“El buen padre” 4ta parte

Esa semana, que Aayla no estuvo, no la pasamos de lo más divertido Inés y yo, durante todo el fin de semana y dos días seguidos, no dejamos de tener sexo en toda la casa, no miento si digo que durante todo ese tiempo Inés hizo que me corriera más de 15 veces y es que no la pasamos jugando al juego de “aquí te pillo, aquí te mato” lugar donde se nos antojaba, lugar en donde lo hacíamos y cada vez en posiciones y haciendo cosas más osadas. Durante todos esos días nos olvidamos de todo lo que había allá afuera, era como estar drogado y mi dosis era su cuerpo, era ella. En 4 días todo había vuelto hacer como en los primeros de casados, Inés y yo nos llevábamos mejor que nunca, a ella se le veía de un Feliz que iluminaba la casa entera, incluso habíamos vuelto a tocado el temas de tener un hijo propio, se le prendían los ojos de solo decirlo, estábamos como locos y todo parecía ir de maravilla, sin embargo, al quinto día, la nostalgia me vino de menos a más y esa misma noche, esperando a que mi mujer se durmiera, no pude seguir fingiendo, me levante de la cama y fui directo a su cuarto para buscar refugio, hacía tiempo que no entraba ahí, muchas cosas habían cambiado otras tantas se mantenían pero en definitiva era cierto lo que Inés decía de Aayla, ella ya no era una niña, me costaba decirlo pero era cierto, se había convertido en toda una mujer, una mujer a la cual yo deseaba, aun que no quisiera reconocerlo.
La semana transcurrió, todavía un día antes de que Aayla llegara, Inés, preparo algo muy especial para mí. Mientras yo me excusaba y suplicaba en mi trabajo, para que no corrieran, por no haber ido en tantos días a trabajar, ella había salido al centro y se había comprado un conjuntito de mucama muy sexy, que, según le había dicho el dueño del lugar, era de “mucama hentai” me quede mirándola extrañado y no pude evitar reír.
-¿De qué? ¿qué es eso?
-No sé, así me dijo el dueño
-¡A! y aparte el que te lo vendió era hombre.
-Si, ¿tú crees? lo mejor de todo fue cuando me lo vio puesto, se le cayó la baba y la boca al suelo y dejo que me lo llevara sin pagar
-¿Que, como te lo vio puesto?
Ella soltó a carcajada.
-Calma hombre no seas celoso, sabía que ibas a reaccionar así por eso te lo dije, pero para nada cariño yo soy solo tuya, y este trajecito lo pagaste tu con tu dinero así que trata de disfrutarlo mientras yo misma hago lo propio.
Se me monto en las piernas y empezó a besarme sobre el cuello, la oreja, me tenia tomado por la quijada y parte de la nuca mientras sus caderas se movían tallándome las nalgas en el pantalón, el ambiente se iba encendiendo de un momento a otro y no hacia si no calentarse más hasta que, el recuerdo de cuando Aayla insinuándoseme por primera vez me sacudió del trance.
-Espérame Inés, (tomándola de los hombros y moviéndola hacia atrás)
-¿Qué, que pasa?
-No nada, no pasa nada, es solo que hoy… hoy no puedo, me dijeron que mañana me quieren temprano y bien despierto en la oficina, por favor discúlpame.
-¿Estás seguro o es que… el traje no te gusto?
-No, no, para nada ¿cómo dices eso? si el traje está muy bien y a ti te viene que ni mandado hacer, de verdad, pero es que si mañana vuelvo a faltar, por más que me necesiten en la oficina, ahora si me corren.
Ella se me quedo mirando de frente y después de un momento se levanto de mí sin decirme mas, yo sabía que lo que más le molestaba en esta vida a Inés era sentirse rechazada, lo sabía, porque desde hacía 22 años atrás que la conocía, nadie se le había podido negar. Desde siempre había sido una mujer espectacularmente hermosa, con porte y con la clase que hasta cierto punto eso mismo te da, acostumbrada a que todo el mundo le aventara flores al pasar, no venía de una familia acomodada ni mucho menos, pero eso no le impedía que los viejos lobos de mar, esos que cagan el dinero y se creen dueños del mundo, la pretendieran. Cuando yo la conocí se encontraba trabajando de bailando en un cabaret de por allá en Sudamérica, recuerdo haber preguntado al tipo de la barra por el nombre de aquella chica, el solo movió la cabeza y me dio un consejo que a pocos rasgos y tan corto parecía también una amenaza “esa mina no te conviene, tiene linda cara y que culo, pero esa ya está marcada, ahí ni para que meterse” no sabía muy bien a qué se refería con eso, pero de cualquier forma omití su consejo de mis acciones y cada que podía, viajaba hasta donde Inés para visitarla y expresarle mi interés por ella, pasaría un años y 7 visitas mas para que ella se atreviera adarme el sí y solo otras 5 visitas, es decir 2 años enteros después de que la conocí, para proponerle matrimonio y un hogar en mi país natal, ella me acepto y junto Aayla, de 3 años, regresemos a México.
-Inés, de verdad, discúlpame, yo se que preparaste todo con mucha ilusión pero…
-“El deber es el deber” no te preocupes lo entiendo (salió de la sala mientras se iba quitando todo en el camino al baño)
Al otro día fue peor de que me esperaba, una montaña de papales y obligaciones cubrían mi escritorio, tuve que pagar horas extras y ni así pude terminar con la mitad del papeleo, lo bueno era que al otro día volvía ser fin de semana y podía despejarme momentáneamente de todo el trabajo.
Llegue a la casa, abrí la puerta y antes de saber quien estaba, la voz de David me daba las buenas noches.
-Hola David, oye ¿y qué haces por acá, he? (dirigiendo mas la pregunta hacia a Aayla que se encontraba sentada a alado suyo)
-A bueno es que a su hija se le antojo comer pizza ya que veníamos de regreso y yo propuse que fuera para llevar para compartirla con ustedes señor.
-Hay pero que chico más atento es David, ¿no crees? (Inés refiriéndose a mí y alabando al idiota de David )
-Si, ya lo creo (y después de un momento) bueno mujer yo estoy muerto, me baño y me voy a la cama. David te quedas en tu casa y Aayla (posando mis ojos sobre ella y conteniéndome por no irla a abrazar) bienvenida casa.
Pero ella ni siquiera volteo a verme.
Una hora después de que yo me fuera a la cama Inés me seguiría y otra hora pasaría para que la puerta de afuera se escuchara serrar y la del baño abrir, me pare, me acomode las sandalias y salí del cuarto en busca de Aayla.
-Aayla (mientras ella salía del baño y con el cepillo de dientes en la mano) ¿podemos hablar?
Pero ni siquiera me hizo caso, siguió caminado y a punto de abrir la puerta de su cuarto
-Aayla por favor (tomándola del hombro)
-Suéltame no te quiero ver
-Yo sé que es extraño y créeme para mí lo es más, pero por lo menos déjame decirte algo.
-¿Qué me vas a contar? que te calentaste primero conmigo para después de que me fuera, cogerte a mi mama ¿es eso? no estoy sorda los escuche y no creo que nadie en media cuadra pudiera decir lo contario, además ¡bravo! déjame felicitarte, porque si lo que querías era que yo me alejara de ti, ya lo tienes y lo conseguiste de una manera muy fina.
-Yo solo quiero que sepas que te quiero.
-Aja, si como tu hija, ya lo sé y no necesito que me lo repitas
-Te equicovocas, estos últimos días que no estuviste te extrañe como no tienes idea, venía a tu cuarto por las noches, abrazar tu almohada, buscándote, pensando que eras tú
-Cállate no quiero escucharte mas (y cerró la puerta)
Al día siguiente, según me entere, ella y David tenían pensado salir a ver una obra de teatro por la tarde, solo que Aayla se encontraba indispuesta, al parecer tenía fiebre o algo así, a si que al final, para que no se perdieran los boletos, David invito a mi mujer y en menos de una hora ya estaba lista para irse con él, todavía los acompañe a la avenida, ya que tenía que comprar unos antibióticos a Aayla, para que le baja la supuesta fiebre. Cuando llegue a la casa y entre en su cuarto la encontré descansando en su cama, así que sin despertarla le acomode las medicinas a un lado, le di un beso sobre la frente y me salí para dirigirme al mío, estando en mi cama tenía poco de haberme acostado, me encontraba conciliando el sueño y a nada estaba de consumarlo cuando unos dedos sutiles se deslizaron sobre mi pecho, no tuve ni que abrir los ojos.
-Aayla ¿te encuentras mejor? (envolviendo su mano con la mía)
-A tu lado si (recostándose a un lado)
-Sabes que te quiero ¿no es cierto?
-Como tu niña
-No, como mi niña no (sorprendiéndome incluso a mí de lo fácil que lo dije)
-lo de ayer, es decir, lo que me estás diciendo ¿es enserio?
No tuve que explicarme más, deje que mis labios le transmitieran en carne viva lo que yo sentía. Sin embargo al tomarla por las mejillas pude darme cuenta que lo de la calentura, es decir la enfermedad, no había sido una treta que se había invitado para quedarse con migo a solas
-Aayla, te siento muy caliente
-Ay papá, ¿pero no hacía falta decirlo? (ruborizándose y sonriéndome)
-No hij.. digo Aayla, no hablo de eso, hablo de que tienes fiebre.
-Si un poco pero no importa (plantándome un beso, ahora ella a mi)
Me fue llevando de espaldas a la cama y montada sobre mí me fue buscado por la oreja hasta encontrarme en el cuello por un buen rato. Todo se sintió más caliente, el ambiente, el correr de mi sangre, sus labios, mi cuello, su tacto, despertaba del sueño en el que me tenia para entrar directo a otro, empecé a agradecerle con mis manos por el largo de sus piernas encogidas, le metía los dedos por adentro de los límites del short, ella reparaba solo de vez en cuando, cuando sentía que mis puntas rosaban algo más allá, que solo la piel de sus piernas.
No me detuve, poco a poco fui ensanchando los límites de sus ropas, metiéndome más adentro, hurgando, socavando, hasta alcanzándole a empalmar un dedo, el más largo, por sobre el surquito liviano de su vagina. El sobresalto fue mágico, mientras yo iba sintiendo como entraba, ella daba pequeños saltitos con la cadera hacia arriba, a ese dedo le sume un amigo, el de junto, y los dos como si fuera yo el maestro y ellos mi batuta hacíamos de Aayla un concierto de esbozos y uno que otro gemido.
Cuando sentí que por fin cedía de mi cuello y dejaba caer la cabeza a un lado de la mía, Intente irme dando vuelta, de manera que fuera yo el que quedara arriba y ella tendida sobre la cama, la tenia de frente a mí y podía verla gustosa revolver los gestos, abría la boca exclamando su placer por tener mis dedos metidos, reconociendo dentro de ella. Me fui haciendo de sus senos, con la mano libre que aun me quedaba, le fui recorriendo la blusa hasta dejarlos desnudos, los dos eran como un pequeño manjar, como un postre que con la boca degustaba y saboreaba con toda ternura.
-Papi ¿Te gustan mis pechos?
-Me encantan linda
-¿Más que los de mamá?
Por supuestos que no, con los de Inés no tenía como competir, a pesar de los años, los de Inés seguían siendo como de certamen, eran grandiosos, redondos como las dos mitades de un melón enorme, en cambio los Aayla, bueno, los de ella eran pequeños, incluso podía tomarlos casi por completos con las palmas de las manos, pero también eran redondos, eran tiernos, se sentían más suaves y firmes que los de Inés, tan suaves como la piel de un durazno sobre tu mejilla, además, como si fueran los dos un par de puntas de batido de crema con nieve, los adornaban dos lindos pezoncitos color cereza, paraditos y muy excitados.
-Me gustan los tuyos, son preciosos.
-Pero…
-Nena, no tienes porque compararte con ella, tu madre es linda a su manera y tu eres tremendamente hermosa por donde lo veas, las dos son ejemplo vivo de la belleza, pero si me pides que las compare, que escoja entre tú y ella, obviamente te escojo a ti.
Me sonrío, no me imagino que fuera esa la respuesta que esperaba, pero por lo menos le estaba diciendo la verdad, ella se veía no conforme pero si agradecida por hacerlo.
Reanudamos las acciones, aun que en realidad mi mano en ningún momento había dejado de moverse entre sus piernas y con sus pezones saboreándolos en entre mi boca la iba sintiendo estremecerse mas y mas, pronto empecé a sentir que los dedos se me humedecían y una gota recorrerme por la contra palma de la mano, pensé, que era demasiado pronto como para que Aayla ya se estuviera empapando de esa manera ¿o no? tal vez ella era más sensible a ese tipo de estímulos de lo que era Inés, trate de averiguarlo, quite toda la atención que tenia sobre senos para concentrarme por completo en su vagina, le baje el short, las bragas, hasta medial altura de las piernas y utilizando los mismo dedos se los fui pasando por el vientre bajando mas y mas hasta llegar a su pubis, una pequeña frotadita previa ante su entrada y ella se revolvía sobre las sabanas de la cama, creo que eso era lo que me daba más placer en ese momento, saber que la tenia totalmente comiendo de mi mano, no retrase más las cosas, le volví a meter los dos dedos haciendo que estos le pasaran rosando el botoncito botado de clítoris insistentemente.
Aayla se convirtió en un mar de indecisiones, no dejaba de juntar las piernas para de pronto abrirlas y después de un segundo volverlas a cerrar, con su cara era lo mismo, no sabía si apretar los labios o simplemente seguir jadeando, el tiempo fue pasando y yo fui amentando la velocidad.
Tenía entonces ya un solo propósito en la cabeza, hacerla sentir al máximo todo lo bien que pudiera, no parar para que ella no parara.
Sus reacciones no se hicieron esperar y en pocos minutos su cara pasó de un rojo fuego a incendiarse por completo, abría la boca y prefería tragarse la saliva para no gritar, sus piernas las juntaba aprisionándome por momentos la mano sin dejármela mover.
-Ya, ya sácala papá, saca tu mano
– No, hazlo con ella a dentro
-No, no por favor sácala, no me hagas esto por favor, sácala
-Tu aguanta nena, aguanta hasta que ya no puedas mas
-No por favor sácala, te lo ruego por favor.
No discutí mas con ella simplemente no quite mi mano y escalando hasta su oído no deje de susurrarle “Retenlo nena, retenlo y solo hasta que no puedas mas, déjalo salir”
Las contracciones vinieron de menos a más y a veces vareaban, ella empezó a elevar la pelvis soportándose de la nuca, espalda, tobillos y palmas de la mano sobre la cama. Parecía como si estuviera poseída, movía el colchón de la cama de una forma como si estuviera temblando.
Entre sus contracciones hubo una que sentí escurrírseme muy fuerte entre los dedos, no perdí tiempo, acelere el movimiento, ella apretó la cara fuertemente, y de un segundo a otro lo siguiente que vino fue un baño de un liquido transparente, viscoso que saltaba feliz mojando hacia a todas direcciones, sus gemidos se escuchaban más alto, agónicos y no daban señal de que estos fueran a cesar rápido, con las manos solo tenía oportunidad de amasar fuertemente los puños entre las sabanas y entre sus sonidos aun me dirigía todavía suplicas para que yo la dejara descansar, en ningún momento lo hice, incluso después de que todo bajara de intensidad, se los seguí metiendo con un movimiento más calmo y suave para no parar.

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