Archivo por meses: julio 2018

Yo concurrí a un colegio del estado

Yo concurría a un colegio del estado. Iba a 4° de secundaria, y tenía una profesora de unos treinta años de edad, que tenía unas tetas y un culo como para verlo todo el día sin cansarse; que a su vez iba siempre vestida en forma muy provocativa, en la materia Biología.

Por una razón que no viene al caso, tuve que faltar a un examen, por lo que la profesora me citó un día después de clase para rendirlo. Ese día, ella había ido con un conjunto de traje y minifalda de color negro, y una remerita que dejaba ver su ombligo. Hacía mucho calor. Lo extraño fue que sólo yo estaba ahí.

Comenzó el examen (que realmente era muy fácil). A los veinte minutos, exclamó que tenía calor y se sacó el traje. Se vio una remerita color blanca, que le hacía notar sus inmensos pechos, que para mi sorpresa, no estaban atrapados en un corpiño. Esto me provocó una erección, ya que me imaginaba a la profe haciendo cosas con esos pechos. En un momento, le pregunté algo y ella se acercó hasta mi lugar. Se agachó y bajó la mano hasta tocar mi pene, con una cara de picardía, lo que tuvo como mi reacción, tocarle su curvo y perfecto trasero. Ella arqueó las cejas, a lo que yo le pedí disculpas. Pero quería más, ya que desabrochó el pantalón y comenzó a masturbarme. Era tal el placer que sentía que la toqué por debajo de sus ropas y como noté que no llevaba ropa interior alguna, me la monté sobre mis piernas de modo que la pudiera penetrar por su vagina. Ella se sorprendió, pero igual tomó la posta y se metió mi pene en su concha. Comencé a metersela y luego de un rato de gemidos de placer de ella, se sacó mi pija, para metersela en la boca y hacerme eyacular dentro de su boca. Me mamó todo y me dijo que continuaríamos en su casa, más tranquilos.

Y así fue, me llevó a su casa y me dijo que como su amiga no estaba, podría hacerme sentir el sexo como nunca jamás.

Fuimos a su cuarto y ahí se puso en cuatro y dijo que se la diera por el orto. Me le monté y le dí muy fuerte sin importarme que no la tuviera lubricada. Ella gritaba y pedía más.

Cuando le iba a acabar, miré hacia la puerta, y allí se encontraba su amiga. La amiga era una rubia, perra, y estaba tan buena como mi profe.
Me sentía muy avergonzado por esta situación, a lo que tuve como sorpresa que las dos querían hacer un trío conmigo.

Me querían chupar ambas mi pija, por lo que se me pusieron a cada uno de los lados y comenzaron a pasarme sus lenguas, como si mi pene se tratara de un helado. Luego de un rato, ellas comenzaron a chuparse la concha y a meterse los dedos mutuamente en un espectacular 69; mi profe arriba y la otra abajo. Como el orto de la profe estaba apuntando hacia mi, me la monté de nuevo introduciéndole mi pija con todas mis fuerzas. Ellas gritaban y gemían, produciéndome más calentura. Al rato de culear a la profe, cambiaron de posición de modo que me le monté a la amiga y se la metí hasta acabar en su culo. Mi leche le llenó su agujero, y le cayó hasta la concha, donde se pasaba los dedos y se los mandaba a su boca para chupar mi acabada.
Luego de esto, quedamos los tres exhaustos luego de tanta acción, aunque yo seguía tocándole los pechos y el culo a mi profe.

Miré mi reloj y me di cuenta que era muy tarde, por lo que pregunté donde podía bañarme, ya que se me había impregnado el perfume de las minas y en casa iban a preguntar donde había estado. Me indicaron el baño y hacia allí me dirigí.

Al salir, vi que ellas se estaban tocando (ya con la ropa puesta) y la profe le mandó los dedos por debajo de la pollera. La amiga comenzó a gemir hasta que desfalleció en un orgasmo. Yo sin darme cuenta había comenzado a masturbarme, y al verme me dijeron si quería mas, a lo que respondí inmediatamente que si.

Entonces, se apoyaron en el respaldo del sillón en donde estaban dejándome sus culos a mi vista y me decían: “rompeme toda”, “haceme sentir una puta barata”, y cosas por el estilo, a lo que no me hice esperar y comence a penetrarlas. Ellas ya gritaban y además se metían los dedos en la concha para sentir mas placer. Cuando iba a acabar les avisé y ellas se pusieron abajo mío para que mi acabada les llenara la cara y así fue, a lo que ellas comenzaron a chuparse para tomar mi acabada.

Yo me dije: “esto ya fue mucho, seguro ya me dirán que me vaya”. Pero no, la amiga me dijo que para terminar, me iba a hacer una paja que no iba a olvidar nunca. Me hizo acostar en el sillón y ella se sentó sobre mi, tomó sus tetas, las encerró sobre mi pene y comenzó a masturbarme. Era tal el placer que yo sentía que al acabar le manché todas sus tetas y parte del mentón. La profe, no quería perdérselo y al terminar de chupar a su amiga mi acabada, me izo otra paja pero con sus tetas, a lo que me izo acabar de la misma forma que la vez anterior.

Finalizado esto, las dos me dijeron que si quería repetir la experiencia, podía ir cuando yo quisiera, cuantas veces quisiera; cosa que sigo haciendo, ya que voy tres o cuatro veces al mes para poder experimentar lo mejor del sexo.

Si la historia les gustó, o si tienen alguna pregunta, por favor envíenme un mail. Si lo que quieren es realizar la historia (solo mujeres), avísenme también a esta dirección de correo: ux119@yahoo.com.ar

Quería un trio que le rompa el culo a mi esposa

Bueno, te contaremos que somos un matrimonio de varios años de casados, ella, mi esposa, de 34 años, buenos pechos, un lindo trasero, y con mente fantasiosa, espléndida. Yo de igual edad, con muchas fantasías en mi cabeza, y con 17cms para meter en todos su orificios, les diremos que en la cama hacemos de todo, oral, anal, en fin no tenemos restricciones, pero yo quería ver a mi esposa convertida en una puta, y cogida por un pene doble al mío. Nos hicimos unos contactos y así llegamos a Alejandro, 27 años y dueño de un pene descomunal, no niego que al verlo en fotografías, (las envió vía e-mail) mi esposa decia uff, no podría, me dolería, en fin, bueno nos carteamos vía email con Alejandro hasta que llego el momento de conocerlo.

Hariamos un trío, nos citamos en un pub del centro de mi ciudad, llegamos como a las 22:00 de un fin de semana, el llegó muy a tiempo, y por fin lo teníamos junto a nosotros, vestía un jeans, y polera, con unas zapatillas que lo hacían ver muy deportivo, mas menos 1,85 muy robusto, buenos brazos, y una carita de inocente, se nos acercó, nos presentamos y pedimos unos tragos, ahi reímos, charlamos, sin presagiar, lo que vendría, (nosotros habíamos reservado un departamento, para ir a nuestra incursión sexual) terminamos nuestros tragos, y yo rompí la tregua y le dije vamos al departamento y nos tomamos otros tragos, así lo hicimos, salimos, y nos encaminamos a el famoso dep. Entramos, nos sentamos frente a frente y mi esposa al medio de nosotros, tocamos una música muy suave y seguíamos charlando, después de un rato, mi esposa salió a bailar con Alejandro, yo miraba expectante, saboreaba la situación, al momento sentí que él besaba tiernamente a Karla mi esposa, terminaba la canción, yo le dije otra otra, y puse otra melodía, veía como sus manos bajaban y tocaban el lindo trasero de Karla, seguidamente ella bajaba su manos tratando de encontrar eso que tanta veces miraba en pantalla de mi pc, yo me coloqué detrás de ella y asi bailábamos los tres, mi esposa empieza a ponerse a 100, nuestras manos se cruzaban, le empezamos entre Alejandro y yo a retirar su ropa de su cuerpo, hasta que queda solo en ropa interior. Seguidamente nos retiró nuestros cinturones, y nos sacamos nuestros pantalones, ufff, ahí vi la enorme polla de mi amigo casual, y me pregunte uff le entrará a Karlita.

Seguidamente pasamos al dormitorio, ella se acostó entre nosotros, y le sacó los calzoncillos a Alejandro, y empezó con una sesión de lamidos, eran como 23 cms de puros nervios y carne como por ocho cms, de grosor. Siendo hombre era la mayor verga que había visto, mi esposa la chupaba y volvía chupar, mientras yo la acariciaba, y me colocaba detras de ella y se lo metía, para dejarla húmeda, su concha estaba mojada, le corría la saliva caliente, se lo metí varias veces y la bombee entera. Una vez que hice eso, mire a Alejandro y le hice una seña , como para decirle ya esta lista métela toda, entera, Alejandro se subió arriba, y le empezó a meter, ella le decía “por favor despacio, por favor” yo al lado de ella veía como se iba perdiendo la verga de Alejandro en la concha de Karlita, ella gemía gritaba y sus piernas se subieron y lo agarraba para que no se soltara, y sus manos se apretaban en las sabanas, quedaba poco mas o menos 8 a 10 cms por entrar y ya ella gemía, gritaba como una perra en celo, de repente Alejandro le dio un empujón y ella grito nooooo noooo ricooo ricooo noooo amorrr por favor, y sus manos ahora lo abrazaba lo besaba y su concha estaba llena mojada , y sus movimientos eran rico, su culo se meneaba como nunca , yo me coloque en su cara y empezó chupar y chupar y gritaba QUE RICOOOO MAS MAS MAS MAS NO PAREN NO PAREN DENME TODOOO ” así de repente Alejandro se quejaba en señal de venirse y la verga entro toda y le vaciaba la leche dentro de su concha y yo me venía en su boca, después de eso, nos quedamos quietos y mi Karlita había cumplido el sueño oculto de comerse mas de 20 cms, despues nos dimos otra sesión y Alejandro le metió su verga por el culo ahí no me quedan palabras para describir los gritos de Karlita, pidiendo que noooo pero despues decía todo todo, Alejandro se vino otra vez y le dejaba su agujero lleno de leche, después de eso nos vestimos y nos fuimos a casa, mi Karlita feliz y yo feliz porque cumplí mi sueño de verla con con una verga mas grande que la mía en su concha llena satisfecha y bien culiada. Ahora ronda por nuestras cabezas uno mas grande 25 cm seria rico, mi Karlita quiere verse atravesada…

Pervirtiendo a Marisela

Mi Ariadna no me contó nunca la continuación natural del cuento “Ariadna y sus amigos”, Es decir, no me lo contó con detalles, sólo me dijo que esa misma tarde hizo el amor con Marisela o, mejor dicho, le enseñó a masturbarse. Marisela, entonces, se volvió adicta al placer sexual y aunque no se atrevió todavía a entregar el virgo sí se echó un novio con el que tuvo escarceos de cachondez creciente, lo que duró el resto de aquel noviembre, diciembre entero y parte de enero.

Mientras tanto, Ariadna había seducido finalmente a Luis y a Xavier, y en febrero poseyó a los dos en la primera orgía de su vida. Entonces me contó el siguiente capítulo, este, de su vida sexual. Bien, ahora doy la palabra a Ariadna, tratando de contar la historia tal como ella me la contó.

Luego de la primera vez con Luis y Xavier a un tiempo, que fue dolorosa y placentera, empezamos a hacerlo una vez por semana, todos los miércoles saliendo de la escuela, en casa de Luis. Lo que más me gustaba era hacérsela a uno mientras el otro nos veía, y mientras esperaba, su verga se ponía a punto, de modo que en una sola tarde llegué a echar seis o siete polvos. Dos veces fue así, pero la tercera me echaron montón y, por segunda vez, me dieron por el culo, uno primero y otro después, y tras la anterior experiencia, esta vez me fue incluso bien..

Entre tanto, Marisela había empezado a incordiarme con mi sexualidad y la suya. La vez aquella en que le enseñé a tocarse, indicándole la posición de su clítoris y la forma de agasajarlo, le había hecho jurar que no volvería a buscarme: bastante tenía con los hombres, y no quería más experimentos. Me había estado incordiando, pero yo no le daba bola, aunque, como verás, ella se las ingenió para darle vuelta a mi negativa.

El cuarto miércoles llegamos a casa de Luis en Taxi, a eso de la una treinta de la tarde. Tan pronto cerramos la puerta, Luis empezó a besarme y a desnudarme, y ahí estaba yo, exhibiendo mi desnudez, ante Luis, que se había quitado pantalones y camisa, mientras Xavis nos observaba. Entonces, sonó el timbre tres veces, y antes de que Luis ni yo pudiéramos hacer nada, Xavier abrió y entró Marisela.

Imagina la escena: Marisela parada a la puerta, con su falda del colegio a medio muslo, sudorosa y con los ojos brillantes, viéndonos a Luis y a mi. Yo totalmente desnuda y espantada, y Luis a medio desvestir, mientras el Xavis sonreía socarronamente detrás de Marisela. Fue ella quien habló, a mi:

-Así, cabroncita, que me querías dejar fuera.
-Pues sí, pero ya que estás aquí, dime qué quieres y, como soy tu hada madrina, te cumpliré-, le contesté.
-Más te vale, mi reina, porque de lo contrario tu reputación, ya bien escasa, se convertirá en mera putación, o, mejor, en re-putación. Lo que quiero hacer –continuó, tras breve pausa-, es perder la virginidad; y desde que le sonsaqué a Xavier lo que aquí pasaba, he estado pensando de qué manera, y ya la tengo clara. Y seguro que éste par de cabrones estarán de acuerdo.
-¿Y cómo será eso?
-Fácil: tu me harás el amor como la vez pasada, hace ya demasiado tiempo, me calentarás y me pondrás a punto como tu sabes, y cuando tu consideres que ya estoy lista, le indicarás a uno de estos que me penetre.
-Muy bien, hija, nada más una cosa: ¿traes condones o algo similar?, porque no quiero que ocurra aquí una tragedia irreparable –a pesar de mi desnudez, decidí tomar el mando.
-Yo no: esperaba que tu trajeras.
-Pues tienes suerte, porque cargo mis óvulos, que no son 100% confiables, eh, así que tu decides.

Por supuesto, decidió “correr el riesgo”, y entonces le dije que, puesto que me dejaba a mi el trabajo, todos debían obedecer mis instrucciones. Claro que, como a fin de cuentas sólo uno de nuestros amigos podría llevarse la flor de su himen, tendrían que sorteárselo, “aunque al otro también le va a ir muy bien, se los garantizo”, les dije. Yo tiré la moneda al aire y ganó Luis. Si yo hubiese podido elegir, no habría sido mejor.

Entonces le dije a Marisela que no necesitaba excitarla yo: que le iría mejor viendo una peli pornográfica en vivo y en directo, “aunque, para que no te quedes con las ganas…” le dije, y me acerqué a ella, dándole un largo beso. Éramos casi de la misma estatura y mientras la besaba le desabotoné la blusa, le saqué el bra y le bajé la falda, mientras ella acariciaba mis nalgas y mi espalda con sus suaves manos.

Interrumpí el beso para ordenarles a Luis y Xavier que me pasaran un óvulos y se desvistieran, y luego fui empujando a Marisela hasta la habitación de Luis. Mientras la empujaba, le metí la mano dentro y, no sin dificultades, le metí el óvulo en su apretado coño. Luego la senté en la orilla de la cama. Quedó ahí, delgadita y menuda, con su breve cintura a la vista y sus pechitos apuntando al frente. Le dije: “si quieres hacerme caso, ni siquiera te toques, no hables ni te muevas: nada más ve”. Yo ya estaba bien caliente, y le pedí a Luis que se hincara, me puse a cuatro patas y empecé a mamárselo. Levanté mi grupa y la empecé a mover sugestivamente, para que no hicieran falta palabras, y en efecto, no fueron necesarias: Xavier se hincó detrás de mi, me pellizcó con fuerza ambas nalgas, abrió con sus dedos la entrada de mi cueva, y empezó a introducirme su infatigable miembro.

Yo hice abstracción de que teníamos una testiga novata y gozaba con las embestidas de Xavier, mientras trabajaba para extraer los jugos de Luis. Esta vez dejaba a Xavier a su aire, lo dejé seguir sus violentos y rápidos impulsos, hasta que vació la leche de la semana en mi coñito. Luis aún no terminaba y sabía que le faltaba un poco, así que me saqué su picha de la boca, me acosté boca arriba y lo atraje sobre mi, para tener ahora su miembro, más delicado, más considerado, menor que el del Xavis, llenándome la empapada caverna con su tranca, dura, cálida, suave, de tamaño y textura ideales (como la tuya, Pablito, dijo en un aparte, y como la tenía inapelablemente dura, me tiró boca abajo y me cabalgó, ensartándosela. Así, moviéndose despacio, muy despacio, siguió contándome el cuento):

Cuando Luisito se vino en mi, me paré despacio y me fijé en Marisela. Tenía la cara roja, los pezones erguidos y el clítoris y los labios vaginales gorditos gorditos. Me acerqué a besarla y noté su boca seca, como el desierto de Altar… Ordené: «Luis: dúchate más que aprisa» , y la acosté. Me puse a cuatro patas, ofreciéndole otra vez una amplia visión de mi culo y mi coño a Xavier, y empecé a comerme el delicado coño de Marisela. Nunca había hecho nada parecido, pero Lencho me había enseñado, en mi propio coño, cómo debe tratarse un coñito virgen, y con la misma suavidad y dulzura con que me habían tratado, trataba yo a mi amiga. Xavis quiso repetir el número anterior, pero le pedí que esperara, hasta que saliera Juan.
(Más despacio, amor mío, supliqué yo, o me voy a correr antes de que termines la historia…)

Pues me apuro, porque quiero que me folles bestialmente, papá… pues sí, salió Luis del baño, sin secarse, cuando Marisela empezaba a estremecerse bajo mi boca y su vagina chorreaba jugos. Obligué a Luis a acercarse y con dos rápidas y bien aplicadas succiones hice que su verga pasara de la media asta a la erección plena, y le dije con voz ronca “métesela, métesela mi rey… despacito”.

Me moví para dejarle espacio, y volví a ponerme en cuatro, pero viéndolos de cerca. Mientras Xavis me metía su tranca, Luis le introducía la suya con todo cuidado a Marisela, cuyo coño, palpitante la admitía sin ponerle obstáculos. Sólo dio un gritito cuando Luis empezó a moverse dentro de ella. Incluso, como comprobamos después, no hubo sangre: qué distinta mi desvirgada, papi: la de ella fue suave y rica. Más aún que yo, estaba diseñada para el sexo…

Yo no ponía atención a los embates de Xavier: estaba sumamente excitada viendo cómo se lo montaban Luis y Marisela. Mi amiga empezó a gemir y pronto sus gritos podían oirse en la calle: “¡dame más, mi rey, dame, dame…!” y evidentemente Luis se calentaba aún más, porque aceleraba el ritmo y la violencia de sus movimientos, lo mismo que Xavier, quien parecía seguir el ritmo de su compinche. Tan pronto me di cuenta de que Xavier imitaba el ritmo de Luis enloquecí y me dejé llevar hasta obtener el mejor orgasmo que el Xavis me hubiese dado hasta entonces. Me eché, cerré los ojos…

(Me vengo, amor, me vengo, la interrumpí. La llené y la atraje sobre mí, abrazándola muy fuerte sin salir de ella. Le cerré la boca con mis labios… ¿alguna vez lo han hecho así, alguna vez les han contado una historia como esta mientras lo hacen?)

No terminó Ariadna ese día, pero la siguiente vez sí lo hizo y me contó las nuevas reglas de ese extraño grupo. Ya se las contaré yo también, que ahora, tengo que hacer algo…

sandokan973@yahoo.com.mx

Un día de gerencia

Esta historia ocurrió en Marzo del 2003, cuando yo me fui a trabajar al África por dos meses. Mi esposa, Vanesa, se había quedado en Buenos Aires, y si bien iba a venir a pasar un mes conmigo, todavía faltaban 20 días para su partida. Hacia ya una semana que estaba sola y como es muy celosa, se la había pasado toda la noche dando vueltas en la cama, pensando en que yo la estaba engañando con otra mujer.

Después de una mala noche, se levantó muy temprano para ir a trabajar a la gerencia. Hacia mucho calor y se puso su vestido corto azul que le hace una figura muy esbelta y sensual, encima con un escote muy marcado que le hace resaltar sus hermosas tetas. Como sobraba el tiempo y estaba lindo, fue caminando hasta la estación del subte. En el momento que bajaba las escaleras, escucho que uno estaba viniendo. Corrió, puso la tarjeta y se metió en el primer vagón que vio. Las puertas se cerraron y en ese momento se pudo percatar que el vagón estaba lleno de hombres. Ella era la única mujer. Como este no era su horario habitual, el ambiente también era distinto. De a poquito, se le fueron arrimando y la empezaron a apoyar. Vane estaba muy nerviosa, pero el subte estaba tan lleno, que no le quedo otra alternativa que mirar hacia abajo y aguantárselas. Con el movimiento y el vaivén del vagón, se le apoyaban cada vez mas seguido. Ya algunos sin ningún reparo, hasta sintió algunas manos por debajo que la tocaban. La pobrecita estaba agarrada de un pasamano y no sabia si largarse a llorar de la impotencia. Ya no aguantaba mas, ella notaba como todos la miraban y le clavaban los ojos en su cola, que se marcaba claramente a través del vestido. Otros tantos no podían sacarle la vista de su busto, que al estar estirada para agarrar el pasamano, parecía que iba a explotar hacia fuera del escote. Todavía faltaban 6 estaciones, si seguían a este ritmo, la iban a terminar violando.

Por suerte para ella, al llegar a una estación, hubo un movimiento de pasajeros y quedo enfrentada con un chico joven y bastante apuesto. Como la apoyaban y empujaban desde atrás, Vane hacia fuerza para no llegar a rozar al muchacho que tenia enfrente. Esa presión que ella ejercía para atrás, sumada a las apoyadas que le daban por detrás, le empezó a gustar. Ya estaba entregada. De repente, esa sensación de impotencia e indignación, se empezó a transformar en excitación. Sentir que más de 50 hombres la deseaban, la hizo soñar por un momento que era una vedette y eso le gusto. Su humor empezó a cambiar rápidamente, hasta que llego a la estación de destino. Se bajo muy tranquila y se fue caminando sensualmente. Al volver a arrancar el subte, se dio vuelta y pudo ver en detalle las caras petrificadas de sus 50 admiradores mirándola con satisfacción. Fue una sensación que le gustó, dejándola contenta. Se acomodó el vestido que estaba todo desarreglado y siguió caminando hasta su trabajo. Entró al edificio y pensó que había sido un buen comienzo del día, algo distinto a lo normal.

Ni bien entró a la oficina y como todavía no había llegado mucha gente, se sentó en una PC para conectarse y bajar los e-mails. Se encontró con 2 mensajes que yo le había enviado el día anterior, contándole como era el lugar, que se podía hacer, los planes que tenía y fundamentalmente que le decía que la amaba mucho y la extrañaba un montón. Vane que es muy sentimental, se empezó a sentir triste y sola. Se le cayeron unas lágrimas y para que nadie la viera llorar decidió bajar a la calle a tomar un café en Havanna. Al llegar al café se sentó en la barra y percibió que había dos ejecutivos muy atractivos que estaban desayunando. Tendrían alrededor de 30 años. Vane que es muy detallista percibió que estaban muy bien vestidos, usaban buen reloj y que ambos eran casados (por el anillo). Al terminar de tomar el café, ella se levantó haciéndose la artista y sacando buen pecho como lo sabe hacer, fue caminando hacia la puerta mientras los hombres se quedaron mirándola con mucho deseo.
Regresó a la gerencia y se puso a trabajar en unos informes que tenía pendientes. Como es muy eficiente, se puso las pilas y en poco tiempo los terminó.

Al cabo de 2 horas, Sánchez, el gerente, la mando a llamar para consultarle algo. Cuando entró a su oficina, se encontró con que Sánchez estaba charlando con dos hombres. El le pidió si por favor podía buscar todos los informes relacionados con el transporte del personal. Ella asintió y al darse vuelta para ir a buscarlos, se percató que los 2 hombres, eran los ejecutivos que había visto en el bar, y que de cerca eran mucho más apuestos. Les saludó con una sonrisa y enseguida, volvió con los papeles que le había pedido el gerente.

Vane regresó a su lugar de trabajo, pero como ya había concluido con el mismo, se fue a charlar con una compañera. Después de los saludos y preguntas de rutina, su compañera le dijo “Que fuerte que están esos 2 perros”. Vane concordó y le dijo que en el bar, ellos le habían clavado la mirada. Su compañera le insistió, para que vaya de vuelta a la oficina de Sánchez con cualquier excusa, así ella observaba sus miradas y luego le contaba.

Vane no pudo con su genio y utilizando todo su carisma, entro nuevamente a la oficina del gerente llevando café para los 3. Todos agradecieron el gesto y mientras se distendían tomando el café, charlaron un poco. Ellos resultaron ser dos abogados de una compañía de seguros que estaban arreglando un problema de una demanda. Uno de ellos era extranjero, y si bien entendía perfectamente el castellano, tenía dificultades para hablarlo.

Vane regresó con su compañera, quien le dijo que los había observado babearse al charlar con ella y que cuando ella se retiraba, uno de ellos saco su lengua relamiéndose.

El largo día de trabajo continúo y Vane volvió a llevarles café varias veces. Por el cansancio, ya no estaban tan duritos, estaban más relajados y el trato era menos formal. En uno de los cruces, averiguó sus nombres. Uno se llamaba Daniel y el otro John.

Yendo al baño, John se detuvo enfrente al escritorio de Vane y en un castellano con acento de ingles que sonó muy cómico, le dijo que era muy bonita y amable. Esto hizo que Vane se sienta reconfortada. Había sido un buen día para la caza, primero el subte y ahora estos dos.

A las 17 horas, todo el personal comenzó a retirarse. Vane pasó por la oficina de Sánchez para despedirse y éste le pidió que si antes de irse, le podía alcanzar los contratos con la compañía de seguros. Ella los fue a buscar inmediatamente, pero tuvo dificultad en encontrarlos. Después de 20 minutos de búsqueda, apareció con el contrato del año anterior y Sánchez le dijo que servia igual pero que había que hacer una actualización porcentual en una planilla en la PC. Ya resignada a que se tenia que ir mas tarde, Vane hizo los cálculos minuciosamente en forma correcta. El gerente le agradeció el favor y le pidió disculpas por la demora. Mientras Vane juntaba sus cosas, ellos dieron por terminada la reunión.

Siendo aproximadamente las 18, salieron todos juntos. Sánchez se ofreció acercarlos con su auto, pero lamentablemente iba para el otro lado. Entonces Vane paró un taxi y ellos le preguntaron hacia dónde iba. Casualmente ellos iban para el mismo lado, para lo cual sin preguntarle se subieron al mismo taxi. Uno subió de cada lado y Vane quedó sentada en el medio. Durante el trayecto, haciéndose el que no se daba cuenta, John fue acercando una pierna a la de Vane, rozándola positivamente cada vez que podía. Si bien ella lo notó, se hizo la despistada y como sintió una pequeña mezcla de miedo y excitación, lo dejo continuar y no lo sacó. En un momento se estaba poniendo denso, pero John era tan simpático y su forma de hablar era tan cómica, que borraba sus intenciones fácilmente. A pesar de estar viajando con dos desconocidos, Vane no sentía temor alguno, estaba cómoda.

Le pidieron al taxista, llevar primero a Vane y luego seguir con ellos. Cuando llegaron a nuestra casa y antes que ella se baje, le preguntaron si le gustaría ir a cenar con ellos a lo que Vane respondió que no. Daniel insistió argumentando que era una noche muy linda, que hacia calorcito y que John al día siguiente partiría para su país y él lo quería llevar a cenar a un buen lugar pero que no se le ocurría donde. Vane les pidió perdón y disculpándose por estar cansada, les rechazó la invitación. Sin seguir insistiendo, Daniel le agradeció el viaje y le dijo que de todas formas, por si cambiaba de idea, le dejaba una tarjeta personal con el número de celular. Vane los saludo formalmente y se bajó.

Cansadísima y sintiéndose mal por el largo día de trabajo y todos los pormenores, ni bien entró a casa, Vane se desvistió y fue directo para la ducha. Después de varios minutos de agua caliente relajante por todo el cuerpo, se empezó a sentir mejor. Allí se puso a pensar si debía haber aceptado la invitación o no. No se podía auto-engañar, realmente deseaba haber ido a cenar con ellos. Se la había pasado todo el día, sintiéndose deseada por hombres, cosa que le había gustado. Hacia una semana que estaba sola y encima desconfiaba de mi. En estos casos, siempre había reprimido su necesidad de sexo, por respeto a la pareja, salvo en contadas excepciones donde no pudo controlar su cabeza, y había ido mas allá de donde se debe, comportándose como una verdadera hembra, que vuelve loco a los hombres, incluyéndome a mi. Con todo este dilema, estuvo pensando un rato, puso todo en la balanza y tomo una decisión, que por supuesto fue llamar al numero de la tarjeta. Por encima de todo, cualquiera de los dos tipos, le gustaban mucho. Solo tenia que decidir a quien elegir.

Al rato lo llamó a Daniel al celular. Este atendió bastante cortado. Se notaba que no podía hablar y él contestó, “Bueno, no hay problema señor, lo paso a buscar por su hotel.” y cortó rápidamente. Se notó que el hijo de puta atendió el teléfono delante de su mujer y no sabia que decir. Esto excitó mas aun a Vane, quien se empezó a preparar especialmente para la velada. Mientras tanto pensaba con quien se quedaría.

Alrededor de las 21 horas sonó el timbre. Era Daniel solo. Vanesa salio deslumbrante. Tenia puesto un vestido minifalda negro, medias de encaje y zapatos de taco alto. Llevaba una minúscula tanga al tono y no tenia puesto corpiño. Su pelo estaba suelto y salvaje.

Daniel casi muere de un infarto. Ni bien subió al auto, él le empezó a dar piquitos en la boca, cosa que mi mujer no rechazó. Al poco tiempo, estos se convirtieron en húmedos besos, caricias y abrazos. Aparentemente Vane ya había decidido. Daniel le insinuó ir inmediatamente para un hotel. Vane aclaró inocentemente, que la habían invitado a cenar y media enojada preguntó por John. Acto seguido, Daniel continuo dándole besitos y le dijo que estaban yendo a buscar a John por el Sheraton, para ir a cenar y que la insinuación solo había sido un chiste. Entre besos y manotazos continuaron su camino hacia dicho hotel.

Estacionaron en la entrada e ingresaron para buscar a John, quien estaba sentado en la barra tomando unos tragos. Se lo notaba muy alegre y zafado, producto del alcohol. Se reunieron con él y allí decidieron ir primero a cenar a un restaurante en las cañitas y después a tomar algo a algún boliche con show. Vanesa ya se inclinaba hacia el lado de Daniel.

Iban caminando por el lobby del hotel hacia la salida, cuando John trastabilló y ante una inminente caída se agarró de Vane, rasgándole sin querer el vestido. El se incorporó rápidamente y balbuceando mil palabras mezcladas entre español e ingles, le pedía las disculpas muy apenado. Sonó tan cómico y la escena fue tan graciosa que todos se largaron a reír a carcajadas sin parar. Lloraban de la risa. Vane reviso que su vestido solo se había descosido, no se había roto, con lo que se quedó mas tranquila. John le propuso si quería subir a su habitación para coserlo, pues allí había un kit de costura. Vane en un primer momento dijo que no, pero analizando que así no podía ir a ningún lugar, aceptó. Daniel les dijo que los esperaba en el auto y Vane le puso una cara como pidiéndole que no la deje sola con John. Daniel comprendió el mensaje y dijo que mejor los acompañaba.

Subieron al ascensor y Daniel que estaba detrás de ella, empezó a tocarle levemente la cola por encima del vestido, haciendo rozar el mismo contra la tanguita. Vane cerró los ojos, echó su cabeza hacia atrás y le comió la boca. Mientras tanto John, empezó a besarle el cuello y a frotar su cuerpo con el de ella. Cuando ella se percató, lo sacó inmediatamente. Pero John estaba muy ebrio, no entendía nada e insistía. Vane le dijo seriamente que la corte, pero el pedo de John era tal, que se mataba de la risa. Mientras tanto, la seducción que le brindaba Daniel besándola, le hizo olvidar de la presencia de John que cada tanto metía alguna mano sin acertar. El ascensor navegaba para arriba y para abajo sin destino alguno, Vane y Daniel se encargaban de apretar al azar algún botón, cuando este se detenía. Mi mujer se estaba mojando mal, entre los besos de lengua y el palo que tenia Daniel, el ambiente se puso espeso. De repente sonó la alarma del ascensor, todos se recompusieron, tocaron el piso correspondiente y fueron para la habitación. Iban caminando por los pasillos tratando de ayudar a John que rebotaba de pared en pared por la borrachera.

Llegaron a la habitación y entre los dos cargaron a John hacia la cama. Lo recostaron y Vane se sentó en la cama para descansar. Daniel se sentó a su lado y continuaron con los besos y caricias. Al poco tiempo y para sorpresa de todos, Vane fue directamente al pantalón de John, le bajo el cierre y saco su pija afuera. Sus ojos al verla se iluminaron, era muy grande y muy gorda, a pesar de que todavía no estaba muy dura. Se la metió en la boca y fue notando como iba creciendo de a poco. John, medio inconsciente, con sus manos le acariciaba las tetas por encima del vestido.

Daniel se dedico a ir subiéndole la pollera poco a poco, mientras le pasaba la lengua por las piernas. Cuando llegó a su cola, le bajó las medias y la dejó en tanga. Mi mujer tenía la pollera subida hasta la cintura, le estaba chupando la pija a uno que mientras tanto le tocaba las tetas y el otro le besaba la cola y como podía le metía la puntita de la lengua lentamente por su concha que se estaba lubricando. Vane estaba muy caliente, los empezó a desnudar a los dos, fue a buscar 2 forros a su cartera y cambio a ambos de posición. Ahora ella se la chupaba a Daniel y John le saboreaba la concha, metiéndole dos dedos mientras le chupaba el clítoris. Ella estaba en la luna. Después de un rato así, empezó a gemir y a convulsionarse, teniendo su primer mojada, un orgasmo largo e intenso que gritó sin vergüenza. Los 2 abogados no la dejaron descansar, a la fuerza, la sentaron encima de John y ella comenzó a cabalgar salvajemente, Daniel por su parte le metía su pija en la boca y amasaba las tetas mientras le decía lo muy puta que era. Vane no aguantando más, acabó por segunda vez. Al mismo tiempo Daniel terminaba en su boca, mientras ella lo miraba con ojos de lujuria. El semen le resbalaba por los labios y como ella no quería desperdiciar ni una gota, se relamía con su lengua. Le chupo la pija hasta dejarla bien limpia y Daniel cayó rendido. John por su parte seguía cogiendo, el efecto del alcohol se le borraba con las acciones de Vane. De repente se la saco de adentro y le pidió que se arrodillara en el piso. Acercó la pija a su rostro y después que Vane le diera dos lengüetazos, inundó su boca y su cara con un chorro de esperma.

Todo muy lindo, descansaron un rato, se repusieron pero Vane no tenía lo suficiente y quería mas. Acostada desnuda en el medio de los dos, se empezó a tocar el clítoris lentamente. De a poquito empezó a jadear y a meterse un dedito. Este jueguito suyo continúo hasta terminar en una terrible paja, contorsionando todo su cuerpo. Desesperadamente se mojaba un dedo con saliva y se lo metía en el culo. La imagen era una película pornográfica y mi mujer era la estrella y estaba en el medio. Los dos hombres no aguantaban más la escena y quisieron participar. Como estaban muy al palo, Vane agarró las dos pijas y se las metió en la boca. Ella misma se sorprendía de la puta que tenía escondida dentro. Los dos machos se pusieron rápidamente a tono y quisieron sacarle el control de la situación que hasta ahora lo tenia mi mujer. Juntos decidieron ponerla en cuatro patas, Daniel se arrimó por detrás y de una se la metió hasta el fondo de la lubricada concha. Vane soltó un grito, mitad placer, mitad dolor. John se puso delante de ella y la empezó a coger por la boca mientras le masajeaba las tetas y le tironeaba de los pezones. Después de un rato en esta posición, Daniel se puso debajo y ella lo montó. El extranjero con semejante cuadro, le empezó a chupar el agujero del culo y a introducirle un dedo. Se lo escupió para poder lubricarlo un poco más. Vane en un principio tuvo miedo, pero enseguida empezó a sentir placer. Sentía como la punta de la pija de John, toda mojada, apoyada en el esfínter de su culo, iba penetrando el estrecho agujero. Estaba experimentando una nueva sensación, ya que nunca se la habían cogido por la concha y por el culo a la vez. Los 3 empezaron suavemente con un ritmo tranquilo, pero que enseguida se hizo más rápido. Ella sentía algo increíble, una mezcla de dolor y mucho placer. Daniel pidió a los gritos, poder cogérsela él por el culo, así que cambiaron de posición. Esta vez Vane se sentó encima de Daniel, dándole la espalda. El se la metió por el culo y le levantaron las piernas para que John se la pudiese meter por adelante. Con esta postura, Vane gozaba aún más que la anterior, gemía en cada embestida. Daniel aprovechaba para apretarle bien las tetas y John le besaba todo el cuello. Le decían todo tipo de barbaridades, lo muy puta que era y lo bien que cogía. Ella no paraba de gozar, de suplicarles que la siguiesen cogiendo, de que no parasen. Los huéspedes de las habitaciones contiguas estarían excitadísimos escuchando las palabras de mi mujer. Así estuvieron serruchando un buen rato hasta que acabaron como animales. Se quedaron los tres abrazados, derrotados tras esta competencia de sexo. Había sido su mejor experiencia sexual.

Se levantó, cosió su vestido, se duchó y cuando estaba por preguntar si iban a ir a cenar, se dio cuenta que eran la 4 de la mañana y que los dos abogados estaban dormidos. En silencio agarró sus cosas y se marchó.

Al llegar a casa pensó en si volvería a repetirlo. Esta era la hora de los arrepentimientos. Inmediatamente prendió la PC y me mando un mail diciendo que me extrañaba mucho, que ya no veía la hora de volver a encontrarnos y que tenía una sorpresa para contarme.

Cuando nos volvimos a encontrar, lo primero que hizo fue relatarme esta historia con lujo de detalles. Durante el relato, estuvimos casi medio día haciendo el amor de manera espectacular, recordando este inolvidable trío.

Claudio

Favor enviar comentarios a: horaciosandra@yahoo.com.ar

Las aventuras de un profesor

Mi nombre es Riqui, tengo 38 años, mido 1,70 mts. de altura, contextura normal, soy profesor de computación, soy casado y quiero contarles mis aventuras.

En este caso quiero contarles la aventura vivida con dos alumnas: Patricia y Katy que son amigas mucho antes de que yo las conociera.

Patricia tiene 34 años, es doctora, es una mujer de baja estatura, como de 1,60 mts. de altura aproximadamente, de piel canela, de largos y ensortijados cabellos castaños que combinan con sus ojos, con un cuerpo excelente, un pompi (trasero) normal pero bien formado igual que sus piernas, es casada y tiene dos hijos. Por su parte, Katy tiene 32 años, es comerciante, es una mujer que mide aproximadamente 1,65 mts. de altura, de piel blanca, de cabellos negros y largos, de unos preciosos ojos azules, tiene un cuerpo escultural, es delgada pero tiene unas tetas robustas que se destacan inmediatamente en el escote de su blusa mostrando las pecas que las adornan, tiene un pompi redondito y parado, es divorciada y tiene un hijo.

En pocas palabras, ambas están buenísimas, son independientes, tienen carro, pero no sabían nada de computación cuando se inscribieron en mi curso, lo que me ayudo mucho a relacionarme más con ellas.

En una oportunidad, cuando estaba cerca una evaluación final en la computadora, me manifestaron que estaban interesadas en clases privadas, porque no se sentían seguras para el examen final; sin dudarlo, me puse a la orden y acordamos el horario y el lugar sin hablar de costo, ya que nos llevábamos muy bien y en realidad a mí lo que me interesaba era ganarme aun más su confianza para estar más cerca de ellas y disfrutar de sus hermosos atributos, aunque para ese momento yo ni siquiera me imaginaba lo que pasaría ese día entre nosotros.

Llegué al apartamento de Katy a la hora acordada, allí estaban las dos esperándome solas (por suerte su hijo estaba de vacaciones en casa del papá), yo fui vestido en forma deportiva ya que era sábado por la tarde y tenía que disimular con mi esposa, ellas estaban bellísimas como siempre aunque vestían de forma sencilla con bluejeans y franela. Después de saludarnos con un beso en la mejilla nos dirigimos inmediatamente a la habitación donde está el computador (un cuarto-estudio con aire acondicionado y un sofá-cama). Comenzamos con las preguntas y respuestas aclarando todas las dudas con respecto a los ejercicios de computación, luego de un rato Katy fue a la cocina a buscar algo de comer y de beber, yo me quedé con Patricia hablando de cosas sin trascendencia hasta que llegó Katy con los pasapalos y las bebidas. Hasta ese momento todo estaba normal. Después de habernos bebido cinco cervezas cada uno mientras resolvíamos el resto de los ejercicios y de vez en cuando echábamos un chiste o contábamos anécdotas, cuando estábamos comiendo y bebiendo sin querer Patricia tropezó una de las botellas de cerveza y se derramó sobre mi franela, yo les dije que no importaba, pero ambas insistieron que me la quitara para lavarla y meterla a la secadora, yo me negué y entonces comenzaron a quitármela entre las dos en medio de risas, este juego provocó que me excitara y ellas lo notaron después de haberme quitado la franela; se notaba mucho porque tenía puestos unos pantalones de mono para hacer gimnasia y aunque tenía Interiores, el mono no ejerce ninguna presión y se veía bastante abultado.

Al parecer a ellas les afectaron las cervezas más que a mí, porque estaban bastante alegres y comenzaron a bromear sobre mi bulto que sobresalía entre las piernas; tengo un pene normal (15 cmts.), pero con sus comentarios me excite más aún y se notaba que el bulto crecía.

Con el clima del aire acondicionado y bajo el efecto de las cervezas esta visión las excitó y comenzaron a tocarme por sobre el mono como verificando el contenido del bulto; por supuesto, el contacto de sus manos me puso a millón y pude observar por sobre sus franelas sus pezones completamente erguidos; sin pensarlo, me deje llevar por el instinto y la excitación y al mismo tiempo que les tocaba sus pechos por sobre sus franelas les decía: “- La venganza es dulce, lo que es igual no es trampa”.
Esta reacción mía provocó mucha excitación en los tres y entre risas y tocadas ellas me bajaron mi pantalón quedando en Interiores y yo comencé a quitarles sus franelas las cuales ellas mismas terminaron de sacar quedando en Sostenes mientras yo terminaba de sacar mis piernas del pantalón del mono. Enseguida me acerque a Katy que era la que más me gustaba y comencé a besarla en la boca y el cuello mientras desabrochaba su Sostén, me moría por ver esas tetas al aire rodeadas de pecas; por el reojo me di cuenta que ya Patricia se estaba quitando los zapatos para sacarse el bluejeans que ya se lo había bajado hasta los tobillos y quedó en Pantaleta y Sostén, mientras tanto yo ya estaba acariciando con mi boca los pezones de Katy y ella se desabrochaba el bluejeans para quitárselo, entonces decidí acercarme a Patricia y mientras la besaba en la boca y por el cuello mis manos liberaban sus pechos del Sostén y ella con una mano recorría todo mi cuerpo mientras que con la otra tocaba a través de la tela de mi Interior mi pene erecto a más no poder, cuando ya le había quitado el Sostén comencé a tocarle sus tetas y ella metió su mano en el Interior haciendo contacto directo con mi pene, eso fue delicioso, comenzó a masturbarme y yo deslicé mis manos para bajarle su Pantaleta; para ese momento ya Katy estaba completamente desnuda también, sólo faltaba yo así que decidí quitarme el Interior y nos dirigimos al sofá-cama, lo extendimos y nos subimos los tres; yo me acosté en el centro boca arriba y ellas, una a cada lado mío comenzaron a acariciarme por todo el cuerpo, yo estaba besando a Patricia y en ese momento Katy, que al parecer estaba más excitada que Patricia, se bajo un poco y comenzó a mamarme el pene.

En ese momento todo parecía un sueño, yo que tantas veces me masturbe pensando en ellas, ahora las tenía a mi lado, desnudas en pelota, acariciándome y disponibles para mí sólo, ¡¡¡Era increíble!!!, ¡¡¡Que espectáculo!!!.

Mientras pensaba todo eso, estiré mis manos y comencé a acariciarles sus sexos que estaban depilados completamente igual que el mío, como a mí me gusta, una vagina completamente a la vista, enseguida sentí su humedad, le mame las tetas a Patricia y nos fuimos acomodando hasta que ella quedó sentada en mi cara con su vagina en mi boca y Katy acariciaba mi pene con su lengua y sus labios incansablemente.

Luego les dije que cambiaran de lugar, pero que Patricia se sentara en mi pene para penetrarla mientras yo le chupaba la vagina a Katy. Yo estaba a punto de estallar dentro de Patricia y Katy estaba destilando jugos vaginales a más no poder; los tres estábamos disfrutando el momento al máximo.
A los pocos minutos Katy me pidió que la penetrara y se acostó boca arriba con las piernas abiertas, entonces me acosté sobre ella para penetrarla y Patricia se acostó al lado izquierdo pero con los pies hacia la cabeza de Katy, de tal forma que yo podía ver, acariciar y hasta mamar su vagina empapada por la excitación, en esa posición, utilizando mi mano derecha, le introduje primero el dedo medio, luego el dedo anular y luego el índice, ya que los tres juntos forman algo parecido al pene y los movía dentro de ella para excitarla más.

Ellas no se tocaban, no había relación lesbiana, sólo compartían un mismo hombre y ese hombre era yo; me sentía como un rey, era la primera vez que estaba con dos mujeres simultáneamente.

Estaba a punto de eyacular dentro de Katy (siempre deseé eso) pero ella no quiso, prefirió que le eyaculara en sus pechos mientras la masturbaba, y así llegamos juntos; luego me acosté nuevamente boca arriba y Patricia se acostó sobre mí pero en sentido contrario para hacer un 69, me mamó el pene hasta que recuperé mi erección, mientras yo jugaba con sus labios vaginales, chupaba su clítoris e introducía mi lengua en su vagina. Cuando ya estaba mi pene suficientemente erecto me dijo que quería que la penetrara por su ano y se colocó en cuatro patas, me coloque detrás de ella y primero la penetré por su vagina para lubricar mi pene y luego la penetre poco a poco por su ano, soltó un gemido involuntario de placer y comenzamos a movernos mientras la masturbaba con una mano, a los pocos minutos llegamos al orgasmo juntos, vaciando mi segunda ración de semen dentro de su culo.

Katy nos espero acostada para luego irnos los tres a la ducha, disfruté de sus cuerpos mientras las enjabonaba centímetro por centímetro, luego ellas hicieron lo mismo conmigo; después de enjuagarnos le chupe la vagina a Katy mientras Patricia me chupaba mi pene, luego cambiamos de puesto hasta que estábamos a punto de otro orgasmo el cual conseguimos masturbándonos individualmente mientras nos veíamos uno frente a otro, llegando los tres al mismo tiempo.

Allí mismo en la ducha lavamos la franela y la metimos a la secadora mientras nos vestíamos y ordenábamos la habitación; cuando ya estuvo seca la franela me marché para mi casa y Patricia para la suya.

Nos volvimos a ver a los dos días en el examen final, nos saludamos normalmente como siempre pero con una sonrisa pícara, porque ya los tres sabíamos que ellas ya habían aprobado el examen por adelantado.

iguanaerotica@hotmail.com

En la carretera

Hola que tal, me llamo Luis y les voy a contar de una de las más deliciosas experiencias sexuales que me han sucedido.

Laura y yo habíamos visto una película en la cual los actores tenían sexo mientras viajaban, esto me éxito tanto que no pude disimularlo y Laura se dio cuenta de eso, yo en tono de broma le comente que a ver que día lo experimentábamos, ella que es una mujer recatada y solo comento que pasaría solo en mis sueños, lo cual solo lo tome como un simple no sin decir nada mas al respecto, yo sabia que la forma en como la educaron sus padres no le permitía hacer eso, aunque ya habíamos tenido cogido varias veces sin que sus padres se enteraran a ella siempre le repetían que el lugar para tener sexo era la cama, ningún otro lugar.

Unas semanas después se presento un viaje de negocios por 3 días a una playa de México que siempre me ha encantado visitar y decidí invitarla aún cuando sabía que sus padres no la iban a dejar ir, pero el intento le tenía que hacer. Mi sorpresa fue que ella me dijo que si me iba a acompañar pero que no comentara nada del viaje frente a sus papas ya que ella les había dicho que iba con sus amigas, cosa que me gusto un poco más y me encendió ya que estar a las escondidas es como disfrutar de algo prohibido.

El viaje iba a durar unas 5 horas en camión ya que no existían vuelos desde donde salíamos, la salida era en la noche y al día siguiente yo tenia que comenzar muy temprano por lo que no iba a ver a Laura en toda la mañana. A la hora de salida yo había llegado temprano e inmediatamente me subí al camión, no quería estar ahí cuando llegaran a dejar a Laura y sus papas me vieran en el mismo camión, me escondía cerrando las cortinas y solo asomándome por espacios pequeños para que no me fueran a cachar, eso me inquietaba y a la vez me emocionaba, sentía como la adrenalina recorría mi cuerpo y me calentaba hasta el punto de hacerme sudar, para fortuna cuando ella llego no dejaron pasar a sus papas a los andenes de salida por lo que sentí un pequeño alivio ya que no quería problemas.

Al llegar ella me comento que estaba tan nerviosa que sudaba por todos lados, inmediatamente tratando de bajar el nerviosismo le pregunte que si también estaba sudando de abajo y me contesto que si, que la tenía tan húmeda que ahorita entraría sin ningún esfuerzo cosa que hizo que mi pene se pusiera mas duro que la palanca de velocidades del camión. No pasaron más de 10 minutos cuando el chofer cerró la puerta de los pasajeros y la del camión y empezó a dar marcha. Notamos que solo estábamos cuatro personas en ese camión, nosotros dos y otra pareja que supongo iban de fin de semana a esa playa. Cómo estábamos hasta la parte de atrás, por mi mente cruzo el de recordarle la película que días atrás habíamos visto pero me acorde de la respuesta que me dio y solo comente que me iba a dormir para descansar a lo cuál ella acepto.

Estaba dormido y tras dos horas de camino ya en plena carretera empecé a sentir como sus labios rozaban los míos mientras con su mano rozaba mi pene, no podía despertar bien pero empecé a sentir como lentamente me bajaba el cierre del short, y sacaba mi pene que en ese momento ya estaba muy duro, comenzó a mamármelo recorriendo todo desde la base hasta la puntita, en ratos se lo metía todo y podía sentir como sus dientes me rozaban un poco cuando se lo metía y se lo sacaba de la boca, yo no daba crédito a lo que estaba sucediendo pero me encantaba, lentamente fui recorriendo su espalda hasta meter la mano por debajo de su pans y tocar sus ricas nalgas, se levanto y comenzó a besarme mientras yo inmediatamente le bajaba el pans, ella se puso de rodillas en el asiento y yo inmediatamente le comencé a chupar su conchita tratando de recorrerla y lamerle todo, mientras introducía un dedo dentro de su vagina que seguía húmeda por la tensión, seguí chupándola hasta que llego el momento en el que soltó un suspiro y me pidió se la metiera porque quería sentir algo más grueso que un dedo, apuntó mi verga sobre su vagina y por un movimiento que hizo el camión ella perdió el equilibrio sentándose sobre mi verga la cual entro de un solo golpe hasta el fondo sin que ella lo pudiera controlar, eso la lleno de placer ya que nunca se la había metido tan fuerte y rápido, le gusto tanto que siguió metiéndola y sacándola tan fuerte como podía además ella estaba mas apretada que nunca porque el pantalón no la dejaba abrirse lo cuál hacia que ambos sintiéramos el roce uno con el otro, era tanto el éxtasis que traíamos en ese momento que hasta se nos olvido la otra pareja que venia en el camión, ella siguió montándome cada vez mas duro hasta el momento en el que ni ella ni yo pudimos mas y terminamos corriéndonos los dos al mismo tiempo, yo sentía como su vagina se relajaba y se tensaba en el momento que se estaba corriendo y también sentía como mi leche salía de mi verga hacia su vagina.

En ese momento nos acordamos de la otra pareja pero nos tranquilizamos al ver que se habían movido de asientos y estaban también terminando de hacer lo suyo. Nos quedamos los cuatro descansando por un momento y comentando lo rico que había sido el sexo en ese momento, ellos nos comentaron que nos habían visto teniendo sexo y eso los había excitado tanto que decidieron hacerlo ellos también.

Lalo, Vero, Laura y yo nos quedamos platicando de experiencias sexuales cerca de 10 minutos lo cuál hizo que nos calentáramos otra vez, yo comencé a tocarle los pezones a mi novia mientras ella agarraba mi verga, la otra pareja ya se estaban agasajando otra vez, de pronto las mujeres se pararon y se agacharon hacia nosotros y mientras se metían a la boca las vergas ellas se rozaban las nalgas una a la otra la cual era algo espectacular, parece como si ellas se hubieran puesto de acuerdo porque se pararon las dos ya con las blusas desabrochadas y empezaron a besarse mientras se rozaban sus pechos y con una mano una a la otra se acariciaban los clítoris, nosotros nos pusimos atrás de ellas las inclinamos un poco y como ellas ya estaban húmedas se las metimos de un solo golpe y empezamos a cogerlas mientras ellas se seguían besando y acariciando sus pezones, en un momento ellas se hicieron a un lado para poder acariciar de nueva cuenta su clítoris mientras se rozaban sus pechos, yo nunca me imagine que iba a estar besando a otra mujer frente a mi novia ni a mi novia besarse con otro hombre enfrente de mi pero era excitante la escena, le saque la verga a Laura mi novia para metérsela por el culo, mientras que le pedí a Vero que le metiera los dedos por la vagina, Laura empezó a gemir como loca de placer.

Lalo al ver el placer que Laura estaba sintiendo hizo lo mismo con Vero y ahora mi Laura le estaba metiendo los dedos, y seguimos cogiéndolas por el culo mientras se metían los dedos hasta que ellas soltaron un gemido intenso de placer, yo ya no pude resistir mas y empecé a remeterla mas duro y más rápido y ella me comenzó a decir “si papi, dejame tu leche dentro de mi, dejala toda, mas duro, mas duro” y cuando me empecé a correr ella apretó su culo sacándome toda la leche que tenia almacenada y creándome una sensación de placer que nunca había experimentado, mientras terminaba de dejarle toda mi leche a Laura, Vero saco la verga de su culo y se la metió en la boca para seguirla mamando hasta que Lalo se corrió dentro de ella y se trago toda su leche, yo que todavía tenia dentro de Laura mi verga sentí como si fuera yo el que me estaba corriendo en Vero, mientras le sacaba la verga de su culo. Los cuatro quedamos completamente satisfechos.

vampiro694u@hotmail.com

Los italianos

Tengo 34 años igual que mi mujer llevamos casados diez años y en cuestión de sexo nos gusta desde siempre hacer de todo.

Ella esta bien conservada a pesar de que tenemos dos hijos buenos pechos,culo y pelo moreno.Yo también me conservo bien.

Hace dos meses le dejamos los niños a mi madre y nos fuimos de fin de semana al sur de nuestra isla.Llegamos al hotel el viernes por la mañana nada mas llegar bajamos a la picina.Mi mujer hace top less y usa taparrabo después de unas horas se pusieron en la hamaca al lado de la nuestra dos chicos muy atractivos.Yo notaba como miraban a mi mujer cada vez que yo me despistaba.Uno tenia un buen paquete metido en el bañador y mi mujer lo miraba de vez en cuando.Nos pidieron fuego un par de veces hasta que nos fuimos y nos despedimos con una sonrisa.

Ya en la habitación le saque a mi mujer la conversación de lo grade que era el paquete del italiano y ella me dijo que era una pasada.Yo se que ella le gustaría probar una polla como aquella pues cuando vemos películas porno esas hermosas pollas la ponen a cien y terminamos follando como locos y es normal ya que yo tengo una polla de 16cm que es la única que ella había probado.

Al día siguiente volvimos a coincidir y me atreví a entablar conversación con ellos.Hablaban bien el español pues según nos contaron llevaban dos años viniendo a la isla de vacaciones el de la polla grande se llamaba Giovanni y el otro Gero.

Por la noche nos vimos en al discoteca después de varias copa Giovanni me dijo que tenia una mujer muy guapa no se si por las copas o por las ganas de que mi mujer probara aquella polla le dije que si le gustaría acostarse con ella.El se quedo de piedra pero me contesto que si yo no tenia problema el tampoco pues estaba muy buena.

Yo sabia que había llegado el momento que había hablado en mas de una ocasión con mi mujer y ella siempre dijo que tendría que ser algo sin esperar.Giovanni se animo y saco a mi mujer a bailar hubo un momento en que note como el le pasaba su polla bien empalmada por su cuerpo cuando se pegaban al bailar.Sobre las dos de la mañana Giovanni nos dijo que nos tomaramos una copa en su habitación yo acepte y mi mujer me dijo que pasáramos primero por la nuestra.

Cuando llegamos me dijo que Giovanni la había rozado con la polla dura y que se había excitado mucho y que no fuéramos a su habitación y que me la follara.Le comente lo que le había dicho a Giovanni después de dudar me dijo que a lo mejor había llegado el momento de que la viera follandose otra polla si era lo que yo deseaba le dije que no pasaría nada que ella no quisiera.

Llegamos a la habitación y nos tomamos unas cuantas copas mas en un momento Giovanni invito a mi mujer a bailar había puesto algo de música.

Vi como le cogió las nalgas a mi mujer apretándola para que sintiese toda su polla Gero alucinaba con lo que veía se unió al baile mirando hacia mi buscando la aprobación que le di con un si de mi cabeza.

Mi mujer se fundió en un gran beso con Giovanni mientras gero le sacaba las braguitas por de bajo de su falda este se a gacho y el empezó a comer las nalgas mientras el otro le quito la camisa el sujetador y le comía las tetas los gemidos de mi mujer creo que se pudieran oír en todo el hotel.

Ella le quito al ropa a Giovanni y una vez que libero aquella polla de 23cm y unos huevos descomunales se la empezó a comer como si lo hubiera estado esperando toda su vida.Gero se desnudo y también le dio su polla a comer era de 17cm algo gruesa.

Yo al ver todo aquello estaba con la polla en la mano haciéndome una paja como el que ve una peli porno pero con mi mujer de estrella.El primero en metersela fue Gero no le costo pues la raja de mi mujer estaba tan húmeda que se veía caer su leche por los muslos.Mientras esta seguía mamando el pollaso de Giovanni después de un rato tubo un orgasmo como nunca.

La escena era una pasada mi mujer disfrutando como una loca mientras yo me tocaba la polla que había estado a punto de correrse un par de veces.

Giovanni se sentó en el sofá ella se coloco en sima y con su mano llevo aquella hermosa polla hasta le entrada de su coño le dijo a Giovanni que ella se lo fallaría y que no la invistiera con fuerza hasta que ella se lo pidiera.Poco a poco su coño se fue tragando a aquélla polla con la que tanto había soñado cuando veíamos las pelis pornos cada vez mas rápido mientras Gero también se tocaba una paja en un sillón viendo al cabalgada que le pegaba mi mujer a su amigo ella ya había tenido otro descomunal orgasmo cuando le pidió a Giovanni que se la metiera toda con fuerza el empezó a embestirla con una fuerza increíble yo veía como entraba y salía aquellos 23cm del coño de mi mujer mientras que los golpes de aquellos hermosos huevos contra sus nalgas hicieron que me viniera en una corrida como nunca.Al momento Giovanni y mi mujer llegaron también juntos a un orgasmo genial y ella se quedo tirada sobre el. Gero se acerco por detrás pero mi mujer le dijo que su culo era solo para mi el pidió entonces una mamada cosa que ella no le negó corriéndose este en su boca.

Al rato nos despedimos hasta el día siguiente pero lo que paso ya lo contare si el relato es del agrado de todos ustedes.

Luis_bom_es@hotmail.com

Rebeca y Karla

Esto que les voy a contar me pasó hace relativamente poco. Estaba tocando en un bar de la ciudad de México y la noche estaba bastante apagada. Era Sábado y mitad de quincena, por lo que un panteón tenía más vida. Me toca abrir la noche en ese bar. Mi turno empieza a las 20:30 y termina a las 22.00 Hrs. Por lo regular somos dos los que tocamos, pero en esa ocasión mi compañero había avisado que no podría ir, así que, viendo la mortandad de la noche, decidí pedir un tekila doble, beberlo de un sorbo y comenzar con unas canciones románticas que les gustan mucho a las meseras del lugar, y que canto para ellas cuando no hay mucha gente.

Estaba como a la mitad del show, cuando entran al lugar un par de mujeres solas. Iban vestidas como para la disco, una con una minifalda bastante pronunciada y unas botas hasta las rodillas, con bastante plataforma, y una blusa que parecía se la habían dibujado en el cuerpo. La otra chica iba con un pantalón hasta la cadera, un top y un ombligo con un arete o piercing. Unas zapatillas abiertas con unas uñas bellamente pedicureadas. Una cabellera color rojo intenso remataban el atuendo. Como el lugar estaba prácticamente solo, las chicas quedaron en una mesa frente a mí. Al terminar la canción que interpretaba les di la bienvenida y les bromee un poco con la suerte que habían tenido al obtener una mesa de pista. Les dije que me llamaba Karlos y que estaba a sus órdenes y una de ellas, la de la minifalda, me dijo que si estaba a las órdenes de las dos. Risas. Me pide una canción de Arjona. Una que duela, me dice. Le canto “Realmente no estoy tan solo”. Aplausos y me dice: “si te sabes la de ONE de U2 te podría dar un beso”. Claro que me la sí. Empiezo a tocar la canciín y empieza a aplaudirme y a aullar. A partir de ese momento, no me dejaron de bombardear con peticiones. Al terminar con una canción me pregunta la pelirroja que qué estoy tomando. Le digo que tequila y me dice que soy “Karlos Negrete” en mención al charro cantor y bebedor irremediable de Tekila. Me invita uno doble y pide otro para ella. Sigo con el show. Sigo con las canciones dolorosas. Morí, Ojalá, Para vivir, Sin tu latido. Otro tequila, ahora yo lo invito. Termina mi turno. Me despido. Empiezo a desconectar la lira y cuando la estoy guardando se acerca la pelirroja. Me dice “oye, cantas muy bien” y me pregunta que a que hora voy a tocar otra vez. Le digo que ya terminó mi turno y que por ese día ya no toco más. Me dice que es una lástima, ya que ella y su amiga la estaban pasando muy bien y querían seguir escuchando ese tipo de música. Me pregunta que si tengo algún plan para esa noche. Les contesto que no, pero que si ellas tienen alguno y no hay problema, yo las podría acompañar. Me dice que espere un segundo y se va a la mesa con su amiga. A los pocos minutos estaban pagando y la pelirroja se me acerca y me dice, “mi amiga tiene un depa aquí cerca, nos preguntábamos si tú y tu guitarra quisieran ir y seguir la fiesta con un tequila y nosotras”. Wow. Pero por supuesto que sí. Nos apuramos, y salimos rumbo al depa de, ahora lo sabía, Rebeca, la chica de la minifalda. Rebeca era española y Karla Mexicana. A ambas les encantaba el tequila y, como estaba apunto de comprobarlo, el sexo.

Llegamos a casa de Rebeca y de inmediato comenzamos a tomar y a cantar. Como a la hora y media de plática, canto y mucho tekila, Karla me dice que se acababa de divorciar y que su amiga le había propuesto distraerse yéndose a bailar juntas, pero que, como era muy temprano, decidieron tomar una copa en el bar mientras llegaba la hora de irse. También me confesó que su amiga Rebeca había tomado éxtasis hacía un rato. Mientras nosotros platicábamos Rebeca ponía un disco en su componente. Era una música flamenca y ella empezó a bailar y a cantar flamenco con una fuerza impresionante. Cantaba y en su cara se denotaba la fuerza de cada palabra y con las manos aplaudía y se levantaba la ya de por sí corta falda. Zapateaba con mucha fuerza en el piso y remataba el baile con un movimiento intenso de todo su cuerpo, mientras su rizada cabellera le caía despeinada y con furia en la cara. Yo estaba extasiado con ella. Era un espectáculo maravilloso. De pronto empieza otra canción y Rebeca se me acerca y me empieza a cantar flamenco a unos cuantos centímetros de la cara. Me provocaba con su mirada y sus labios, que cada vez se acercaban más a mi boca. Su cabello negro y rizado brillaba con las velas que habíamos prendido en la sala. Yo estaba sentado, casi recostado en un sofá. Con un movimiento sorpresivo Rebeca se me sentó en las piernas, de frente, con las piernas abiertas y la mini hasta el inicio del pubis. Yo estaba como petrificado por el espectáculo. Rebeca me dice, “lo prometido es deuda, me cantaste mi canción, ahora va el beso”, y me planta un beso en la boca, metiendo la lengua hasta dentro y succionando mi lengua y mis labios. De pronto, Karla toma mis manos y las pone en las nalgas de Rebeca. Las pone y las aprieta. Rebeca se contorsiona hacia atrás, dejándome ver sus enormes senos. Yo apretaba y masajeaba las nalgas de Rebeca. Estaba a mil cuando siento una mano entre mis piernas. Era Karla, que me miraba con los ojos enormes y la lengua entre los labios, mojada, invitadora. Rebeca se hace hacia delante y me planta otro beso en la boca. Su lengua entraba y salía, me lamía los labios, la cara, como una gatita, me lamÌa los ojos y me volvÌa a besar. Guau. Karla me masajea la verga sobre el pantalón, me masajea y me mira, me parece que le excita sobremanera acariciarla. Con la otra mano, comienza a bajarme el cierre y, con la otra, a masajearme las bolas, mete su mano libre en el pantalón abierto y busca la verga con ella, la saca del pantalón, la ve, gorda, hinchada, enorme, con esa cínica sonrisa vertical, rojiza, a punto de explotar inyectada de sangre. La aprieta, la masturba, con fuerza en la puta y bajando el prepucio despacio, como toda una maestra. Me masturba con su mano, acerca su boca y comienza a lamerla. Guau. Mientras tanto Rebeca ya est· parada frente a mí, de espaldas, bailando, no puedo verla muy bien, pero parece que está jugando con sus senos, masajeándoselos. Baila con sus nalgas muy cerca de mi cara. La agarro de la cadera, la acerco y comienzo a besarle esas nalgas enormes, sensuales, extremadamente duras. Subo un poco la falda y admiro una diminuta tanga, extremadamente sexy, negra, con encaje. Le acerco aún más las nalgas a mi cara y comienzo a besarlas, a restregar mi cara en ellas, toda la cara, la barba, la nariz, los ojos, la lengua. Rebeca gemía, casi imperceptiblemente, respiraba muy rápido, se me pegaba y con las manos me apretaba la cabeza hacia sus nalgas. Karla miraba la escena, no perdía un instante y parece que disfrutaba mucho viéndola, vouyerando con nosotros, masturbándome y masturbándose ella misma cada vez más fuerte. Rebeca termina prácticamente por sentarse en mi cara, mi nuca recargada en el respaldo del sofá, prácticamente comiéndome a esa hembra, le lamía las nalgas, se las apretaba con las manos, se las movía en círculos y se las abría también en dos, como si estuviera abriendo las puestas de un elevador, admirando ese culo que se movía cerca de mí, lamiéndolo, introduciéndole la lengua en el ano, lamiéndoselo, pasándole el dedo índice y luego el pulgar por encima de él, suave, tocándole la punta del ano. Rebeca seguía gimiendo, cada vez más fuerte, ya era un jadeo muy perceptible, y diciéndome cosas como “lámele macho, mámame las nalgas, dame por el culo, duro, dámelo bien duro, macho, no pares” y yo lamía más ese culo, llenando mi cara de sus jugos y de los míos. Karla seguía viendo y masturbándose ella y a mí. “Era increíble, nunca me había cogido a dos mujeres juntas en mi vida, el espectáculo era sublime, Karla ahora me mamaba la verga, se la metía en la boca toda, me mamaba la verga y me sobaba las bolas, me mamaba las bolas y me sobaba la verga. Era demasiado, Karla alcanzó su primer orgasmo, cerraba los ojos y apretaba los labios. Rebeca iba como en el tercero o cuarto, inmediatamente después sentí que yo también iba a terminar, y se lo dije a Karla, quién arremetía aún con más fuerza en sus jaladas de verga haciéndome venir con una explosión de semen en su cara, en su frente cayó el primer espasmo, en su ojo derecho el segundo, y en su labio superior el tercero. Ella se pasó la mano por la cara y se lamió los dedos. Era increíble. Karla se retiró un momento, supongo que para lavarse la cara, mientras yo seguí mamándole el coño a Rebeca, quién parecía disfrutarlo como si fuera la primera vez. A los pocos minutos reapareció Karla, ahora sin pantalones y sin blusa, no llevaba brasier y en sus pezones, al igual que en su ombligo, llevaba unos piercings. Se comenzó a besar con Rebeca y ésta le comenzó a masajear los senos suavemente y a jalar los piercings de los pezones, también muy suave. Rebeca le pasaba la mano también sobre los calzones, le sobaba el clítoris, se lo tallaba con la palma de la mano. Yo estaba con la verga super parada, como si nunca me hubiera venido, era tal mi excitación. Rebeca me deslizaba las nalgas por el pecho, por la cara, subía y bajaba, hasta que no pude más y la bajé directo a mi verga. La senté en ella, un pequeño grito contenido, ella jadeaba, y me decía “así, así, cógeme macho, cógeme mucho”, yo le jalaba el cabello, le jalaba como si estuviera montando un caballo. Le hacía la cabeza hacia atrás y ella jalaba de los pezones de Karla, quién también jadeaba y gritaba. Yo aproveché la cercanía de Karla y alcancé uno de sus pezones, que comencé a jalar muy suave. Ella me toma la mano y me la aprieta contra sus senos y me dice que le apriete fuerte, que no la voy a lastimar, que haga lo que quiera pero que no deje de apretarle y de jalarle las chichis. Rebeca volteaba la cabeza y me besaba, me sacaba la lengua con la que me lamía parte de la cara, se me acercaba al oído y me decía quedito “cógeme cabrón, méteme tu verga, fuerte, lastímame macho” y jadeaba y gritaba y se daba unos sentones en mi verga, tan fuertes que creí que se me iba a partir en dos. Rebeca ya le había bajado los calzones a Karla, quién abría las piernas mientras Rebeca le metía un consolador que nunca supe de dónde salió. Era una verga plástica enorme y con unas bolitas muy llamativas. Primero lo introdujo despacio, rítmicamente lo metía y sacaba, despacio. Karla lo agarraba y se lo metía aún más en la vagina, queriéndoselo introducir todo, hasta que llegaron a una velocidad considerable. Yo le jalaba los pezones a Karla, le apretaba con una mano el seno y con la otra mano libre le agarraba las tetas a Rebeca, una y otra, alternadamente, le apretaba uno y luego el otro seno, le besaba la espalda, el cuello, Rebeca no dejaba de subir y bajar en mi verga, gritaba y jadeaba, corriéndose a cada minuto. Era increíble. Karla se saca el consolador de la vagina, le pone un poco de lubricante, y se voltea, poniéndose de a perrito. Yo veía sus nalgas impresionantes, un enorme corazón parecían en esa posición. Rebeca toma el dildo y lo empieza a introducir en el culo de Karla, despacio. Karla se apoyaba en una mesa, y se empujaba hacia atrás, queriendo sentir esa verga plástica desgarrando su ano. Rebeca lo introducía muy bien, Karla gozaba al máximo, se veía que estaba excitadísima por la cantidad de jugos que desprendía su vagina, se auto masajeaba el clítoris y daba unos pequeños gritos, unos leves jadeos. Yo no pude más. Le avisé a Rebeca que terminaba, ella me dijo “córrete dentro, dámela toda, macho”, y eso mismo hice. Me corrí como una fuente. Rebeca seguía con Karla, introduciéndole la verga plástica por el ano, unos minutos más, hasta que unos espasmos muy visibles nos confirmaron que ella también llegaba al orgasmo. Karla se acercó a nosotros, se sentó a mi lado y me abrazó. Rebeca seguía encima de mí, recostada en mi pecho, mi verga dentro.

Me marché al amanecer. Nos vimos una vez más los tres para repetir la experiencia. Luego de eso Rebeca regresó a Sevilla a casarse. A Karla no la he visto, pero a decir verdad, sin Rebeca ya no sería lo mismo. Ella le ponía un sabor a paella a los encuentros. Nunca olvidaré su maravilloso baile flamenco.

Karlos, 35 aÒos.
MÈxico, D.F.
E-Mail: besonegro67@hotmail.com

Con mi prima… y un regalo inesperado

Hola, soy Federico tengo 18 años ubicando en tiempo mi relato yo tenia 17 años y mi prima 18. Resulta que mis padres habian partido a Cordoba, por problemas con mis abuelos paternos, y me dejaron a cuidado de la casa. Vivo en un barrio muy tranquilo en Buenos Aires, Argentina; especificamente Castelar. Pero nunca sucedio nada.

Todo comenzo cuando mis padres partieron para Cordoba, era primavera y hacia un calor de cagarse, eran las 15:00 masomenos; yo descanzando en mi sofa con el aire y escuchando musica, cuando suena el timbre, para mi sorpresa era Maria Jose, mi prima que venia con una solerita semitransparente la cual permitia ver sus hermosas tetas y su bombachita blanca inmaculada. Fui a abrirle la puerta, sorprendido por su visita, es que hacia varios meses que no nos veiamos.

Con cara de idiotizado recorri su cuerpo con mis ojos y le dije

– ¡¡Estas hermosa!!

lo que provoco su respuesta

– Gracias…

Comenzamos a hablar de la escuela, que tal le estaba llendo, hasta quie le hice una pregunta

-¿Y?… tenes novio??
-si, pero es medio “lerdo”
-Como lerdo??
-Me da verguenza hablar de esto Fede
– Daaaleeee??
-Bueno, es que en realidad le insinue varias veces el tema del sexo y el se hacia el boludo o dormia, no se que carajo le pasaba.

En verdad yo estaba re caliente, es que veia sus delicadas piernas, su cabello suelto, sus tetas de un tamaños que a mi me vuelven loco que no son ni tan grandes, ni tan chicas. Pronto le propuse ir al extenso jardin de casa a tomar un poco de aire, es que estaba el dia hermoso ella dijo que si.

-Siguiendo con la charla (exclame), yo no se que es lo que espera tu novio para…
-AJAJAJAJAJ, ¿porqué? ¿vos no esperarias?

En este momento me decidi a responder (mientras mi cerebro repetia una y mil veces, “piensa rapido”)

-Obvio, le respondi
-¿Y porque?
-(con un poco! de cagaso decidi responderle), bueno primita, es que la verdad estas muy buena, y yo no me perderia un bomboncito como vos (suspiro, esperando el cachetazo)
-Que tierno

No comprendia lo que estaba viendo, Majo se levanto, inclinando su espalda para que yo notara sus brillantes tetas, me miro y me dijo

-Entonces, ¿ahora que es lo que estas esperando?

Quede atónito por su respuesta, y me levante, la tome de la cintura y comenze a besarla. Mis manos como si tuvieran vida propia comenzaron a bajar hacia su redondo y hermoso culo, comence a apretar sus nalgas y rapidamente la lleve hacia el verde pasto que lo utilizariamos de “colchon”. Ya acostada sobre el pasto me dijo

-¿Que dirian nuestros padres? (a modo de chiste)
-Probablemente que te siga desvistiendo (risita complice)

La bese y saque su solerita, grata sorpresa, no llevaba corpiño, lo cual me excito mas. Seguia besandola cuando empece a bajar hacia su cuello, alli me quede vario! s segundos, y continue mi viaje hacia su hermosas tetas, que aprete alocadamente y besaba al mismo tiempo sus pesones duros hasta entonces.

Mi lengua comenzo a bajar hacia su panzita y se detuvo en el ombligo redibujado su contorno, mi prima ya comenzaba a gemir.

Seguia bajando hasta encontrarme con su bombachita blanca, que se ajustaba mucho a su vulva, entonces comenze a acariciar la bombachita con mi dedo gordo suavemente, de esta manera se provoca mas placer en la mujer y su vagina desprende fluido en mas cantidad, Majo gemia mucho y yo seguia con mis “caricias”.

Comence a sacar so bombachita lentamente para no arruinar lo que estaba buscando, que era el hilo de fluido vaginal que se forma desde la bombachita y se estira, esto es delicioso, pase mi lengua por la bombacha arrasando con el fluido y llevandolo con la lengua a donde corresponde, alli comenze a jugar con mi lengua varios minutos, llevo mi pene hacia la entrada de su vagina, y sin darme cuenta acabe sobre su vagina. Asustado le digo que se me habia escapado la eyaculacion, y me respondio que no habia problema porque tomaba anticonceptivos.Esto me alivio y me excito el saber que la concha de mi prima estaba bañada en mi leche, entonces comenze a pasar la cabeza de mi pija por toda la zona de semen y empece a frotarla en su clitoris. Ella gemia alocadamente, entonces de un golpe y sin aviso la penetre, provocando que mi prima comienze a gritar de dolor, lo cual me excitaba. Estuvimos cogiendo unos 20 miutos hasta que acabe en sus pechos.

Sorprendida, pero algo cansada mi prima me señala con sus ojos hacia al lado de la casa, giro mi cabeza y veo a mi vecina de tan solo 14 años masturbandose mirando la escena de sexo que tuve con mi prima con un poco de verguenza le pregunto que es lo que estaba haciendo, y ella me responde que estaba practicando lo que le habia enseñado su hermana, que se sentia muy bien. aprovechando su calentura, y tomando como excusa sus practicas, la invite a que venga a casa, que le iba a enseñar algo mas placentero. Minutos mas tardes, soledad mi v ecina estaba tocando el timbre, fui a abrirle y le dije que se preparara.

empezo a sacarse la ropa lentamente mientras mi prima y yo nos masturbabamos mirando el cuerpo de la pendeja de 14 años chiquita, pero muy excitante, le pedi a soledad que empiece a masturbarse, empezo metiendose un dedo en la boca pasandole la lengua lentamente, mientras que con su mano izquierda apretaba y movia uno de sus pechos, mi prima excitadisima como estaba se levanto y me dijo al oido que iba a coger con la pendeja, que cuando ella me avisara yo podria cogerme a las dos, y se agacho para darme un par de besos en el pene que ya estab medio dormido.

pasado este acto mi prima se acerco a soledad y empezo a chuparle todas las tetas y pasarle sus dedos por la concha. A pesar de sus 14 años soledad tuvo un orgasmo, todos sus fluidos bajaron por sus piernas, lo cual me calento mucho.

no aguante mas y me levante, mi prima me grita como loca y me dice que todavia no dijo que pudiera c! ogerlas, le hice un gesto de indiferencia, agarre su cabeza y la lleve hacia mi pija gritando, chupamela y deja de gritarme puta. lleve mi pene hacia su boca y comenze a moverme como si su boca fuese una vagina que estaba cogiendome.

Luego le dije a soledad que se acerque y comenze a chupar sus tetas que todabia estaban mojadas con la saliba de mi prima.

saque la pija de la boca de majo y le dije a soledad que se ponga en cuatro patas, que iba a cogerla, ella dijo que era virgen y pregunto si iba a doler
le respondi que un poco al principio pero que luego no podria dejar de meterse cualquier pedazo de carne que se le cruzara.

Ella acepto, entonces le pedi a majo que humedeciera la vagina de soledad para que mi pene entrara con mas facilidad, dicho y echo mi prima chupo la vagina de soledad dejandola bien lubricada.

Entonces empece a meter mi pene lentamente, soledad empezaba a sentir el dolor y me decia que parara que le estaba empezando a doler, entonces ! le dije

-Bueno

y cuando note que sus caderas estaban relajadas m eti mi pene velozmente provocando el llanto inmediato de soledad. Continue cogiendomela por largo tiempo hasta que eyacule dentro de su vagina, la mire hacia la cara, y le dije que ahora se le iba a pasar el dolor.

La acoste sobre el piso y pase mi pene por toda su boca y tetas que continuaban temblando.

Entonces le pedi a mi prima que le calme el dolor de chuchita que yo mientras iba a cogermela hasta que vuelva a eyacular.

Al fin terminamos todos de tener sexo muy placentero, sobre todo yo que me cogi a mi prima y le rompi el himen a una pendeja de 14 años.

esto es todo, espero que les alla gustado mi relato que fue 100% real y espero sus comentarios o que me agreguen al msn a fedex_x_7@hotmail.com

Vuelo nocturno

Confusas
Entre los pétalos
Alas de pájaros
M. Shiki

Al terminar la segunda película apagué la luz, y contra el respaldo del asiento delantero plegué la mesilla en la que se apilaban dos revistas y la novela que estuve leyendo casi desde que el avión tomó pista de despegue. Tapado con el cobertor de lana hasta la mitad del pecho, Alberto, mi marido, dormía como un tronco en el asiento contiguo a mi derecha y su profunda respiración era tranquila.

Él, que casi no probaba el alcohol salvo en alguna fiesta o en ocasiones especiales, se había bebido entera la botellita de vino tinto a la hora de la cena que ni siquiera tocó. Además se había tomado dos whiskys dobles en el aeropuerto para atemperar el nerviosismo y mal humor que le producían los vuelos largos, y así conciliar el sueño durante toda la noche, sin que le importaran las turbulencias o las 12 horas de aquel viaje claustrofóbico sentado en los asientos centrales de la última fila del avión repleto de pasajeros.

A su otro lado, una bella española, andaluza y trigueña de labios carnosos y ojos color miel, también dormitaba cubierta con la ligera frazada hasta los hombros. La vi cuando tomó asiento, alisando su minifalda color marfil que descubría unas piernas espléndidas y se ajustaba al relieve prominente de su trasero. Alberto había estado charlando animadamente con ella durante la primera hora del vuelo, e incluso intercambiaron sus respectivas tarjetas de presentación. Se llamaba Fabiola, nos dijo, y era antropóloga. Ella iba también de vacaciones y se hospedaría en el mismo hotel que nosotros, donde ya la aguardaba su pareja. En la semi penumbra de la cabina, resplandecía serenamente el hermoso perfil de la mujer y sus labios tarareaban en silencio la música que llenaba sus oídos.

A mi izquierda viajaba un caballero de aspecto oriental, quizá japonés o malayo de ojos almendrados y edad indefinida como todos los seres de su raza, con el que apenas intercambié algunas frases de cortesía en mal inglés, cuando cenábamos. Sus modales eran elegantes, casi solemnes, y su rostro hierático e imperturbable. El también había estado leyendo un libro escrito en un idioma para mi indescifrable.

El avión parecía estar suspendido silenciosamente en medio de la noche que se agolpaba en las ventanillas lejanas a nuestros asientos, a mitad de un océano que kilómetros abajo era una masa oscura, inmóvil como la sombra que nos circundaba y de vez en cuando daba unos breves saltos que me hacían estremecer.

Recliné mi asiento, me envolví en la manta hasta el cuello y apoyé la cabeza sobre el amplio pecho de Alberto. Aprovechando que bajo su cobertor él llevaba el cinturón y el pantalón desabrochados para descansar más cómodo, le bajé la cremallera y abracé su miembro en reposo con mi mano. En mis auriculares Sting, María Bethania y George Michael se alternaban para cantar en voz baja y me arrullaban. Aunque casi nunca he podido conciliar el sueño en los aviones, traté de dormir. Nos esperaban diez días de vacaciones en las soleadas islas del sur a las que viajábamos por primera vez, y quería estar fresca y despejada para disfrutar del reposo en compañía de mi marido.

La sola idea de saber que unas horas más tarde estaríamos los dos desnudos tendidos en la arena me producía un efecto de sensualidad y tibia placidez. Comencé a tener pensamientos eróticos recordando la forma en que habíamos hecho el amor durante toda una tarde no lejana, a la orilla del mar turquesa de Playa del Carmen. Nuestros cuerpos dorados y resbalosos debido al bronceador, se deslizaban uno sobre otro como dos delfines en rumorosa libertad, lejos de todo apresuramiento y aislados del formalismo citadino.

Aquella vez lo cabalgué como enardecida amazona sobre las blancas arenas solitarias, mirando al sol que se mecía tras el oleaje cristalino. El viento, salobre y denso, humedecía mi frente y mis cabellos; tendido boca arriba y desde atrás, Alberto se aferraba amorosamente a mis caderas y a mis senos, pellizcándome los pezones, besándome los hombros y el cuello transpirados. Yo a la vez me acariciaba oprimiendo en círculos y con suavidad sus huevos contra mi clítoris eréctil, entregando a la luz todo mi cuerpo.

Esa tarde me vine varias veces mientras él se esforzaba en contener su propio orgasmo, y en esa posición acuclillada saqué su verga de su cálido recinto para franquearle la entrada en mi culo aceitado. Abierto, el cielo se incendiaba de violetas y naranjas y nosotros sumábamos nuestros gritos y gemidos al ronco vaivén de la marea. Además de nuestra amiga Amarilis, solamente yo era capaz de engullir enteramente su enorme largura y grosor entre las nalgas, y de disfrutar de sus briosas y dulces embestidas como loca.

Suavemente comencé a humedecerme bajo el reflujo de aquella evocación y extendí las piernas para sentir cómo se hinchaban poco a poco mi clítoris y mis labios. Me saqué discretamente la tanga sin levantarme y sin moverme apenas de mi asiento, y aferrada al pene de Alberto me sumergí en las imágenes de aquella tarde, concentrándome en las sensaciones voluptuosas que inundaban mi cuerpo. Recordé también que al regresar de la playa ese mismo día salimos a bailar a una ruidosa discoteca, y que luego fuimos al hotel para hacer el amor en compañía de Amarilis y de José, su esposo. Ella quería ser penetrada por primera vez por cada orificio de forma simultánea, y después de acariciarnos y besarnos rodando las dos en un larguísimo 69, se montó de un solo golpe y hasta la empuñadura sobre la verga magnífica de Alberto.

José se hincó tras ella luego de lubricar su ano y empujó cuidadosamente su verga que yo me había encargado de ensalivar profusamente. Debido a las sinuosas contorsiones de mi amiga y por error de milímetros, la verga resbaló al interior de la ensortijada y pelirroja vagina de Amarilis que ya estaba ocupada por el miembro de mi marido. Fue así como nuestros dos hombres llegaron al fondo de su vulva mientras ella gemía de delectación y de dolor. Yo lengüeteaba y succionaba el par de huevos que entrechocaban en los umbrales de su ensanchada abertura, contemplando las dos vergas apretadas una contra otra, entrando y saliendo, deslizándose rítmicamente en el interior de su vellosa carnosidad dispuesta al placer, hasta que Juan retomó su camino y la enculó paciente pero salvajemente hasta los pelos. A horcajadas, me senté sobre la cara de mi marido para que éste me devorara al tiempo que Amarilis mordisqueaba jadeante y sudorosa mis senos, mis orejas y mi cuello. Luego las dos cambiamos de sitio sin dejar de besarnos.

El avión avanzaba en medio de la negrura que es la nada, y las frescas imágenes de pasión que se agolpaban y sucedían en mi memoria me hacían sonreír gozosa y me provocaban escalofríos anhelantes. Me estreché más al cuerpo de mi esposo. Aquellos vívidos recuerdos del fin de semana en Playa del Carmen me calentaban tanto como los momentos de deleite que los crearon y que compartía con Alberto.

De pronto, entre la ensoñación y la vigilia sentí un roce tibio sobre mi Monte de Venus. Era la mano de mi vecino oriental y no la mía, la que se había posado sobre mi entrepierna. Mi primer impulso fue el de apretar los muslos ante la turbadora intrusión del extraño, arrojar su mano lejos de mi, incorporarme y reclamarle escandalizada por ese absurdo atrevimiento. Pero alguna incomprensible razón me impidió hacerlo. Pensé que tal vez había advertido que me había quitado la tanga, y que aquello lo había interpretado como una invitación a acariciarme. Con cierto temor, tal vez avergonzada y ciertamente curiosa y excitada, cerré los ojos y dejé que me tocara aquel desconocido a quien no habría de volver a ver después de esa noche.

Permití que su palma reposara su dulce peso y calor sobre mi pelvis, y que minutos más tarde desabrochara cada botón de mi vestido camisero hasta dejarme semi desnuda bajo la frazada.

Sin estorbos, su mano se dio a la tarea de deslizarse, lenta y sabiamente, de arriba a abajo, reconociendo la geografía de mi piel desde la doble protuberancia de mis senos hasta mis ingles, desde el anillo de plata de mi ombligo hasta mis muslos. Al cabo de un largo rato, la mano del intruso se posó semejante a un pájaro de fuego en mi vagina ya empapada.

Yo estaba petrificada por la excitación y por el miedo. Jamás una persona extraña me había tocado sin que yo lo desease y consintiera, y sin que Alberto también estuviera de acuerdo. Además de vez en cuando algún pasajero transitaba por los pasillos hacia los baños, aunque nadie, y en esas condiciones mi esposo mucho menos, podía advertir que bajo mi frazada descansara entremetida la mano tan cálida de mi compañero de la izquierda. Volví el rostro y lo miré de reojo: cubierto también con la manta hasta el cuello, el hombre permanecía con los ojos cerrados detrás de sus anteojos redondos, con la cabeza hacia el frente, inmóvil como estatua de un emperador de un reino magnífico. Sus dedos, ajenos tal vez a su voluntad y a la mía, palpaban con cuidado aunque seguros, un territorio propio, antiguamente y de sobra conocido.

Sus dedos eran largos y llenos de misterio. Con las uñas rozaba apenas mi clítoris, sumergía una yema en la humedad apretada de mi sexo y retornaba al exterior para rascar ligeramente la orilla de mis labios, lubricándome con el jugo que manaba en abundancia. Recibí la sabiduría ancestral de aquellas caricias que desde algún país desconocido y remoto en el tiempo y el espacio iban encendiendo la claridad de mi deseo.

Más relajada y dispuesta a regalarme a mi misma esa experiencia volví a reclinar mi cabeza sobre el pecho de mi marido. La tersa y hábil mano se detenía cuando percibía un mínimo movimiento de mis caderas que instintivamente empezaban a menearse y entendí el mensaje.

Bajo la manta de lana, él haría suave y cadencioso aquel masaje, imperceptible para todos los pasajeros que dormían, incluyendo a Alberto, y yo no debía moverme, tan sólo concentrarme en su disfrute pleno. Así es que contuve cualquier empuje pélvico y solamente abrí un poco más las piernas para dejar pasivamente que sus dedos continuaran crepitando en su deliciosa travesía. Flexioné una rodilla para sentarme encima de mi pie, y por mi tobillo empezaron a descender los primeros hilos de mi lubricación.

Con lentos movimientos los dedos abrían y cerraban mi sexo, entraban un poco y salían para patinar unos segundos sobre el clítoris; luego presionaba su palma entera contra mi pubis mientras uno de sus dedos exploraba dulcemente mi ano que había dilatado su estrechez, y volvía a extraerlo para dar masaje a la entrada de mi vulva. Penetraba y oprimía lo necesario para hacerme ansiar más profundamente la duplicada intrusión de sus caricias, repitiendo sin pausa ni prisa los mismos pasos una y otra vez, exasperándome casi, palpando en zigzag de abajo a arriba con delicadeza y con pleno conocimiento de los puntos donde el placer se incrementaba hasta hacerse realmente insoportable.

Aquella mano tenía la masculina rugosidad del terciopelo. Me acariciaba como si mi vulva fuera un dócil animal ajeno al resto de mi cuerpo, un gato montés domesticado, un conejo urgido de su fuerza y su fineza. Nadie, a excepción de Blanca o Amarilis quizá, que sabían sostenerme con la punta de su lengua en la cúspide de la excitación sin dejarme precipitar en la vorágine del goce, me había tocado con tal refinamiento, aunque aquel no era el momento de establecer comparaciones.

Como si doblaran secretos origamis, los dedos descendían desde el clítoris hasta el derredor del ano, entraban una y otra vez de forma breve, para aquietarse sin hacerme traspasar los linderos del orgasmo.

Luego de mucho tiempo, el hombre retiró la mano y lo vi inclinarse para sacar de su maletín colocado bajo el asiento delante del suyo una lata redonda y plana, cuyo destello añil metálico creí reconocer entre las sombras. La abrió y metió en ella sus dedos y la volvió a cerrar. Debajo de la frazada su mano regresó al selvático rumor de mi entrepierna. El ungüento con el que él había lubricado sus dedos me produjo inmediatamente un intenso calor que trepó hasta mis mejillas y me hizo percibir con nitidez las aceleradas palpitaciones de mi sexo. Aquella era una pócima extraordinaria cuya atávica composición incrementaba el fuego de un untuoso placer que me encendía, haciendo resbalar una vez más sus dedos por encima y a través de los suaves caminos por donde sus yemas se habían abierto paso con facilidad, arrastrándose sin premura y alternativamente.

Me mordí los labios y contuve la respiración para no gemir, y apreté la verga de Alberto cuando me sobrevino el primero de los orgasmos que la experimentada mano de mi compañero de viaje me obsequiaba. El goce de sus caricias era multiplicado por la intensa calidez de aquella fórmula cremosa que a partir de la raíz profunda y oculta entre mis nalgas se iba ramificando, para crecer por todos los poros de mi cuerpo y enardecer a su máxima pureza mis sentidos en flor. Mi sexo hinchado estaba extremadamente sensible a la sofisticación de su tacto y él lo supo de inmediato. Dejó nuevamente quieta su mano sobre mi pubis, con un dedo inserto en los latidos de mi vagina y otro dentro del relajado anillo del culo, como si sus falanges fuesen dos anzuelos que saborearan mis involuntarias contracciones, prolongando en mi agonía la sensación de su abrasadora destreza manual.

En silencio, con los músculos tensos, me comencé a correr nuevamente, empapada en sudor de la frente a los tobillos. Sentía estar ya fuera de mi, presa de mi deseo y a merced de la sapiencia de aquella mano que, aunque estuviese inmóvil, hacía que mi piel se erizara de pies a cabeza. El hombre interrumpió su dulce recorrido en el momento en que mis caderas empezaron a empujar ansiando más, pidiendo que los dedos engarzados en mi cuerpo entraran más a fondo y sin contemplaciones.

La verga de Alberto se había endurecido por los apretones que yo había estado dándole cada vez que sentía sobrevenir un nuevo destello del éxtasis y había crecido hasta volverse tensa, lista para mis labios que buscaron con ansia su cabeza, y la introduje en mi boca.

Empecé a succionarla al tiempo que la mano del extraño se movía de nuevo y hechizándome me llevaba a la cima de otro orgasmo. Mi esposo seguía sumido en el sueño más hondo sin percatarse del estado al que me había conducido la maestría de mi diestro compañero de viaje, ni de que mi mano y mi lengua envolvían las oscuras palpitaciones de su miembro, paladeando su enhiesta textura, mamando su progresivo grosor y gusto a dátil.

Fue entonces cuando sentí la mirada de la vecina de asiento de Alberto, y levanté ligeramente la cabeza para buscar su mirada. Sus ojos agrandados tenían una mezcla de delirio y estupefacción por la escena que observaban, pero sus labios esbozaban una leve y cómplice sonrisa. Sabiéndome mirada sin cortapisas en mi deliciosa tarea y sin importarme ya que se hubiese deslizado de su sitio la manta de mi marido, regresé golosa sobre el miembro de Alberto. Al comenzar a lamerlo otra vez, aún viniéndome, advertí que bajo el cobertor de Fabiola se movían sus manos nerviosas.

Sin dejar de chupar y envuelta en el oleaje del prolongado orgasmo, estiré mi brazo bajo la manta de la española donde encontré su propia mano. Ella se acariciaba con rapidez mirando el espectáculo de la verga de mi marido entre mis labios. Sin decirle nada, aparté suavemente su mano de su sitio, y puse la mía encima de la sedosidad depilada de su pubis. No tenía ropa interior y mis dedos hallaron de inmediato su clítoris tan erecto como el mío. Metí un dedo en aquella cueva mojada y empecé a masturbarla con la misma ternura que el oriental me acariciaba desde hacía no sé cuántas horas.

Los dedos de Fabiola se disolvieron entre los cabellos revueltos de mi nuca, empujándome hacia abajo para que mi garganta se llenara de la verga de Alberto hasta los huevos resbaladizos, e imprimió un ritmo cadencioso a mi mamada. Me quité un instante para lamer la base del miembro de mi marido, y ella se inclinó para absorber la hinchadísima cabeza que mi otra mano le brindaba.

Alberto continuaba dormido, respirando pesadamente. Introduje otro de mis dedos entre los blandos pliegues de la chica, y di un suculento masaje a su clítoris inflamado. A lo largo de media hora que me pareció eterna, mi boca se unió a la suya, besándonos en torno a la punta de la verga de mi marido, hasta que eyaculó un primer chorro espeso que recogimos las dos con las ávidas lenguas, absorbiendo después los que vinieron y el sabroso miembro volvió, seco por nuestras bocas, a su estado normal sin achicarse.

Ella se echó para atrás contra el respaldo de su asiento y separando aún más las piernas apretó mi mano con las suyas cuando sintió llegar un orgasmo explosivo, al tiempo de que los cálidos dedos del extraño me conducían en vilo hacia la cumbre de otro orgasmo, éste más suave que los anteriores pero también más alto y ensanchado.

Después que el oriental retiró su mano yo dejé chapotear mis dedos en la caliente lubricación que derramaba el sexo mullido de Fabiola, hasta que encendieron la luces de la cabina y entonces tuve que incorporarme con prontitud para cubrir a Alberto y recobrar la compostura antes que las azafatas empezaran a desfilar por los pasillos llevando y trayendo bandejas con agua, café y jugos de fruta.

Desde el hombro de mi marido le sonreí a Fabiola y ella se acercó para besar mis mejillas brevemente y decirme al oído, suspirando: –Eres maravillosa y quiero follar contigo en cuanto nos instalemos en el hotel. Voy a hacer que me alojen en un cuarto junto al vuestro– añadió sonriendo en medio del resuello. Su cabello olía a hierbas silvestres y su aliento conservaba el inconfundible sabor de Alberto. La maravillosa eres tú– le regresé el piropo y fui sincera al decírselo. Yo no me atrevía a volver el rostro hacia el vecino de asiento que me había proporcionado aquellas horas majestuosas en la privilegiada sombra del vuelo. Mi marido despertó minutos después del aterrizaje.

Alberto esperaba impaciente a que salieran nuestras maletas en la banda transportadora cuando vi a lo lejos a mi compañero de viaje frente a la ventanilla del cambio de divisas. Aproveché para acercármele por la espalda al momento que el cajero le daba monedas y billetes. Quería expresarle mi gratitud por aquellas intensas e infinitas horas de placer que me había prodigado entre la oscuridad nocturna. El también me miró, hermético y contenido, sin traslucir emoción de ningún tipo.

Thanke you –le dije con la más amplia de mis sonrisas, satisfecha.

De nada, señora –me respondió inmutable en perfecto español y con marcado acento norteño–, el placer ha sido mío. Aquel hombre de pulcro asppecto oriental a quien debía tantos y tan magníficos orgasmos era tan mexicano como yo. Xicoténcatl Terreros Pérezluna, traductor del árabe y el hebreo, catedrático de griego y latín en una universidad chihahuense, rezaba la tarjeta de presentación que me dio junto con la pequeña lata envuelta en mi tanga todavía húmeda. De inmediato las guardé en mi bolso de mano.

Consérvela en memoria de este viaje –me dijo– a usted yo la recordaré de hoy en adelante para siempre. Sorprendida y sin responderle o darle las gracias en nuesstro idioma común, regresé rápidamente con Alberto que ya había recuperado el equipaje y el sentido del humor, y salimos del aeropuerto.

En el taxi camino al hotel, me sobrevino otro orgasmo, sin aviso previo, sin estímulo de ninguna especie. El ungüento seguía haciendo su efecto y abrí la ventana con el propósito meter el rostro entre las húmedas ráfagas del día, al tiempo que hacía esfuerzos para que no se notaran mis jadeos. Aspiré a bocanadas el viento del verano austral.

Luego de haberme bañado en el jacuzzi con abundante espuma y de recobrar nuevamente la frescura, y mientras Alberto entraba a tomar una ducha que le devolviera la plenitud de su conciencia, salí al balcón del cuarto del hotel para que el aire secara mi piel y llenara de yodo mis pulmones. Aún me palpitaban, abultados, los labios inferiores.

Ahí, frente al mar y a cielo abierto abrí el bolso y saqué la lata azul metálico de su envoltorio de satín y encaje. Para mi asombro, la pequeña lata era similar a la que yo llevaba en mi equipaje, dentro del maletín donde guardaba los bronceadores, el perfume, las cremas y un par de vibradores. Era la misma crema humectante que utilizo desde la adolescencia para quitarme el maquillaje que ocasionalmente aplico sobre mis pestañas y párpados. No tenía nada de mágica o de ancestral como supuse, o como mi imaginación desbordada me hizo creer, cuando la mano de mi hábil y sigiloso vecino de asiento me la aplicó para incendiarme larga y sostenidamente hasta el arrebato de mis sentidos.

No sabía si reír de mi fantástica ingenuidad o realmente tomar conciencia de que aquellos placeres sensacionales se debían a una simple y sencilla crema limpiadora del cutis, y que la mano prodigiosa que me había transportado en un tumultuoso viaje hacia mis laberintos interiores era realmente poseedora de una sapiencia milenaria, una sabiduría acumulada por los siglos en los que los seres humanos hemos sido capaces de reconocernos en el deseo del otro y en la entrega sin ambages o acondicionamientos. Desnuda en la terraza de un hotel desconocido, de cara un océano luminoso que me abría sus íntimos secretos y me envolvía de brisa y alegría, solté una incontenible risotada. Me sentí feliz por aquel instante, más mágico aún que los que se desgranaron durante el viaje.

Desde el balcón adosado al de nuestra habitación escuché una voz agradable y cristalina–: Hola, ¿de qué ríes, qué te ha hecho tanta gracia? Quien me hacía la pregunta era Fabiola, la hermosa española, desnuda de la cintura para arriba, vestida únicamente con un pareo transparente anudado en la cadera y mostrando sus pechos espléndidos, coronados por dos grandes y sonrosados óvalos, al sol del mediodía. Tras ella, abrazándola cariñosa por los hombros, su pareja también desnuda y mojada como yo, me sonreía intrigada. Seguramente Fabiola ya le habría contado acerca de la manera en que ella y yo nos habíamos conocido durante el vuelo. Se llamaba Rubí y el cabello dorado le caía hasta la cintura sensual de su cuerpo brasileño. Ella oprimía sus senos tiernamente a la espalda brillante y aceitada de mi nueva amiga.

Me río de la vida y con la vida, por el placer de saberme llena de sorpresas y de energía –respondí acercándome a ellas para abrazarlas y besarlas por encima de la barandilla de poca altura que nos separaba–, y less di la lata que contenía la crema milagrosa. Tendríamos diez días para compartir aquel regalo que de mi mano, o de la mano feliz del azar o la fortuna, nos llegó del cielo.

Al unir la humedad de nuestras lenguas, súbitamente sentí ascender, vigoroso y expansivo, el suntuoso temblor de un nuevo orgasmo

 

Por: Rowena Citali