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La amiga de mi vieja

Hey, qué tal? Este es mi primer relato y vengo a contarles todos los relatos de este ser tan pajero que aquí les escribe.

Antes que todo, “digamos” que mi nombre es Mike y tengo 27 años. No tengo un gran físico ni altura importante pero sí facha y buena onda, y por sobre todo una buena pija que la naturaleza me dio. Por otro lado soy biólogo, botánico y cheff, les cuento estos últimos detalles porque más adelante en mis futuros relatos tendrá importancia.

Hoy les vengo a contar lo qué pasó en el último cumpleaños de mi vieja y que cómo suele ser costumbre, lo festeja en la casa de unos amigos de mis padres. Mas que costumbre es comodidad ya que tienen tremendo rancho con terraza, jardín y todos los chiches en pleno San Isidro.

Los dueños de casa son una pareja (tan cheta que da asco), llamada Pedro de 45 y Sabrina de 40, ella todo un camión: rubia, flaquita, tetas chicas pero perfectas, una concha que siempre se le marca y una cola que te deja vizco si la miras demasiado. Y él, bueno, un boludo con plata y nada más.

No sé por por qué pero Sabri siempre tuvo una onda rara conmigo, y rara me refiero a demasiada buena onda desde que, no sé.. tenía 14-15 años. En esa época era tremendo pajero y ya le miraba las tetas y el papo sin tapujo alguno, imagínense que si yo tenía esa edad ella tenía 27-28, toda una bomba. Yo creo que la flaca se daba cuenta y le calentaba, porque siempre que me lanzaba a clavarle miradas indiscriminadas ponía cara de puta, incluso cuando hablábamos cara a cara.

Cada vez que los visitábamos siempre se aparecía con ropa liviana, sin corpiño, provocativa, sexy. Cualquier jean que se ponía le resaltaba el culo hermoso que portaba. Volvía loco a mi casa, el ratón más chico que tenía era del tamaño de un Mickey Mouse y las ganas de cogermela me enfermaban la cabeza.. pero claro, me ponía a pensar en la relación que tenía con mis viejos y pum: Mickey se suicidaba.

Los años pasaron y ya casi ni nos veíamos pero siempre me llegaba algun saludo de Pedrito y sobre todo de Sabri, volviéndose a instalar en mi cabeza.

Hace unos meses, estaba fumando un porro tranquilo en el balcón y me suena el celular. Me había olvidado del cumple y me estaban llamando que más tarde me pasaban a buscar.

Me perfume y salí re loco para allá, hacía tiempo no la veía y ya me estaba calentando antes de tiempo. Al llegar, todos nos saludamos pero faltaba ella.. inmediatamente la vi caminando por el pasillo en nuestra dirección, creo que todos nos quedamos idiotas con su look, tenía esos vestidos blancos ajustados que te dan ganas de arrancarlos con los dientes y el pelo suelto flotando en el aire.

Al instante me saludó con un énfasis terrible y me apoyó sus tetas puntiagudas en el pecho, acompañado de un: “Neneeee, cómo creciste!” y yo respondiendo un “Y vos estás como la última vez que te ví!” haciéndome el sutil, completamente fumado.

Pedro miraba la secuencia con una cara rara y yo pensaba: o este tipo es un pelotudo o se hace el boludo para safar la vergüenza. Porque vamos, si tu mujer está tan buena y la ves tan feliz y tan suelta, es inevitable que te pique el bicho de la duda y te muerda el dragón de los celos.

Pasaban los minutos y llegaban más invitados, pero notaba cómo Sabri se quedaba en mi grupo, pegada a mi lado a cada momento y tocándome el brazo cada vez que podía. A su vez, le relojeaba el culo cuando se daba vuelta y sus pezones marcados en la tela me robaban la atención todo el tiempo.

La fiesta seguía y entre champagne y otras cosas más, ya estaba medio entonado y distraído. Hacía rato no veía a la rubia despampanante y me estaba quedando sin bat, así que entre a la casa a buscar un cargador.

Abri la puerta que daba a la cocina y escuché justo una voz femenina: “… y vos viste lo que esta ese pendejo, lo dejo sin aire si lo agarro”.

Carraspie un “ejem” y me acerqué, dándome cuenta que eran la rubia y una amiga de ella cotorreando sin parar. La rubia se puso roja, dejó de hablar y le dijo a la otra: “Anda anda, busco una botella de vino y voy”.

Haciendome el boludo le pregunto que pasaba, me dijo que nada que eran cosas de viejas.
Le digo: “Que vieja? Si vos estás mejor que mi última ex”
“Callate nene, yo ya soy grande”
”No Sabri, vos estás perfecta”
”Jaja bueno bueno, vos que querías acá?”
”Un cargador, no tengo batería”
”Dame, yo te lo pongo” dijo sonriendo y acercándose como una leona. Agarró el celular y me pasó todo el culo por la pija, un movimiento totalmente descarado que me generó una erección como nunca antes.
”Necesitas algo más?”
”Si, a vos!” y le clave un beso desubicado, agarrándole bien fuerte el culo con las dos manos.
”Pará, acá no, después” y salió para el jardín como si nada.

Amigos míos, no lo podía creer, me había dejado con la verga durísima y lleno de incertidumbre. Me tomé un vaso de agua para enfriarme y salí a seguirla, mirando sin parar el culo de la rubia que se alejaba como desfilando. Se los describo: ni grande ni chico, tamaño pendeja de 20. Redondito y firme, mezcla de gimnasia y buena genética. Una locura para una cuarentona. Ella lo sabía y lo movía con orgullo. De un momento para el otro la había perdido entre la gente, intenté buscarla sin resultados y terminé bailando medio en pedo.

Sonaba la música al palo, giraba el alcohol por todos lados y mis ganas de mear aumentaban así que me acerqué al baño y justo la crucé saliendo apurada. Me manoteó la pija y dijo: “Cuando tomo no puedo parar de hacer pis…. y de calentarme” seguido de una risa muy cómplice.
”Sabri, no juegues con fuego” le dije con cara de sexopata.
”Tranquilo que no me voy a quemar, jajaja, venite en 5’ a la terraza bebé”
Ufff, no les puedo explicar las ganas de violarla ahí mismo. Incontenibles. Pero pensé bueno, unos minutos más y sueño cumplido, me acomodé la verga y entre al baño como pude.

Fueron los minutos más largos de mi vida, el tiempo se había detenido en mi contra y yo explotaba de leche. Subí desesperado a la terraza y la vi apoyada en la baranda, mirando la fiesta como una lady fumando un pucho. Me acerqué por detrás y sin dudar la apoyé fuerte mientras le tocaba las tetas jugando con sus pezones súper duros por el frío.
”Bésame el cuello” dijo entrecortada, soltando un suspiro y el cigarrillo.

No le hice caso y le levanté el vestido, bajando mi mano por sus nalgas hasta pasar los dedos por su tanga. Su lencería era tan fina que se le notaban los labios depilados, finitos y suaves por sobre la tela. La muy hijadeputa estaba completamente mojada y sólo con rozarla me había parado la pija nuevamente. Ya no me podía contener más.
Se dió vuelta, se agachó y me dijo: “Como te voy a comer la pija, pendejo”.

Abrió el cierre, me sacó el botón del Jean, bajo el bóxer y soltó la pija que salió empujada pegándole en la cara. Me miró con los ojos bien abiertos y sorprendida me dijo: “Que buena pija, es re grande”. No terminó la frase que ya se la estaba metiendo entera en la boca, sin raspar, haciendo succión y moviendo la lengüita en la punta de la cabeza como toda una profesional. Agarraba la pija con las dos manos y me pajeaba con furia, me estaba exprimiendo en un pete espectacular.

”Pará, me vas a sacar la leche” le dije como pude.
”Cogeme, dámela toda” me retrucó.

La di vuelta, le corrí la tanga al costado, le apoye la verga en la punta de la conchita y agarrándola de la cintura se la enterré como si fuese mi última cogida. Nunca había sentido una concha tan estrecha como la de Sabri, parecía la de una pendeja. A cada centímetro me apretaba y me mojaba más la pija, me volvía loco esa sensación de abrirla de a poco y sentir cómo me llenaba de flujo hasta las bolas.

”Ah ah ah, me duele me duele, cogeme, dale dale. No, pará. No. Si. Seguí seguí” la muy puta se contradecía de la calentura que tenía y a mi me volvía loco con su voz de pajera.
”Voy a acabar Sabri”
”Acabame adentro, llename la concha de leche”

No podía creer lo que estaba escuchando.. no solo me estaba re cogiendo a la amiga de mi vieja en su terraza frente a todos (que desde abajo no tenían ni idea de lo que pasaba) sino que la muy putita me pedía que la acabe toda.

Le separé las piernas, me paró el culo y me acerqué lo mas posible enterrándola hasta el fondo y tirándole del pelo como un salvaje. Con la mano derecha le empecé a pajear el clitoris y a respirarle en la nuca endemoniado. Con la izquierda le separaba una nalga para penetrarla mejor. Aceleraba con fuerza, cada vez más violento. Ella gemía quejosa de la cogida que le estaba pegando.
No aguanté más y acabé varios chorros de leche dentro suyo. Me apretaba con fuerza la pija y sentía que me la iba a arrancar de un tirón.
Nos fundimos en un pequeño gemido y un gran orgasmo. Se acomodó la tanga y el vestido, me besó agitada y me obligó a bajar para que nadie sospeche de lo que había pasado.

Con las piernas casi temblando bajamos las escaleras y nos cruzamos al marido.
”Qué hacen?” Soltó con cara de póker.
”Subimos a sacar una foto desde la terraza, una panorámica de la fiesta” contestó Sabri rápidamente. La flaca hablaba con Pedro como si nada y tenía la concha llena de leche. Mi leche. Cuanto morbo.

La fiesta siguió hasta la madrugada, cruzando miradas cada dos por tres.. al terminar me saludó con un beso en la mejilla, bien cercano a la boca y por lo bajo me dijo: “Quiero repetir”.

Y así fue.
Repetimos varias veces más.
La próxima les cuento.

Saludos!

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