¿Te has quedado a gusto, hijo mio? 2

Tras aquel inolvidable día en el finalicé penetrando e inundando de semen caliente y espeso el cuerpo de mi propia madre, tras lo que había comenzado como un simple e inocente “juego” de intercambio de golpes con almohadas, los días transcurrieron sin que no solo no se repitieran los hechos, si no que, incluso, su rostro evidenciaba una preocupación o arrepentimiento profundo, aparentando intentar evitarme.
Por mi parte, en ningún momento sentí haber hecho nada malo, todo lo contrario, aquella experiencia, además de sumamente satisfactoria, había surgido y finalizado de la forma mas natural e inocente que pudiera imaginarse.
Evidentemente, y por motivos obvios, no se trataba de algo que pudiera contarse a los amigos como si tal cosa, nadie en su sano juicio charlaría con una cerveza en la mano sobre lo mucho que había disfrutado acariciando, besando, penetrando y corriéndose sobre su propia madre, o lo enormes que podrían ser los orgasmos de ésta siendo penetrada por su propio hijo.
Aquello había ocurrido en la intimidad y en un ambiente de amor y cariño maternal tan indiscutibles, como para que en ningún momento pudiera sentirme arrepentido por ello, y mi amor, cariño y respeto por ella, lejos de disminuir se habían agrandado, por mucho que algo como llegar a impregnar su rostro de semen pudiera tratarse de algo, cuando menos, impropio.
Aunque comprendiera sus dudas, recelos o temores, ya que el tabú era demasiado fuerte, y mas para ella, me incomodaba aquella actitud por su parte, ya que difícilmente podría haber visto en mí el más mínimo atisbo de “arrepentimiento” o disminución de mi amor filial por ella.
A pesar de tratar de “evitarme”, logré acorralarla para charlar con ella.
–       Mamá, tenemos que hablar….
–       Lo sé…. lo siento…. no debería haber pasado…. soy tu madre…. tu no hiciste nada malo…. la culpa fue mía…. yo era la que tenía que haber parado “aquello” …… tu eres muy joven y las hormonas y la inexperiencia te cegaron, pero yo soy adulta y debí haberlo parado desde el primer momento….. ¿Qué pensaras de mi? …..
–       ¿Pensar?, pues lo mismo de antes, que te quiero, mamá….
–       Y yo a ti, hijo mío…. pero…. que vergüenza……
–       No seas tonta mamá. Jamás podría avergonzarme de ti, y menos por haberme provocado tanto placer. Soy mayor de edad y no me violaste. Yo deseaba hacerlo y sé perfectamente que con ninguna otra mujer me hubiera sentido tan a gusto para perder la virginidad como contigo.
–       Eso también me preocupa…. tendrías que haber experimentado con otras chicas no con una mujer vieja y regordeta como yo….
–       Ja, ja, ja, ja. ¿Vieja y regordeta? Mamá, estas buenísima. No tienes que envidiar nada a ninguna “chica”, cuantos quisieran poder tocarte siquiera. Soy un verdadero afortunado por haber podido gozar con tu cuerpo.
–       No seas zalamero, hijo mío. No intentes halagarme.
–       ¿Halagarte?. Me quedo corto. Tienes unas tetas durísimas, y dudo mucho que jamás “pruebe” otro coño tan caliente y sabroso como el tuyo. Se la pondrías dura a cualquiera, y a mi, más.
–       Ufff, calla, que me vas a avergonzar otra vez.
–       Te repito que no tenemos que avergonzarnos de nada, mamá. Me hiciste inmensamente feliz y disfruté enormemente haciéndote el amor. Además……. Tu también disfrutaste.
Observé que se ruborizaba. Al parecer, había asimilado que yo, por mi juventud e inexperiencia hubiese llegado tan lejos, pero se avergonzaba de su propio placer.
–       ¿Yo?….
–       Mamá, por favor…. Soy inexperto, pero no tanto. No te avergüences por ello. Me encantó notar como te corrías de gusto.
–       Venga, calla ya. (Su rubor era patente)
Deseaba decirle cuanto ansiaba poder volver a penetrarla, y que durante aquellos días posteriores en los que prácticamente me había ignorado, me había masturbado como un loco recordando su cuerpo ardiente entre mis brazos. Pero decidí postergar ese momento, fingiendo desear algo menos cercano a romper el tabú que le inquietaba.
–       Aquello fue maravilloso, mamá. No me gustaría perder la oportunidad de seguir disfrutando por un “simple” tabú.
–       ¿Simple?. Penetrarme no es un “simple” tabú, hijo mío.
–       Bueno…. si para ti “eso” es demasiado fuerte, podríamos practicar algún otro tipo de “juego” y disfrutar sin hacer nada malo.
–       ¿…..?.
–       No se…. podríamos…. por ejemplo…. bailar abrazados en ropa interior…. besarnos…. “alguna” caricia…… me gustaría que sintieras todo mi amor mientras te abrazo….(Puse mi rostro más inocente).
–       …… pero….. ¿prometes no intentar nada mas?
–       Por supuesto. (Jamás he mentido mejor).
Sin darle tiempo a que pensara cuan mentiroso podría ser un hijo con deseo de follarse a su propia madre, busqué una sintonía de música lenta en la radio, y tras desnudarme manteniendo el slip, (en demostración de mis “buenas” intenciones), la invité a hacer lo mismo, con mi mejor sonrisa en los labios.
Mi madre se desvistió con elegancia, y pude comprobar que las bragas y sujetador de color negro que portaba, se adherían excitantemente a su cuerpo como una segunda piel.
Mi miembro comenzó a alzarse antes de abrazarme a ella e iniciar el “baile”.
–       Ya sabes, hijo mío…. “solo” bailar, besarnos y caricias….
–       Por supuesto, mamá. Lo he prometido.
Nos abrazamos, y casi de forma instantánea mi polla terminó de alzarse por completo, provocando una sonrisa “nerviosa” en mi madre al percibir la dureza y calor de mi miembro en contacto con su cuerpo, y el deseo que esto manifestaba.
–       ¿ya?.
–       Si mamá, te quiero y estaba deseando poder “abrazarte”.
Abrazados, comenzamos a bailar con los sones de música romántica. Apresuradamente, nuestras bocas se encontraron, entrelazando las lenguas sin ningún tipo de cortapisa.
La humedad y sabor de su boca me provocaron un placer brutal, y de forma refleja mis caderas “empujaron” en dirección a su cuerpo.
Sin dejar de abrazarla, mis manos fueron recorriendo su cuello, la espalda…. hasta llegar a su prominente culo, el cual sobé con ansia sobre la lencería,
Me excitaba el tacto de sus bragas y la suavidad de aquella tela.
Mi madre, aunque en todo momento había aparentado desear mantener la “serenidad”, ante la intensidad de nuestros besos o las caricias que le profesaba, poco a poco abandonó la pasividad, y noté como sus caderas también “empujaban” en dirección a mi erecto miembro, deseando “sentirlo” con mayor intensidad.
La lascivia y el deseo que desprendía aquel baile eran mas que evidentes, nadie que nos hubiese visto abrazados en ropa interior, besándonos con aquel ímpetu, y mis manos deleitándose en su culo, hubiera podido dudar del carácter obsceno de nuestros actos, sin que nuestra condición de madre e hijo pudiera mitigar semejante impresión.
Mi excitación aumentaba por momentos, y más cuando mi madre, a pesar de sus intentos de mantenerse “serena”, apenas lograba ahogar los gemidos de placer que mis besos o caricias le provocaban.
Sus pechos se clavaban en el mío. Nos desplazábamos bailando en tal grado de excitación que llegamos a tropezar con el mobiliario del salón varias veces.
El baile y el placer se prologaron hasta hacerme temer que iba a correrme en cualquier momento.
Mi madre, notándome tan excitado, (o asustada por su la suya propia) pareció temer que nada pudiera detenerme, y dijo:
–       Estate quieto…. voy a desfogarte, que te estas lanzando. (En aquellos momentos mis manos se habían introducido ya bajo sus bragas)
Deshizo el abrazo y se colocó de espaldas a mí. Noté sus erectos pezones y el calor de su cuerpo tras de mi. Me besó tiernamente en la nuca, introdujo su mano bajo mi slip, y tras acariciarme los huevos suavemente me agarró el miembro.
Flop, flop, flop, flop. Comenzó a masturbarme.
–       Uffff, mama…….
–       Flop. Flop. Flop… Joder…. Que dura la tienes. Hijo mío.
–       Eres tú la que me la pone tan dura, mamá. Te amo y te deseo… estás buenísima….
–       Flop, flop, flop… ¿Te gusta como te la meneo?… flo, flop, flop.
–       Ufffffffff, me muero de gusto, mamá.
–       No te vayas a correr en el suelo que está recién fregado… flop, flop, flop.
No podía ver su cara mientras me masturbaba al encontrase a mi espalda, pero me la imaginé sonriendo sabiendo que iba a provocar que me corriera de gusto
Cuando comprendí que no podía aguantar más placer, me di la vuelta a toda prisa, y casi sin tocarme, mi polla comenzó a palpitar, vertiendo oleada tras oleada de semen que impregnaron su barriga y bragas por completo.
–       Uffff. Que corridón, te habrás quedado a gusto hijo mío, me has puesto perdida.

Efectivamente, el volumen y el contraste de los grumos de leche blanca sobre sus bragas negras era espectacular, y habría bastado para provocar un ataque de apoplejía fulminante a cualquier pudorosa persona que entrara en esos momentos en la habitación, y sorprendiera a mi madre así, sabiendo quien era el propietario de tan ingente cantidad de semen y el modo de llegar a las mismas.
Aquella visión me provocó un morbo brutal y volví a abrazarla con fuerza, la besé con ímpetu feroz, notando la humedad de mi propio semen en la barriga al entrar en contacto con su cuerpo.
Poco a poco, con la oposición “decreciente” de mi madre, sin dejar de abrazarnos y besarnos, la fui empujando paso a paso en dirección a su dormitorio.
Deseaba romper la “promesa” y follarla al precio que fuera, ella lo percibía perfectamente a tenor del ansia con el que me comportaba y la nueva dureza de mi polla en contacto con su cuerpo
La tumbé sobre su cama apenas sin esfuerzo, por mucho que sus “no, no, no, no” aumentaran de forma directamente proporcional a la cercanía del dormitorio.
La miré de la forma más obscena se pueda imaginar, notando el impacto que tal mirada provocaba en el rostro de mi “sumisa” madre.
Esta vez no llegué a quitarle las bragas que obstaculizaban mi deseo por follarla inmediatamente, si no que aferrándolas con ambas manos las desgarré por completo.
Mi madre soltó un “ohhhh” asustada por el ímpetu de mis actos.
La acaricié y besé de nuevo. Luego le restregué la punta de la polla por la extensión de su sexo, sin llegar a penetrarla.
Mi madre gemía de placer sintiendo mi polla restregarse de esa forma tan obscena sobre su húmedo coño.
Nos mirábamos a la cara expectantes.
Sorprendentemente las caderas de mi madre comenzaron a alzarse “buscando” aquella polla que le provocaba tanto placer.
Me mantuve quieto con la punta del miembro en la entrada de su coño, para que aquel movimiento provocara una “auto penetración”.
Efectivamente, los primeros centímetros de mi polla penetraron en su mojado sexo por el propio empuje de sus caderas, a pesar de encontrarse tumbada de espaldas.
Tras esto, empujé con fuerza hasta penetrarla por completo. Sus gemidos se convirtieron en verdaderos alaridos de placer cuando comencé a bombear con fuerza las caderas sobre su cuerpo, hasta tal punto que, tuve en algún momento que taparle la boca con la mano, ya que podrían haber sido escuchados por los vecinos, lo que unido a que se trataba de una señora separada, o que me llamara “hijo mío”, entre gemido y gemido, hubiera provocado un escándalo vecinal.
Me excitaba ver su rostro descompuesto por el placer, o como abría los parpados con cada acometida de mis caderas.
Abierta de piernas al máximo, acabó abrazando con las mismas mi espalda, como le aterrorizara la idea de que pudiera “escaparme” y dejar de follarla.
–       ¡!!Fóllame¡¡¡¡ ¡no pares hijo mío, por lo que más quieras no pares¡, ¡que polla más rica tienes, cabrón¡, ¡me estas matando de gusto¡
De repente alzó la cabeza y me mordió la barbilla, su cuerpo comenzó a dar muestras de alcanzar un brutal orgasmo entre espasmos de placer.
Llegó a dejarme marcados los dientes en la barbilla y las uñas en la espalda. Pero gracias a aquel “mordisco”, sus alaridos no llegaron a escucharse en todo el edificio.
Mi placer era indescriptible, por lo que aguanté poco más embistiéndola a pollazos.
Me corrí como un poseso, derramando toda mi leche dentro de mi madre. Una tras otra, las palpitaciones de mi polla, encharcaron su coño hasta saturarlo.
Cuando por fin deshice el abrazo, y mi madre notó los regueros de semen resbalar entre sus muslos, volvió a preguntarme…… ¿te has quedado a gusto, hijo mío?

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