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Jimena

Me llamo Jimena, tengo diecinueve años y lo que voy a contar sucedió hace muy pocos días. Ante todo debo describirme a mi misma porque mi apariencia es parte importante de la historia. Mi estatura es mediana, soy delgada y mi cuerpo es, por decirlo de una manera sencilla, espectacular. Mis piernas son largas y bien torneadas y aunque es pequeña el cavado de mis muslos destaca mi vagina, mi culo redondo, parado y duro, mi cintura estrecha y sin un solo rollito y mis tetas son como dos pomelos que asombran por su firmeza. El problema es mi cara, no es que sea fea ni mucho menos pero mis labios son gruesos y algo prominentes y parecen estar chupando algo permanentemente, para peor mi paladar tiene forma ojival por haberme metido el pulgar en la boca cuando era bebé lo que acrecienta mi aspecto de chupa pijas. El conjunto lo completa mi nariz, algo voluminosa, pero al menos mis ojos son grandes y miran siempre como con asombro dándome un cierto aire de inocencia, mi cabello es castaño como los ojos y lo uso en melena por debajo de los hombros. Así descripta debo parecer un monstruo pero extrañamente soy terriblemente atractiva, los hombres me acosan todo el tiempo fascinados por mi boca y mi culo y muchas mujeres me miran con envidia y otras con cierta lujuria, claro que me apoyo en aquellas partes de mi cuerpo que me destacan usando jeans muy ajustados y de tiro corto y remeras escotadas y cortas que desnudan mi cintura para mostrar mi ombligo y el tatuaje en la parte posterior de mi cintura, justo allí donde comienza la raya del culo. Mi éxito es tremendo pero tener esta boca y un culo perfecto tiene sus inconvenientes: groseros piropos siempre referidos a mi supuesta disposición al sexo oral, no sé porque los hombres alucinan imaginando sus pijas en mi boca y se imaginan escribiendo con mi culo increíbles leyendas eróticas. Este problema me persigue desde chica, a los catorce años tuve mi primer novio que deliraba de deseo por mi y me acosaba incesantemente y con el que finalmente debuté sexualmente… por la boca. Por mi vagina una semana después y no fue muy agradable ya que mi novio no tenia ninguna experiencia y me hizo sufrir horrores hasta desvirgarme. Pero después de un tiempo terminé con esta relación porque me lo pasaba chupándole la pija que era lo que más le gustaba a él, creo que en esa época tomé litros de semen. Luego conocí al gran amor de mi vida, Lucio, se me iba la vida en cada beso, me amó y lo amé desesperadamente y a él no me importaba chupársela, es más lo disfrutaba y el me retribuía siempre con largas e intensas chupadas de concha, a la que amorosamente llamaba su “hociquito de conejo”, pero lo que más le gustaba era besarme, decía que mi boca había sido hecha para besar aunque también la llamaba el estuche de terciopelo de su pene, también fue el primer hombre al que le di mi culo, era su obsesión y no se lo podía negar porque lo amaba, pero él además de apreciar mi entrega me hizo disfrutarla y hoy me encanta el sexo anal Pero un mal día una de las cíclicas crisis argentinas llevó a su padre, y con él también a mi amor, a radicarse en España donde consiguió un buen trabajo. Lloramos a mares despidiéndonos y nos juramos amor eterno pero pasaron los meses y el tiempo y la distancia fue enfriando la relación hasta que murió de muerte natural. Ahora, desde hace un año, estoy de novia con un chico un par de años mayor que me ama y valora y al que quiero también mucho, además me dio trabajo en una zapatería de damas que tiene en un Shopping de Buenos Aires y en el que trabajo por la tarde para poder por la mañana ir a la Facultad y al gimnasio, a su vez su hermana trabaja a la mañana para estudiar a la tarde. Se llama Martín y es amoroso conmigo, por supuesto le practico sexo oral siempre porque mi boca, como a todos, también lo vuelve loco. Bueno, creo que la introducción al tema se hizo un poco larga pero era necesaria, ahora si voy a la historia. Hace unos meses comenzó a pasar por la puerta del negocio un señor mayor, muy apuesto él, que me miraba insistentemente, a primera hora y a última de la tarde y a veces pasaba una o dos veces más siempre mirándome. Primero me ponía nerviosa su mirada pero después comenzó a crecer mi curiosidad y yo también lo miraba sin disimulo, es que era muy atractivo a pesar de tener unos cincuenta y cinco años. Un día descubrí que tomaba un ascensor hacia los pisos superiores del Shopping donde había oficinas y me imaginé que trabajaba allí, pero fue la casualidad lo que me puso en contacto con él. Mi madre quería comprar un departamento para invertir un dinero que acababa de recibir y me pidió que le averigüe en alguna inmobiliaria de la zona y, enterada que en una de las oficinas se había instalado una empresa de bienes raíces, decidí subir a preguntar y, sorpresa, era del señor apuesto. Me atendió con suma amabilidad sorprendido y alegre por la coincidencia y me asesoró muy eficazmente, así fue que mamá se interesó por un departamento y me pidió pregunte que gastos demandaría la operación además del precio. Cuando subí a hablarle por segunda vez me sentía extrañamente nerviosa pero el señor Roberto, así se llama, me hizo sentir cómoda inmediatamente e invitándome a sentar me explicó los gastos que demandaría la escrituración y luego permaneció en silencio como si se debatiese en algún dilema interno. Le pregunté cuales eran los gastos de la comisión inmobiliaria y luego de un breve silencio me contestó:
-Mirá, no sé como decirte esto, pero en ciertas ocasiones no me gusta confundir el trabajo con las relaciones personales y…
-Pero, lo interrumpí, no veo cual es la confusión…
-La confusión es mía, es que deseaba invitarte a cenar y ahora de pronto es como si la venta de un departamento se interpusiese en algo que hubiese preferido se diese de otra manera.
Me puse terriblemente colorada y balbuceé:
-Pero yo…, yo…, no imaginé que usted…
-¿Qué no imaginaste, que era sensible a la belleza?
Fue peor, me puse más colorada aún pero había algo en ese hombre que me fascinaba, me hablaba y me sentía hipnotizada y me di cuenta que no iba a negarme a una invitación si se decidía a hacerla, y la hizo.
-Pero, ¿por qué no discutimos esto cenando?
Mi color era rojo subido y tartamudeé al contestar.
-Bu – bu – bueno.
El resto solo fue arreglar el día y la hora, Roberto se sentía de pronto más seguro de si mismo y yo extrañamente excitada pero también confiada en no haberme equivocado al aceptar la invitación, de mi novio ni me acordé. El sábado con la excusa de una reunión familiar me deshice de él y me preparé, devorada por los nervios, para mi particular salida con un hombre de la edad de mi padre. Decidí usar un vestido escotado y de falda corta para resaltar mis mejores virtudes, tacos bien altos y un discreto maquillaje y me peiné de forma sencilla para acentuar mi juventud, comprendí que no debía parecer mayor porque el juego pasaba precisamente por resaltar la diferencia de edades, también, me puse ropa interior de encaje negro, una pequeñísima tanga, un corpiño “Push up” y portaligas, estaba vestida para matar. El señor Roberto me pasó a buscar por casa en un auto decididamente lujoso y vestido elegantísimo, aunque con un cierto toque informal, me sentí halagada por sus pequeños gestos de cortesía como abrirme la puerta del auto, preguntarme si me molestaba el aire acondicionado y otras cosas así. El restaurante italiano que había elegido era pequeño, moderno y decorado exquisitamente, luz muy tenue, mesas separadas para conversaciones íntimas, pinturas modernas en las paredes, manteles rojos en las mesas y una pequeña lámpara en cada una con un pantallita también roja que acrecentaba la intimidad y de fondo una suave música de piano que aumentaba la atmósfera romántica, Roberto retiró mi silla para sentarme y hasta que no lo hice no se sentó él, no estaba acostumbrada a esto, luego elegimos la comida. En tanto inició una conversación simpática y amable que tenia el propósito de hacerme sentir cómoda, lo que logró inmediatamente, era un hombre culto y de refinado buen gusto pero que evitaba caer en la pedantería y se adaptaba gentilmente a la natural ignorancia de mi poca edad llevando la conversación por temas que podían interesarme, en pocos minutos me sentí como si nos conociésemos desde hacía años. Me ayudo a elegir la comida describiéndome algunos platos pero se reservó el derecho de elegir el vino, no estoy acostumbrada a tomar pero la combinación de tan rica comida con ese vino delicioso fue perfecta y comencé a sentirme maravillosamente, el lugar, la comida, el vino, la conversación, Roberto, todo era perfecto y asombrada descubrí que me sentía feliz como hacia años no lo era. La cena se prolongó matizada por la deliciosa simpatía de Roberto que no dejaba decaer mi interés en sus palabras, pero luego del postre y mientras esperábamos el café dijo:
-Bueno Jimena, ahora contame de vos.
Y como la compuerta de un dique que se abre se abrió mi corazón y comencé a contar a ese hombre, hasta hacía pocas horas desconocido, toda mi vida. Hablé y hablé y él escuchaba con atención sin interrumpirme como un analista escucha a su paciente y a medida que hablaba más cómoda me sentía con él. No me guardé nada, a nadie había contado jamás tantas cosas y tan íntimas pero a Roberto se las contaba como si fuese mi mejor amiga, mi psicoanalista o un padre comprensivo. Cuando hice una pausa para tomar aire el lugar ya estaba casi vacío y Roberto pedía el tercer café, entonces dijo:
-Pequeñita, tu destino está en tus manos, si seguís amando a ese chico que se fue a España dejá todo ya y volá a buscarlo.
Me quedé pensativa, Roberto tenía razón, nadie tiene derecho a quejarse si no lucha por si mismo, luego propuso:
-Pero sigamos hablando en un lugar más tranquilo, ¿te gustaría escuchar música de jazz y tomar champagne?
Contesté que si sin dudar, esa noche ese hombre me iba a llevar donde quisiese y si era a su cama iba a ir gustosa.
No fuimos demasiado lejos para llegar a un imponente edificio de la zona de Retiro y descender al estacionamiento subterráneo, luego subimos en ascensor hasta un piso muy alto y al entrar al departamento de Roberto se me cortó la respiración, la vista era increíble y la penumbra de la gran sala permitía ver la luna iluminando el río y a mis pies la ciudad de Buenos Aires como nunca la había visto.
-¿Vivís acá… sólo, Roberto? Pregunté temerosa.
-Si, vivo solo desde hace muchos años, es un departamento muy grande pero no abandonaría nunca esta vista.
Luego prendió una lámpara, trajo champagne y puso una música muy sensual de saxofón y nos sentamos en un amplio sillón a escuchar y beber. Escuchábamos en silencio y cerré los ojos apoyando la cabeza en el respaldo del sillón, entonces me besó. Lo hizo dulcemente con un beso que extrañamente me lleno de calma, me besó como nadie me había besado jamás, apasionadamente pero a la vez con tanta delicadeza que me pareció el primer beso de mi vida. Luego sus brazos me rodearon y nos besamos largamente, me acariciaba el rostro, me quitaba el pelo de la frente y repetía pequeñas palabras llenas de dulzura y cariño, lo acaricié y lo miré a los ojos agradecida diciéndole silenciosamente miles de cosas y cuando sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo lo hacía delicadamente, sin jadeos groseros ni manos temblorosas que apretasen descontroladas. Cuando se paró y me extendió la mano me paré frente a él y me estrechó firme pero delicadamente contra si en el beso más apasionado que había recibido en mi vida, después me tomó en sus brazos y me levantó como a una pluma y me llevó a su dormitorio. La luz de la luna lo iluminaba a través de los amplios ventanales, no hacía falta prender luces y Roberto no lo hizo. Me paró al lado de la cama inmensa y comenzó a desnudarme lentamente sin dejar de besarme, me sentía serena como nunca antes en situaciones iguales y comencé a desabotonar su camisa, su pecho era fuerte y cubierto de vello fino y algo canoso y lo besé. Me quitó el vestido pero antes de sacarme la ropa interior se alejo un poco para mirarme, yo sabía que lo que estaba viendo era mi mejor imagen, mis tetas a punto de salir sobre el corpiño, mis piernas algo entreabiertas le permitían un imagen entrevista de mi vagina empapada y mi tanga dejaba a la vista mi panza chata a fuerza de abdominales, el conjunto era sin dudas seductor. Pero Roberto también tenia cosas que mostrarme, se quitó el pantalón y al quedarse en slip mi corazón casi se detiene, era un hombre generosamente dotado y mi “hociquito de conejo” se crispó ante tal visión. Se tomó su tiempo para desnudarme, primero cayó el corpiño y mis tetas, terriblemente excitadas no se movieron ni un milímetro provocando un murmullo de asombro en Roberto. Las acarició, tocó delicadamente mis pezones arrancándome gemidos y luego sus manos acariciaron mis nalgas redondas antes de soltarme el portaligas y quitarme la tanguita, finalmente cuando me tuvo frente a si totalmente desnuda y se quitó el slip, temblé, era muy grande, pero deseché cualquier temor, esa noche iba a ser de ese hombre costase lo que costase. Me acostó y comenzó a besarme y a besarme y a besarme mientas me acariciaba y me miraba, quería disfrutarme con todos los sentidos y cada vez que lo hacía yo también lo miraba y lo veía semiarrodillado entre mis piernas abiertas y la luna plateaba nuestros cuerpos y veía mis tetas apenas separadas y mis piernas abiertas y el vello de mi pubis brillante por mi flujo y el gran pene colgando. Roberto me hizo sentir en mis pezones cosas que no había sentido nunca y cuando los tuvo enhiestos como dedos apuntando al techo se dedicó a mi ombligo en un delicioso preludio de lo que esperaba ansiosa. Y al fin llegó, mi vagina lo esperaba chorreando y su lengua hizo estragos en ella, Roberto me tenía de la cintura porque mi cuerpo se debatía de un lado a otro arrasada por los orgasmos como si estuviese tratando de escapar, pero es que el placer era tan intenso que no podía evitar sacudirme o cruzar las piernas cuando un nuevo orgasmo me recorría. Pero recién comenzaba todo, cuando mi cuerpo dejó de pertenecerme y ya era de él, un dedo me penetró buscando nuevas puntos erógenos y volví a sacudirme fuera de mi, más y más orgasmos me elevaban a alturas insospechadas en vuelos de vértigo desde los que caía hacia abismos insondables, comencé a sollozar, cualquier cosa ahora era posible y deseable, hasta morir en sus brazos, pero Roberto no deseaba mi muerte y cuando ya era un cuerpo yaciente entre sus brazos me penetró. Mi cuerpo se arqueó hacia atrás y mi boca buscó el aire que me faltaba, entonces estuve segura de morir en ese instante porque de un placer así no se vuelve vivo, es imposible. Pero no imaginaba aún lo que sobrevendría, su boca susurrando palabras dulces en mi oído, sus manos que me acariciaban, el pene inmenso caliente que entraba y salía de mi cuerpo descubriéndome un cuerpo que no reconocía como propio, empecé a perder la cabeza y a dejarme llevar por esa avalancha que crecía y crecía y que de pronto estalló junto con esa convulsión del cuerpo de mi amado y ese chorro tibio que me inundaba, grité, grité como si me muriese pero me besó silenciándome, bebiendo mi saliva y ahogando gemidos propios y ajenos y aferrándome a su espalda clavé mis uñas en sus nalgas fieramente. Nos sacudimos así fundidos durante largo rato, finalmente se retiró lentamente de mi y se volcó a mi lado abrazándome y me aferré a él besándolo y riendo, agradecida, apoyó mi cara en su pecho y me acarició muy suavemente y, como nunca, me sentí querida. Después fue tiempo de palabras y caricias hasta que el deseo se encendió nuevamente, pero esta vez era yo la que quería agradecer lo recibido y mi mano descendió por su pecho hasta el pene húmedo y comencé a masturbarlo suavemente hasta que se irguió entre mis dedos, entonces me deslice hacia abajo y le di lo que Roberto no me había pedido, se la chupé lentamente saboreándolo y mirando su expresión de goce. Pero cuando creí que estaba por eyacular me detuvo y poniéndome sobre su pecho volvió a penetrarme. Me cogió muy despacito, moviéndose lentamente y acariciando mis nalguitas y mi ano hasta que un dedo travieso lo penetró cuidadosamente, gemí de placer y Roberto comenzó a masturbar mi culo mientras me daba placer con su miembro, no me pude contener y me fui demasiado rápido sollozando sobre su pecho, babeándolo con mi saliva, me acarició sin sacarme el dedo del culo que latía al ritmo de mi vagina y quise moverme para provocar su orgasmo, pero me detuvo y retirándome la pija de la vagina la apoyó en el orificio de mi ano. Me puse tensa porque pensé que me iba a doler, su pija es muy grande pero la manipuló de tal manera que el glande entró fácilmente, luego se detuvo para que me acostumbre y yo me relajé de a poco y, cuando se sintió nuevamente seguro de que no me dolía, comenzó a meterla suavemente y a moverse con cuidado. Qué delicia, qué placer, nunca había disfrutado tanto en una relación anal pero es que Roberto es tan maravilloso y dulce y no tiene las urgencias de los jóvenes que no pueden contenerse cuando sienten que están por acabar y actúan con egoísmo procurando su placer ante todo. Cuando mi ano estuvo completamente dilatado y todo era puro placer me tomó por los hombros y me sentó sobre la pija haciendo que me entre totalmente ¡Guauu! ¡Que sensación increíble! Sus manos en mi cintura me llevaban arriba y abajo, arriba y abajo otra vez y mi cabeza empezó a bambolearse al sentir que otra vez el orgasmo me alcanzaba, jamás había gozado tanto por el culo y al abrir la boca jadeando un hilo de saliva cayó sobre su pecho. Grité y Roberto dejó que me desplome sobre su pecho y apretase las piernas para sentirlo más aún, justo en el momento que se sacudía y el semen caliente brotaba de su pene como la lava de un volcán. Nunca sentí antes nada así y me lo comí a besos agradeciendo tanto placer que me estaba dando mientras me acariciaba y se reía al verme y sentirme tan feliz, luego hicimos el amor varias veces más hasta que, ya cuando amanecía, nos quedamos dormidos abrazados. Cuando me desperté la habitación estaba en penumbras, Roberto había corrido las cortinas para que la luz no me molestase; fui al baño y luego, llevada por el exquisito aroma de café que llegaba de alguna parte y cubierta con una bata que encontré, busqué a Roberto. Estaba en la cocina preparando un suculento desayuno y le pregunté la hora: ¡Las once de la mañana!, me agarró un ataque de pánico, me imaginaba a mis padres buscándome por las comisarías pero se rió y me dijo que no me iba a ir sin desayunar y que me llevaba a casa y si era necesario hablaría con mis padres a lo que me negué rotundamente. Pero luego de desayunar y una ducha compartida que terminó mal me llevó a casa, al despedirnos me hizo prometerle que llamaría a España, que haría el intento de recuperar a mi amor. La cara de mis padres al verme llegar vestida de noche con la boca hinchada de tanto besar y unas ojeras terribles era aterrorizante, pensé que me echaban en el acto pero mamá, siempre las madres, preguntó si almorzaría con ellos pero le contesté que no tenía hambre y que quería dormir, me siguió al dormitorio donde casi llorando me preguntó donde había estado y que mi novio me había llamado más de diez veces, la última hacía menos de una hora y que estaba furioso, le contesté que había pasado la noche con el hombre más maravilloso que había conocido en la vida y que no me arrepentía de nada de lo sucedido y me dormí feliz hasta las ocho de la noche y al despertarme llamé a Madrid.
El lunes por la tarde fui a devolver las llaves del negocio y a despedirme de mi ex novio, ya había otra chica trabajando. No preguntó nada, sólo tomo las llaves y con caballerosidad me pagó un mes de sueldo completo y me deseó suerte. Enseguida subí a la oficina de Roberto a contarle. Me recibió con alegría y me preguntó si había hablado a España, le contesté que si y que Lucio se había alegrado muchísimo y que no tenía novia y que trabajaba y estudiaba y que cuando yo le dije que quería irme con él, gritó de entusiasmo y me dijo que me mandaba el pasaje en cuanto cobrase su sueldo y nos reímos y nos juramos amarnos y le dije que era la mujer más feliz del mundo, y todo gracias a vos Roberto. Sonrió con una mirada que se me hizo triste y sacando un sobre del cajón del escritorio me lo extendió diciendo:
-No tenés que esperar, aquí hay un pasaje a Madrid y diez mil euros para que los ayuden al principio, esta noche hay un vuelo a eso de las once, llamá para confirmar el pasaje y andate rápido a tu casa a preparar las valijas.
-Pero Roberto, yo no…
-Callate y andá rápido para tu casa que ahora te toca la parte más difícil, hablar con tus padres.
-Pero, por qué hacés esto…
-Porque te amo Pequeñita pero nos separan cuarenta y tres años y vos te merecés algo mejor que yo, andate por favor que no me gustaría que me vieses llorar.
Estaba congelada, Roberto tenía sesenta y dos años, es decir que era mayor que mi papá.
-Roberto, yo también te amo…
-Te pedí que te calles, por favor Jimena.
-Está bien, pero dame un beso por favor, quiero besarte por última vez.
Nos besamos largamente con el beso más inolvidable de mi vida y cuando nos despedimos a mis ojos los arrasaban las lágrimas.
Bueno, me tengo que ir, ya llegó el remise que me lleva al Aeropuerto, Adiós mi inolvidable Roberto.

Jimena

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