El pintor

El jueves lo acompañamos a mi novio al aeropuerto, y nos despedimos entre besos y recomendaciones. Gilberto ya había hablado con su amiga que lo esperaba en El Galeao para llevarlo a su apartamento y hospedarlo hasta su retorno el lunes siguiente.

Retornamos a la Capital, y me citó a su atelier al día siguiente para terminar la obra, y deser posible comunicarnos con Jorge vía computadora y vernos a través de lavideo cámara desde el departamento de su amiga Marcia.

Esa noche me dormí pensando en laprimera vez que no me acompañaría Jorge para posar, y en mi imaginación rondó la fantasía de un hombre negro sumamente atractivo que podría cumplir mi sueño.

Nerviosa y puntual llegué al atelier. Gilberto me convidó con una bebida alcohólica y nossentamos frente a la computadora, para conectarnos con Marcia y Jorge.Rápidamente el contacto se produjo y para mi asombro se veía perfectamente lahabitación y Marcia que nos saludó efusivamente. Era joven y bonita con uncuerpo escultural. Llevaba una malla diminuta como única indumentaria, lo queme asombró, y ante mi estupor apareció Jorge en pantalla totalmente desnudo. Meprecipité sobre la computadora para pedirle explicaciones, pero no obtuve respuesta Impotente me aparté de lapantalla, pero mi curiosidad hizo que luego de unos instantes me sentase frentea ella. Entonces los vi. Ambos se prodigaban caricias y Jorge la penetraba unay otra vez, por delante y por detrás, los gemidos de Marcia retumbaban en micabeza, aunque pasados unos minutos despertaron en mi calentura y un deseoirrefrenable de venganza. Gilberto de pié, se hacía el desentendido. Al ver semejante escename acerqué a Gilberto me arrodillé y le bajé los pantalones. El calzoncillo seelevó insinuando la erección del miembro. Era enorme y al descubrir el glanderojo vinoso de esa verga negra, supe que se haría realidad mi fantasía. Comencéa succionarlo sin importarme que mi novio lo observara, lo tenía merecido, ehice todo lo posible para mostrarme ante la cámara mirándolo y mostrando micomplacencia ante tamaña cogida. Me introdujo su enorme verga negra quecontrastaba con mi piel blanca y la rosada vulva depilada, que se abría antecada embestida. Me acariciaba las tetas pellizcando lospezones turgentes por el deseo. Los jadeos y gemidos se escuchaban claramentedesde la cámara, según lo hacían saber Marcia y Jorge desdesu computadora. No me importaba, y así seguimos por varias horas. Apagamos laseñal, pero no por ello dejamos de gozar. Me alzaba y mientras con sus manos meabría las nalgas me deslizaba hacia abajo introduciendo la verga hasta lostestículos. Me subía y bajaba, mientras yo hamacándome lo incitaba. Luego poradelante, con él recostado de espaldas, lo montaba haciéndolo acabar una y otravez. Finalmente nos dormimos abrazados, aunque despertamos varias veces por lanoche reiniciando los juegos .Pero no todo terminó ahí. Me encantó ver frenteal espejo como esa enorme verga al salirde la vagina desbordaba el semen que se deslizaba porel periné lubricando el orificio anal que no tardó Gilberto en atacar pese a mis súplicas por temor al dolor que me causaría. Finalmente mi calentura pudomás y se lo ofrecí abriendo con mis manos las nalgas para ampliar el orificio.Los gemidos y el dolor al atravesar el esfínter no hicieron más que excitarlo enrojeciendo con chirlos mi cola. Padecía y gozaba al mismo tiempo. Terminé exhausta y satisfecha después de ese día de lujuria y desenfreno que filmó y saco fotos para recordar el momento en que mi fantasía se había convertido en realidad.

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