En la Fragata Sarmiento

Habíamos salido a recorrer Buenos Aires en auto. Simplemente iríamos a tomar un café o un helado, y nada más.
Llegamos a Puerto Madero y la invité a un clásico paseo: La Fragata Sarmiento. Eran como las once de la noche. Sobre la cubierta habría unas treinta personas. Otras tantas habría en el resto del barco.
Unos minutos antes me había mirado sugestivamente mientras chupaba su helado de dulce de leche granizado, pasándole la lengua todo alrededor, dándole forma de cabeza de pija.
Entramos a la fragata y bajamos por la escalera a la primera cubierta. Dimos una vueltas y llegamos a un lugar que parecía un baño. Como tenía mi vejiga llena le dije que iba a descargarla. No sé como, tal vez se imaginó mi mano agarrándome la pija, pero el hecho es que cuando entré al baño ella se metió conmigo. Cerramos con traba. Entendí su intención y me dispuse a cumplir su fantasía.
Ella se puso detrás de mí, posó sus manos sobre mi pecho y comenzó a bajarlas, hasta llegar al cinturón. Me lo desabrochó. A esa altura, mi pito estaba casi completamente erguido, y un juguito pegajoso comenzaba a salir de su punta. Abrió el cierre del pantalón y tomó mi pene con una mano. Estiró la pielcita para atrás y para adelante una vez. Me pidió que descargara la vejiga. Después me llevó tomándome por el mango de la pija hasta un lavatorio. Dedicó un minuto completo a lavármelo con agua y jabón. Después se puso de cuclillas frente mío, tomó mi miembro con una mano, mientras con la otra acariciaba mis huevos. Comenzó a cubrir y sacar la cabeza de mi pene al aire, como masturbándome. Lentamente acercó sus labios y fue metiéndosela toda entera dentro de su boca. Con su lengua empezó a rodear mi pija babeándola y dándole pequeños mordiscos. Después la apuntó para arriba y con su lengua recorrió cada milímetro desde mis huevos hasta la cabeza. Saboreaba el jugo que salía de mi pija. Yo estaba en las estrellas. Se la metió de nuevo en la boca y la chupó con todas sus ganas, como si fuera un trofeo del que nunca querría desprenderse.
Para eso yo me había descalzado, y con los dedos de mi pie acariciaba su vagina. Sentí sus labios calientes y de pronto húmedos, muy húmedos y calientes.
Poco a poco se levantó, sin soltar en ningún momento mi pija de sus manos. Se dio vuelta. Bajé sus pantalones y todo su culito quedó al aire. Ahora era mi turno. Me agaché, abrí sus piernas y, mientras mis manos acariciaban sus nalgas, mi lengua lamía cada milímetro de sus labios rojos, calientes y mojados. Su sabor me volvió loco, y metiendo la lengua en su vagina, con la punta de mi nariz acariciaba su ano, también caliente, y extrañamente mojado. Lo mojé aún más con mi saliva, acariciándolo y abriéndolo con mis pulgares.
Ella me agarró de los brazos y me pidió que me levantara. Sin esperar un instante metí toda mi pija en su vagina y comenzamos a gozarnos internamente.
Afuera, en la cubierta se escuchaban los risas de unos niños y los retos de unos padres. Por una ventanita que había frente nuestro podían verse las piernas de los visitantes. Pero nadie nos veía ni nos escuchaba. Supuestamente. En un momento, mientras nuestros sexos se acariciaban y rozaban mutuamente alguien golpeó la puerta. No contestamos. Intentaron entrar, pero habíamos trabado la puerta.
Eso nos exitó más aún. MI pija se agrandó como nunca y su vagina se humedeció y se calentó a tal punto que me quemaba. De pronto lo inesperado. Inesperado pero que finalmente fue más gozoso. No tenía preservativo y ella me hizo notar que era peligroso seguir así.
Saqué mi pija de su vagina y la posé sobre su anito, que para ese entonces estaba relajado completamente por los masajes que le había dado. Un anillo marrón coronaba otro rojo fuerte. Me esperaba, y no lo iba a dejar con las ganas. Ni me iba a quedar yo con las ganas.
Metí de a poco la punta de mi miembro, que aún cuando estaba gigante para ese entonces entraba con facilidad ya que todo el canal de su cola estaba húmeda. Toda mi pija estaba dentro suyo, cuando agachó su torso. Mis huevos tocaron los labios de su vagina y eso la exitó más aún. Empezamos a alejarnos y a acercarnos cada vez más rápido. Mi pija y su agujerito parecían una sola pieza funcionando a la perfección, como si uno hubiera sido creado para el otro. Compartían color, calor, humedad y movimiento. Comenzamos a dar pequeños gritos de placer, olvidándonos que estábamos en un lugar público. Nuestros sexos ardían de placer, y como avisando que mi miembro estaba por estallar en una fuente de semen, se endureció como una piedra, hinchándose y elongándose tanto que ella comenzó a sentir todo el placer que nos estábamos dando. Enseguida, y motivado por verla morderse la mano para no gritar sentí como una descarga eléctrica pasaba de mi pelvis a la punta de mi pija, y volvía y estremecía todo mi cuerpo, y también el de ella, y un enorme placer salía de mi pija, y llenaba toda su cola con mi semen. Seguimos moviéndonos unos minutos, hasta que cada gota de ese líquido blanco había salido de mi interior y había sido depositado en el suyo.

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