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Elvira y Don Julián

Hola amigos de Sexycuentos. Aquí os adjunto un tercer relato de peleas salvajes como juego erótico. Este es un poco mas largo y se divide en tres partes. Espero que os guste.

1)

Elvira era la criada de Don Julián desde hacia tres meses y también era su amante. Era una andaluza de piel morena, de un metro ochenta y cuatro de estatura, cabellos muy negros y fascinantes ojazos oscuros. Sus brazos eran fuertes como los de una campesina y sus pechos eran gordezuelos y generosos como su soberbio trasero. Elvira era también la cocinera, y lo cierto es que tenia un ligero sobrepeso, pero era una verdadera maquina en la alcoba, especialmente en los juegos que al señor le gustaban, que solían consistir en luchas duras y sucias donde la robusta criada y su atlético patrón rodaban por los suelos arrancándose la ropa y forcejeando con todas sus fuerzas, empleando tanto tiempo en meterse mano como en pegarse hasta la extenuación física y sexual. Al principio las luchas eran fingidas y juguetonas, pero amo y sirvienta estaban muy igualados físicamente, eran duros y muy competitivos, de manera que pronto estaban peleando con todas sus fuerzas y cuanto mas competitivas eran sus impúdicas peleas, rodando por los suelos furiosamente, totalmente desnudos, mas intenso era el orgasmo posterior. Las reglas eran pocas, solo las indispensables para no hacerse verdadero daño. Los uniformes de servicio no le duraban mucho a Elvira, que siempre había sido muy pegona y solía iniciar las peleas para excitar todavía mas a su patrón, pero que luego se cerraba en banda como una tímida doncella, de manera que don Julián tenia que tomarla como se tomaría un castillo, suponiendo que no fuese la criada la que domase al señor, ganando así un día de sueldo según el pacto convenido, mas la satisfacción de cabalgar la cara del señor y obtener de él un maravilloso orgasmo de la victoria.

El día de su cumpleaños, Julián decidió celebrarlo con una buena pelea con Elvira, y sin previo aviso le saltó encima. La morena estaba sacando un montón de periódicos viejos para tirarlos y cayó encima de ellos, con el señor encima, tirándola del pelo para darle la vuelta y besarla.

¡Estupendo! Pensó Elvira. ¡Otro uniforme a la porra! Menos mal que los paga el jefe.

El amo y la sirvienta forcejearon frenéticamente, desgarrándose la ropa mientras rodaban por los suelos entre una nube de hojas de periódico. Julián le metía mano por el escote para sobarle los pechos mientras que Elvira le tiraba de los pelos y le daba rodillazos en el estómago. Al cabo de un par de minutos Elvira, que era una moza fortachona y descarada, estaba montada encima de su patrón, inmovilizándole y aplastándole la cara con los pechos mientras rozaba rítmicamente sus braguitas contra el ‘paquete’ de su jefe para masturbarse. Julián se encabritaba bajo el robusto cuerpo de su tetuda doncella como un caballo salvaje, intentando desmontarla mientras le tiraba de los pelos y le arreaba en las costillas. Todo eso solo sirvió para que Elvira se excitase todavía mas hasta correrse como una yegua en celo, uniendo el éxtasis de su cuerpo al éxtasis de su victoria física sobre su jefe macho. Comenzó a frotarse mas deprisa todavía contra la virilidad de su vencido adversario hasta correrse de nuevo un par de minutos después. Insaciable, se quitó los jirones que todavía conservaba de sus ropas, hasta quedar gloriosamente desnuda sobre el tendido cuerpo de Julián, al que desvistió también y acto seguido se montó de nuevo sobre el rozando sus cuerpos desnudos todo lo que podía, sintiendo el delicioso roce de la piel contra la piel hasta que al cabo de unos pocos minutos se corrió de nuevo, entre suspiros de placer.

Sudorosa y magullada, pero satisfecha, Elvira se alzó triunfante sobre su patrón, alzó los brazos en señal de victoria y le puso un pie sobre el miembro viril. Luego se encamino hacia su cuarto para buscar algo que ponerse. Entonces Julián, viendo que se marchaba, le dijo: ¡Eh, morena,! ¿Y yo que?

¿A mi que me cuentas? Respondió la criada. Yo ya voy servida.

¡Pero yo no me he corrido todavía!

Ese es tu problema, nene. Has perdido, ¿recuerdas? Ah, por cierto, me debes un día de sueldo.

La respuesta de Julián fue embestirla y tirarla al suelo. Al cabo de cinco minutos, Elvira había vuelto a correrse y Julián le debía a la criada otro día de sueldo. Julián se fue a la cama aquella noche en ayunas y de muy mal humor. Para su sorpresa, Elvira estaba allí, en su dormitorio, medio desnuda. Julián, sonriendo picaramente, quiso meterse en la cama con ella, pero Elvira le rechazó a patadas.

¡Búscate otro sitio, mariconazo! ¡Esta noche duermo yo aquí!

¡Pero esta es mi cama!

Te fastidias

¡Oye mona, que yo soy el patrón y tu la empleada! Respondió Julián, tirando de las sabanas.

Bueno, pues si de verdad soy tu empleada, empléame para algo… si es que todavía eres lo bastante hombre para emplearme! Dijo la criada, abriendo mucho las piernas, como si le invitase a proceder. Su jefe no se hizo de rogar pero ella le recibió de nuevo a patadas, impidiéndole entrar en la cama. Julián le saltó encima y lucharon en el colchón y muy pronto en el suelo, donde el limitado espacio les estorbaba para maniobrar. La lucha se convirtió en un duelo de pura fuerza donde el amo de la casa intentó establecer de nuevo la tradicional supremacía masculina en este terreno, pero Elvira era una verdadera tigresa, tan alta y robusta como su patrón. Ambos estaban desnudos, empapados en sudor, sus cuerpos estrechamente entrelazados en el limitado espacio entre la cama y la pared. Al cabo de un rato y tras considerable esfuerzo, Julián comenzó a tomar el control de la pelea en el plano físico, pero Elvira se impuso en el plano erótico, logrando mediante hábiles frotamientos y palabras sucias susurradas al oído que Julián se corriese antes de poder penetrarla. Entonces ella le agarró de los pelos, le arrojó sobre la cama y se tumbo encima, inmovilizándole y estrujándole hasta que se rindió.

Me debes TRES días de sueldo, nene. Y ahora, ¡A cumplir! Y dicho esto, la salvaje morena se arrimó a su patrón para que este le hiciera el amor con dulces besos y tiernas caricias hasta que reunió Julián energías suficientes para copular de nuevo, con ella encima, por supuesto.

Al día siguiente, Julián se despertó sintiendo los dedos de su sirvienta jugueteando con sus genitales, mientras le besaba en el cuello y se rascaba contra el como una gatita mimosa.

Zorra, musitó el, entre un beso y otro.

Y a mucha honra, pedazo de capullo, respondió ella. Querías una autentica zorra para follar y pelear, para ponerte cachando, pero soy demasiado zorra para ti porque te puedo. Querías una zorra, no una zurra. Te creías que eras un lobo salvaje y que podías zurrar a la zorra, pero no eres mas que un perro sarnoso.

Y dicho esto, se lo folló otra vez.

– – – – – – – – –

2)

Elvira disfrutaba peleando a lo bestia y su patrón era justo lo que necesitaba: un cerdo machista que la había contratado como criada y a la vez como juguete sexual. Elvira le había dado ya unas cuantas duras lecciones de poderío femenino pero Julián no aceptaba que su criada pudiera ser la campeona de lucha en el dormitorio, de manera que siempre buscaba la revancha y a veces la conseguía. Elvira por su parte no deseaba otra cosa que una oportunidad para patearle el culo a su patrón y el fútbol era una excelente oportunidad.

Aquella tarde Don Julián llegó a casa pronto para ver el partido relajadamente y se encontró con que la TV había desaparecido! Elvira estaba reclinada en el sofá, sonriendo lascivamente con las piernas abiertas. Los muebles habían sido desplazados para dejar mas espacio en el salón.

¿Dónde esta la tele? Exclamó asombrado Julián. ¿Se ha roto?

Tu cara es lo único que va a estar roto aquí, capullo. Respondió Elvira sonriendo.

¿Olvidas quien manda aquí, puta machorra?

Mando yo, porque soy la más fuerte, machito mariquita. Y como soy una puta te voy a hacer unas cuantas putadas. ¡nenaza! Te voy a…. Ugghhh!

Julián, sin esperar mas, le había pegado una patada en el coño a su criada respondona. Elvira cayó al suelo hecha un ovillo y Julián comenzó a darle de patadas hasta que Elvira pudo agarrarle por los tobillos y hacerle caer. Entonces lo tuvo al alcance de sus puños y comenzó a golpearle sin compasión. Julián le devolvía los golpes y ambos rodaron por el suelo machacándose con todo lo que tenían. En un cierto momento, quedaron enredados de tal manera contra un rincón de la habitación que apenas podían moverse pero ninguno quería soltarse por miedo a darle ventaja a su rival. De manera que se quedaron allí, estrujándose con todas su fuerzas. Cada uno de ellos tenia al otro enlazado por las piernas y se agarraban con los brazos por donde podían. Elvira le tiraba de los pelos al señor y le mordía en el hombro. Julián por su parte intentaba desgarrarle la ropa y alcanzarle los pechos para estrujárselos. Cuando Elvira sintió que su patrón le aferraba sus espléndidas tetas, le dio un cabezazo a su adversario.

Ay! Cabronaza, te voy a matar! Y comenzó a apretarle las tetas como si fueran naranjas para exprimir. Elvira le dio otro cabezazo mas fuerte y Julián, aturdido, soltó a su tetuda adversaria. Ella, rápida como el rayo, se le echó encima. Pero Julián le planto cara y quedaron frente a frente, de rodillas.

Te vas a arrepentir de haberme dado esa patada, maricon medio nena!

Me vas a chupar el rabo, golfa!

Con tu cara me voy a hacer pajas, puto desgraciado!!

¡Culo de vaca!

¡Pollafloja!!!

Sin aguantarse mas, amo y criada se lanzaron el uno a por el otro a puñetazo limpio. Chocaron y después de unos pocos golpes quedaron abrazados de rodillas, estrujándose mutuamente en un abrazo del oso. Aprovechando un descuido, Julián le metió la lengua en la boca a su criada respondona. Ella sintió un subidón al recibir el beso francés y se lo devolvió apasionadamente mientras ambos seguían estrujándose con todas sus fuerzas. Astutamente, Julián tenia metido su pierna derecha entre las piernas de ella, de manera que podía rozar con su muslo la entrepierna de Elvira, cubierta tan solo por unas braguitas de algodón. Antes de poder reaccionar, la viciosa criada machorra estaba sintiendo los preliminares de un salvaje orgasmo. Elvira interrumpió el beso e intentó zafarse del abrazo del oso pero era demasiado tarde. Se corrió en pleno combate y se cayó de espaldas con su amo y señor encima.

Julián se bajo los pantalones y le arrancó las bragas a su adversaria para rozase con ella y excitarla todavía mas hasta que se corrió de nuevo. Entonces se montó a caballo sobre ella y comenzó a machacarla con sus puños hasta tenerla a su merced. Una vez sometida por completo, le metió la polla hasta el fondo y se la folló sobre la alfombra del salón. Elvira, dominada y domada por su robusto patrón, no pudo evitar correrse de nuevo. Entonces Julián la agarró por los pelos y se la llevó a rastras al dormitorio. Allí había una TV pequeña. La conectó justo a tiempo para ver el inicio del partido.

Al cabo de un cuarto de hora Elvira comenzó a moverse. Entonces Julián la sacó de la cama de una patada en el culo y le dijo: ¡Tráeme algo de beber, zorra!

Un par de minutos después Elvira, todavía desnuda, regresó al dormitorio con un vaso de cerveza. Sin mediar palabra, le volcó la cerveza en la cabeza a su jefe, cegándole. Entonces aprovechó para lanzarle un gancho a la barbilla que lo tumbó de espaldas. Entonces la criada respondona se montó sobre su vapuleado jefe. La pelea parecía decidida pero Julián estaba furioso y luchaba como un loco.

Suéltame puta barata. ¡Quiero ver el partido!

¡Te jodes! El fútbol es una mierda y tu eres una mierda y peleas como una nena de cinco años. ¡Ríndete!

¡Tu madre!

¡Que te rindas!

¡Que te jodan!

Jodeme tu si puedes, ¡mariconazo!

Elvira esta montada sobre el estomago de su patrón, quitándole el aliento. Julián estaba al borde de la derrota total pero, forcejeando desesperadamente, logró alcanzar el pubis de Elvira y apretó con fuerza. Elvira gritó como una histérica y quiso escapar, pero Julián la persiguió a puñetazo limpio y la cazó con un directo a la barbilla que la dejó grogui.

Julián agarró a su vencida agresora, la puso a cuatro patas y comenzó a penetrarla vaginalmente al estilo perro, pero entonces Elvira comenzó a recuperarse y se resistió todo lo que pudo. Sin embargo esta todavía algo aturdida y bastante fatigada, de manera que poco a poco Julián fue imponiéndose y clavándose hasta la empuñadura, masturbándose con el coño de su agresora mientras no se perdía detalle del partido.

Mira al número siete, le dijo a su criada mientras arremetía rítmicamente contra el culo moreno de Elvira. Ese tío si que sabe jugar al fútbol y no esos pringaos que cobran millones y millones.

¡Odio el fútbol! Preferiría verte con una pelandusca barata que con el fútbol!

Pues eso no te impide tener un par de balones, respondió Julián, sobándole las tetas gordezuelas, y una buena portería, añadió, reanudando sus arremetidas contra la vulva encharcada de su criada respondona.

Mientras tanto el equipo de Julián marcó gol. Entonces, mientras el locutor cantaba el ¡GOOOOOOOOL!!! a voz en cuello, Julián se corrió como no se había corrido en meses. Muy a su pesar, ella también se corrió. La pobre Elvira se quedó tan agotada y humillada por su derrota física y sexual que no le volvió a darle problemas al patrón durante el resto del partido.

¿Te ha gustado? Le preguntó Julián muy contento, porque había ganado su equipo por dos a cero y porque su duelo físico y sexual contra su criada respondona también iba de momento dos a cero.

Te voy a patear las pelotas cabrón.

Inténtalo si te atreves zorra barata.

Te voy a dar una paliza de muerte y me voy a correr mientras me pides piedad.

Te voy a violar puta calientapollas, dijo Julián, poniéndose de pie. Su miembro viril estaba irguiéndose. Retarse con Elvira le ponia caliente.

Besame el coño payaso. A ostias te puedo, así que aquí mando yo.

¿Ah, si? ¿Quién lo dice?

Estos dos lo dicen, pollafloja de mierda. Respondió Elvira, alzando los puños. Julian alzo también los puños y cuando Elvira no se lo esperaba, le lanzó una patada al estomago.

¡Tramposo de mierda! ¡TE VOY A MATAR!!!

Pero Julián estaba ya sobre ella machacándola con pies, rodillas y puños, de manera que Elvira tuvo que defenderse como pudo y agarrarse a su adversario para dejar de recibir tantos golpes. Ambos rodaron sobre la cama estrujándose, tirándose de los pelos y mordiéndose hasta que poco a poco fue bajando la intensidad del combate por puro agotamiento. Ambos terminaron en los brazos del otro, haciéndose el amor apasionadamente. No se follaron ni echaron un polvo, se hicieron el amor hasta correrse una vez mas. Luego durmieron de un tirón el resto de la noche.

Al día siguiente, que era sábado, Julián parecía un poco incomodo y dijo: Oye, Elvira, lo que pasó anoche…

¡Corta el rollo! Le interrumpió ella. Yo empecé, ¿lo recuerdas? Buscaba pelea y la encontré. Si te hubiera vencido como proyectaba hacer, te ibas a enterar de lo que es bueno. Me contrataste para esto: sexo y pelea ¿No es así? Pero yo acepté el empleo por los mismos motivos. ME GUSTA zurrarles a los tios y el que tu puedas vencerme de vez en cuando no modifica el hecho de que yo soy superior. Es un poco más emocionante no ganar siempre, pero el hecho escueto es que aquí soy yo la que lleva los pantalones. ¿Te enteras?

Ayer no estabas tan chula, puta vaca machorra. Y no te olvides de que yo soy el jefe porque soy el que paga. Dijo Julian, acercándose a su criada respondona y peleona

Bueeeeeno! Tu eres el que paga pero yo soy la que pega ¡y tu el que ‘cobra’! replicó ella, plantándole cara a su jefe.

Y en un segundo, estaban a tortas de nuevo

– – – – – – – – –

3)

De vez en cuando el señor se traía alguna pelandusca a casa pero ninguna duraba demasiado porque muy pocas se la podían comparar en la cama, y casi ninguna se amoldaba a los gustos del señor como se amoldaba ella. Inevitablemente se llegaba a la pelea entre ambas hembras, y de forma casi invariable las uñas de la gata andaluza demostraban ser las mas afiladas. (En sentido figurado, porque Elvira llevaba las uñas cortas para poder usar mejor los puños) Cada victoria en una de estas sucias peleas femeninas le reportaba un mes de sueldo, pero si perdía se arriesgaba a perderlo todo, pues ella misma había logrado aquel trabajo derrotando a la criada anterior, una rubita de medio pelo con un buen par de tetas que no le había durado ni cinco minutos. Tras la primera pelea, la perdedora tenia derecho a una revancha pero la mayoría de sus adversarias, incluida su antecesora, no tenían ovarios para repetir.

Una que si que tenia ovarios de sobra era la señora, o mejor dicho, la ex – señora, porque el señor y ella estaban separados, tramitando el divorcio. Un día apareció de repente por la casa una pelirroja pecosa y de piel muy pálida, bastante alta aunque no tanto como Elvira, de largas piernas, culo espléndido y con buenos pechos, evidentes al ir vestida como una puta de 300 euros. Elvira por su parte tenia el pelo despeinado y muy poco más, pues el señor y ella habían estado pegándose en el recibidor, perdiendo en el proceso la ropa y la vergüenza, aunque no echaban de menos ninguna de ambas cosas. De repente se escucho el ruido de una llave en la puerta y alguien abrió. Era la señora, que se quedo mirándoles estupefacta.

Hola Julián. ¿Es esta tu nueva putita?

¿Quién es esta bruja? Dijo Elvira.

Chicas, chicas… cariño, esta es Elvira, la doncella. Elvira, esta es Bárbara, mi ex mujer.

Todavía no, nene, y me parece que tu nueva putita de ‘doncella’ no tiene nada. ¿Te gustan ahora las gitanillas, Julián?

No soy gitana, y no me llames putita, putona.

Mejor una putona rica y elegante como yo que una putita barata y desvergonzada como tu.

Puede que tengas mas dinero que yo, pero yo tengo algo que tu no tienes.

¿Ah, si? Y que es?

¡Esto! Respondió Elvira, recogiendo del suelo un preservativo usado y arrojándoselo a la cara.

¡¡ZORRA!! Gritó la pelirroja, arreándola un sopapo monumental

¡¡BRUJA!! Respondió Elvira, devolviéndole la bofetada

¡¡PUTA!! Replico Bárbara, arreándole un tremendo guantazo

¡¡PUERCA!! Dijo la criada, arreándole una trompada

¡¡FURCIA!! Otro sopapo para la morena.

¡¡FOCA!! Lo mismo para la señora.

¡¡PERRA!! Un buen revés en la cara de la criada

¡¡GUARRA!! Replicó Elvira, sacudiéndole a su adversaria un tremendo tortazo.

Normalmente, tras un par de bofetadas, las dos gatas de pelea se habrían lanzado la una a por la otra. Pero esta vez parecían sostener una especie de duelo personal, subiendo de tono los insultos mientras sus mejillas iban volviéndose coloradas y aparecían en ellas marcas de uñas. Julián estaba alucinado ante aquel enfrentamiento, que se prolongó todavía un par de minutos hasta que Elvira, con un tremendo revés, derribó a Bárbara y acto seguido se lanzó sobre ella con un alarido de triunfo. Bárbara la recibió con uñas y dientes, agarrándole una teta con las dos manos y retorciéndosela. Elvira aulló de dolor pero en un segundo le estaba devolviendo el favor. Esto duro tan solo unos segundos, pues ninguna de ellas pudo aguantar ni un instante más.

Las dos fieras quedaron en el suelo, jadeando y recuperando fuerzas. Esta vez fue Bárbara la que atacó primero, agarrando el cabello de su adversaria y tirando con fuerza. Elvira hizo lo mismo y agarrándose de los pelos con ambas manos se pusieron de pie de nuevo intercambiando patadas y rodillazos.

¡Ríndete putita, o te dejaré calva! Gritó la pelirroja. No era bravuconada, pues esta vez fue la morena la que se vio en desventaja, arrastrada por su rival. Entonces Elvira soltó el cabello de la señora y comenzó a usar los puños. La elegante zorra aceptó el reto, y durante un par de minutos ambas bestias tetudas se machacaron mutuamente.

Julián estaba asombrado de la pelea. Normalmente Elvira no usaba los puños en las peleas salvo que el combate se le volviese difícil o estuviese muy enfada, pero cuando los ponía en acción, la batalla terminaba casi siempre en cuestión de segundos. Esta vez, tras un prolongado intercambio de puñetazos, las dos fieras quedaron frente a frente, en guardia, jadeando. Bárbara había perdido sus elegantes pero impúdicas ropas, revelando que no llevaba ropa interior alguna debajo. Vale que estábamos en pleno verano y hacia un calor de caerse las moscas, pero aun así la tal Bárbara era un verdadero putón, paseándose sin bragas y con aquella minifalda de tubo por la ciudad.

Durante un segundo las dos gladiadoras se miraron con odio la una a la otra. Luego atacaron. Cayeron al suelo, Bárbara encima, pero Elvira cerró sus piernas morenas sobre la cintura de avispa de la pelirroja y cerró con fuerza. Bárbara pegó un alarido al sentir la presión sobre sus costillas, y quiso atacar el pubis de la criada, pero Elvira estaba muy pegada a la señora, abrazándola con fuerza. Bárbara estrujó un pecho de Elvira, la golpeó, la mordió, la tiro del pelo, pero de nada le valió y unos segundos después tuvo que pedir piedad.

La señora no ha podido con la criada. Dijo Elvira en son de burla. ¿Quiere un poco más la señora? Preguntó, cerrando de nuevo las piernas.

¡¡ARGHHHH!!! Gritó Bárbara. ¡Basta, BASTA! ME RINDO!!!!

Elvira se monto sobre Bárbara, y comenzó a comérsela a besos, rozándose con ella, y frotando rítmicamente su sexo contra el de su vencida adversaria, que al principio se resistió pero luego comenzó a gemir y retorcerse mientras la sirviente la jodia con entusiasmo. La señora se corrió entre gemidos y luego la criada siguió cabalgándola hasta masturbarse con el caliente coño de la señora. Julián, caliente a tope ante esta increíble escena, se excitó tanto que entró de nuevo en erección y embistió por detrás a la caliente pareja, insertando su miembro viril entre los conejitos calientes de ambas hembras, que comenzaron a refrotarse la una con la otra sintiendo el tacto duro de la polla de Julián en medio de sus coños, como una salchicha en el bocadillo. Las dos cachondas se corrieron en unos segundos, y al cabo de un par de minutos de salvajes jadeos se corrieron los tres casi a la vez. Luego la morena se levantó, se sentó sobre la cara de la señora, embadurnándole la cara con el semen del macho que acababan de disputarse.

Julián se sentó a su lado y comenzó a besarla y acariciarles los pechos.

Tu ex mujer pelea muy bien, pero folla mucho mejor. Dijo Elvira.

Tiene mucha practica, en realidad demasiada, ya me entiendes, respondió Julián. Por eso voy a divorciarme de ella.

Me la voy a follar el resto de la noche, dijo Elvira, con una sonrisa picara. ¿Vienes?

Chica, no, gracias, me gustaría pero estoy muerto. Me has dejado agotado antes de que Bárbara llegase, y este ultimo ya ha sido demasiado.

Tu te lo pierdes, guapo. ¡Hasta mañana! Y diciendo eso, agarró a Bárbara por sus cabellos y se la llevó a rastras al dormitorio.

– – – – – – – – – –

4)

Al día siguiente Elvira se despertó sola en la cama, y al espabilarse del todo escuchó ruidos de impactos y jadeos en la entrada. Se levantó y moviéndose con sigilo vió en la entrada a Julián y a Bárbara desnudos, vestidos tan solo con una par de manoplas de boxeo de esas que dejan libres los dedos para agarrar. Ambos giraban y giraban mientras se lanzaban puñetazos y patadas hasta que la pelirroja le arreó tal gancho de derecha a su marido que lo tumbo en el suelo. Entonces la señora le saltó encima al señor y rodaron por el suelo. Entre tanto Elvira observaba la pelea matrimonial poniéndose cada vez más cachonda mientras veía a Julián ir poco a poco doblegando a su esposa y montándose encima de ella para echarle un buen polvo. La pelirroja le besaba pero a la vez intentaba quitárselo de encima a torta limpia, incluso cuando su marido ya la había penetrado y la cabalgaba rítmicamente. Elvira se puso tan cachonda viéndoles pelear y follar a la vez que empezó a masturbarse mientras les espiaba. Mientras tanto Bárbara había logrado tumbar al señor y lo montaba como una amazona en celo. Viendo moverse el estupendo trasero de la pelirroja, Elvira no pudo aguantarse mas y se abalanzó sobre ella, montándose sobre su espalda, besándola en el cuello, acariciándole los pechos y rozando su pubis contra sus nalgas. Al cabo de un par de minutos deliciosos se corrieron los tres, Bárbara primero, luego Julián y por ultimo Elvira.

Durante un minuto o mas, quedaron los tres en el suelo, recuperándose. Luego, Bárbara comenzó a asaltar con su ágiles dedos el pubis de Elvira, que le respondió en el acto de la misma forma, comenzando así una batalla sexual entre ambas hembras. La pelirroja atacaba con las yemas de sus dedos las partes intimas de la morena mientras le mordisqueaba la oreja. Elvira por su parte no permanecía ociosa, y la punta de su lengua masajeaba los pezones de Bárbara mientras sus propios dedos acariciaban la entrepierna de su adversaria. Tuvieron que pasar varios minutos para que la señora, con un gemido, se derrumbase entre los brazos de la criada que había vuelto a derrotarla. Entonces y solamente entonces, Elvira se dejó llevar y se corrió también. Distraída como estaba, no se dio cuenta de que Bárbara se levantaba y la agarraba en una llave de lucha libre, montándose encima de ella para cabalgarla coño contra coño. El revolcón era de tal calibre en su rudeza que parecía mas un combate de lucha libre americana que un acto de amor. Claro que no era amor, era sexo de combate, pues combate era, mientras cada una de ellas intentaba ponerse encima de la otra para marcar el ritmo del orgasmo. Ninguna lo logró, pero de nuevo fue la morena la que tras un buen rato de combate lésbico domino sexualmente, haciendo que la pelirroja se corriese primero. Entonces pudo montarla y correrse también.

Mientras Bárbara se recuperaba, Elvira hizo un esfuerzo por levantarse y no dejarse sorprender. Se acerco a Julián, que en el tiempo transcurrido había vuelto a empalmarse contemplando las acrobacias sexuales de su esposa y su sirvienta, y agarrándole por el pelo le dio un tirón que le hizo gritar y se lo llevo a los labios, besándole lascivamente mientras se enroscaba en su cuerpo como una boa constrictor apareándose. Cayeron al suelo, Elvira encima, y rodaron por el suelo besándose y acariciándose mientras copulaban. Entonces Bárbara se tumbó sobre la espalda de Elvira, rozándose con ella mientras la besaba en el cuello. Tras varios deliciosos minutos Elvira se corrió, seguida por Bárbara y luego Julián, que ya no pudo aguantarse mas escuchando los gemidos de placer de aquellas dos calientes hembras.

Tras los referidos excesos carnales, todos quedaron en el suelo, exhaustos y sudorosos durante un bien rato. Entonces Elvira, que parecía inagotable, se levantó y saco de un armario un consolador doble y tras meterse un extremo en su vulva, se lo sacó y se lo pasó por la cara a Bárbara, retándola a un nuevo combate sexual. La pelirroja agarró el consolador y lo chupó con ademán lascivo. Luego se lo metió en su propio coño, y agitó el otro extremo de forma obscena, como diciendo, ‘ven aquí’. Entonces Elvira agarró el otro extremo y se lo metió en el conejo mientras sobaba los pechos de Bárbara, que le devolvía el favor con lascivo entusiasmo. Sentadas frente a frente, con las piernas cruzadas para un contacto mas intimo, sus labios acariciándose en un lascivo beso, con sus lenguas masajeándose sin cesar y sus caderas moviéndose rítmicamente. Esta vez Bárbara, decidida a no dejarse vencer, aguanto largo rato, pero al final sintió que sus sentidos se sobrecargaban y sucumbía a una oleada de placer que la dejó en el suelo medio desvanecida.

Cuando Bárbara recuperó el sentido, Elvira le tiró unas ropas viejas.

La señora no puede irse desnuda, dijo Elvira. Pero Bárbara se acercó a cuatro patas a la morena y comenzó a darle lenguetazos en el conejo.

Nadie puede conmigo en el sexo oral, zorra andaluza, dijo Bárbara.

Es cierto, dijo Julián. Es la mayor mamona que conozco.

Exceptuándome a mi, respondió la criada, agachándose para entablar nuevo combate. La lengua de Elvira atacó sin piedad el clítoris de Bárbara mientras sus labios bucales mordisqueaban los labios vaginales de la señora, que le devolvía el favor con tal habilidad y furia que en breves instantes Elvira ardía por dentro sin poderse contener. Por un segundo Elvira se creyó vencida, pero entonces escucho los gemidos de placer y desesperación de la pelirroja, corriéndose como una yegua salvaje en celo.

Aquello fue el final del combate. La criada había aplastado sexualmente a la señora, derrotándola una y otra vez hasta el agotamiento total. Bárbara quedó en el suelo, inconsciente, y allí se quedo durante un par de horas. Pero Elvira todavía tenia ganas de marcha, y viendo el cipote de nuevo erecto de Julián, salto sobre el como una tigresa hambrienta sobre un cervatillo para darle un ultimo y glorioso revolcón.

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