Volviéndome loca

Ustedes podrían decir que soy un poco vieja o que ya es demasiado tarde para aprender a manejar. Resulta que fue así como conocía al hombre mas sexy del mundo e increíble para hacer el amor. Nunca había visto a uno así, y todo esto comenzó el día de mi primera lección de manejo.

Cuando se estacionó frente a mi casa cierta tarde, ese dia jueves yo estaba mas nerviosa de lo que ustedes se pueden imaginar (recuerden aquellos días cuando estaban aprendiendo en la autoescuela). Pero inmediatamente me comenzó a dar confianza en esa primera clase. Tenía una voz increíblemente sexy que hacía juego con su posición de autoridad lo cual lo hizo casi irresistible desde el mismo momento en que dijo:

– Maneje!

Era uno de esos tipos de cabello gris, pero este no era un gris plateado, sino como de jóven. Normalmente no era fácil mirarlo a los ojos hasta que uno podía encontrar su mirada: los mas imaginables, de un azul intenso y me resultó difícil mirarlo directamente ya que sólo encontrarme con su mirada me dejaba sin aliento; era muy buen mozo y bonito.

Al principio estábamos muy tranquilos, bueno, yo muy concentrada en el manejo. Pero después de un rato me puse a conversar con él y pudimos relajarnos con la compañía de uno y otro y la conversación comenzó a fluir mas fácilmente. Me dijo que nunca se había casado y que siempre había sido soltero. Yo también le dije lo mismo. Esto lo hizo sentirse mas relajado con mi compañía. Puedo recordar el momento exacto cuando nuestra conversación pasó a ser mas que todo un coqueteo. Le mencioné que tenía un espejo grande en mi cuarto y él riendo se jugaba conmigo haciendo chistes algo groseros diciendo que le gustaría disfrutar todo lo que yo hacía frente a ese espejo con toda la “acción”. Entonces no pude evitar sentirme tan excitada y deseaba que siguiéramos así pero ya la lección había terminado. No lo niego: cuando llegué a mi casa tuve que irme a masturbar con mi consolador preferido imaginándome su duro huevo dentro de mi.

Así que ocurrió siempre lo mismo, semana tras semana; ambos jugando y echando broma sin compasión, cada vez mas directos en todo lo que hablábamos. El tema sobre el sexo siempre me ha excitado y ya me estaba volviendo loca con estas conversaciones. Por lo que había en el carro demasiada tensión y estábamos llegando al punto máximo. Pero el problema era que no podíamos hacer nada hasta que me hiciera la prueba de manejo final y así no se arriesgaba a perder su empleo. Esto me hizo ponerme extrañamente mas caliente.

Finalmente llegó el día de la prueba. Afortunadamente todo siguió de acuerdo con la instrucción y después que terminé el curso me dirigí al edificio a buscar el resultado del exámen,en donde sabía que me estaba esperando… parado afuera recostado contra la puerta. Esos ojos que penetraban en los míos, cuando le dije que había aprobado. No pude evitar abrazarlo al darle la buena noticia y sentí su respiración en mi cuello, rápida y caliente…nuestros cuerpos estaban muy apretados entre si y nada no separaba excepto la ropa. Por supuesto que sus compañeros de trabajo estaban muy cerca y aquí teníamos que simular mucho. Le susurré “gracias” en el oído y mis labios le dieron un besito en la mejilla a este instructor de manejo. De repente me di cuenta que el huevo se le estaba poniendo duro al sentirlo tan cerca cuando lo besé, por lo tanto, me retiré ligeramente para que no me abrazara tan fuertemente y volvía a mirar dentro de esos ojos azules increíbles.

¿Me llevas a mi casa? – le susurré en el oído. Parecía incapaz de hablar y sus labios se acercaban mas y mas a los míos. Uno de los amigos caminó hacia nosotros e interrumpió el momento: muy agradable, a pesar del poco tiempo que teníamos conociéndonos. Ya no había forma de detenernos, así que nos regresamos al carro y llegamos hasta mi casa guardando mucho silencio en el camino.

Cuando llegamos, le invité a entrar. No fue necesario convencerlo para que lo hiciera. En el momento en que la puerta se cerró tras de nosotros, me recostó contra la pared y finalmente el beso que había esperado por tantos meses estaba a punto de dármelo. Se detuvo tan sólo a milímetros de mis labios y suavemente susurró:

– Siempre he buscado este momento desde que te conocí – y luego, sucedió lo inevitable: el beso.

Sus labios se restregaron contra los míos, suavemente al principio, pero luego el deseo se apoderó de él y su lengua salvaje me separó los labios y se conectó con la mía. De nuevo sentía su huevo parado al rozar contra mi y el cual también me palpitaba en el estómago.

Luego no pudimos estar mas separados y literalmente nos rompimos las ropas entre si, todavía parados en el pasillo. No puse evitar rasgarle la camisa para abrírsela y mostrar su fuertes pectorales. Pasé los dedos a través del cabello de su pecho muy suavemente para luego apretar los pezones con la punta de los dedos. Luego me puse de rodillas y en ese momento se estaba aflojando la correa y los pantalones hasta que cayeron al suelo en donde con mucha habilidad se los quitó con los pies y también los zapatos y con un punta pié los echó a un lado. Yo por fin me le quedé mirando a ese huevo bien duro, con su dureza luchando para que lo soltaran de la tela que formaba sus interiores; eran unos boxers.

Metí la mano debajo de la goma de los interiores y lo toqué por primera vez, tembloroso, palpitante, como algodón cuando lo tocaban, pero bien duro al mismo tiempo, como acero. Ahora había llegado el momento de ocuparme yo misma: le baje la tela del interior hasta los muslos. Era muy bonito, con una diminuta gota de semen que apareció en la sensible punta del pene; levanté la vista para mirarlo y estaba recostado contra la pared con los ojos cerrados y una expresión de total brillo en los ojos.

Muy delicadamente le di un golpecito en la cabeza del huevo con la punta de la lengua; sabía delicioso y me puse a hacerlo yo misma: Me metía todo el huevo, todo el largo y grueso del huevo en la boca hasta que me llegó a la garganta. En este momento se quejó de placer, lo cual me excitó mas, asi que se lo mamé, lamiéndolo suavemente y hasta por la parte de abajo. Con una mano le daba manuela en círculos y con la otra sostenía las bolas pesadas y calientes en la palma. Luego suavemente presioné los dedos en la franja muy sensible que tiene detrás de las bolas para producirle un inmenso placer sensual: sus gritos se volvieron mas fuertes.

En ese momento la cuca la tenía tan mojada y abierta que el clítoris me palpitaba. Me rogó que me detuviera porque iba a acabar y yo no. Entonces me puse de pie y lo miré a la cara: no había dudas; tenía que pedirle que me penetrara. Sus pupilas estaban dilatadas con un brillo y me susurró:

– ¿En dónde queda tu cama? – Sin querer esperar mas lo jalé escaleras arriba hasta mi cuarto.

Caímos juntos en la cama besándonos salvajemente. Ya me había despojado de todas mis ropas pero en este momento trataba de quitarme el brasiere y cuando cayeron al sueltarlos, miró hambrientamente mis tetas. Mis pezones nunca se habían puesto tan duros; los alcanzó con la boca para chuparlos cada uno. Luego suavemente los mordió, lo cual hizo que se pusieran mas duros. Yo sentía como si me pasaran una corriente eléctrica por todo el cuerpo.

Vi cuando colocó un delicado beso sobre mi estomago y luego en medio de mis piernas. Por fin llegó a la cuca, ya estaba completamente llena de jugos pegajosos y me dijo suavemente: – Dios mio, si eres bonita!!

Delicadamente me separó los labios vaginales para respirar el perfume de mi cuca excitada. Luego con la punta de la lengua me acarició el clítoris. Todo el cuerpo se me encoge por el éxtasis y lo que era dolor me parecía agradable. Tenía los dedos enredados en su cabello de un gris sedoso mientras me chupaba el clítoris, metido en su boca. Con mucha destreza le daba golpecitos al clítoris por lo que me latía. Luego introdujo el dedo en el hueco, haciendo que tuviera paroxismos de placer. Movía sus dedos hacia arriba dentro de la cuca; nunca había sentido algo como esto y no pude evitar gritar cuando fluyó el primer orgasmo por todo mi cuerpo.

El se quejaba también ya que le gustaba esta sensación de hacerme acabar y beber mis dulces jugos. Me tomó cierto tiempo dejar de temblar y relajarme sobre las sábanas de la cama después de este orgasmo. Luego se subió desde su posición en medio de mis piernas hasta que se colocó sobre mi cuerpo para mirarme a los ojos. Nos miramos ambos profundamente y luego ocurrió lo que tenía que pasar: Primero, la punta del pene adentro y luego un grito cuando me lo metió todo. Me lo tragué todo cuando se metió por mi húmedo hueco. Sentía cada pulgada de él como temblaba adentro de mi vagina, bien metido adentro, por lo que ya éramos una sola persona. Luego se comenzó a mover, lentamente al principio; apenas se movía. Pero luego cuando aumentó el deseo comenzó a darme duro y mas duro. Levanté las caderas de la cama para soportar mejor sus empujes. Cada vez que me daba hacia adentro, tocaba mi punto “G” y pronto sentía que se me acercaba otro clímax.

Ya no era el caballero de suaves modales, aquel profesor, sino un animal. Me daba duro y mas duro y hasta me golpeaba hasta que ya no pude aguantar mas. Sentí cuando se puso tenso y las bolas que golpeaban contra mi se levantaban, poniéndose duras. Ahora si estaba cerca de acabar y el sudor de su piel caía en gotas sobre mi.

Hasta que por fin: ya sabía lo que vendría. Casi grita de éxtasis y este bello hombre que yo había deseado tanto y por tan largo tiempo perdió el control montado sobre mi, porque el momento nos llegó y le empezó a dar tan duro, arqueando la espalda hasta que la primera oleada de su orgasmo atravesó todo su cuerpo para llamándome por mi nombre a gritos, “¡Darlene, Darlene!”, y luego sentí que se puso tenso cuando el semen caliente se transformó en un chorro dentro de mi; tanto se había acumulado por tanta espera que siguió acabando y saliendo el semen, derramándose fuera de mi cuca por todas partes. Pude olerlo todo cuando la punta del pene estuvo en la entrada, y mi clímax nos abarcó a los dos para luego, como una sola persona quedarlos envueltos en nuestros brazos al caer cansados en la cama…cuando nos recuperamos me miró a la cara con dulzura, me dio un beso suave y me susurró al oído: – Gracias…

Autor: Marcos Urbina

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