Mi novia y yo convertimos en puta a mamá

Primera Parte

Apenas mi papá se fue de la casa, decidí que debía romperle el culo a mamá. Esa noche como tantas otras al sentir que estaban teniendo sexo, por los inconfundibles gemidos de ella que tanto me excitaban, salí de mi cuarto por la puerta de vidrio que daba al jardín y me deslicé hacia el suyo, que quedaba al lado, para ver si podía espiarlos o por lo menos sentir mas nítidamente sus suspiros y gemidos.
En esta ocasión la cortina estaba casi completamente corrida de manera que no me era posible observar con claridad, sin embargo no tanto como para que no pudiera observar que ella se encontraba en posición de perrito y mi padre la clavaba por la vagina con fuerza y rapidez. Se notaba que ella lo estaba disfrutando mucho (y no dudo que él también). Me encantaba ver sus senos bamboleantes a cada acometida y su carita con los labios medio abiertos y los ojos cerrados, el cerquillo rubio de su cabello lacio que cubría su ceño ligeramente fruncido en un gesto que por si solo bien valía una tremenda eyaculada. De inmediato me saqué la polla y comencé a pajearme con cuidado de que no me fueran a ver. Noté que él estaba especialmente excitado por lo que deduje que esa noche lo intentaría una vez más. La verdad es que lo mejor de mi madre es su maravilloso culo bien paradito y redondo, de nalgas firmes y grandes, bien proporcionadas, sin sombra de celulitis o cualquier imperfección a pesar de los 37 años de edad que contaba, de manera que no me sorprendía que mi papá cada cierto tiempo intentara romperle el culo, sino que fuera tan torpe y, como es lógico dado su pobre manejo, su ningún éxito.
Yo lamentaba mucho su ineptitud para persuadir a mamá, porque no imaginaba mayor placer que ver ese culo tan bello siendo partido en dos por la buena tranca de mi padre, entre paréntesis; que me enorgullece haber heredado, y esta vez no fue diferente. Sin mediar aviso alguno sacó la polla de su vagina y la enfiló hacia el agujerito del culo lo que hizo que mamá reaccionara violentamente saliéndose de la posición.
Sin embargo lo que sí no esperábamos ni ella ni yo fue la reacción de papá que no pudo controlar su mal humor y estalló en una serie de improperios que jamás le había escuchado. La trató muy mal a mi pobre mamita y entre otras cosas le dijo que ya estaba harto de sus prejuicios y complejos y que se iba de la casa con una persona que sí supiera satisfacerlo de verdad. Pobre, después de 18 años de casado (yo tenía 17 entonces) sabe Dios cuántas veces lo habría intentado y ahora su frustración era insostenible. No dudé de que se habría conseguido una buena puta que le soltara el trasero y que harto de las reticencias de mamá, se largaba con la susodicha.
Yo, hay que decirlo, me alegré muchísimo porque me di cuenta de que eso me dejaba el camino libre y que ahora sí podría hacer realidad mi más apreciado sueño; destrozarle el culo a mi mami. Esa misma noche mi padre metió en una maleta todo lo que pudo y se largó vociferando y dando un portazo sin importarle si yo escuchaba o no sus invectivas en contra de mi madre. No me pareció la conducta de un caballero.
Mi madre se quedó consternada y cuando se dio cuenta de que la cosa iba en serio no pudo evitar ponerse a llorar. Yo sentía esos sollozos entrecortados y la veía echada en la cama boca abajo con la cara enterrada en la almohada, probablemente para evitar que yo la escuchara, y la visión de su bellísimo culo, que se paraba más por la posición en que se encontraba, así como su evidente desolación hizo que tuviera un tremendo orgasmo y que eyaculara en contra del vidrio de la puerta de su cuarto. Me salió una buena cantidad de leche que no me molesté en limpiar, quién sabe, como una especie de marca o seña de lo que me proponía lograr, algo así como el inicio de la toma de mi nuevo territorio.
Me fui a dormir muy satisfecho esperando que cuanto antes llegara el nuevo día para contárselo todo a mi novia Sonia y juntos preparar el plan que hiciera posible mi tan ansiado sueño.

A la mañana siguiente me encontré a mi mami en la cocina preparándome el desayuno. Aun no se había vestido por lo que se cubría con una bata de felpa que le llegaba hasta las rodillas, me recibió con una sonrisa y me preguntó qué deseaba tomar. Se acababa de duchar y tenía el cabello mojadito y peinado para atrás de modo que se le veía muy bien su precioso rostro. Era evidente que intentaba hacer como si nada hubiera ocurrido y que quería demostrar frente a mí buen ánimo. Me pareció que lo mejor era tomar el toro por las astas de manera que le dije que ya lo sabía todo y que lo lamentaba pero que no había podido dejar de escuchar lo gritos de papá. La pobre se derrumbó de inmediato y sus ojos azules se le llenaron de lagrimas, cruzó los brazos sobre su busto y bajó un poco la cabeza poniéndose a llorar nuevamente. El cerquillo se le vino hacia la frente y le cubría un poco los ojos como tanto me gusta a mí, por lo que sentí cómo se me paraba la polla con una fuerza tremenda. Sin perder el tiempo la abracé con cuidado de que no sintiera mi erección ya que no me interesaba que tan pronto se diera cuenta de mis intenciones. Ella se abrazó a mí sin dejar de sollozar y yo aproveché para, sin que se percatara, aflojarle un poco la bata de modo que sus senos quedaron a la vista. Mientras le acariciaba la cabeza y trataba de consolarla se los rozaba con mi antebrazo y mi codo. Sentir la suavidad de su piel y la firmeza de su par de tetas me produjo un placer intensísimo, tanto que no me molesté en ocultar un prolongado gemido que mi madre seguro confundiría con un sollozo de mi parte producto de mi pena por la nueva situación que enfrentábamos.
No me pude controlar y aflojé todavía más su bata por lo que aparecieron sus braguitas blancas y sus muslos perfectos, el culo no se lo podía ver porque habría tenido que quitarle toda la bata y todavía no era tiempo de hacer eso, pero de todos modos yo estaba a punto de tener un orgasmo de aquellos, de manera que antes de que mi mamita se diera cuenta de que estaba prácticamente desnuda delante de mí le dije que no se preocupara, que yo nunca la dejaría y que juntos saldríamos adelante, acto seguido le levanté el rostro y le estampé un soberbio beso en los labios que hizo que abriera los ojos como platos, no le metí la lengua a la boca porque me pareció que eso habría sido demasiado radical, pero si me demoré un poco en sus labios degustándolos como un adelanto de lo que vendría pasado el tiempo. Yo mantenía los ojos medio abiertos cuidando de que ella no se diera cuenta de que la observaba y vi como se quedaba sorprendida por el beso, pero no atinó a rechazarme ni a decirme nada, probablemente porque lo atribuiría a un exceso de celo de mi parte o de buena voluntad que ella no quiso estropear con malas interpretaciones. Así era ella de buena y linda.
Me separé y se me quedó mirando con sus ojazos muy abiertos sin decir palabra, estupefacta, por lo que yo aproveché para mirarla a sabor y apreciar su bien formado cuerpo. Antes de que reaccionara decidí adelantarme diciéndole; Mamita no me había dado cuenta de que tenías un cuerpo tan hermoso, tienes unos senos maravillosos y tus piernas no se quedan atrás, pero mejor será que te tapes porque hay que tener en cuenta que aparte de ser tu hijo soy un hombre y no estaría bien que me excitase mirándote. Ella recién se dio cuenta de cómo estaba y se puso colorada lo que hacía que se le viera preciosa, rapidito se acomodó la bata y salió jugando con una broma; “me alegra que pueda excitar a todo un jovencito buen mozo como tú”. Yo sonreí y la volví a abrazar y a besar esta vez castamente en ambas mejillas.
Después de tomar juntos el desayuno en un ambiente mucho más distendido, salí para la escuela donde ansiaba encontrarme con Sonia y ver la cara que pondría cuando se enterara de la buenas nuevas.
Efectivamente Sonia se mostró feliz, no cabía en sí de gozo, tanto que me puse celoso y le recordé que yo sería el primero en romperle el culo a mamá y que sólo después ella podría sodomizarla a su vez con ese enorme pene de látex que le gustaba usar con las chiquillas a las que seducíamos.
En lo primero que nos pusimos de acuerdo fue en que no podíamos apresurarnos, debíamos hacer las cosas con calma avanzando paso a paso no importara cuanto tardáramos. Había que tener en cuenta la infructuosa experiencia de papá que a lo largo de tantos años no había logrado nada. Naturalmente nosotros no cometeríamos las mismas torpezas de él sino que llevaríamos el curso de los acontecimientos de manera que fuera inevitable que ese culo tan bello fuera nuestro. En ese sentido decidimos esperar las dos semanas que faltaban para que terminaran las clases y aprovechar las vacaciones de verano para abordar mas decididamente nuestro propósito. De todos modos yo aumenté las horas en el gimnasio para marcar todavía más mi cuerpo porque quería que mi mamita se enamorara de mí y me deseara sinceramente, que se excitara pensando en mí, que se masturbara, que se metiera un consolador enorme soñando conmigo. Aunque mi cuerpo estaba bastante bien me entregué a mis ejercicios con la furia que nos otorga el amor mientras esperaba que llegara la hora.

A los pocos días me llamó por teléfono papá y concertamos una reunión en un departamento del centro, donde se hospedaba. Aprovechó para llamar por teléfono una hora en que sabía que mamá estaría en sus clases de danza moderna, que eran su adoración y que estoy seguro contribuirían a forjarle ese cuerpo de diosa que tenía. Así que me reuní con él sin que mi mamá se enterara. Me recibió una mujer joven, unos 25 años, con una facha de puta que confirmó mis suposiciones con respecto a él. Apenas la vi pensé; “esta se lo come todo”. Me examinó de arriba a abajo con ojos demasiado explícitos para mi gusto sensible y me llevó donde estaba él. Por supuesto papá me dio el discurso del caso; que mamá era su adoración, que él la quería mucho, pero que lamentablemente algunas posiciones insalvables, etc. Yo lo escuchaba con paciencia poniendo cara de cojudo y pensando “si supieras lo que voy a hacer con el culazo de tu mujer”. Por fin llegó al asunto que me interesaba, me entregó una fuerte cantidad de dinero que me dijo debía durarme por lo menos tres meses ya que él se iba al extranjero por ese tiempo aproximadamente Añadió que ahora yo era el hombre de la casa y que partía tranquilo sabiendo que mi mamá quedaba en mis manos. Como es lógico cuando volví a casa no dije nada del dinero y lo escondí en un buen lugar.

Por fin llegaron las vacaciones pero la verdad es que no sabíamos como hacer para avanzar en nuestro proyecto cuando ella misma nos dio una luz que, aunque pequeña, nos emocionó tanto a Sonia como a mí. Nos encontrábamos en la sala de la casa cambiando ideas y desechándolas todas por impracticables cuando se apareció mi mamita con el rostro radiante y el diario en la mano; “chicos dejen lo que estén haciendo y ayúdenme a buscar trabajo” nos soltó de sopetón. Sonia y yo cambiamos una rápida mirada y nos entendimos de inmediato. Le hicimos sitio en el medio de nosotros y juntos nos pusimos a revisar los avisos derrochando buen animo.
Los dos aprovechábamos para pegarnos a ella, tanto que a veces nos decía “arrímense un poquito por favor que me aprietan, nosotros le dábamos un poco de aire y luego, como sin querer, volvíamos a lo mismo. Le pegábamos las piernas, yo le acomodaba el cabello detrás de la oreja con la excusa de que no me dejaba leer y sobaba mi mejilla a la suya, incluso Sonia le frotó varias veces el muslo con la mano mientras fingía entusiasmo por un aviso; “este suegrita, este se ve bien para ti”. Mi mamita los marcaba todos con un círculo rojo, nosotros teníamos cuidado de sugerirle empleos donde sabíamos que era prácticamente imposible que la contrataran, yo me imaginaba y sabía que Sonia estaba haciendo lo mismo, las entrevistas de trabajo y su frustración y eso me excitaba muchísimo, así como el saber que ella hacía eso por mí ya que seguramente se había puesto a pensar que muy pronto vendrían las cuentas a la casa y sin el sostén de mi papá todo se derrumbaría. Me emocionaba mucho ver esa entrega y sobre todo el buen ánimo con que emprendía la cosa. La pobre no había trabajado nunca en su vida y aunque era una persona con instrucción su falta de experiencia y su edad hacían imposible que la contrataran para un trabajo de oficina, pero ella con una ingenuidad que me ponía la polla a cien seguía marcando avisos. Por fin llegó a la página que nos interesaba, de inmediato Sonia y yo vimos el aviso de Lorenzo, tuvimos el buen cuidado de no sugerírselo y creo que los dos aguantamos la respiración cuando ella solita lo señaló diciendo “este parece interesante”. En realidad Lorenzo era una persona inteligente y su aviso no trasuntaba por ningún lado la clase de actividad a la que se dedicaba, sólo se proponía que la incauta de turno llegara a su local y él hacía el resto.
Sonia sugirió que ya eran suficientes avisos y que mas bien había que pasar a revisar la forma de llevar a cabo la entrevista.
– Suegrita, lo primero que me voy a permitir sugerirle con todo respeto y cariño es que sea un pelín más atrevida en su forma de vestir. No es necesario caer en la vulgaridad ni dejar de ser elegante, para estar más acorde con los tiempos de ahora, le dijo.
– Por supuesto Sonia, le contestó mi madre, pero en eso voy a necesitar tu ayuda porque yo hace tiempo que estoy desactualizada y no sé como hacerlo. No sé que es lo que se lleva hoy día en estas ocasiones.
Sonia, que no es tonta, le dijo que dejara todo por su cuenta y le ofreció prestarle unos trajes ya que eran casi de la misma talla. En realidad si tenían casi la misma estatura, aunque de ningún modo el mismo culo ni tetas. El caso es que ni tonta ni perezosa en menos de media hora ya había ido y venido de su casa con unos cuantos trajes (y la cámara digital que me entregó solapadamente) que extendimos sobre la alfombra, mi mamá se entusiasmo por uno de falda, chaleco y saco , color melón que se veía muy bien, pero cuando vio la altura de la falda lo desechó, allí entró a tallar Sonia y le dijo que no fuera tan formal, que estaba segura de que con ese traje se le vería hermosa y que podría impresionar a cualquiera, “ahora todo se decide en la primera impresión”, añadió. Mi mamá parecía dudarlo, no se decidía, por último me miró a mí como pidiendo mi aprobación así que yo dije lo que me pareció más sensato; “mamá, si no te lo pruebas no podremos saberlo”. Acto seguido Sonia la cogió de la mano y se la llevó a su dormitorio junto con todo lo que había traído, yo me di corriendo la vuelta al jardín y me aposté detrás de la higuera desde donde tenía un buen ángulo y preparé la cámara.
Sonia conocía bien su trabajo, yo la había visto llevarlo cabo varias veces, así que sin mediar explicación alguna y como si fuera la cosa mas natural del mundo, le quitó el vestido a mamá en un santiamén dejándola sólo con sus braguitas y el brassier. Yo enfoqué la cara de mi mamita en una toma de cerca para que se notara su azoramiento, Sonia seguía hablándole como si tal cosa y le ponía encima de su cuerpo algunas faldas o blusas o saquitos. Mi mamá al rato pareció olvidarse de que estaba casi desnuda frente a su nuera y agarró confianza prestándose ella misma a las indicaciones que le daba, como hacerla caminar o voltearse. En un momento Sonia sacó de su maletín un par de zapatos taco aguja muy altos, mi mamá cogió uno y estoy seguro de que le decía que nunca los había usado tan altos y que no estaba segura de poder caminar con ellos. A esas alturas yo ya me había sacado la polla del pantalón y me la corría en una de las pajas más sabrosa que haya tenido jamás. No sé que le contestó Sonia pero ambas se rieron y mi mami se colocó los zapatos.
Era de verdad impresionante cuanto favorecían su cuerpo, el culo se le paró todavía más que era de no creerlo y hasta las tetas se le pusieron en punta como las astas de un toro, toda ella tenía que ir derechita y se quebraba a la altura de su cinturita. En fin que estaba echa un pedazo de hembra, yo no perdía detalle con la camarita y hacía malabares para no dejar de correrme la paja y a la vez aguantarme para no venirme tan pronto. Sonia la hizo caminar hacia ella, la hizo verse en el espejo, la hizo voltearse y mirarse detenidamente el culo en el espejo, me pude dar cuenta de que se lo alabó sin reservas porque mi mamá se reía despacito un poco nerviosa pero sin dejar de hacerle caso en todo, luego la hizo separar las piernas e inclinarse hacia la cama sin doblarlas y le pidió que volteara para que se pudiera ver una vez más en el espejo, y creo que mi propia madre se quedo perpleja de la pieza de culo que llevaba, se quedó un rato así mirándose mientras Sonia seguía hablándole de lo mas normal. Después le sacó un par de medias blancas caladas que eran una preciosura, se las tuvo que sujetar con un portaligas, cuando la vi no pude mas y me vine en un orgasmo que me hizo eyacular una cantidad impresionante de leche y que me dejó rendido. Felizmente inmediatamente después Sonia la vistió con el traje color melón y no desperdició la ocasión para manosearla un poco sin que se notara mucho, de modo que yo me fui como pude a la sala para esperarlas allí.
Cuando salieron emití un silbido coqueto que hizo que mi mamá me hiciera un mohín y se sonriera. Estaba feliz con su aspecto y tenía muy buenas razones para estarlo porque se veía perfecta. Como el traje le quedaba un poco ajustado por las dimensiones de su culo y tetas daban ganas de tirársele encima. Caminó un poco por la sala contoneándose, modelando para nosotros que aplaudimos hasta que nos quemaban las manos. Se decidió que ese era el traje que llevaría aunque ella todavía objetó un poco la altura de la falda a medio muslo pero ya sin fuerza y sencillamente no le hicimos caso. Más bien corrimos a abrazarla y llenarla de besos y terminamos por echarla sobre el sillón en medio de risas y difuerzos que aprovechamos para manosearla otro tanto, yo le pasé la mano por los muslos y la parte lateral del culo y, aunque acababa de eyacular tuve otra erección fortísima, tal era el grado de arrechura que me provocaba, y Sonia mientras que hacía como que la abrazaba le agarró las tetas. Ella sólo se reía y pedía socorro. La dejamos porque sino hubiéramos estropeado todo con nuestro apresuramiento, felizmente la imagen del fracaso de papá estaba presente y nos moderamos. Quedamos en que al día siguiente mi mamita haría sus visitas para encontrar trabajo y así acabamos el día.

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