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Maripaz

Cada vez que me pongo a ver porno me acabo preguntando si Maripaz,al igual que la mayoría de las zorras que aparecen en los videos, también tendrá el coñito afeitado.
Ante este detalle no tengo ninguna predilección, simplemente me encanta imáginarmela desnuda y abierta de piernas.
Unas veces imagino su vello púbico inexitente y otras veces pienso que con mi polla acaricio su pelusa morena.
Me gusta dejar vagar mi imaginacion pensando en cómo será su agujerito rosado o qué expresiones se dibujarán en su cara mientras folla, tiene un orgasmo o mientras se divierte realizando una mamada.

Antes de convertirse en mi icono sexual, o dicho de otro modo, mi referente a la hora de pajearme, Maripaz se presentó en mi vida como una estudiante de informática que quiso que yo, que me encontraba en un curso superior, le echase una mano con una de las asignaturas. Para mí no era más que una desconocida niña pija y un tanto creída. Ella, para que yo accediese a tomarla como alumna, bromeando me había comentado que a cambio me dejaría ver fotos suyas en bikini.

Hizo amistad con dos compañeros míos del curso pasado a quienes ya estaba ayudando con esa misma asignatura desde hacía poco más de una semana. Mis amigos eran paisanos de Maripaz, y ella vivía cerca del lugar dónde quedábamos para estudiar. Todo esto me hizo que acabar accediendo a ayudarla también a ella.

No pasó mucho tiempo, apenas tres semanas, desde que ella se unió a las clases hasta que mis dos amigos tirasen la toalla con la asignatura. Empecé entonces a centrarme en exclusiva en ella ya que seguía pagándome, almorzaba de gorra en su casa que era donde pasamos a “dar las clases” y, en el fondo, porque me empezaba a caer bien. Así es cómo empecé a pasar ratos a solas con Maripaz.

Nació en 1980 y tenía veintitres años cuando yo la conocí. Medirá un metro setenta o quizá algo menos, a veces cuando he hablado con ella he podido reparar en que le hubiese gustado ser más alta. Esto se niega a confesarlo abiertamente.
Es morena y su melena es larga y rizada. Aunque se suele alisar el pelo de vez en cuando, su melena vuelve a su estado natural en poco más de una semana. Sus tetas, sin ser grandes o especialmente llamativas son redonditas y, aparentemente firmes. Tiene unos bonitos pechos, cosa que pude apreciar cuando finalmente me enseñó un par de fotos de sus última vacaciones en las que aparecía en bikini.
Y al igual que sus tetas, su culo, sin ser espectacular para mí es innegable que “tiene un buen culo”.
Es sencillo encontrarte con una inoportuna erección cuando hablas de sexo con ella, tema que no rehuye y que aborda alegremente. Ahora bien, aparte de esto y sobre todo, Maripaz es una mujer muy guapa.

Todos los dias, al acabar el instituto donde estudiábamos, la llevaba en mi coche a su casa. Allí almorzábamos junto con su madre y su padrastro a quien Maripaz no tragaba. Posteriormente nos encerrabamos en su habitación a escribir el código de los programitas estúpidos que le mandaban como ejercicios. Y al finalizar la tarea, tras las dos horas durante las cuales supuestamente habíamos dado las clases, se sucedía otro par de horas de charla mientras esperábamos a que llegase su novio a recogerla para salir a comer a cualquier restaurante del pueblo y, después, acabar el día echando un buen
polvo en casa de sus suegros.Ya por entonces se había convertido en una rutina para mí ponerme cachondo
admirando sus pechos y su entrepierna cada vez que me atosigaba relatando cualquier insulsa historia de su vida pasada.
Ignoro si ella se percataba de la lasciva en mi mirada. Como otras tantas mujeres -y también algún que otro varón-, tenía la
capacidad de narrar el más nimio acontecimientos como si de la Odisea se tratase, recreándose en cada insignificante detalle de la historia. Yo intentaba seguir el hilo de sus historias pero sin dejar nunca de pensar en qué cuantiosos placeres sería capaz de ofrecer aquella vagina lubricada y aquel precioso y delicado cuerpo desnudo.

Conocí detalles como que, sin excepción, todas las noches era follada por su novio, que ella se autodefinía como muy exigente en la cama, su afición a hacer “top-less” cuando iba a las playas, cosa que le encantaba… Siempre
he rebosado testosterona cuando he estado a su lado. Por otro lado, tenía la costumbre de criticar a amigas mías tachándolas de “putas” ansiosas por probar cualquier tipo de polla. Le ardía la sangre cuando conocía algún caso de infidelidad masculina, pero no ocultaba que abandonaría a una pareja que no fuese capaz de ofrecerle una vida sexual
satisfactoria. Siempre acaba diciendo que estaba bromeando cuando comentaba esto; entonces era yo el que pensaba: “guapetona, la verdadera puta se encuentra ahora frente a mí”. Era durante esas ocasiones cuando deseaba agarrar su cabeza, empezar a follar su boca tan violentamente que no pasaran apenas unos segundos antes de que “la señorita perfecta” comenzara a vomitar, pararía y acto seguido le desabrocharía los botones de sus pantalones vaqueros para, a cuatro patas en el suelo, penetrar su culo sin delicadeza ninguna, con objeto de deleitarme escuchando sus jadeos y gritos. “Su novio tendría que llegar entonces”.Como casi siempre que estabamos a solas y no nos dedicabamos a estudiar, mi
polla se encontraba totalmente rígida, adopté la costumbre de tapármela con una carpeta que tenía que sujetar para que no cayese al suelo. Cuando tenía que salir del cuarto de Maripaz intentaba evitar estar empalmado; sentía vergüenza de que su madre, la cual se portaba extremadamente bien conmigo por estar ayudando a su hija, advirtiese el bulto de mi paquete.
Cuando era Maripaz quien salía de la habitación, yo no desaprovechaba el momento de sobarme la polla durante los segundos que ella estaba fuera. A partir de Febrero de aquel año yo tuve que dejar de ir a casa de Maripaz porque otras ocupaciones de más prioridad ocupaban mi tiempo. Una vida sexual nula y una vida amorosa desastrosa, detalles éstos que en su día dí a conocer a Maripaz, me tuvieron todos los días pajeándome al menos un par de veces pensando en ella durante varios meses. De todos modos yo seguía “ayudándola” con la asignatura, haciéndole los ejercicios y enviándoselos por correo electrónico. Era algo que no me costaba ningún esfuerzo y no me importaba dedicar a tal labor unos minutos
cada día. Pese a todo, acabó suspendiendo en Junio ya que ella perdió todo el interés por la asignatura cuando dejamos de dar clases y, obviamente, el examen no podía hacerlo yo en su lugar. Lo ignoraba yo entonces, pero poco más tarde agradecería yo que los acontecimientos se hubiesen sucedido de aquella forma.

***

Mi verano estuvo marcado por el desarrollo de un programa de gestión para una empresa que Maripaz me había conseguido. Iba a ser el primer programa que hiciera por el que percibiría dinero. No trabajaba yo para ninguna empresa aún, y como freelance lo iba a cobrar bien. Además esto me hizo seguir en contacto con ella durante el verano, y además,
después de la finalización del software, me dedicaría a darle clases otra vez.

El primer día de verano que fui a su casa no salió nadie a recibirme cuando llegué con mi coche a la parcela donde vivían ella, su madre y su padrastro. Tal vez no habían escuchado el motor, pero la razón más probable era que ni su madre ni ella querían salir de la casa haciendo la calor tan insoportable que hacía. Entré y encontré a madre e hija en el salón, ambas vestían vestidos veraniegos de una pieza, con tirantas en su parte superior que me permitían ver sendos canalillos y con falda hasta las rodillas. Las dos calzaban sandalias. Nos saludamos besándonos en las mejillas. Yo me había acercado lo suficiente
a la madre de mi alumna para poder sentir sus grandes tetas en mi pecho durante el afectivo saludo. Esto también acabé convirtiéndolo en una costumbre. Su madre no era especialmente atractiva. Trabajaba ayudando a su marido con las labores del campo y siempre la había visto con aspecto desaliñado e incluso sucio a veces. De todas formas, como el encontrarme junto a su hija me provocaba unas tremendas calenturas, alguna que otra paja me la hacía pensando en como ella podría darme lecciones prácticas de sexo una vez que Maripaz se marchaba con su novio. Soy consciente de que aquel día, aquella cincuentona alta, de escaso atractivo pero correcta silueta y con unos pechos más que grandes me calentó mucho más que su hija, a la que apenas presté atención. Era tal mi deseo de averiguar cómo se movería aquella mujer cuando un pene se dedicase a taladrar su coño que durante el saludo acabé agarrando su cintura, reprimiéndome llevar mi mano hasta su culo.caripaz me condujo a su habitación para que nos pusiesemos a trabajar, rompiendo así una fantasía en la que yo hacía el amor a su madre. Llegaba el turno de que la hija prolongara la erección de mi pene.

La habitación estaba totalmente a oscuras salvo por la luz que se filtraba por los pequeños orificios de la persiana, y por la luz azul proyectada por el monitor de la computadora. Maripaz se descalzó sus chanclas y se sentó en la cama, respaldándose en la cabecera y extendiendo sus piernas sobre el colchón. Mi sitio sería la silla frente al ordenador. Habíamos girado el monitor para que ella lo pudiese ver desde donde se encontraba, aunque ésto no sería más que protocolo puesto que ella nunca más mostraría gran interés por aquella materia.
Todo su cuerpo brillaba a causa del sudor.

La misma situación se repitió bastantes veces. Me sentía realmente afortunado pudiendo contemplar sus escotes sudados, sus bracitos y piernas, las gotas de sudor que en ocasiones resbalaban por su frente. Realmente daba la impresión de que Maripaz estaba recién acabada de follar y había tomado el primer vestido pordiosero que vio para taparse. En mís fantasías mi lengua recorría su canlillo y acaba por besar la parte de sus pechos que asomaba por el escote antes de apartar las tirantas del traje y dedicarme a sus pezones. La pegajosa calor de aquel verano me presentaron a una Maripaz que, a
diferencia de la niña pija emperifollada de los meses de menos calor, se mostraba ante mis ojos como una mujer sucia, desaliñada y vaga. El morbo al contemplar su precioso físico en tales condiciones era tremendo. Odiaba los momentos en que nos teníamos que dedicar a trabajar porque necesitaba concentrarme y me daba mucha pereza dejar de pensar en mi amiga jadeando mientras su novio Jose Luis la follaba a cuatro patas, para ponerme a pensar en “clientes”, “facturas” y “estructuras de datos”.

Le llegué a tomar tal cariño que apenas pensaba en follarméla. Me masturbaba pensando en cómo Jose Luis empezaba a calentarla cada noche besando su cuello y acariciando uno de sus pechos. Como la conducía agarrando su culo hasta el dormitorio de su casa. Como la tumbaba bocaarriba en su cama y le quitaba el pantalón y las bragas para comer su coño al tiempo que ella le sujetaba la cabeza para que no se separase de su vagina. Imaginaba también que ella, una vez satisfecha con la comida de coño, permitía por fin a su novio comenzar a penetrarla manteniendo la postura empleada en el sexo oral durante algunos minutos para luego ser ella quien cabalgase a él. Como a menudo me decía Maripaz que ella es una mujer muy exigente en la cama, mis fantasías simpre han girado en torno a besar y acariciar su precioso cuerpo, practicarle sexo oral, presenciar sus orgasmos mientras es follada por cualquier otra persona o a sodomizarla salvajemente. La idea de
practicar sexo con penetración existiendo la posibilidad de no conseguir satisfacerla me coibía mucho. Me encanta fantasear que le como el coño y ardo en deseos de contemplar y sentir su pelvis agitándose en los instantes previos a sus corridas. Pienso en sus jugos como el néctar más delicioso que pueda existir.

En lugar de follar con ella, me imaginaba haciéndolo con su madre. A ser posible frente a la hija. La sensación era extraña dentro de aquella habitación en penumbras. Mientras ella hablaba yo admiraba sus piernas brillantes y sus pequeños
piececitos descalzos. Deseaba extender mi brazo hacia donde ella se encontraba y ponerme a acariciarlos. Tomaría su pié izquierdo con ambas manos y lo acercaría a mi cara para empezar a besar su tobillo. Tras unos segundos aguantando su pie con las dos manos, comenzaría a bajar muy lentamente mi mano izquierda por su pierna recorriendo con caricias su
piel sudada. Continuaría haciéndo descender mi mano hasta……entonces la imagen de Carmen, la Madre de Maripaz, se dibujaba en mi cabeza. Esto ocurría siempre. Era el tobillo de esta se señora el que yo estaba besaba y lamía ahora. Con
mi mano izquierda recorría su raja paseando mi dedo medio por encima de sus braguitas de encaje. Los dos estábamos en la cama de matrimonio del dormitorio contiguo, ella, recostada sobre la cabecera de la cama como antes, en mi visión, hacía su hija, aún conservaba el fresco traje veraniego y sus pezones asomaban por encima del escote. Dejé de besar el pie de Carmen para empezar a frotar mi mejilla contra su tobillo. Bajé la mirada y adverti entonces que yo estaba desnudo de cintura para abajo. Mi pene erecto apuntaba a su experimentada vagina. Con delicadeza, deposité su pierna sobre la cama y a continuación me recosté sobre ella. No sólo era una inmensa lujuria, además sentía una inmensa sensación de felicidad y placer. Iba a sentir lo que muchos años atrás había experimentado en numerosas ocasiones el padre de Maripaz. Me fascinaba la idea de poder correrme en su coño y repetir un polvo similar al que acabó por engendrar a mi preciosa amiga. Me dí cuenta que la obsesión por el cuerpo de la madre era incluso mayor que por el de la hija. En mi ensoñamiento seguía acariciando su muslo cuando empezamos a besarnos apasionadamente. La emoción era tan grande que las lágrimas proto empezaron a resbalar por mi cara mientras su lengua jugueteaba con la mía. Acariciaba su culo y estaba frotabando mi polla contra el interior de su muslo derecho cuando, de repente, sentí que su mano me la agarraba con fuerza.
Apenas hubo ella aprisionado mi miembro cuando, pese a tratar de contenerme, no pude evitar llenar su muslo con mi esperma. Sentía que la polla me ardía, y en un acto reflejo abandoné mi regocijo en sus labios y su lengua separándome de ella bruscamente. Además me hervía todo el cuerpo. La vergüenza me estaba ahogando. No había hecho más que empezar a disfrutar del que realmente era el cuerpo con el más ansiaba follar, cuando me había corrido. Deseaba haberme corrido dentro de ella, y en especial, deseaba conseguir hacer gozar a esa cincuentona por la que me volvía loco. Quería haber probado los jugos de su coñito caliente. Quería haberme sentido pleno abrazándola, apretando su cuerpo contra el mío,
mientras la convulsionaban los orgasmos. Esos segundos pensando en la ocasión desperdiciada y el ridículo hecho ante
ella se me hicieron eternos. El tiempo se había parado para que el mundo se recrease en un fiasco tan lamentable.
Me encontraba de rodillas entre las piernas de carmen. Ella seguía recostada en el cabecero de la cama, sus pezones asomando todavía sobre el escote y su falda levantada dejaba ver sus bragas. No tenía valor para mirarla a la cara y tampoco quería encontrarme con la visión de mi polla flácida y goteando semen. Permanecía inmóvil y cabizbajo,
con la mirada perdida en una imagen desenfocada de los pechos de ella.Inesperadamente noté la presión reconfortante de su mano sobre mi hombro, me encontraba tan abstraído en mis pensamientos que no había reparado en su movimiento. Acto seguido colocó su otra mano sobre mi cabeza y delicadamente terminó por situar mi cara frente a su entrepierna.
Fue un acto instintivo. Pegué mis labios y mi nariz a su coño aún tapado por las bragas, entonces respiré tan profundamente como me fue posible, llenándome del olor de su vagina. Nunca antes había olido un coño, me maravillaba aquella sensación y pretendía retener de aquel olor tanto como me fuese posible. Sin dejar en ningún momento de respirar profundamente su divino olor, comencé a realizar todo tipo de movimientos frotando mi cara contra sus labios. Sus bragas estaban ya mojadas y esto me hizo excitarme aún más. Mientras yo frotaba mi mejilla sobre sus labios, me dedicaba a besar y lamer el interior
de sus muslos. Hasta que tras recrearme durante unos instantes, volví a presionar mi nariz contra la mancha húmeda en la tela llenándome del olor de la lujuria y el placer antes de disponiéndome por fin a apartar la lencería y descubrir su coño.

Carmen se había sacado sus tetas por encima del escote. Una vez que yo comencé a lamer succionar con fervor su raja, la madre de mi amiga estrujaba sus pechos y se pellizcaba los pezones. Mi lengua recorría su raja arriba y abajo. Estaba comiéndole el coño a la madre de Maripaz. Aquella señora, bien entrada en años, que tan bien me quería y que me estaba ofreciendo lo que más podía desear. Con ansia había estado chupando los jugos que manaban de su coñito. Me
encontraba en la gloria aparte de por el sexo que estaba disfrutando, por el indescriptible placer que me provocaba contemplar que Carmen disfrutaba también. Quería más. Quería más de sus jugos y quería sentir su cuerpo
convulsionándose. Quería sus orgasmos. Dispuesto a ello me concentré en chupar su clítoris con la misma pasión que antes había estado chupadondo toda su raja. Sus caderas se movían ya rítmicamente, pero no me resultó nada complicado
seguir sus movimientos; de ninguna manera iba a separar mis labios de su caramelito. Acostumbrado entonces a los vaivenes de sus caderas, acerté a introducirle dos dedos en el coño. A la vez que con la lengua le trabajaba el clítoris, mis dedos se follaban a mi mentora.

***

Pese a haber descubierto que mi mayor deseo sexual se centraba en la madre y no en la hija. Maripaz ha seguido siendo mi musa. En el sueño utópico de poder follar con todas aquellas mujeres que yo quisiera, ella no sería de las primeras de la lista. Y sin embargo, nada hay que me apetezca más ver, que su cuerpo desnudo. Ni tampoco ninguna visión me excitaría más que poder contemplarla siendo follada tal como a ella le gusta.

Con la excusa de continuar con las clases, se siguieron sucediendo mis visitas a aquella casa durante aquel caluroso Verano. Carmen era tan agradable que siempre que la tuviese por delante deseaba fundirme con ella en un beso apasionado. Aunque claro, ansiaba besarla, pero sin pasar por alto que ese beso lo acompañaría llevando mi mano a sus bragas y acariciando
su raja. Ella sí era consciente, o al menos disimulaba peor que la hija, de que yo aprovechaba cualquier ocasión para mirar su escote o, si se encontraba sentada, su entrepierna esperando ver sus bragas. Yo era un gay hijo de puta qe pensaba en arameo. A veces, tenía la sensación de que Maripaz sabía esto, y esperaba a que me empezara a calentar con su madre, antes de hacerme pasar a su habitación donde ella hacía alcanzar los límites de mi calentura.

Su interés por aprender era casi nulo, yo tecleaba frente al ordenador y pocas veces se movía ella de la cama. Durante una de esas “falsas” sesiones de estudio, en un momento del obligado discurso sobre cualquier tema de relevancia nula, hizo un alto para buscar un objeto que acababa de mencionar y que se encontraba en un cajón de la mesilla de noche, al lado opuesto de la cama respecto al que me encontraba yo. Maripaz se encontraba como siempre, recostada en la cama. Y para alcanzar la otra mesilla de noche, lo que hizo fue tumbarse boca abajo y estirar brazos y dedos, para llegar al cajón con dificultades, pero moviéndose lo mínimo imprescindible. Su torpe maniobra duró cuatro o cinco segundos. Dada la admiración que siento por su cuerpo, no puedo definirlo de otra manera sino comentando que, desde mi posición, la visión fue grandiosa. Mi silla no estaba muy elevada y por segundos pude ver como sus piernas continuaban por debajo de la falda terminando en sus nalgas redonditas, en su culo descubierto. Varios movientos por su parte acabaron por convencerme de lo evidente: Maripaz huía de la calor prescindiendo de las bragas bajo aquellos vestiditos que eran regalos para la vista. La lógica, a la que siempre trato de acudir y que tan malos resultados, casi siempre, me ha dado, terminó por hacerme creer lo que me negaba a asumir: si no veía más sus braguitas por ningún lado, es porque éstas no existían. Tenía yo 22 años ya, y hasta ese momento no había visto nunca un culo de una chica que no fuese en fotografías o video. No me molesté en disimular, sus piernas habían permanecido pegadas por lo que el coñito no quedó a la vista, pero yo volvía a estar sumido en otro de mis ensoñaciones. Esta vez apretaba los cachetes de su culo con mis manos e introducía mi lengua por el hoyito
de su culo. Me supe consciente de que, ya con el objeto en mano, me lo enseñaba y yo incluso, por mor de movimientos de cabeza cuasi-automáticos, asentía cuando ella continuaba su charla. Pero yo seguía en mi fantasía. Esa visión se había grabado al fuego en mi mente. A partir de entonces podría parpadear y verme besando y lamiendo su culito.

Entre bromas, había convertido en una costumbre insistirle en que me dejase observarla mientras se duchase, cosa que hacía justo después de que yo me fuese y antes de que Jose Luis llegara para llevar a la práctica todo aquello que no era más que lasciva fantasía en mi cabeza. A pesar de que siempre durante ese verano se mostraba ante mí de una forma realmente sugerente – en la penumbra, semitumbada en la cama, con vestiditos que apenas ocultaban una pequeña parte de su cuerpo, su piel sudada y suspies descalzos -, a pesar de regalarme siempre esa visión tan erótica de ella, cada vez que yo le pedía que me permitiese admirar “un poco más”, adoptaba una postura de mojigatería infantil. “Mi novio te mata” terminaba
por decirme; yo le respondía que estaba dispuesto a cargar con tal riesgo o que, al menos, debía convencerlo para montarnos un trío. Pero los calentones que me ofrecía nunca pasaron del erotismo de contemplar su cuerpo de tal
manera sobre la cama, y aquel día, accidentalmente haber descubierto que no había bragas bajo sus vestidos y, de haber visto el culito sobre el que todas las noches rebotaban los cojones de Jose Luis.

“Si tan exigente se considera, y tantas veces ha mencionado que la mayoría de los hombres no son capaces de dejar satisfecha a una mujer, bien podría tomarse en serio lo del trío”. Ése era mi pensamiento cada vez que me archaba de su casa, pensando, durante el trayecto en coche, cómo el agua y la espuma debían estar en ese mismo momento, recorriendo su cuerpo desnudo bajo la ducha. La espuma resbalando lentamente por sus pechos firmes, acumulándose en torno a sus pezones, recorriendo su espina dorsal hasta su culo, el agua confluyendo en su coño y cayendo como si de una lluvia dorada
se tratase… Sólo en el caso del trío era capaz de tener una fantasía donde me veo follando con Maripaz.

“Maripaz, de rodillas en el suelo, me debería desabrochar el pantalón. Su pequeña y delicada manita sacaría mi pene de los calzoncillos y empezaría a mamármela…” …Temeroso, miro a Jose Luis que está con nosotros; pienso cobardemente en
decirle que su novia es la que ha comenzado todo, que no es cosa mía. Anticipándose, me mira y me dice que no pasa nada, que me vamos a follárnosla los dos a la vez, y que quieren enseñarme a follarla como a ella le gusta. Me relajo un poco y observo como Jose Luis se pone de rodillas tras Maripaz, hace que ésta se incorpore sin dejar de agarrar y lamer mi polla y,
levantándole la falda, deja que el culito de mi nueva instructora repose sobre su cara, y comienza a lamerle el coñito.
Yo, por mi parte, compruebo que mi amiga es una verdadera experta comiéndose una polla. A saber cuántos cientos de veces habrá jugado con la polla de Jose Luis metida en su boquita y cuántas otras pollas desconocidas habrán frecuentado esa cavidad. Maripaz disfruta devorando mi polla como la ninfómana que probablemente sea.

Mi pene comienza a estar verdaderamente duro cuando Jose Luis sale de atrás de Maripaz, y con su polla también fuera, se acerca pajeándose a donde yo estoy. Adoro a esa niña que con fervor me come la polla. La novia e instructora, quedándose en cuclillas agarra un pene con cada mano. Alternativamente pajea y chupa los dos miembros, acercándolos cada vez
más a su cara, hasta llegar el momento en que Jose Luis y yo quedamos pegados uno al lado del otro y nuestros dos penes se mueven al mismo tiempo dentro de su boca. Me da un gran morbo la sensación de restregar mi pene con ése que tantas
veces a taladrado la rajita de mi musa. No dejo de pensar que contemplo una de las visiones más maravillosas que para mí puedan existir, a falta tan sólo de verla totalmente desnuda, abierta de piernas, enseñándome su raja. Pienso en ése momento, que si nuestras lenguas o nuestros labios pudiesen estar en contacto todo el tiempo, estaría dispuesto a ayudar a Maripaz a seguir chupando el miembro de Jose Luis. Nos levantamos, y me indican que me acabe de desvestir y me siente en el borde de la cama. Maripaz se deshace de su vestido quedando completamente desnuda. Mi cara dibuja un gesto de asombro y admiracion mayúsculo. Estoy petrificado. Temo quedar así durante, horas, días… Maripaz viene a sentarse sobre mi pene dándome la espalda, pero antes de que lo haga aprovecho para acariciar su coño y con un dedo recorrer su raja húmeda y calentita. Jose Luis se queda de pie junto a ella, quien, otra vez, comienza a mamársela con tanta pasión como había hecho antes.Ella empieza a cabalgarme, a botar sobre mí. La abrazo por la cintura y me pongo a exitarle el clítoris. Beso su espalda. Acaricio su vientre, sus muslos. Sobo sus tetas. Al fín puedo tocar y sentir esa maravilla de la genética. Su cuerpo está caliente y a cada instante más impregnado de sudor. Me concentro en seguir exitando su clítoris más y más. No quiero ser el primero en correrme y estoy seguro de que la fiesta no va a acabar ahí. Los movimientos de su cadera empiezan a ser progresivamente más violentos, intensifica el ritmo y yo acompaño sus sentadas con embestidas. El ritmo
comienza a ser frenético. Su espalda no para de arquearse hacia uno y otro lado y sin embargo no permite que la polla de su novio salga de su boca. Sigo abrazando su cadera para evitar que en uno de los espasmos mi polla escape de su coño, y para que tampoco se me escape su clítoris. Me contagia el salvaje ritmo pélvico de Maripaz, me vuelvo loco machacando
su coñito con mi pene. Jose Luis la agarra por la melena y se folla su boca. Oigo los gemidos ahogados de la musa. No aguanto más. Echo mi cuerpo hacia adelante y me abrazo a Maripaz pegando mi pecho a su espalda. Aprieto con todas mis fuerzas su cuerpo contra el mío. El semen atraviesa mi glande como si fuese lava, de inmediato noto como mis cojones quedan empapados por los flujos vaginales de Maripaz. La violencia y el ritmo de sus espasmos aminoran, y algunos segundos depués, también cesan las acometidas de Jose Luis en su boca. Él retira la polla, Maripaz gira la cabeza hacia mí y me sonríe con la boca llena de semen.

***
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Si un dios dispuesto a atender mis ruegos existiese, en una de mis plegarias me escucharía pedir que desaparecieran todos los tabúes sexuales y sentimientos reprimidos de Maripaz, y que se convirtiera en actriz porno. (Preferiblemente specializada en “gangbangs”)Quisiera encontrármela durante uno de esos paseos por la playa en los que el Sol broncea sus tetas.

Me la imagino comiéndole el coño a su archienemiga Eva. Aborrece el lesbianismo y aún más a la chica que me hizo repudiar las relaciones de pareja. En un video porno donde aparezcan dos chicas realizando un 69, son los rostros de Maripaz y los Eva los que veo chupar y gemir.He tenido suerte porque ella nunca ha tenido reparos en aparecer ante mí vistiendo prendas mínimas. En más de una ocasión me recibió con un pijamita compuesto por un pantaloncillo corto y un top que al mínimo movimiento permitían ver casi todo lo poco que tapaban.Y me considero especialmente afortunado por el hecho de ser fetichista de los pies. Cuando estoy caliente me vuelve loco la visión de unos pies descalzos. Montones de veces sus piececillos desnudos estuvieron junto a mí. Me empalmé de inmediato un día que yendo juntos por la calle, se tuvo que
descalzar una de sus lujosas sandalias de tacón. He soñado que esos piececillos me pajeaban.

“Quien tiene un amigo/a tiene un tesoro”, dicen. Quizá vuelva a escribir otras de mis fantasías con la preciosa Maripaz y con
Carmen, pero por esta vez pienso que ya es suficiente. Espero que os haya entretenido el relato. Si bien para mí esto no es más que una historia un tanto martirizante, pensé que para el resto del mundo podía resultar un relato más o menos nteresante 😉
Espero que haya sido así.

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“…tenía la costumbre de criticar a amigas mías tachándolas de “putas” ansiosas por probar cualquier tipo de polla.”

EPÍLOGO: “E-mail a Cristina” (Una de esas “putas”)

Feliz Cumpleaños Cris,

Me hubiese gustado verte en este día, pero por varias razones no es, ni mucho menos, el mejor momento. No pude quedar contigo y con Cristina aquel día porque, de un día para otro, le cambiaron el turno a mi hermano, que está llevándose el coche para trabajar. Apenas puedo contar con el coche, ya que él libra un día cualquiera a la semana y tiene que ir hasta Dos Hermanas, mientras que yo ahora estudio a 500 metros de mi casa.

[PREPÁRATE A LEER SÓLO SOBRE SEXO]

Aunque previsible por una parte, lamenté la negativa de Cristina a desvirgar aunque sólo fuese mi lengua y consideré insolidaria la decisión. Tras que Eva me dejase “tirado” me hundí de tal forma que me pasaba casi todo el tiempo pensando en la soledad y en mi muerte, me hartaba de llorar pensando en ella, y el pensamiento de mi mortalidad me acercaba a las crisis de ansiedad. Lo pasé tan mal durante tantos meses que fui consciente de que debía centrarme en otros pensamientos.
Y como 22 años de virginidad (por aquel entonces, ya son 24) incitan a que la testosterona se genere con facilidad, empecé a dar de lado a los pensamientos macabros pensando en sexo.

Antes de ir a Inglaterra, recurriendo al videoclub, y una vez en el extranjero empleando Internet, me hice con una, más o menos extensa, colección de porno. El sexo había suplantado a la muerte en mi cabeza pero, el temor a la soledad afecta a ambas cosas. Enrollarme con cualquiera tal vez hubiera empezado a vaciar mi cabeza de tantas ideas raras, o tal vez haber recurrido a las putas. El problema es que no me interesa una tía a la que no conozco y menos aún si la veo toda maquillada y emperifollada. Necesito haber tratado antes bastante y simpatizar con ella para sentirme realmente atraído. Tan es así, que por mucho tiempo me ha obsesionado la idea de que la madre de Maripaz, de unos 50 años, fuese quien me desvirgara y me permitiese tener sexo ocasional con ella. Físicamente sólo me atraen mis amigas o mujeres ya maduras a las que no se las ve diariamente disfrazadas con galas y maquillaje.

Pensé en Cristina porque sabía de sus líos “arriba y abajo” (en Salamanca y con Pepe) y sus ocasionales rollos con algún amigo en cualquiera de los dos lados. Pienso en ella, como una chaval que tiende a la promiscuidad, y por ello pensé que quizá no le importase dejarme hacerle sexo oral como favor a un amigo, y que tal vez, incluso podría conseguir que la práctica le agradase.

El caso es que me habría gustado que mi primera experiencia sexual sea con alguna amiga porque aparte de ser ellas las que me atraen, tienen confianza conmigo y pienso que me harían mis primeras experiencias más amenas y menos tensas. Me hace ilusión la idea poder provocar un orgasmo, hacer disfrutar a una persona a la que tengo cariño, a una amiga, y sin embargo, una desconocida me cohíbe mucho y no me llega a interesar. Eva hizo que perdiese la confianza en las mujeres, y que enunciase a querer una relación de pareja. Ya sólo me interesa el sexo, el romanticismo para quien quiera engañarse. Eso de “cuando encuentres a la persona que quieras…” lo tomo como algo ridículo. Vosotras sois mis amigas y os quiero, pero no voy a convivir con aguien porque paso de hipocresías, de disputas estúpidas y de aguantar insensateces de la pareja por el mero hecho de que “en el fondo le tengo cariño”. Tan sólo “como amigos” estuve quedando con Eva durante casi cuatro meses, averiguando todo lo que me era posible de ella, quería estar seguro de que iba a congeniar con la chavala, de que durante una relación no tendríamos porqué tener problemas. Una vez estuve convencido de que ella me gustaba de verdad, le hice saber que estaba dispuesto a estar con ella (ella era quien había insistido previamente). Aún así, y aunque seguíamos saliendo, ella decía que necesitaba tiempo. Dos semanas más tarde acabó pasando aquello. No fue ese caso aislado, cada vez que conocía una nueva tía (en Inglaterra compartí casa con dos chavalas españolas) acababa desconfiando más y más de las mujeres. Pienso que tanto hombres como mujeres, cuando inician una relación, pecan de hipócritas o simplemente se engañan y yo soy, a lo mejor, demasiado orgulloso como para caer en cualquiera de esas dos cosas a pesar de que en ocasiones el temor a la soledad me oprime. Los amigos casi están en vísperas de matrimonio, ya le veo poco sentido a
buscarlos sólo para alcoholizarse, “perdí” mi número de móvil y en los ratos libres, pensando a veces en lo que pudo ser y no fue con Eva, acabo martirizándome dándole vueltas al, en mi caso, frustrante tema del sexo. Me consuelo, pensando en que una vez que encuentre un trabajo, más o menos estable, quizá me pueda dedicar a buscar un trato agradable y sexo
esporádico en mujeres maduras ¿?

Dada la “curiosa” situación trato también sobreponerme al sexo dado que algún prejuicio de “las amigas”, al que me acostumbro pero que no llego a entender, frena la “amistad” cuando se mete por medio el “sexo”. “Curioso” que aquella amiga que juraba y perjuraba que le gustaba, que quería estar conmigo y que sólo necesitaba algo de tiempo, aprovechase una noche de Reyes en la que había quedado con ella para anunciarme, vía SMS, que, tras cuatro meses quedando conmigo, se lo había pensado mejor y volvía con su “ex”. No te quise decir a tí nada en un principio, pero, en cierto modo, por ir cerrando ciclo, lo evidente: en este sentido, ¿tampoco puedo esperar nada de tí? Prometo intentar traerte mejores noticias (o al menos “más normales”) para tu próximo cumpleaños.

Besos

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hekato69@hotmail.com

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