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Polvo diabólico

Javier llevaba varios días mosqueado con su chavala Azucena, le pasaba 2 años, él tenía 23 y ella 21, la encontraba fría y distanciada, aún recordaba la última vez que hicieron el amor y ella estaba como ida como si no estaría con él.

Así pues sospechando de ella se fue a una agencia de detectives privados y contrato los servicios de dos, a los cuales informó del comportamiento de Azucena durante sus últimas semanas.

Azucena era una chica alegre y divertida quizás demasiado aventurera, sus relaciones con Javier habían sido siempre buenas y la forma de hacer el amor estupenda, pero como ella era muy inquieta, un día por probar de todo en esta vida, una amiga le dio unas rayitas de coca junto con un libro de brujería, está le explico que mediante un rito, siguiendo unas cláusulas que vienen en el libro, podía invocar al diablo cuando quisiera ella, Azucena se reía incrédula, pero como la curiosidad era mayor que el temor se decidió a probarlo. Al día siguiente estando sola en casa, se decidió por preparar el ritual, lo primero era acomodarse en una habitación a oscuras solo iluminada por ocho velas, lo segundo estar vestida solo con combinación, bragas y sujetador.

Azucena estaba ya en la habitación con las ocho velas, el camisón dejaba entrever  unas pequeñas braguitas que apenas tapaban el conejito, el sujetador a juego protegía dos hermosos pechos palpitantes de juventud. Con toda la ceremonia del mundo extendió cuatro rayitas en una mesa baja, se sentó en el suelo y valiéndose de una pajita empezó a esnifar la primera raya de coca.

Luego abrió el libro de brujería leyendo: Oh Satán Rey de las Tinieblas, manifiesta tus poderes ante esta pobre esclava (nueva esnifada a la segunda rayita de coca), asciende de las tinieblas y únete a mi cuerpo carnal, lleno de lujuria y deseo, estando en trance ya, la habitación tembló y como por arte de magia las ocho velas se apagaron y de la nada ¡ZAS! Apareció  Satanás, vestía capa roja, pantalones a juego, gastando dos tridentes uno de tres pinchos que llevaba en la mano y el otro entre las piernas, cuernos no llevaba pero su mujer seguro que se los pondrá en cuanto pueda, de su cuerpo salía una especie de humo que reflejaba lo quemado que estaba, y dijo: Azucena ¿por qué me invocas? Ella medio colocada esnifo  otra raya diciendo: anda si es el diablo en persona, así es respondió Satanás y he venido del más allá a joderte más aquí, dicho y hecho se acercó de una zancada clavando su mirada en el cuerpo fresco y hermoso de la muchacha, con la mano derecha guió el tridente hasta el suelo para luego romper el camisón de Azucena al subirlo, Azucena decía: pues sí que coloca esta coca voy a seguir este espejismo, arrodillándose para desabotonar los pantalones rojos de Satanás sacándole su instrumento rojo también, empezó a lamerlo con fruición como si fuera un caramelo  con recelo de acabar con aquella golosina, los dientes presionaban suavemente el miembro del demonio, el cual preferiría estar en el mismísimo infierno que seguir con  aquel tormento que le prodigaba Azucena. Satanás caliente le quitó a aquella ninfómana su “caramelo” diciéndole: ponte a cuatro patas, ella se arrodilló y su pompis con las braguitas quedaron a merced del diablo, este con sus dedos largo y uñas a juego, rompió la tela que escondía la gruta del placer, al aire quedo el chumino y los pelos del culo de Azucena, Satanás se acercó lamiéndole el ano y la vagina, alternándolo también con la introducción de dos dedos en su esfínter y en su coño.

Azucena suspiraba y jadeaba como una posesa, cuando el miembro se hizo paso por su esfínter unas lágrimas rodaron por su mejilla, pero luego paulatinamente, el dolor se fue transformando en una agradable sensación de placer, sus senos y su pubis no paraban de ser sabiamente excitados por Satanás.

Azucena dijo Satanás ya has satisfecho parte de mis instintos carnales pero esto es tan solo el principio de la orgía, Satanás acercó su enorme miembro a la cara de Azucena que yacía tumbada boca arriba en el suelo y descendiéndolo suavemente lo colocó entre los pechos de está, la cual empezó a hacerle una estupenda cubana, con sus dos manos Azucena friccionaba sus dos pechos por el pene de Satanás hasta que le hizo eyacular salpicándole la cara y su rostro de un cálido esperma.

El diablo que no paraba de hacer diabluras se acercó hasta la cocina y cogió un plátano y un pepino llevándolos hasta la habitación donde se encontraba Azucena, cogió el pepino y lo empezó a restregar por todo el cuerpo de la muchacha, cuando llego a su culo el diablo se acercó lubrificándole la entrada con la lengua a base de saliva para a  continuación introducirle el pepino suavemente hasta hacerlo casi desaparecer.  Repitió la operación con el plátano, hasta que llego a su coño, allí introdujo dos y tres dedos para a continuación meterle el plátano.

Azucena yacía sobre la cama emparedada por ambos vegetales, cuando una agradable sensación de ser poseída la embargo plenamente. Satanás besaba la chica en los labios, mientras que con la mano meneaba el plátano y el pepino, los cuales chorreaban de caldos lujuriosos sigue, sigue, gritaba Azucena, a punto de alcanzar el orgasmo, Satanás le quito el plátano y lo sustituyó por el suyo y en unos cuantos vaivenes que parecían siglos, Azucena  estalló en un gran orgasmo que le quemaba las entrañas, clavando las uñas en la espalda del pobre diablo, el cual grito de gusto y de dolor a la vez.

Una vez pasados los efectos de la coca Azucena se despertó y se encontró desnuda, fatigada, pringosa con un pepino en el culo y un plátano a los pies de la cama, preguntándose qué demonios había pasado (los demonios no era, sino solamente uno Satanás) pero claro ella no se acordaba de nada.

Javier al cabo de una semana fue informado por los dos detectives sobre su novia. Verás Javier, tu novia no te engaña, lo que ocurre es que le pega a los alucinógenos en cantidad y claro hace que se monte unas orgías sexuales ella sola de película. Así que mira muchacho le dijo uno de los detectives, convéncela  para que deje el mundo de las drogas y satisface sus deseos sexuales más a menudo, con estos consejos solucionarás tus problemas. Javier agradecido les preguntó que cuales eran sus honorarios a lo cual los detectives respondieron:  200 € como lo quiere con IVA o sin IVA , Javier dijo: mejor sin IVA , lo que ocurre que ahora no tengo dinero en metálico, es lo mismo dijo uno de los dos detectives, aquí traigo la minuta de nuestros servicios, nos lo firma y ya pagará, pues muy agradecido dijo Javier y firmó los papeles.

Nada más salir a la calle, los dos detectives, le dice uno al otro oye Lucifer qué Belcebú, como lo hemos engañado al pobre y pensar que nuestro amo y señor Satanás se tira a su novia, ya que cada vez que le invoca se le aparece de verdad ja ja  ja  ja  ja y encima los papeles que le hemos hecho firmar no eran la minuta de servicios sino la venta de su alma al diablo.

Y Lucifer y Belcebú se fueron riendo por las calles oscuras de la ciudad.

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