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Nacho, Jordan y yo

Tengo una casa de campo junto a un lago, a la que voy todos los fines de semana, muchas veces solo sin mi familia. El encargado de la casa, que es el jardinero y cuidador, es un muchacho de aproximadamente 25 años, de piel bien morena, cabello negro retinto, un metro setenta de estatura, bien parecido y musculoso como todo hombre que trabaja en el campo.

Yo me levanto muy temprano los sábados, apronto mi pequeño barco velero y salgo a navegar; cerca del medio día, cuando ya la temperatura alcanza normalmente los 30 o 35 grados, retorno, me desnudo al llegar a la terraza y tomo una ducha en la regadera que esta afuera. Este lugar está algo protegido de las miradas, pero no me preocupo mucho porque el lugar no puede ser visto desde la calle o desde el lago. Sin embargo, en varias ocasiones vi a Nancho (así se llama este muchacho), espiándome; lejos de sentirme turbado, me halagaba y me gustaba, tanto que muchas veces, me acariciaba el pito haciéndolo endurecer a su vista, pero haciendo de cuenta que yo no lo veía a él.

Soy casado y con hijos, pero en ocasiones fantaseábamos con mi esposa mientras hacíamos el amor con la idea de que otras personas nos acompañaran, e incluso deseaba llegar a tener alguna vez sexo con un hombre, siempre y cuando este no fuera alguno de mis amigos íntimos y que cumpliera con ciertos requisitos. Me gustan especialmente los hombres de piel oscura.

Nancho tiene un perro pastor alemán llamado “Jordan”, es un hermoso manto negro, siempre limpio, bien cuidado y alimentado. En una ocasión, cuando ya había terminado con mi ducha, estando envuelto en una toalla, Nancho se acerca con el animal hasta donde estaba yo y pregunta si podía duchar al perro ahí, por que el calor era infernal. Le contesto que no había problema, entonces se saca la remera y queda solo con el pantaloncillo corto; su cuerpo brillaba de sudor bajo el sol, lo que inmediatamente me excitó. Dejé aflojar la toalla, de modo que se notara que el pito lo tenía duro, se que Nancho lo notó. Comenzó a bañar al perro, acariciándole el cuerpo como si fuera una persona, llegó hasta los genitales e inmediatamente note como el animal se relajaba. Poco a poco, frente a mi y sin hablar, comenzó a masajearle suavemente los huevos y poco después la vaina del pene, el rojo miembro asomó, con la enorme cabeza palpitando de excitación. Fue un momento lleno de magia, yo estaba estupefacto pero cada vez más caliente a medida que se agrandaba la pija. No tardó en pajear al perro, este gimió de placer y entonces, apunto de reventar con lo que observaba, sin pensarlo más, dejé caer la toalla quedándome desnudo. Nancho seguía en cuclillas pajeándolo, noté al rato, que él también había deslizado el pantaloncillo casi hasta sus rodillas, el culo bien torneado y bronceado estaba a mi vista, y por delante de entre una tupida mata de pelo negro, una pija hermosa de por lo menos 20 centímetros, gruesa, de gran cabeza y tan oscura como toda su piel. Me arrodillé junto a él y lo abracé. Sentí al instante su mano libre sobre mi pito; sin decirnos nada, Nancho comenzó a chupar al perro y a mi alternadamente; sin poder resistir la tentación y sin dudar más, en el momento en que mi empleado levantó la mirada hacia mí, apoyé la cabeza sobre la entrepierna abierta, tome con las manos su pija y me la llevé a la boca, la chupé con un placer inmenso, sentía por primera vez en mi vida el latir de un miembro viril en mi boca mientras acariciaba sus huevos. Nancho tomó mi mano, dirigiéndola hacia el pene de “Jordan”, lo agarré suavemente al principio y con fuerza después. Sentirlo palpitar fue una experiencia deliciosa, seguía chupando la negra verga de Nancho, mientras le acariciaba las nalgas con la otra mano; Nancho gemía de placer y eso fue algo que me enardeció aun más. Acercó de nuevo la boca sobre la pija de “Jordan” y la chupó sin permitirme que retirara la mano, sintiendo su lengua lamer toda la extensión del miembro animal y mi mano. Busqué al momento los huevos del perro acariciándolos, la sensación al tacto se hizo grata. La pija de Nancho aceleraba vigorosamente su vaivén cada vez más dentro de mi boca, y con su miembro a punto de estallar yo sentía que terminaría; en ese momento solo quería su “leche” y esperé por ella; el polvazo fue potente, me llenó la boca, yo se la seguí chupando, no terminaba de acabar, la saque afuera y resto del chorro me embadurnó los labios y la cara, besé con ardor esa pija mágica, y entre susurros le dije: “¡ahora meáme en la cara!”. Nancho lo hizo, el chorro fue limpio, claro y caliente, sentí su gusto salado y me enloquecí de calentura, y ahí, mientras yo terminaba, vi como “Jordan” también lo hacia en la cara de Nancho. El trío que habíamos formado era fenomenal, la lujuria total, y uno de mis deseos se había vuelto realidad, y sin esperarlo, despertó otra pasión más en mi, la zoofilia. Hubo segunda vuelta después de un rato largo en que quedamos acostados bajo la regadera ya cerrada, pero esto ya lo hicimos dentro de la habitación de Nancho y fue algo que nunca voy a olvidar porque sexualmente fue pleno. Pero esta es otra de mis historias y podría relatarla otro día, ya que la pasión con Nancho y “Jordan” va mas allá de esta primera vez. Así también, las historias que vinieron luego, puesto que habíamos sido observados ese medio día por un vecino y su esposa, los que tiempo después me lo confesaron abiertamente, sin pudor y con ganas de probar. Al presente, estos vecinos forman parte de un selecto grupo, al que también ya se acopló mi esposa y una amiga suya, que suelen participar de estas increíbles orgías cuando vamos solos a la casa del lago. Esperando hayan disfrutado de este relato, les agradezco la atención.

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