¿Te has quedado a gusto, hijo mio? 3

Tras aquella segunda experiencia de placer desenfrenado con mi madre, la cual, a modo de “recuerdo”, había dejado impresos sus dientes en mi dolorida barbilla, al morderme mientras su cuerpo se debatía entre los estragos de un monumental orgasmo, los días posteriores transcurrieron con cierta “normalidad”.
Digo “cierta” normalidad, ya que, el frenesí con el que nos habíamos revolcado obscenamente en su cama, podría haber acarreado “consecuencias” al encontrarse mi madre aún en edad “fértil”.
Llevados por la lujuria y el placer más devastador, llegué a inundarle el coño con mi abundante y caliente semen. Ambos fuimos culpables, yo por gozar sintiendo palpitar mi polla en lo más profundo de sus entrañas y esparcir hasta la última gota de leche en su húmedo coño, y ella, por aprisionar mi cuerpo con sus piernas entrelazadas en mi espalda, que, de todas formas, habría imposibilitado correrme fuera.
Posteriormente me confesó que, a pesar del peligro, había gozado enormemente sintiéndose inundada por mi semen, y con haber visto mi rostro desencajado de lujuria mientras me derramaba en su coño.
Afortunadamente no se cumplieron aquellos temores.
Obviamente, mi deseo por ella, no solo no había disminuido, si no que se acrecentó por momentos.
Jamás podría olvidar el morbo de haber perdido la virginidad entre sus brazos, el recuerdo del calor, la suavidad, o el olor de su cuerpo, sus tiernas caricias, el amor maternal que desprendían las mismas, sus abrazos o besos……… o sentir los espasmos de placer de su caliente cuerpo mientras era follada por su propio hijo.
No obstante, lo último que deseaba es que mi madre se sintiera como un simple objeto sexual, y que temiera que nuestra “normal” relación madre e hijo, pudiera verse afectada.
Nada más lejos de la realidad, ya que nunca me había sentido tan unido a ella, y mi amor filial se mantenía tan fuerte e indestructible como siempre.
Decidí distanciar aquel tipo de “juegos”, manteniendo la “normalidad” familiar entre aquellos episodios de amor y lujuria desenfrenados.
No podía evitar intercalar las miradas de amor filial, con las más obscenas que se puedan imaginar, pero en general, cumplía con el papel de inocente hijo de forma diligente.
Me hizo inmensamente feliz comprobar que, tras esa segunda experiencia, y probablemente ayudada por mi “correcto” comportamiento, mi madre no mostrara los iniciales temores o recelos al tabú de las mismas.
Al contrario, la noté más segura de sí misma, incrementando la frecuencia de sus visitas al peluquero, maquillándose o vistiendo de forma más elegante.
También empecé a intuir cierta tendencia “exhibicionista” por su parte, y oculta para mi hasta ese momento, ya que, aunque se mostrara satisfecha por mi “contención”, su rostro no lograba disimular el agrado que le provocaban mis lascivas miradas, o el hecho de adquirir el tipo de lencería que más me excitaba.
En pocos días, mi pudorosa, aburrida y desilusionada madre, había pasado a dejar entrever un carácter increíblemente morboso, y posiblemente, exhibicionista.
Alguna vez la sorprendí frente al espejo de su dormitorio, comprobando como le quedaba su nueva ropa interior, en especial mirándose el culo, zona que hasta entonces, por su prominencia, la acomplejaba., y que ahora, gracias a mis caricias, empezaba a apreciar como parte excitante de su cuerpo.
“Tontamente”, comenzó a tener “descuidos” en presencia de los amigos que me visitaban. Algún botón desabrochado olvidado, alguna postura provocativa……. Todo muy disimulado, pero que yo, ya alerta ante esa nueva faceta exhibicionista de mi madre, me percataba perfectamente de su nula “inocencia”.
Ni que decir tiene, que mis amigos aprovechaban aquellos “descuidos” para devorarla con la mirada fingiendo la misma “inocencia” que mi madre.
El culmen de estos “juegos” llegó un día, en los que tres de mis amigos me visitaron para ver un partido de futbol. Mientras estábamos en el salón jaleando a nuestro equipo, apareció en el mismo mi madre, en lencería y simulando sorprenderse enormemente por la visita de mis amigos.
–       Ahhh. Perdón. No os había escuchado llegar. Vengo a buscar una cosa…..
Lejos de salir disparada de allí, y ante la atónita mirada de mis amigos, que apenas podían apartar la mirada de sus pechos o del abultamiento de su sexo bajo las bragas, se dedicó a “buscar” algo en los cajones de la librería, permitiendo con ello que regodearan la vista ampliamente.
El calentón de mis amigos fue evidente, haciendo comentarios nerviosos sobre el partido de futbol hasta que abandonaron nuestra casa.
Una vez a solas, y tan caliente como ellos, le dije:
–       Ufff. Los has puesto cachondos, mamá.
–       ¿Yo?. Ja, ja, ja, Dudo que se alteren por ver a una mujer mayor en lencería….
–       Mamá, no sé cómo decirte que estas buenísima.
–       No es para tanto, habrán visto ya más de una chica desnuda, no se van a “asustar” por verme a mí.
–       Pues ahora lo dices…. pertenecen a mi grupo de amigos porque son tan tímidos como lo era yo antes….
–       Ja, ja, ja, ja. ¿Crees que se han “fijado” en mi? (Su rostro reflejaba curiosidad por los detalles).
–       Ufff. Te han “follado” con la mirada, mamá.
–       No será para tanto.
–       Ufffff. Lo que yo te diga mamá. Y eso que estando yo delante han intentado disimular.
–       De tu amigo Alberto, me lo creo. Se le nota es más “golfo”, pero de Juan y José lo dudo, se les nota en la cara lo buenas personas que son.
–       Precisamente esos dos tienen que estar llegando a casa con la sana intención de matarse a pajas a tu costa. Alberto también, pero esos dos te han traspasado las bragas con los ojos.
La excitación de mi madre era evidente, escuchando de mi propia boca la impresión que había provocado su cuerpo en mis timoratos amigos, por lo que decidí aprovechar para tratar de satisfacer mis más oscuros deseos con ella.
Sin dejar de describirle las certeras pajas que se iban a hacer fantaseando con ella, la desnudé lentamente, dejándola de nuevo en ropa interior.
Su cuerpo palpitaba de deseo, y me desnudé mostrándole la rotundez de mi erección.
–       Mamá…. me gustaría que me la chuparas….
–       Uffff. No lo he hecho nunca…. ni siquiera a tu padre…. (sus ojos no se apartaban de mi polla).
–       Venga mamá. Por favor. Solo un poquito….
Se arrodilló ante mi mástil y comenzó a besarlo cariñosamente.
–       Uffff, que gusto mamá.
Su lengua recorrió la totalidad de mi miembro provocándome un placer indescriptible. Ver a mi madre en bragas y sujetador, arrodillada y sumisa, lamiéndome la polla lascivamente se trataba de algo sumamente morboso que incrementaba mi placer, hasta límites insospechables.
Por fin se decidió a introducírselo en la boca, al principio con algo de recelo, pero poco a poco se fue soltando, profiriéndome una mamada de campeonato y lograr embutírselo casi por completo en la boca. Jamás pensé que podría gozar tanto.
Para comprender los hechos posteriores tenéis que imaginar la escena. Mi madre arrodillada semidesnuda, con la polla erecta de su propio hijo en la garganta, y yo con las manos en su cabeza diciendo, “joder que gusto, mamá, que bien la chupas”.
Escuchamos un ruido en la puerta del salón que nos aterrorizó.
Casi nos da un infarto al ver allí, y con los ojos abiertos como platos, a mi tío Roberto, hermano de mi madre, un solterón dos años mayor que ella, algo regordete, y de carácter sumamente afable y bonachón.
Este hombre contaba con llaves de nuestro domicilio, las cuales le habían sido entregadas por “si pasaba algo” en nuestra ausencia, y que jamás había hecho uso de ellas sin llamar antes a la puerta.
Hasta ese día, en el que por la “Ley de Murphy”, había escogido el “peor momento” para hacerlo.
Mi madre se levantó rápidamente. Lo que no hizo otra cosa que dejar más a la vista mi enorme erección.
–       Pero…… Roberto……. Que…… (Mi madre no lograba decir nada congruente, ya que un “no es lo que estás pensando”, estaba de más en semejante escenario).
–       Yo…. Per per don, te tenia que que haber lla llamado. (Mi tío tartamudeaba, tan asustado como nosotros).
A pesar de lo “embarazoso” de la situación, no se me escapó un detalle…… Mi tío tartamudeaba, pero…… sin poder evitar fijar la mirada de forma alternativa sobre los pechos de su hermana, cuyos pezones erectos eran incuestionables a pesar del sujetador que los ocultaba, y el coño que se insinuaba bajo las bragas.
Durante unos minutos él intercambio de incongruencias transcurrió entre la búsqueda de palabras de mi madre, y el tartamudeo ridículo de mi tío, dando tiempo a que, hasta ella misma, se percatara de las “sospechosas” miradas de Roberto, el cual se encontraba ensimismado por completo.
Aproveché para vestirme, ya que mi erección no ayudaba a “calmar” el ambiente, sorprendiéndome que mi madre no hiciera lo propio.
Ella aparentó empezar a controlar la situación, del terror por haber sido sorprendidos en tan impropia situación, había pasado a sospechar que su hermano, lejos de encontrarse escandalizado, la miraba con ojos lascivos, y que solo su carácter timorato le impedía expresar su deseo.
Se acercó a él, le dijo:
–       Tranquilizate….
–       Pe pe pero…. Es que que yo…….
Lo abrazó y lo besó.
–       ¿Lo ves?, no pasa nada.
Roberto respondió a aquel beso fraternal, sin poder evitar entrar en erección.
–       Joder, hermanito, ¿que eso eso tan duro que tienes entre las piernas?
–       Yo…. Yo…… es que que……
–       Me he portado muy mal….. si quieres puedes castigarme, he sido muy mala….
–       ¿Qué?, que, que di dices….
Alucinado, asistí como, mi madre, “ayudó” al todavía pasmado Ramón a sentarse sobre el sofá, tumbándose ella poco después sobre sus piernas, boca abajo, de modo que le ofrecía el culo abiertamente.
–       Azótame, he sido muy mala.
Su hermano, evidentemente más excitado que asustado, lo comprendió al instante, y la azotó sobre las bragas, con la fuerza suficiente para hacer ruido, pero sin llegar a lastimarla.
–       To to toma. Ma ma mala.
Mi madre simulaba intentar resistirse al “castigo” con tal convicción que acrecentó el morbo hasta límites insospechados.
Mi tío, con rostro irreconocible, poseído por la lascivia más absoluta, no solo la “azotaba”, si no que aprovechó para manosearle el culo a su cada vez más sumisa hermana.
Aquello me excitaba sobremanera, no solo por el comportamiento exhibicionista o sumiso de mi madre, si no también por el carácter y personalidad de quien le infligía aquel obsceno castigo; su propio hermano. Un hombre de aspecto tan bonachón e ingenuo que solo provocaba ternura entre quienes le conocíamos y ahora se comportaba con mi madre como el más pervertido de los hombres.
–       Te voy a castigar como mereces, estos azotes son poco castigo para ti. (Me sorprendió que hubiera dejado de tartamudear y su voz se mostrara tan segura)
–       Haz conmigo lo que quieras, me has pillado con mi propio hijo y me merezco cualquier cosa de me hagas.
Ramón se incorporó, y demostrando que bajo su orondo aspecto escondía una fuerza inaudita, tomó a mi madre en brazos sin demostrar esfuerzo.
La llevó en brazos hasta el dormitorio, y los seguí previa invitación de mi madre, la cual, demostrando su morbo exhibicionista, deseaba que presenciara cuanto pudiera suceder.
La dejó caer sobre la cama, y Ramón se desnudó completamente en apenas unos segundos.
Aluciné viendo su cuerpo sumamente peludo incluso en la espalda, que le confería un aspecto de “oso”.
Pero lo más sorprendente fue ver la enorme erección de su venosa polla, inversamente proporcional al carácter ingenuo y bonachón de mi tío.
Mi madre, tumbada y sumisa, sonrió al ver el estado de excitación de su hermano.
Ramón se tumbó a su lado, y prácticamente le arrancó las bragas con sus enormes manos, mientras la besaba en la boca.
En aquellos momentos, completamente poseído por un deseo irrefrenable, Ramón aparentaba estar más cerca de tratarse de un animal en celo a punto de “violar” a mi madre, que del cándido e ingenuo tío que nos visitaba frecuentemente y que le encantaba comerse cuanto le pusiera su hermana en el plato.
A pesar del tamaño de su polla, la evidente humedad del coño de mi madre, facilitó que Ramón pudiera penetrar a su hermana hasta la misma base de los cojones.
Ella alternaba la mirada entre el hermano que la follaba y su propio hijo que lo presenciaba sin perder detalle.
Las salvajes acometidas de un desenfrenado ramón sobre el cuerpo de su hermana, provocaban que el cabecero de la cama chocara con la pared, escuchándose un “blom, blom, blom” con cada una de ellas.
Mi madre gemía de placer mientras su hermano emitía sonidos guturales indescifrables.
–       aggggsss, ggggguas…. Mmmmggssssggg (Blom, Blom, blom)
–       ¿Te gusta follarme? (Blom, Blom, blom)
–       Agggggssdd, gfffdddsssss, que ganas tenía de metértela, jamás pensé que lo conseguiría…. Aggggggsss (Blom, Blom, blom)
–       ¿De verdad te gusta mucho follarme?, seguro te has follado mujeres mucho mejores. (Blom, Blom, blom)
–       Aggggsddf este es el mejor polvo de mi vida agggss grssrrrs, tienes el coño más caliente y húmedo que he probado (Blom, Blom, blom)
–       Mmmmmm, te quiero…….. (Blom, Blom, blom)
–       Agggsffgg , no puedes imaginar la cantidad de pajas que me he hecho soñando con este momento. (Blom, Blom, blom)
Mi madre se abría de piernas cuanto podía, al tiempo que le pellizcaba los pezones a su hermano, gimiendo ambos como dementes al tiempo que proseguían los bom, bom, bom, al ritmo de las acometidas.
Esta vez, me preocuparon menos los alaridos de placer de mi madre al alcanzar el orgasmo, ya que, aunque con seguridad traspasaron las paredes y pudieron ser escuchados por los vecinos, no añadió el “hijo mío” habitual, que lo hubiera convertido en escandaloso.
Mi tío, enardecido al notar los espasmos de su hermana, incrementó más aún el ritmo de las embestidas, y terminó inundándole el coño de semen entre los gemidos más obscenos puedan imaginarse.
Mi polla aullaba de deseo. Y una vez que mi tío sacó su miembro de mi madre, decidí tomar el relevo.
Completamente sumisa y extasiada por su reciente orgasmo, la ayudé a colocarse a cuatro patas sobre la cama.
Viendo gotear los restos de semen de mi tío de su empapado coño, decidí explorar otro camino.
Ramón se percató de mis perversas intenciones, y se dirigió rápidamente al cuarto de baño para buscar vaselina.
Él mismo le embadurnó el ano a mi madre, llegando a introducirle un dedo para lubricarla profundamente.
La sumisión de mi madre acrecentaba el morbo de la situación. A cuatro patas, con los pezones erguidos apuntando al colchón, y su culo prominente en pompa, esperaba ser sodomizada por su propio hijo sin poner la más mínima objeción.
Fuera de mí, tras separarle los cachetes del culo, le coloqué la punta de la polla en su “cerrado” ano.
Empujé con fuerza, consiguiendo introducirle los primeros centímetros con relativa facilidad.
Notaba la estrechez de su culo envolviendo mi miembro.
Volví a empujar, pero aumentó la dificultad al no haber profundizado hasta allí la vaselina.
Lo reintenté con mayor ímpetu, haciendo que mi madre aullara notando como, su propio hijo, prácticamente le desgarraba el culo.
–       Para, para, que me rompes el culo… hijo mío, para.
A pesar de sus “suplicas”, no paré hasta lograr introducirle la totalidad de la polla y sentir su culo rozándome los cojones.
La sensación de envolvimiento en un lugar tan estrecho y caliente sobre mi polla, me provocaba un placer brutal.
Ramón alucinaba sin poder perder detalle de como sodomizaba a mi madre.
Comencé a embestirla, logrando que sus aullidos de dolor pasaran a ser de placer.
–       Dame fuerte, hijo mio. Mmmmmmm que gustazo….
–       ¿Te gusta que te rompa el culo, mamá?
–       Mmmmmm meee eeeencanta
En aquella postura, con su culo a mi merced, aproveché para azotarla sin dejar de sodomizarla.
Ella, extasiada, se acariciaba el clítoris con una mano mientras mi polla entraba y salía de su culo.
La sodomicé largamente, recreándome cuanto pude con su maravilloso y estrecho culo.
–       Ya tienes el coño lleno de leche…. ahora te voy a empantanar el culo, mamá.
–       Siiii, quiero sentir tu leche….
Me corrí como un poseso, inundándola en lo más profundo de su culo de semen caliente y espeso.
Sin esperar a que llegara a sacarle la polla del culo, Ramón, que había estado masturbándose sin perder detalle, se acercó al rostro de mi madre, dejándole la cara y el pelo perdidos.
Ella incrementó sus propias caricias sobre el clítoris y se corrió entre espasmos de placer.
Tras unos minutos de relajación, mi madre, con el rostro, el coño y el culo encharcados de leche, sumamente sonrojada y mirándonos a la cara, nos preguntó ¿os habéis quedado a gusto?

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