Crea tu cuenta gratis y disfruta de una semana de videos de primera calidad en PornHub Premiun

Mi amiga Estela…

La conocí a Estela siendo la secretaria de Carlos, un amigo y colega. Era su amante. Durante años entablamos una hermosa amistad. Los dos sabíamos nuestros compromisos y nos brindamos respetando los límites que encierra esa palabra.

Cada vez que ella necesitaba de mis servicios profesionales yo estaba dispuesto a brindárselos. Era la secretaria perfecta de Carlos, su jefe y director de la obra social médica y su mano derecha en el manejo y control de los servicios y afiliados de la misma.

Fueron varios años de amistad donde siempre me pregunté como una hermosa mujer en todo el sentido de la palabra, aceptaba el vínculo con Carlos que jamás rompería su matrimonio. Estela estaba al tanto de todo pero me imaginé que en su fuero íntimo tenía la esperanza de conquistarlo definitivamente y algún día convivir. Su discreción evitando el tema, no me permitían abordarla ya que temía lastimarla, y mucho menos aconsejarla.

Me sedujo desde el primer día que la ví en su despacho. Alta de pelo castaño y piel blanca. De facciones delicadas y ojos almendrados. Su cuerpo era armonioso, su cintura estrecha y sus piernas torneadas. Vestía a la moda y se mostraba provocativa sin querer serlo. La voz era muy particular e inconfundible y me atrajo desde siempre, pero mantuve la discreción en el trato, respetando a mi amigo.

Me transforme en el médico de la familia cuando su madre sufrió una fractura muy grave y luego de meses de tratamiento logramos recuperarla. Estela tenía absoluta confianza en mis opiniones y en cada decisión médica recurría a mi consejo para aceptarla aunque no fuese de mi especialidad. Vivía junto a su madre quien ejercía sobre ella una influencia decisiva sobre sus actos y decisiones. Eso justificaba su relación sentimental con Carlos durante tanto tiempo. Pretendía que no la dejase sola y por ende no la abandonase por un hombre que no aceptase vivir con ellas dos.

Un tiempo después, me enteré durante una visita de cortesía, que la relación con Carlos se había terminado. El había decidido dejarla. En confidencia Elsa, su madre, me comentó que la veía deprimida y no quería salir a bailar con su amiga Susana pues ella iba acompañada y Estela no tenía pareja. Yo el fin de semana no tenía compromiso y me salió del alma “no aceptas que sea tu compañero”.

Estela contestó con evasivas, pero su madre la alentó, “Hija no te pierdas una salida y menos con el doctor”,”Yo no rehusaría esa propuesta si tuviese tu edad”.

Le expliqué que mi invitación había sido espontánea pero si se sentía incómoda no tenía por que aceptarla.

Me miró a los ojos y ví su rostro encendido, entonces me animé. “Siempre me pareciste hermosa y atractiva, y será un placer acompañarte”, le agregué, sin esperar su respuesta. “Así me gusta, y me pone muy feliz que disfruten juntos”, acotó Elsa aprobando la salida.

Cuando el sábado nos encontramos, creo que yo estaba tan nervioso como ella. La besé en la mejilla. Estaba hermosa con un vestido de color crudo ajustado que resaltaba las curvas de su cuerpo. Un tajo al costado dejaba ver sus magníficas piernas enfundadas en medias blancas y zapatos de tacos altos haciendo juego con el color del vestido. Nos encontramos en el restaurante con sus amigos que nos estaban esperando, y nos recibieron con muestras de alegría. Cenamos y escanciamos dos botellas de vino blanco, lo que nos puso alegres y desinhibidos.

Mientras bailábamos noté a Estela mareada y tuve que asirla entre mis brazos para no caerse. La apreté contra mi cuerpo y mi verga se endureció. Traté de separarme para disimular mi calentura, pero ella al contrario se apretó más. Estuve varios segundos sin decir palabra sintiendo el roce sensual de mi verga contra su pelvis, hasta que me decidí. En un susurro, mientras besaba el lóbulo de la oreja y sentía el perfume embriagador que emanaba de su cuello, le musité. “Estela te deseo, es mejor que volvamos a la mesa”.

Sin separarse, alzó su rostro encendido y me miró a los ojos. “Yo también te deseo, hace mucho tiempo que no siento algo tan profundo”.

Nos besamos apasionadamente. Su boca y la mía se fundieron, y solo nos separamos cuando se terminó la canción y se encendieron las luces. Volvimos a la mesa para unirnos a nuestra pareja amiga. Susana nos recibió con una sonrisa cómplice “Hace calor”. La cara arrebolada nuestra nos delataba. No sabía como disimular la erección que se notaba en mi pantalón. Estela le pidió a Susana que la acompañara al baño para recomponer su atuendo. Me dejó solo con Mario, quién dándose cuenta de la situación me propuso irnos, cada uno por su lado para completar la velada. Pagamos y nos despedimos deseándonos una noche intensa y feliz.

Nos fuimos con Estela en mi auto. Se recostó en mi hombro y le pregunté si tenía apuro. Ella con un mohín me sugirió que “la secuestrara”, “Mi madre no pagará rescate hasta el mediodía de mañana”, agregó. Tomó el teléfono celular y llamó a Elsa para tranquilizarla diciéndole que nos esperase con el desayuno. Decidimos pasar la noche juntos en un hotel alojamiento cercano y nos dirigimos raudos en el automóvil.

Alquilé la mejor habitación. Era amplia con una cama redonda y un diván especial. Sobre la mesa de luz un folleto ofrecía sugerencias, y dentro de las ofertas, alquilaba una cámara fotográfica para registrar el momento maravilloso de nuestro encuentro. Lo consulté con Estela y sin dudarlo lo aceptó. El jacussí y una ducha pequeña podían verse desde la cama. Parecía una habitación de las “mil y una noches”. Era lo que se merecía una velada especial.

La abracé en el baño y la desvestí con torpeza. Mis manos acariciaban su piel y nos besamos con pasión. Estela se arrodilló y libero mi miembro palpitante. Me miró y luego se apoderó de mi miembro, lo meneo y se la introdujo en la boca. Fue una caricia estupenda. Mis testículos también recibieron sus labios y su boca. Jugaba con ellos introduciéndolos y lamiendo el escroto. Eyaculé por primera vez dentro de su boca y a pesar de las arcadas que le produjo sorbió el semen hasta la última gota.

Fuimos a la cama y allí pude comprobar la hermosa hembra en celo que era. Me juró que era el segundo hombre en su vida, y desde hacía meses sus relaciones sexuales con Carlos habían terminado. Me confesó que desde que me conoció había soñado conmigo, pero jamás se atrevió a decirlo, solo su madre que la conocía como nadie y con quien no tenía secretos, sabía de sus sentimientos. Elsa insistía y le sugería que no dejase pasar el amor y la alentaba para que me conquistase, “Solo Hugo te hará feliz”. Pero hasta esa tarde en que se dieron las circunstancias y Elsa nos alentó, no le hizo caso por temor al rechazo y su compromiso con Carlos.

Habíamos sido incapaces hasta ese día para expresar nuestros sentimientos. Pero esa noche nos liberamos. Estela temía no ser la mujer que yo buscaba pero me demostró todo lo contrario pues siempre soñé con una amante como ella. Me ofreció y me pidió todo. Ser su macho, su amante, su compañero, en una palabra ser su hombre. Ella sería a partir de hoy mi hembra, mi esclava, mi mujer y mi esposa si yo quería. Nos besamos sellando nuestro pacto.

Fue una noche intensa y maravillosa. La alcé en brazos, la llevé y la deposité en el diván. Desnudos los dos, se arrodilló y comenzó a besar y masturbar mi verga. Las caricias y las uñas de sus manos me estimulaban sabiamente. Yo gozaba y gemía de placer. Lo que lograba no lo había sentido nunca. Con mi verga a punto de estallar, la levanté y nos besamos apasionadamente. Besaba sus mejillas, su cuello y sus senos. Mordisqueaba los pezones oscuros y puntiagudos, desatando en ella expresiones de dolor y placer. “Mi amor, te deseo con toda mi alma”, “Quiero ser tuya”. “Pero por favor, no me lastimes”.

La puse en 69 y comencé a lamer y chupar los jugos que fluían de su concha. El olor y el sabor agridulce me embriagaban. Estela me chupaba la verga, lamiendo el glande descubierto enrojecido por la caricia. Le pedí que se pusiese de espaldas y abriese las piernas. Al fin pude ver el vello ensortijado y húmedo que cubría la vulva. Abrió con sus dedos los labios mayores invitándome a explorar su vagina. Jugué un rato con el glande sobre el clítoris de Estela que se retorcía de placer, arqueando sus piernas. “Por favor papito no me hagas sufrir y poséeme de una vez”. “Te deseo con todo mi alma”. Sus expresiones implorando la penetración, no hacían más que excitarme hasta que no me pude contener. Mi mano llevó el miembro duro y palpitante hasta la entrada de la concha abierta y húmeda por los pringosos jugos que emanaban de su interior. Entre de una hasta el fondo. Comenzamos con un mete-saca frenético. Estela se abrazó a mi espalda con sus piernas y fue entonces que eyaculé en su interior. Chorros de semen intermitentes inundaron su vagina mezclándose con los jugos de ella.

“Papi, mi dios que divino”.” Como te siento y te deseo”. “mmmhh, aaahhh, mmmm”. “Dame toda tu pija y toda tu leche, así”. “mmmhhh, aaahhh, mmmhhh”. “Papito me voy, te quiero con toda mi alma”. “Asíííí, Síííííí”.”Mucha leche, asiííí´, que divino mi papi, mi dios”. Yo aceleré mi bombeo y derramé el resto del semen gozando con sus palabras. En un susurro casi desfalleciente me pidió,”Quiero un hijo nuestro, mi amor”, “mi vientre es tuyo” Abrazados y felices tuvimos una nueva cópula al escuchar su pedido para perpetuar el amor que recién habíamos comenzado a transitar.

Varias veces durante la noche nos despertamos varias veces y reiniciamos con besos y caricias una nueva sesión de amor y sexo. Tenía una fantástica habilidad para acariciar mi miembro y lograr su máxima erección. En la madrugada, desde atrás con Estela de rodillas sobre el diván, la penetré por la concha admirando las hermosas nalgas que poseía. “Que hermosa cola Elsa”, me salio del alma”. “Te gusta” me respondió Estela mirándome de costado. “Fabulosa”, mi amor le dije. “Soy tu esclava y te pertenezco. Es tuya” Salía desde su vagina el semen depositado durante toda la noche. Cargué mi verga con el líquido viscoso y lubrique el ano para favorecer la penetración. Estela separó las nalgas con sus manos y procuré meterle la verga. En un principio me pareció imposible debido a la estrechez. Gemía por la presión hasta que pude atravesar el esfínter. En ese momento gritó y se puso a llorar. Yo no me detuve y le introduje la verga hasta los testículos. Entraba y salía, no me podía detener hasta que eyaculé. Estela seguía llorando. Al retirarme de su recto, la abracé y mirándola a sus ojos le pedí perdón por el dolor que le había causado. “Te amo Hugo nunca lo había hecho y fue mi ofrenda mayor, pero si te gusta lo haré cuando me lo pidas”. “Lloro de felicidad, mi amor”.

Nos bañamos juntos, nos vestimos y luego de besarnos y recoger las fotos que nos habíamos sacado y que harían perdurable el recuerdo de esa noche inolvidable, retornamos a la casa de Estela.

Al franquear la puerta nos recibió Elsa con una sonrisa. “Los estaba esperando, chicos”. “La pasaron bomba”, nos preguntó.

“Mamá por favor”. “Como preguntas eso”.

Los rostros ojerosos delataban la noche vivida y no podíamos mentir.

Fue maravillosa aunque prácticamente estamos sin dormir, me atreví a decir, “Fue una noche bomba, bomba”, le grafiqué con una sonrisa.

“Chicos tomen el desayuno y luego acuéstense a dormir”, “Les preparé el dormitorio grande, pues me imaginé que lo necesitarían”.

Estela besó a su madre, y luego de un suculento desayuno nos fuimos a acostar.

La cama matrimonial nos acogió entre sus sábanas y desnudos nos dormimos abrazados, no sin antes besarnos y al oído escuchar las palabras de Estela que me aseguró que sentía que la había embarazado luego de esa noche inolvidable de sexo lujuria y amor.

Munjol. hjlmmo@ubbi.com

Mejora la calidad y duracion de tus erecciones con Vigrax


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*