La fiesta privada

Alejandro se había incorporado a mi vida, a partir de convertirse en mi amante. Ejercía sobre mi, una influencia decisiva. Cada vez me prestaba más a sus caprichos. Había anulado mi personalidad débil, y no me oponía a sus deseos. Creía que lo amaba, pero además me encantaban y disfrutaba con las relaciones sexuales. Mi marido me conformaba pero con Alejandro todo era diferente. Consiguió que en el consultorio y en los hoteles posara para sus fotos en distintas posturas y prácticas sexuales. Al principio me avergonzaba pero luego lo disfrutaba a pleno, y era yo la que le proponía las poses que luego gozábamos en la intimidad viéndolas juntos. Quién no deseo verse fotografiada alguna vez como una actriz pornográfica?.

Luego de algún tiempo se animó a más. Aprovechando que mi marido se fue un fin de semana a Mar del Plata, me invitó a una fiesta que su enfermera daba para un grupo selecto de amigos en una casa quinta en Adrogué. Me convenció diciendo que la pasaríamos muy bien y Marisa, mi cómplice en la relación con Alejandro, se sentiría halagada con mi presencia.

Ese sábado me vestí con un vestido ceñido al cuerpo que resaltaba mis formas y dejaba al descubierto mis magníficas piernas por debajo de las rodillas. Alejandro apenas me vio me elogió y me besó susurrándome al oído que sería una velada inolvidable.

Llegamos a las diez de la noche y nos recibió Marisa tan atenta como siempre. Nos presentó a sus invitados. Su hija y su yerno, jóvenes y de físicos trabajados en horas de gimnasio. Tres parejas de distintas edades y un joven apuesto y musculoso que elogió a Alejandro por su buen gusto cuando nos presentó.

Compartimos empanadas y vino a discreción. Yo no estoy acostumbrada y me puse alegre y desinhibida. A los postres Marisa propuso escuchar música y bailar a lo que adherí con entusiasmo.

La música pop nos liberó y luego las melodías románticas me excitaron mientras bailaba con Alejandro, hasta que Marisa lo apartó de mi, y se puso a bailar con Él. Quedé atónita pero cuando Javier el solitario comensal me sacó a bailar no lo dudé para darle celos a mi amante. Estrechó su cuerpo al mío y comprobé el bulto de su miembro enorme y rígido al contactar con mi pelvis. Inconscientemente me apoyé y me refregué contra el mismo. Bajo su mano de la cintura y apretando con su mano mi cola me envió una señal. Me asusté y me separé. En ese momento se hizo un silencio. La hija de Marisa con su marido empezaron un strip-tease al compás de una música insinuante y se sacaron una a una todas las prendas quedando desnudos en medio del salón. Imitándolos todos los invitados fueron quitándose la ropa. Yo miraba absorta hasta que Marisa y Alejandro se acercaron y me denudaron totalmente sin que ofreciese resistencia dejándome solo los zapatos de tacos altos. Silvana y Marcos en medio de todos comenzaron a coger entre suspiros y jadeos, La polla entraba y salía de la concha entre aplausos de los comensales y mi mirada atónita e incrédula. Alejandro pasando su brazo alrededor de mis hombros me acariciaba las tetas. Estaba a mil. Sentí que mi vulva se mojaba, Marisa tomó a Alejandro de la mano y se lo llevó dejándome sola. Observé a pesar de la penumbra como se introducían en una habitación y cerraban la puerta. Estaba caliente y desolada hasta que Javier se aproximó y me levanto en brazos. Mareada y excitada como estaba no opuse resistencia. Me llevó a una habitación del fondo. No quedó nadie en la sala. Me besó y me depositó de espaldas en un sofá cama. Me besaba las tetas y mordisqueaba los pezones. Abrió mis piernas e introdujo su boca en mi concha húmeda por el deseo. Era un verdadero experto en dar placer. Sus músculos y su verga imponente me estimulaban. Me iba a coger y le daría un escarmiento a Alejandro que como sospechaba era también amante de su enfermera que compartía mi cama.

Javier encima mio comenzó a jugar acariciando el clítoris con el glande descubierto y enrojecido, Era una sensación fantástica y la calentura me hizo pedir que no me hiciese sufrir y me cogiese apagando el fuego que me consumía. Pero Él seguía con pleno dominio de la situación y me hacía desear. Finalmente al arquearme para lograr la introducción no pudo más y esa pija gruesa y gorda se introdujo hasta los testículos despertando un gemido de placer y satisfacción al albergarla en mi interior. El bombeo era frenético y los quejidos, jadeos, y gemidos se escuchaban en toda la casa según me enteré después. Más aún cuando colocó mis piernas sobre sus hombros y atacó el ano, rompiéndome el culo con saña y decisión. En plena cogida, se encendieron las luces y una platea concurrida aplaudió a rabiar y nos instó a continuar. Marisa y Alejandro estaban en primera fila y con un guiño aprobaban la situación.

Marisa me agradeció argumentando que era una nueva integrante de la familia pues todos los demás habían pasado por una situación similar y esperaba que de allí en más compartiera el placer del sexo sin tabúes,

Al despedirme y por lo bajo me pidió que la llamase al consultorio sin que lo comentase con Alejandro lo que me intrigó pero no se lo comenté cuando me llevó de vuelta a casa luego de esa noche de lujuria y desenfreno.

Munjol (Marta)

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