Mi cuñada pagando sus deuda en mi auto con su delicioso culo

Las mujeres son mi gran debilidad y debo confesar que a pesar de estar casado -todavía sin hijos- le he metido los cuernos a mi esposa. Lo he hecho con putas y amigas que conocí en el trabajo, con alguna amiga de mi mujer Maira y últimamente con mi cuñada. A esta última le tenía muchas ganas y quería aprovechar esa belleza y su lindo culo. La verdad es que ella estaba muy buena. Era una hembra bien puesta que además me debía bastante plata.
Una noche mi mujer me avisa entre lágrimas que mi cuñada, o sea su hermana, tenía un problema grande. A lo cual yo le pregunte de qué se trataba.
Yo: ¿Qué le pasó ahora a tu hermanita?
K: Le debe mucha plata al banco y no tiene con qué pagar su hipoteca. Pobrecita dicen que le van a desalojar del departamento…
A lo que yo le contesto:
– ¿y qué puedo hacer yo mi amor?
M: mmm… ¡no sé Carlos! ¿La podríamos ayudar?
Yo: Bueno ¿Cuánto necesita Karen? (Me puse serio)
M: Creo como 20 mil pesos (ella sonrió levemente)
Fui y busqué entre mis ahorros 20 mil pesos. Era mucha plata pero la verdad es que tenía muchas ganas de ver a mi cuñada. Mi mujer podría haberle dicho que venga a buscar el dinero a casa pero me dijo que se lo llevase yo personalmente. Luego leería en el whatsapp de Maira, que yo estaba llevándole la plata y que mejor se vistiera muy sexy para recibirlo (debo decirles que Karen estaba mejor que mi mujer y que encima era soltera) Eso me levantó sospechas de que ambas sabían de que yo estaba obsesionado con mi cuñada.
Cuando estacione el auto, ella me esperaba en la puerta de su casa con una mini elastizada y bien pintada. Me emocioné de tan solo verla así y le di un beso en su mejilla. Tenía un perfume que hacía de Karen una venus con un espléndido aroma a flores.
Entramos a su departamento y me invitó un trago, al que yo accedí. Mientras me mostraba sus preciosas piernas me dijo y me repitió unas dos veces que me agradecía mucho el favor, a lo que yo le respondía siempre con una mirada penetrante y una sonrisa.
Finalmente Karen me dice que tenía que salir con unas amigas esta noche, pero yo no podía esperar más en decirle lo que yo sentía ante su presencia y cuando estoy por ofrecerle algo, ella me para en seco.
K: ¡Sabes que!… cuñadito, invítame a tomar unos tragos en un boliche.
A lo que yo respondí: “¡dale!”
Fuimos hasta mi coche y ella se subió en el asiento del acompañante. Observé como Karen apoyaba ese hermoso culo en el asiento. Ella ya había guardado la plata en su casa y yo tenía que decírselo.
Tomamos unas copas y ella me dijo:
– Me agarró sueño cuñado, ¿me llevas a casa? (Ella decía esto mientras usaba su dedito índice para tocarse la boquita)
Desde luego yo le respondí que sí. Cuando aceleré le dije que estaba dispuesto a no cobrarle la mitad de la plata si ella accedía a unos favores. Karen me miró sorprendida y no accedió a la indecente propuesta, pero ella avizoraba que eran unos favores sexuales.
Le repliqué que estaba loco por ella, la miré a los ojos y paré el auto. Me miró a los ojos con temor, pues puse una cara de pocos amigos. Y me dijo perpleja: “¡Vos estás loco Rubén!”
Le respondí: -“¡Si de amor y deseo por vos!”
Ella me volvió a mirar y del miedo pasó a sonreír para seguirme la corriente. Mordió sus hermosos labios rojos como un gesto de que no aprobaba lo que yo quería de ella.
Le dije sin rodeos: -¡Quiero coger con vos! ¡Me gustas!
K: mmm… no! (Dijo con vos entrecortada)
Mis manos se posaron sobre sus perfectas tetas, ella intentó sacármelas sin éxito. Seguí amasándolas mientras acercaba mi boca sobre la suya. Karen parecía dejarse llevar por mi ímpetu (y mi propuesta) y se quedaba inmóvil sintiendo mis sucias manos sobre sus senos. Del beso en la boca luego asomó mi lengua, que la movía rápido sobre su lengua. Quería probarla toda a mi cuñadita, pero ella no corría como yo, con las hormonas al palo. En un momento dice: – “¡Como me gusta lo que haces Rubén! Mmmm!”
Yo: – ¡Vistes que te dije que te iba a gustar! ¿Te pensaste que no me di cuenta que te vestiste así para cautivarme?
Ella no dijo nada y seguí besándola en sus tetas, saboreando cada centímetro de esos bellos pechos. Se las chupé pasando mi lengua por sus pezones, hasta acabar bajándole su tanga hasta sus tobillos, esta vez saboreando su clítoris. La verdad es que me la estaba pasando en grande con mi cuñada. Mi lengua humedeció su rica y cálida cueva mientras Karen se deshacía de placer.
Mientras yo saboreaba sus ricos jugos mi cuñadita me sacó la verga de mi pantalón y se tiró a mi pija como una desesperada. Saboreo y lamió mi virilidad como si fuera a devorársela. ¡Cómo me la chupó la muy puta!
Cuando la zorra de mi cuñada estaba preparada para el coito, la penetré despacio, Karen abría la boca por el dolor que le producía mi falo. Cuando por fin entre, la bombee un buen rato y los dos cogimos con gusto. Mi cuñada no me miraba a los ojos pero yo si veía su carita de placer. Parecía estar agradeciéndome por darle una buena penetrada. De a ratos me miraba y me decía todo con sus hermosos faroles. Parece que no quería que paremos ni por un minuto.
Me la jugué y al excitarme de sobremanera, – cuando vi su precioso culito ya sudado -, le propuse algo que cuando ni bien saque mi vergota de su vagina no tarde en preguntar:
– ¡Qué tal si te hago el orto cuñada!
K: Noo!! Por favor! Por ahí no que ni mi ex-novio tuvo ese privilegio!
Yo: ¡Mirá! Yo te perdono la mitad de la deuda si te hago la cola.
Y Karen aprovechando su astucia, que por cierto le valió mucho me hizo una contra-propuesta.
K: Mira cuñadito, si hacemos trato pero me saldo con toda la deuda.
No tuve otra que aceptar, porque realmente deseaba ese culito y empecé a buscar su agujero hasta que di con él. Mi glande se buscaba colar en su ano. Unos segundos después entró la cabeza y buena parte de mi falo. Allí empecé el coito anal con mi pija lubricada, con sus jugos y mi semen. Penetré y penetré ese preciado culito suyo por un rato mientras ella jadeaba de placer, hasta que sentí que iba a acabar y queriendo sacarla de su ojete, ella puso su mano para impedirlo susurrándome al oído:
-“¡Dejala ahí cuña, quiero sentirla toda dentro de mi cola!”
Mientras le acababa dentro de su ano, le metía mis dedos por su concha. Ella se envolvía de placer. Luego me dijo que quería que la lleve a su casa y así lo hice.
Cuando llegamos a su casa ni siquiera me dio un beso de despedida. Solo me dijo que mañana vendría a ver a su hermana. Al otro día estuvo ahí, se puso muy sexy, con un shorcito corto que dejaba que se le vean los cachetes del culo. Mientras charlaba con Maira, Karen sonreía al verme y noté como mi mujer también se reía. Ninguno de los tres sabíamos de que nos reíamos ¿o si sabíamos?
FIN

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