María

Levanté la sábana con mucho cuidado y metí mi mano lentamente hasta que rocé aquel montículo cubierto apenas por una diminuta pantaleta, me aventuré a tocar con mayor firmeza; María separó sus piernas y comenzó a gemir profundamente por lo que supe que estaba disfrutando mi caricia. De pronto su mano aferró la mía y la apretó fuerte contra su sexo; yo me quedé petrificado, hacía tres noches que había estado haciendo lo mismo, pero apenas la tocaba me iba directo al baño y me masturbaba furiosamente; yo apenas tenía once años y no me atrevía a ir mas lejos, incluso creo que lo hacía por el constante bombardeo que me tenían mi hermano mayor y un primo que estaba de vacaciones en mi casa. Que si yo no era capaz de cogerme a la cachifa, que si su cuarto quedaba al lado de mi cama y no tenía puerta, en fin, que al final terminé gateando hasta la cama de María y esa noche me capturó…

“Esta noche no te vas de aquí hasta que no me cojas bien cogida carajito, llevo tres noches haciéndome la paja porque tu llegas, me tocas, y me dejas con la cuca ardiendo, entonces me tengo que coger con los dedos y eso no es igual a un güevo ven, mámame las tetas gran carajo que esta noche te desvirgo!!”

Me hizo mamarle las tetas hasta que se sintió bien excitada, entonces me colocó sobre ella entre sus macizos muslos y tomando mi verga con una de sus manos la guió hasta su húmeda y caliente cueva, me agarró con ambas manos por la cintura y halándome hacia ella dejó que mi lanza se clavara hasta el final de aquel rugoso, estrecho y caliente pasaje; fue la sensación mas deliciosa que jamás he experimentado en mi vida, era la primera vez que mi verga se abría paso entre los pliegues de una vagina y como es lógico, es una experiencia que jamás se olvida; lo malo fue que apenas me moví dentro de ella y acabé como lo que era, un carajito sin experiencia que no sabía controlarse.

María río bajito y me dijo en un susurro: “esta vez te la paso porque es tu primera vez, pero hoy mismo vas a aprender a controlarte para que sepas como hacer gozar a una mujer; así como tu acabaste bien rico, las mujeres acabamos igual, no lo olvides nunca, cuando te cojas una mujer, deja que acabe cuantas veces quiera antes de acabar tú; y si esperas que ella te lo pida es mejor, así querrá repetirlo contigo. Al principio es difícil, yo lo sé, pero ya verás que antes que yo me vaya de esta casa te habrás convertido en un amante perfecto…”Acarició nuevamente mi miembro que enseguida se puso rígido… “coño carajito!!, no solo lo tienes grande para tu edad, lo mejor es que se te para con solo tocártelo, que arrecho eres!!”; me guió nuevamente hasta su vagina y me recibió entusiasmada; “no te muevas!, deja que yo te goce hasta que acabe y luego tu podrás acabar de nuevo…”; se movió con fuerza hasta que sentí que se puso rígida y comenzó a temblar mientras su respiración se agitaba y sentía como su rugosa vagina me apretaba una y otra vez; descansó un rato inmóvil hasta que su respiración volvió a la normalidad y comenzó a moverse de nuevo hasta que me dijo… “muévete ahora que yo sé que estás desesperado por acabar de nuevo!!”; lo hice tal como ella me dijo y casi enseguida descargué una nueva porción de semen en su ardiente vagina que me recibió con un segundo orgasmo mas intenso que el anterior.

Aquellas excursiones nocturnas se volvieron algo cotidiano; todas las noches gateaba hasta la cama de María que me esperaba ansiosa y hacíamos el amor siguiendo sus instrucciones; tan pronto me mamaba sin dejarme acabar, como me hacía mamarle la cuca hasta que ella acababa en mi boca; aprendí como estimular su clítoris mediante suaves mordiscos o chupones intensos o lamidas muy suaves y rápidas. También me enseñó a usar manos y dedos en todo su cuerpo; amasaba y besaba sus duras tetas o aplicaba labios, lengua y dientes en sus pezones o en sus nalgas y aún en su trasero. Igual se me ofrecía en la posición tradicional, como se colocaba en cuatro para que yo la cogiera desde atrás o me cabalgaba de frente o de espaldas mientras me decía como amasar sus tetas o meterle un dedo en el culo mientras me la cogía. Lo cierto es que al cabo de un mes, yo era capaz de aguantar hasta que ella me pedía que le diera mi orgasmo y ella agradecida me felicitaba haciendo que yo me sintiera mas seguro cada vez.

Un sábado nos quedamos solos en casa pues todos habían salido; María estaba planchando ropa en el lavadero, yo pasé por detrás de ella a dejar una ropa sucia en el canasto y al hacerlo no pude resistir la tentación de rozar sus hermosas nalgas con mi verga; “si vuelves a hacer eso me vas a tener que coger aquí mismo desgraciado…!!”; aquellas palabras me provocaron una erección inmediata, al pasar de regreso la tomé desde atrás por las tetas y le dejé sentir mi dureza entre sus nalgas. Debo decir que María tenía una carne muy firme; tanto que era difícil hundir los dedos en sus tetas o nalgas cuando la manipulaba. Además su temperamento era muy ardiente, apenas la rozaba y ya estaba excitada y dispuesta a ofrecérseme. Empinó el culo hacia arriba y lo restregó con fuerza contra mi verga… “eres ocioso carajito, pero me encanta; hoy vas a saber lo que es un culo estrecho y gozón, vente, vamos a la cama!!…”.

No sé cuantas veces acabé ese día; nos hicimos de todo, nos mamamos mutuamente aunque ella nunca me dejaba acabarle en la boca, asumimos cualquier cantidad de posiciones y en cada una María logró un orgasmo; yo mismo logré cuatro. Estábamos fumando mientras descansábamos del último encuentro cuando María comenzó a excitarme con su boca; no usaba sus manos, solo tomó mi dormido miembro entre sus labios y comenzó a succionar con fuerza hasta que mi erección tocó su garganta; hizo arcadas pero no me soltó, me azotaba con la lengua mientras sus ojos buscaban los míos. Al rato me soltó y se puso boca abajo apoyada en sus rodillas con el trasero empinado… “llegó el momento!, usa un poco de vaselina, pon un poco en mi culo y comienza a meter tu dedo lentamente y hacia abajo hasta que Aaaaahhh!, así coño!, suavecito papi!!, métemelo hasta el fondo mi amor y luego gíralo despacio mientras me das hacia atrás y hacia delante mi vida, ay coño que rápido aprendes coño de madre!!, eres lo máximo David!!, me vas a hacer acabar papito!!, méteme un dedo en la cuca y sigue dándome así hasta que acabe que estoy al borde!!; ay coño!, ssssss! Assssíiiiiiii coooñooooooooo!, que rico mi viidaaaaaa!!, dame seguido mi amor que estoy acabando hijo de puta! Ay mi madre que vaina tan riicaaaa nojoodaaaaaa!!!, sssssssss!!!! Ya!, ya! Ya! Ya!!!, ahora saca tus dedos muy suavemente para que no me duela!, ajá!, ahora si David! Cógeme por el culo con ese güevote rico que te gastas mi macho!!, métemelo despacio para que me acople a tu tamaño y cuando me tengas bien clavada entonces me das con fuerza mi cielo que quiero sentir que me rompes el culo con esa vaina!!!”.

Me arrodillé colocando mi verga justo frente a su orificio posterior; lo presenté contra su entrada ayudándome con la mano y lenta pero firmemente lo fui enterrando en su estrecho pasaje hasta que su esfínter se cerró alrededor de mi glande… “ay coño que riiicooo!!, no te muevas papi!, no te muevas David!, deja que mi culito se adapte a tu tamañote mi macho!! Luego sigues cuando yo te avise!, sssss! Que grueso lo tienes papi!!, Ay coño!, ahora si!, mételo despacito mi rey hasta la pata muchachito divino!!, déjame sentir esa verga rica en mi culito papiiitooooo!!; ay coño!, que rápido aprendes carajito!, vas a ser una maravilla con las mujeres mi cielo!!!; dame despacio hasta que te avise y entonces me das bien duro ricura, hasta que me destroces!!!, quiero que me hagas acabar bien rico por detrás!!!.

María acabó tres veces por el culo mientras yo amasaba sus nalgas y apretaba sus tetas con furia o halaba sus cabellos según lo que ella me pidiera. Yo estaba al borde y ella debió notarlo pues cuando se aproximaba el cuarto orgasmo me pidió que le acabara en el culo…, “dame duro mi amor!!, dame tu leche David!!, lléname el culo con esa leche caliente mi cielo!!, ay si!, ay si!, ay coooññoooo siiiiiiii!!.

Todavía lo hicimos una vez mas en la cual María se sentó sobre mí y se clavó ella misma por el culo mientras se amasaba las tetas y gritaba como una endemoniada aprovechando la soledad en la que nos encontrábamos.

A los tres meses de estar en casa, ella me decía que estaba listo para complacer a cualquier mujer; me agarró una noche y me hizo acabar en su boca como jamás me había permitido; tres veces me recibió en su boca y tres veces acabó mientras se acariciaba con los dedos; al final de esa noche me ofreció su trasero pidiéndome que se lo metiera seco hasta que la hiciera llorar de dolor. Tuvo que morder la almohada para no gritar pues mis padres se hubieran dado cuenta; al día siguiente se marchó y nunca mas supe de ella. Debo confesar que a esa edad ella fue quien me cogió a mí, pero igual le doy gracias por todo lo que me enseñó pues luego me fue muy útil con otras mujeres. Gracias María!, donde quiera que estés…

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