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Como me aficione a las peleas de tías

Por sexfight

Yo tenía 13 años y mis padres me habían enviado a estudiar música con una profesora particular. Yo odiaba todo eso del solfeo y el piano y lo demás pero mi madre tenía la manía de la cultura y me enviaron lo quisiera o no. Mi profesora era una señora mayor llamada doña Enriqueta y vivía en casa de su hija. Allí daba las clases y tenía varios alumnos. También tenía una nieta de 17 años llamada Begoña. No era fea del todo y tenía buenas tetas pero no era nada guapa y además estaba algo gorda. Ella odiaba la música y la tenía todo el día con las lecciones de su abuela. A ella no podía decirle nada así que la pagaba con nosotros. Como era mayor que la mayoría de los alumnos se divertía dándonos la lata. Doña Enriqueta recibía a los alumnos de uno en uno y mientras uno daba la clase el siguiente esperaba su turno.

Yo tenía mi turno justo a tiempo de terminar la clase, salir a todo correr a mi casa, que estaba cerca, y ver mi serie de televisión favorita que eran unos dibujos animados llamados ‘Vikie el vikingo’. Begoña lo sabía y jugaba a hacerme perder el tiempo a la salida. Su madre con frecuencia llegaba tarde de modo que con su abuela encerrada con el siguiente alumno, estábamos solos ella y yo, y ella era mayor, más alta y más pesada. Me mareaba un poco, teníamos algunos forcejeos y palabrotas hasta que me zafaba de ella o se aburría y me dejaba ir. Un día que iba retrasado y ella estaba más pelma que de costumbre me enfade de verdad y le dije que era una foca. Ella se picó, me dio un sopapo y me dijo que si volvía a decirle eso me daría una paliza. Bien. A mi, mis siempre me habían dicho que los hombres son los más fuertes y así se lo dije. En menos de un segundo estábamos por el suelo como perro y gata. Ella peleaba sucio, me mordía, me tiraba del pelo, pero yo también la tiraba del pelo y le daba con los pies y con los puños y ella hacia lo mismo y además me escupía y trataba de darme en la entrepierna. Al final se puso encima mío y como tenía mucho más peso me sujeto y me obligo a rendirme porque no pude sacármela de encima por mucho que lo intenté. Ella se rió de mi y me repetía en son de burla lo que yo le había dicho antes acerca de que los chicos son siempre más fuertes.

Al día siguiente al salir de mi lección de solfeo ella estaba allí esperándome de nuevo, plantada frente a la puerta y riéndose. Yo estaba hirviendo de vergüenza y sin pensármelo me tire sobre ella y luchamos en el recibidor, luchamos en el pasillo y terminamos luchando en su cuarto. Ella intentaba ponerse de nuevo encima mío y dominarme con toda su grasa pero yo sabia que si lo lograba estaba perdido y me movía rápido hasta que la note que jadeaba. Entonces logre ponerme encima suyo pero ella me derribo y volvimos a rodar por el suelo hasta que esta vez la agarre bien agarrada y ella ya no pudo liberarse. Entonces me senté en triunfo sobre ella e intente besuquearla pero ella me escupió en los ojos y eso me distrajo de manera que pudo soltarse y empezamos otra vez. Entonces llegó su madre y tuvimos que dejarlo. Regrese a casa caliente como una moto y con una erección descomunal.

Desde aquel día no había vez que fuera a dar clase que no nos agarráramos el uno al otro. Ella me vencía con frecuencia pues era más grande pero yo era más rápido y a veces lograba cogerla bien cogida. Ni que decir tiene que me pasaba la pelea metiéndole mano y ella me llamaba cerdo y no se dejaba pero ella también me metía mano a mi y notaba que siempre terminaba con las bragas empapadas. Un día su madre llego de improviso y estábamos tan enzarzados que no la oímos llegar. Ella oyó el ruido de la lucha y nos pilló hechos un ovillo rodando sobre la alfombra. Nos quedamos helados pero ella creyó que solo estábamos jugando y se limito a decirle a Begoña que no armara tanto ruido y que tuviéramos cuidado de no romper nada. Entonces volvió a salir para hacer alguna compra y en cuanto cerró la puerta volvimos a la lucha.

Un día que estábamos solos en su casa la tenía casi vencida pero estaba tan excitado que eyacule. Ella se dió cuenta y me dió un rodillazo en la entrepierna. No me dió de lleno pero eso me enfureció y la arranqué las bragas de cuajo. Ella me dió un puñetazo y aquella vez nos peleamos realmente en serio hasta que ella me aplastó y se sentó sobre mi cara. Entonces me ordenó que fuera su novio. Yo me negué porque era gorda y fea pero ella me puso los puños en la cara y me dijo que ahora éramos novios. Begoña no había tenido novio nunca y yo iba a cubrir ese hueco. Así sus amigas no se burlarían más de ella. Desde entonces íbamos juntos por la calle y al cine y a todos lados. Yo intente acostarme con ella pero me rechazaba. Para ella ser novios era una cosa y el sexo algo completamente distinto y no tenían nada que ver. Hacer peleas guarras medio desnuda conmigo y meternos mano y sobarnos para ella eran solo juegos más emocionantes en cuanto que los mayores con toda certeza nos los prohibirían si llegaban a enterarse, pero para ella eso no era sexo aunque se corría a menudo y yo también. Un día me harté y la bese por la buenas y empece a soltarla el pantalón y ella se dio cuenta de que iba el asunto y se defendió como una posesa pero la tumbé y entonces ella me dijo que si y me saco una caja que yo no sabia que era ni entendí a cuento de que me daba esto y ella sacó las gomas y me puso una. Entonces lo hicimos. Ella no era virgen, aunque no se si eso debería sorprenderme. Luego lo hicimos de nuevo dos veces más y ella todavía quería otro pero reconozco que yo ya no daba más de mí.

Mientras tanto había convencido a mi madre para que se olvidara del solfeo y Begoña y yo nos veíamos cuando queríamos, lo hacíamos como conejos y podíamos pasar horas rodando por el suelo. Para mi eso fue el paraíso hasta que un día su madre llegó de improviso y nos pilló en plena faena. Ya podéis imaginar el escándalo que se armó. Me prohibieron volver por allí ni salir con ella, a ella la castigaron sin salir, etc…. pero nos vimos de nuevo pese a todo hasta que su abuela se puso enferma y murió. Entonces se mudaron. Ya no volví a verla, pero nunca la olvidaré.

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