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Visita al médico

Mi nombre es Luis, y ahora que ya no ejerzo la medicina me vienen a la mente muchos de los recuerdos que han dejado huella en mí durante los muchos años de profesión. Situaciones, muchas de ellas agradables, como la que ahora voy a relatar, y de la que guardo un muy grato recuerdo.

Era una tarde de Agosto, estaba a punto de coger las vacaciones, tenía pendiente únicamente la visita de una paciente, y la verdad estaba ansioso por terminar y así comenzar mí merecido descanso. La cita la tenía para las cinco de la tarde, y faltando unos minutos llamaron a la puerta, solícito me dirigí y abrí la puerta. De verdad que quedé gratamente sorprendido por la visión. Ante mi estaba Marisa Sánchez la paciente que esperaba, era encantadora, llevaba unos zapatos de tacón beige, una faldita de tablas blanca y una camisa color rosa que marcaba su busto, no muy grande pero bien formado, iba pintada y su pelo negro azabache le llegaba a los hombros, aparentaba unos 35 ó 40 años muy bien llevados. Irradiaba hermosura, su rostro, aunque bonito, mostraba preocupación y malestar. Pasados los primeros segundos de sorpresa, y una vez repuesto le pregunté ¿es usted Marisa Sánchez?, a lo que ella con voz un poco tenue respondió, exacto, pero por favor podemos tutearnos, ya que me encontraré mucho más cómoda. Por supuesto – respondí – Haga el favor de pasar a mi consulta.
El taconeo de sus zapatos fue resonando por el pasillo hasta llegar al despacho. Ella iba unos pasos por delante de mí, por lo que podía contemplarla en toda su plenitud, verdaderamente tenía un cuerpo precioso, vestía con gusto e incluso el perfume que llevaba era el broche perfecto para una imagen así.

Le indiqué que se sentara frente a mi mesa. El despacho de corte moderno se componía de unos cómodos sillones muy próximos a mi mesa también de línea moderna con cristal en lugar de madera. Al sentarse Marisa cruzó sus piernas y no sé si fue a propósito o circunstancial, que entreabrió sus piernas y puede ver a través del cristal y de manera fugaz el color blanco de sus braguitas. Le invité a que me contara su problema y el motivo por el que se le notaba nerviosa y alterada. Como tenía el aire acondicionado puesto, a Marisa se le pusieron los pezones tiesos y se le marcaron con total claridad en la blusa, siendo un maravilloso espectáculo para la vista.

El tema, me dijo, es que tengo mucho estrés en el trabajo y llevo ya mucho tiempo nerviosa y duermo poco, desde hace tiempo voy bastante estreñida, y concretamente hace cinco días que no voy al aseo, me siento hinchada, molesta, y eso hace que tenga mal humor, incluso creo que hasta tengo algo de fiebre, ya que noto un calor y un malestar que no es fruto del verano.

Bien, respondí, vamos a ver todos los síntomas, te haré una revisión completa y luego veremos cómo solucionar todo esto, pero ten tranquilidad que todo es solucionable. Pasa por favor a esta habitación donde te haré un examen exhaustivo.

Mira Rafael, a mí me dan pavor los médicos, las pruebas y todas esas cosas, lo único que admito muy bien son las inyecciones, pues entre otras cosas la medicación así va mucho más rápida, pero de lo demás me pongo muy nerviosa.

Perfecto, pero no todo en la medicina se soluciona con inyecciones y parches, hay otros medios y otras alternativas. Vamos a solucionar lo de tus nervios, que eso sí, con unas inyecciones que ahora te pondré seguro que se soluciona todo, pero también hay que ver ese poco de fiebre y el tema del estreñimiento, ya que tener el intestino limpio es muy importante. Pasa por favor a la habitación contigua, quítate la falda y la camisa para así poder auscultarte, revisar el vientre y ponerte el termómetro y las inyecciones para tranquilizarte. En unos instantes entraré yo.

Marisa, descruzó las piernas, se inclinó levemente hacia delante y se levantó, como yo estaba sentado frente a ella pude contemplar, ahora con buena visión, unas piernas estilizadas que al abrirse dejaron paso a unas braguitas que ahora podía ver con total claridad. Su imagen se perdió tras la puerta. A continuación me levanté, cogí el estetoscopio, la libreta de apuntes y me acerqué a la otra habitación donde Marisa se estaba desvistiendo.

La habitación, de estilo similar al despacho, tenía una camilla, un perchero, tres sillas, varias estanterías con cristales donde guardaba los utensilios de uso en la consulta, inyecciones, algunos medicamentos comunes, tensiómetro, termómetro, lavativas de varios tamaños, un irrigador con su goma y diversas cánulas, vendas y otros objetos diversos más.

Marisa no hizo ningún gesto de rechazo al entrar yo en la estancia mientras ella se desvestía, hasta quise pensar o imaginar que le gustó el que yo la viera mientras se desnudaba, lo hacía con soltura, con total naturalidad.
Le indiqué que se tumbara en la camilla para proceder a revisar el vientre, comencé por apartar un poco las braguitas para de esta forma tener mejor acceso a vientre, observando que el pubis lo tenía afeitado y retocado, lo que le daba un aspecto muy sensual y agradable a la vista. Todo el cuerpo desprendía un agradable olor a perfume, que no supe identificar, pero que hacía las delicias del sistema olfativo. Procedí con delicadeza a palpar toda la zona del vientre, observando que tenía los típicos nodos de la materia fecal retenida, y al hacer esta operación arrancaba ciertos gemidos de molestia, por lo que al finalizar dicha operación ratifiqué rotundamente, – Marida, tengo que administrarte una o dos lavativas para poder limpiar perfectamente todo tu intestino y así liberarte de todo el material que ahí tienes retenido.
Nada mas escuchar esto, Marisa se sonrojó y muy enérgica respondió que no deseaba recibir ningún enema, que eso no se lo habían practicado nunca y que le daba cierto miedo y desconfianza, a lo que yo respondí que era la única forma de limpiarla por dentro, que no le iba a doler lo más mínimo, y que con toda seguridad encontraría placer al recibir el agua calentita, ya que hay personas que les agradan esas sensaciones, que yo me ocuparía de que no sintiera ninguna molestia ni dolor, todo lo contrario, que la administración de la lavativa fuera lo más agradable y placentera posible. Algo más tranquila, Marisa asintió con la cabeza aunque manifestó que se encontraba muy nerviosa por todo, a lo que respondí que antes que nada le pondría dos inyecciones intramusculares para relajar sus nervios y tranquilizarla, por lo que se bajara o quitara las braguitas mientras yo preparaba los inyectables.

Marisa con gesto muy sensual, se levantó de la camilla y haciendo un gesto muy propio de una vedette, comenzó a bajarse las braguitas mientras yo de reojo contemplaba extasiado la escena. -¿no me harás daño al pincharme verdad? Inquirió Marisa con voz muy suave y sensual. Su voz resonó dentro de mis oídos como canto celestial, verdaderamente era magnífica esta mujer, por supuesto que no, respondí, voy a conseguir que esta visita sea provechosa en todos los aspectos Marisa e intentar también que sea para ti inolvidable. Ahora sube por favor a la camilla y estando de rodillas hunde la cabeza entre los brazos dejando el trasero hacia arriba, así podré inyectarte más cómodamente y será en esta posición como te aplicaré la lavativa, y de esta manera el agua te limpiará mucho más pues irá mucho mejor por todo el intestino. Marisa asintió, y quise apreciar que se le notaba como un poco excitada, tal vez por la curiosidad de recibir el tratamiento, o bien por las dulces palabras de ánimo y dulzura con que yo le hablaba, lo que si era cierto que confiaba mucho más en mí que cuando entró en la consulta.
Los inyectables estaban ya preparados, me acerque, con el algodón impregnado en alcohol, froté en la nalga izquierda y con destreza clavé la aguja con tanta maestría que tan solo notó el palmetazo que siempre se da para despistar, ya que ni se movió apliqué lentamente la jeringuilla y poco a poco fue entrando el líquido que desaparecía dentro de ella. Al finalizar quité enseguida la aguja y froté nuevamente el lugar del pinchazo para evitar posibles moratones y a su vez distribuir el líquido uniformemente. Dejé la jeringuilla y procedía coger la segunda para el nuevo pinchazo, esta vez en la otra nalga para así repartir los pinchazos. Procedí con la misma destreza y una vez puesta la aguja Marisa comentó con voz tenue, – en verdad pinchas muy bien, espero que el resto del tratamiento sea igual de agradable que lo que estás haciendo ahora – a lo que le respondí, que todavía lo sería mejor ya que al ser una cosa nueva para ti el tema de las lavativas haría que resultase lo más agradable posible.
Marisa rápidamente respondió – en ese caso tendré que corresponderte con la misma amabilidad con la que me trates.
Será mucho de agradecer, respondí, señal de que habrás disfrutado de todo el tratamiento.
Hasta ese momento sentía como un cosquilleo en el estómago, pero desde ese instante y sin proponérmelo noté como el pene comenzaba a tener cambios, se estaba despertando como consecuencia de las insinuantes palabras que mi paciente había pronunciado.
Al fin de evitar mostrar la erección que ya se notaba en mis pantalones blancos de médico, le rogué a Marisa que no cambiara de posición, que se relajara mientras preparaba rápidamente la lavativa que le iba a administrar.
Mientras lo hacía le comenté que en principio le pondría una y que en función de lo que expulsara y vaciara le administraría una segunda, aunque visto como estaba el tema lo más probable es que le pusiera las dos.
-Estoy en tus manos doctor, y sé que me vas a tratar muy bien y con dulzura, y te puedo asegurar que se agradecer el buen trato. Ahora sí que tenía ya una erección considerable, sus palabras habían calado hondo y mientras sacaba el irrigador de la vitrina, lo enjuagaba y llenaba con agua caliente, pero que no quemara lo más mínimo, mi mente no dejaba de pensar que tal vez con esta mujer tendría un feliz encuentro. Ciertamente hacía mucho que no tenía una relación de pareja satisfactoria, ya que con mi esposa hacía mucho que no realizábamos ninguna actividad sexual y francamente, esta promesa me hizo volver a la realidad y a imaginar una situación que desde hacía mucho que no tenía.

Ya preparada la lavativa, la cogí en una mano y con la otra acerqué hasta la camilla un perchero que en situaciones como la presente, hacía las veces de soporte para lavativas, sueros, y cualquier otro objeto que necesitara mantenerse en alto. La colgué, puse la goma sobre el depósito descansando sobre él, fui nuevamente a la vitrina y me coloqué sendos guantes de látex finos, cogí también la crema suavizante para dilatar el ano, un tapón anal para luego colocarlo dentro del ano e impedir que durante unos minutos no se saliera el agua, aunque posiblemente lo utilizaría en la segunda lavativa ya que en la primera lo que importaba era quitar el fecaloma que tenía Marisa y que tanto le molestaba. Mientras preparaba todo, la cánula de la lavativa goteaba sinuosamente, como indicando que estaba ansiosa por entrar en el cuerpo de la paciente. Ya todo estaba preparado, me senté en un taburete justo detrás de Marisa para proceder a la dilatación del ano y a la administración del agua. Unté mi dedo índice de la mano derecha con el lubricante y comencé por la parte externa del ano a acariciar suavemente la zona, pues la tenía contraída por lo que era imposible intentar la introducción de la cánula, y para relajarla, con la mano izquierda comencé a acariciar su vagina por la parte externa y comenzar a rozar levemente el clítoris para así conseguir que por el placer que le administraba abriera la zona anal. Su vagina estaba bastante lubrificada, tal vez aun estando nerviosa, esta situación le excitaba. Con la mano derecha hacía círculos exteriores en sentido de las agujas del reloj y con la izquierda, justo al contrario, cosa fácil de realizar y muy efectiva. Poco a poco esa tensión que mantenía Marisa fue disminuyendo por lo que con un simple resbalón entró parte del dedo índice en el ano, a lo que ella exhaló un suspiro y un leve jadeo, ciertamente esas caricias estaban surtiendo efecto. Ya que tenía el dedo dentro del ano, ahora lo movía de izquierda a derecha a la vez que lentamente lo introducía poco a poco logrando así como el efecto taladradora pero con tal suavidad y dulzura que nuevamente escuché unos gemidos ahora mas profundos. Su pelvis, antes un tanto rígida y sostenida, ahora se había relajado y ya no ofrecía ninguna resistencia a la entrada de mis dedos. La vagina estaba totalmente lubrificada y ya podía introducir hasta tres dedos superpuestos con total libertad, cosa que combinaba con caricias intermitentes en el clítoris, pero lo que pretendía era estimularla, no que tuviera un orgasmo, ya que eso lo dejaba para cuando ya tuviera el agua dentro, pues si llegaba al clímax final posiblemente hiciera reparos a recibir su primera lavativa.
Como ya todo estaba totalmente relajado, saqué los dedos de ambos orificios, me limpié las manos con toallas desechables, me levanté y cogí la cánula que todavía goteaba ligeramente. Con el lubricante lo pasé suavemente por toda la extensión de la cánula y dado que el ano estaba lo suficientemente preparado la paciente no iba a notar absolutamente nada cuando entrara la cánula por el ano. Y así fue, una vez en la entrada del ano con la otra mano la acerqué al clítoris y empecé a masajearlo, y con el estremecimiento de dicha acción el ano se entreabrió y suavemente entró la cánula hasta más de la mitad, entonces abrí la llavecita del paso del agua y comenzó ésta a inundar las entrañas de Marisa.
Durante los primeros instantes no ocurrió nada, pero no había transcurrido ni medio minuto cuando Marisa exclamo con una voz tenue, – ya noto como me entra, está calentita, que sensación más agradable, me inunda todo el vientre, mmmmm, tenías razón, no duele y unido a esas manos que acarician todo mi sexo te aseguro que estoy como en una nube, cuando todo esto termine, cumpliré la promesa de saber recompensarte debidamente.

Al tener el intestino ocupado tardó en notar la sensación del agua un poco, en caso contrario la sensación habría sido inmediata.
Ahora el deposito está lleno pero tan solo te cabrá medio litro o tres cuartos, ya que el vientre lo tienes totalmente ocupado, intentaremos que lo aguantes un poco de tiempo para que se reblandezca todo y enseguida evacuarás, a continuación te masajearé el vientre a ver cómo va y nuevamente te colocaré otra lavativa para limpiar totalmente, ese sí que te hará expulsar, y haré que te coincida con un buen orgasmo, verás que sensación más agradable notas. – Tu eres el médico y voy a seguir todo el proceso que me indiques al pie de la letra, dejando aparcados temores y reparos.

Mientras hablábamos ya habíamos llegado a los 700 cc de agua por lo que Marisa comenzó a indicar que tenía ya ganas de expulsar, era lógico tenía el intestino muy ocupado, por lo que cerré el grifito y lentamente le saqué la cánula del ano, pese una toallita en el mismo, se la aguanté para evitar escapes, y le sugerí que se levantara lentamente y fuera al aseo a expulsar el agua, mientras yo preparaba la segunda lavativa.
Así fue y al instante desde la consulta se escuchaba como expelía el agua acompañada del ruido producido por los gases que liberaba. También escuché, pues no intentaba disimular las exclamaciones, frases en las que decía, ¡ por fin me libero de este maldito tapón ¡
Con toda esta situación mi pene había duplicado su tamaño y se apreciaba un bulto en el pantalón, cosa que intentaría disimular ya que en unos instantes saldría Marisa y no era la situación más apropiada.
Durante ese cruce de pensamientos, preparaciones y arreglos, se abrió la puerta del aseo y apareció Marisa, ahora tenía el semblante más alegre, no exento de una excitación propia del momento. Solo llevaba puesto el sujetador y los pezones se le había marcado totalmente, motivado por la excitación, el aire acondicionado y todo lo ocurrido hasta ese momento, no llevaba nada bajo, ya que lo que hubiera intentado tapar lo había mostrado minutos antes, la visión de su imagen era espectacular.
¿Cómo te encuentras tras el primer enema?, pregunté, – de maravilla contestó pero todavía me noto ocupada y pesada. Así es respondí, por eso voy a reconocerte, por tanto túmbate nuevamente boca arriba, y posteriormente procederé a ponerte otro enema, pero voy al aseo un momento si me disculpas. A lo que ella respondió – te aseguro que olerá mal ahí dentro, y yo dije a continuación, – es algo a lo que estoy acostumbrado y no me importa lo más mínimo, salgo enseguida.
Mi intención no era otra que lavarme y bajar un poco la tensión pues estaba totalmente excitado.

Minutos después aparecía yo y me acerqué a la paciente para reconocer su vientre, palpé y observé que todavía molestaba al tocar diferentes zonas del mismo, y mientras realizaba todo eso Marisa comentó con voz suave pero contundente – Cuando he salido del aseo te he notado muy excitado, ¿ha sido por mí?. Ciertamente ese comentario me pilló desprevenido pero rehaciéndome de la sorpresa respondí afirmativamente, y lo que ocurrió entonces fue una experiencia que no olvidaré nunca, Marisa levantó su mano izquierda y la depositó sobre mis pantalones y a la altura del pene y susurró, me encantaría acariciarte mientras masajeas mi vientre y así aliviar un poco tus tensiones.
Sin dudarlo bajé la cremallera, me bajé los pantalones y un miembro erecto apareció en escena, Marisa me pidió que me subiera en la camilla pues no tenía acceso a mi pene en esa posición, por tanto y sin pensarlo dos veces me subí y quedamos en la posición del 69, ella comenzó a succionar mi pene y yo a besar, lamer y comer toda la zona de su vagina. No habían pasado muchos segundos cuando se comenzaron a escuchar por parte de ambos jadeos, y quejidos de placer por parte de ambos, y así transcurrieron unos segundos, hasta que fue la propia Marisa la que me indicó, sacando mi pene de su boca, – Creo que sería mejor que me aplicaras la lavativa y mientras me entra el agua me penetres, seguro que el placer será mayor al notar la doble penetración – No tengas la menor duda, respondí, ya que posiblemente hasta tengas un orgasmo antes de expulsar el agua.
Con los pantalones quitados, el pene del tamaño de un mástil de bandera y una excitación por parte de ambos tremenda, me levantaba del cuerpo de Marisa y procedía a la colocación de la segunda lavativa.

Nuevamente Marisa adoptó la postura anteriormente adoptada y como el ano lo tenía ya dilatado de la vez anterior, tan solo fue necesario lubrificar ligeramente y la cánula se deslizó suave hasta su interior una vez la cánula dentro se puso de espaldas y boca arriba con los pies levantados y que los apoyé sobre mi pecho, nuestras miradas desprendían sensualidad, vicio, sexo, y deseo ferviente de placer.
Antes de llegar a la penetración me coloqué un preservativo y acerqué lenta y sinuosamente mi pene a su vagina, que receptiva y lubricada se encontraba, y tan solo rozarnos entró hasta su totalidad en la vagina lo que hizo que Marisa se estremeciera con un grito de placer inmenso, ya que el agua estaba haciendo su trabajo y mis movimientos pélvicos hacían que a cada empuje hasta mis testículos tocaban su cuerpo, ya que tenía sus piernas sobre mi pecho y hombros, quedando el cuerpo de Marisa en ángulo recto con respecto a mí.
Ella jadeaba, y mis manos fueron directamente a sus pechos, sacándolos con mucho cariño del sujetador y pude comprobar que sus pezones estaban totalmente tiesos y erectos, por lo que ya que no podía besarlos ni chuparlos, comencé a realizar el ritual de acariciar los pezones, los pechos, el cuerpo e incluso llegar mis manos al clítoris y tocarlo.
Mientras todo esto ocurría, observé el depósito de la lavativa que ya llevaba casi un litro vaciado, y Marisa no experimentaba ninguna molestia al respecto, fruto de la excitación y de que ya había recibido la primera y ya su organismo aceptaba el agua y hueco había hecho la expulsión del primer enema.
No dejaba de jadear y agitarse y con voz entrecortada dijo, voy a correrme enseguida, estoy muy caliente, a lo que respondí, -aguarda un instante que aún ahora viene lo mejor.
Yo también estaba casi a punto de tener un orgasmo por lo que retiré mi pene de su vagina, acto seguido cerré la llavecita de paso del agua de la lavativa y para que no se saliera el agua le inserté con dulzura el plug anal, el cual entro con suavidad dada la dilatación ya existente.
Tendí mi mano a Marisa para que se levantara, y sin dejar de jadear se abrazó a mí y mientras acariciaba sus pechos y besaba la por el cuello, nos dirigimos al aseo
Nada más sentarse en él, comencé a masturbarla y casi al instante le vino el orgasmo y para que pudiera expulsar libremente y sintiera la combinación de ambas cosas, le pedí que levantara un poco el trasero y saqué de golpe el plug anal, cosa que le produjo un escalofrió por el cuerpo del gustazo que representaba la extracción del plug, la salida del agua y la caca más el orgasmo, todo a la vez, ahora si que se corría con gusto. Como acto reflejo cogió mi pene que permanecía erecto y comenzó a masturbarlo con energía, como todavía llevaba el preservativo cuando me sobrevino el orgasmo todo el semen se depositó en él.
Ambos gemimos de placer, jadeamos hasta el límite y el sudor del placer unido al calor reinante se hizo notar. Sonreímos, nos besamos, nos acariciamos, y cuando ya Marisa dio por finalizada la evacuación del agua, se levantó y ambos nos dirigimos a la ducha para lavarnos, quitarnos el sudor y seguir acariciándonos bajo los chorros del agua que inundaban nuestros cuerpos. Besos por el cuello, la espalda, pechos, caricias en la vagina, ano, pene, fue un cúmulo de placer que disfrutamos bajo el agua.
Una vez salimos y nos secamos, volví a revisar a Marisa y ya su vientre se encontraba perfectamente.
Se terminó de vestir, y me preguntó ¿Qué te debo de la consulta?, a lo que yo respondí, ha sido un placer compartir contigo estas horas, y me has proporcionado una alegría en el cuerpo que hacía muchísimo que no tenía. ¿te volveré a ver? Pregunté, a lo que ella respondió, – No lo sé ya que no soy de esta ciudad, pero todo es posible, ya que eres un encanto. Se despidió con un largo beso en mis labios y salió por la puerta.
Meses después recibí una breve carta en la que me decía: Gracias a ti he descubierto otra dimensión del placer, todo lo que me enseñaste lo realizo ahora con mi actual pareja. Gracias por tus consejos.
Todavía recuerdo aquélla tarde Agosto y nunca se me borrará de la mente.

rafaelespain@yahoo.es

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Un comentario en “Visita al médico

  1. “Meses después recibí una breve carta en la que me decía: Gracias a ti he descubierto otra dimensión del placer, todo lo que me enseñaste lo realizo ahora con mi actual pareja.”
    O sea, “mi chico me disfruta todo lo que tu ya no puedes”. Una troleada épica xD

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