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La camarera y la playa

Ha llegado el verano y con ello las terrazas y las noches al aire libre con los amigos. Aunque intentamos variar dónde vamos, este año frecuentamos casi cada día un local que por lo general es igual que el resto llamó mi atención desde el primer día por una preciosa mujer de unos veinte años que trabaja allí. Esta preciosa camarera de alrededor del metro setenta y complexión fuerte y elegante posee una larga melena morena y lisa, unos ojazos oscuros y labios gruesos y carnosos que enamorarían a cualquier amante de la belleza femenina. Y si su carita es bonita, su cuerpo es aún mejor, no es excesivamente delgada pero para nada existe una pizca de grasa o gordura en su cuerpo y tanto sus firmes y generosos glúteos como sus grandes y redondos pechos están perfectamente diseñados y colocados, formando un cuerpo diez. Si se han hecho una idea de la belleza de dicha camarera, entenderán que intente convencer a mis amigos para ir a menudo al bar. Ya el primer día
intenté mostrarle la agradable sorpresa que me había causado dedicándole mis más amables palabras y sonrisas siempre que venia con sus lindos aunque rápidos andares entre las mesas y sillas, siempre llenos de gente. Supongo que por educación i porque se la veía muy amable y agradable, ella siempre me devolvía las sonrisas y al dirigirse a nosotros acostumbraba a mirarme fijamente con sus intensos ojos oscuros. Finalmente decidí que no podía estar todo el día pensando en que llegase la noche para verla unos minutos sin poder siquiera tocarla, así que me propuse mostrarle mis sentimientos. Para ello y con el fin de ser lo más discreto posible, a la hora de pagar le dejé una nota en la bandeja de la factura con la siguiente frase: pediría todo el bar para que me lo pudieses servir. Ahora quizás se reirán pero fue lo primero que se me ocurrió y la verdad es que actué sin pensarlo demasiado porque empezaba a estar desesperado por esa mujer. Para que no se extraviase
mi ridícula declaración o aún peor, que llegase a manos de otra persona, pero evitando que alguno de mis amigos se enterase de mis intenciones, aproveché el cruce de nuestras miradas para indicarle que mirase en la bandeja. Supuse que lo había entendido porque sus suculentos labios formaron una amplia sonrisa. Al volver con el cambio sus palabras fueron: os serviría
todo el bar hasta la 1 que es cuando cerramos pero si ya os vais… y me dedicó una última sonrisa. Había sido bastante ambiguo pero deduje que me invitaba a que fuese al cerrar: así que a la 1 me despedí de mis amigos y fui hacia el bar sin estar convencido de que ella estuviese. Y no solamente estaba aun allí sino que ya habían cerrado y ella me esperaba al lado de la puerta, apoyada en la pared. Los dos nos alegramos al ver que el otro había acudido ya que el hablar en clave mantenía la duda de si habíamos conseguido entendernos. Nos presentamos, puesto que hasta ese momento no éramos ni
conocidos prácticamente. Era una chica muy simpática y extravertido, y rápidamente los dos nos sentimos a gusto con el otro. Mientras andábamos nuestras manos se rozaron y aproveché para agarrársela, al mismo instante que ella cruzaba sus dedos con los míos. No recuerdo el recorrido que hicimos ni la hora que era cuando llegamos a una pequeña playa apartada
cuando le susurré si le apetecía un baño, ella, también susurrando como si nos pudiese oír alguien en esa playa desierta, aceptó rodeándome con sus brazos. Aprovechando esta situación me quitó la camiseta mientras me desabrochaba el cinturón, seguidamente le desabroché la camisa. Luego nos quitamos los pantalones cogidos de nuevo de la mano entramos corriendo en el agua, que estaba fresquita por el calor que hacía. Ya cuando el agua nos cubría la cintura las manos de ambos acariciaban el cuerpo del otro. Su morena piel era extremadamente suave, las únicas agradables rugosidades era
su semitransparente lencería. Después de salpicarnos agua entre risas y acariciarnos delicadamente llegó la pasión sus brazos rodeando mi cuerpo y las mías rodeando su cintura mientras probábamos los labios y la lengua del cuerpo mojado que teníamos enfrente. Su dulce saliva contrastaba con la sal del mar y su viva lengua conseguía casi ahogarme en una mar aún más tranquilo que la desierta playa donde, al cabo de unos minutos de restregándonos en el agua, terminamos; ella encima de mí, aun con las olas mojándonos los pies intermitentemente. Enérgicamente terminamos de quitarnos la ropa mojada, y allí estaba con su larga melena chorreando hacia un lado y sus grandes y redondos pechos balanceándose al ritmo de nuestros movimientos. Se apoyaba en mí mientras le acariciaba y estrujaba su firme trasero con ambas manos. Como dos niños jugando rodábamos por la arena como si fuésemos uno solo, pero por vueltas que diésemos ella siempre terminaba
encima de mí besándome con pasión. Cuando nuestras espaldas ya estaban llenas de arena y después de casi ahogarnos un par de veces, se levantó ligeramente para poder acariciar mi pene con suavidad con una mano mientras con la otra masageaba mis testículos, yo aproveché para estrujar con suavidad sus pechos aún mojados. Mi pene ya estaba duro como nunca y entonces se la metí en su jugosa rajita, entrando sin esfuerza, estaba muy caliente y mojadita. Poco a poco empezó a menear su cuerpo mientras mis manos la acariciaban de arriba abajo. Al besarle el cuerpo se notaba la sal del mar pero su caliente piel conseguía que pareciera que fuese la piel más dulce de todas. Sus movimientos ya eran más largos y fuertes, igual que nuestros besos; después se convirtieron en saltitos para terminar como bestias en celo. Intentamos que durase lo máximo posible pero finalmente reventé dejándola toda llena. Estábamos chorreando pero ya no era agua sino sudor, así que con ella aun encima de mí y abrazados nos quedamos allí tumbados hasta que a los pocos minutos los primeros rayos del sol
aparecieron. Nos dimos otro baño desnudos y el agua siguieron los besos y caricias. Luego buscamos nuestra ropa y después de taparnos un poco volvimos a casa como habíamos llegado a la playa; agarrados de la mano y entre risas
y miradas.

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