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49 años de mala suerte

Fue en una playa de Cannes que vi el derroche de feminidad mas impactante que mis ojos vayan a presenciar jamás. Su bronceada piel, adornada con algunos tatuajes en los lugares indicados (que mas tarde me podría dar el gusto de besar hasta el cansancio) me impedía apartar la vista de ella, y me obligaron a acercarme. Pero los verdaderos acontecimientos transcurrieron después, tras la charla mas interesante que haya tenido en mi vida, en su taller, donde moldeaba espejos para ganarse la vida, y revolcaba a sus amantes de turno. En medio de besos ardientes probó el gusto de mis amígdalas, y tras arrojarme a la esquina mas cercana arrancó la poca ropa que aun me quedaba, para besar desde mi abdomen hasta mi dilatado y enrojecido sexo que se adentraba en su boca al ritmo exacto y necesario. A diferencia suya, yo tuve que sufrir para deleitarme con su escultural cuerpo desnudo, y se desvistió, lentamente y luciendo su mejor cara de niña perversa al ritmo del “mambo italiano” de Rosemary Clooney, la misma melodía que nos acompañó durante la ardiente sesión de sexo que prosiguió a este ritual, tendido en el frío del suelo oía sus gritos al sentir dentro de sí, mi ya enorme herramienta con lo que consiguió mi primera eyaculación. No tardamos en buscar la 2da, esta vez con su preciado culo de concurso, al tiempo que probaba el sudor de su cuello, y sus saladas lagrimas. No conforme con esto, me adentró en el soñado laberinto de su vágina, donde mi juguetona lengua hizo de las suyas. Volvimos al suelo donde nos dimos un delicioso baño de gato (aún recurro en mis orgasmos mas radientes al sabor de su piel transpirada, y su mirada profunda y complacida al usarme como un juguete sexual de carne y hueso) haciendome después acabar en su boca con su precioso vaivén lengual, la antención esmerada que dedicó a mis testículos, y cierta incursión de sus dedos a lugares prohibidos. Tras derramar una catarata de semen sobre ella, y disfrutar de sus concurrentes orgasmos, sellamos en un profundo beso un pacto de conficencialidad, para probar así restos de mi semen y del vino tinto con el que nos deleitamos un rato antes. Para luego caer exhaustos, con el cuerpo desnudo y el alma impudorosa en un piso frío, fumarnos un delicioso cigarrillo, y contar 7 espejos rotos…

MEPHISTO.

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