En fin

En fin, esta es mi historia.

Me llamo Alex, tengo treinta y pocos años y soy soltero. Mido 170 y soy muy velludo, aunque curiosamente, tengo poco pelo en la cabeza. No soy un hombre feo pero físicamente no valgo mucho, ya que sobrepaso holgadamente mi peso ideal, aunque si soy bastante fuerte y ancho de espaldas. Dicen que mi mayor atractivo es mi conversación y mi voz, que es profunda y agradable.

El caso es que desde siempre me ha gustado la educación, pero no la que se da en la escuela, sino la que ayuda a los muchachos a madurar como personas. Por ello, desde hace años, utilizo mi tiempo libre a éste fin, colaborando en diversas asociaciones juveniles no lucrativas.

En cierta ocasión, y con motivo de una acampada, me asignaron un grupo de 6 chicos y 2 chicas de entre 15 y 16 años. Como os podéis imaginar, todos ellos en plenitud de la edad del pavo: Ellos haciendo alarde de su hombría y ellas luciendo su feminidad.

Todo marchaba bien y conectaba muy bien con ellos. Me trataban con amistad pero respetuosamente y por que no decirlo, incluso creo que sentían cierta devoción por mi, ya que en sus ratos libres me buscaban para hablar de algún tema, al contrario que a otros monitores.

Una tarde, Juan, uno de los “lideres” del grupo, admirado por ellos y deseado por ellas, me llamó aparte.

-Tengo que hablar contigo.
-Tu dirás.
-No. Ahora no. Es algo muy personal y no quiero que nadie se entere.
-Esta bien. Quedate levantado esta noche. Yo, tan pronto termine mi reunión diaria con los monitores, pasaré a buscarte.
-Vale, pero no se lo digas a nadie.

Le sonreí y asentí. Inmediatamente se dio la vuelta y se marchó.

Sinceramente no le di gran importancia. Supuse que tendría algún problema de faldas y quería consultarme algo. No es de extrañar que quisiera hablar conmigo ya que teníamos bastante confianza.

Tal y como convinimos, pase a buscarle por la noche.

Al acercarme puede ver, ya que era una noche muy clara, que paseaba nervioso entre las tiendas de campaña. Al verme, me miró con cara casi de susto. Lo que quería decirme debía ser muy serio, a juzgar por su expresión.

Se acerco a mi y sin mediar palabra caminamos hasta el bosquecillo que rodeaba el campamento. Al llegar a un sitio que juzgué suficientemente apartado nos detuvimos.

-Dime ¿qué ocurre?- El comenzó a pasear nuevamente de forma nerviosa ante mis ojos.
-Veras…es que yo…no se…yo…
-Venga. Tranquilizate. Aquí no nos oye nadie.

En ese momento le pasé mi brazo derecho por los hombros, pera detenerlo, porque ya me estaba poniendo de los nervios, y para confortarlo. Al sentir mi brazo se estremeció, soltándose de inmediato.

-Prometeme que no se lo dirás a nadie.
-Te lo prometo. Sabes que puedes confiar en mi.
-Y prometeme que no te enfadaras conmigo.
-Procurare no hacerlo, pero entiende que si has hecho algo malo yo…
-No, si aun no he hecho nada.

Esa respuesta me confundió totalmente. Tras una pequeña pausa, le dije en el tono mas comprensivo que pude:

-Venga, dispara. Desahogate.

Me miró. Tenia los ojos llorosos, lo que me dejo aun mas perplejo. Se arrepentía de algo que ni siquiera había hecho… Bajo la vista, suspiró, y dijo con voz entrecortada:

-Creo que soy marica – y empezó a llorar en silencio.

Me quede congelado. Soy muy progresista. Tengo varios amigos gay y nunca me pareció mal. Pero me sorprendió. Juan es un chico realmente atractivo. Delgado, rubio, ojos claros, muy simpático, y diría que con un físico bastante agraciado. Le había visto filtear con muchas chicas y me habían contado algún que otro cotilleo sobre sus encuentros con ellas. Quizás por eso me dejó tan pasmado.

De todos modos me repuse y rodeando con mis manos su cara, le hice que alzara la mirada, diciéndole:

-Eh. No te agobies. No es el fin del mundo.¿qué pasa si eres gay? ¿por eso me iba a enfadar?

Se abalanzó sobre mi apretándome con todas sus fuerzas y apoyando su cara contra mi pecho, lloró a moco tendido. Mientras tanto le acariciaba el cabello para reconfortarlo, haciéndole ver que no me importaba en absoluto.

Cuando ya se hubo calmado le dije con total suavidad, ya que no sabía como reaccionaria:

-¿Has estado con algún hombre?

Se aparto un poco y me dijo con cara de espanto:

-No, que va. Yo nunca…de verdad…yo no…
-Vale vale. Pero supongo que si me has hecho precisamente ahora ésta confesión será por algún motivo.
-Si. Es que, desde que estamos aquí no puedo evitar mirar a los demás cuando se duchan, ya sabes…
-Y…
-Pues que creo que además me estoy enamorando.
-Y temes que si le propones algo…
-Me parta la cara-dijo sin dejarme terminar.
-Ya. Pues en eso creo que poco te puedo ayudar.¿Sois muy amigos?
-Yo diría que si. Hay confianza. Pero si le propongo…algo, no se si querrá, incluso igual pasa del todo de mi y eso es lo que no quiero.
-Mira Juan. A tu edad es normal tener conflictos así. Igual lo tienes perfectamente claro, pero planteate que a lo mejor es algo pasajero. ¿Has tenido relaciones con chicas?
-Bueno, algunas.
-Me refiero a intimas…
-Tu sabes…Morreos, manoseos… Cosas así.
-¿Y te gustaba?
-Si, bueno…no del todo.
-¿No del todo?
-No. En realidad no. Nunca he querido salir con ninguna, pero es que los demás…
-Ya. No hace falta que me expliques mas. Mira Juan: Lo suyo es que se lo dijeras abiertamente, pero entiendo que será difícil. Lo único que puedo aconsejarte es que intentes “forzar” un poco la situación. Quizás si te muestras cariñoso con el te puede dar alguna pista. Siento no poder ayudarte mucho mas, ya que es una situación extraña para mi…

Sonrió levemente y me volvió a abrazar.

-Gracias-me dijo-Sabia que podía contar contigo. Ya estoy mas aliviado.¡Menudo peso me he quitado de encima!
-Me alegro que hayas confiado en mi. Espero que tengas suerte y puedas estar con la persona que amas.

Ya mas tranquilos, volvimos al campamento. Por el camino íbamos hablando de cosas triviales, mientras el seguía sorbiéndose la nariz. Yo le cubría con mi brazo sobre sus hombros para que no le quedase duda de que le comprendía y le apoyaba.

A partir de ese día, las cosas entre el y yo cambiaron mucho. Se mostraba muy alegre y procuraba estar conmigo todo el tiempo. Yo comencé a sentir un gran afecto por ese niño que se estaba haciendo hombre y que intentaba encontrar su identidad.

Desde ese día me pedía que fuésemos a la ducha juntos, ya que yo solía hacerlo cuando todos terminaban. El argumentaba que se sentía avergonzado con los demás, ya que eran duchas comunes. Yo accedí sin reparos. No veía nada malo en ello. Mientras nos duchábamos hablábamos animadamente, pero yo notaba que el me echaba furtivas miradas. Yo por mi parte, no pude contener la curiosidad y también le miraba. Tenia un bonito cuerpo. Era prácticamente lampiño, a excepción de sus antebrazos las piernas y el pubis, a pesar de que no destacaban mucho por lo claro de su color. Su cintura pequeña y sus nalgas apretaditas me hacían recordar a la de alguna novia de hace algún tiempo. No obstante, a pesar de reconocer que su cuerpo era realmente bonito, no alcanzaba a pensar en “algo mas”.
El campamento acabó y seguimos viéndonos. Se mostraba cordial y se ofrecía a acompañarme a menudo hasta el coche cuando me iba del local de la asociación.

Un día, la asociación organizó un torneo de fútbol. A mi no me apasiona precisamente éste deporte, pero ante la insistencia de los chavales, accedí a ir a verlos.

Durante uno de los partidos, un contrincante le propinó una tremenda patada en el muslo izquierdo a Juan. Cayo al suelo retorciéndose de dolor, por lo que fui de inmediato a ver que sucedía. Al llegar vi que tenia la cara desencajada, por lo que sin mas, comencé a palparle la pierna hasta llegar a su brevísimo pantalón. Yo veía que se le ponía dura por momentos, pero seguía tocándole su suave muslo mientras le preguntaba: “te duele aquí…”

Al ver que tenia una pequeña contractura, le dije que el fútbol había acabado por hoy y si quería que lo acercase a casa. Me respondió que si, así que con ayuda de otro monitor lo lleve hasta el coche.

Al llegar a su casa, lo subí por las escaleras como si fuese un saco. Me dijo:

-Quedate un rato. Mis padres estarán el fin de semana fuera y no quiero estar solo tanto tiempo.

Sin decir gran cosa, entramos en su casa y me indicó donde se encontraba su cuarto. Al llegar, se tiró en la cama cuan largo era y dio un suspiro de alivio.

-¿Te sigue doliendo?
-Bastante.
-¿No tendrás alguna pomada antinflamatoria?
-No se. Mira en el mueble del baño. Ahí guarda mi madre las medicinas.

Me dirigí al baño y encontré una crema adecuada. Al volver, lo encontré tumbado sin camiseta y sin botas. Me senté en el borde de la cama y le dije:

-Voy a darte un masaje para relajarte el músculo. Date la vuelta.

Giró sobre si mismo poniéndose boca abajo. Puse un poco de crema en la mano y comencé a masajearlo, desde la parte posterior de la rodilla hasta el mismo comienzo de su culo, al que yo podía llegar perfectamente a través de la pernera de su pantalón.

-¿Aquí te duele?
-Si-contestó-y por aquí también-dijo mientras se giraba levemente para señalar su ingle y su entrepierna.

Mas descaradamente metí mi mano para tocar su entrepierna, por lo que tuve que rozarle ampliamente sus huevos. El jadeaba disimuladamente y yo trataba de apartar lo que se me empezaba a cruzar por la cabeza: Aquel chico tan hermoso estaba disfrutando de mis manos. Y yo conocía su secreto. Yo no era gay, pero el contacto con su piel me estaba poniendo a mil. Dios, que situación.

Trataba de tocarle con el mayor descaro posible para que no notase mi excitación. Pero sus indicaciones me iban llevando a explorar con mis manos lugares cada vez mas íntimos de su anatomía. De pronto paré y le dije secamente:

-Con el pantalón puesto no llego a mas-a lo que Juan, sin mediar palabra se incorporó levemente para dejar su culo al descubierto. La vista de su culo al alcance de mi mano esperando a que lo acariciase me empezó a nublar la mente. Me repetía una y otra vez: “¿Qué haces? Es un menor y además un tío.”

Comencé a acariciar su glúteo izquierdo para continuar con el masaje, pero el pantalón, totalmente arrollado en su culo, me impedía mover las manos con libertad. Lo agarré y de un tirón se lo quité del todo junto a su ropa interior, mientras le decía:

-Te voy a quitar esto para trabajar mejor.
-Si, claro-respondió.

Esto se estaba caldeando por momentos. Con mis manos tomé ambas piernas y las separé para trabajar mejor la entrepierna. Por un segundo me quedé absorto mirando su culo con el agujero abierto y los lampiños huevos que descansaban en el colchón.

Dando un suspiro, metí mi mano en su raja para hacer presión hacia un lado. Estaba suave y caliente.

-¿Mejor?
-Si-respondió, dejando escapar un pequeño jadeo-pero donde me duele un montón es aquí-dijo señalando su ingle apretada contra el colchón, por lo que empecé a tocar por esa zona.

Exploraba con mi mano apretada entre su cuerpo y la cama, acariciando con mis dedos la base de su pene.

De pronto saque mi mano y le dije:

-Date la vuelta, así no puedo.
-No, dejalo. Es igual-dijo mirándome sobre su hombro. Estaba colorado como un tomate.
-¿A estas alturas va a darte vergüenza?-dije mientras le daba un cachete en el culo.

Se incorporó poniéndose boca arriba. No me miraba a la cara y pronto comprendí por que. Estaba totalmente empalmado. Es mas, diría que a punto de correrse. Podía ver la vergüenza en su cara. Sonreí y el también lo hizo de una forma un tanto forzada.

Y empecé nuevamente a masajearlo. Yo metía mi mano en su ingle, rozando sus huevos descaradamente con el dorso de la mano. El miraba al techo con cara de preocupación.

Cogí su pierna izquierda y se la levanté, apoyando su pié en mi hombro.

Mientras le tocaba, podía ver su agujerito que palpitaba. Su piel estaba suave y caliente. A mi ya me dolía la polla de la brutal erección que tenia bajo mis pantalones.

No lo podía creer. Me había puesto a mil tocando a ese chico y casi era peor saber que a el le gustaba que lo hiciese. De pronto, mientras le tocaba, vi como su pene, que no era especialmente grande y sin circuncidar, pero muy agradable a la vista, se ponía mas duro llegando a rozarle el estomago. Se incorporó poniendo sus manos cubriendo sus partes y comenzó a llorar.

Me dejó paralizado. Titubeando le dije:

-Perdona, no quería hacerte daño
-Dejalo. Vete-me dijo secamente entre sollozos.
-Yo…Lo siento-Dije totalmente confundido.
-Lo sientes-dijo enfurecido-¿tu no te enteras de nada, verdad?

Ahora si que estaba confundido. No tenia ni idea de que venia eso, pero empezaba a vislumbrarlo.

Me senté en la cama junto a el y lo rodee con el brazo. El se incorporó un poco y pude ver que estaba mojado. Se había corrido. Ahora dudaba menos de que era lo que pasaba, pero aun así, mi instinto me decía que era el quien debía arrancarse.

-Venga-dije-¿ya no confiás en mi?. Dime que te pasa.

Me miró con un poco de rabia y me dijo:

-¿Qué que me pasa?¿Qué que me pasa? ¡Que eres tu!

Ahora no me quedaba duda alguna. No podía creerlo.

-¡Que te quiero, eso pasa! Y tu no te enteras-Volvió a mirar hacia abajo y empezó a sollozar sin control.

Estaba aturdido. Ese hermoso chico se había enamorado de mi. Me lo quiso dar a entender meses antes y yo no me enteraba. Por otro lado me sentía alagado y emocionado. Nunca me había planteado tener relaciones con otro hombre y menos que alguien tan joven y hermoso se pudiese encaprichar de mi.

Decidí tomar cartas en el asunto. Realmente me había calentado en extremo y podía ser una buena ocasión para saber si era capaz de estar con un hombre.

Levanté su rostro y si mediar palabra besé tiernamente sus labios. Eran unos labios pequeños, delicados, suaves. Me retiré un poco y vi como sus ojos brillaban.

Volví a besarlo ahora con pasión, explorando su boca con mi lengua mientras el me acariciaba con la suya.

Sin dejar de besarnos nos tumbamos. Yo acariciaba su muslo y su culo mientras el tocaba mi espalda. Nos separamos y el se lanzo sobre mi camisa, quitándomela sobre la cabeza. Yo acariciaba su pecho y estomago mientras besaba su cuello o mordisqueaba su oreja. El jadeaba.

De pronto hizo presión sobre mi tumbándome en la cama. Ahora le tocaba el turno a mis pantalones. Con gran nerviosismo me los quitó y se colocó encima de mi, besándome furiosamente. Mientras sobaba su pene contra mi peluda barriga mientras yo le removía el pelo. Dejó de besarme y lascivamente dijo:

-Quiero comértela

Yo no podía articular palabra. Fue bajando por mi torso besando cada uno de sus rincones. Me arrancó los calzoncillos y se quedó mirando fijamente mi pene.

Al notar que paraba, me incorpore sobre mis codos y le miré. Estaba de rodillas en el suelo con el culito en pompa. Me miró con una sonrisa socarrona y se metió todo lo que pudo de mi pene en la boca.

Yo estaba en el cielo. Me deje caer y lo deje hacer. Sentía su lengua jugar con mi frenillo, acariciar mi glande mientras sus labios presionaban el tronco. Se la sacó de la boca y comenzó a recorrerla con su lengua de arriba abajo mientras me sujetaba los huevos. Cogí su cabeza y lo subí hasta mi boca. Me estremecía el tacto de su suave piel en mi pene mientras se deslizaba hacia arriba. Nos besamos apasionadamente. Separó sus labios y preguntó en tono divertido:

-¿Te gusta?
-¿Tu que crees? Y nos revolcamos hasta quedar parcialmente encima suya.

Yo le besaba con furia y mientras el se agarraba fuertemente a mi espalda.

Comencé a bajar por su anatomía besando su cuello, su pecho. Me entretuve en sus tetillas, lo que le hizo gemir de placer. Jugué con mi lengua en su ombligo. Se retorcía. Cuando llegue a su pene, ni me lo pensé. De un bocado lo metí en mi boca, a lo que el respondió con un profundo suspiro. Su sabor era ligeramente salado, producto de su anterior corrida, pero sentir la suavidad de su piel en mi boca era adictivo. Jadeaba como un poseso.

Como no quería que se corriese, deje su polla y me concentré en sus huevos, suaves, lampiños.

Levanté sus piernas y vi como su culo palpitaba. Me lancé sobre el y dio un respingo, a lo que siguió unos gemidos entrecortados. Con mi lengua describía círculos entorno a su ano, incluso introduciéndola ligeramente.

Comencé nuevamente a subir, besando su cuerpo por cada rincón que pasaba hasta que llegué nuevamente a su boca. El me abrazaba con sus piernas, por lo que al llegar, la punta de mi pene estaba rozando su agujero.

De repente dejó de jadear. Me agarró fuertemente del pelo y levantó mi cabeza. Mirando fijamente a mis ojos dijo lascivamente:

-Follame.
-¿Estas seguro?
-Follame ahora. Párteme el culo.
-Espera, voy a coger la crema para…
-¡No!. Quiero que me partas. Quiero que me jodas vivo…
-Juan, no quiero hacerte daño…
-¡Y yo quiero que me lo hagas!

Me quedé perplejo, pero estaba tan cachondo que no pensaba regatear. Me incorporé y bruscamente le di la vuelta. Me puse detrás de el e hice que se pusiera en cuatro. El estaba totalmente ido y solamente susurraba:

-Siiii, follame, párteme en dos. Metémela entera en el culo.

Yo no podía mas. Me puse de rodillas, apunté mi polla a su culo y se la ensarté hasta la mitad de un tirón. El dio un alarido desde lo mas profundo de su estomago. No me sorprende, porque a mi me dolió también una barbaridad. Me recosté sobre el abrazándolo sobre su estomago y esperé a que el dolor de ambos remitiese un poco.

Su respiración fue relajándose y le dije al oído:

-Ya paso lo peor. Relajate y disfruta.

Empecé a bombear suavemente. Cada embestida metía un poco mas, mientras notaba que su respiración volvía a acelerarse nuevamente. Sin avisar metí el resto hasta el fondo, a lo que el lanzó un ahogado suspiro.

Entonces empecé a bombearlo, sacando mi polla casi entera para volver a enterrársela nuevamente hasta las entrañas. Cada vez iba mas rápido y sabia que estaba por venirme hasta que noté como su esfínter se contraía lo, que hizo que me corriese irremediablemente. El por su parte se había corrido sin ni tan siquiera tocársela y dio un suspiro.

Lentamente me retiré de su interior y caí bocarriba exhausto. Mientras, sus brazos habían cedido y se encontraba con la cabeza en el colchón, mientras continuaba de rodillas con el culo en pompa, que segregaba mi leche y su sangre, corriendo hacia sus piernas.

Se incorporó y se hecho de lado junto a mi, pasando una de sus piernas sobre las mías y apoyando su cabeza y su brazo en mi pecho.

Yo le acariciaba el pelo, intentando hacerme a la idea de lo que acababa de suceder. Suavemente, casi en un susurro dijo: Te quiero.

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