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Adri ya tiene ganas

¿Qué onda a todos? Me han estado escribiendo que querían más relatos ¿no? Pues para que vean este es el tercer relato que mando en el mismo día. Como he estado terminado mi tarea pronto me ha dado tiempo de seguir escribiendo.

Lo que voy a contarles ahorita me lo contó mi amigo Carlos, él es uno de mis mejores amigos de internet y lo conozco desde que empecé a escribir en la página de relatos pero nunca me había querido contar de su vida hasta ahora que lo convencí. Esto es lo que le pasó hace años:

“Tenía 13 años cuando entré a jugar fútbol americano en un equipo llamado “Aguiluchos” y cuando mi vecino y amigo se enteró de que ya formaba parte del equipo le pidió a sus padres permiso para unirse también, estando de acuerdo en dejarlo inscribirse. Él también se llamaba Carlos como yo y además de ser vecinos acudíamos a la misma escuela secundaria sólo que yo en el turno matutino y él en el vespertino. Mi amigo tenía una hermanita 2 años menor que él de nombre Adriana pero todos le llamaban simplemente Adri.

Ella era una niña muy morenita como la gente que vive en la costa (pues su padre provenía de ahí) pero había heredado las facciones un tanto más finas de su mamá, además la caracterizaba un bello abundante pero muy fino y suave que le daba a su piel la apariencia de un durazno. Aunque algunas personas decían que probablemente al tener más edad comenzaría a engordar como su padre en aquél entonces era una chiquilla delgada. Como su hermano y yo eramos los mejores amigos Adri siempre trataba de estar cerca de nosotros y participar de nuestros juegos, cosa que por supuesto nos molestaba mucho aunque a veces no teníamos más remedio que soportar su presencia.

Jamás había visto a Adri con otros ojos que no fueran los de la hermana molesta de mi amigo hasta que cierta noche y cuando yo acababa de cumplir 14 años y ella 12, sin saber cómo ella y yo terminamos solos en mi cuarto jugando luchas sobre mi cama. El cuarto estaba oscuro y sólo se iluminaba tenuemente por la luz de la calle que se filtraba por la ventana. En cierto momento de nuestro brusco juego Adri quedó encima de mí con su colita reposando sobre mi estómago y con ambas manos sosteniendo mis brazos por encima de mi cabeza, posición que dejaba nuestros rostros muy cerca el uno del otro.

En ese instante dejamos de decirnos cosas y en la penumbra nos miramos profundamente a los ojos mientras nuestra respiración agitada se iba haciendo cada vez más lenta. Entonces ella comenzó a acercar sus labios a los míos pero justo antes de tocarlos en un beso escuchamos el grito de mi madre proveniente del piso inferior de la casa:

– Carlos, Adri ¿qué están haciendo?

Ambos brincamos al mismo tiempo por el susto y Adri se bajó de inmediato de mi cama para salir corriendo del cuarto y bajar las escaleras. Yo me quedé todavía en aquella posición por algunos momentos meditando sobre lo que acababa de suceder. Al bajar Adri ya se había ido a su casa.

A partir de ese día comencé a interesarme más en la niña hasta que me di cuenta de que ya le había encontrado cierto atractivo físico, cosa que por supuesto no le comuniqué a nadie ni siquiera a mis hermanos pues de inmediato se habrían burlado de mí ya que todos tenían a Adri como una niña “prieta” y fea. Como casi siempre estaba en su casa con su hermano o éste en la mía, ambos podíamos entrar y salir con cierta libertad de ambas casas sin las molestia de nuestros padres. Resulta que un día sábado los papás de mi amigo se habían ido con Adri a visitar a unos familiares mientras que él y yo nos quedamos en su casa a terminar algunas tareas escolares.

En cierto momento se agotó el material que estábamos empleando para nuestra tarea, así que después de echar suertes con una moneda le tocó a mi amigo ir a la papelería a comprar lo que necesitábamos mientras yo me quedaría a continuar con lo demás. Una vez que se marcho se me vino una idea perversa a la mente y sin pensarlo dos veces dejé lo que estaba haciendo, subí corriendo las escaleras y me introduje en el cuarto de Adri. Busqué en los cajones de su cómoda y encontré uno de ellos lleno de su ropa interior.

Aún ahora, tantos años después, sigo recordando el aroma perfumado y a limpio de aquellas prendas infantiles. Sabiendo que mi amigo no tardaría mucho tomé de entre todos los calzones uno blanco y satinado y lo metí en mi bolsa, coloqué todos los demás en su lugar y volví a ocupar mi lugar en la mesa de trabajo. Esa noche ya encerrado en mi cuarto saqué el calzón de mi bolsa y comencé a olfatearlo con gran deleite. El calzón estaba limpio pero la idea de saber que esa prenda había estado en el cuerpecito de Adri me puso muy caliente, así que me saqué la verga y comencé a masturbarme mientras frotaba el calzón en mi cara. Yo creo que me vine casi de inmediato pero como seguía muy excitado seguí jalándomela hasta que eyaculé nuevamente (con la fuerza de la adolescencia ¿quien no aguanta eso y más?). Luego de eso guardé el calzón en una bolsa limpia de plástico y lo escondí detrás de unos libros de mi librero.

El calzón fue mi juguete sexual durante varios días hasta que en un arranque de calentura me estuve masturbando el pene directamente con la misma prenda. ¡Ah que delicia! La sensación que te produce la tela de satín o la seda de una prenda femenina sobre la verga sólo es superada por una vagina real, así que si aún no has experimentado tal cosa no sabes de lo que te has perdido. Bueno pues como al venirme sobre el calzón este quedó muy manchado, decidí que ya no era conveniente seguirlo conservando por lo que sin que nadie se diera cuenta lo arrojé por la barda del patio trasero hacia la casa de atrás.

Dado que la cosa ya me había gustado, cada vez que tenía chance volvía a meterme al cuarto de Adri para husmear en sus cajones y hacerme unas “manuelitas” con sus calzones, incluso los de su mamá tampoco quedaron exentos de que los probase de aquella manera pero ya no volví a robarme ninguno para que no fueran a darse cuenta. A cambio me gustaba dejar algo de líquido seminal en las prendas de Adri y de la mamá justo en el área donde se acomoda la panochita y volviéndolas a doblar como las había encontrado las dejaba en sus cajones. Esto me excitaba muchísimo pues al verlas después me imaginaba si acaso estarían usando esos calzones justo en esos momentos. Debo confesar que lo de la mamá me producía un gusto especial pues el papá de mi amigo era bastante mamón y me caía muy mal, así que a veces cuando lo veía me era difícil aguantarme la risa al pensar que el pendejo ni se imaginaba que de vez en cuando mi semen acompañaba la panocha de su esposa durante todo el día, jajajaja.

Como decía al principio, ambos estábamos inscritos en el mismo equipo de fútbol americano y como el campo de entrenamiento estaba ubicado en una zona de la ciudad muy distante de nuestras casas, en el día mi amigo y yo nos íbamos en el metro y por la noche su mamá nos recogía en su coche después del entrenamiento. Por supuesto Adri siempre estaba con ella.

Pues luego de todo aquél interés sexual que ya se me había despertado hacia Adi, una de aquellas noches decidí comenzar una avance más directo. Como a mi amigo le gustaba ir sentado adelante del coche al lado de su mamá, Adri y yo siempre ocupábamos la parte posterior lo que me dejaba cerca de ella de manera natural. En esa ocasión y mientras mi amigo platicaba con la señora, yo deslicé mi brazo izquierdo por encima de los hombros de la niña quien lo aceptó de muy buen grado. Así estuve por algunos minutos hasta que comencé a jugar con mis dedos en su orejita, lo que le producía cosquillitas agradables a la nena. Al llegar a casa y viendo que aquello iba por buen camino, resolví irme paso a paso para ir predisponiendo a la niña así que durante una semana le estuve aplicando el mismo tratamiento, mismo que aceptaba de muy buena gana.

Para la semana siguiente decidí dar el siguiente paso así que después de jugarle la orejita por un rato me iba directo a su nuca dándole masaje despacito y acariciándoselo muy suavemente. ¡Había dado en el clavo! La niña cerraba sus ojos y se retorcía despacio gozando de todo aquello. Una semana más de este sistema y a la siguiente mis avances fueron más allá. Ahora y con discreción le acariciaba el cabello, las mejillas y parte de su rostro mientras que ella, sin decir palabra alguna ni voltear siquiera a mirarme, giraba su cabeza hacia el lado izquierdo para facilitarme la maniobra. Incluso trataba de meter mi mano por detrás de su blusa tanto como podía pero no era posible llegar muy lejos y ella al darse cuenta de eso se inclinaba hacia delante y yo le sacaba un poco la blusa de atrás del pantalón y metía mi mano para hurgarle en la cola dentro del pantalón. Lo más que pude acariciarle fue el inicio de la raya de sus nalguitas pero con eso era suficiente para mi.

La semana siguiente fue ya definitivamente la prueba de que ella estaba más que gustosa con todo ello. Casi a medio camino de estarle acariciando como ya expliqué me fui directo a sus labios y a los pocos instantes de estárselos acariciando ella abrió los labios y ¡comenzó a lamerme los dedos! La verga se me puso enorme por esa sensación húmeda que sus labios infantiles le estaban regalando a mis dedos. Queriendo más cada vez acomodé el dedo índice justo en su boca y ella sin más empezó a mamarlo rítmicamente intercalando la succión con unas lamiditas deliciosa.

No pude aguantar más y en ese momento ¡me vine en los jeans! Adri no se detenía y seguía haciendo aquello cada vez más hambrienta pero ahora me estaba agarrando la verga con su manita derecha por encima del pantalón. La estrujaba y acariciaba con muchas ganas lo que me hizo venirme ahí mismo por segunda vez. Poco antes de llegar a casa volvió a tomar su actitud inocente como si nada hubiese pasado y se bajó sin mirarme siquiera. Yo tuve problemas para cubrir mi humedad con el uniforme del equipo pero afortunadamente pude meterme en mi casa sin mayor problema.

El domingo siguiente y al llevarnos la señora al estadio donde jugaríamos esa mañana, Adri me sorprendió porque de inmediato se acostó sobre su costado derecho y puso su cabeza sobre mi muslo, luego con su mano izquierda se abrió un poco la blusa y acomodó la parte superior de manera que su cuello me quedara más a modo para tocárselo. Así lo hice durante un rato pero ella se volteó y tomándome la mano se llevó los dedos a su boquita y comenzó a lamerlos uno por uno para luego mamarlos con gran destreza. Yo no podía creer que ella a su edad fuera capaz de hacer cosas como esas por su propia iniciativa, cosa que aún ahora me cuesta aceptar pero me sigue excitando.

Cuando comencé a sentir el efecto que lo que hacía estaba a punto de producirme en la verga, súbitamente le saqué los dedos de la boca y me hice el loco sin hacerle caso. Imagínense, estaba a punto de entrar en un juego y no podía aparecer con el pantalón mojado de semen. Ella tomó muy mal aquello y enojada se volvió a acomodar en su lugar y no me dirigió la mirada para nada. Luego de la plática que nuestro entrenador nos dio en el campo antes del encuentro, nos pusimos cada quien por su lado a preparar nuestro equipo y algunos compañeros descubrieron a Adri a cierta distancia mirándonos con mucho interés. Como siempre comenzaron a burlarse de mi amigo diciéndole que su hermanita era muy fea. Si ellos imaginaran lo que esa niña era capaz de hacer la habrían visto de manera diferente igual que yo.

Lo que le hice le había molestado más de lo que yo esperaba pues de regreso a casa no volvió a mirarme en lo absoluto y durante 3 días no la vi para nada, yo me estaba muriendo por las ganas de hacerle algo y me arrepentía de haber sido tan torpe, así que debía conformarme con masturbarme para bajarme la calentura.

Al cuarto día y ya oscureciendo la vi jugando en la calle con otras niñas, por lo que sin pensarlo dos veces salí a hablarle. Mis hermanos estaban jugando soccer en el parque con mi amigo y otros vecinos y mi madre estaba en casa entretenida con el televisor viendo sus comedias mientras que mi padre volvería más tarde del trabajo. Me paré en la reja de mi casa y desde ahí le llamé a Adri quien no me quería hacer caso pero luego de insistirle por un rato finalmente se acercó de mala gana:

– ¿Qué quieres? ¿No ves que estoy jugando?

– No te enojes, nada más quiero platicar contigo.

– No quiero.

– Ándale no seas mala, mira pásate para que platiquemos a gusto y luego te vas si quieres ¿si?

Abrí la puerta y luego de pensarlo por un instante les dijo a sus amigas:

– Cuiden mi muñeca, ahorita salgo.

Ya adentro la tomé de la mano y me la llevé al pasillo que comunica al patio frontal de la casa con el patio posterior el cual tiene algo más de un metro de ancho. Como ya estaba oscuro nadie podía vernos desde fuera pero nosotros si nos veíamos por la cercanía entre nosotros. La recargué en la pared y acariciándole las mejillas le dije:

– Adri, ¿porqué estas enojadita conmigo?

– Porque primero me enseñas cosas y luego ya no me las quieres hacer.

– Discúlpame chuiquita, acuérdate que tenía que jugar ese día y ya sabes, a los hombres nos pasan cosas cuando estamos haciendo algo con niñas.

Ella bajó la mirada como entendiendo mis razones, así que la tomé por la barbilla para levantar su rostro y le dije:

– ¿Verdad que me perdonas? Es más, desde ahora podemos hacer todo lo que quieras cuando quieras ¿sale?

Ella no dijo nada pero comencé a sentir que me sobaba la verga sobre el pantalón. Sin esperar más la tomé de la nuca y acercándola a mí le dí un beso en la boca.

– Nunca te habían besado ¿verdad?

– No.

Entonces solita se me fue encima y comenzó a besarme con mucha inexperiencia pero con vehemencia, lamiéndome también los labios y sin dejar de tocarme el pene sobre el pantalón. En ese momento me bajé el cierre y me saqué la verga, ella la tomó en sus manitas y comenzó a acariciarla de atrás hacia delante muy suavemente. Yo ya resoplaba muy agitado mientras le acariciaba sus pechitos por encima del vestido pero de repente se agachó frente a mí y sin decir “agua va” se metío mi pito directamente en la boquita. La sensación de humedad de su boquita era fantástica, de hecho esa era mi primera experiencia de esa clase pues hasta entonces solo había tenido fajes con novias y amigas pero nada tan intenso. Adri lamía mi miembro como lo había hecho con mis dedos los días anteriores subiendo y bajando con su lengüita hasta que, tomándola de los hombros le dije:

– Chúpamela.

Ella obedeció sin chistar y comenzó a succionar como si fuera una paleta de agua la que tenía frente a ella. Inexperta y todo me estaba haciendo gozar de lo lindo así que a los pocos instantes ya le estaba disparando el primer chorro en la garganta. Ella echó la cabeza para atrás pero la detuve por lo hombros así que le descargué el resto también dentro de la boca. Finalmente la dejé sacarse mi instrumento y un grueso hilo de semen se escurrió por sus labios para irse a depositar en su vestido.

– Sabe salado (dijo ella degustando el líquido en su boca), pero me gusta.

– Ya sabes Adri, siempre que la quieras nada más me dices. Pero ya vete porque tus amiguitas van a querer venir a buscarte.

La ayudé a levantarse y a acomodarse el vestido pero la mancha de semen era imposible quitársela así que con ella encima se salió por donde entramos. A partir de entonces me buscaba casi diario con demasiada insistencia, lo que comenzó a llamar la atención de mi madre y considerando que podía meterme en un gran lío opté por alejarme de ella definitivamente sacándole la vuelta cuando por alguna razón llegaba a encontrarme con ella. Luego de un tiempo pareció entender el mensaje pues no volvió a buscarme y si acaso nos encontrábamos se hacía la indiferente.

Los meses pasaron y ella se puso verdaderamente gorda como se había pronosticado, lo que definitivamente mató todo interés de mi parte en ella. Años después se mudaron a otro lugar y no volví a saber de ella.”

Chida la historia de mi amigo ¿no? Como ven a la tragona de la Adri, quien sabe que tanto habrá hecho luego que mi amigo la dejó jijijiji. Bueno ya saben que lo mejor es estar delgadita y muy bonita 😉 Cuídense mucho y hasta la próxima.

Su amiga, Susy. susyteen@yahoo.com

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