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El viejo caliente

Hola a todos de nuevo, les quiero dar las gracias como siempre por seguir escribiéndome para saludar o para contarme algo, todos son muy lindos 😉 Para los que me preguntan sobre los relatos les aclaro que todos están basados en cosas reales que sí han sucedido. A mí la neta no me gusta escribir sobre fantasías o cosas falsas porque sólo me excita lo real como a la mayoría de todos los que leemos la página de relatos.

Lo único que hago es cambiar los nombres de las personas cuando me lo piden y a veces también los lugares para que no se sepa quienes son los protagonistas pero todo lo demás es siempre verdadero.

Bueno esta vez les voy a relatar lo que nos platicó a una amiga y a mí nuestro cuate Humberto, el encargado de farmacia de una tienda comercial de nuestra ciudad. El siempre nos hace la plática cuando vamos a comprar alguna cosa saliendo de la escuela y como nos cae bien a veces nos quedamos un ratito a platicar con él. El relato es cortito pero se me hizo lo bastante “cachondón” como para contárselos también. A ver que opinan, esto es lo que nos platicó ayer:

“Como todos los días estaba atendiendo mi departamento aquí en la tienda, yo soy el encargado de farmacia y justo frente al mostrador donde despacho se encuentran un pasillo con dos anaqueles a cada lado en donde se colocan los productos de belleza como tintes para el cabello, shampoo, maquillaje y cosas de esas.

El miércoles pasado se pusieron en oferta todos los productos de belleza del área que ya mencioné, así que durante el día mujeres de todas las edades se la pasaron visitando los anaqueles para aprovechar las ofertas de los artículos que les interesaban. Como varias de ellas eran jóvenes atractivas, en mis ratos libres me acomodaba junto al mostrador para verlas con discreción.

En cierto momento en que la afluencia de mujeres disminuyó, entre unas ocho que aún quedaban se encontraban dos señoras, una de ellas como de 30 años y que era la que me interesaba observar pues tenía un pantalón deportivo muy ajustado que dejaba apreciar unas piernas fuertes y un trasero muy parado y redondo. La otra tendría unos 40 años y era bastante fea y ambas eran acompañadas por una niña de unos 10 años más o menos. La niña era delgadita y su pelo negro estaba peinado con una colita de caballo, además vestía una playera de manga corta color rosa con unos dibujos estampados en el pecho, los cuales no pude distinguir bien, pantalón de mezclilla azul no muy ajustado y zapatos negros. Las mujeres estaban tan ocupadas revisando y comparando las mercaderías que se olvidaron por completo de la chiquilla, misma que se quedó unos pasos detrás de ellas observando lo que sus mayores hacían.

De repente hizo su aparición un tipo como de 45 años, canoso, algo panzón y vestido en forma común y corriente. Al principio no le presté mayor importancia pero al pasar por tercera vez por el mismo lugar me fijé que más que mirar los productos le ponía demasiada atención a la niña, mirándola de arriba abajo cada vez que pasaba detrás de ella..

Cuando acababa de darme cuenta de ello, el tipo pasó nuevamente por detrás de la niña y estirando la mano izquierda le agarró las nalguitas en un movimiento muy rápido y alejándose a igual velocidad mirando hacia otro lado para luego desaparecer por el extremo más lejano del pasillo. La niña dio un paso adelante en forma instintiva al tiempo que volteó a mirarlo sorprendida, luego miró hacia las mujeres que seguían en lo suyo sin prestarle atención. Al parecer nadie se había dado cuenta de lo sucedido y yo no sabía que hacer, la cosa me pareció muy mal por parte del vejete ese así que con la mirada busqué a alguno de los guardias de seguridad de la tienda sin encontrarlos.

Segundos después volvió a aparecer el viejo por el lado del pasillo que estaba más cerca de mí, se metió como si nada y parándose en el extremo del pasillo aparentó revisar algunas cosas del anaquel. La niña lo vio desde donde estaba dirigiéndole una mirada que me pareció una mezcla de incertidumbre y temor por no saber qué hacer, pero curiosamente no se movía de su lugar detrás de las mujeres con las que iba.

Entonces el hombre dejó en su lugar lo que traía en las manos y se encaminó otra vez en dirección de la nena mirando despreocupadamente hacia otra dirección. La niña al verlo venir sólo miró por un instante a las mujeres pero finalmente no dijo nada y solo desvió la mirada hacia el piso. Cuando el hombre llegó detrás de ella, el muy cabrón se detuvo esta vez y le volvió a sobar el culito metiendo su mano entre ambas nalguitas como queriendo alcanzar su panochita. La niña no dijo nada pero cerró los ojos y pude apreciar como su pechito subía y bajaba al ritmo de su respiración agitada. El tipo volvió a tomar su camino hacia el final del pasillo mientras la niña lo seguía con la mirada y al llegar a éste el tipo volteó a mirar a la nena con una cara de verdadero depravado y le cerró el ojo para luego volver a perderse.

Esta vez ya no hice por buscar a los guardias, sólo me quedé tratando de averiguar la reacción de la niña. Cuando el viejo ya no estaba a la vista la niña volvió a mirar a las mujeres, luego miró hacia el suelo otra vez pero con una sonrisilla traviesa y las mejillas coloradas. ¿Acaso le había gustado que ese vejete le metiera mano? ¿Cómo era posible siendo tan chiquita? Mi cerebro trataba de encontrar una explicación a todo eso cuando de repente volvió la cabeza en la dirección en que me encontraba y efectivamente se seguía sonriendo, solo que al percatarse de que yo estaba ahí y que lo había visto todo inmediatamente borro la sonrisa de su carita y se fue a decirle algo a las pinches viejas irresponsables con las que iba.

Justo en eso llegó clientela a mi departamento y con la cara roja por la impresión me tuve que acercar para atenderlas. Al regresar a la caja me encontré con que tanto las mujeres como la niña habían desaparecido.

Les confieso que lo que al principio me pareció muy indignante de parte del viejo ese, luego me empezó a excitar al imaginarme que a esa niña tan chiquita le había gustado que se la manosearan así que en mi descanso me metí al baño de la tienda y me masturbe bien duro recordando el momento en que le metían mano y la carita de traviesa que puso luego de eso. Desde ese día le pongo más atención a las niñas que llegan a la tienda con la esperanza de volver a verla, a lo mejor hasta me animo a hacerle lo mismo que el viejo.”

¿Qué les pareció lo que nos contó mi amigo eh? Súper cachondo ¿no? Eso es para que vean que si hay niñas a las que les gusta que se las manoseen sin importar quien y este relato es la prueba. Ya le dijimos a Humberto que si llega a ver otra vez a la niña nos cuente lo que pase y luego se los contamos a ustedes jijijiji 😉

Sigan escribiéndome y porfi perdonen que no les conteste todo lo que me dicen pero ya saben que tengo muchas cartas que contestar, ok? susyteen@yahoo.com

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