Que bueno es ser entrenador

Bueno, aquí os mando mi segundo relato erótico, esta vez refleja mi heterosexualidad, por si alguien dudaba tras mi otro relato llamado “Mi amigo gay”.

Tengo unos veinte años y desde hace más de dos, soy entrenador de un club deportivo de mi ciudad. La historia que voy a contaros ocurrió aproximadamente hace un año. El caso es que desde que comencé a entrenar al baloncesto, me dediqué al equipo que ya estaba formado, de niños entre ocho y diez años, otro chico llevaba uno de más mayores, de entre once y trece, y el director del centro llevaba a los que tenían entre catorce y dieciséis. Todos estos equipos eran masculinos, pues siempre había sido muy difícil enganchar a niñas para que jugasen. Yo, después de mi entrenamiento me quedaba a ver a los mayores, pues quería aprender del director sobre como se llevaba un equipo (yo era nuevo). Así pues, tras los meses de invierno, empezaron a ir amigos y amigas de los jugadores entre catorce y dieciséis a verles entrenar, y puesto que no había mucha más gente, empecé a hablar con ellos, y poco a poco fuimos cogiendo confianza. De esta manera, cuando comenzó un nuevo año, logré que esas chicas que iban a verles hicieran un equipo, y como no, yo fui su entrenador. Las chicas tenían entre doce y quince añitos, es decir, justo la edad en que su cuerpo empieza a madurar, ya me entendéis. Normalmente, en el vestuario, ellas se vestían primero y luego yo entraba a decir la alineación y demás consejos.

El caso es que llegó un día en que tras el partido yo me quedé, como de costumbre, un poco más tarde de lo normal en el vestuario para recoger los balones y toda la basura que pudiéramos haber dejado por ahí tirada. Iba con los pantalones de árbitro (pues también soy árbitro y me tocaba pitar un partido después) y para quien no lo sepa, resulta que son bastante ajustados y de una tela muy fina. Así, mientras guardaba todo, encontré un sostén tirado en el suelo y lo guardé para después preguntar de quien era, en ese momento, entró Laura, una chica de mi equipo, rubia y delgada de tan sólo trece años, y me dijo que si había visto su sostén. Le respondí que sí y se lo dí e inmediatamente empezó a ponerselo sin quitarse la camiseta, sin embargo, yo me fijé en sus pechos (lo cual nunca había hecho), y me sorprendió ver que ya estaban bastante desarrollados, así que mi verga se estiró un poco. Laura se dió cuenta de que la miraba pero disimuló. Así, a medias de ponerse el sugetador, se abrió la puerta del baño, era la señora de la limpieza, y ambos nos asustamos de lo que pudiera pensar al verla poniéndose el sostén conmigo, por lo que en lo que entró el cubo y la fregona nos metimos los dos en la ducha para escondernos. Como apenas cabíamos ahí, yo estaba pegado a la pared y Laura delante mía con su culo tocando mi picha, con lo que esta se estíró hasta que Laura pudo sentirla. Para que la señora de la limpieza se fuera, encendimos el grifo, con lo que supo que estaba ocupado el vestuario y se marchó.

Tras esto, comenzamos a jugar con el agua, mojándonos el uno al otro, hasta que ella se acerca a mi, con toda la camiseta empapada de forma que los pezones se la trasparentaban y me dice, “anda, échate un poco de agua fría ahí abajo… que la tienes ardiendo”, esto me dejó quieto, pero acto seguido noté como dirigía su mano a mi polla y tras desabrochar el pantalón la introducía bajo mis calzones, en ese momento comencé a besarla y abrazarla. Continuamos así un tiempo, en el cuál yo empecé a dirigir mis manos hacia sus pechos, por debajo de la camiseta. Me desabrochó la camisa y la retiró, empezando a chupar y besar mi pecho, mis pezones, la barriga… siguió así un rato mientras yo la acariciaba el pelo, finalmente decidió sacar mi pene del calzoncillo y comenzo a acariciarlo con las dos manos mientras lo miraba, como dudando, tras unos segundos, comenzó a pasarle la lengua, despacio, como si estuviera degustando un plato nuevo que no sabe si le va a gustar, después se introdujo la polla en su boca, se la sacó, volvió a metersela, me estaba encantando, llegado un momento me miró como preguntando algo, “ya falta poco”, la respondí, y siguió más rápido, sin parar, hasta que toda mi leche se introdujo en su boca, “está rica”, me dijo.

Tras esto volvimos a besarnos y después la recosté sobre el banco que había y la bajé sus pantalones, el chochete era lindísimo, apenas tenía pelo, y el que había era rubio, empecé a lamerlo, oí sus gemidos, empecé a sobarla el clítorix, la chupaba el coño a la vez que la introducía el dedo, era magnífico, para ella también, sus gritos me lo decían, así subí mi cabeza poco a poco, lamiendo su ombligo, sus pechos, sus pezones, su cuello… en ese momento cogí mi pene y lo dirigía hacia su vagina, entró rápidamente, estaba muy lubricada, sin embargo la dolió, y sangró un poco, pero ninguno nos dimos cuenta, era un momento demasiado bueno como para reparar en ello. La metí repetidas veces el pene mientras nos besábamos, así hasta que los dos nos volvimos a correr. Después de esto, ambos nos metimos a la ducha, juntos, y seguimos acariciándonos y demás. Tras no demasiado tiempo, entró su padre al vestuario y la llamó, ella la dijo que ya salía. “Ya nos veremos otra vez” me guiñó un ojo y se fue.

Aquella fue su primera vez pero volvimos a repetirlo varias veces.

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