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La asiática y la escandinava

Decir que Hiroko era promiscua era decir las cosas muy suavemente. Hiroko era la más impúdica calentorra de la universidad. Una compatriota suya que se había matriculado en otro curso pero que había sido compañera suya en el instituto nos aseguró que se había pasado por la piedra a casi todos los chicos de varios cursos y que no le hacia ascos a las muchachas. Una de sus diversiones favoritas era seducir a los compañeros que tenían novia y cuando esta tomaba cartas en el asunto le arreaba una paliza y la violaba. Si el chico intentaba defender o vengar a su novia tenía mucha suerte si no recibía otra paliza. Hiroko era alta para la media japonesa, 1,75, y desde joven había practicado el jiujitsu con aplicación. Desde los 15 años era capaz de derrotar a las chicas de los cursos más altos y también a muchos chicos, centrándose en su entrepierna con ensañamiento. Todos juraban que se excitaba sexualmente cuando peleaba, y también decían que era lisa y llanamente la mejor folladora del instituto, capaz de resucitar a un muerto con una de sus mamadas. Era el terror del instituto, pero aunque los profesores sabían lo que pasaba sus víctimas jamás se atrevieron a denunciarla de manera que no la pudieron expulsar. Por otra parte cuando no estaba peleando o buscando pelea su comportamiento era impecable y además se rumoreaba que sobornaba sexualmente a varios profesores para evitar esa eventualidad aunque eso jamás se supo con certeza. De lo que no había dudas es que era la zorra sáfica más malévola y sádica que jamás hubiéramos visto. Su rostro era más bien infantil pero sus ojos rasgados le daban un aspecto diabólico y su cuerpo espléndido parecía el de una pin-up de revista. En toda la universidad solo había una hembra que le hiciera sombra: Ulrica.

Ulrica era una vikinga rubia que había formado parte de una pandilla de motoristas hasta que su padre la forzó a matricularse en nuestra universidad porque estaba en el quinto pino y así hacer que su hija se alejase de aquel ambiente. Vano esfuerzo. El padre de la rubia había confundido la causa con el efecto y Ulrica no había cambiado en absoluto. Es cierto que ya no iba con motoristas pues no los había por aquellos contornos, pero seguía siendo la misma. Vestía siempre de cuero negro, con botas altas, pantalones ceñidos o recortados y chaquetillas cortas que dejaban al descubierto y también un generoso escote que dejaba muy poco a la imaginación. Su padre la tenía muy corta de dinero para impedir que se desmandara pero ella había encontrado la forma de reunir fondos. Cuando un chico mostraba interés por ella lo incitaba hasta que estuviera muy caliente y luego lo desafiaba a luchar. Si el ganaba, echaban un revolcón o dos o los que el semental aguantase. En caso contrario Ulrica se embolsaba una fuerte suma de dinero, dependiendo de lo que el pretendiente pudiera desembolsar. A la mañana siguiente el derrotado sabía además que toda la universidad estaría al corriente de su derrota, aunque si las cosas le salían bien Ulrica no le regateaba elogios ante las demás alumnas de la facultad.

Ambas eran mujerzuelas de cuidado pero había un par de diferencias entre las dos. Su aspecto físico era muy distinto. Ambas tenían unas tetas grandes y prietas como nueces de coco, unas nalgas que parecían sandias en sazón y en general unas curvas alucinantes. Ambas llevaban el pelo largo hasta casi la cintura y vestían de forma provocativa, pero Hiroko era morena de piel bronceada y Ulrica rubia platino blanca como la leche. Hiroko solía vestir de blanco o de colores vivos mientras que Ulrica prefería el negro. Y sobre todo, Hiroko, siendo alta como era, parecía una enana al lado de Ulrica, que era una verdadera giganta con su 1’94 de estatura. La principal diferencia no era externa sino interna. Hiroko era una completa bisexual e incluso a veces alardeaba de preferir a las chicas. Ulrica en cambio era enteramente heterosexual e incluso mostraba abiertamente desprecio por las lesbianas. Dos chicas que habían tenido el coraje de ‘salir del armario’ como suele decirse, habían cometido el error de hacerle insinuaciones y ella, tras fingir aceptarlas, se fue con las dos a un lugar apartado. Nadie sabe en detalle lo que paso pero Ulrica salió de allí casi sin despeinarse y las dos magulladas bolleras estuvieron una semana sin aparecer por clase.

Lo que Ulrica ignoraba era que ambas eran amiguitas de Hiroko y esta, que ya sentía una cierta antipatía hacia la vikinga, se tomó el asunto como algo personal. Tras salir del hospital fue directamente al campus y localizó a la rubia tumbada al sol sobre el césped, en un rincón apartado de los jardines. Era horario lectivo y la zona estaba casi vacía. Ulrica vestía solo una tanga negra que dejaba muy poco a la imaginación. Sus soberbios pechos estaban al descubierto para que se bronceasen. Entonces apareció Hiroko, ataviada con botas militares, falda vaquera corta y un top también de tela vaquera. Sin mediar palabra se sentó sobre la sorprendida Ulrica y antes de que esta pudiera decir nada la escupió en los ojos, cegándola, y a continuación la agarro de las tetas y apretó como si quisiera arrancárselas.

Ulrica gritó y a ciegas lanzó un directo al estomago de la japonesa que la dejó sin aliento y la hizo salir despedida de encima suyo. Ulrica tardo unos segundos en despejarse la vista y entonces se lanzó a por Hiroko, que luchaba por recuperar el aliento, y agarrándola del pelo comenzó a arrastrarla por todo el parque durante varios metros mientras ella chillaba y chillaba hasta que la estrelló de cabeza contra un árbol. Hiroko parecia acabada pero cuando Ulrica se acercó, logró conectar la suela de sus botas con la entrepierna de la vikinga, que se derrumbo de rodillas con un alarido. Hiroko entonces le arreó tal puñetazo en la cara que la tumbó de espaldas. A continuación Hiroko intento ponerse encima suyo para rematarla pero Ulrica, que parecía fuera de combate, estaba todavía consciente y enlazó a Hiroko por las piernas y cerró los muslos con rabia asesina mientras Hiroko sentía como gemían sus costillas.

Hiroko, desesperada, mordió con furia el muslo de la rubia y ella, gritando de dolor pero sin soltar su presa, se lanzó contra los ojos de rendija de la asiática. Esta tuvo que ceder en su mordisco para esquivar los pulgares de su adversaria y agarrándole el brazo empezó a girarle la articulación de la muñeca en un ángulo antinatural. Ulrica gritó con tanta fuerza como una sirena de alarma pero no liberó la cintura de su adversaria y logró zafarse de la luxación. Hiroko, asombrada de la tenacidad de la vikinga y sintiendo que se hallaba próxima a desvanecerse a medida que la rubia apretaba más y más, comenzó a estrangularla mientras ella le respondía con salvajes puñetazos y cuando Hiroko estuvo lo bastante cerca, con un cabezazo demoledor que hizo que la diablesa amarilla quedase momentáneamente aturdida y sangrase por la nariz.

Ulrica había estado a punto de perder el conocimiento y había perdido su presa sobre la asiática pero Hiroko veía literalmente las estrellas del cabezazo de la escandinava. Ambas se incorporaron lentamente y quedaron medio agachadas frente a frente, mirándose con un odio indescriptible durante unos segundos. Luego se lanzaron una contra la otra atacando con una lluvia de patadas y puñetazos. Ulrica sintió como su cuerpo recibía tales impactos que parecían martillos de picapedrero más que los golpes de un ser humano mientras que su adversaria parecía tan dura y fibrosa como si estuviera hecha de cemento. Hiroko por su parte estaba al borde del pánico bajo los terribles golpes de la vikinga, que eran como enormes peñascos cayendo sobre ella desde gran altura. Hiroko golpeaba con todas sus fuerzas pero la vikinga parecía de piedra viva y la gladiadora amarilla sentía sus nudillos doloridos de golpearlos contra la piel sonrosada de la rubia. De forma casi simultánea ambas se agarraron de las manos y comenzaron una prueba de fuerza. Ulrica estaba segura de que su mayor envergadura le daría una rápida victoria pero quedo asombrada al sentir la resistencia que le oponía su rival. Por su parte Hiroko ya imaginaba que la escandinava seria excepcionalmente fuerte pero lo cierto es que sentía como si luchase con una prensa hidráulica. Finalmente ambas se abrazaron y cada una de ellas comenzó a apretar con fuerza en un abrazo de oso.

Mientras se estrujaban entre sus brazos las dos fieras comenzaron a morderse, a intentar darse cabezazos y a darse patadas y pisotones hasta que cayeron al suelo y rodaron una y otra vez hasta que chocaron con un árbol. Hiroko estaba debajo y su minifalda se había levantado dejando al descubierto que no llevaba bragas, según su costumbre. Ulrica por su parte había perdido las braguitas del tanga, que se habían roto durante la pelea, de manera que sus sexos estaban en intimo contacto. Entonces Hiroko comenzó a restregar su sexo oriental contra el felpudo rubio miel de la escandinava, como si imitase el movimiento y el ritmo del acto sexual, al mismo tiempo que en vez de seguir mordiéndola la besuqueaba ávidamente en el cuello, en la oreja, en los pezones. Ulrica, asqueada, tuvo que forzarse a si misma a mantener su posición mientras lentamente intentaba dejar sin aliento a la morena, estrujándola con todo su peso. La japonesa por su parte sonreía malévolamente mientras sus expertas caricias deshacían las defensas y el autocontrol de la giganta europea. Su agarre era firme todavía pero el sudor perlaba su piel y su respiración estaba entrecortada por gemidos de placer hasta que de repente la vikinga sintió como todo su cuerpo explotaba de placer en un orgasmo colosal. Ni siquiera sintió a Hiroko escapando de su agarre bajo ella, ni vio venir el tremendo patadón que aplastó su cara y la envió al suelo para no levantarse.

Todo aquel increíble despliegue de salvajismo había durado poco más de 4 minutos y había sido la pelea más larga que cualquiera de ellas hubiera tenido en años. Hiroko tenía fracturadas dos costillas y estaba cubierta de marcas de golpes, pero se sentaba triunfante sobre la cara de su derrotada adversaria y procedió a darle tal sistemática paliza antes de follarsela que Ulrica no regresó a la universidad en tres meses.

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Un comentario en “La asiática y la escandinava

  1. me gustó muchísimo aunque esperaba un poco más de lesiones sobre todo en sus sexos,y para mi gusto faltó la humillación o la violación por parte de la vencedora a la vencida

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