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La palabra correcta…

“La palabra correcta vale más que mil imágenes”.

Bueno vengo aquí a compartir una experiencia que compartí con mi novia y que me pareció bastante excitante dado su naturaleza, pues es bien sabido que muchas personas limitan el sexo a la penetración sin explorar todos su recobecos y dejando de lado el disfrute que esto implica.

Hacia unos meses que habia comenzado una relación con Laura (así la llamaremos para fines prácticos), ella a sus 20 años ya había tenido algunos encuentros sexuales antes de conocerme, sin embargo aún nos podíamos considerar inexpertos y juntos fuimos aprendiendo algunas cosas. Gracias a que vivo solo, teniamos oportunidad de practicar el sexo el día que quisieramos y en los lugares que quisieramos en mi departamento. Algunas veces poniamos unas películas porno para ver y a continuación ponerlo en práctica, otras veces no era necesario ni que la pelicula fuera xxx para comenzar a fajar para después pasar a una escandalosa sesión de sexo en la sala, sin preocuparnos porque los vecinos nos escucharan, pues de hecho eso nos excitaba mucho más.

En una ocasión acordamos venir a mi depa a ver una película cualquiera, aunque la verdad ambos sabíamos que ese era el pretexto para vernos y dar rienda suelta a nuestra lujuria. Cuando la recogí en su casa ella me dijo “te tengo una mala noticia: hoy no vamos a poder hacer nada porque estoy en mis dias” a lo que contesté “eso no significa que no podamos hacer nada”… y así continuamos el camino hasta llegar a mi casa. Una vez ahí pusimos la película y nos sentamos abrazados a verla. Ya en el abrazo y los cuerpos juntos no fue necesario mas que un respiro, un beso y un par de palabras para empezar con el intercambio apasionado de caricias y senimientos. Después de unos minutos decidimos parar, mas cuando terminó la película retomamos la diversión. Ellá dudó y me pidió un respiro, me recordó sus palabras al inicio de la tarde “hoy no podemos hacer nada” agregando que se sentía cansada, le propuse ir a descansar al cuarto; así lo hicimos y juntos, acostados nos besamos nuevamente y las caricias volvieron a subir de tono. Ella me pidió parar, a lo que respondí que no habría penetración si no quería (a final de cuentas ella sabía que soy un caballero y puede confiar en mi palabra). Después de un rato de fajar nos detuvimos a platicar de algunos datos duros del sexo… me hizo preguntas del tipo “¿con qué frecuencia te masturbas?” yo respondí que debido a mi calentura me masturbaba cada tercer día y lo hacía recordando momentos exitantes a su lado e imaginando todas las aventuras que podíamos vivir juntos. Debo decir que hasta que me conoció ella nunca habia dado sexo oral, por lo que mi pene fue el primero en recibir una mamada inexperta por parte de sus hermosos labios; a partir de ahí ella se interesó por darme placer por ese medio, y debo confesar que su aprendizaje fue muy rapido y efectivo; me hacía gozar como loco nada mas cuando su lengua se acercaba a mi pene, cuando sentía su aliento caliente en mi abdomen, cuando sus dientes me rozaban en una indescriptible sensación de dolor y placer, cuando succionaba mis huevos y con su dedo estimulaba el espacio entre mi escroto y mi ano.
Pero ese inolvidable día su interés por mi miembro era particular e intrigada preguntó “¿cómo es la forma correcta de masturbarte? Porque yo quiero que tu disfrutes como disfruto yo” ni tardo ni perezoso pregunté: “¿quieres aprender?” a lo que ella respondió con una cara de ansiedad, asombro y calentura un contundente “sí, quiero aprender”. Me desnudé completamente y me recosté a su lado, tomé su mano y la guié hasta mi pene erecto que ya estaba ansiando por sentir sus caricias. Lleve su mano hasta mi pecho e hice que acariciara mi vello y poco a poco fuera bajando hasta mis huevos . Yo veía su cara, veía que disfrutaba tener en su mano mi miembro, ya nuestra calentura era insoportable. Coloqué su mano en mi verga y ella lo apretó debilmente, así que coloqué mi mano sobre la de ella para exigirle que lo hiciera mas fuerte, ella esperaba esa señal y lo hizo sin dudar; poco a poco comencé a guiar su mano en un movimiento de sube y baja; ella tenía miedo de lastimarme, así que le exigí que lo hiciera más fuerte, que no tuviera miedo.

Cuando ella había tomado el ritmo necesario yo le dije “y a partir de aquí es el momento en que los hombres comenzamos a fantasear” y comencé a fantasear. Me acerqué a su oido y le dije “Laura me exitas demasiado, tu cuerpo me encanta y fue hecho para mi y para mis perversiones; desde el día que te conocí tenía ganas de tomarte y traerte a mi casa para cogerte todo el día y toda la noche. Esa tarde llegué a mi casa y me masturbé como nunca, me masturbé pensando en ti.” Ella al oir esto comenzaba a dar pequeños gemiditos de placer al tiempo que aumentaba la intensidad de la tremenda masturbada que me daba. Yo continuaba fantaseando “desde el primer día que viniste a mi casa, cuando todavía eramos amigos queria cogerte y si tu no querías no me hubiera importado… yo te hubiera obligado”. Ella reaccionaba y aumentaba la fuerza de con que jalaba mi verga, señal inequívoca de que iba por buen camino. Continué diciendole “ya en mi cuarto te arrancaba la blusa y el bra, amrraba tus manos a la cabecera de la cama y ya indefensa empezaba a recorrer todo tu cuerpo a besos, te vendaba los ojos, pero nunca taparía tu boca porque tus gemiditos me excitan tanto que no podria privarme del placer oirte disfrutar, jadear y quejarte” En estos momentos yo tenía mi mano sobre su trasero, acariciando esas nalgas que me encantan; pero ella ya excitadísima llevó mi mano hasta sus senos, esas gloriosas tetas de sabor único, esas tetas que podría pasar la noche entera saboreando, mamando y mordiendo. Levanté su playera y su bra. Ahí estaban, todas para mi… pellizqué sus pezones mientras seguía diciendole al oido todo lo que ella quería oir. “Una vez amarrada morderia tus pezones, bajaría lentamente y te arrancaría el pantalón y la tanga… me acomodaría delante de ti, y de un solo golpe te ensartaría mi verga para que la disfrutes” ella solo atinaba a aumentar la intensidad de sus gemidos. “Te compraría un juguetito solo para ti… para que mientras te clavo mi pene en tu vagina el dildo vaya dilatando tu ano; cuando ya estuviera completamente dilatado te voltearía y te penetraría por atrás, sin importarme que te duela, porque estas siendo violada”. Al llegar a este punto ella suelta otro gemidito y me dice “No puede ser… lo conseguiste, y solo hablandome” y sí, su primer orgasmo había llegado, eso le fascinaba, nos fascinaba así que le dije “Laura, eres una zorra” y ella dijo “Soy tu zorra” eso me excito al límite y ella lo sabía así que continuó con su tarea de darme placer manual cada vez más intenso. Yo continué “al final tomaré tu cabeza y te obligaré a que me mames la verga, mientras introduzco el dildo en tu vagina y mis dedos uno a uno en tu ano, ¿lo puedes imaginar? Tú, toda una zorra, penetrada por todos tus orificios, para finalmente correrme en tu cara y tu boca, y obligarte a que tragues todo mi semen”. Ella entre gemidos alcanzó a decirme “Arturo, te amo… quiero que eyacules” yo le pregunté “¿dónde lo quieres mi amor?” ella dijo “donde quieras” yo me coloqué sobre su abdomen y mientras pellizcaba sus pezones la obligué a que continuara con su tarea. Ella ya quería sentir mi leche en su pecho y me lo exigía “¡Ya! Eyacula” yo tomé mi verga y terminé sobre sus tetas; después me recosté a su lado, la limpié cuidadosamente y la besé con un amor infinito, sintiendome como nunca en mi vida… lo disfruté más que cualquier penetración. Y como ella dijo: “sólo hablando”… es por eso que yo creo que “La palabra correcta vale más que mil imágenes”.

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