Archivo por meses: mayo 2017

Crea tu cuenta gratis y disfruta de una semana de videos de primera calidad en PornHub Premiun

Educando a un perro petiso

Hola amigos. Nuevamente puedo contar mis experiencias de mi vida sexual con mis bellos animales. Si leyeron mis relatos se darán cuenta que estoy acostumbrada a que me monten perros grandes, pero en esta ocación me toco lidiar con uno petizon pero muy energico y bien dotado.

Una amiga viajaba a Brasil de vacaciones, y como vivia en un departamento en el centro de la ciudad no sabía que hacer con su perro. Así que me pidió que se lo cuide. Me llevé su perro a mi casa, ya me conocía bien asi que no tendría problemas, ademas, mi casa tiene suficientes puertas para seccionarla en caso de visitas y así evitar problemas con mis perros. De este modo lo tendría aislado de los otros para que no lo dañen.

Este perro llamado kiko, era muy docil, cruza de perro batata (madre) con algo así como pitbull o similar. Así que era petiso pero de gran porte. La cuestión es que me fuí a coger a la granja con mis animales, Cachito no estaba esa noche, despues de volver toda rendida por mi larga sesión de sexo, podía escuchar los llantos del perro por estar solo, cosa que no estaba acostumbrado. En cuanto entré a la casa se acerco y empezó a buscar cariño, una vez tranquilizado empezó a olfatear a esta hembra recubierta de leche de todos los animales. Como yo estaba de rodillas frente a él, disfrute de sus lengüetazos a mis gambas, que empezaron a hacer efecto en esta perra ardiente. Luego me recoste en la alfombra boca abajo y deje que continue limpiandome con su lengua por mis piernas y nalgas, la cuales de a poco fuí separando para que empiece a lamer mi concha que ya ardía de nuevo. Su lengua logro sacarme un nuevo orgasmo en poco tiempo, así que llegó el momento de devolverle el favor aunque no esperaba mucho de un perro de su tamaño. Valla sorpresa! Una verga gruesa asomaba por su capullo, su docilidad me permitió acostarlo y que se dejara pajear, una vez que su verga tuvo firmeza me subí sobre él y me la introduje por el culo haciendo que entre hasta su boton y siga creciendo dentro de mí. Yo me movía mientras sentía los chorros de leche que lanzaba hasta que me hizo venir nuevamente, sin sacarla me quedé quieta hasta que el quizo salir.

Luego me fuí a bañar y descansar junto a kiko. Por la mañana me despierto con su lengua traviesa en mi vagina, intentaba entrar en mí, lo estaba disfrutando mucho, tenia mis piernas bien separadas para que se sintiera comodo, y de repente quiso cogerme, pero no podía hacerlo, estaba muy bajo mis agujeros para él, pero si me ponia en 4 quedaría muy alta. Así que en misionero puse una almohada debajo de mi cola y expuse así bien mi concha, lo llame y de inmediato se monto sobre mí para empezar a rozarme su punta por mi clítoris en cada intento. Hasta que eleve un centímetro mas mi pelvis para que me la ensartara hasta el fondo haciendome gemir. Empezó a bombear, con fuerza y torpeza que me hacian llegar a las nubes en cada estocada, podía sentir como crecia en mi interior mientras lanzaba sus chorros de leche. Su torpeza, su tamaño hacian que no hiciera por girar, simplemente se dejo estar sobre mi en esa posición mientras yo lo presionaba con mis talones y movia mi pelvis para llegar a mi tan deseado orgasmo.

Como aún estaba aprendiendo me lastimo un poco la zona de las costillas así que lo deje descansar y busque para ponerle medias en sus patas así no me dañe mas, ademas mi culo tambien quería sentir semejante verga adentro y que lo taladre con la misma energía que recién. En eso escucho entrar a Cachito y se dirige directamente a mi habitación, cuando entra lo espero en la cama desnuda junto al perro que estaba terminando de guardar su verga en el capullo. Despues de un simple buen día, le digo que quiero su verga dentro de mí, asi que se desnuda en dos segundos y le regalo una pequeña mamada para que tome firmeza su bate. Me posicione en 4 y el resto se encarga él. Me introduce violentamente su tranca y de inmediato le da ritmo a la cogida mientras grito y gimo de placer; sus huevos castigan como latigo mi clitoris, sigue presionando hasta que logra que todo esté dentro cuando siento su leche regar mis tripas. Cambiamos de posición y me monto sobre el haciendo que penetre mi concha, lo comienzo a cabalgar con violencia mientras el chupa mis pezones y me aprieta las nalgas. Y para fortuna mía, el perro estaba listo para un polvo mas, la posición lo favorecía, mi culo dilatado lo esperaba, y él quería poseer una vez mas a su hembra. Me monta y los jugos que salian de mi trasero ayudan a una rápida penetración, se acomoda bien y empieza con su clabada mientras Cachito se queda quieto con su tranca firme dentro de mí. Su nudo no demora en entrar sin mucha resistencia y empieza a tomar tamaño dentro de mi trasero para dejarnos bien pegados. Mientras su verga latía en mi culo, Cachito comenzó a bombear nuevamente hasta que unificamos nuestros jugos en una misma acabada fenomenal.

Nos quedamos los tres en la misma posición como por diez minutos, la verga de Cachito perdió y volvió a tomar firmeza sin salir de mí. Cuando empezó a bombearme recien ahí el perro quizo salir para recostarse a mi lado, Cachito se puso sobre mí y me empezó a dar con la dureza que lo caracteríza mientras yo llevaba mi boca al rabo del perro para que aprendiera lo que es una buena mamada, con lo que me regaló un buen trago de leche que no desperdicié ni una gota.

Lamento no poder hacer que me coja junto con los otros perros que estaban celosos y se lo querían deborar, ubiera sido otra fantastica experiencia.

Mejora la calidad y duracion de tus erecciones con Vigrax


Crea tu cuenta gratis y disfruta de una semana de videos de primera calidad en PornHub Premiun

Aprender duele

Tengo 15 años y lo que puede decirse un coeficiente intelectual elevado. Aprendí a hablar antes del año, a leer de corrido a los 3; a los 5 ya tocaba varios instrumentos y hablaba bastante fluido el inglés.
A los 8 ya había concluido la educación primaria y secundaria en un instituto de enseñanza privado y al año siguiente comencé una carrera universitaria. Siempre me atrajo lo relativo al cuerpo humano e investigación así que empecé la carrera de medicina.
Hasta ahí había tenido una vida relativamente tranquila. Los problemas comenzaron cuando me recibí y comencé la especialización en el Hospital Estatal.
No tenía amigos de mi edad, me resultaba muy difícil que me tomaran en serio ahora que no contaba con el respaldo de los profesores, las responsabilidades mayores y las extenuantes horas de residencia me fueron volviendo cada vez más irritante, insolente e irresponsable. Lo único que me motivaba era hacerle la vida imposible a mi residente superior, Paula de 24 años que se aprovechaba de mi falta de carácter e inexperiencia para hacerme trabajar días enteros de corrido, me mandaba a hacer todos sus papeleos (cosa más tediosa en el mundo no hay) y me retaba frente a todos cuando hacía algo mal.
Creo que fue odio a primera vista lo nuestro, el caso que una calurosa noche de verano, después de haber visto lo que parecían ser cientos de pacientes sin parar desde la mañana, me disponía a cenar y descansar un rato cuando entra a la sala común de los doctores y me pide que le complete su planilla de pacientes. Yo de mala manera le digo que no es mi trabajo, que no me molestara más por el resto del día y seguí comiendo como si nada, de repente siento como toma el respaldar de mi silla y lo gira violentamente quedando mi cara a muy pocos centímetros de la suya, y con una voz muy calma pero a la vez amenazadora (que me hizo dar escalofríos) me “advirtió” que si a primera hora de la mañana no estaba hecho lo que me pidió me iba a arrepentir.
La rebeldía me duró poco, estaba muy enojada, principalmente conmigo misma por dejar que se aprovechen de mí. Tenía que hacer algo, esto no podía seguir así, tenía que imponerme, tenía que ganarme el respeto de los demás, principalmente de Paula, ¿Pero cómo? ¿Qué podía hacer yo?
La semana entrante íbamos a tener la visita del Director y Subdirectora del Hospital, el área de salud donde trabajamos es uno de los más tenido en cuenta, porque trabajamos con niños.
Ese fin de semana lo tenía libre y me vinieron a visitar mis primos Lucas y Ariel, el domingo uno de mis primos decide hacer unos brownies de marihuana, comimos algunos y nos quedamos escuchando música. A la mañana siguiente me despierto y me doy una ducha antes de ir a trabajar, cuando una idea llego a mí, una mala idea como más tarde pude comprobar, agarré un par de brownies, los metí en un tupper en la mochila y me fui.
Yo sabía muy bien del fanatismo de Paula por lo dulce, así que ni bien entré a la sala de doctores puse el tupper sin que nadie me viera en la heladera y me fui a hacer consultorio. Pasado el mediodía cuando me dispongo a ir a almorzar, voy caminando por el corredor cuando veo algo que casi me hace infartar. El Director y Subdirectora habían adelantado el día de visita y se dirigían a hacer la inspección. Salgo corriendo para esconder lo que había guardado en la heladera pero cuando lo agarro veo que faltaban dos pedazos, sin pensarlo mucho y ya escuchando las voces de los directores que se acercaban los meto en mi mochila.
Nos estábamos dando los saludos de cortesía, cuando entra Paula, con los ojos rojos, tambaleándose y tirando todo a su paso, burlándose y riéndose a carcajadas de los pacientes que estaban en la sala de espera. Para ser sincera no lo pude disfrutar, sabía que estaba en un problema si se descubría que había sido yo la que intencionalmente había puesto esos dulces para drogarla, presentía que la broma no me iba a salir barata.
La frutilla del postre fue cuando, descompuesta, vomito sobre el Director del Hospital y cayó desmayada. El Director, furioso, se fue dejando todo el asunto en manos de la subdirectora, ésta le puso un suero a Paula y cuando se recuperó no podía creer lo que había hecho. La Subdirectora le dijo que posiblemente fue causa del estrés pero que con seguridad iba a ver sanciones severas al respecto. Me fui relajando, casi sonreía al ver que nadie me mencionaba a mí ni a la marihuana. Después de todo ese lío me fui a trabajar como si nada, ya saboreando mi victoria.
Cerca de las 20:00hs cuando me estaba preparando para irme, me saco el ambo y al abrir la mochila para guardarlo veo que el tupper no estaba, desesperada lo empiezo a buscar por todos lados. Me tiro debajo de la cama para ver si se había caído pero no estaba, al darme vuelta para salir de ahí, veo dos zapatos que me resultaban muy familiar, y enseguida una mano aparece de la nada, me agarra de una oreja y me levanta de un tirón. Era Paula, roja de ira, que me arrastro hasta una silla y me empujo a ella. De repente veo que cierra la puerta de la sala común con llave y se sienta en la otra punta de la mesa.
Se hizo un silencio que me pareció eterno.
_ Estuve pensando que fue lo que me pasó hoy, porque actué de manera tan extraña, me dijo cortante.
_ Ya escuchaste a la subdirectora, fue el estrés, dije de manera muy nerviosa, lo mejor sería qu….
_ Repasé hora por hora lo que hice desde que llegué, y me di cuenta que estaba bien hasta que comí unos brownies que había en la heladera.
Ya a esa altura sabía que ella sabía que había sido yo, no se me ocurría nada que decir en mi defensa y mi cabeza iba a mil pensando las consecuencias que iba a tener, me iban a expulsar, me iban a denunciar, le iban a decir a mis viejos… no podía razonar.
_ Cuando volví a buscarlos ya no estaban, siguió. Me pareció raro que ni el tupper estaba así que decidí buscarlos y los encontré en tu mochila.
No sé si era la culpa o qué, pero sus ojos me miraban de tal manera que me hicieron confesar.
_ Si fui yo, estoy cansada de que te abuses de mí, y me hagas hacer tu trabajo así que quería vengarme. Si queres acusarme con los Directores, con mis viejos, me da igual, no me importa que me echen.
_ Nada de eso, no te voy a acusar, pero si te voy a enseñar que hay ciertos límites, que por más nena irresponsable, caprichosa e inmadura que seas no se deben cruzar.
Dicho esto se levantó tan rápidamente de la silla que no me dio tiempo a reaccionar y me puso sobre sus rodillas, dejando mi cola a disposición suya.
¿Qué haces, estás loca? grite, no podes pegarme, no tengo 5 años, si me tocas un pelo te juro…
No estás en posición de amenazarme, me interrumpió y me dio una nalgada tan fuerte que me hizo dar cuenta de lo que se me venía.
¿Te das cuenta de la gravedad de lo que hiciste… PAFF otro terrible chirlo… yo me había quedado paralizada, jamás me habían castigado así.
¿Te das cuenta? PAFF PAFF PAFF, quiero que me digas las consecuencias que podrían haber ocurrido, PAFF PAFF PAFF PAFF PAFF PAFF PAFF, una catarata de palmadas cayeron sobre mis nalgas, a esa altura yo estaba llorando, me dolían cada vez más las nalgadas y no podía ni hablar.
¿A no querés hablar? Yo te voy a hacer hablar y me bajo el pantalón dejando mi cola al aire PAFF PAFF PAFF PAFF PAFF. Una sucesión de palmadas en mi cola pelada fue demasiado para mí, me largue a llorar como una nena de 3 años, pidiendo perdón y que por favor parara con el castigo.
Cuando al fin se detuvo, y pude tomar un segundo aire, tenía una mezcla de sensaciones, por un lado un horrible ardor en las nalgas pero al mismo tiempo cierta excitación. Paula creo que también se dio cuenta, y comenzó a acariciarme suavemente mi vulva, yo ya estaba toda mojada, me levantó suavemente y me llevo hasta la cama donde solemos descansar. Me sentó en sus piernas, me besó y habló de la manera mas dulce…
_ ¿Comprendes porque tuve que castigarte Pipi? Así me dicen mis amigos, esa fue la primera vez que ella me llamó de esa forma.
-Sí, dije yo, colorada mezcla de vergüenza y excitación, perdón Pau no va a volver a pasar.
– Claro que no, pero para eso tengo que asegurarme, así que el castigo termina solo por hoy.
– Pero…
– SHH SHH no digas nada Pipi que haga que vuelva a castigarte en este preciso momento.
– Esta bien Pau, como vos digas.
– Mañana a la noche te espero en casa, vas a recibir otra sesión de nalgadas, esta vez no esperes que sea tan corta.
– Esta bien, dije y me fui a mi casa. Al llegar corrí hasta el espejo a ver las marcas y vi mis nalgas de un rojo tomate, me estremecí al recordar lo que me había pasado un rato antes, y tuve que masturbarme para bajar la excitación.
Al otro día, fui a la casa de Paula, me estaba esperando con toda una serie de artilugios para castigarme. Terminada la paliza, bastante más severa esta vez, hizo el mismo ritual de sentarme en sus rodillas y besarme muy dulcemente. Cuando nos dimos cuentas estábamos haciendo el amor apasionadamente.
Como se hizo tarde me quedé a dormir en su casa para ir juntas al trabajo al otro día. Así fue como comencé mi relación con mi ama, hasta el día de hoy estamos juntas.
Tengo muchas más historias que les seguiré contando si ustedes así lo quieren.
Saludos.

Mejora la calidad y duracion de tus erecciones con Vigrax


Crea tu cuenta gratis y disfruta de una semana de videos de primera calidad en PornHub Premiun

Matrimonio de conveniencia

1:

Arturo contrata a una doncella tailandesa y pretende no pagarla

Por sexfight

“¿Como que tu no tener dinero?”

“Mira chica, ahora estoy muy liado. Ya te pagare el mes que viene ¿De acuerdo?

“¿No!. ¡No de acuerdo! ¿Tu deberme ya seis meses! Tu pagar ahora!

“Bueno. ¿Y si te pago con otra cosa en vez de dinero? ¿Este reloj de bronce, quizás?

“No. Reloj bonito pero no suficiente. Yo necesito más. Quiero más. Mucho más”

“¿Que es lo que tiene valor para ti?”

“Yo, inmigrante ilegal. Para mi lo mejor ser casarme. Así no deportar. Yo no quiero volver Tailandia. Si tu casarte conmigo matrimonio de conveniencia tu saldar deuda y yo hacer gratis todo lo que tu querer todos los días.”

“Estas loca. Ya se que se dice que las de tu país sois fornicadoras excepcionales, pero tu eres delgada y bajita, y yo tengo la obsesión de las mujeres altas, fuertes y dominantes. Solo me casare con una mujer de esas características”

“Yo follar mejor que diez blancas juntas. Yo antes estudiaba en universidad. En pocas semanas todos los chicos vienen solo yo. Nada las demás. Yo hacerme famosa. Las demás envidia. Las demás pegarme. Tres blancas y una mulata. Yo, sola. Ellas más que yo. Ellas más grandes que yo. Gran pelea. Ellas malas en la cama, malas en la lucha. Ellas perder. Ellas llorar y pedirme perdón. Ellas ser mías en la cama muchas, muchas veces. Ahora mando yo. Ya ves. Yo, pequeña pero muy dura. Todas las tailandesas somos muy, muy duras. Tu, más grande y más fuerte pero yo puedo dominarte. Limpiando encontré tus revistas guarras. Se lo que te gusta. ¿Tu gustas cuero y látigos? ¿Tú quieres dominación? ¿Tú quieres sexo muy violento? ¿Quieres todo eso todos los días y gratis?

Arturo tenía que hacer grandes esfuerzos para no reír. ¡Aquella mosquita muerta, flaca como una lagartija y que no le llegaba a la barbilla le retaba! Pensó en enviarla de vuelta a su casa con dinero para el taxi y una disculpa pero la echo un segundo vistazo. La chica se llamaba Ajit, era feuchilla de cara, con labios gruesos y viciosos, ojos rasgados que le daban un aspecto feroz, pelo negro que le caía en una cola de caballo casi hasta la cintura, piel muy oscura, muy flaca pero muy fibrosa, pechos pequeños pero bien formados y un culito respingón. Vestía de modo discreto. Pantalones y camisa, sin adornos ni joyas. Mientras hablaba tomaba poses provocativas y retaba a Arturo con la mirada, relamiéndose y sentándose en el sofá abriendo las piernas y contoneándose. Arturo decidió aprovecharse.

“Te propongo un trato. Si eres capaz de dominarme como dices, me caso contigo. De lo contrario te abriré de piernas aquí mismo. ¿De acuerdo?”

“De acuerdo. Tu ahora reír pero luego tu llorar y yo mandar.”

Arturo se aproximó a la pequeña oriental, que le esperaba a pie firme. En honor a la verdad Arturo no tenia intención de hacerla daño. Agarrarla con fuerza, un breve forcejeo, tumbarla en el sofá, abrirle la camisa, abrirle las piernas, clavársela hasta el fondo y darle un buen meneo. Por desgracia para el, la chica tenia otros planes. Un pie que parecía hecho de hierro se clavo como un cañonazo en el estomago de Arturo, que cayo al suelo doblado en dos. Ajit comenzó a patearle la espalda con sus botas de campo. Arturo logro rodar sobre si mismo y hacerla caer. Ambos rodaron entrelazados hasta que Arturo quedo encima y comenzó a abofetearla. Ella respondió con los puños y le coloco un gancho de derecha a la mandíbula que lo derribo. Quedaron de costado atacándose con pies y manos hasta ponerse de rodillas. Arturo la envío al suelo de un puñetazo pero ella volvió a levantarse en un segundo. Un nuevo golpe tuvo el mismo efecto. tres, cuatro, siete veces Arturo derribo a su pequeña rival y ella volvió a levantarse como un muñeco de resorte, con sus finos brazos tensos y sus puños cerrados. Ajit logró conectar un directo en la cara de Arturo y le dejó un ojo morado. Su oponente volvió a tumbarla pero la tigresa volvió a levantarse y devolvió el golpe. Tres veces más volvieron a intercambiar golpes de esta manera, pero a la tercera fue Arturo el que cayó.

Arturo no tuvo tiempo de levantarse. Aquella diablesa de ojos rasgados cayo sobre el atacándole con las rodillas y los puños. Arturo se puso boca abajo para protegerse y luego se puso a cuatro patas bruscamente para quitársela de encima. Ajit cayó al suelo y Arturo la inmovilizó quedando en la posición del misionero. Arturo comenzó a restregarse contra su prisionera y rozar su entrepierna con la de ella mientras Ajit intentaba por todos los medios liberarse y giraba la cabeza para esquivar los labios de Arturo. Cuando Arturo la agarró de la camisa haciendo que los botones reventaran, se separó los suficiente como para que Ajit le golpeara de nuevo en la barbilla. Arturo quedó medio aturdido por el golpe y Ajit aprovechó para quitárselo de encima. Se levantaron a la vez pero Arturo un poco antes y lanzó un directo de izquierda a la boca de la muchacha, lanzándola contra la pared. Allí la persiguió con un gancho de derecha al hígado y otro al estómago. Ajit falló un directo a la barbilla y tuvo que encajar un golpe que le amorato un ojo. Arturo ya se creía vencedor cuando sintió como le aplastaban la nariz con un golpe que parecía salido de la nada. Ajit lanzaba golpes como una posesa mientras intentaba escapar del rincón donde estaba acorralada. Al sentir su sangre, Arturo empezó a castigar las pequeñas tetas de su diminuta rival. El primer golpe hizo que Ajit mascullara de dolor, pero los demás no parecieron tener efecto.

Poco a poco Ajit hizo retroceder a Arturo. Este tenía su favor su posición, su peso y su tamaño, pero no logro evitar que Ajit se liberara y lo empujara hasta el centro del salón donde Arturo decidió plantarse. Su honor lo exigía. No podía seguir retrocediendo frente a aquella zorrita canija. Se la imagino vencida y desnuda en el suelo con las piernas abiertas, gimiendo mientras la poseía. Ese pensamiento multiplico sus fuerzas y durante cuatro o cinco minutos el centro del salón presencio una tormenta de puñetazos y patadas de incomparable bestialidad hasta que una patada en la barbilla envío volando a Arturo a la alfombra y al reino de los sueños.

Cuando Arturo despertó habían pasado más de quince minutos y Ajit estaba sentada junto a el, mirándole con expresión divertida.

“Tu perder! Ahora nosotros prometidos. ¡Nosotros casarnos! Yo, tu esposa. Tu, mi marido.”

“¡Eh, espera un momento! No podemos casarnos así como así”

“Tu prometer”

“Era broma”

“Nuestra pelea no broma. Tus puños no broma. Mis puños tampoco broma. ¿Tu recordar?” dijo, sentándose en su cuello y aplastándole la cara con su sexo húmedo y caliente. “Ahora tu cumplirás tu promesa. Yo, buena esposa, buena en la cocina, buena en la casa, buena en pelea, muy buena en la cama.” añadió con expresión lasciva, sosteniéndose un pecho con una mano y abriendo los botones de su pantalón con la otra.

“Bueno, eso es otra cosa. Vamos a celebrarlo”

“No hasta la boda”

“Pero eso tardara semanas mientras lo organizamos como es debido. ¿Por que esperar?

“Porque hombres mienten mucho, y porque mis puños son los mejores”

“Eso vamos a verlo”

Cuando Ajit quiso reaccionar Arturo la había agarrado por la espalda y le había desgarrado el sujetador. Sus pequeños pechos morenos y prietos oscilaron libres mientras Arturo atacaba el cierre de los pantalones. El primer botón cedió pero antes de poder abrir los demás Ajit le clavó el codo en las costillas. Arturo estuvo a punto de soltarla pero logro mantenerla sujeta y la estampo contra la pared. Ajit gimió. Arturo repitió el golpe. Ajit se derrumbo. Arturo la dejo caer y la arranco los pantalones. Debajo llevaba unas braguitas grises de lo más corrientes, pero prácticas. Arturo tendió la mano para apoderarse de ellas cuando de pronto Ajit enlazo sus piernas con las suyas y le hizo caer. Cuando Ajit intentaba ponerse de pie, Arturo la agarró por el pelo y la arrojó al suelo de nuevo. Luego tiró de su cabeza hacia arriba y sosteniéndola por el cabello, comenzó a golpearla como si fuera una “pera” de boxeo. Ajit estaba inconsciente cuando Arturo agarro sus bragas y le arranco la última cobertura de su femineidad.

Ajit tenía una resistencia asombrosa. Al cabo de un minuto ya estaba recuperando el conocimiento. Arturo estaba de rodillas a su lado. Lo único que vestía eran los restos desgarrados de las bragas de Ajit, colgando de su miembro viril como un adorno excéntrico.

“Vamos dormilona. Aun nos falta el desempate y no tenemos todo el día”. Ella lo miro con asombro.

“¿No me has violado?”

“No, yo peleo limpio. Solo estamos empatados. ¿Tienes agallas para continuar?”

“Blanco de mierda, el día en que me falten agallas para zurrarte no mereceré mi nombre.”

“¿Y que significa tu nombre?”

“¡Invencible!” y diciendo esto se lanzo contra Arturo como una loba hambrienta. Usando los pies y los puños le hizo retroceder sin cesar hasta expulsarlo del salón y acorralarlo al final del pasillo. Arturo logró colocarle un golpe en la base del estomago que la dejó sin aliento.

“¿Tu, invencible? Acabo de hacerte puré, zorra de ojos rasgados, y lo hare de nuevo!”

Los ojos de Ajit llamearon de furia. Antes de que Arturo pudiera comprender su error cayo sobre el tal diluvio de golpes que solo la pared a su espalda le impidió caer. Arturo intento defenderse desesperadamente y logro castigar con dureza los pechos de su diminuta atacante cuando esta se descuido creyéndolo acabado, pero aunque logro escapar del pasillo y regresar al salón. Ajit lo persiguió allí y lo remato con una patada lateral a la cabeza que acabo definitivamente con el.

Arturo despertó sintiendo algo suave, cálido y húmedo que le hacia cosquillas en la cara. ¡Era el pubis de la criada, la criada luchadora que ahora era su prometida! Ajit refroto su cara con su vello púbico hasta que se derrumbó entre gemidos de placer. Cuando Arturo intento tumbarse sobre ella para poseerla ella le rechazó.

“Esperar boda”

“Pero si ya estamos comprometidos!”

“Da igual, tu esperar boda. Antes no.”

“Tu ya te has divertido! ¿Por que yo no?”

“Porque mis puños son los mejores!!!”

Arturo dio la única respuesta posible en esta circunstancia. Lanzó un gancho ascendente contra las tetas de Ajit que la hizo aullar de dolor cuando su pecho izquierdo fue lanzado hacia arriba hasta casi tocar su mandíbula, y luego le clavó un directo en las tripas que la dobló en dos. Arturo le lanzó una patada mientras yacía en el suelo pero la tailandesa rodó por el suelo y se agarro a sus piernas haciéndolo caer. Rodaron en una confusión de puñetazo, patadas y maldiciones en tres idiomas hasta que Ajit quedo encima de el y procedió a machacarle la cara con una lluvia de golpes que le hicieron perder el conocimiento. Cuando despertó, Ajit le conminó sin rodeos a luchar de nuevo. Arturo comprendió que estaba atrapado en su propia trampa. Alzó los puños y se dispuso a ser machacado una vez más por su exótica y casta prometida.

Matrimonio de conveniencia 2

La prometida de Arturo defiende a puñetazos su castidad

Por Sexfight

Arturo tiene problemas para pagar a Ajit, su criada tailandesa, a la que intenta seducir. Ajit rechaza su seducción y le propone un matrimonio de conveniencia. Arturo pretende meramente convertir a la criada en concubina y se lo juegan a una pelea. Tras su derrota Arturo intenta hacer el amor con su flamante prometida oriental pero ella le rechaza de nuevo.

Durante los tres meses que siguieron, Ajit se negó en redondo a mantener relaciones sexuales con su flamante y vapuleado prometido. Como quiera que la pervertida asiática gustaba de pasearse por la casa en ropa interior de fantasía o vestida solo con una camisa masculina sin abrochar, o en topless con pantalones vaqueros muy ceñidos, Arturo encontraba difícil aquella forzosa castidad. Además, Ajit era aficionada a los videos pornográficos, especialmente los de lesbianismo sadomasoquista. Le gustaba masturbarse viéndolos sin reparar en que Arturo estuviera delante o no. En doce ocasiones los avances de Arturo habían terminado en violentos enfrentamientos. Al principio Arturo intentaba acercarse cariñosamente a su viciosa y provocativa prometida solo para ser recibido a golpes e insultado como cobarde cuando retrocedía. Después Arturo comprendió que iba el juego y cuando estaba más excitado saltaba sin previo aviso sobre la tailandesa. La pelea subsiguiente era épica pero aquella diminuta virago oriental siempre se alzaba con la victoria, aunque generalmente por muy poco margen, lo que animaba a Arturo a intentarlo de nuevo. Tras cada nueva victoria Ajit cabalgaba al pobre Arturo usando su lengua y su nariz para proporcionarse a si misma satisfactorios orgasmos de victoria. Después, según la pelea hubiera resultado más o menos dura, la impúdica criada dejaba a Arturo en ayunas o le masturbaba. En un par de ocasiones en las que Arturo había logrado dar con su adversaria en el suelo a puñetazo limpio, ¡Ajit le homenajeaba con una mamada electrizante! No obstante, el coito siempre quedaba fuera de los límites hasta la noche de bodas. Arturo y Ajit llevaban más de tres meses revolcándose desnudos entre peleas y orgasmos y todavía no habían copulado. Al final Arturo comenzó a desanimarse y cuando Ajit estaba caliente, lo que sucedía a menudo, tenia que ser ella la agresora.

Un día, Arturo comenzó a meditar y tuvo que aceptar la dolorosa evidencia de que aquella ramera exótica era superior a el en la lucha a puño desnudo. La idea de casarse con la tailandesa no le desagradaba excepto por el detalle de que quería ser el quien llevara los pantalones. Tenia que cambiar de táctica, y de pronto supo que debía hacer. ¡La jodida oriental iba a saber lo que era bueno! Inmediatamente comenzó a realizar diversos preparativos.

Al día siguiente Arturo entro como un ciclón en el salón donde Ajit estaba masturbándose mientras veía unas escenas lésbicas en un vídeo pornográfico. Antes de que la muy furcia pudiera darse cuenta, Arturo la agarro de los pelos y tirando de ellos violentamente derribo al suelo a su camorrista novia, la saco a rastras del salón, la arrastro por el pasillo enganchada por los cabellos y la dejo en el vacío cuarto de los trastos, que solo media dos metros de ancho por tres de Ajit. Arturo había situado en las paredes varios colchones viejos colgándolos de tiras de tela fuertemente cosidas, enganchadas a tirafondos sólidamente anclados en la pared. Era un campo de batalla ideal.

“Ahora te voy a follar como la puerca en celo que eres realmente, sucia puta!” grito Arturo.

“¡Guauu! ¡Me encantada verte así!” respondió Ajit relamiéndose y abriendo ostentosamente las piernas. “Cuando más bruto eres, más cachonda ponerme zurrarte! Venir aquí semental mío. Mi chichi necesita otra lamida”

Chocaron con ímpetu y tras un breve forcejeo comenzaron a rebotar de una pared a otra. Arturo permanecía fuertemente abrazado a su adversaria y esta no tenia ángulo para usar sus puños como acostumbraba a hacer. La diablesa de ojos rasgados intento clavarle las rodillas en el estomago y lanzar una serie de ganchos al hígado, pero sin resultado. Arturo había aprendido la lección y la tenia bien cogida. Ajit intento golpearlo contra un tramo de pared que no estaba acolchado pero no lo consiguió. Arturo tenia ventaja dada su corpulencia y estatura pero Ajit no se rindió. Clavo un feroz mordisco en el brazo de su agresor y logro liberarse. Inmediatamente desencadeno una lluvia de golpes sobre Arturo. Este ignoro el terrible castigo que estaba recibiendo y se lanzo contra su rival. Su ataque fue interceptado por una certera patada en el estomago que le hizo caer al suelo. Ajit comenzó a patearle mientras gritaba

“Vamos maricón de mierda. Nosotros apenas empezar! Levante y pelea, pelea, ¡¡PELEA!!”

Arturo rodó por el suelo y derribo a Ajit como si fuera un bolo. Ajit se levantó como un rayo y quedaron ambos de rodillas frente a frente, agarrados de las manos haciendo fuerza. Durante unos momentos ambos luchadores se empujaron con todas sus fuerzas sin lograr ventaja. Luego, la pequeña asiática flexiono sus músculos bronceados hasta hacer retroceder poco a poco a su adversario masculino mientras sonreía malévolamente. Arturo sintió un sudor frío mientras se veía inclinado hacia atrás por los brazos de hierro de la thailandesa. ¡Aquello no podía terminar así! La desesperación le dio fuerza y poco a poco recupero el terreno perdido hasta quedar de nuevo en vertical. Durante un par de minutos permanecieron en equilibro, inmóviles pero temblando por le esfuerzo mientras el sudor empapaba sus ropas. Finalmente, milímetro a milímetro, Ajit se vio obligada a inclinarse hacia atrás. El sudor goteaba cada vez más rápido de su frente. Con un esfuerzo sobrehumano contraatacó y por un momento recuperó parte del terreno perdido, pero ahora Arturo tenia la ventaja de la posición superior, reforzada por su mayor peso y estatura. Ajit escupió en la cara de Arturo. Este le devolvió el escupitajo y finalmente Ajit cayo de espaldas al suelo intercambiando escupitajos con Arturo, desafiante hasta el fin.

“Ahora vamos a follar” proclamo Arturo mientras inmovilizaba sólidamente a su presa contra el suelo.

“Y una mierda, puto maricón de los cojones. Mi no querer”

“Pues te jodes” grito Arturo, y antes de que Ajit pudiera hacer nada por impedirlo, la penetro brutalmente, por primera vez en todos los meses que había durado su relación. Ajit respondió martilleando con sus puños la cara de Arturo pero este estaba tan excitado que casi ni sintió los golpes. Ajit se arqueó y retorció como una yegua salvaje intentando desmontar a su jinete pero Arturo mantuvo su posición y empezó a domar a su montura con poderosas oscilaciones de su cadera, embistiendo la intimidad de la criada respondona. Pese a sus esfuerzos Ajit sentía revolverse en su interior aquel miembro viril duro, grueso, caliente, y a su pesar empezó a responder oscilando sus propias caderas casi por instinto sin dejar por ello de clavar sus puños en los costados de Arturo mientras este la estrujaba entre sus brazos haciéndola gritar. Finalmente Ajit sucumbió a la masculinidad triunfante de su prometido en medio de un orgasmo simultáneo colosal.

Ajit quedo en el suelo gimiendo suavemente. Ya no era la ama dominante y castigadora que empezó el combate segura de vencer una vez más, sino que de nuevo parecía la criada sumisa y obediente que Arturo buscaba… hasta que se lanzó a la carga clavando la cabeza en su estomago!

Arturo quedó sin aire tras esta brutal embestida y cayó al suelo mientras la furcia amarilla le pateaba los costados con verdadero frenesí. Luego se sentó sobre el y comenzó a castigarle la cara con los puños. Pero esta vez Arturo ya tenía bien aprendida la lección y agarrando de los pelos a aquella diablesa rebelde, se agarro a ella todo lo que pudo. Rodaron por el suelo y Ajit logró quedar encima, pero su sádico patrón la tenía enlazada por la cintura con las piernas y la estrujaba en un abrazo de oso. Comenzó a cerrar la tenaza sobre su rebelde prometida. Esta se debatió frenéticamente para liberarse, cerro sus propios brazos sobre el torso de su antiguo esclavo sexual, rivalizando con el en estrujar sus costillas, clavo los dientes en su hombro, tiro de sus cabellos, le araño, le pateo, le dio cabezazos. Arturo hacia caso omiso a todo y seguía cerrando la tenaza. Al cabo de unos minutos la asiática dejó de atacar y comenzó a gemir.

“Basta, por favor, yo rendirme” sollozo. Arturo no la hizo caso y siguió apretando

“Yo rendirme ¿Tu no oír? YO RENDIRME!!” Arturo la ignoro.

“NOOO, POR FAVOR! VAS A MATARME. BASTA!!!! YO HACER LO QUE SEA, LO QUE SEAAAA! AAARRRRGGHHHH!!!!!!! ME RINDO. ME RINDO!!!!! SOY TU ESCLAVA. Por favoooor.”

Cuando Arturo la soltó, Ajit quedo hecha un ovillo en el suelo. Arturo le dio un pellizco en el trasero para espabilarla y sumisamente, la cachonda asiática se puso a cuatro patas y ofreció su grupa al macho conquistador. Este la tomo por detrás a estilo perro y pese a que ella intento quedar pasiva, la hizo gemir y gritar de placer, igual que antes la había hecho gemir y gritar de dolor. Pese a sus firmes propósitos de mantenerse fría como una estatua de hielo, la masculinidad triunfante e invasora de su viril contrincante la hizo vibrar y temblar hasta que se corrió en un espasmo de placer, mucho antes de que lo hiciera Arturo, de modo que tuvo tiempo de rendirse por segunda vez al placer cuando Arturo alcanzo el climax.

“Tu humillación no esta completa aun” dijo el restaurado amo y señor de la casa. “Alza tus puños y boxea conmigo si te atreves, furcia. Hoy me vas a chupar la polla”

Ajit se levantó como un rayo, los puños prestos, y se lanzó como una exhalación contra el sucio puerco que acababa de violarla. Lanzaba golpes como una posesa, con la sola idea de triturar a su amo y prometido. Su técnica era tan buena como siempre pero sus reflejos eran más lentos, y los golpes de Arturo la dañaban más que de costumbre. Esta vez el duelo boxístico era muy igualado y Arturo iba a matar. Ajit colocó un par de buenos ganchos de derecha al hígado y vio a su rival acusar el impacto. Por un momento pareció que iba a dar la vuelta al combate, pero Arturo contraataco y aunque durante diez minutos la gladiadora oriental aguanto en su cuerpo desnudo los puños desnudos del boxeador europeo, y este tuvo que encajar duros ataques, al final Ajit quedó en el suelo inerme mientras Arturo la remataba con sadismo mucho después de que quedara KO.

Arturo agarró a su vencida pretendienta por los pelos y la arrastró como un fardo por toda la casa. Luego la dejó sobre las baldosas de la cocina y se sentó en su cara, restregándole su polla por la cara. Ajit comenzó a chupársela y lamérsela. Poco a poco Arturo comenzó a respirar más deprisa y luego a jadear con fuerza a medida que su criada le hacia una mamada colosal. Cuando la gloriosa explosión de placer recorrió como un relámpago el cuerpo de Arturo, su generoso pene estaba profundamente insertado en la boca de Ajit, y el esperma salió proyectado a borbotones por su garganta, tragando hasta la ultima gota. Luego la musculosa hembra tuvo que lamer con la lengua lo que quedaba. La “invencible” había sido vencida y yacía en el suelo hecha un ovillo, sollozando y con los ojos llenos de lagrimas, incapaz de hablar, llena de marcas y moretones por todo su cuerpo, con la ceja partida, el ojo morado y sangrando por el labio y la nariz. Arturo se sentó en su estomago y la miro.

“Pensaba enviarte a paseo tras este combate, ramera tailandesa, pero me lo he pasado tan bien ultrajándote, es tan excitante esto, que he decidido mantener mi promesa de casarme contigo. Tienes una buena vagina, y unas buenas tetas, y limpias bien la casa. Me gusta tu estilo de hacer mamadas, putita. Decidido. Me quedo contigo.”

“La noche de bodas nosotros hacer gran desempate, cerdo. La noche de bodas te enseñare quien llevar pantalones aquí, hijoputa asqueroso. La noche de bodas tu morir.”

Arturo escupió en la cara de Ajit, esta le respondió con una bofetada y en unos segundos estaban de nuevo rodando por el suelo. Arturo estaba en la gloria ¡Era tan increíblemente excitante el pelear contra una adversaria que no se rendía! Pese a la debilidad de su adversaria Arturo necesito casi diez minutos para sacarle del cuerpo las ganas de lucha que le quedaban antes de follarla por cuarta vez.

Próximo: La noche de bodas, Ajit y Arturo libran el desempate de su enfrentamiento sexual. Solo uno quedara en pie!

Matrimonio de conveniencia 3.

Batalla decisiva por los pantalones durante la noche de bodas

Por Sexfight.

Arturo intenta fornicar con Ajit, su criada tailandesa, que le responde afirmativamente a cambio de un matrimonio de conveniencia. Ajit derrota a Arturo en una pelea de Thai boxing y se niega a hacer el amor con Arturo hasta la boda para fastidiarle y humillarle. Tras varias derrotas Arturo viola a Ajit tras demolerla en una lucha cuerpo a cuerpo pero Ajit jura vengarse. Ahora ha llegado el combate definitivo durante la noche de bodas.

Durante los meses que siguieron al combate cuerpo a cuerpo en el que Arturo domó a su sádica prometida, quedó claro que la ramera asiática no se daba por vencida y no pasaba una semana sin que aquella furcia de ojos rasgados saltara sobre Arturo e intentara dominarle en su propio juego. El canalla de Arturo disfrutaba esos enfrentamientos y en cada combate le demostró de nuevo a su criada el poderío de un verdadero macho español penetrándola contra su voluntad tras darle una paliza. Sin embargo, a medida que se acercaba la fecha de la boda los combates se iban alargando y el bastardo europeo tenía más y más dificultades en dominar a la bruja asiática. Finalmente, se estableció una tregua un mes antes de la boda. Aquel era un matrimonio sin amor. Lo único que deseaba el español era masturbarse con el coño de la tailandesa, y esta lo único que deseaba era el pasaporte que le permitiría permanecer en el país. Ambos sabían que en la noche de bodas se decidiría quien llevaría los pantalones en la familia.

Tras la boda los flamantes recién casados regresaron a su casa en el campo. Tras cruzar el umbral Arturo y Ajit se miraron frente a frente.

“He acondicionado el salón, despejándolo al máximo” dijo Arturo. Ajit miró y vio que era verdad. Casi todos los muebles habían desaparecido, y el suelo estaba cubierto por varios colchones.

“Me parece bien. No nos conviene destrozar la casa. Cuando entremos en el salón se desencadenara el infierno.” respondió Ajit “Pero antes mira” y diciendo esto, le enseñó la matricula de un gimnasio y los recibos de los últimos seis meses. La muy zorra había estado aprendiendo lucha cuerpo a cuerpo a escondidas para tomar su revancha. Arturo sacó de su cartera los recibos de otro gimnasio, este de Thai-boxing. Ajit sonrió y dijo “¡Bien! más pelea!”

Entraron en el salón y se desencadeno el infierno.

La patada de Ajit se clavo en los testículos de Arturo casi al mismo tiempo que el puño de Arturo aplastaba el pubis de Ajit. Ambos cayeron al suelo gimiendo de dolor. Arturo se recupero el primero pues Ajit no había logrado un blanco perfecto. Agarró a Ajit por el pelo y lanzó su cabeza contra la pared. La musculosa oriental chocó con un sonido sordo contra el tabique y cayó al suelo. Arturo se subió a su espalda y comenzó a pisarla como si quisiera apisonarla. Eso fue un error pues cuando Ajit se levantó Arturo cayó al suelo y Ajit se le echo encima. El semental hispano la rechazo a patadas y logró conectarle una en la cara. Se separaron y se levantaron de nuevo. Empezaron a girar frente a frente, con las ropas nupciales desarregladas y en desorden. Macho contra hembra, blanco contra asiática, amo contra criada, una lucha entre razas; una lucha entre clases; una lucha entre sexos; una lucha hasta el fin por la supremacía. El primer asalto había sido para la hembra, cuando forzó al macho a reconocer la superioridad de sus puños y consentir en aquel matrimonio de conveniencia. La raza blanca había tomado su revancha en el segundo asalto, doblegando a la exótica oriental en la lucha cuerpo a cuerpo. Ahora iba a ser la definitiva.

Cargaron el uno contra el otro, rabiosos por luchar y chocaron de frente como dos trenes sin frenos golpeando con pies y puños, martilleándose sin piedad hasta que Arturo demostró sus progresos boxisticos derribando a la ramera guerrera con una patada circular en la sien. Arturo acosó en el suelo a su rival pulverizando sus tetas con sadismo hasta que Ajit se agarro a el para esquivar el tremendo castigo. Arturo intento retorcerle el brazo a Ajit, pero la diablesa de ojos rasgados había aprendido bien las técnicas de lucha cuerpo a cuerpo y ambos contrincantes rodaron por el suelo y se retorcieron como serpientes intentando lograr una ventaja. En un par de minutos habían quedado trabados en una doble llave de tijera a la cintura. Arturo poseía una fuerza superior a la de su diminuta adversaria, pero esta había demostrado ya que su resistencia al daño era muy superior. Durante varios segundos se torturaron mutuamente hasta el borde del desvanecimiento a medida que las cotillas de ambos crujían bajo la presión. Ajit cedió la primera y quedo inerte en el suelo del salón. Arturo la agarró de los pelo y le incrusto la rodilla en la cara. La viciosa luchadora rodó por el suelo intentando derribar a su torturador, pero este la vio venir y la esquivo de un salto. Arturo intentó montarse sobre ella pero ella se incorporó y lo hizo caer a sus espaldas.

Quedaron de rodillas frente a frente y Arturo bajó los brazos, mostrando su mejilla a su rival. Esta aceptó encantada la invitación y lanzo un derechazo demoledor al macho al que pretendía domar. Arturo se tambaleó por el golpe pero no cayó, y lanzó un directo a la mandíbula de Ajit. El puño de la ramera oriental hizo impacto en el ojo izquierdo del bastardo occidental dejándoselo tan morado como la mejilla derecha de la asiática cuando recibió el siguiente golpe del europeo. El intercambio se hizo más rápido hasta que los golpes llovieron a tal ritmo que casi no se veían. Arturo demostró lo mucho que había mejorado con sus puños y dio un gran combate pero al cabo de un par de docenas de golpes quedo claro que aun le quedaba mucho que aprender mientras cedía poco a poco y Ajit lo iba empujando hacia el suelo sin misericordia. Antes de darse por vencido Arturo cambio de blanco y sus nudillos se hundieron cruelmente en el abdomen de Ajit, que no esperaba este golpe y se dobló en dos. Arturo repitió el ataque una y otra vez, y en cada ocasión un bufido escapaba de los sensuales labios de aquella gladiadora calientapollas. Ajit empezó a devolver los golpes al estomago del cerdo de su patrono, pero era como pegar en cemento. La marimacho tailandesa quedo tendida en el suelo mientras su nuevo amo frotaba su miembro viril contra sus pechos.

“Es hora de que te abras de piernas, negrita” se burlo Arturo.

“¿Que me has llamado, puto blanco de mierda?” pregunto Ajit. “Aquí lo único negro es tu futuro, mamarracho” y diciendo esto se encabrito como una yegua salvaje y Arturo tuvo que usas toda su fuerza para permanecer montado sobre ella. Ahora le tocó a la virago asiática demostrar lo que había aprendido en la lucha cuerpo a cuerpo, y lo demostró retorciendo la muñeca de Arturo, obligándole a desmontar para así evitar que aquella lasciva luchadora le reventara la mano.

Arturo a duras penas lograba mantener el control de la lucha cuerpo a cuerpo. El semental español sudaba a mares mientras Ajit se retorcía como una anguila esquivando las presas y llaves de su esposo y rival. Finalmente el grandullón europeo logró atrapar a la pequeña asiática en un abrazo de oso y comenzó a presionar cerrando la tenaza poco a poco. Ajit aceptó el reto y cerro sus propios brazos en torno a las costillas de Arturo. Mientras tanto sus entrepiernas habían quedado presionadas la una contra la otra y el miembro viril del macho blanco buscó su camino hasta la vulva hambrienta de la hembra amarilla y ambos sexos comenzaron su propio duelo hasta el fin. Arturo oscilaba sus caderas con poderosas embestidas clavando cada vez más profundamente su zanahoria en el conejo de su rival. Mientras cerraba los brazos como si quisiera partir a la hembra en dos, el macho la empujaba contra la pared para penetrar más profundamente. Esta oscilaba sus propias caderas al encuentro de las de Arturo y su conejo se cerraba hambriento sobre la zanahoria que lo invadía. Sus dientes se clavaban en el cuello del semental salvaje que pretendía violarla mientras lo domaba, y sus uñas marcaban su espalda mientras los músculos de sus brazos oprimían las costillas del macho que se atrevía a desafiarla. Polla invasora, coño succionador, el duelo elemental entre los sexos les condujo a ambos a un estado primitivo y casi animal.

Finalmente el viejo duelo de los sexos terminó como siempre ha terminado durante miles y miles de años. La vagina constrictora se merendó a la polla asaltante. El semental español sintió de pronto que perdía el control y eyaculó salvajemente en la vulva invencible de la ramera guerrera. Fue un orgasmo colosal y prolongado mientras aquella femineidad triunfante succionaba la verga del macho vencido como una ordeñadora mecánica. El colapso sexual de Arturo fue la señal para su colapso físico total. Mientras el sexo de Ajit establecía firmemente su supremacía, sus músculos demostraban su superioridad sobre la musculación masculina de su domado esposo. Con un gemido, Arturo perdió el conocimiento.

Cuando Arturo despertó lo primero que oyó fue a su antigua criada, ahora su ama y cónyuge, haciendo el amor. Arturo se incorporó para llevarse la sorpresa de ver a su belicosa esposa fornicando desenfrenadamente con una rubia sensacional de aspecto nórdico o anglosajón.

“Esta es Susan. Es inglesa” dijo Ajit al verle, “Es mi nueva amante y va a ser mi esposa de verdad. Tu no eres más que un figurón que voy a usar para conseguir quedarme en este país. No peleas mal del todo pero eres un amante de mierda y adem….”

Ajit comprendió que había hablado demasiado cuando Arturo la agarro por los pelos del coño y la arrastro fuera de la cama, donde comenzó a patearla frenéticamente. Ajit se defendió mordiendo a Arturo en el tobillo mientras la inglesa la jaleaba y la animaba, pero sin intervenir. Arturo perdió pie por el mordisco de Ajit y rodaron por el suelo en confuso embrollo de pies, brazos, puños, maldiciones y mordiscos. Arturo estaba loco de rabia y Ajit tuvo que sudar de verdad para hacerle frente, pero tras quince minutos de frenéticos forcejeos la tailandesa demostró quien era la campeona del dormitorio.

Tras aplastar a su esposo y esclavo, la diablesa oriental lo agarró por los pelos, lo arrastro hasta la cama, lo ató a la cama y durante el resto de la noche ella y su amante usaron su cuerpo desnudo y vapuleado como colchoneta mientras hacían el amor.

Mejora la calidad y duracion de tus erecciones con Vigrax


Crea tu cuenta gratis y disfruta de una semana de videos de primera calidad en PornHub Premiun

Cuerpo a cuerpo

Me llamo Gemma. Conozco vuestra revista por uno de mis hijos que la lee todos los meses. A mi me la esconde pero a su hermana se la enseña para escandalizarla y hacerla rabiar. Ella acabo diciéndomelo y un día que el no estaba ojee sus revistas para intentar averiguar que podía gustarle de ellas. Leí la editorial del principio y el correo con las historias de los lectores. Algunas de las cosas de vuestra revista me dieron risa y otras me dieron asco. Sobre todo me impacto la violencia que lo empapaba todo. No la violencia física sino mental, el odio, la agresividad, el hacer daño a otro por placer. ¿No hay manera de irse a la cama con alguien sin chincharle? En una de vuestras revistas encontré una historia de un chico que había tenido una experiencia erótica peleándose con su profesora particular. Me llamo la atención porque mi primera experiencia fue parecida, una lucha divertida, sin odio ni rabia.

Estaba colada por aquel pedazo de tío bueno de Dani pero no me atrevía ni a abrir la boca cuando el estaba cerca. Yo era el típico patito feo, gafas, atlética, alta y muy marimandona. Solía imaginarme que saltaba sobre el y le arrancaba la ropa antes de hacerle el amor. Aquella fantasía me hacia arder. Luego pensaba: “¡Despierta atontada! ¿Como vas a violarlo si no te atreves ni a darle los buenos días?”.

Un día decidí ir a por todas, pero cuando llego el momento de la verdad me quede helada de nuevo. El me miraba mientras yo me moría de vergüenza. “¿Que, tu también estas puteada con la química, verdad?” me dijo. ¿La química? Oh. Claro, el examen del lunes. Le respondí: “No, que va. Lo malo es tener que estudiar el fin de semana” El sonrió y fue como un sol que me derritiera “Pues yo no tengo ni unos apuntes decentes.” Aquí fue donde vi el cielo abierto de par en par. “No te preocupes, te prestare los míos. Ven esta tarde a mi casa y te los daré”

Así encontré la excusa para traer la mosca a mi telaraña. Cuando Dani llego, le recibí vestida con unos pantalones cortos playeros y una blusa roja anudada. El abrió mucho los ojos pero no dijo nada y se comporto con formalidad. Charlamos un rato y yo hervía por dentro viendo que se marchaba y no sabia como abordarle. Entonces dijo: “¿que es esa chaqueta blanca?” “¿Eso?, naah! Es solo el kimono de mi judo de mi hermano” “Bah, el judo, valiente mariconada” “Oye, listo. El judo no es ninguna mariconada. A mi me zurraban mis hermanos hasta que me harte y aprendí para defenderme. Les empezó a dar tales palizas que se apuntaron los dos al mismo gimnasio para no estar todo el rato debajo mío en las peleas.” “¿Y por que peleabas con tus hermanos?” “Soy la mayor pero como soy chica dicen que mandan ellos. Siempre queremos ver programas distintos en la tele, cosas así, y tengo que recordarles a esos enanos quien es la jefa.”

“Bah, tus hermanos jugaban contigo. Si alguien te ataca más te vale correr”. Le agarre por el cuello y puse mi cara rozando la suya. “¿Tu me harías correr, nene?” El desafío le galvanizo y me beso. “¡Al fin!” pensé. Le di un sopapo y grite “¡Cerdo!” y le di un besazo monumental. El me devolvió el beso. Yo le abofetee otra vez. “Si me besas otra vez te araño”. “¡Pero si tu me has besado a mi!”. “Porque me da la gana. Aquí mando yo”. Y para subrayar mi autoridad le bese de nuevo. El intento besarme. Forcejeamos. Le pase el brazo por su sobaco y lo proyecte por encima de mi hombro. Cayo de espaldas al suelo y me tire en plancha sobre el. Me abrazo con fuerza y rodamos comiéndonos a besos. Le arranque de cuajo la camisa. Los botones salieron volando al ceder los hilos y la tela se desgarro y rompió. Hice lo mismo con su camiseta. Entonces el chico dulce y bien educado que conocía se esfumo y en su lugar surgió la fiera hambrienta que estaba buscando. Me destrozo la blusa y dejo mis pechos al descubierto. El botón que cerraba mis pantalones salió despedido hasta el techo. Intento hacer lo mismo con mis braguitas pero le luxe la muñeca y me senté encima de el. Apreté su cabeza contra mis braguitas hasta sentirme inundada de placer. ¡Por poco le asfixio!

Le quite el pantalón y el me dejo desnuda. Entonces desgarre sus calzoncillos. Nos abrazamos y sentí el calor de su cuerpo cuando sus brazos me rodearon. Nuestros labios se buscaban, nuestras lenguas se paladeaban, nuestras respiraciones se unieron en un solo aliento y nuestras manos exploraron territorios sin cartografiar. “Gemma, Gemma, eres única, eres increíble, eres una leona. Te adoro, te necesito, quiero fundirme en ti” Agarre su sexo duro y poderoso con las dos manos, acariciándolo para ponerle un preservativo. Entonces lo monté y yo misma me ensarte su virilidad hasta lo más hondo sentándome sobre el. Luego comencé a levantarme y a sentarme de nuevo mientras mis muslos se cerraban capturando su masculinidad en mi más íntimo interior, sintiendo su tacto duro y cálido avanzar centímetro a centímetro. Dani oprimió mis nalgas con sus vigorosas manos como si quisiera exprimirlas mientras las meneaba lentamente. Disfrute un orgasmo que me derritió de placer. Dani, que todavía no había eyaculado, se aprovecho de mi debilidad y me descabalgo.

Forcejeamos y el se puso encima. Yo no deseaba otra cosa que ser vencida y conquistada por aquel Apolo de mis sueños, pero era más divertido resistirme y verle sudar para conseguir sus propósitos. Luche con todas mis fuerzas y usando cada truco que sabia, limpio o sucio. Mis labios acariciaban su pecho mientras mis uñas le marcaban la espalda. Las yemas de mis dedos le cosquilleaban la ingle mientras mis dientes se hundían en su culo. Le tiraba salvajemente del pelo mientras le susurraba al oído frases abrasadoras de inaudita indecencia. Saboree su pene mientras le luxaba la muñeca. Dani me ataco haciéndome sentir el empuje de su hombría. Su musculatura masculina me doblego contra el suelo. Entonces avanzo entre mis piernas. Con los brazos abiertos nos agarrábamos de las manos tensando nuestros músculos en un duelo de fuerza. Gotas de sudor caían sobre mí. Mientras tanto martilleaba su culo con mis talones para clavarme más hondo su estaca deliciosa. Fue entonces cuando sucedió el milagro. Tal vez el esfuerzo y la tensión a la que estaba sometido cada musculo de mi cuerpo en aquel lujurioso combate actuó como un amplificador pero de repente explote en un orgasmo de magnitud cósmica que duraba sin apagarse. La sensación fue tan fuerte como si me electrocutaran con millones de voltios de placer; como si todo mi cuerpo fuera un clítoris gigantesco. Estuve a punto de desvanecerme.

Tras una tarde de placer tuve que esconder las ropas destrozadas y darle a Dani algo que le valiera. Lo difícil fue jugar al escondite con mi madre: “Gemma, ¿donde tienes la blusa roja, que voy a lavarla?” Cualquiera le decía que me la destrozo mi amante para sobarme las tetas mientras yo usaba mis puños para violarlo. ¿Os lo imagináis? El belorcio de mi hijo, que se cree muy listo, muy mayor, y me trata como si tuviera cuatrocientos años, no tiene ni idea de lo que es una verdadera juerga y se quedaría bizco si imaginara como se lo montan la cachonda de su madre y el sátiro de su padre cuando el y su hermana se van de excursión el fin de semana. Mi hija suele alabar mi forma física. ¡Cualquiera le dice cual es nuestra tabla de ejercicios! Y es que acaba siendo irritante que todo el mundo piense que los matrimonios veteranos no tiene vida sexual ¿Acaso no saben que el diablo sabe más por viejo que por diablo? Publica esta carta para que todos esos jovencitos presuntuosos se enteren de que aquí hay un par de cuarentones que saben jugar entre las sabanas.

Gemma. Burgos

Mejora la calidad y duracion de tus erecciones con Vigrax


Crea tu cuenta gratis y disfruta de una semana de videos de primera calidad en PornHub Premiun

Como me aficione a las peleas de tías

Por sexfight

Yo tenía 13 años y mis padres me habían enviado a estudiar música con una profesora particular. Yo odiaba todo eso del solfeo y el piano y lo demás pero mi madre tenía la manía de la cultura y me enviaron lo quisiera o no. Mi profesora era una señora mayor llamada doña Enriqueta y vivía en casa de su hija. Allí daba las clases y tenía varios alumnos. También tenía una nieta de 17 años llamada Begoña. No era fea del todo y tenía buenas tetas pero no era nada guapa y además estaba algo gorda. Ella odiaba la música y la tenía todo el día con las lecciones de su abuela. A ella no podía decirle nada así que la pagaba con nosotros. Como era mayor que la mayoría de los alumnos se divertía dándonos la lata. Doña Enriqueta recibía a los alumnos de uno en uno y mientras uno daba la clase el siguiente esperaba su turno.

Yo tenía mi turno justo a tiempo de terminar la clase, salir a todo correr a mi casa, que estaba cerca, y ver mi serie de televisión favorita que eran unos dibujos animados llamados ‘Vikie el vikingo’. Begoña lo sabía y jugaba a hacerme perder el tiempo a la salida. Su madre con frecuencia llegaba tarde de modo que con su abuela encerrada con el siguiente alumno, estábamos solos ella y yo, y ella era mayor, más alta y más pesada. Me mareaba un poco, teníamos algunos forcejeos y palabrotas hasta que me zafaba de ella o se aburría y me dejaba ir. Un día que iba retrasado y ella estaba más pelma que de costumbre me enfade de verdad y le dije que era una foca. Ella se picó, me dio un sopapo y me dijo que si volvía a decirle eso me daría una paliza. Bien. A mi, mis siempre me habían dicho que los hombres son los más fuertes y así se lo dije. En menos de un segundo estábamos por el suelo como perro y gata. Ella peleaba sucio, me mordía, me tiraba del pelo, pero yo también la tiraba del pelo y le daba con los pies y con los puños y ella hacia lo mismo y además me escupía y trataba de darme en la entrepierna. Al final se puso encima mío y como tenía mucho más peso me sujeto y me obligo a rendirme porque no pude sacármela de encima por mucho que lo intenté. Ella se rió de mi y me repetía en son de burla lo que yo le había dicho antes acerca de que los chicos son siempre más fuertes.

Al día siguiente al salir de mi lección de solfeo ella estaba allí esperándome de nuevo, plantada frente a la puerta y riéndose. Yo estaba hirviendo de vergüenza y sin pensármelo me tire sobre ella y luchamos en el recibidor, luchamos en el pasillo y terminamos luchando en su cuarto. Ella intentaba ponerse de nuevo encima mío y dominarme con toda su grasa pero yo sabia que si lo lograba estaba perdido y me movía rápido hasta que la note que jadeaba. Entonces logre ponerme encima suyo pero ella me derribo y volvimos a rodar por el suelo hasta que esta vez la agarre bien agarrada y ella ya no pudo liberarse. Entonces me senté en triunfo sobre ella e intente besuquearla pero ella me escupió en los ojos y eso me distrajo de manera que pudo soltarse y empezamos otra vez. Entonces llegó su madre y tuvimos que dejarlo. Regrese a casa caliente como una moto y con una erección descomunal.

Desde aquel día no había vez que fuera a dar clase que no nos agarráramos el uno al otro. Ella me vencía con frecuencia pues era más grande pero yo era más rápido y a veces lograba cogerla bien cogida. Ni que decir tiene que me pasaba la pelea metiéndole mano y ella me llamaba cerdo y no se dejaba pero ella también me metía mano a mi y notaba que siempre terminaba con las bragas empapadas. Un día su madre llego de improviso y estábamos tan enzarzados que no la oímos llegar. Ella oyó el ruido de la lucha y nos pilló hechos un ovillo rodando sobre la alfombra. Nos quedamos helados pero ella creyó que solo estábamos jugando y se limito a decirle a Begoña que no armara tanto ruido y que tuviéramos cuidado de no romper nada. Entonces volvió a salir para hacer alguna compra y en cuanto cerró la puerta volvimos a la lucha.

Un día que estábamos solos en su casa la tenía casi vencida pero estaba tan excitado que eyacule. Ella se dió cuenta y me dió un rodillazo en la entrepierna. No me dió de lleno pero eso me enfureció y la arranqué las bragas de cuajo. Ella me dió un puñetazo y aquella vez nos peleamos realmente en serio hasta que ella me aplastó y se sentó sobre mi cara. Entonces me ordenó que fuera su novio. Yo me negué porque era gorda y fea pero ella me puso los puños en la cara y me dijo que ahora éramos novios. Begoña no había tenido novio nunca y yo iba a cubrir ese hueco. Así sus amigas no se burlarían más de ella. Desde entonces íbamos juntos por la calle y al cine y a todos lados. Yo intente acostarme con ella pero me rechazaba. Para ella ser novios era una cosa y el sexo algo completamente distinto y no tenían nada que ver. Hacer peleas guarras medio desnuda conmigo y meternos mano y sobarnos para ella eran solo juegos más emocionantes en cuanto que los mayores con toda certeza nos los prohibirían si llegaban a enterarse, pero para ella eso no era sexo aunque se corría a menudo y yo también. Un día me harté y la bese por la buenas y empece a soltarla el pantalón y ella se dio cuenta de que iba el asunto y se defendió como una posesa pero la tumbé y entonces ella me dijo que si y me saco una caja que yo no sabia que era ni entendí a cuento de que me daba esto y ella sacó las gomas y me puso una. Entonces lo hicimos. Ella no era virgen, aunque no se si eso debería sorprenderme. Luego lo hicimos de nuevo dos veces más y ella todavía quería otro pero reconozco que yo ya no daba más de mí.

Mientras tanto había convencido a mi madre para que se olvidara del solfeo y Begoña y yo nos veíamos cuando queríamos, lo hacíamos como conejos y podíamos pasar horas rodando por el suelo. Para mi eso fue el paraíso hasta que un día su madre llegó de improviso y nos pilló en plena faena. Ya podéis imaginar el escándalo que se armó. Me prohibieron volver por allí ni salir con ella, a ella la castigaron sin salir, etc…. pero nos vimos de nuevo pese a todo hasta que su abuela se puso enferma y murió. Entonces se mudaron. Ya no volví a verla, pero nunca la olvidaré.

Mejora la calidad y duracion de tus erecciones con Vigrax


Crea tu cuenta gratis y disfruta de una semana de videos de primera calidad en PornHub Premiun

La asiática y la escandinava

Decir que Hiroko era promiscua era decir las cosas muy suavemente. Hiroko era la más impúdica calentorra de la universidad. Una compatriota suya que se había matriculado en otro curso pero que había sido compañera suya en el instituto nos aseguró que se había pasado por la piedra a casi todos los chicos de varios cursos y que no le hacia ascos a las muchachas. Una de sus diversiones favoritas era seducir a los compañeros que tenían novia y cuando esta tomaba cartas en el asunto le arreaba una paliza y la violaba. Si el chico intentaba defender o vengar a su novia tenía mucha suerte si no recibía otra paliza. Hiroko era alta para la media japonesa, 1,75, y desde joven había practicado el jiujitsu con aplicación. Desde los 15 años era capaz de derrotar a las chicas de los cursos más altos y también a muchos chicos, centrándose en su entrepierna con ensañamiento. Todos juraban que se excitaba sexualmente cuando peleaba, y también decían que era lisa y llanamente la mejor folladora del instituto, capaz de resucitar a un muerto con una de sus mamadas. Era el terror del instituto, pero aunque los profesores sabían lo que pasaba sus víctimas jamás se atrevieron a denunciarla de manera que no la pudieron expulsar. Por otra parte cuando no estaba peleando o buscando pelea su comportamiento era impecable y además se rumoreaba que sobornaba sexualmente a varios profesores para evitar esa eventualidad aunque eso jamás se supo con certeza. De lo que no había dudas es que era la zorra sáfica más malévola y sádica que jamás hubiéramos visto. Su rostro era más bien infantil pero sus ojos rasgados le daban un aspecto diabólico y su cuerpo espléndido parecía el de una pin-up de revista. En toda la universidad solo había una hembra que le hiciera sombra: Ulrica.

Ulrica era una vikinga rubia que había formado parte de una pandilla de motoristas hasta que su padre la forzó a matricularse en nuestra universidad porque estaba en el quinto pino y así hacer que su hija se alejase de aquel ambiente. Vano esfuerzo. El padre de la rubia había confundido la causa con el efecto y Ulrica no había cambiado en absoluto. Es cierto que ya no iba con motoristas pues no los había por aquellos contornos, pero seguía siendo la misma. Vestía siempre de cuero negro, con botas altas, pantalones ceñidos o recortados y chaquetillas cortas que dejaban al descubierto y también un generoso escote que dejaba muy poco a la imaginación. Su padre la tenía muy corta de dinero para impedir que se desmandara pero ella había encontrado la forma de reunir fondos. Cuando un chico mostraba interés por ella lo incitaba hasta que estuviera muy caliente y luego lo desafiaba a luchar. Si el ganaba, echaban un revolcón o dos o los que el semental aguantase. En caso contrario Ulrica se embolsaba una fuerte suma de dinero, dependiendo de lo que el pretendiente pudiera desembolsar. A la mañana siguiente el derrotado sabía además que toda la universidad estaría al corriente de su derrota, aunque si las cosas le salían bien Ulrica no le regateaba elogios ante las demás alumnas de la facultad.

Ambas eran mujerzuelas de cuidado pero había un par de diferencias entre las dos. Su aspecto físico era muy distinto. Ambas tenían unas tetas grandes y prietas como nueces de coco, unas nalgas que parecían sandias en sazón y en general unas curvas alucinantes. Ambas llevaban el pelo largo hasta casi la cintura y vestían de forma provocativa, pero Hiroko era morena de piel bronceada y Ulrica rubia platino blanca como la leche. Hiroko solía vestir de blanco o de colores vivos mientras que Ulrica prefería el negro. Y sobre todo, Hiroko, siendo alta como era, parecía una enana al lado de Ulrica, que era una verdadera giganta con su 1’94 de estatura. La principal diferencia no era externa sino interna. Hiroko era una completa bisexual e incluso a veces alardeaba de preferir a las chicas. Ulrica en cambio era enteramente heterosexual e incluso mostraba abiertamente desprecio por las lesbianas. Dos chicas que habían tenido el coraje de ‘salir del armario’ como suele decirse, habían cometido el error de hacerle insinuaciones y ella, tras fingir aceptarlas, se fue con las dos a un lugar apartado. Nadie sabe en detalle lo que paso pero Ulrica salió de allí casi sin despeinarse y las dos magulladas bolleras estuvieron una semana sin aparecer por clase.

Lo que Ulrica ignoraba era que ambas eran amiguitas de Hiroko y esta, que ya sentía una cierta antipatía hacia la vikinga, se tomó el asunto como algo personal. Tras salir del hospital fue directamente al campus y localizó a la rubia tumbada al sol sobre el césped, en un rincón apartado de los jardines. Era horario lectivo y la zona estaba casi vacía. Ulrica vestía solo una tanga negra que dejaba muy poco a la imaginación. Sus soberbios pechos estaban al descubierto para que se bronceasen. Entonces apareció Hiroko, ataviada con botas militares, falda vaquera corta y un top también de tela vaquera. Sin mediar palabra se sentó sobre la sorprendida Ulrica y antes de que esta pudiera decir nada la escupió en los ojos, cegándola, y a continuación la agarro de las tetas y apretó como si quisiera arrancárselas.

Ulrica gritó y a ciegas lanzó un directo al estomago de la japonesa que la dejó sin aliento y la hizo salir despedida de encima suyo. Ulrica tardo unos segundos en despejarse la vista y entonces se lanzó a por Hiroko, que luchaba por recuperar el aliento, y agarrándola del pelo comenzó a arrastrarla por todo el parque durante varios metros mientras ella chillaba y chillaba hasta que la estrelló de cabeza contra un árbol. Hiroko parecia acabada pero cuando Ulrica se acercó, logró conectar la suela de sus botas con la entrepierna de la vikinga, que se derrumbo de rodillas con un alarido. Hiroko entonces le arreó tal puñetazo en la cara que la tumbó de espaldas. A continuación Hiroko intento ponerse encima suyo para rematarla pero Ulrica, que parecía fuera de combate, estaba todavía consciente y enlazó a Hiroko por las piernas y cerró los muslos con rabia asesina mientras Hiroko sentía como gemían sus costillas.

Hiroko, desesperada, mordió con furia el muslo de la rubia y ella, gritando de dolor pero sin soltar su presa, se lanzó contra los ojos de rendija de la asiática. Esta tuvo que ceder en su mordisco para esquivar los pulgares de su adversaria y agarrándole el brazo empezó a girarle la articulación de la muñeca en un ángulo antinatural. Ulrica gritó con tanta fuerza como una sirena de alarma pero no liberó la cintura de su adversaria y logró zafarse de la luxación. Hiroko, asombrada de la tenacidad de la vikinga y sintiendo que se hallaba próxima a desvanecerse a medida que la rubia apretaba más y más, comenzó a estrangularla mientras ella le respondía con salvajes puñetazos y cuando Hiroko estuvo lo bastante cerca, con un cabezazo demoledor que hizo que la diablesa amarilla quedase momentáneamente aturdida y sangrase por la nariz.

Ulrica había estado a punto de perder el conocimiento y había perdido su presa sobre la asiática pero Hiroko veía literalmente las estrellas del cabezazo de la escandinava. Ambas se incorporaron lentamente y quedaron medio agachadas frente a frente, mirándose con un odio indescriptible durante unos segundos. Luego se lanzaron una contra la otra atacando con una lluvia de patadas y puñetazos. Ulrica sintió como su cuerpo recibía tales impactos que parecían martillos de picapedrero más que los golpes de un ser humano mientras que su adversaria parecía tan dura y fibrosa como si estuviera hecha de cemento. Hiroko por su parte estaba al borde del pánico bajo los terribles golpes de la vikinga, que eran como enormes peñascos cayendo sobre ella desde gran altura. Hiroko golpeaba con todas sus fuerzas pero la vikinga parecía de piedra viva y la gladiadora amarilla sentía sus nudillos doloridos de golpearlos contra la piel sonrosada de la rubia. De forma casi simultánea ambas se agarraron de las manos y comenzaron una prueba de fuerza. Ulrica estaba segura de que su mayor envergadura le daría una rápida victoria pero quedo asombrada al sentir la resistencia que le oponía su rival. Por su parte Hiroko ya imaginaba que la escandinava seria excepcionalmente fuerte pero lo cierto es que sentía como si luchase con una prensa hidráulica. Finalmente ambas se abrazaron y cada una de ellas comenzó a apretar con fuerza en un abrazo de oso.

Mientras se estrujaban entre sus brazos las dos fieras comenzaron a morderse, a intentar darse cabezazos y a darse patadas y pisotones hasta que cayeron al suelo y rodaron una y otra vez hasta que chocaron con un árbol. Hiroko estaba debajo y su minifalda se había levantado dejando al descubierto que no llevaba bragas, según su costumbre. Ulrica por su parte había perdido las braguitas del tanga, que se habían roto durante la pelea, de manera que sus sexos estaban en intimo contacto. Entonces Hiroko comenzó a restregar su sexo oriental contra el felpudo rubio miel de la escandinava, como si imitase el movimiento y el ritmo del acto sexual, al mismo tiempo que en vez de seguir mordiéndola la besuqueaba ávidamente en el cuello, en la oreja, en los pezones. Ulrica, asqueada, tuvo que forzarse a si misma a mantener su posición mientras lentamente intentaba dejar sin aliento a la morena, estrujándola con todo su peso. La japonesa por su parte sonreía malévolamente mientras sus expertas caricias deshacían las defensas y el autocontrol de la giganta europea. Su agarre era firme todavía pero el sudor perlaba su piel y su respiración estaba entrecortada por gemidos de placer hasta que de repente la vikinga sintió como todo su cuerpo explotaba de placer en un orgasmo colosal. Ni siquiera sintió a Hiroko escapando de su agarre bajo ella, ni vio venir el tremendo patadón que aplastó su cara y la envió al suelo para no levantarse.

Todo aquel increíble despliegue de salvajismo había durado poco más de 4 minutos y había sido la pelea más larga que cualquiera de ellas hubiera tenido en años. Hiroko tenía fracturadas dos costillas y estaba cubierta de marcas de golpes, pero se sentaba triunfante sobre la cara de su derrotada adversaria y procedió a darle tal sistemática paliza antes de follarsela que Ulrica no regresó a la universidad en tres meses.

Mejora la calidad y duracion de tus erecciones con Vigrax


Crea tu cuenta gratis y disfruta de una semana de videos de primera calidad en PornHub Premiun

La Pantera

Su nombre era Pamela pero todo el mundo la llamaba ‘La Pantera’. Cabellos azabache, agresivamente cortos, ojos oscuros como un pozo sin fondo, piel bronceada, cuerpo recio, pero sumamente femenino; espalda ancha, alta para ser una chica. Bajo su minifalda unas piernas de corredora; esbeltas, pero fuertes. Brazos delgados, pero de marcada musculatura. Nalgas poderosas, cintura esbelta, y pechos no demasiado grandes, pero firmes y erguidos, que resultaban difíciles de olvidar. Realmente semejaba una pantera, esbelta, flexible, poderosa.

Criada entre cinco hermanos, había aprendido a lidiar con ellos de igual a igual, y a disfrutar haciéndolo. Con sus increíbles piernas podía dejar atrás a cualquier chico que la persiguiese… cuando no eran ella su perseguidora! Hábil con sus puños gracias a los brutos de sus hermanos, en la lucha cuerpo a cuerpo era también experta gracias a primos y vecinos de largas manos. Aunque las envidiosas murmuraban que sus propias manos eran más largas aun y en realidad siempre estaba dispuesta a probar manjares nuevos, aunque además de golosa era una groumet, y para aceptar repetir el menú este debía ser excepcional. Pero todo esto lo ignoraba yo al empezar mis vacaciones, cuando aposté con imprudencia una abultada suma a que yo podía ‘cazar’ a Pantera. Daba igual que fuera mayor, más alta, y mas pesada. Era solo una chica, ¿no?

Cuando aceptó salir conmigo y me invito a nadar con ella en las ruinas del viejo molino, debí sospechar que fuera tan fácil. Apenas me había cambiado cuando sin ceremonias se apoderó de mi ropa y arrojándola por encima de la tapia, me empujó violentamente contra la misma, riéndose de un perrito de ciudad que se creía león y pretendía cazar a la Pantera. Intenté empujarla; ella empujó mas fuerte y nuestros cuerpos se tensaron el uno contra el otro. Rodamos por el suelo, estrechamente abrazados y su combinación quedó cubierta de manchas y desgarrones mientras forcejeábamos.

Caímos a la represa y luchamos en el agua hasta terminar en el fango de la orilla. Ahora su ropa interior mojada ocultaba tan poco de su espléndido cuerpo como si no la llevase puesta. Arrogante como una amazona legendaria, me sonreía con insolencia mientras me desafiaba con su mirada, esperando mi ataque Ya había sentido la fuerza que ocultaban aquellas curvas voluptuosas y aquel rostro pecaminoso, y ya no sabia quien era el cazador, y quien el cazado, pero lo único que cabía en mi mente enfebrecida era el deseo de estrechar entre mis brazos aquella forma deliciosa y tomarla por asalto como a una fortaleza que custodiase un dulce tesoro en las más oscura de sus grutas.

No recuerdo cuanto tiempo nos enfrentamos en el barro de la orilla, en las frías aguas, o sobre la hierba de la ladera, mientras nuestras prendas quedaban reducidas a jirones, sus puños aturdían mi cuerpo, y sus encantos aturdían mi espíritu. Solo recuerdo el roce de su cuerpo desnudo tensándose contra el mío mientras nos acometíamos. Varias veces logre doblegarla contra el suelo, cubriendo su desnudez con la mía, sintiendo la suavidad de su piel, la fuerza de sus brazos y los latidos atropellados de su corazón mientras me desafiaba en la batalla de los cuerpos, exhibiendo con alegre desvergüenza su invitadora desnudez, nublando mi mente con lujuria para dominarme en el combate.

Muy pronto la ardiente Pantera me puso a la defensiva pero, enardecido por el oscilar de sus pechos, la sensualidad de sus ojos y el jadeo de su respiración, volvía con renovados bríos al asalto de su atlética desnudez, hasta que la agresiva beldad logró doblegarme por puro agotamiento. La Pantera había cazado a su cazador. Solo entonces, con ella al mando, mi agraciada agresora me concedió sus favores mientras forzaba los míos, cabalgándome como una vaquera domando a un garañón salvaje.

Y pareció agradarle su nueva montura, pues me invitó a reclamar la revancha cuando quisiese; de hecho me la exigió. ¿Quien sabe? Había perdido mi apuesta, y luego supe que ella era cómplice y llevaba parte en el ‘negocio’, pero a veces no importa perder.

Mejora la calidad y duracion de tus erecciones con Vigrax


Crea tu cuenta gratis y disfruta de una semana de videos de primera calidad en PornHub Premiun

Mis continuas batallas con mi vecino quinceañero

Era un soleado día de primavera. Yo estaba tomado el sol desnuda en mi patio trasero. Es algo que me encanta porque se que eso le pone a cien a Brian, el desvergonzado hijo adolescente de mi vecino. Aquel día estaba de muy buen humor, esperando que el muchacho asomase la nariz para poder desafiarle otra vez a un combate de lucha libre. Ya habíamos luchado dos veces antes, venciéndole yo en ambas ocasiones. Por supuesto, siendo yo una mujer adulta de 22 años con unas espléndidas delanteras de talla 34-EE, había aprovechado ambas ocasiones para asfixiarle con mis tetas antes de sentarme sobre su cara, hasta conseguir en ambos casos una gloriosa serie de orgasmos en cadena, uno tras otro y otro y luego otro mas.

Mis deseos se convirtieron en realidad cuando vi que Brian se descolgaba del roble de su finca para aterrizar en el césped de mi jardín. Ese viejo roble era la única atalaya desde que la que un extraño podía espiar lo que sucedía en mi patio trasero y en los patios traseros de otras cinco o seis residencias de la urbanización en la que vivíamos. El pequeño sinvergüenza de Brian llevaba años trepando a las ramas de aquel árbol. Desde allí, podía divertirse espiando sin ser visto a casi todos su vecinos. Así había sido como todo comenzó, cuando aquel lunes prodigioso aterrizó de golpe en mi piscina, con los pantalones bajados y el miembro viril en la mano. Había estado pajeándose mientras me espiaba y al hacer esto se distrajo lo suficiente como para perder el equilibrio y caerse. Yo por mi parte llevaba un rato acariciándome el conejito, pero la súbdita aparición de un intruso me detuvo justo en el momento en que estaba a punto de correrme. Furiosa por tan inoportuna interrupción, alcancé a Brian justo cuando lograba salir de la piscina y tras un breve pero violento forcejeo le di su primera lección en el delicado arte de besar como es debida la entrepierna de una dama.

Creí que no volvería a verle, ¡así que imaginad mi sorpresa cuando al día siguiente regresó y me exigió la revancha, jurando que iba a cabalgarme por las buenas o por las malas! Claro que pese a sus bravuconadas, volví a vencerle, le cabalgue la cara y me corrí un par de veces sin dejarle que se corriese. Cuando ya creía que todo había terminado, igual que el día anterior, me atacó por detrás y tuve que vencerle de nuevo, no sin ciertas dificultades. Esta vez, para domarle del todo, mientras me limpiaba el pubis a lengüetazos, le agarré el nabo con ambas manos y le ordeñé vigorosamente hasta que su leche brotó como la espuma del champaña recién descorchado. Entonces, para dejar claro del todo quien era la que mandaba, le desafié a luchar de nuevo de inmediato. El, cansado tras eyacular, se mostró remiso pero cambió de opinión cuando le sacudí un par de bofetadas bien dadas. Por supuesto, le volví a ganar y disfruté como una loca mientras la punta de su nariz me hacia cosquillas en el botoncito

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – –

Eso fue el día anterior. Ahora, Brian se acercó tranquilamente, vestido con una camiseta de manga corta y unos pantalones cortos de licra, que no disimulaba en absoluto su erección.

“Hola Miranda. ¿Vas a ir a la fiesta de…?” comenzó a decirme, pero yo no estaba de humor para charlas triviales. Me encaré con el, abriendo descaradamente las piernas para que viese mi conejito y le interrumpí bruscamente diciendo:

“Si quieres quedarte aquí y disfrutar de las vistas, tendrás que luchar conmigo de nuevo; y si deseas obtener lo que de verdad deseas, tendrás que derrotarme.

“De acuerdo. Esta vez voy a darte una paliza, morena.” Respondió el, quitándose la ropa. “Al fin a cabo no eres mas que una tía”

“Y tu eres un renacuajo” le respondí sonriendo, mientras alzaba los brazos desafiándole a un duelo de fuerza, igual que en nuestros dos combates anteriores. Como le saco diez centímetros de estatura y soy bastante atlética, este es un enfrentamiento en el que llevo siempre las de ganar. En esta ocasión sucedió lo mismo. Nos agarramos de las manos y comenzamos a hacer fuerza. Brian no es ningún blandengue por mas que se lo diga cientos de veces en cada combate para hacerle rabiar, pero no puede conmigo y poco a poco comencé a doblegarle. Era estupendo sentirse poderosa e invencible, viendo la cara de desesperación del joven macho, sometido por una hembra mas vigorosa que él.

De repente vi que Brian, en vez de desesperarse, sonreía. Entonces dejó de resistir mi empuje y tiró de mi con todas sus fuerzas, arrojándome de cabeza contra el césped. Antes de que pudiera reaccionar, Brian saltó sobre mi espalda y comenzó a cabalgarme como a una yegua, estampándome una y otra vez contra la tierra blanda y húmeda cubierta de hierba mientras contaba en voz alta sus arremetidas.

Cuando la cuenta llegó a llegó a veinte yo estaba casi fuera de combate. Entonces Brian me arrojó sobre la colchoneta y enlazó mi cuello con sus piernas, apretando con fuerza. Me agarró del pelo para apretarme mas contra el, estrujando su pene erecto y sus testículos contra mi cara.

“Una adulta hecha y derecha, derrotada por un chaval quinceañero- ¿No te da vergüenza?” me dijo mientras comenzaba a cabalgar mi cara. Su entrepierna subía y bajaba lentamente, rozándose contra mi rostro cada vez un poco más rápido a medida que se excitaba. Yo había disfrutado haciéndole lo mismo en nuestros dos combates anteriores y ahora se tomaba la revancha. Se corrió en un par de minutos y me llenó la cara y el pelo de su lechada. En cuanto pude recuperar el aliento, me fui a casa corriendo y me di una ducha rápida para limpiarme el pelo de su semen. Cuando regresé al jardín le encontré sentado en la colchoneta con la sonrisa más radiante que jamás le hubiera visto y el cipote erguido de nuevo como si los recientes acontecimientos no hubieran tenido lugar. Tengo que reconocer que era un chico muy guapo y que su miembro viril no me era en absoluto indiferente y.. ¡Que demonios! Un traro es un trato, así que sin mediar palabra me arrojé sobre el y nos dimo un revolcón apoteósico bajo los rayos del sol. Eso si, cuando ya estábamos acoplados, le obligue a ponerse debajo mío. El se resistió con furia por supuesto, pero eso solo sirvió para excitarme todavía más. Cuando terminé de masturbarme con su miembro viril, usé mi vagina para ordeñarle sin piedad, conmigo encima por supuesto.

“¡No vale” gritó él cuando dejé de comérmelo a besos. “¡He ganado yo, por lo tanto tenia derecho a ponerme encima”.

“Me corro mejor cuando hago trampas” le respondí. El rugió de furia y se lanzó sobre mí. Forcejeamos un rato sobre la colchoneta y sobre la hierba hasta que logré someterle de nuevo y obligarle una estupenda lamida de coño que disfruté como una puerca. Quedamos tan exhaustos que tardamos casi una hora en librar el siguiente asalto, que volví a ganar, con trampas obviamente. Brian estaba excitadísimo y peleaba como un poseso para poder copular conmigo de nuevo, pero cuando creía tenerme atrapada, me puse a decirle guarradas al oído mientras me rozaba con el todo lo que podía hasta que el pobre adolescente, sin poder evitarlo en absoluto, se volvió a correr. Entonces me fue fácil someterle sin piedad y cabalgarle la cara todo lo que quise, y quise mucho pues yo también estaba excitada a tope.

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – –

Al día siguiente salí al patio trasero desnuda y me puse a darme crema bronceadora muy despacio y muy sensualmente. Brian, que por supuesto estaba espiándome otra vez, acepto el desafió y salto desde el árbol, tan desnudo como el día que llegó al mundo.

“¿Estas preparado para aprender a hacerme cosquillas en el conejito con la punta de tu nariz?” le pregunté, adoptando una pose desafiante.

“Me voy a masturbar en tu cara, preciosa”. Me respondió.

Nos miramos fijamente, desafiándonos con la mirada. Su miembro viril comenzó a erguirse mientras nos acercábamos. Mis pezones estaban tiesos. La idea de pelear cuerpo a cuerpo con aquel yogurcito adolescente era excitante. La idea de derrotarle y humillarle en la lucha era mucho más excitante. La posibilidad de que volviese a derrotarme, aunque pequeña, le daba todavía mas picante a la situación. De nuevo alcé mis manos, desafiándolo a un duelo de fuerza. El aceptó el reto y alzó sus brazos para agarrarme de las manos como el día anterior. Entonces, en vez de cogerle de las manos, me lancé a por el, le agarré por el cuello y le derribé con una llave de cadera. Una vez en el suelo, me puse sobre el y comencé a aplastarle mis pechos contra su cara, impidiéndole respirar. El pobre muchacho se defendió desesperadamente, pero eso solo logró excitarme todavía más. Rodamos por el suelo, hechos un ovillo. Era maravilloso apretarle con fuerza y sentir como su cuerpo desnudo se debatía con todas su fuerzas entre mis piernas y mis brazos hasta que mis pechos le sometieron por asfixia. El pobre Brian comenzó a golpear el suelo para indicar su completa rendición. Me sentí tan exultante ante mi nueva victoria que goce de nuevo en aquel mismo instante, gimiendo y chillando de deleite.

“¡MAS!” grité, mientras le aplastaba la cara con mis partes mas intimas. Brian, que había podido respirar solo unos segundos, comenzó a besarme y lamerme el conejito con tanto entusiasmo que en pocos segundos me volví a correr. ¡Demasiado rápido! Yo quería más. Agarré a mi adversario, que intentaba escabullirse, y lo monté de nuevo, usando la punta de su nariz para acariciarme el botoncito, pero por tercera vez me corrí casi de inmediato.

Quedamos abrazados bajo el sol del atardecer durante más de media hora y luego pasamos el resto de la tarde copulando hasta que agotamos los preservativos. ¡Es maravilloso disfrutar de un quinceañero! ¡Son dulces, tímidos, cariñosos, vigorosos, tiernos, viciosos, atrevidos, inagotables, increíbles!

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – –

Al día siguiente estaba lloviendo, pero sonó el timbre de la puerta y allí estaba el, vestido de calle, pero con los ojos brillantes y un evidente abultamiento en los pantalones.

“Hola Miranda. ¿Puedo pasar?” me preguntó, con fingida inocencia.

“Si pasas, te doy una paliza” le respondí “pero si no pasas, eres un maricón sin agallas”.

Sin una palabra, Brian entró en la casa, sonriendo y mirándome con desafió. Se quitó casi toda su ropa y alzó los brazos, desafiándome a un duelo de fuerza. Yo cerré la puerta, me quité la bata que llevaba y me quedé en ropa interior (de la normal; si hubiera sabido que aquel yogurcito iba a venir, me hubiera puesto mi lencería mas despampanante) Alcé los brazos aceptando su desafío y me dispuse a disfrutar de mi nueva victoria. Por desgracia para mi, el renacuajo tenia otras ideas. De repente me embistió y aferró mi esbelto cuerpo en un abrazo de oso, estrujándome con todas sus fuerzas. Sentí que crujían mis costillas pero me sentía segura de ganar. La cabeza de Brian estaba justo a la altura de mis pechos, de manera que le empujé contra la pared y le aplasté la cara con mis atributos femeninos para asfixiarle.

Mantuvimos este forcejeo durante un par de minutos más o menos. Para mi sorpresa, su abrazo del oso era mas fuerte que el mío (probablemente su técnica era mejor, aparte de la ventaja de abrazarme primero y conseguir así el mejor enganche sobre mi cuerpazo) Estaba en apuros, pero aun así resultaba excitante estrujarme con aquel caliente adolescente mientras le sometía con mis pechos. Ganarle a un macho era algo maravilloso, pero usar mis atributos de mujer para doblegarle iba a ser glorioso.

Por desgracia Brian tenía otros planes. Al ver que se quedaba sin aliento, me derribó al suelo barriéndome las piernas y caímos al suelo, yo debajo y el encima aplastándome el estomago. El impacto me dejó sin aliento y aquel maldito crío aprovechó a fondo su oportunidad para arrancarme la ropa y sacar su rabo. Intenté escapar a cuatro patas pero se subió a mi espalda, me cogió por el cuello e intentó penetrarme como a una yegua, usando mi hermosa melena como si fuesen las riendas. Por supuesto, yo no me rendí y me lié a coces. Cuando comenzó a besuquearme la oreja, le agarré por el cuello y comencé a estrujarle la cara. No podía arañarle porque mis uñas son muy cortas, pero le hice todo lo que pude sin sacarle los ojos.

“Ríndete nena. Te voy a tomar por la fuerza como se toma un castillo” Dijo Brian.

“¡Pollafloja, No tienes huevos!”

“¡Bruja!”

“¡Enano!”

“¡Golfa!”

Mientras el tono de nuestros insultos subía, íbamos rodando por el suelo, hechos un ovillo hasta que no podíamos movernos ni podíamos soltarnos sin quedar a merced del adversario. Entonces sentí que Brian me penetraba con sus dedos y comenzaba a masturbarme. Con lo excitada que estaba, no le costó nada ponerme húmeda y lubricada a tope. Era un truco muy sucio pero muy astuto. Si lograba llevarme al orgasmo, iba a quedar casi indefensa durante unos cruciales segundos, permitiéndole penetrarme con mi permiso o sin el.

“Estas mojada como un pantano, pedazo de guarra”

“Vas a ver lo guarra que soy” le respondí, girando la cabeza para besarle el nabo. En unos segundos, se la estaba lamiendo como una profesional. No es mi truco favorito; normalmente prefiero con mucho ser la lamida a la lamedora, pero eran momentos desesperados.

“No eres lo bastante zorra para lograr que yo me corra”, se burló Brian, mientras sus dedos se cerraban dentro mi vagina, formando un puño. ¡Sentí como si estuviese explotando de placer por dentro! Pero justo en ese momento, cuando ya me creía vencida, sentí la eyaculación de Brian en mi boca. Chupe, chupe y chupe mas y mas, tragándomelo todo sin remilgos, pero en el proceso yo también me corrí a lo grande. Aquel vicioso crío me había tenido contra las cuerdas en el combate erótico, pero yo le había robado la victoria en el último segundo mediante una mamada magistral.

Durante unos segundos, quedamos en el suelo el uno junto al otro, jadeando de placer y de fatiga al mismo tiempo. Por supuesto, fui yo la que se recuperó en primer lugar. Le cogí del pelo y me lo llevé a rastras hasta mi dormitorio para cabalgarle la cara a lo grande. Lo tuve a mi merced y lo gocé a mi capricho durante veinte minutos más o menos. Entonces noté que comenzaba a forcejear de una manera más agresiva. ¡Mejor para mí!, pensé, sin darme cuenta de que su cipote se estaba irguiendo de nuevo.

Fue cuestión de segundos: Aquel maldito enano se encabritó como un pony salvaje, me derribó de encima de el y me hizo caer fuera de la cama. Antes de que pudiera reaccionar, lo tenía montado encima de mi, sujetándome con firmeza. Un segundo después lo tenía justo a mis espaldas, preparado para cabalgarme como un semental a una yegua en celo. Sentí su miembro viril en la entrada de mi cajita del tesoro y cerré con fuerza mis poderosos muslos para bloquearle el paso mientras intentaba quitármelo de mi espalda, pero el me abrazó con fuerza y me mordió el cuello como un león aferrándose a su presa mientras su robusto instrumento presionaba para invadirme, igual que un ariete embiste para invadir el castillo, intentando echar abajo las defensas del ultimo reducto.

“Ya eres mía, zorra”

“¡Puto perro sarnoso! No eres capaz.”

“¡Te voy a meter el nabo!”

“¡Hazlo si puedes cacho mamón!”

Entre un insulto y otro, su miembro viril continuaba presionando para penetrarme, ¡pero la puerta seguía bien cerrada! Sin embargo, mientras forcejeábamos, nos caímos de costado y entonces sentí como todo su instrumento se deslizaba entre mis músculos vaginales y me ensartaba hasta la empuñadura. ¡Me corrí de inmediato!

Aprovechándose de mi indefensión, Brian me dio la vuelta y se sentó sobre mi cara. Tuve que lamerle el cipote, empapado de mis propios flujos vaginales. Luego Brian insertó su bien dotado miembro entre mis espléndidas tetas y tras un par de arremetidas se corrió al estilo cubano, derramando una abundante eyaculación sobre mi cara. ¡Me dio una ducha con su semen, el muy cabrón!

Tras lavarme la cara, quise atacar a Brian aprovechando su fatiga post-coital, pero yo también estaba muy cansada y tras un indeciso forcejeo sobre la cama nos quedamos entrelazados durante un buen rato, recuperando el resuello. Yo estaba ansiosa de librar combate para conseguir la revancha y Brian se agarraba a mi como un pulpo hambriento, pero nos sentíamos tan fatigados que lo único que podíamos hacer era cubrirnos de insultos el uno al otro.

“Mariconazo”

“Bollera”

“Pichafloja”

“Machorra”

“Pringao”

“Puta barata”

“Perro sarnoso”

“Zorra”

“Claro que soy una zorra. Estoy orgullosa de lo zorra que soy, pedazo de mierda. Soy la gran zorra que se va a merendar al gallito machito que se cree un león y no es más que un perrito.

“No estabas tan chula hace un minuto, nena, cuando me calentabas el cipote con tu conejito”

“Te vas a enterar de lo que vale esta hembra, lamecoños.”

“Te voy a violar otra vez”

“No, te voy a violar yo a ti otra vez, como lo he venido haciendo todos estos días, macho mamarracho. Te violé el lunes, te viole de nuevo tres veces el martes y dos veces mas el miércoles…

“¿El miércoles te gané yo” me interrumpió él.

“Me ganaste un solo asalto de tres y al día siguiente te volví a montar, igual que hoy”.

“Hoy te he vuelto a vencer, maldita calientapollas”

“Uno a uno hoy, por el momento…” le respondí sonriendo, asumiendo una pose provocativa. “Y en lo que va de semana ¡vamos siete a dos a mi favor, mariquita llorica!”

“¡Bruja! ¡Te voy a follar!”

“¡Adelante! Fóllame si puedes…, ¡Perdedor!”

El tono de los insultos iba subiendo. Ambos estábamos ahora de rodillas, frente a frente, compitiendo por ver cual de los dos le soltaba al otro la barbaridad de mayor calibre. Al cabo de unos minutos sentí de repente que ‘algo’ me rozaba un muslo. ¡Era el cipote de Brian, que volvía a erguirse! Entonces hizo algo que desde luego el no se esperaba. Me lancé sobre el, abrazándole. Le tumbé de de espaldas y al hacer esto, deliberadamente me clavé a mi misma en su virilidad ascendente.

“¡Ya eres mío!” Grité, mientras le inmovilizaba.

“¡Que te crees tú eso!” me respondió, mientras intentaba liberarse. Yo apreté los muslos, aferré su miembro viril contrayendo los músculos vaginales y le dije:

“No escaparás. ¡Esta es la presa de las amazonas! ¡No hay macho que escape de la presa de las amazonas! ¿Te rindes?”

“¡Ni hablar!”

“¡Mejor! A mi conejito le encanta un buen combate de lucha libre contra un nabo bien gordo como el tuyo”. Y diciendo esto, comencé a estrujar su espolón con los músculos de las paredes vaginales mientras le besuqueaba por todas partes. El pobre diablo intentó escapar, pero le tenia bien inmovilizado y en un par de minutos estábamos los dos sudando y jadeando. Al comprender que estaba atrapado y no iba a poder derrotarme en el combate físico, comenzó a besarme y acariciarme lascivamente. Era un mozo muy habilidoso pero le llevaba ya mucha ventaja y con tres hábiles contracciones vaginales, le ordeñé el cipote mientras nos metíamos la lengua. La presa de la amazona me había dado la victoria una vez más. El pobre chico, exhausto, no pudo hacer nada cuando le desmonte y me giré 180 grados para sentarme sobre su cara. Me pasé la siguiente media hora corriéndome una y otra vez mientras le embadurnaba la cara con mis fluidos vaginales y su propio semen.

“¡Ocho a dos a mi favor, enano!

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – –

Al día siguiente, viernes, me tropecé en la calle con los padres de Brian, buenos amigos míos, y me enteré que se iban a pasar fuera el fin de semana. Les deseé que se lo pasasen muy bien y se lo deseé con entera sinceridad porque me caen muy bien los dos y porque tenía muy claro que yo por mi parte iba a pasármelo más que bien con todos los rincones de la anatomía de su vicioso hijo.

Me fui a casa, me duché, me puse la lencería más sexy que tengo, unas botas altas de cuero negro, unos guantes largos de cuero negro y me puse por encima un vestido largo, holgado y discreto. Dos horas después de que mis vecinos se marchasen vi que Brian llegaba a casa. Toque el timbre y le dije:

“¿Tienes agallas para invitarme a entrar? Tengo ganas de correrme de nuevo”.

“¿Y perderme la oportunidad de sobarte las tetazas? Vale, pero lucharemos en el sótano, que no quiero romper nada aquí arriba”.

“Me parece bien”, le respondí. Brian cerró la puerta y me quité el abrigo. Luego, con cierta dosis de teatro, me baje la cremallera del vestido y me mostré ante el con mi mejor atuendo ‘de batalla’. Entonces me indicó la puerta del sótano y me invitó a bajar. El lugar era amplio y despejado, con varias colchonetas en el centro. En la parte alta, pequeños tragaluces dejaban entrar desde el exterior la difusa luz del atardecer de aquel día lluvioso.

Mientras examinaba el nuevo campo de batalla, la batalla comenzó sin previo aviso cuando el muy sabandija de Brian me atacó a traición sin vergüenza alguna, saltando sobre mi espalda desde el rellano de la escalera. Luchamos en la penumbra sin ahorrar golpes pero el muy cabrito consiguió mantener la ventaja gracias al sucio truco que había usado para sorprenderme.

“Vas a disfrutar cuando te viole” me dijo Brian, mientras metía las manos bajo mi lencería para manosearme los pechos.

“¡¿QUEEEEE!?” Le respondí, sin creerme lo que acababa de oír.

“Las tías estáis programadas para perder”. Me susurró Brian, mientras nos zurrabamos. “Os gusta que los tíos os puedan, os excita luchar contra los hombres para descubrir a los machos mas fuertes. Cuando encontráis a uno vigoroso de verdad, se os empapa la entrepierna y os ponéis en celo como perras”.

“¿Ah, si? ¿Entonces, porque no nos abrimos de piernas, eh? ¿Y por qué sigo luchando para violarte yo a ti?”

“Para provocar al macho y lograr que se le ponga todavía mas tiesa. Vamos guarra, confiésalo: os gusta sentiros dominadas por un hombre de verdad que pueda desvirgaros y haceros muchos hijos. Por eso hay tantas mujeres que tiene fantasías de violación”.

“Te voy a enseñar mi fantasía de violación, macho mamarracho! ¡Cierra la puta boca y pelea!”

Brian había logrado sujetarme de espaldas al suelo y me tenía muy bien agarrada, pero yo estaba tan furiosa que comencé a quitármelo de encima a pulso. Brian se resistió todo lo que pudo y en circunstancias normales yo no habría tenido ni una oportunidad de escapar pero durante casi un minuto estuvimos en suspenso, todos los músculos tensados al máximo, nuestros cuerpos casi desnudos perlados de sudor, cubiertos solo por algunos jirones de tela destrozados.

“¡Te puedo, renacuajo! ¡Soy la mas fuerte!”

“¡Jamás! Yo soy el macho, zorra.”

“Soy zorra, machorra, buenorra y a mucha honra, machito enanito. ¡Ríndete!”.

“¡Nunca!” pero mientras lo decía, ya había logrado medio incorporarme, pese a sus esfuerzos, y estábamos casi de rodillas frente a frente. Al final, el poder femenino se impuso y le di la vuelta a la situación. Tumbé a Brian de espaldas en el suelo y me monté sobre el. ¡Había demostrado que la hembra era la mas fuerte! ¡Y desde una posición de clara desventaja! La victoria me proporcionó un orgasmo majestuoso pero Brian, que no se había rendido todavía, aprovechó para contraatacar. Logré mantenerle bajo mi control pero necesité todavía un buen rato para someterle por completo. Solamente entonces, cuando quedó indefenso por agotamiento, pude cabalgarle la cara a gusto hasta hartarme.

“¡Nueve a dos a mi favor, macho mamarracho!” Brian solo pudo responder con un gemido. Su cuerpo desnudo y vapuleado me pareció tan erótico, que me tumbe encima suyo y me rocé con el hasta correrme de nuevo.

“¡No es justo!” Exclamó Brian. “Tu eres mas grande.”

“No busques excusas, maricón. Claro que soy más grande que tu y por eso me gusta luchar contigo. Porque soy mas grande y te puedo casi siempre.”

“¿Ah, si? ¿Por qué no pruebas entonces con alguien de tu tamaño, rubita?” Dijo una suave voz femenina a mis espaldas.

Aquel fue el momento más espeluznante que sufrí en años. Creí por un momento que mi vecina había regresado prematuramente de su fin de semana y que me había pillado in fraganti abusando sexualmente de su hijo menor de edad. Me di la vuelta temiéndome lo peor, para encontrarme con una absoluta desconocida: una adolescente morena y con un buen cuerpo, de unos 17 o 18 años, que me miraba con divertida insolencia, las manos en las caderas.

“Vaya vaya vaya, Brian cariño. Ahora entiendo que no me hicieses mucho caso toda esta semana. Tengo que admitir que tu nueva zorra no está nada mal, pero… ¿no es un poco vieja para ti?” Dijo la recién llegada, acercándose despacio, con aire desafiante.

Que a una chica de mi edad la llamen ‘vieja’ no es plato de mi gusto, así que, aguantándole la mirada a aquella lagartija insolente, dije:

“Brian cariño, ¿Te importa hacer las presentaciones? Me gustaría saber el nombre de esta putita antes de apalearla”

“Ehh…. Miranda, esta es mi prima carnal, se llama Claudia y es…”

“Su iniciadora”, la interrumpió la morena, “Y la propietaria de su nabo” añadió, para remachar la insolencia.

“¿De verdad?” respondí yo. “¡Bueno1, tengo que agradecerte que le hayas enseñado bien. Ya me extrañaba que a su edad fuese un semental tan bueno. Pero ahora que ha terminado con los aperitivos…” dije, señalándola, “a tu ex novio le toca probar los platos fuertes” añadí señalándome a mi misma con un brazo mientras flexionaba bíceps con el otro y posaba ante ella, exhibiendo mi cuerpazo casi desnudo.

“¿En serio?” respondió Claudia, empezando a desnudarse. Bajo la ropa de calle normal y corriente, ella también iba ‘vestida para matar’, era alta, casi como yo, y su cuerpo era esbelto pero atlético, como una corredora o una nadadora que entrenase con frecuencia. Bonitas tetas, pequeñas pero bien formadas, buen culo y bastante mona de cara, con un aire travieso y perverso o eso me pareció. “Bueno… ¿Miranda, no? Tienes razón en que ya no es tiempo de preliminares, así que vamos a dejar claro cual de las dos es el plato fuerte.

“Ya he apaleado a tu exchico. ¿Crees que tu me vas a durar mas?”

“Una victoria fácil. Tú y yo sabemos que una hembra de verdad puede derrotar a un macho. La pelea realmente fuerte es cuando las tías nos zurramos… unas con otras.”

“Muy cierto, pero tu no eres una tía, eres una cría. No me vas durar ni un min….UF”

No terminé la frase porque la muy puerca se me echó encima sin más dilaciones. Brian pudo disfrutar de un increíble espectáculo mientras rodábamos por los suelos tirándonos de los pelos, mordiéndonos, pellizcándonos, estrujándonos, escupiéndonos, dándonos cabezazos, tropezando con los muebles, estampándonos contra la pared o contra el suelo, arrancándonos la poca ropa que nos quedaba, pateándonos, arrojándonos cualquier cosas que tuviéramos a mano, chillando y llamándonos de todo durante un buen rato sin que ninguna lograse imponerse hasta que nos liamos a puñetazos en el centro de la habitación. Ella me dejo un ojo morado pero la hice picadillo y la rematé en el suelo mientras se rendía y me suplicaba clemencia. Estaba tan excitada por aquella estupenda pelea que me corrí de inmediato mientras ella repetía: “Me rindo, me rindo, me riiiindooooooo”. Luego me senté sobre su cara. Brian era realmente bueno en el sexo oral, pero su maestra era el doble de buena! Una buena pelea, una espléndida lamida y de postre una magnifica polla, porque Brian estaba de nuevo empalmado y me lo follé de inmediato, sin poder contenerme. Luego los agarré de los pelos a los dos y los arrastré hasta la cama de Brian. Allí caí, agotada pero satisfecha. Me hice un ovillo con mi última conquista y descansé un buen rato, pues Claudia tenía razón en una cosa: Una pelea mixta es poca cosa comparada con una verdadera pelea de gatas salvajes. Brian me pegaba sin remilgos en nuestras peleas sucias, pero su prima me había dado mas leña en unos minutos que Brian en toda la semana.

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – –

Los dos días siguientes fueron realmente apoteósicos. El sábado por la mañana los dos perversos primos se pusieron de acuerdo para atacarme a la vez. Tardé más de media hora en someterles a los dos. El domingo, ya domados, les hice pelar entre ellos mientras yo disfrutaba mirando. Pero fue el lunes cuando alcancé realmente el paraíso. Llamaron a mi puerta y me encontré con una desconocida de aspecto escultural y arrogante. En una mano sostenía uno de mis sujetadores mas sexis.

“¡Hola! Soy la madre de Brian y la ti carnal de Miranda. También soy monitora de educación Física y defensa personal en el instituto local. Creo que esto es tuyo”. Añadió, tendiéndome el sujetador desgarrado.

“¡Muchas gracias! Lo había echado de menos. ¿Te apetece pasar?”

“Voy a hacer mucho más que pasar, zorra asaltacunas”.

“¿Qué sucede? ¿Te molesta que haya acariciado la picha de tu hijo con mi vagina mientras me corría?”

Por supuesto, al oír eso me rompió la cara con una patada de karate y luego me saltó encima. Fue el comienzo de una intensa amistad.

Mejora la calidad y duracion de tus erecciones con Vigrax


Crea tu cuenta gratis y disfruta de una semana de videos de primera calidad en PornHub Premiun

Elvira y Don Julián

Hola amigos de Sexycuentos. Aquí os adjunto un tercer relato de peleas salvajes como juego erótico. Este es un poco mas largo y se divide en tres partes. Espero que os guste.

1)

Elvira era la criada de Don Julián desde hacia tres meses y también era su amante. Era una andaluza de piel morena, de un metro ochenta y cuatro de estatura, cabellos muy negros y fascinantes ojazos oscuros. Sus brazos eran fuertes como los de una campesina y sus pechos eran gordezuelos y generosos como su soberbio trasero. Elvira era también la cocinera, y lo cierto es que tenia un ligero sobrepeso, pero era una verdadera maquina en la alcoba, especialmente en los juegos que al señor le gustaban, que solían consistir en luchas duras y sucias donde la robusta criada y su atlético patrón rodaban por los suelos arrancándose la ropa y forcejeando con todas sus fuerzas, empleando tanto tiempo en meterse mano como en pegarse hasta la extenuación física y sexual. Al principio las luchas eran fingidas y juguetonas, pero amo y sirvienta estaban muy igualados físicamente, eran duros y muy competitivos, de manera que pronto estaban peleando con todas sus fuerzas y cuanto mas competitivas eran sus impúdicas peleas, rodando por los suelos furiosamente, totalmente desnudos, mas intenso era el orgasmo posterior. Las reglas eran pocas, solo las indispensables para no hacerse verdadero daño. Los uniformes de servicio no le duraban mucho a Elvira, que siempre había sido muy pegona y solía iniciar las peleas para excitar todavía mas a su patrón, pero que luego se cerraba en banda como una tímida doncella, de manera que don Julián tenia que tomarla como se tomaría un castillo, suponiendo que no fuese la criada la que domase al señor, ganando así un día de sueldo según el pacto convenido, mas la satisfacción de cabalgar la cara del señor y obtener de él un maravilloso orgasmo de la victoria.

El día de su cumpleaños, Julián decidió celebrarlo con una buena pelea con Elvira, y sin previo aviso le saltó encima. La morena estaba sacando un montón de periódicos viejos para tirarlos y cayó encima de ellos, con el señor encima, tirándola del pelo para darle la vuelta y besarla.

¡Estupendo! Pensó Elvira. ¡Otro uniforme a la porra! Menos mal que los paga el jefe.

El amo y la sirvienta forcejearon frenéticamente, desgarrándose la ropa mientras rodaban por los suelos entre una nube de hojas de periódico. Julián le metía mano por el escote para sobarle los pechos mientras que Elvira le tiraba de los pelos y le daba rodillazos en el estómago. Al cabo de un par de minutos Elvira, que era una moza fortachona y descarada, estaba montada encima de su patrón, inmovilizándole y aplastándole la cara con los pechos mientras rozaba rítmicamente sus braguitas contra el ‘paquete’ de su jefe para masturbarse. Julián se encabritaba bajo el robusto cuerpo de su tetuda doncella como un caballo salvaje, intentando desmontarla mientras le tiraba de los pelos y le arreaba en las costillas. Todo eso solo sirvió para que Elvira se excitase todavía mas hasta correrse como una yegua en celo, uniendo el éxtasis de su cuerpo al éxtasis de su victoria física sobre su jefe macho. Comenzó a frotarse mas deprisa todavía contra la virilidad de su vencido adversario hasta correrse de nuevo un par de minutos después. Insaciable, se quitó los jirones que todavía conservaba de sus ropas, hasta quedar gloriosamente desnuda sobre el tendido cuerpo de Julián, al que desvistió también y acto seguido se montó de nuevo sobre el rozando sus cuerpos desnudos todo lo que podía, sintiendo el delicioso roce de la piel contra la piel hasta que al cabo de unos pocos minutos se corrió de nuevo, entre suspiros de placer.

Sudorosa y magullada, pero satisfecha, Elvira se alzó triunfante sobre su patrón, alzó los brazos en señal de victoria y le puso un pie sobre el miembro viril. Luego se encamino hacia su cuarto para buscar algo que ponerse. Entonces Julián, viendo que se marchaba, le dijo: ¡Eh, morena,! ¿Y yo que?

¿A mi que me cuentas? Respondió la criada. Yo ya voy servida.

¡Pero yo no me he corrido todavía!

Ese es tu problema, nene. Has perdido, ¿recuerdas? Ah, por cierto, me debes un día de sueldo.

La respuesta de Julián fue embestirla y tirarla al suelo. Al cabo de cinco minutos, Elvira había vuelto a correrse y Julián le debía a la criada otro día de sueldo. Julián se fue a la cama aquella noche en ayunas y de muy mal humor. Para su sorpresa, Elvira estaba allí, en su dormitorio, medio desnuda. Julián, sonriendo picaramente, quiso meterse en la cama con ella, pero Elvira le rechazó a patadas.

¡Búscate otro sitio, mariconazo! ¡Esta noche duermo yo aquí!

¡Pero esta es mi cama!

Te fastidias

¡Oye mona, que yo soy el patrón y tu la empleada! Respondió Julián, tirando de las sabanas.

Bueno, pues si de verdad soy tu empleada, empléame para algo… si es que todavía eres lo bastante hombre para emplearme! Dijo la criada, abriendo mucho las piernas, como si le invitase a proceder. Su jefe no se hizo de rogar pero ella le recibió de nuevo a patadas, impidiéndole entrar en la cama. Julián le saltó encima y lucharon en el colchón y muy pronto en el suelo, donde el limitado espacio les estorbaba para maniobrar. La lucha se convirtió en un duelo de pura fuerza donde el amo de la casa intentó establecer de nuevo la tradicional supremacía masculina en este terreno, pero Elvira era una verdadera tigresa, tan alta y robusta como su patrón. Ambos estaban desnudos, empapados en sudor, sus cuerpos estrechamente entrelazados en el limitado espacio entre la cama y la pared. Al cabo de un rato y tras considerable esfuerzo, Julián comenzó a tomar el control de la pelea en el plano físico, pero Elvira se impuso en el plano erótico, logrando mediante hábiles frotamientos y palabras sucias susurradas al oído que Julián se corriese antes de poder penetrarla. Entonces ella le agarró de los pelos, le arrojó sobre la cama y se tumbo encima, inmovilizándole y estrujándole hasta que se rindió.

Me debes TRES días de sueldo, nene. Y ahora, ¡A cumplir! Y dicho esto, la salvaje morena se arrimó a su patrón para que este le hiciera el amor con dulces besos y tiernas caricias hasta que reunió Julián energías suficientes para copular de nuevo, con ella encima, por supuesto.

Al día siguiente, Julián se despertó sintiendo los dedos de su sirvienta jugueteando con sus genitales, mientras le besaba en el cuello y se rascaba contra el como una gatita mimosa.

Zorra, musitó el, entre un beso y otro.

Y a mucha honra, pedazo de capullo, respondió ella. Querías una autentica zorra para follar y pelear, para ponerte cachando, pero soy demasiado zorra para ti porque te puedo. Querías una zorra, no una zurra. Te creías que eras un lobo salvaje y que podías zurrar a la zorra, pero no eres mas que un perro sarnoso.

Y dicho esto, se lo folló otra vez.

– – – – – – – – –

2)

Elvira disfrutaba peleando a lo bestia y su patrón era justo lo que necesitaba: un cerdo machista que la había contratado como criada y a la vez como juguete sexual. Elvira le había dado ya unas cuantas duras lecciones de poderío femenino pero Julián no aceptaba que su criada pudiera ser la campeona de lucha en el dormitorio, de manera que siempre buscaba la revancha y a veces la conseguía. Elvira por su parte no deseaba otra cosa que una oportunidad para patearle el culo a su patrón y el fútbol era una excelente oportunidad.

Aquella tarde Don Julián llegó a casa pronto para ver el partido relajadamente y se encontró con que la TV había desaparecido! Elvira estaba reclinada en el sofá, sonriendo lascivamente con las piernas abiertas. Los muebles habían sido desplazados para dejar mas espacio en el salón.

¿Dónde esta la tele? Exclamó asombrado Julián. ¿Se ha roto?

Tu cara es lo único que va a estar roto aquí, capullo. Respondió Elvira sonriendo.

¿Olvidas quien manda aquí, puta machorra?

Mando yo, porque soy la más fuerte, machito mariquita. Y como soy una puta te voy a hacer unas cuantas putadas. ¡nenaza! Te voy a…. Ugghhh!

Julián, sin esperar mas, le había pegado una patada en el coño a su criada respondona. Elvira cayó al suelo hecha un ovillo y Julián comenzó a darle de patadas hasta que Elvira pudo agarrarle por los tobillos y hacerle caer. Entonces lo tuvo al alcance de sus puños y comenzó a golpearle sin compasión. Julián le devolvía los golpes y ambos rodaron por el suelo machacándose con todo lo que tenían. En un cierto momento, quedaron enredados de tal manera contra un rincón de la habitación que apenas podían moverse pero ninguno quería soltarse por miedo a darle ventaja a su rival. De manera que se quedaron allí, estrujándose con todas su fuerzas. Cada uno de ellos tenia al otro enlazado por las piernas y se agarraban con los brazos por donde podían. Elvira le tiraba de los pelos al señor y le mordía en el hombro. Julián por su parte intentaba desgarrarle la ropa y alcanzarle los pechos para estrujárselos. Cuando Elvira sintió que su patrón le aferraba sus espléndidas tetas, le dio un cabezazo a su adversario.

Ay! Cabronaza, te voy a matar! Y comenzó a apretarle las tetas como si fueran naranjas para exprimir. Elvira le dio otro cabezazo mas fuerte y Julián, aturdido, soltó a su tetuda adversaria. Ella, rápida como el rayo, se le echó encima. Pero Julián le planto cara y quedaron frente a frente, de rodillas.

Te vas a arrepentir de haberme dado esa patada, maricon medio nena!

Me vas a chupar el rabo, golfa!

Con tu cara me voy a hacer pajas, puto desgraciado!!

¡Culo de vaca!

¡Pollafloja!!!

Sin aguantarse mas, amo y criada se lanzaron el uno a por el otro a puñetazo limpio. Chocaron y después de unos pocos golpes quedaron abrazados de rodillas, estrujándose mutuamente en un abrazo del oso. Aprovechando un descuido, Julián le metió la lengua en la boca a su criada respondona. Ella sintió un subidón al recibir el beso francés y se lo devolvió apasionadamente mientras ambos seguían estrujándose con todas sus fuerzas. Astutamente, Julián tenia metido su pierna derecha entre las piernas de ella, de manera que podía rozar con su muslo la entrepierna de Elvira, cubierta tan solo por unas braguitas de algodón. Antes de poder reaccionar, la viciosa criada machorra estaba sintiendo los preliminares de un salvaje orgasmo. Elvira interrumpió el beso e intentó zafarse del abrazo del oso pero era demasiado tarde. Se corrió en pleno combate y se cayó de espaldas con su amo y señor encima.

Julián se bajo los pantalones y le arrancó las bragas a su adversaria para rozase con ella y excitarla todavía mas hasta que se corrió de nuevo. Entonces se montó a caballo sobre ella y comenzó a machacarla con sus puños hasta tenerla a su merced. Una vez sometida por completo, le metió la polla hasta el fondo y se la folló sobre la alfombra del salón. Elvira, dominada y domada por su robusto patrón, no pudo evitar correrse de nuevo. Entonces Julián la agarró por los pelos y se la llevó a rastras al dormitorio. Allí había una TV pequeña. La conectó justo a tiempo para ver el inicio del partido.

Al cabo de un cuarto de hora Elvira comenzó a moverse. Entonces Julián la sacó de la cama de una patada en el culo y le dijo: ¡Tráeme algo de beber, zorra!

Un par de minutos después Elvira, todavía desnuda, regresó al dormitorio con un vaso de cerveza. Sin mediar palabra, le volcó la cerveza en la cabeza a su jefe, cegándole. Entonces aprovechó para lanzarle un gancho a la barbilla que lo tumbó de espaldas. Entonces la criada respondona se montó sobre su vapuleado jefe. La pelea parecía decidida pero Julián estaba furioso y luchaba como un loco.

Suéltame puta barata. ¡Quiero ver el partido!

¡Te jodes! El fútbol es una mierda y tu eres una mierda y peleas como una nena de cinco años. ¡Ríndete!

¡Tu madre!

¡Que te rindas!

¡Que te jodan!

Jodeme tu si puedes, ¡mariconazo!

Elvira esta montada sobre el estomago de su patrón, quitándole el aliento. Julián estaba al borde de la derrota total pero, forcejeando desesperadamente, logró alcanzar el pubis de Elvira y apretó con fuerza. Elvira gritó como una histérica y quiso escapar, pero Julián la persiguió a puñetazo limpio y la cazó con un directo a la barbilla que la dejó grogui.

Julián agarró a su vencida agresora, la puso a cuatro patas y comenzó a penetrarla vaginalmente al estilo perro, pero entonces Elvira comenzó a recuperarse y se resistió todo lo que pudo. Sin embargo esta todavía algo aturdida y bastante fatigada, de manera que poco a poco Julián fue imponiéndose y clavándose hasta la empuñadura, masturbándose con el coño de su agresora mientras no se perdía detalle del partido.

Mira al número siete, le dijo a su criada mientras arremetía rítmicamente contra el culo moreno de Elvira. Ese tío si que sabe jugar al fútbol y no esos pringaos que cobran millones y millones.

¡Odio el fútbol! Preferiría verte con una pelandusca barata que con el fútbol!

Pues eso no te impide tener un par de balones, respondió Julián, sobándole las tetas gordezuelas, y una buena portería, añadió, reanudando sus arremetidas contra la vulva encharcada de su criada respondona.

Mientras tanto el equipo de Julián marcó gol. Entonces, mientras el locutor cantaba el ¡GOOOOOOOOL!!! a voz en cuello, Julián se corrió como no se había corrido en meses. Muy a su pesar, ella también se corrió. La pobre Elvira se quedó tan agotada y humillada por su derrota física y sexual que no le volvió a darle problemas al patrón durante el resto del partido.

¿Te ha gustado? Le preguntó Julián muy contento, porque había ganado su equipo por dos a cero y porque su duelo físico y sexual contra su criada respondona también iba de momento dos a cero.

Te voy a patear las pelotas cabrón.

Inténtalo si te atreves zorra barata.

Te voy a dar una paliza de muerte y me voy a correr mientras me pides piedad.

Te voy a violar puta calientapollas, dijo Julián, poniéndose de pie. Su miembro viril estaba irguiéndose. Retarse con Elvira le ponia caliente.

Besame el coño payaso. A ostias te puedo, así que aquí mando yo.

¿Ah, si? ¿Quién lo dice?

Estos dos lo dicen, pollafloja de mierda. Respondió Elvira, alzando los puños. Julian alzo también los puños y cuando Elvira no se lo esperaba, le lanzó una patada al estomago.

¡Tramposo de mierda! ¡TE VOY A MATAR!!!

Pero Julián estaba ya sobre ella machacándola con pies, rodillas y puños, de manera que Elvira tuvo que defenderse como pudo y agarrarse a su adversario para dejar de recibir tantos golpes. Ambos rodaron sobre la cama estrujándose, tirándose de los pelos y mordiéndose hasta que poco a poco fue bajando la intensidad del combate por puro agotamiento. Ambos terminaron en los brazos del otro, haciéndose el amor apasionadamente. No se follaron ni echaron un polvo, se hicieron el amor hasta correrse una vez mas. Luego durmieron de un tirón el resto de la noche.

Al día siguiente, que era sábado, Julián parecía un poco incomodo y dijo: Oye, Elvira, lo que pasó anoche…

¡Corta el rollo! Le interrumpió ella. Yo empecé, ¿lo recuerdas? Buscaba pelea y la encontré. Si te hubiera vencido como proyectaba hacer, te ibas a enterar de lo que es bueno. Me contrataste para esto: sexo y pelea ¿No es así? Pero yo acepté el empleo por los mismos motivos. ME GUSTA zurrarles a los tios y el que tu puedas vencerme de vez en cuando no modifica el hecho de que yo soy superior. Es un poco más emocionante no ganar siempre, pero el hecho escueto es que aquí soy yo la que lleva los pantalones. ¿Te enteras?

Ayer no estabas tan chula, puta vaca machorra. Y no te olvides de que yo soy el jefe porque soy el que paga. Dijo Julian, acercándose a su criada respondona y peleona

Bueeeeeno! Tu eres el que paga pero yo soy la que pega ¡y tu el que ‘cobra’! replicó ella, plantándole cara a su jefe.

Y en un segundo, estaban a tortas de nuevo

– – – – – – – – –

3)

De vez en cuando el señor se traía alguna pelandusca a casa pero ninguna duraba demasiado porque muy pocas se la podían comparar en la cama, y casi ninguna se amoldaba a los gustos del señor como se amoldaba ella. Inevitablemente se llegaba a la pelea entre ambas hembras, y de forma casi invariable las uñas de la gata andaluza demostraban ser las mas afiladas. (En sentido figurado, porque Elvira llevaba las uñas cortas para poder usar mejor los puños) Cada victoria en una de estas sucias peleas femeninas le reportaba un mes de sueldo, pero si perdía se arriesgaba a perderlo todo, pues ella misma había logrado aquel trabajo derrotando a la criada anterior, una rubita de medio pelo con un buen par de tetas que no le había durado ni cinco minutos. Tras la primera pelea, la perdedora tenia derecho a una revancha pero la mayoría de sus adversarias, incluida su antecesora, no tenían ovarios para repetir.

Una que si que tenia ovarios de sobra era la señora, o mejor dicho, la ex – señora, porque el señor y ella estaban separados, tramitando el divorcio. Un día apareció de repente por la casa una pelirroja pecosa y de piel muy pálida, bastante alta aunque no tanto como Elvira, de largas piernas, culo espléndido y con buenos pechos, evidentes al ir vestida como una puta de 300 euros. Elvira por su parte tenia el pelo despeinado y muy poco más, pues el señor y ella habían estado pegándose en el recibidor, perdiendo en el proceso la ropa y la vergüenza, aunque no echaban de menos ninguna de ambas cosas. De repente se escucho el ruido de una llave en la puerta y alguien abrió. Era la señora, que se quedo mirándoles estupefacta.

Hola Julián. ¿Es esta tu nueva putita?

¿Quién es esta bruja? Dijo Elvira.

Chicas, chicas… cariño, esta es Elvira, la doncella. Elvira, esta es Bárbara, mi ex mujer.

Todavía no, nene, y me parece que tu nueva putita de ‘doncella’ no tiene nada. ¿Te gustan ahora las gitanillas, Julián?

No soy gitana, y no me llames putita, putona.

Mejor una putona rica y elegante como yo que una putita barata y desvergonzada como tu.

Puede que tengas mas dinero que yo, pero yo tengo algo que tu no tienes.

¿Ah, si? Y que es?

¡Esto! Respondió Elvira, recogiendo del suelo un preservativo usado y arrojándoselo a la cara.

¡¡ZORRA!! Gritó la pelirroja, arreándola un sopapo monumental

¡¡BRUJA!! Respondió Elvira, devolviéndole la bofetada

¡¡PUTA!! Replico Bárbara, arreándole un tremendo guantazo

¡¡PUERCA!! Dijo la criada, arreándole una trompada

¡¡FURCIA!! Otro sopapo para la morena.

¡¡FOCA!! Lo mismo para la señora.

¡¡PERRA!! Un buen revés en la cara de la criada

¡¡GUARRA!! Replicó Elvira, sacudiéndole a su adversaria un tremendo tortazo.

Normalmente, tras un par de bofetadas, las dos gatas de pelea se habrían lanzado la una a por la otra. Pero esta vez parecían sostener una especie de duelo personal, subiendo de tono los insultos mientras sus mejillas iban volviéndose coloradas y aparecían en ellas marcas de uñas. Julián estaba alucinado ante aquel enfrentamiento, que se prolongó todavía un par de minutos hasta que Elvira, con un tremendo revés, derribó a Bárbara y acto seguido se lanzó sobre ella con un alarido de triunfo. Bárbara la recibió con uñas y dientes, agarrándole una teta con las dos manos y retorciéndosela. Elvira aulló de dolor pero en un segundo le estaba devolviendo el favor. Esto duro tan solo unos segundos, pues ninguna de ellas pudo aguantar ni un instante más.

Las dos fieras quedaron en el suelo, jadeando y recuperando fuerzas. Esta vez fue Bárbara la que atacó primero, agarrando el cabello de su adversaria y tirando con fuerza. Elvira hizo lo mismo y agarrándose de los pelos con ambas manos se pusieron de pie de nuevo intercambiando patadas y rodillazos.

¡Ríndete putita, o te dejaré calva! Gritó la pelirroja. No era bravuconada, pues esta vez fue la morena la que se vio en desventaja, arrastrada por su rival. Entonces Elvira soltó el cabello de la señora y comenzó a usar los puños. La elegante zorra aceptó el reto, y durante un par de minutos ambas bestias tetudas se machacaron mutuamente.

Julián estaba asombrado de la pelea. Normalmente Elvira no usaba los puños en las peleas salvo que el combate se le volviese difícil o estuviese muy enfada, pero cuando los ponía en acción, la batalla terminaba casi siempre en cuestión de segundos. Esta vez, tras un prolongado intercambio de puñetazos, las dos fieras quedaron frente a frente, en guardia, jadeando. Bárbara había perdido sus elegantes pero impúdicas ropas, revelando que no llevaba ropa interior alguna debajo. Vale que estábamos en pleno verano y hacia un calor de caerse las moscas, pero aun así la tal Bárbara era un verdadero putón, paseándose sin bragas y con aquella minifalda de tubo por la ciudad.

Durante un segundo las dos gladiadoras se miraron con odio la una a la otra. Luego atacaron. Cayeron al suelo, Bárbara encima, pero Elvira cerró sus piernas morenas sobre la cintura de avispa de la pelirroja y cerró con fuerza. Bárbara pegó un alarido al sentir la presión sobre sus costillas, y quiso atacar el pubis de la criada, pero Elvira estaba muy pegada a la señora, abrazándola con fuerza. Bárbara estrujó un pecho de Elvira, la golpeó, la mordió, la tiro del pelo, pero de nada le valió y unos segundos después tuvo que pedir piedad.

La señora no ha podido con la criada. Dijo Elvira en son de burla. ¿Quiere un poco más la señora? Preguntó, cerrando de nuevo las piernas.

¡¡ARGHHHH!!! Gritó Bárbara. ¡Basta, BASTA! ME RINDO!!!!

Elvira se monto sobre Bárbara, y comenzó a comérsela a besos, rozándose con ella, y frotando rítmicamente su sexo contra el de su vencida adversaria, que al principio se resistió pero luego comenzó a gemir y retorcerse mientras la sirviente la jodia con entusiasmo. La señora se corrió entre gemidos y luego la criada siguió cabalgándola hasta masturbarse con el caliente coño de la señora. Julián, caliente a tope ante esta increíble escena, se excitó tanto que entró de nuevo en erección y embistió por detrás a la caliente pareja, insertando su miembro viril entre los conejitos calientes de ambas hembras, que comenzaron a refrotarse la una con la otra sintiendo el tacto duro de la polla de Julián en medio de sus coños, como una salchicha en el bocadillo. Las dos cachondas se corrieron en unos segundos, y al cabo de un par de minutos de salvajes jadeos se corrieron los tres casi a la vez. Luego la morena se levantó, se sentó sobre la cara de la señora, embadurnándole la cara con el semen del macho que acababan de disputarse.

Julián se sentó a su lado y comenzó a besarla y acariciarles los pechos.

Tu ex mujer pelea muy bien, pero folla mucho mejor. Dijo Elvira.

Tiene mucha practica, en realidad demasiada, ya me entiendes, respondió Julián. Por eso voy a divorciarme de ella.

Me la voy a follar el resto de la noche, dijo Elvira, con una sonrisa picara. ¿Vienes?

Chica, no, gracias, me gustaría pero estoy muerto. Me has dejado agotado antes de que Bárbara llegase, y este ultimo ya ha sido demasiado.

Tu te lo pierdes, guapo. ¡Hasta mañana! Y diciendo eso, agarró a Bárbara por sus cabellos y se la llevó a rastras al dormitorio.

– – – – – – – – – –

4)

Al día siguiente Elvira se despertó sola en la cama, y al espabilarse del todo escuchó ruidos de impactos y jadeos en la entrada. Se levantó y moviéndose con sigilo vió en la entrada a Julián y a Bárbara desnudos, vestidos tan solo con una par de manoplas de boxeo de esas que dejan libres los dedos para agarrar. Ambos giraban y giraban mientras se lanzaban puñetazos y patadas hasta que la pelirroja le arreó tal gancho de derecha a su marido que lo tumbo en el suelo. Entonces la señora le saltó encima al señor y rodaron por el suelo. Entre tanto Elvira observaba la pelea matrimonial poniéndose cada vez más cachonda mientras veía a Julián ir poco a poco doblegando a su esposa y montándose encima de ella para echarle un buen polvo. La pelirroja le besaba pero a la vez intentaba quitárselo de encima a torta limpia, incluso cuando su marido ya la había penetrado y la cabalgaba rítmicamente. Elvira se puso tan cachonda viéndoles pelear y follar a la vez que empezó a masturbarse mientras les espiaba. Mientras tanto Bárbara había logrado tumbar al señor y lo montaba como una amazona en celo. Viendo moverse el estupendo trasero de la pelirroja, Elvira no pudo aguantarse mas y se abalanzó sobre ella, montándose sobre su espalda, besándola en el cuello, acariciándole los pechos y rozando su pubis contra sus nalgas. Al cabo de un par de minutos deliciosos se corrieron los tres, Bárbara primero, luego Julián y por ultimo Elvira.

Durante un minuto o mas, quedaron los tres en el suelo, recuperándose. Luego, Bárbara comenzó a asaltar con su ágiles dedos el pubis de Elvira, que le respondió en el acto de la misma forma, comenzando así una batalla sexual entre ambas hembras. La pelirroja atacaba con las yemas de sus dedos las partes intimas de la morena mientras le mordisqueaba la oreja. Elvira por su parte no permanecía ociosa, y la punta de su lengua masajeaba los pezones de Bárbara mientras sus propios dedos acariciaban la entrepierna de su adversaria. Tuvieron que pasar varios minutos para que la señora, con un gemido, se derrumbase entre los brazos de la criada que había vuelto a derrotarla. Entonces y solamente entonces, Elvira se dejó llevar y se corrió también. Distraída como estaba, no se dio cuenta de que Bárbara se levantaba y la agarraba en una llave de lucha libre, montándose encima de ella para cabalgarla coño contra coño. El revolcón era de tal calibre en su rudeza que parecía mas un combate de lucha libre americana que un acto de amor. Claro que no era amor, era sexo de combate, pues combate era, mientras cada una de ellas intentaba ponerse encima de la otra para marcar el ritmo del orgasmo. Ninguna lo logró, pero de nuevo fue la morena la que tras un buen rato de combate lésbico domino sexualmente, haciendo que la pelirroja se corriese primero. Entonces pudo montarla y correrse también.

Mientras Bárbara se recuperaba, Elvira hizo un esfuerzo por levantarse y no dejarse sorprender. Se acerco a Julián, que en el tiempo transcurrido había vuelto a empalmarse contemplando las acrobacias sexuales de su esposa y su sirvienta, y agarrándole por el pelo le dio un tirón que le hizo gritar y se lo llevo a los labios, besándole lascivamente mientras se enroscaba en su cuerpo como una boa constrictor apareándose. Cayeron al suelo, Elvira encima, y rodaron por el suelo besándose y acariciándose mientras copulaban. Entonces Bárbara se tumbó sobre la espalda de Elvira, rozándose con ella mientras la besaba en el cuello. Tras varios deliciosos minutos Elvira se corrió, seguida por Bárbara y luego Julián, que ya no pudo aguantarse mas escuchando los gemidos de placer de aquellas dos calientes hembras.

Tras los referidos excesos carnales, todos quedaron en el suelo, exhaustos y sudorosos durante un bien rato. Entonces Elvira, que parecía inagotable, se levantó y saco de un armario un consolador doble y tras meterse un extremo en su vulva, se lo sacó y se lo pasó por la cara a Bárbara, retándola a un nuevo combate sexual. La pelirroja agarró el consolador y lo chupó con ademán lascivo. Luego se lo metió en su propio coño, y agitó el otro extremo de forma obscena, como diciendo, ‘ven aquí’. Entonces Elvira agarró el otro extremo y se lo metió en el conejo mientras sobaba los pechos de Bárbara, que le devolvía el favor con lascivo entusiasmo. Sentadas frente a frente, con las piernas cruzadas para un contacto mas intimo, sus labios acariciándose en un lascivo beso, con sus lenguas masajeándose sin cesar y sus caderas moviéndose rítmicamente. Esta vez Bárbara, decidida a no dejarse vencer, aguanto largo rato, pero al final sintió que sus sentidos se sobrecargaban y sucumbía a una oleada de placer que la dejó en el suelo medio desvanecida.

Cuando Bárbara recuperó el sentido, Elvira le tiró unas ropas viejas.

La señora no puede irse desnuda, dijo Elvira. Pero Bárbara se acercó a cuatro patas a la morena y comenzó a darle lenguetazos en el conejo.

Nadie puede conmigo en el sexo oral, zorra andaluza, dijo Bárbara.

Es cierto, dijo Julián. Es la mayor mamona que conozco.

Exceptuándome a mi, respondió la criada, agachándose para entablar nuevo combate. La lengua de Elvira atacó sin piedad el clítoris de Bárbara mientras sus labios bucales mordisqueaban los labios vaginales de la señora, que le devolvía el favor con tal habilidad y furia que en breves instantes Elvira ardía por dentro sin poderse contener. Por un segundo Elvira se creyó vencida, pero entonces escucho los gemidos de placer y desesperación de la pelirroja, corriéndose como una yegua salvaje en celo.

Aquello fue el final del combate. La criada había aplastado sexualmente a la señora, derrotándola una y otra vez hasta el agotamiento total. Bárbara quedó en el suelo, inconsciente, y allí se quedo durante un par de horas. Pero Elvira todavía tenia ganas de marcha, y viendo el cipote de nuevo erecto de Julián, salto sobre el como una tigresa hambrienta sobre un cervatillo para darle un ultimo y glorioso revolcón.

Mejora la calidad y duracion de tus erecciones con Vigrax


Crea tu cuenta gratis y disfruta de una semana de videos de primera calidad en PornHub Premiun

Caperucita Roja lucha contra el Lobo Feroz

Érase una vez, una familia de leñadores que vivían en una cabaña aislada en el bosque. El matrimonio tenia cinco hijos y una hija, a la que todos llamaban caperucita porque para protegerse de la lluvia y del viento, llevaba siempre una media capa con capucha de un vistoso color rojo. Caperucita era la hija mayor y entre la dureza de la vida en el bosque y las continuas peleas con los guarros de sus hermanos, era tan hermosa como un ángel y tan fuerte como cualquier chico de su edad, o incluso mas todavía.

Un día, su madre fue a buscarla y la encontró en el granero, rodando desnuda con su hermano mas joven, de 14 años. El chico la tenia sujeta con una llave de tijera a la cintura y con una mano le tiraba del pelo salvajemente mientras que con la otra le estrujaba un pecho. Ella chillaba de dolor pero al mismo tiempo mantenía aferrado con firmeza su miembro viril, estirándolo rítmicamente como si lo ordeñase, hasta que el chico eyaculó. Entonces ella se libró fácilmente de la tijera y se montó sobre él, frotándose el pubis con su cara hasta correrse entre gemidos.

La madre: ¿Hija, que estas haciendo?

Caperucita Roja: Nada, mama. Tan solo estoy desvirgando al pequeñajo, que se me ponía chulo por haber cumplido los 14.

LM: Desde que tu padre murió, estas cada vez más salvaje y más guarra. En fin, mientras no te quedes embaraza, tus hermanos y tu podéis jugar sucio todo lo que os apetezca. Pero de momento coge tu ropa y llévale este paquete a tu tío, el cazador.

CR: ¡Jo, mama! La cabaña del tío esta lejos y hay que atravesar el bosque.

LM: ¿Quieres que les prohíba a tus hermanos jugar sucio contigo?

Ante este ultimátum, la viciosa jovencita agarró el paquete, lo metió en una cesta de mimbre que le resultaba cómoda de llevar y partió a través del bosque. Al llegar al vado del arroyo encontró al príncipe heredero del ducado, un adolescente problemático, grande y alto para su edad, que ya había vapuleado a más de un campesino y desvirgado a más de una campesina. Desgreñado y mal vestido pese a su condición de noble, todos le llamaban el lobo feroz por el emblema heráldico familiar, su aspecto delgado, sus orejas peludas, su escasa higiene personal, su lujuria insaciable y su demostrado salvajismo.

Lobo Feroz: ¡Eh, campesina, ven aquí!

CR: No soy campesina. Soy leñadora.

LF: ¿Y que más da? Campesinas, burguesas, pastoras, leñadoras.. Todas sois iguales. ¿Es comida eso que llevas dentro de la cesta? Dame un poco, tengo hambre.

CR: Tendrás menos hambre cuando te parta los dientes, mamarracho.

El lobo feroz, al oír esto, con ademán soberbio le dio una bofetada a Caperucita. Era la conducta normal de un noble acostumbrado a una completa sumisión de sus vasallos feudales, pero su soberbia se volvió sorpresa cuando caperucita le devolvió el bofetón. El Lobo la abofeteó otra vez y Caperucita, sin amilanarse, le estampó otro sopapo monumental. El Lobo le lanzó otro tortazo pero Caperucita detuvo el golpe y ambos jóvenes se enzarzaron en un duro forcejeo. Caperucita era fuerte pero el lobo no era ningún alfeñique y ninguno de los dos consiguió ventaja en la lucha. Más todavía, tras la sorpresa inicial, el Lobo comenzó a disfrutar de la experiencia de luchar cuerpo a cuerpo con una chica atractiva de turgentes pechos, largos y sedosos cabellos negros, piel bronceada y cuerpo esbelto.

Caperucita se dio cuenta de que la entrepierna del Lobo comenzaba a hincharse desmesuradamente y que su adversario estaba aprovechando el combate para meterle mano bajo la ropa. Cuando comenzó a sobarle entre las piernas, Caperucita dejó de forcejear para liarse a mordiscos, patadas, puñetazos, cabezazos, rodillazos y codazos.

LF: ¡ESTUPENDO! No me había divertido tanto desde que violé a la hija del herrero, que es la mujer más fuerte de toda la aldea. Si hubiera sabido que tú también sabes pelear, te hubiera buscado hace mucho.

CR: Me he peleado seis veces con la hija del herrero porque a las dos nos gustaba el mismo chico, pero ella aceptó olvidarse de él después de la sexta paliza. Me corrí seis veces en su cara y voy a hacer lo mismo con la tuya, pichafloja!

Caperucita y el lobo rodaron por el suelo luchando con todas su fuerzas. A sus 19 años caperucita era una chica atlética y en forma, mucho más fuerte de lo que aparentaba, pese a su baja estatura. El Lobo, a sus 17 años, era ya un granuja redomado y aprovechaba la pelea para meterle mano a caperucita todo lo posible. La morena fingía dejarse hacer mientras usaba sus conocimientos de lucha para inmovilizar a su agresor. Cuando el Lobo se dio cuenta de que estaba atrapado, intentó liberarse haciéndole cosquillas a su adversaria, pero sin éxito.

CR: Es inútil lo que intentas, no tengo cosquillas. ¡Pero tu si!

Y comenzó a hacerle cosquillas. El Lobo intentó liberarse mientras Caperucita le apretaba cada vez más fuerte. Cuando vio que su adversario estaba inmovilizado, decidió tomarle el pelo y acercándose a sus peludas orejas, que eran las que le habían valido el apodo de ‘Lobo’, comenzó a susurrarle procacidades.

CR: Tengo los pezones tiesos…

Era verdad. Los pezones de la chica estaban enhiestos y duros, marcándose con claridad en su ropa. Caperucita siguió hablando, usando un lenguaje que le habría ganado una bofetada a cualquiera que lo usase con ella en una situación normal, escogiendo con cuidado las palabras para maximizar el efecto sobre la libido masculina.

CR: Tengo unas ganas locas de que me folles, lobo sarnoso. Quiero FIESTA! Me voy a hacer un par de pajas con ese pedazo de cipote que te noto bajo esos birriosos pantalones que deberías haber tirado hace años. Tengo la almeja tan mojada que voy a empapar las bragas, cacho cabrón!

LF: ¡Calientapollas!, en cuanto me suelte, te voy a echar un polvo que te vas a enterar, ¡cabrona!

CR: (ondulando lascivamente su cuerpo, rozándose suavemente la entrepierna contra la abultada bragueta de su inmovilizado adversario) ¡Vaya Mierda de lobo, que se pelea con la cabrona y ella le puede! Si tus músculos fueran como tu rabo, a lo mejor me ganabas, nene. Ohhh, macizo, tio bueno, calientapollas me llamas, pero tu si que tienes un buen calientacoños. OHHH!!! ¡Que grande! SII!! Ojala pudiera desmontarlo y llevármelo a casa. ¡SI! Te voy a joder vivo. Quiero polla. Quiero tu puta polla. Ah, ahhhh, ahhhhhh!! ¡Que gorda la tienes! aaahhhh!! SIII AAAHHHHH!!!!! AAAAAHHHHHHHH!! AAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!! AAAaahhhh………..

El lobo, aprovechando que caperucita estaba distraída por aquel colosal orgasmo, intentó liberarse y casi lo consiguió, pero Caperucita reaccionó con presteza para asegurar su presa. El Lobo inmovilizó la cabeza de caperucita sujetándola por la barbilla y la besó por la fuerza, pese a los desesperados esfuerzos que ella hizo para zafarse. Fue un beso largo y húmedo, que la jovencita comenzó a devolver con entusiasmo voraz. Lucharon estrujándose con rabia, mordiéndose, pellizcándose, tirándose de los pelos y dándose patadas y codazos, mientras que el top y la falda de caperucita salían volando, quedando la musculosa morenita vestida tan solo con unas bragas negras de cuero y la capucha con media capa que le había valido su apodo. El Lobo también había perdido la camisa y los zapatos, conservando tan solo unos calzones viejos y feos que estaban pidiendo a gritos un buen lavado desde antes de que la pelea comenzase.

LF: Calientapollas, te voy a arrancar las bragas

CR: Pollafloja, te vas a quedar con las ganas

Era verdad. Las bragas de Caperucita eran de lino fuerte, muy resistentes, difíciles de arrancar si su propietaria no se dejaba. Mientras el Lobo intentaba sacárselas, Caperucita pudo atraparle la cabeza con las piernas en una llave de tijera y sentarse sobre su cara, mirando hacia sus pies. Quedó el Lobo de espaldas sobre el suelo, con las espléndidas nalgas de caperucita aplastándole la cara, ondulando ella sus caderas para restregarle las bragas en la cara, los ojos cerrados con expresión de arrobamiento. El Lobo no tuvo escrúpulos en intentar morderla para quitársela de encima, pero el cuero la protegía muy bien. Lo único que consiguió el lobo con todos sus esfuerzos fue acelerar la excitación de la vencedora. El lino estaba empapado de sudor y fluidos genitales, y de repente sintió el Lobo que aumentaba la temperatura mientras los gemidos de su conquistadora indicaban que se derretía de placer.

Quedó Caperucita tendida junto al lobo, abrazándole, deshecha de placer. No pudo sacar provecho el Lobo de tal situación, pues estaba demasiado ocupado recuperando el aliento tras quedar casi ahogado bajo los poderosos genitales de su lujuriosa adversaria.

LF: ¡Zorra!

CR: Venga ya… Como si no te pusiera cachondo a tope que sea un poco zorra cuando te arreo una buena zurra. (le agarra de los pelos y lo besa apasionadamente.) Ha sido un verdadero placer, mamarracho, pero tengo prisa.

LF: (señalando el enorme bulto de sus pantalones) ¡Eh, oye! ¿Y yo, que? ¡Mirame!

CR: (Poniéndose la falda y el top) Tu desmontable es tu problema, nene. Yo ya voy bien servida.

Y dicho esto, se puso en marcha de nuevo. El Lobo, furioso, de buen gana se hubiera lanzado a por ella, pero estaba agotado a mas no poder, aparte de que tuvo que perder tiempo recuperando su propia ropa. Cuando estuvo en situación de perseguir a Caperucita, la moza había ya desaparecido por el bosque. Quedó el Lobo de pie allí, en medio del claro, con aire estúpido y sin saber que hacer. Luego, sonriendo, echo a correr a toda velocidad. Corriendo a toda potencia, el Lobo llego a casa del tio de Caperucita antes que esta, y la encontró cerrada, con un cartelito que decía:

“Querida sobrina: he tenido que marcharme por un imprevisto. Regresaré esta noche. Déjame la cesta en casa y recoge la bolsa que te he dejado en el salón.”

El Lobo se puso a pensar. Por el cuerpo a cuerpo, sabia a ciencia cierta que Caperucita no llevaba llaves encima. Por lo tanto era seguro que las llaves de la casa estaban en algún escondite. Tras probar cuatro o cinco sitios posibles, las encontró debajo de una losa de piedra. Arrancó el cartel, abrió la puerta y entró en la casa. Localizó el dormitorio y tras inspeccionar los armarios, se apodero de un pijama, un gorro de dormir de lana, unas gruesas gafas y una bufanda. Justo a tiempo, porque escuchó que ya llegaba Caperucita. Se metió en la cama, bendiciendo el hecho de que caperucita fuese a ver a su tio y no a su tia. Con una mujer, las probabilidades de éxito de su plan hubieran descendido drásticamente, pues hubiera sido más difícil mantener el disfraz.

CR: (Entrando en la casa) Tío, ¿dónde estás?

LF: (Poniendo una voz de falsete y tosiendo mucho) Estoy aquí, resfriado.

CR: Pues debe ser un buen resfriado, porque vaya voz cambiada tienes. ¿No habrás cogido la gripe? Ah, no, no es la gripe.

LF: ¿Y como lo sabes?

CR: Por que la tienes tiesa tiesa, tanto que la sabana parece una tienda de campaña. ¿He interrumpido algo?

LF: No, cariño, llegas justo a tiempo. Y diciendo esto, saltó sobre su sorprendida victima, derribándola sobre la cama.

CR: ¡TU! ¡Maldito cerdo! Me voy a hacer una paja con tu cara, puto maricón.

Lucharon por toda la habitación, chocando con las paredes y arrojándose el mobiliario y los objetos domésticos. Caperucita le dio una tremenda paliza al Lobo pero este apenas parecía notar los golpes. La lujuria parecía centuplicar sus fuerzas y tras más de un cuarto de hora de pelea interrumpida, Caperucita acabó sucumbiendo ante los asaltos sexuales de su violador. Como el ariete en la puerta de una plaza tomada por asalto, así penetró el cipote del Lobo Feroz en la entrepierna de la vapuleada Caperucita.

CR: ¡Cabronazo! OHHH, ¡Que gorda la tienes! AHH, AAAHHH, AAAAAHHHHH!!!

¡No pares cerdo! ¡Si! ¡Siiiiiiiiiiii! Me corro, me corro! OHHH! Cerdo, te mataré. AHH!

Sabes como usar una polla. ¡Me corro otra vez! ¡Dios mio! AAAAAAHHHHHH!!!!

Me las pagaras, cerdo. ¡Toma ostia! Te voy a sacar los ojos capullo. ¡No pares! Oh, Dios mío, otro mas. AH, AAHH, AAAHHH, AAAAAAAAAAAHHHHHHHHH!

Mientras gozaba a su pesar, Caperucita no dejaba de resistirse con todos los medios a su alcance, dientes, uñas, rodillazos, tirones de pelo y puñetazos en las costillas, pero todos estos golpes solo parecían servir para enardecer todavía mas al Lobo. Caperucita volvió a correrse cuatro veces mas antes de que el Lobo consumase su brutal violación eyaculando dentro de su victima mientras la devoraba a besos, ignorando sus golpes.

Tras más de seis horas de brutales forcejeos y salvaje fornicación, el Lobo había gozado cuatro veces por la fuerza de su musculosa victima, que yacía a su lado llena de moratones pero con expresión de gatita saciada.

Al anochecer, Caperucita despertó, para ver que su aristocrático violador empezaba a vestirse.

CR: Ha sido soberbio, ¡glorioso! El mejor revolcón de mi vida.

LF: ¿Serás marrana? Tanto alardear de machorra y te corres cuando te violan.

CR: ¿Qué pasa? ¿Es que una mujer de verdad no puede disfrutar de una buena polla? Los cipotes de primera como el tuyo son difíciles de encontrar. Además, siempre me ha puesto cachonda una buena pelea. Ganar siempre estaba comenzando a resultar aburrido. Tú en cambio eres perfecto. Estas tan bueno que me pongo húmeda solo de mirarte, pero eres tan asqueroso que disfruto el doble zurrándote. Pero lo mejor de todo es la emoción del riesgo. Pelear contigo a toda maquina, sabiendo que puedo vencerte y obligarme a lamerme el conejo, pero que de verdad puedo perder y quedar a tu merced, me pone a más de mil por hora. ¡Dios! Vas a ser un esposo perfecto.

LF: (muy alarmado) ¿Esposo? ¿Te crees que me voy a casar contigo por muy maciza que estés y por muy bien que folles, sucia plebeya? ¡Soy un noble!

CR: El difunto duque era un verdadero noble, sabio, apuesto, valiente y generoso. Todas las mujeres del feudo se hubieran abierto de piernas para él. Tú no eres más que basura y aunque seas el heredero, ni siquiera creo que seas su hijo. Seguro que la zorra de tu madre, la duquesa regente, se largaba al bosque las noches de luna llena y se acostaba con algún licántropo para parirte a ti.

LF: Licántropos no hay por estos bosques que yo sepa, pero leñadores si. ¿Y que crees que estaba haciendo la honesta y robusta esposa del fornido leñador, mientras su marido derramaba su simiente en el vientre de mi madre? Pues gozar como una puerca del cipote de mi supuesto padre.

CR: ¿No te atreverás a insinuar que….?

LF: Tú misma lo has dicho: todas las mujeres del feudo se hubieran abierto de piernas para él. Así se vengó mi madre de los adulterios sin fin de vuestro idolatrado duque. Cada vez que su esposo salía a cazar ‘conejos’, ella se iba a recolectar ‘nabos’. El duque es tu verdadero padre mientras que yo soy hijo del leñador. Yo, un bastardo hijo de un plebeyo, heredaré el ducado. La venganza de mi madre esta completa. No solo le ha puesto abundante cornamenta al viejo lobo, sino que su linaje se ha extinguido.

CR: Hablas por hablar. Si tu madre se acostaba con cualquiera, tú puedes ser el hijo de cualquiera.

LF: No, por una razón muy sencilla: Mi madre buscaba venganza además de lujuria. Acostándose con el esposo de tu madre, se vengaba a la vez de su marido y de tu madre también. Solo queda un cabo por atar: ¡tu!

CR: ¿YO?

LF: Si, ¡TU! Eres la última descendiente viva del linaje ducal. Aunque seas mujer y bastarda, eres la única amenaza a mi ascensión al poder. ¿Crees que fue casualidad que me cruzase contigo y que te buscase pelea? Pensaba matarte después de violarte, pero creo que te dejaré vivir. Cuando me case con alguna marquesa feucha por motivos dinásticos, necesitaré una concubina de melones generosos, que sepa mover las caderas y pegar con el puño cerrado como tu. Va a ser un placer el poder follarte siempre que me apetezca, mientras disfruto de mi feliz reinado, sentado en un trono que debería haber sido tuyo.

CR: ¿Has olvidado que ya te he vencido antes? Voy a reconquistar el trono de mi padre a ostia limpia y de propina, me voy a hacer unas cuantas pajas con tu enorme rabo, chaval.

Y diciendo esto, se lanzó con los puños cerrados sobre su violador. Este la recibió de igual forma y tras un rápido y brutal intercambio de puñetazos, la lujuria tomo el lugar de la estrategia y se lanzaron a un vicioso cuerpo a cuerpo, enroscándose el uno en el otro como serpientes trenzadas en un combate de apareamiento.

Un par de horas después, se abrió la puerta y entraron la duquesa viuda y el cazador, tio de caperucita. Él le metía mano por el amplio escote para manosearle los generosos pechos y ella le deslizaba la mano por los pantalones para aferrarle el paquete mientras se lo comía a besos. Estaban tan concentrados en sus lujuriosos escarceos que al principio ni siquiera percibieron que la cabaña ya estaba ocupada.

DUQUESA: ¡Hijo! Que haces aquí!

CAZADOR: ¡caperucita!

Los dos estaban desnudos y cubiertos de moratones. Caperucita tenía un ojo morado y el semen le goteaba por los muslos, el pelo y otras partes del cuerpo, pero estaba claro quién de los dos era el indiscutido ganador del combate.

CR: Hola, amante de mi padre. El imbécil de tu hijo me lo ha largado todo mientras le violaba.

DUQUESA: ¡Ahhhhh! Tu eres la bastarda que mi esposo tuvo con esa golfa de tetas regordetas y culo de vaca. ¿Y que piensas hacer ahora que conoces la verdad?

CR: Voy a casarme con tu hijo y seré la duquesa, por supuesto.

DUQUESA: ¡Mnnnnnn! ¡Pues no es mala idea!

LR: ¡Madre, no puedes hablar en serio!!!!!

DUQUESA: En realidad es perfecto. Os casáis y cerramos el círculo. De esta forma, nadie podrá disputarles el trono a tus descendientes. Además hijo, te quiero mucho y eres muy bueno en la cama, mejor que tu padre sin duda y él era un verdadero maestro entre las sabanas, pero eres bastante tarambana y aquí te hace falta una mujer con mano fuerte. ¿La has desvirgado?

LR: Varias veces, aunque ella no se dejaba.

DUQUESA: Entonces, puedes vencerla en una pelea aunque ella también puede vencerte a ti. ¡Magnifico! Vais a ser una pareja perfecta.

LR: También voy a ser una duquesa perfecta cuando no esté demasiado ocupada pajeaádome con el cipote de tu lobito.

La duquesa, sin decir nada, se quitó sus lujosos ropajes y quedó desnuda ante los atónitos ojos de Caperucita. La duquesa era mujer hercúlea, musculosa como un hombre atlético y flexible como un junco.

DUQUESA: Tu madre y yo ya hemos tenido esta conversación, varias veces de hecho a lo largo de los años. Las dos disfrutábamos mucho de esas charlas; bueno, tu madre un poco menos, sobre todo al final, cuando tenía que lamerme el…

Caperucita se lanzó a por la duquesa, atacándola con una patada en el coño pero ella esquivó el ataque y rebotaron de un lado a otro de la habitación mordiéndose, pateándose y tirándose de los pelos. Caperucita luchó con todas sus fuerzas pero estaba cansada y la duquesa era mucho más fuerte que su hijo. Caperucita terminó derrotada, abierta de piernas, mientras la perversa duquesa se masturbaba frotando su coño contra la entrepierna de Caperucita hasta correrse.

DUQUESA: No ha estado mal. ¿Otro asalto, zorra?

Caperucita se lanzó al ataque sin dudarlo cuatro veces más, pero cuatro veces acabo domada y violada lésbicamente. Cuando al sexto envite ya no tuvo fuerzas, la duquesa se sentó sobre su cara hasta correrse. Después, insaciable, se refocilo con el cazador hasta agotarlo.

DUQUESA: Bueno hijo ¿Has visto como se doma a una zorrona machorra? ¿Has tomado nota para tu noche de bodas? Pues ven aquí y dale un beso a tu madre.

CR: ¿Seréis guarros?

Madre e hijo no se molestaron en contestarle porque estaban demasiado ocupados en el frenesí de la pasión. Cuando acabaron, Lobo Feroz estaba tan cansado que se quedó profundamente dormido.

DUQUESA: Os casareis la semana que viene.

CR: Ningún problema por mi parte, pero la noche de bodas, antes de zurrar de nuevo a tu lobito sarnoso, cuando no esté tan cansada como ahora, vamos a dejar claro cuál de las dos va a ser la duquesa reinante.

DUQUESA: ¡Ohhhhhhh! Creo que voy a páralo mejor contigo que con tu madre.

CR: Ya veremos.

Mejora la calidad y duracion de tus erecciones con Vigrax