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Micaela

Micaela es mi mamá postiza, yo era muy chico cuando mi mamá nos abandonó y mi abuela y mi papá se hicieron cargo de mi crianza y educación hasta que hace cuatro años papá conoció a Micaela y se enamoraron y entonces, a mis diez años, supe por primera vez lo que era tener una madre. Ella es amorosa y se hizo cargo de mí como si fuese mi verdadera madre y yo la quise desde el primer día, feliz de tener a alguien que me llevase al cine, a pasear, me comprase ropa (por fin la que me gusta y no la que me compraba abuela) y tantas otras cosas que hacen las madres. Mica me explicó que no correspondía que le dijese “mamá” porque yo ya tenía una verdadera madre y aunque no la viese debía quererla igual porque quizás algún día me reencontrase con ella, así de noble es Mica, entonces convinimos en que le dijese “Mamica”, palabra que inventé y le causó mucha gracia. Recuerdo nuestras primeras vacaciones y a Mica jugando carreras conmigo por la playa o poniéndome loción refrescante en las quemaduras de sol, pero sobre todo recuerdo de esas vacaciones a Mica en malla, es decir en esos bikinis que usa y que le quedan tan bien. Porque Mica es hermosa, estatura mediana, pelo largo castaño, rostro hermoso y sensual, piernas larguísimas, un par de tetas imponentes y un culo que quita la respiración, ya sé que no debería hablar así de mi mamá postiza pero es que Mica es una hembra infernal. Ni que contar que cuando alrededor de mis doce años empecé a despertar sexualmente mi fetiche fue ella, me masturbaba a morir por Micaela y me escondía para verla en ropa interior y muchas noches me levantaba en silencio y pegaba mi oído a la puerta del dormitorio y si escuchaba gemidos, o jadeos o palabras entrecortadas, me imaginaba que estaban cogiendo y me encerraba en el baño a pajearme frenéticamente. Pero un día nuestra felicidad sufrió un contratiempo, no grave, pero cambió radicalmente nuestra rutina, a papá la empresa en la que trabaja lo envió por seis meses a Estados Unidos a vigilar la construcción de una máquina que traerían la Argentina. Cuando papá se fue los primeros días fueron muy tristes, la casa parecía desolada por las noches sin papá preguntándome como me había ido en el colegio o jugando partidas de ajedrez antes de la cena, o bailando con Mica y haciéndonos reír con sus bromas, claro que por otro lado ahora tenía a Mica para mi solo y la ausencia de papá nos hizo unirnos aún más. Muchas noches nos quedábamos mirando tele en la sala y nos sentábamos juntos y Mica me abrazaba y yo me sentía en el paraíso y me dormía así sentado junto a ese cuerpo tibiecito y después Mica me mandaba a dormir y cuando me acostaba venía en camisón y con una bata encima a darme el beso de las buenas noches y, al inclinarse, yo trataba de espiar su escote y si tenía suerte le veía un poquito de tetas. Una noche no podía dormirme de la terrible calentura que tenía y se me ocurrió una idea. Grité: ¡No!, ¡No! Muy fuerte y escuché la voz de Mica: -¡Juani!, ¡que te pasa querido! Y vi que había prendido la luz de su dormitorio y me hice el dormido y seguí gritando. Mica entró corriendo y prendió la luz de mi lámpara, entonces simulé despertarme. ¡Guauu!, Mica estaba en camisón y era absolutamente transparente y se le veía todo. ¡Qué pezones!, y le vi la sombra de la entrepierna y casi se me para el corazón. –Mica, ¡Freddy me quería matar! Se rió, -Ay Juani, fue una pesadilla chiquito, no tenés que ver esas películas de terror… Y yo: Mica tengo miedo. –Vamos dormite que ya pasó… Y yo insistiendo: No, no, Mica ¿puedo dormir con vos? Y Mica se reía y aceptaba: bueno, pero por hoy nada más, ¿está bien? Y me levanté de un salto, tenía puesto solo el pantalón corto de un pijama de verano y me abracé a ella y fuimos caminando a su dormitorio. ¡que tibia que era y que lindo olor tenia! Cuando nos acostamos le vi la raya del culo y como se le revoleaban las tetas al acostarse y comencé a tener una erección que pensé que se me iba a notar pero Mica apagó la luz y me abrazó. Hundí la cara entre sus tetas y Mica me dio un besito en la frente y me dijo: -Dormí chiquito que Mamica te va a cuidar. ¡Pero qué iba a dormir!, me moría de la calentura y trataba de no acercarme demasiado a sus piernas para no tocarla con mi pija que parecía un ariete capaza de derribar una muralla. Comencé a sentir su respiración haciéndose cada vez más lenta y me di cuenta que se dormía poco a poco. En un momento refunfuñó y se dio vuelta dándome la espalda, comprendí que tenía calor y me acerqué con cuidado de despertarla y apoyé una mano sobre su cadera. ¡El camisón se había levantado y toqué su piel desnuda!, mi corazón empezó a latir cada vez más fuerte y me costaba dominar mi respiración pero me acerqué un poco más y con mi pierna toqué su culo tibio, ahora estaba temblando y me sentí afiebrado. Casi sin moverme me saqué el pantalón y me volví a acercar al culo desnudo de Mica y lo toqué con la cabeza de mi pija. Mica rezongó un poquito y se movió apenas pero volvió a quedarse quieta y entonces, envalentonado por mi calentura, apoyé la cabeza inflamada en la raya del culo y la sentí entre los cachetes, me quedé quieto tratando de contenerme pero mi naturaleza me traicionó y se me escapó un fuerte chorro de leche y otro más apenas un segundo antes que Mica dijese: ¡Pero…! y su mano descendiese para tocarse el culo empapado. Entendí entonces que había cometido un gravísimo error y dándome vuelta llorando supliqué: Perdoname Mica, perdoname, entre llantos cada vez más fuertes. Mica se dio vuelta e intentó hacerme voltear hacia ella pero yo me resistía avergonzado y atemorizado por el probable castigo pero Mica sólo decía: -Chiquito, chiquito querido, mi bebito ya es un hombrecito, mi pobrecito bebé, venga con su Mamica. Sorprendido por sus palabras me di vuelta lentamente y Mica me abrazó y me daba muchos besos mientras decía: Mi pobre hombrecito, su cuerpo ya le pide cosas que mi nene no puede procurarle, chiquito querido, pero su Mamica lo va a ayudar a su nene querido. Me abrazaba y su mano recorría mi espalda y me acariciaba las nalgas y mi pene volvía a crecer (maravillosa adolescencia), sentí su pierna entre las mías y una mano descendiendo entre los cuerpos y capturando mi verga enhiesta y la expresión de sorpresa de Mica: ¡Juani, pero que pedazo de…! ¡Mi nene, igualito a su papá! La mano de Mica me estremeció y casi me derramo en ella pero Mica dijo: -Esperá chiquito. Y sentí que Mica se sentaba en la cama y algo hacía y cuando se volvió a acostar sentí su piel desnuda contra mi cuerpo, ¡Estaba desnuda! Me apretó contra su cuerpo y yo me aferré a ella ya sin ningún miedo pero Mica me volvió a pedir que espere diciendo además que quería verme y lo que hizo fue prender la luz y destaparnos. Me quedé con la boca abierta mirándola, y ella me miraba también asombrada, claro yo era delgadito y mi pija parecía más grande todavía emergiendo de ese cuerpo de adolescente. Pero no dudé demasiado y me arrojé sobre sus tetas y me llené la boca con un pezón gigantesco mientras Mica me abrazaba y me pedía con voz algo ronca y un leve jadeo: Despacito mi amor, despacito, que me hacés doler. Claro, yo mordía y no me daba cuenta por la terrible calentura pero pronto entendí y lamí y chupé los pezones pasando de uno a otro deleitándome con su sabor. Pero Mica me apoyó las manos en los hombros y empezó a empujarme hacia abajo y así fui descendiendo por todo su cuerpo hasta llegar a sus piernas abiertas, allí estaba el premio mayor: la concha mojada de Mica. La miré un momento con la boca haciéndose agua y después hundí mi cara y chupé, mordí, lamí y Mica se reía por mi torpeza pero encontré algo como una pijita y la apreté con mis labios y chupé fuerte. Mica gritó y me asusté, pensé que le había hecho mal y le pedí perdón pero ella me dijo: No, no Juani, no me hiciste mal, seguí haciéndome lo mismo que eso me encantó, entonces metí mi cara casi completamente adentro de su concha y me dediqué a esa pijita con esmero y me bebí todo el rico licor de mujer que le salía de la concha. Pero Mica empezó a levantarme de los brazos y volvió a acostarme sobre ella y su mano izquierda me agarró la pija y tiró de ella acomodándola entre los labios de la concha y con su mano derecha me agarró de las nalgas y empujó hacia si y mi pija entró deslizándose dentro su cuerpo y sentí que el interior de la concha era muy caliente y húmedo y era increíble lo que sentía y Mica me metió la punta de un dedo en el culo y yo no pude aguantarme y me fui con todo. Mi cuerpo se sacudió en el medio de convulsiones y pensé que el corazón me iba a estallar y hundí la cara en el cuello de Micha jadeando y mojándola con mi saliva. Sentía los chorros de mi leche saliendo con una fuerza terrible, era mi debut sexual y estaba acabando a lo bestia. Solo cuando los latidos de mi pija comenzaron a disminuir me di cuenta que la pobre Mica no había acabado: Perdoname Mica, se me escapó, no pude aguantarme, vos, vos… Pero la adorable Mica siempre me disculpaba: Chiquito, no importa, yo gocé sintiéndote gozar a vos, ese fue mi mejor premio. Pero Mica, yo quería que vos también… Mica se rió: No te preocupes Mica va a lograr que la hagas gozar como ni te imaginás que podés hacerlo, ya vas ver chiquito. Y volcándome a un lado me acostó sobre mi espalda, mi pija flácida se deslizó a un costado de mi cuerpo saliéndose de la concha como resbalando. Entonces Mica se arrodilló entre mis piernas y me tomó la pija con la mano y se la metió en la boca, gemí, la boca estaba muy caliente y me excitaba, Mica se la sacó de la boca y retiró la piel hacia atrás descubriendo la cabeza roja y la miró detenidamente antes de meterla nuevamente en la boca, la chupó profundamente arrancándome gemidos de placer. Luego volvió a sacarla y la miró sonriendo pasándose la lengua entre los labios y tragando saliva dijo: ¡Qué rica!. Y volvió a chuparla. Ahora la chupaba metiéndola toda y, manteniéndola apretada entre los labios, succionaba haciéndola crecer chupada a chupada, la cabeza estaba cada vez más grande y ya me parecía un globo. Repetía la misma operación dos o tres veces y se la sacaba de la boca para mirarla y volver a mojarse los labios y relamiéndose tragar luego saliva y volver a meterla en la boca, verdaderamente disfrutaba de la terrible chupada que me brindaba. Me volvía loco, mi cabeza se sacudía a un lado y otro, mi cuerpo se contraía en cada chupada y mis manos se aferraban a las sabanas. Empecé a sentir que desde el fondo de mi cuerpo crecía el orgasmo más grande de mi vida y cuando la verga me empezó a latir y ya estaba a punto de soltar el primer chorro de leche me senté gritando: ¡Mica! Y Mica se sacó la pija de la boca y mirándola sonriendo me clavó la punta del pulgar bajo el glande y yo asombrado vi como la cabeza, inflamada como una pelota de tenis, latía fuertemente en una terrible acabada ¡pero ni una gota de leche salía! Caí de espaldas revolcándome en la cama y gritando pero Mica no la soltaba y me miraba con una sonrisa que me pareció perversa. Me dolía el pecho y me ahogaba al faltarme la respiración. Mica, Mica, quise preguntar pero Mica me interrumpió contestando: Esto se llama orgasmo seco Juanito, te hice acabar pero sin eyacular, ahora la pija no se te va a bajar por un rato largo y me vas a hacer gozar como nunca te imaginaste que podrías hacerlo. Se arrodilló sobre mi y vi sus muslos que brillaban mojados por el semen que aún le chorreaba de la concha. Me tomó la pija y la colocó entre los labios empapados e hinchados y se sentó de a poco metiéndosela, vi que cerraba los ojos como si le doliese, claro la cabeza estaba tan hinchada que tenía casi el doble de su tamaño y debía dolerle, pero Mica no se detuvo hasta que estuvo completamente sentada sobre mi pelvis y tenía la pija totalmente adentro. Se quedó un momento quieta respirando hondo y tratando de acostumbrarse de a poco y luego empezó a moverse despacito, subía y bajaba lentamente y, a medida que la concha se le iba a dilatando, se movía con más confianza: subía y bajaba y al sentarse me frotaba la concha contra la pelvis y así seguía, una subida, una bajada y una cepillada. Después incorporó otros movimientos, rotaba el cuerpo sobre el eje de mi verga y terminaba siempre con la cepillada. Empezó a gemir y la cabeza se le caía a los costados o hacia atrás, cerraba los ojos o los abría desmesurados mirando el techo , se echaba hacia atrás apoyando las manos en mis rodillas o se echaba sobre mi cuerpo y me pasaba las tetas por la cara. Finalmente comenzó como a sollozar y cayó sobre mi y estirando sus piernas las cerró apretándome la pija y me pidió con voz ronca: Abrazame. Lo hice pero la agarré de las nalgas y le metí un dedo en el culo, Mica gimió y hundiendo la boca en mi cuello gritó y comenzó a sacudirse en una feroz acabada. La tuve así agarrada y sintiendo sus terribles sacudidas y los latidos de su concha que se me hacían como manitos que me apretaban la cabeza de tan fuertes que eran. Mica acabó por largos minutos y cuando empezó a tranquilizarse comenzó a reírse y me dijo: Te dije que me ibas a hacer acabar como ni te imaginabas… Mica se reía de pura alegría que sentía, -acabé como una perra, ja ja ja, viste Juanin, ja ja ja. Pero a mi la pija no se me bajaba y empecé a moverme de a poco apretando el dedo que conservaba metido en el culo de Mica. Pero Mica levantó la cabeza de mi cuello que había babeado y mirándome a los ojos me preguntó: ¿Te gusta mi cola Juani? -Claro, contesté. Entonces preguntó: ¿La querés? Casi grité ¡Si! Entonces se levantó sacándose la poronga y abriendo un cajón de la mesa de noche sacó un frasco con una crema blanca con la que me untó la pija. -.Es para lubricarte y que no me duela, informó, y luego se arrodilló en la cama con la cara apoyada en la almohada y me dijo: Ponete atrás y metemela despacito Juani, pero tené cuidado que eso duele, despacito acordate. Le hice caso pero a pesar de mi cuidado Mica gritó cuando le entró la cabeza y me asusté y casi se la saco pero me dijo: No la saques, seguí Juani, seguí, no pares. Finalmente la metí toda y Mica jadeaba y me pidió que esperase que se le dilatase un poquito, después ella misma me dijo: Movete despacito Juanito pero no pares que esto es delicioso. Si, era delicioso, el culo era mucho más apretado que la concha y sentía muchísimo placer y me di cuenta que no iba a durar demasiado pero por suerte Mica también estaba gozando a lo bestia y hundía la cara en la almohada ahogando sus jadeos y yo ya respiraba con la boca muy abierta y se me cerraban los ojos. Cuando acabé el primer chorro de leche fue tan fuerte que Mica gritó y también empezó a acabar sacudiéndose. Caí sobre su espalda y Mica estiró las piernas y quedó acostada boca abajo conmigo besando su cuello. Nos quedamos así un rato largo hasta que Mica me dijo que deberíamos bañarnos porque estabamos empapados en leche y flujo y además quería cambiar las sábanas que estaban imposibles de tan mojadas. Después nos dormimos agotados hasta muy tarde en la mañana y cuando nos despertamos volvimos a coger, como cada día de los cuatro meses siguientes hasta que volvió papá, pero eso no significó que dejásemos de coger, lo hacíamos cuando papá estaba trabajando pero por las noches Mica era de él, fue una época maravillosa, la más feliz de mi vida.

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