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Esclava de Iván

Cuando conocí a Iván nunca llegué a imaginarme ni por un solo instante lo que me depararía. Tenía tan solo 15 años. El rondaba los 20. Éramos buenos amigos, nunca había secretos entre los dos y el poco a poco se iba ganando no solo mi amistad si no también un trocito de mi corazón. Recientemente había empezado a mantener relaciones por voluntad propia a
pesar de que la historia de mi vida esta cargada de sexo. Una noche de borrachera ocurrió lo inevitable. La atracción pudo a la razón y nos acostamos. A partir de ese momento, compartíamos algo más que palabras. A mí me encantaba porque de forma delicada me estaba haciendo probar y conocer todo tipo de sensaciones que no pude imaginar existieran, solo con un beso suyo podía sentir tanto placer hasta volverme loca. Sabía exactamente donde acariciarme, donde lamerme y besarme era como si conociera mi cuerpo de toda la vida. Una tarde me propuso algo que según él era lo que más iba a gustarme.
Sadomasoquismo. “Sé mi esclava y te haré tocar el cielo. Prometo ser suave, no torturarte demasiado, a ti te gusta el dolor he podido descubrir los cortes que te haces, y sentirás esa mezcla exquisita que solo el sexo mezclado con dolor puede conllevar”. Asustada, incapaz de decir nada, tanto por lo que pensé no sabía de mí como por descubrir sus auténticas tendencias. En ese momento solo era capaz de sorprenderme y temblar. Pensé en ello toda la noche al llegar a casa, la idea rondaba mi cabeza, oyendo los gritos de mi abuelo en el piso de abajo, mirando las heridas de mis dedos que yo misma me había provocado para escapar del dolor psicológico acarreado por distintas situaciones de mi vida, y supe en ese instante,
cuando dirigía la cuchilla a mi mano mientras recordaba sus palabras que lo haría. Así que me las arreglé para mentir a mis padres diciendo que dormiría en casa de una amiga y vestida con un bonito vestido de terciopelo, perfumada, maquillada para parecer un poco más atractiva a sus ojos. Esa noche iba a dar un paso crucial en mi vida, aprendería a sacar la belleza completa del dolor que solo a medias había conseguido hasta entonces con mis propios medios. Sentiría ese sumo éxtasis que solo las cosas opuestas al aplicarse juntas pueden provocar. Me recibió con todo preparado, un poco de comida y agua, velas y el resto a oscuras. Sobre la cama reposaba un trozo de tela junto con unas esposas. Sentí una extraña excitación. Sin darme tiempo ni a saludar me atrajo contra su cuerpo esculpido y comenzó a besarme con ternura, en brazos me llevó al cuarto de baño, un baño de agua caliente nos esperaba. Dejé que sus labios pasearan por mi boca, mis mejillas, mi cuello, descendieran hasta perderse lentamente entre mis pechos, besando mis pezones, mordiéndoles suavemente mientras sus manos acariciaban mi trasero, mi espalda y se deshacían lentamente del vestido. Estaba muy excitada quise
despojarle de su ropa pero me detuvo. — Esta noche solo seré yo quien te toque. Eres mi esclava, mi hermosa esclava, solo déjate hacer, te prohíbo tocarme, si haces algo que no deseo que realices te golpearé. Impacto un azote fuerte contra mí, el miedo y el deseo juntos me hacían sentirme confundida. Incapaz de hacer más que obedecer detuve mis manos observando como se quitaba la ropa. Su miembro esta muy erecto, su cuerpo excitado y verle así hizo que perdiera el control, creí desmayarme allí mismo sin poder acercarme, sin poder tocarle. Me mandó acercarme después y meterme en la bañera. Comprendiendo fácilmente que el juego consistía en cumplir obedecí. Entré en el baño el agua caliente me inundó y llenó de paz. Iván entró conmigo, se sentó a mi lado y comenzó de nuevo a caminar con sus manos por mi cuerpo, a besar cada rincón más escondido, el agua no resultaba ningún impedimento para él. Gemidos entrecortados escapaban de mi garganta, mi sexo se humedecía por momentos cada vez más, iba a venirme o eso creía hasta que sentí un punzante dolor en mi abdomen. Miré hacia abajo y lo vi, había clavado una aguja de bastante largura. Quise gritar pero con un morreo apasionado me impidió producir sonido alguno. Mi cuerpo temblaba, deseaba parar, tenía miedo de lo que me haría después y a él verme así solo le instaba a seguir. Apretada contra uno de los fríos laterales del baño por su cuerpo atrapada, no tenía escapatoria y la aguja continuaba su camino dando pequeños pinchazos en distintos lugares de mi cuerpo. Realizando su camino hacia arriba para terminar en mis pezones. Sangraban más de lo que hubiera esperado, dolía de una forma tan sublime que me hacía temer en perder el conocimiento, esa mezcla de ciego dolor sintiendo a la vez su lengua jugando
con la mía, sus labios contra los míos. Me entregaba a sus besos apasionados cargados de fuego mientras mi cuerpo lentamente se acostumbraba a las agujas, dulce tortura, empezaba a gustarme el dolor que sentía, ver la sangre me excitaba, me volvía loca, aún a riesgo de enfadar a mi amo mordí fuertemente su boca quería recompensar la sangre derramada por mí bebiendo de la suya, si quería probar su sangre. Sorprendido pero no molesto siguió con su tarea. El sabor de la sangre me embargaba, era dulce y tentador. Aún con la aguja clavada en uno de mis pezones abrió mis piernas con algo de
violencia y me penetró salvajemente. Mientras lo hacía el agua teñida de rojo salpicaba fuera de la bañera y manchaba el cuarto de baño. Pude contar dos orgasmos y casi un tercero si no llega a ser porque levantándome con fuerza me hizo ir a gatas hasta la cama. Mi cuerpo dolorido hacia que mis pasos fueran lentos, resbalaba con el agua de mi cuerpo y la que estaba en el suelo, mi piel blanca impregnada de un rojo pálido se sentía frágil y vulnerable. Al abandonar un contacto profundo con el agua las pequeñas heridas volvían a dolerme demasiado pero no me importaba, ya nada me importaba. Quería entregarme a él, si quería que me torturara, que me golpeara, quería ser suya en medio de dolor. Sacar más
belleza de esa sensación tan familiar en mi vida. Al llegar a la habitación me detuvo antes de que subiera a la cama se agachó
conmigo en el suelo y me puso a cuatro patas mientras llenaba mis oídos de palabras malsonantes que me pusieron como una auténtica perra. Rozó su polla contra mí penetrándome fuertemente un leve momento dejándome gimiendo y con
ganas de más se levantó. — Ahora putita vas a comerme la polla porque yo te lo ordeno. Y lo hice ya lo creo que lo hice. Era la mamada que más placer me había proporcionado hasta ahora. Pasé mi lengua por toda su polla excitándole aún
más de lo que estaba, lentamente, luego aumentando el ritmo y metiéndola hasta el fondo chupé con lujuria y le masturbé fuertemente con mis labios. El se movía, me estaba follando por la boca, mientras gemía y me insultaba, esta muy cachonda, cuando se corrió yo me vine en un orgasmo conjunto tragué todo su semen sin desperdiciar nada. Me sentía ya agotada pero sabía que aún quedaba más. Me depositó como si fuera un trapo viejo sobre la cama y ató mis manos con las esposas, tapó mis ojos con la venda. Volví a sentirme tan excitada como el principio me sorprendía la facilidad con que mi cuerpo se embargaba por la lujuria y el deseo, por las ansias de que me follara de nuevo. Pude notar que también su polla comenzó a endurecerse lentamente para empezar de cero. Tendida en la cama acolchada, situada en una habitación bellamente decorada y perfumada, sabía que las velas alumbraban la estancia, que la luna llena iluminaba la ventana en toda su intensidad pero no podía verlo porque mis ojos estaban vendados. Oscuridad, no sabía cual sería su siguiente paso, el miedo y la desconfianza se hacían dueñas de mi cuerpo porque a pesar de conocerle ahora era débil, en este instante podría aprovechar para matarme con sus propias manos. Y no me gustaría morir así, sin ser la razón de por que exhalar mi último
suspiro. Mis manos encadenadas dolían ligeramente pero me gustaba esa sensación, si me gustaba demasiado como para pedirle que detuviera esto, que no continuara jugando este juego peligroso. Había sentido sus manos recorriendo mi cuerpo sin prisa, podido comprobar como me dejaba sin ropa y con ternura me llenaba de cariño, como sus besos al principio suaves que luego aumentaban en fuerza, solo así a merced suya, sin poder moverme, tan solo ocupándome de sentir sin más, sin necesidad de entregarle nada a cambio de sus acciones. Esas acciones que tanto placer me habían proporcionado.
Y mi cuerpo deseaba llegar hasta donde él quiere retrasar, aún es pronto, el suplicio de desearlo y no poder hacerlo debe continuar un rato más. Ahora, he oído sus pasos dirigirse a la cocina, abrir el cajón que guarda los cuchillos y tijeras, ese sonido inconfundible tan familiar para mí. Cuando retoma el camino de vuelta y percibo su aliento cerca de mí, un escalofrío recorre mi cuerpo, susurra palabras que no consigo comprender cegada por el deseo y el miedo, suplica que hable, que le diga con mis labios lo que más quiero ahora y yo sumisa, se lo pido, (fóllame, déjame probar un poco más de tu sangre, necesito sentirte dentro de mí una vez más) como recompensa más besos y caricias hasta hacerme sentir desvanecer y
siento no poder aguantar más, pero sabe controlar demasiado bien la situación y la hoja afilada de lo que parece ser un cuchillo pequeño rasga ligeramente mi piel, el dolor se combina con el placer y me hace retroceder, ahora sé que podré aguantar más tiempo, el dolor hará que mi cuerpo retroceda y eso es lo que a él más le gusta que ocurra. La sangre caliente emana de las heridas no mortales, arden ligeramente, el dolor aumenta a medida que el cuchillo sigue su camino, paseando por aquellos rincones que antes la aguja no ha tocado, y llegado el momento este se detiene para ser sustituido de nuevo por sus manos, la combinación perfecta que tanto adoro sentir, espero ansiosa que adelante un poco más y le pido a cambio de mi sangre derramada un poco de la suya, me da de beber en sus labios cortados pero solo un poco, tiene que quedar claro quien manda, de quien dependo hoy, que soy inferior en condiciones, solo una esclava. Y hasta que no lo decida no continuará, pasan minutos que parecen horas con ese delicioso tormento de sangre derramada por mí, por él. Finalmente la venda de mis ojos se desprende puedo verte así tan bello, puedo ver la sangre inundando las sabanas blancas, chorreando ligeramente de mi cuerpo, y de tus labios, tu cuerpo sobre el mío para consumar el dolor con el placer hacen el resto, si me excita que me tortures, una aguja clava nuestras lenguas unidos así, hasta el final, los gemidos entrecortados se oyen en el silencio de la noche.

Comentarios a: Kristel_cristina@latinmail.com

Es una fantasía que tuvimos un ciberamigo y yo por internet, la he adornado un poco para hacer un relato. HAber si os gusta.

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