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El enano…

Una primera vez muy rara.

Hola a todos.
Les cuento como preámbulo que me dicen Tatoo… y no es por tener algunos tatuajes en mi cuerpo, sino porque soy enano.
Tengo 30 años y mi aspecto desde los 14 hasta ahora es de un niño de 10 años.
Mido 1 metro de altura y soy de tez blanca. Ojos color miel, cabello castaño claro, cortito.
Labios normales y piel en mi rostro y cuerpo muy suave.
Mi rostro es lindo y mi ternura se dibuja en mis ojos.
Pero desde pequeño, por mi condición de discapacitado y por mi morbosidad yo he experimentado sexo de forma distinta a los que los demás hombres pudieran realizar…
A los 15 años tuve mamadas con mi perrita cocker y también me masturbaba en lugares públicos, pero ocultos.
Es decir que también he entendido que me gusta el peligro de tener sexo en la vía pública.
Ando en una silla de ruedas electrónica y también con muletitas.
Por eso digo que aunque muchos actualmente me vean como un niño tierno, considero que he experimentado y he aprendido perversiones que muy pocos suelen lograr.
Bueno, voy a ir al tema que quiero contarles… que antes de que sigan leyendo quiero aclarar que es 100 % real y que me costó muchos años poder escribir estas líneas.
Cuanto aún tenía 18 años, era virgen.
Todos me veían en el colegio Normal, como un nene muy lindo que se la pasaba jugando y riendo, pero por dentro yo me consideraba un muchacho que deseaba sexo tanto o más que cualquier hombre…
Mis ojos fueron leídos por una mujer llamada Mariela que se dio cuenta que no quería solamente tener besos y franelas…
Mariela era una profesora de Merceología, amiga de mi mamá y que la tuve en 5º año Comercial.
La conocí cuando comencé la secundaria en 1987 y desde allí, ella fue la primera persona que tuve como amiga.
Cuando había recreos y ella estaba disponible, hablábamos en el aula o en cualquier lado donde nos cruzábamos.
Ella tenía en aquel entonces 25 años.
Yo siempre hablaba con ella no sólo en los recreos, sino cuando venía a mi casa a pasar algunas tardes con mi mamá.
Ella era una muñeca muy hermosa de 1.75 de altura.
Su rostro era de tez blanca, ojos marrones, cabello lacio castaño oscuro, largo hasta los hombros.
Su boca era pequeña, labios delgados, pero siempre recuerdo que estaban brillosos por su propia saliva que salía al hablar y tenía unos dientitos como de conejito.
Pero su cara era redondita y tan perfectamente, que hasta la nariz era la frutilla perfecta de su rostro.
Su cuerpo era normal, pero muy sensual.
Su cintura era muy delgada y se notaba que tenía pechos de 88.
Sus medidas eran aproximadamente de 88-60-90
Siempre se vestía muy sensual pero formal.
Le gustaba los colores claros para vestir y también le gustaba las soleras de color blanca especialmente.
Pero su aspecto de “Valeria Mazza morocha” en 1991 hacía que todos los alumnos y compañeros míos estuvieran suspirando por su presencia.
En los días en donde se terminaba el año de estudios, Mariela se preocupaba por no dejar de verme cuando comenzaban las vacaciones…
Siempre estábamos juntos, tomábamos mates e incluso me contaba una que otras cosas íntimas que yo no entendía porque me lo contaba a mí.
Sus cuentos más favoritos era que, aunque ella era docente, siempre en el tema del amor, le gustaban los hombres más jóvenes que ella, aproximadamente de 17 años porque decía que la inocencia le encantaba a ella.
Pero estas vacaciones en donde pienso abordar el tema, eran las definitivas… se terminaba la secundaria y yo sin poder tener sexo con nadie.
En mis noches, desde que tengo uso de razón, soñaba cosas perversas como, que me aten en la cama y que me hagan sufrir de placer… O poder estar en un lugar bien sofocante y tener sexo con alguien…
Cuando veía películas eróticas en las noches, luego realizaba simulacros en mi cama de las cosas que había visto, y los realizaba con mi almohada.
Mis padres nunca se dieron cuenta, y actualmente no se dan cuenta aun que con mis 30 años soy un hombre que deseo gozar. Seguramente por mi comportamiento con ellos tan normalmente indiferente al tema sexo y relaciones.
También muchas noches mis masturbaciones eran dedicadas a mi amiga Mariela por haber visto de reojo un pecho escaparse por un vestido escotado.
En enero de 1992, yo tenía 18 años y ella contaba con 30 años, cuando terminé la secundaria, un sábado ella me llamó por teléfono y me invitó a su departamento en donde vivía con su mamá en Capital Federal.
Yo vivo en Zona Oeste de Buenos Aires. Y aunque me costó mucho dinero ir en remís (taxi) hasta su casa, valió la pena.
Yo me preparé, pero pensando que ya no iba a haber posibilidades de enamorarla, ya que en mi estilo siempre intenté agradarle y seducirla, pero nunca pasaba más de una charla insinuante por sus experiencias contadas. Que vale aclarar, para ella no eran muy eróticas, pero para mi imaginación si lo eran.
Cuando llegué a su departamento, me percaté que no había nadie, solo ella.
Ella vestía una blusa de color rojo, un jeans cortado en forma de bermudas y unas pantuflas color blancas.
Su cabello tenía unos broches en cada lado de sus orejas y tenía un perfume en su mejilla que cuando la saludé pude percibir que se había bañado hacía pocos minutos.
Se encontraba sola en su departamento y estaba el ambiente bastante oscuro por el calor que hacía…
Era uno de esos días de calor impresionante que me acuerdo que antes de salir vi en la TV que hacía 32 grados de temperatura.
Las persianas estaban a media mitad de abierta y el ventilador de techo funcionando.
Le pregunté donde estaba su mamá y me dijo que tuvo que irse por unas horas.
Estuvimos hablando casi toda la tarde y mientras tanto, yo la miraba con timidez su cuerpo tan provocativo para un adolescente como yo.
Tomamos jugos de naranja preparado por ella, que delante de mí se tomó el atrevimiento de exprimirlas mientras yo la observaba masajeando esas naranjas antes de ponerlas en el exprimidor.
Tenía mucho calor y en ese momento mi temperatura se sumaba a la fiebre que sentía al verla trabajando para mí en la cocina.
Yo quería decirle que me gustaba mucho pero no me animaba.
Ella me dijo que seguramente pronto dejaríamos de vernos, porque como siempre ocurre, luego de terminar la secundaria, muy pocos casos son los amigos que se siguen viendo por muchos años…
Entonces allí reaccioné que si no era ahora, no era nunca…
En verdad no sabía como encararla, pero si sabía como era el final que quería…
En un momento a las 7 de la tarde, le dije:
– “Bueno Mariela, me tengo que ir porque se hará tarde para llegar a casa”.
Ella me dijo.
– “¿No querés quedarte?, porque tengo algo que decirte, pero no sé como decírtelo…”.
Ahora todo comenzó a ponerse en marcha… Ella tenía una pregunta que no sabía como hacerla y yo tenía algo que decirle y no sabía como decirle…
– “Dale, ¿que pasa?”.
– “Bueno, Tatoo, es que hace como 6 años que te conozco y vos fuiste siempre muy divertido. Te conozco en muchos aspectos, pero no te conozco en otros… ¿Entendés?”.
– “Si, yo también te conozco en muchos aspectos”. Le dije.
– “Mirá, yo te cuento mis cosas, porque sos muy especial y porque sentía que querías que te cuente mis cosas. Pero me di cuenta que quiero saber algo de vos y me gustaría que no te enojes por lo que quiero saber”.
– “¡No me enojo! ¿Qué pasa?”.
– “Es que aunque muchas personas me vean tan formal y tan seria, siento que no soy así en mi mente. Soy distinta a muchas personas. ¿Entendés?”.
– “Si, te entiendo. Yo también siento que soy distinto en algunos aspectos”.
– “Bueno. ¿Te lo digo?”.
– “Si, dale”.
– “En verdad” -me dijo. “Tengo mucha curiosidad por saber como sos físicamente”.
Yo estaba temblando desde el momento en que me lo dijo, porque no lo podía creer.
La quedé mirando. Ella estaba sentada en un sofá conmigo de piernas cruzadas y también por lo que vi, me di cuenta que estaba ella muy nerviosa.
Continuó…
“Te considero muy lindo físicamente y también siento que de alma sos muy especial. Me gusta mucho tu inocencia y me gusta mucho tu condición de enano. Tengo sueños con vos”.
– “¿Qué tipo de sueños?” –siguiendo con mi papel de inocente, aunque en verdad me salió de adentro esa pregunta.
– “Me gustaría verte, Tatoo. ¿Podés?”.
– “¿Querés verme desnudo?”.
– “Si”.
Desde ese momento mi vida cambió por completo…
Era la primera vez que me quitaría la ropa frente a una mujer y más aún frente a mi amiga…
Comenzó a subirme un calor que mis axilas empezaron a transpirar y lo primero que se me ocurrió fue sacarme la remera.
Era pleno enero y aunque ya el sol estaba cayendo, el calor era agobiante.
Luego de la remera, ella se acomodó cerca me mí y me acarició…
Tuve chuchos de frío y ella se dio cuenta que era mi primera vez.
– “Sé que no lo vas a poder creer Tatoo, pero me gustaría mucho enseñarte todo lo que sé. No me tengas miedo. Ves, eso es lo que me gustaba experimentar contigo. Esos chuchos que tenés, me gusta mucho”.
Yo tenía miedo de que fuera solo ese momento y luego nunca más, pero en las condiciones en que nos encontrábamos, no quería dejar pasar la oportunidad.
Me quedé quieto e inmóvil, mirándola a los ojos, mientras me arrodillé en el sofá donde estábamos.
Ella me besó y yo no reaccioné.
Me tocaba el pecho y yo no reaccionaba.
Me dijo:
– “¿Querés ser vos mismo? Sé que en tus noches, haces cosas que te gustan. Quiero que hagas lo que sientas. ¡Soy toda para vos Tatoo!”.
Comencé a moverme como en cámara lenta, pero mis movimientos ya eran una insinuación a lo que intentaba decir con mis palabras.
Ella tenía su blusa roja y un bretel de sus hombros se le cayó mientras estiraba sus brazos para tocarme.
Le puse muy brutamente mi mano derecha en su pecho izquierdo y ella me sonrió.
Luego la abracé y la besé y luego pasé a su cuello para darle pequeños besos…
Ella me pidió que valláramos a su cuarto y como no podía caminar con mis muletas, porque me temblaban las patitas de la calentura, me alzó y me llevó a su cuarto, mientras yo le seguía besando su oído.
Cuando me alzó, sintió que mi bulto estaba totalmente duro y se lo refregaba por su cadera. Yo peso 25 kilos, así que soy fácil de alzar.
Cuando llegamos a su cama, ella me acostó como un bebé y se sentó al lado mío.
Me contó que le gustaría que disfrutara y que me relajara, porque ella quería ser la anfitriona y docente.
Me quedé quieto como ella decía, boca arriba y en el centro de la cama.
Me pidió que no intentara tocarme ni que me moviera.
Siempre me imaginé a Mariela en una condición de lujuria y locura, pero la realidad que demostraba en sus movimientos y en su vida en general era de una mujer que jamás se permitiría experimentar sexo duro y perverso.
Lo cierto es que se paró en un costado de la cama y como una mamá con cara de felicidad, comenzó a desabrocharse su pantalón.
Mis manos se movían intentando tocarme la entrepierna, porque ya mi slip me estaba molestando.
Ella me dijo que me portara bien. Que dejara las manos quietas al costado de mi cuerpo.
Lo que hice, fue colocar las manos al costado de mi cintura y agarrar las sábanas fuertemente.
Luego de sacarse el jeans vi que su tanga era roja y estaba muy ajustada en su cola.
Su cintura era pequeña y su piel era tan color costado que se veía a través de los poros como brillaba su piel por el calor que hacía en ese dormitorio.
Había un ventilador de techo en el dormitorio, pero no quiso prenderlo porque en un momento dado comento que le gustaba el calor.
Se volvió hacia mí y sentándose en la cama del lado derecho de mí, me acarició mi bulto, dándose cuenta que estaba ahogado dentro de mi jeans.
Cuando me acarició la verga, cerré los ojos e incliné la cabeza hacia atrás sintiendo la mismísima gloria…
En ese momento en que me tuvo gozando, me dijo.
– “Tatoo, no te preocupes que no será la única vez que estemos juntos”.
Después de oír eso, me transformé en un sumiso increíble.
Luego, ella misma me quitó la remera que llevaba puesta.
Así que ahora me encontraba en jeans y zapatillas.
Levanté mis manos y las coloqué en los barrotes de la cabecera de la cama, tratando de alejar mis manos lo más posible de mi pija, ya que no hacía falta mis manos para gozar.
¡Era mi amiga! ¡MI AMIGA DE AÑOS QUE ME DESEABA!
Me quitó las zapatillas y comenzó a acariciarme hasta los pies.
Me desprendió el pantalón y me lo bajó muy lentamente, viendo en cada movimiento como mi piel cambiaba de estados momentáneos. Entre excitación, fatiga y miedo…
Sus ojos eran de sorpresa quizá cuando vio que aunque era pequeño de altura, mi verga era normal. 14 cm.
Luego de sacarme el pantalón, me acarició el bulto por sobre mi slip azul y con su otra mano se acariciaba su tanga, acelerándose su respiración y la mía.
Desde ese momento, vi en los ojos de mi amiga, una persona que no era la que yo conocía.
Era muy fogosa y perversa.
Me dijo:
– “¿Sabes una cosa? Siempre quise estar con vos, porque me gustan los nenes”.
Cuando terminó luego de varios minutos de tocarse y tocarme.
Se arrodilló en la cama de su lado derecho y me miró a los ojos…
Yo tenía mis manos agarradas de la cabecera de la cama y no sabía que hacer.
Ella se sacó muy lentamente la blusa y me mostró su corpiño rojo.
Hacía mucho calor y me dijo:
– “Tocame, Tatoo. Tocame lo que quieras”.
Bajé mis manos y me arrodillé yo también quedando sus tetas a la altura de mi cara.
Deslicé mis manos por su cadera y mientras subía, acaricié despacio sus pechos duros y erectos.
Llegué hasta sus hombros y le bajé los breteles del sostén.
Me dijo:
– “En el centro de acá adelante tenés el broche. Desabrochalo”.
No me costó mucho desabrocharlo. Y cuando se aflojó saltaron dos hermosos senos, rozados y sin tostar por el sol.
Estaban muy duros y tenía unos timbres muy grandes y pronunciados como sus ojos.
Los olí como un perrito y luego se los tomé con mis manos y los masajeé.
De verdad el calor era insoportable y en un momento vi que su piel emanaba transpiración y la mía era un trapo de piso mojado.
Mis axilas transpiraban tanto que ella cuando me tocaba, se empapaba la mano de sudor.
Allí fue cuando le pedí que encendiera el ventilador y me explicó que no quería porque quería morirse de placer y de transpiración.
Entendí que mi amiga en verdad no era una amiga cualquiera. Me di cuenta que era una perra que tenía muchas fantasías y que las iba a realizar conmigo si entendía todo sus pensamientos ocultos…
Nos estuvimos acariciando y conociéndonos las pieles por más de 30 minutos en donde ella se acostó en la cama y yo la masajeaba como un verdadero experto y profesional arrodilladito al lado de ella.
Ya estábamos, ella con su tanga roja y yo con mi slip azul.
Mi sexo en momentos en donde me encontraba arrodillado, tocaba el colchón y me provocaba tal excitación que era como una sacudida en mi cabeza de espasmos.
Mi verga estaba doblada hacia abajo como siempre la guardo, pero en ese momento, me dolía tanto el palo que era insoportable.
La masajeaba con la yema de mis dedos, tan sutilmente que por momentos ella levantaba sus pechos para sentirme más fuerte.
La besé por todos los rincones y pliegues de su piel y en cada beso ella gemía sabiendo que era besos de amor y de investigación por nunca haber estado con nadie.
Fui arrodillado hasta el medio de sus piernas y ella automáticamente las abrió para que yo me posesionara en ese lugar.
Mi primer impulso fue acercar mi cara y oler que emanaba de ese lugar.
Mi impresión fue que olía a perfume de jabón conocido y que también se apreciaba una temperatura que irradiaba de esa entrepierna que me ahogada…
En la habitación había más de 49 grados aproximadamente. Y los cuerpos ya estaban empapando las sábanas de la cama.
Acerqué mi cara y le besé entre las piernas pero de un lado del muslo.
Luego del otro lado del muslo…
Y ella se levantó y me dijo:
– “Como te gusta hacerme sufrir nene. Seguí dale”.
Coloqué mis manos en sus muslos y comencé a moverlos de arriba abajo porque sus rodillas estaban plegadas hacia arriba y bien abierta para mi.
Sin tocarle la tanga, saltaba con mis manos desde sus piernas hasta su vientre, sin tocar su vagina.
La tanga estaba tan mojada que se veía que no era producto del calor, sino de sus flujos.
Volvía a acercar mi cara y soplaba su zona con tanto entusiasmo que ella se enojó y me dijo.
– “¿Así que querés jugar conmigo? Entonces juguemos”.
Ella se sentó en la cama y me pidió que yo me acueste.
Fue a un cajón de su placard y sacó una media larga que tenía y me dijo:
– “Tatoo, quiero atarte un ratito. ¿Puedo?”.
– “Si dale”.
En ese momento cometí el error de mi vida, porque nunca imaginé lo que iba a ocurrirme.
Ella me llevó las manos a la cabecera de la cama y me ató.
En primer momento me imaginé que estaba un poco fuerte, pero no dije nada.
Luego me dijo:
– “Ahora si sos mío BEBE”.
Una vez que estaba atado boca arriba, ella comenzó a besarme por todo mi cuerpo y me masajeaba de tal manera que mi corazón lo escuchaba en mis oídos.
Llevó su cabeza a mi bulto y me mordisqueó el slip en una parte donde no había piel.
Y cuando lo tenía entre sus dientes, comenzó a sacármelo con su boca tan despacito que yo nunca lo había hecho a esa velocidad.
La punta de mi pija estaba goteando líquido pre-semental y se había pegoteado en el slip.
En todo ese momento yo sentía que mis manos se iban a descolocar de mi cuerpo, porque hice fuerza para zafarme, pero no pude.
Cuando me tuvo el calzoncillo a la altura de los tobillos, se incorporó arrodillada al lado de la cama y me miró a los ojos y me dijo.
– “Mi amor. Estás súper caliente. No te apures, porque tenemos mucho tiempo por delante”.
Yo le pregunté.
– “¿Que hora es?”.
– “Son las 8 PM”.
– “Debería de llamar a casa para decirles que estoy aún acá”.
– “Tenés razón”.
Se levantó de la cama y mientras se fue, volvió para sacarme del todo el slip y llevárselo con ella hasta el comedor.
Cuando volvió con el inalámbrico, llamó a casa y atendió mi mamá.
– “Hola señora, ¿cómo anda? Dice Tatoo que se va a quedar toda la noche en casa porque tenemos que hablar mucho. Mañana se lo devuelvo”.
Cuando escuché eso, le dije.
– “¿Mañana?”.
– “Si. ¡O no querés gozar todo este tiempo!”.
– “Sí, claro”.
Cuando cortó con mi mamá me mostró el slip que tenía en su mano derecha y lo olió como si fuera un perfume.
– “Que lindo olor a testículos”.
Yo no podía creer que ella era así de loca.
Justo cuando mi sexo estaba aflojando de tamaño, se posesionó en una hembra en celo y volvió al ataque para que disfrutara.
Se arrodilló en la cama siempre del lado derecho y me masajeó los huevos.
Mis movimientos en la cama se reducían a mover las caderas hacia arriba y abajo.
En un momento le dije.
– “¿Qué tenés pensado hacerme?”.
– “Quiero que experimentes una erección eterna. Quiero excitarte hasta el sufrimiento. Quiero que me pidas a gritos que termine este juego. Recién para las 6 de la mañana acabaremos el juego”.
Ya desde esas palabras, comencé a preocuparme, porque pensé que es lindo excitarse, pero es lindo terminar en algún momento.
Así que dicho esto. Empezó a masajearme todo, menos mi sexo.
Me estimulaba con besos y con caricias todo mi cuerpo menos mi sexo.
En momentos en donde ella creía que faltaba roces. Me tomaba con sus manos mi pija y me masturbaba lentamente y pausadamente me dejaba sin estimular.
Poco a poco empecé a sentir que su juego hacía efectos, porque comencé a desear profundamente una velocidad en mi pija que ella no se proponía a darme.
Mi cadera la inclinaba hacia un costado intentando tocar la punta de mi pija con su cuerpo, pero ella se daba cuenta y en momentos colocaba su cadera cerca y en momentos se alejaba.
Mis ojos describían que tenía mucha excitación y eso delataba a ella que estaba haciendo su juego efectos inmediatos.
Por momentos me acariciaba el estómago y sin querer queriendo me cacheteaba mi verga para que tocara algo ese pedazo de carne venoso.
Eso me volvía loco… Nunca pensé que iba a sufrir tanto de placer.
La tenía muy dura.
Luego lo hacía más seguido y por momentos cacheteaba mi palo de un lado para el otro con tanta fuerza que a mi no me dolía, solo me excitaba saber que algo rozaba mi pene.
La veía como transpiraba por el calor, sus hombros y espalda brillaban y goteaba transpiración.
Ni hablar de mi cuerpo que también goteaba por mi cuello, pecho y todo iba a parar a las sábanas.
Acercó su rostro a la punta de mi poronga y lo miraba muy de cerca.
Yo bruscamente levanté mi cadera y se la metí en el ojo y eso me hizo sentir tanto placer que comencé a sacar por la puntita líquido a gotas continuas.
En un momento dado, ella no aguantó más y se la metió toda en la boca para limpiar mi punta.
Yo desesperadamente y aprovechando los pocos segundos que tenía me moví de arriba abajo rápido para intentar eyacular y terminar mi calvario. Pero fue inútil porque no logré eyacular.
Ella me dijo:
– “Te estás portando bien hasta ahora Tatoo y no quiero que lo eches a perder. Así que no eyacules aún. Ok”.
Yo me animé a decirle.
– “No puedo más Mariela. Estoy muy caliente, necesito que termines conmigo ahora. Siento que ya no es un juego esto. ¿Qué haces?”.
En ese momento a ella parecía gustarle cada vez más los momentos.
Se paró en la cama y se puso arriba mío con sus piernas al costado de mi cuerpo.
Tenía unas piernas largas y brillantes por la transpiración.
Por momentos sentía que su transpiración allí parada arriba mío caía en mi cuerpo como si fuera una palangana vacía.
Me miró desde su metro setenta y comenzó a menear su cadera.
Mientras se movía llevaba sus manos al costado de la tanga y empezó a bajársela.
Bailaba al mejor estilo Demi Moore, y eso me gustaba mucho a mí, ya que ella sabía que la película Streap Tease me encantó verla.
Tenía su conchita totalmente depilada y sus labios tan mojados que parecía que iba a orinarse encima de mí.
Sus labios eran rozados y pequeños.
Su cola era redondita, como un corazón.
Mientras se bajaba la tanga me dijo:
– “Esto nunca lo esperabas, ¿verdad? Esto es lo que tanto deseas, ¿no?”.
– “No, vasta. Eyacúlame. No soporto más… Tocame”.
– “No nene, no quiero aún. ¿Ves lo que tengo acá? (señalaba su vagina) ¿Querés entrar acá adentro? Pedímelo a gritos”.
– “Mariela, lo que quiera, pero necesito eyacular pronto” –le dije.
– “Yo también quiero que eyacules, pero primero tenés que hacerme gozar mucho”.
– “Lo que quieras”.
Se despojó de su tanga y desde abajo sentí como unas gotas de no sé que cosa, si eran sudor o flujo de su vagina, pero algo de gotas caían en mi pecho.
Luego con su tanga en la mano se caminó unos pasos hacia atrás, siempre con las piernas abierta arriba mío y con su tanga me empezó a pegar suavemente, pero firme en mis huevos y verga.
Mi verga recibía latigazos de su tanga y yo me sentía como en una pequeña pesadilla.
Después de muchos momentos de azotes, volvió a caminar por arriba mío y empezó a arrodillarse justo sobre mi cabeza.
Pero antes de que llegue a mi cara me dijo:
– “Sé que no sabes que hacerme, pero yo te explico. Quiero que pases tu lengua por todos lados y que chupes y tragues todo lo que salga y esté mojado”.
En verdad sonaba un poco asqueroso y no sabía a que sabían esos labios.
Pero cuando bajó y se acercó, le pasé la lengua y no sabía a nada feo.
Parecía a una baba dulce y salada al mismo tiempo.
Empecé a chuparle los labios y pasarle la lengua como me dijo y en momentos ella se abría los labios con sus manitas para que yo metiera todo lo que pudiera mi lengua.
Sus piernas amortiguaban de arriba abajo y comenzó a gemir muy sutilmente, agarrándose de los barrotes de la cabecera de la cama.
Su cadera se movía en círculos y por momento se le aflojaban tanto las piernas que se sentaba en mi cara y me ahogaba, DIRECTAMENTE HABLANDO. Me ahogaba.
En un momento le dije:
– “No te bajes mucho que me ahogo”.
Y mi error fue aún más profundo, porque apenas escuchó esas palabras, se sentó en mi cabeza y luego de 10 segundos se levantaba para verme.
Luego se volvía a sentar y contaba hasta 20 y volvía a levantarse.
No entendía porqué me hacía estas cosas, pero bien en mi interior me gustaba mucho lo que me hacía… y ella telepáticamente lo presentía.
Luego de no sé cuanto tiempo estuve chupándole la concha y jugando a que me ahogaba, PERO ME AHOGABA DE VERDAD. Ella se levantó y fue caminando hacia atrás otra vez arriba mío.
Se volvió a agachar y me dijo:
– “¿Vos querías que te toque la pija no?”.
– “Si, por Dios, te lo ruego, tocame con algo”.
– “¿Te imaginaste alguna vez debutar de esta forma?”.
– “No, nunca”.
– “Mejor, porque va a ser mejor que tu imaginación”.
Se agachó y me miró la pija que estaba palpitando muy fuerte como si tuviera corazón propio.
PERO VALE ACLARAR; que yo como enano, cuando tengo palpitaciones fuertes, mi pija cabecea al compás del latido cardíaco.
Entonces, vio que mi pija latía y me dijo.
– “¿Querés metérmela nene? Ya es hora de que debutes. ¿La querés?”.
– “Si, la quiero”.
– “Mmm no te escucho. ¿La querés?”.
– “¡¡¡¡¡Síiiiiiii la puta madre!!!!!”.
– “Ok. Preparate”.
Empezó a bajar lentamente y cuando llegó a mi pija, ni la agarró con las manos porque estaba mi verga tan dura y caliente que parecía un palo de los barrotes de la cama.
Su vagina estaba tan mojada que no izo falta lubricar nada…
Simplemente se dejó caer… Lentamente y mirándome siempre a los ojos y yo a ella.
Cuando llegó a tocarme la punta se detuvo.
– “Mejor no aún. No quiero ahora”.
– “¿Qué? ¿Cómo que no? ¡DALE MARIELA, NO SEAS TAN HIJA DE PUTA!”.
Se quedó mantenida como una buena atleta a medio caer, y la punta de mi pija tocaba los labios de su concha.
Entonces a mí se me ocurrió algo que no quería comenzar, pero visto las circunstancias no tuve alternativas.
Hice un escuerzo sobrehumano y levanté mi colita todo lo que pude y se la metí toda dentro.
En ese momento ella abrió lo ojos, pero no parecía sorprendida.
Me dijo:
– “Cogeme como puedas. Je”.
¿PUEDEN CREER QUE ASÍ DEBUTE?
Comencé a cogerla con fuerzas. Hacía fuerza con mi cabeza para levantar mi cuerpo todo lo más posible y mis piernas también haciendo fuerzas para mantenerme lo más alto posible. Y ella como si nada me dijo.
– “Estás debutando amor. ¿Te gusta?”.
Yo estaba concentrado en mis movimientos y ella parecía estar volando y suspendida a 14 centímetros de la cama.
En un momento cerré los ojos y seguí disfrutando y ella me sorprendió diciendo.
– “Mmm amorcito. Que lindo que coges. Me encanta”.
Su cuerpo seguía empapado en sudor y sus pechos no se movían porque ella no se movía.
Los senos estaban más duros que antes y cerró los ojos para disfrutar.
Su mano derecha fue a su teta derecha y su mano izquierda fue a su cintura para mantenerse suspendida en el aire.
Luego continuó diciendo.
“Si mi amor. Mmm. ¡Que bueno! Me encanta… pero cuando cuente hasta 3 se acaba la diversión. 1, 2, y 3”.
Se levantó de repente y se volvió a parar, para luego sentarse en la cama al lado mío.
Me miró y yo le dije:
– “¿Qué haces boluda? ¡No me dejes así! Te lo suplico. Te deseo, te necesito”.
– “Ya lo sé Tatoo. Pero siento que no vas a regalarme el tiempo que necesito y por eso lo corto ahora, antes que sea demasiado tarde”.
Y luego continuó.
“Incluso te voy a decir un secreto que no te dije aún. Quiero experimentar que un hombre se mantenga por más de 6 horas erecto y disfrutando de mí. Si lo lográs vos ese tiempo, serás el mejor de todos los hombrecitos que estuvieron conmigo”.
– “¿Más de 6 horas? ¿Estás loca? Ni se te ocurra Mariela. ¡TE ODIO! No, por favor, ¡piedad!”.
– “A ver como quedaste…”.
Luego de esa frase acercó su rostro a mi pija y se lo pasó por su pómulo y mejilla y me dijo:
– “Tu pene está hirviendo y está muy palpitante. Nunca había visto una pija así. Está muy colocara y la piel verdaderamente esta caliente”.
Yo estaba en un momento de angustia y comencé a cargar mis ojos de lágrimas y a llorar muy por dentro de mí.
Ella me dijo:
– “No llores bebé. No es para llorar, sino para gozar este momento”.
Lo único que podía hacer era mover mi cadera para un lado y para el otro intentando rozar mi pija con algo para lograr eyacular, pero no podía porque me tenía muy boca arriba.
En un momento cerré las piernas y me froté con mis muslos los testículos y eso me provocaba placer. Yo pensaba entre mí. Quizá así pueda calmarme.
Ella se dio cuenta que me estimulaba con mis propias piernitas y fue a su armario y sacó otro par de medias para atarme las piernas a los costados de la cama.
Cuando ya me tenía todo inmóvil y sin poder moverme me dijo.
– “¿Seguimos con el tratamiento?”.
Se arrodilló entre mi entrepierna y comenzó a hacer cos sus manos como que me agarraba la pija pero no lo hacía.
Veía sus manos muy cerca de mi pija pero no me tocaba.
Era la tortura más grande que alguna vez experimenté en mi vida… y aunque no me gustaba, no me quedaba otra alternativa.
Igualmente mi sexo demostraba lo contrario.
Mi pija estaba tan dura que hasta sentía que me dolía la punta del glande.
Acercó ella la boca a mi punta y me sopló la pija…
Con solo su soplido. Empecé a gritar de placer tanto que ella se asustó que alguien escuchara… Pero parece que mucho no le importó porque no hizo nada, solo reír y decirme cosas como…
– “Mi bebé… ¿Te gusta?”.
– “Si, ¡pero quiero que acabemos ya!”.
– “Ok”.
Cuando dijo eso, pensé… Listo. Se acabó.
Comenzó a acercar su rostro a mi verga y abrió la boca. Se la metió toda dentro y cuando cerró los labios sentí que llegaba a la luna…
Empezó a chupármela tan despacito que sentís que no importaba la velocidad, sino el contacto.
Me la tomó con sus manos y me masturbó muy despacito, intercambiando sus manos por su boca.
En un momento hizo algo que no me esperaba.
En el acto masturbatorio, ella obvio tiraba la pielcita de mi pija hacia arriba y hacia abajo. Pero en un momento ella hizo…
Tiró la pielcita para arriba y cuando tiró la pielcita hacia abajo para pelármela, la dejó pelada y me la apretó con mucha fuerza…
Me provocó tanta excitación y dolor que grité fuerte.
– “NOOOOOOO”.
En ese momento como un rayo, tomó una almohadita y me la puso en la cabeza como para ahogarme.
Creí que me iba a matar, creí que era el final de mi vida…
Luego sacó la almohada y me dijo:
– “No grites mi amor. Porque sino tendré que taparte la boca y si se me va la mano te puedo ahogar”.
Ese acto de masturbación lo practicó tantas veces que después de un par de veces más me acostumbre al dolor.
Me masturbaba y cuando tiraba la piel para abajo, me dejaba allí pelada y me la apretaba. A veces fuerte y otras tiraba para abajo la piel para pelarla hasta doler.
En verdad debo admitir que en todo momento me excitó tanto esa noche que no puedo decir con certeza que me dolió todo. Solamente fue algo placenteramente doloroso.
Para resumir, ya más de lo que he escrito debo contarles que estuve hasta las 6 de la mañana del otro día sin eyacular…
Ahora cuento que ocurrió en esa hora.
En momentos luego de estimularme, me dejaba atado por 20 minutos mientras ella se masturbaba mirándome como estaba en su cama.
Tenía 2 vibradores que los usaba para cogerse mientras me masturbaba o me miraba.
Cuando veía que yo estaba a punto de venirme, me dejaba en un segundo y seguía pajeándose ella sola.
A veces se sentaba en una silla de costado y me daba la mejor pose porno que jamás había visto en una película.
En un momento de la noche. Ella se volvió a sentar sobre mi pija y se la metió pero sus minutos eran contados con reloj. Porque no quería que yo disfrutara tanto.
Esa noche ninguno de los dos durmió y yo estaba tan transpirado y mojado en la cama que muchas veces ella traía un vaso con agua y un sorbete para darme de tomar agua.
Y luego el agua que sobraba, bien fría me salpicaba la pija y el pecho.
Y ella misma también se pasaba un hielo por sus tetas y por su conchita para apagar su fuego.
Ahora si…
¿Que ocurrió cuando llegó las 6 de la mañana?
Ella estaba tan deseosa que llegara las 6 de la mañana que 1 horas antes me dijo.
– “A las 6 de la mañana eyaculas, te lo prometo”.
Yo miraba el reloj a cada rato y cuando dio las 5 estaba más excitado que cuando comencé a las 9 de la noche.
Ella miraba mi pija que en ningún momento se había bajado la erección y que por mis flujos pre-sementales, estaba mi pija toda chorreada y mojado mis testículos.
Los huevos estaban duros como una piedra y me dolía la piel del escroto.
Cuando se aproximaba las 6 de la mañana, me dejó solo por 10 minutos y se fue al baño.
Cuando volvió faltaban 5 minutos y me dijo.
– “Llegó la hora nene. Tu hora”.
Se subió a la cama y se arrodilló en mi pecho.
Me fregó su vagina por mi pecho y comenzó a gozar sola, mientras con su mano derecha la llevó para atrás y me masturbaba despacito.
Luego se dio vueltas y se colocó en pose 69. Pero como yo soy pequeño, ella me chupaba la pija y yo no llevaba a su concha.
Cuando sintió que estaba mi verga muy lubricada y caliente me dijo:
– “¿Querés acabar? Pedímelo”.
– “Sí, por Dios si. Por favor te lo ruego” –gritaba y comencé a llorar.
En ese momento ella se dio vueltas mirándome, se levantó y acercó sus labios vaginales a la punta del glande.
Me miró firmemente a los ojos y me dijo:
– “No llores bebé, sólo gozá”.
Me secó las lágrimas con sus manos y comenzó a caerse para introducírsela dentro de ella.
Mi verga sintió que su conchita estaba tan caliente que me quemaba.
Mi verga estaba también tan caliente que me dijo.
– “¡Viste que valió la pena llegar hasta acá! Me estás quemando con tu calentura. Estas todo empapado y yo también y eso es lo que quería… Ahora, dame toda tu lechita con fuerzas mi bebé”.
En menos de 2 minutos, ella cabalgaba tan fuerte que parecía que se iba a romper el piso del edificio.
Me cogía con fuerzas y empecé a sentir que me venía un fuego desde mi estómago tan grande que estaba a punto de explotar en mi verga.
Ese fuego venía desde lo más profundo de mí ser y sentía que me iba la vida en esta eyaculación.
Ella como toda experta sentía que mi vena empezó a hincharse como nunca y sintió también que un volcán explotaría dentro de ella.
Me dijo:
– “¡DALE! ¡NO PARES! ¡AHORA!”.
Miré por último sus tetas como rebotaban arriba mío y como su cabello se alborotaba entre sus ojos y frente.
Seguíamos empapados, el brillo de nuestras pieles eran como espejos.
Ella resbalaba en mi cuerpo y yo en el de ella.
Mi corazón comenzó a bombear tan fuerte que pensé que me iba a dar un pre-infarto.
Miré para su concha y vi como mi verga estaba entrando en sus labios y brillaba de nuestros flujos. Y como de su espalda caían gotas de sudor en mis testículos.
Sus tetas seguían rebotando y ella cabalgaba de forma enloquecedora.
Luego cerré los ojos é hice fuerzas con mis muñecas atadas para zafarme, pero fue imposible.
En un grito pequeño dije:
– “Ahí vengo, Mariela, ¡acá vengo, por fin! ¡AMOR!”,
Luego de esas palabras, zaz…
Me vine con tanta fuerza que sentí que mi corazón se detuvo en todo el momento de mis chorros.
Mis chorros eran tantos que no podía parar y sentía que mi cabeza iba a irse por mi pija.
Ella se quedó quieta y por lo que recuerdo, también cerró los ojos y se tomó de los pelos para creer lo que sentía.
En momentos habría los ojos y parecía que estaban dados vueltas y estaban en blanco.
Exploté más de 7 orgasmos consecutivos y sentí que me mareaba.
No quiero mentirles, pero creo que si hubiera eyaculado, como a veces hago en un vaso, hubiera llenado 4 dedos de un vaso de café con espermas.
Largué muchos chorros de semen dentro de su caliente concha y mis orgasmos eran largos, como de 5 segundos, cada uno, con mezcla de orina también al final.
Luego de terminar de eyacular, sentí más mareos y como una sensación de vacío en mi cuerpo.

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