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Confieso

Autor: Lucia

Deseaba que llegase este momento. Y al tiempo, lo temía.

-Cuéntame- me preguntas- ¿Te has portado bien desde nuestro último encuentro?

Me había hecho el firme propósito de no mentir. Pero noto un vuelco en el estómago. Estoy nerviosa. Y no puedo evitarlo. Trato de maquillar la verdad. Sí, por supuesto. Me he portado super, super, super bien. Bueno, tal vez algún detallito sin importancia.

Me recuerdas que mentir es una falta especialmente grave. Y me animas a confesar. Me conoces bien, y sabes que mi comportamiento no habrá sido ejemplar, ni mucho menos.

_Estoy seguro de que hay alguna pequeña falta sobre la que hay que trabajar un poco. Pero pienso que será lo mejor que me lo cuentes todo. Yo sabré entender, y ya sabes que suelo ser justo.

Pienso que sí, que puede que sea comprensivo. Pero que eso de ser justo, equivale a ponerme en sus rodillas darme tantos azotes como él considere que merezco. Y aún no estoy preparada para dejarle decidir. Para dar el paso y entregarme al castigo.

Obviamente no va a colar lo del buen comportamiento. ¿Tal vez una confesión parcial?

-En realidad, fue una tontería, no tiene importancia. ¿Te acuerdas de aquello que te conté sobre la vecina?

Se acuerda. Es una de las cosas que me gustan de él, presta atención a lo que le cuento . Mi vecina es una imbécil de primera, y me critica.

-¿Qué le has hecho?

-Nada… bueno, le eché un poco de lejía en el buzón. Como es tan bajita, y su buzón es de los altos, tiene que meter el brazo sin mirar. Y suele ir con blusitas de esas caras, de colores vivos, además. Y de manga larga, como si fuera una monja, que habrase visto, con este tiempo, la muy cursi….

Me haces un gesto para que me calle. Noto que te aguantas una sonrisa. Pero disimulas rápido y me sueltas un rollo sobre las buenas relaciones con los vecinos, las cosas que una señora no tiene que hacer y todo eso…

-Sigue contando. Seguro que hay algo más.

Niego, Creo que ya tenemos materia suficiente que tratar hoy, la verdad. Pero insistes, insistes. Acabo por confesarte que he anulado dos citas con el dentista. Otra bronca

-Pero…¡es que me da mucho miedo!

-Te voy a ayudar con eso. Después de la azotaina que vas a recibir por esto, no le tendrás miedo al dentista, le tendrás miedo a anular las citas.

Protesto, claro. Y además, sin cuidar las formas.

-¿y tú dices que eres comprensivo? Lo que eres es un …

-Un ¿qué?

-Nada- retrocedo, justo a tiempo.

-Mejor, pero la intención es lo que cuenta. Así que añado esto a la lista.

No confieso nada más. Me callo lo de los tres días que he llegado tarde al trabajo porque no me puse el despertador a tiempo. Y no digo nada de los dos cestos de ropa pendiente de lavar, ni de los tres días seguidos cenando pizza porque estaba un poquitín perezosa y no me apeteció hacer la compra. Ni cuento que he descubierto el genial truco de cambiar la voz cuando llama mi suegra y decir que no es aquí, se ha confundido de número.

Aún así, empiezas a darme la charla sobre las faltas cometidas, y me preguntas si estoy de acuerdo contigo en que merezco unos buenos azotes.

La negociación. Siempre tan inútil. Digo que sí, que me he portado mal, pero que con unos cuantos azotes y no muy fuertes, sin duda será suficiente. Pero no funciona así. Lo sé de sobra.

Enseguida estoy sobre tus rodillas. No sé cuánto tiempo voy a estar allí. Cuando empiezan los azotes, no me importa si el castigo va a ser largo. Lo estoy pasando bien. Una vez va desapareciendo la ropa, me resulta un poquitín más duro. Siento vergüenza cuando me bajas las braguitas, pero la dureza de los azotes directamente sobre la piel, hace que la vergüenza pase a un segundo plano. Al principio, estaba protestando, diciéndote que eras injusto, que no era para tanto .Pero ahora, que duelen más, cambio el discurso. Y el tono. No lloro, pero casi. Y afirmo categóricamente que no lo volveré a hacer. Que voy a ser buena.

Y es lo que siento, de verdad. Voy a ser la mejor spankee del mundo, con tal de que la azotaina termine. Pero de pronto, ya no quiero que termine. Y ya no protesto, ni hago promesas. Sigo decidida a ser buena, pero empiezo ahora mismo. Empiezo por aceptar mi castigo, y me quedo calladita mientras continúan los azotes. No calladita exactamente, algún gimoteo se me escapa.

Sé que aun durará bastante. Me enviarás al rincón, y después, seguiremos. Pero ya no habrá resistencia.

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