahora que no hay nadie podemos tomar el sol desnudos.”Yo no me atrevía ni a moverme porque tenía una erección de caballo y me daba vergüenza, pero al final Ana insistió tanto que me quité el pantalón tumbado de espaldas a ellos y me tumbé boca abajo. Angél dio crema a su mujer y se ofreció a darme también a mí. Pensé que era mas prudente estar protegido y le dije que me diera. Tenía unas manos grandes y calientes. Me masajeó la espalda y luego los gluteos, lentamente. Luego se tumbó a mi lado boca arriba y Ana en el otro extremo.

Yo intenté relajarme para que se me pasara aquella erección y cerré los ojos. Pronto noté que a mi lado Angel se movía y se acercaba a Ana. Mire y vi que se estaban besando. Me seguí haciendo el dormido, pero no podía evitar abrir los ojos y mirar. Angel estaba completamente empalmado y Ana se había tumbado encima suyo.

“No te importa que nos besemos un poco, ¿verdad?” dijo Ana. “Estamos recien casados y nos encanta besarnos”.

“No, bueno”, balbucée. “Somos personas adultas así que tranquilos”

Se siguieron besando tórridamente. Ana se sentó a horcajadas sobre Angel y empezó a masajearle el torso, los pectorales, sentada con sus braguitas sobre la polla erecta de su marido. Angel le acariciaba el culo y terminó bajándole las bragas. El juego continuó con el coño húmedo de ella sobre el tizón ardiende de Angel. Ella empezó a hacer un movimiento de vaivén con sus caderas, hasta que, poco a poco, la polla de Angel se intrudujo en su vagina.
Estaba claro que aquello era más que unas simples caricias y que no podían pretender que yo me chupara el dedo.

“¿Puedo participar?”, pregunté.

“Por supuesto, como tú prefieras”, respondió Angel en un tono sugerente.

Me inporpore y me arrodillé al lado de Angel para lamerle las tetas a Ana. Aquel contacto me hizo temblar. Le acaricié el culo lentamente y le ofrecí darle crema. Ella asintió. Cogí el bote y puse bastante cantidad. A dos manos le masajeé bien el culo con la crema y le introduje lentamente un dedo. Ella gimió mientras movía el culo rítmicamente. Después le metí otro dedo y después otro, parecía acostumbrada a aquello.

Tomé posición a ambos lados de las piernas de Angel y le puse el glande en la entrada del ano, previamente untado con crema protectora. Empujé un poco y entró lenta pero suavemente. Sentir aquella estrechez resbaladiza y cálida abrazando mi polla estuvo a punto de hacerme correr. Angel y Ana se movían rítmicamente y yo tratataba de adaptarme a aquel ritmo con las manos apoyadas en el suelo. Angel me sujetaba las piernas y me las acariciaba.
Pero la postura no era muy cómoda para Ana y me pidió que me retirara. Luego se levantó, se puso de rodillas y le pidió a su marido que se la metiera en el coño por detras. Angel se incorporó y con las piernas flexionadas le introdujo todo el aparato en el coño. La escena era espectacular. Yo me agache ante ella y le metí en rabo en la boca para que me lo mamara.

“¿Por qué no me das crema en el culo?” pidió Anglel. Yo me quedé un poco sorprendido de que me pidiera aquello, pero asentí. Tenía un culo muy suave, sin pelo, como el de una mujer. Verle en aquel mete saca con los huevos bailando me hizo sentir ganas de penetrarle. Nunca había follado con un hombre pero me empezó a excitar la idea. Le dí mucha crema, con las dos manos. El gemía y movía el culo como ofreciéndomelo. Le metí un dedo con suavidad para ver lo que decía. Pareció gemir de placer, luego metí otro y otro. No protestó, también parecía acostumbrado.
“Vamos, metéme tu aparato por el culo”, instó.

No me lo pensé dos veces. Suavemente le ensarte mi aparato. Primero le cogí por las caderas y luego por los hombros. Al principio fui suave, pero el ritmo de Angel era cada vez más fuerte, así que aceleré. Ana chillaba como una loca:

“Sí, fóllatelo. Dale más fuerte para que me la meta hasta el fondo.”

Al cabo de unos minutos noté que el culo de Angel se contraía alrededor de mi polla y no pude resistir más. Me corrí mientras el se corría en el coño vibrante por el orgasmo de Ana.

Quedamos exhaustos. Después de descansar, volvimos tranquilamente para abajo. Esa noche no me quedé fuera mirando su tienda de campaña. Compartimos cena y lecho.

ROBERTO

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