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Mi vecino del 9° / Segunda parte

Si leíste MI VECINO DEL NOVENO (1) está de más que te cuente que soy casado y tengo 53 años y mi vecino Carlos 55, divorciado, profesor de filosofía, si no lo hiciste léelo a si sabrás como fue nuestra primera vez.

Quiero aclararles algo, aquí en Uruguay enero y febrero son los meses de más calor, estamos en pleno verano y Montevideo la capital del país que es donde vivo es una ciudad situada sobre el mal llamado Río de la Plata, por lo tanto estamos rodeados de hermosas playas por todos lados, es común que la vestimenta de los hombres en esos meses sean los shorts.

Sabiendo que las hijas de Carlos en la tarde no están, un día subí a su apartamento, pero me llevé una sorpresa, ese día Carlos le estaba dando clase particular a un alumno que tenía que dar un examen, según mis cálculos no podía pasar de los 18 años, pedí disculpas por la interrupción he intenté marcharme, pero Carlos me dijo
-Por favor quédate, ya pronto terminamos.

Me senté con ellos a la mesa donde estaban, la parte superior de la misma era de vidrio templado y grueso eso me permitía ver a través de ella, mis ojos iban de un lado al otro contemplando el hermoso panorama que formaban las piernas apenas cubiertas por diminutos shorts que en ese momento vestían los dos, a su vez me permitían apreciar los bultos que trataban de ocultar entre ellas.

De Carlos ya sabía lo que esa protuberancia ocultaba, la del muchacho no se quedaba atrás, era también enorme, comencé a pensar en como sería ese miembro que se ocultaba detrás de ese shorts, la verdad que me fui calentando de solo pensar en ella, me levanté y me coloqué detrás de Carlos, pasé mi mano por sobre su hombro aprovechando que el muchacho estaba en ese momento leyendo, fui bajando mi mano hasta llegar a una de sus tetillas las que comencé a acariciar, pronto sentí la dureza de su pezón y un respirar profundo de Carlos, por lo que pasó el muchacho no estaba leyendo, de alguna manera vio o imaginó lo que sucedía, a través del vidrio de la mesa noté como se iba agrandando su bulto, no pude con mi curiosidad, di vuelta a la mesa y sin querer queriendo dejé caer un libro que sobre ella había, me agaché a recogerlo, en esa posición mi cara estaba casi sobre las piernas del muchacho.

Lo que vi es para no creer, algo terriblemente grande trataba de salir en libertad del apretado shorts, como soy un buen samaritano, no pude permitir que ese miembro sufriera de esa manera, estiré la mano y de un tirón le bajé el shorts, una verga hermosa, dura y caliente recobró su independencia de la cárcel en la que estaba, rápidamente me la llevé a la boca y se la comencé a mamar, Carlos se paró se quitó el shorts y se paró junto al muchacho, su verga era un sable candente y se lo comenzó a refregar por los labios del chico, tímidamente éste comenzó a darle unos lengüetazos en el glande, mientras yo le lamía todo a lo largo de su joven verga y le chupaba los huevos.

Me desvestí y me puse de rodillas sobre un sillón, Carlos enseguida entendió lo que yo quería, llevó al muchacho hasta mi lado y le dijo que me metiera la lengua en el culo, con reticencia me lo comenzó a lamer, pero se ve que le gustó porque pronto tuve su lengua dentro de mi agujero, cuando la sacaba, Carlos me metía los dedos, así con la saliva del muchacho y los dedos de Carlos mi culo estaba ya pronto para recibir una buena verga dentro, hizo parar al muchacho detrás de mi y con su propia mano guiándole la verga me la comenzó a meter, sentí como el caliente glande trataba de traspasar la puerta, el muchacho no sabía bien que hacer, no se podía dudar que era totalmente virgen y no tenía experiencia ninguna.

Carlos comenzó a sobarle el culo al muchacho, se salivó los dedos y se los metió dentro, éste al sentirlos empujó hacia delante y ahí sentí como su pene me lo enterraba, luego de tenerle el virgen culo del joven listo, Carlos sin miramientos le enterró su sable, se oyó un -Ayyy, pero junto a su grito me la enterró toda, sentí como sus huevos chocaron con mis nalgas, Carlos le comenzó a darle una tremenda cogida al muchacho que luego del primer dolor comenzó a jadear como loco, con cada arremetida de Carlos el muchacho hacía lo mismo conmigo.

Los tres estábamos como locos nuestras exclamaciones se confundían unos –Ahhhhhhh, – Ayyyy, se mezclaban al unísono.

Pronto el inexperimentado muchacho estaba llegando a acabar, Carlos al darse cuenta comenzó a trabajarlo más y juntos acabaron.

El joven estaba loco de contento, no paraba de decir que por fin había aprendido algo de filosofía, que la vida era coger y ser cogido, mamar y ser mamado.

Llenos de sudor nos metimos los tres en la ducha, allí comenzó otra vez todo nuestro juego de a tres, al chico le vinieron ganas de orinar, le tomé la palomota con mis manos y dirigí su lluvia dorada sobre mi cuerpo, quedó enloquecido y ya sintiéndose en maestro me metió la verga en la boca y me hizo tragarle el último chorro de su acre y caliente líquido.

En los días siguientes, todas las tardes subía al apartamento de Carlos, éste estaba siempre con su alumno, los dos en bolas, por sus caras no creo que estudiasen mucho, pero que cogiesen y cogiesen no había duda.

El muchacho salvó el examen no solo el que dio en el colegio, sino que también salvó y pasó con sobresaliente el examen del éxtasis amatorio entre hombres.

Y como dice Rodrigo: “También a nuestra edad sentimos deseos, sentimientos, emociones, etc., pues ello no es patrimonio exclusivo de alguna generación o género; lo importante es agradar y sentirse agradado, hacer feliz a los demás siendo feliz consigo mismo y con su pareja habitual u ocasional”

Veteranos no desesperéis la vida comienza a los 50 años, si queréis escribirme aquí va mi e-mail, cayetano85@hotmail.com – Cayetano

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