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Julieta

En cinco días cumplía dieciséis años y me había prometido como regalo a mi misma perder mi virginidad. Hacía un mes que estaba de novia con Roberto, mi compañero de colegio, y ya no soportaba más postergar mi anhelado desvirgamiento. Rob era muy lindo y terriblemente sexy y ya me había propuesto acostarnos lo que acepté de muy buen grado pero le pedí que ese fuese su regalo de cumpleaños. Dos días antes fue el día elegido, la mucama de la familia de Rob se retiraba más temprano los miércoles y los padres volvían de sus trabajos alrededor de las ocho de la noche, así que disponíamos de dos horas para consumar mi ya imprescindible debut sexual. Esa mañana estrené una brevísima tanguita que estaba segura excitaría a mi apasionado Rob, claro que no podía prescindir de mi poco sexy uniforme escolar: pollera escocesa, blusa blanca, medias tres cuartos, corbata y blazer bordó pero, en fin, al menos esperaba que la tanguita pondría cierto condimento. En la última hora de clases Rob me mostró bajo el pupitre los preservativos que había comprado. Verlos y tocarlos me excitó muchísimo y sentí que mojaba irremediablemente la minúscula tanguita. Al salir del Colegio literalmente corrimos a la casa de Rob pero nos esperaba una desagradable sorpresa: la mucama aún no se había retirado y al vernos insistió en prepararnos la merienda y tuvimos que tomarla, pero apenas cerró la puerta al irse corrimos a la habitación de Rob y caímos enredados en la cama. Nos besamos ardiendo de deseo, nos tocamos y luchamos con nuestra ropa intentando desnudarnos rápidamente. La mano de Rob entre mis piernas apretaba mi vagina arrancándome gemidos de placer y la mía acariciaba su pene durísimo. Cuando mi tanguita ya estaba por mis rodillas escuchamos una bocina y el ruido del portón automático del garaje que se abría. ¡La puta madre que lo parió!, exclamó Rob furioso. Nos pusimos de pie rápidamente y acomodamos nuestra ropa para sentarnos frente a la computadora como si estuviésemos buscando alguna información en Internet. Aún no nos habíamos serenado cuando escuchamos la voz del padre de Rob saludándonos: -Hola chicos, ¿estudiando?- -Si, pá, contestó Rob, tenemos que hacer un trabajo de investigación.- -Bien, sigan tranquilos, no los molesto.- El corazón me latía fuertemente y la excitación no me había abandonado, me sentía toda mojada y la idea de que ya no íbamos a coger despertaba mi ira. A Rob la situación lo hacia sentir furioso y puteaba en voz baja. -¿Te das cuenta?, nunca viene temprano y justo hoy llega antes que nunca. ¡La reputísima madre que lo parió! Escuchamos el ruido del agua de una ducha y entendimos que el señor Federico se estaba bañando así, aunque ya no teníamos tiempo de coger, al menos podíamos apretar un poco. Rob me penetró con un dedo y me apretaba las tetitas mientras nos besábamos mordiéndonos y yo le apretaba la pija bajo el pantalón pero no era lo mismo, sentía miedo de que el papá apareciese y así no iba a acabar nunca, no obstante me esforzaba al menos para tener un orgasmo pero cuando pensaba que ya casi lo iba a lograr sonó un teléfono y escuchamos que el señor Federico atendía, entonces desistí y apreté la mano de Rob para que me sacase los dedos de la concha que ya eran dos en lugar de uno. Terminábamos de acomodarnos la ropa cuando apareció en la puerta el padre de Rob. Al verlo me quedé sin aliento, sólo tenía puesta una salida de baño de toalla blanca y ojotas y me pareció terriblemente varonil. Tenía el pelo húmedo aún y la salida de baño estaba algo abierta y se veía su pecho velludo con músculos muy marcados, sus piernas eran delgadas pero fuertes y tenía el aspecto de un hombre de extrema masculinidad, ojalá que Rob sea algún día como él, pensé.
–Roberto, tu mamá ha perdido las llaves del auto y pide que se las alcancemos a la oficina, ya pedí un remise para que te lleve apurate, vamos que entre la ida y la vuelta se les va a ir por lo menos dos hora, vamos, vamos Rob. Roberto me miró a los ojos y sentí que quería matarse pero no le quedó más remedio que pararse y yo lo hice con él pero el papá me detuvo: -Quedate Julieta y seguí trabajando, al menos no pierdan el tiempo, yo te llevo luego a tu casa.- Rob me susurró: -Quedate, disimulemos.- Volví a sentarme y Rob salió apurado por su padre. Empecé a mirar la pantalla fija en un plano general de los Estados Unidos, sin mirar en realidad, cuando sentí sobre mis hombros las manos del padre de Rob y el perfume de su cuerpo recién bañado que me embriagó. -¿Cómo anda eso Julie? Preguntó deslizando sus manos hacia mi cuello. El contacto de sus manos sobre mi piel me estremeció, sus pulgares acariciaron mi nuca y sentí iba a conseguir de mi lo que se propusiese. Pero no podía entregarme tan fácilmente, debía disimular algo. Parándome dije: -Es mejor que me vaya señor… Me miró sonriendo y contestó: -Pero aún no has acabado…- Noté la intencionalidad de sus palabras y sentí que me derretía pero aún simulé una fuga que no intentaría ni deseaba. Miré la puerta de la habitación como dispuesta a irme pero ya me estrechaba en sus brazos y me besaba ardientemente. Sentí su lengua profundamente dentro de mi boca, su mano derecha sostenía mi cabeza y su mano izquierda acariciaba mis nalgas apretándome contra su pene erguido, mis pies casi no tocaban el suelo, mi cuerpo quedó echado hacia atrás y mis brazos a los lados colgaban como los de una muñeca de trapo. Ya era suficiente, no tenía sentido seguir simulando, entonces me colgué de su cuello y chupé su lengua y la mordisqueé suavemente mientras me apretaba a su pene y me refregaba contra el. El señor Federico bajó las manos y me levantó la pollera y comenzó a sobarme las nalguitas desnudas y con un lento movimiento circulatorio hacía girar mi conchita contra su glande arrancándome gemidos de placer. Me llevó a la cama de Rob y me sacó la tanguita empapada por mi flujo y se la metió en el bolsillo y después me acostó y levantó la pollera dejándome la concha descubierta. Se paró al lado de la cama con su bata inflada en la entrepierna y sacó de su otro bolsillo preservativos, después se desnudó y me dejó verlo mientras se colocaba el preservativo y me sonreía. Era hermoso y su pija era inmensa, más grande que la de Rob, de eso estaba segura. Sentí miedo, me parecía demasiado grande y no pude evitar decirle: -Señor, por favor no me haga doler, soy virgen.- Sonrió y me contestó: -No tengas miedo pequeñita, te prometo puro placer, ningún dolor, te doy mi palabra.- Luego se acostó encima mío y su pija era tan grande que la sentía apoyada contra mi concha pero la cabeza se apoyaba en mi ombligo. Me besó mientras me abría la camisa y sacaba mis tetitas por encima del corpiño. Las apretó y acarició y yo veía mis pezones grandes como nunca los había visto y él los chupó y crecieron aún más, me dolían de tan grandes y duros. Después lamió mi ombligo y los pelitos empapadas de mi conchita haciéndome delirar de goce y cuando su lengua se deslizó ente los labios de mi vagina inflamada y tocó el clítoris grité y acabé como nunca. ¡Cuánto placer!, era increíble pero todavía faltaban más sorpresas: me metió un dedo en la concha que entraba y salía, o giraba y buscaba zonas erógenas y a mi los orgasmos me veían uno detrás de otro y no paraba de gemir y gritar o sollozar de tanto placer. Pero sacó el dedo y empezó a acariciar el orificio de mi ano y de pronto lo penetró al mismo tiempo que su pulgar entraba también en mi concha y empezaba a masturbarme por el culo y la concha al mismo tiempo y mis gemidos ya eran gritos de placer y empecé a sentir que mi cuerpo se aflojaba y mi cabeza caía a un lado y la boca se entreabría dejando caer mi lengua a un costado. El señor Federico se irguió y atrapó mi lengua con su boca empapada por mi flujo y me enseñó a saborear mi propia concha, era deliciosa. Lamía su boca mojada y el me besaba y no me di cuenta de nada hasta que sentí que algo muy grande se acomodaba entre los labios inflamados de mi concha, era su glande hinchado que comenzaba a penetrarme. Gemí de sorpresa pero no me dolía, al contrario, era maravilloso sentir como se deslizaba entrando donde nunca había llegado algo tan grande. Me parecía que no terminaba nunca de entrar pero de pronto sentí los pelos de su pubis apretados contra mi pelvis y la voz entrecortada del señor Federico pidió: -Abrazame.- Y acaricié su espalda fibrosa, la recorrí y acaricié sus nalgas endurecidas y deslicé mis dedos entre ellas y mis dedos acariciaron el orificio de su ano apretado. Lo penetré con la punta de un dedo y él se estremeció pero no me obligó a retirarlo, entonces apreté metiéndolo un poquito más y sonriendo me dijo: -Qué putita que sos.- Me sentí halagada por su observación e intenté empujar un poquito más pero ya no lograba llegar con mi dedo más allá. Me aferró de los hombros y empezó a moverse despacito, metiendo y sacando la pija, moviéndola a cada lado, arriba y abajo y otra vez hasta el fondo. Yo deliraba de placer y gritaba: “es divino, es divino” Y de pronto me di cuenta de algo: ¡Había sido desvirgada! y ¡Estaba cogiendo!, ¡El sueño se había cumplido! El señor Federico era un genio cogiendo, me hacía gozar como una perra y yo empecé a sentir como una ola que empezaba a crecer en mi vientre y crecía y crecía y yo la sentía crecer y el corazón me latía cada vez más fuerte y la ola se acercaba más y más y el cuerpo del señor Federico empezaba a perder el ritmo y su respiración era cada vez más agitada y sus jadeos se transformaban en una especie de rugido y la ola estalló dentro de nuestros cuerpos y nos arrasó y nos revolcamos y grité y apreté fuerte el dedo dentro de su culo y el gritó también y empecé a sentir que su pija se sacudía y latía muy fuerte y mi concha también latía en un orgasmo inolvidable y me di cuenta que mordía su hombro y sentía su respiración caliente en mi cuello y su jadeo y palabras entrecortados como: “nena, nena, que putita divina que sos, que conchudita hermosa” y cositas dulces así hasta que nos desplomamos agotados y el me daba besitos y me mordía los labios despacito y yo pasaba mi lengua por los suyos. Después de descansar un rato me hizo el culo, con mucha cremita para que no me duela, ¡me encantó! Y por último me enseñó a chuparla y a tomar el semen, ¡que rico! Finalmente me dio una bombacha de la mujer porque se quiso quedar con mi tanguita de recuerdo, es un dulce, y me llevó a casa. Dos días después, el de mi cumpleaños, pudimos coger finalmente con Rob, él no tenía experiencia así que no se dio cuenta que ya no era virgen y aunque no fue lo mismo que con el papá estuvo rebueno también.
Pasaron ya casi quince años de mi debut sexual, me casé con Rob y tenemos dos niños hermosos, Robertito es igual a su papá y el pequeño Federico es idéntico a su… ¿abuelo? Amo a mi adorable esposo pero también amo a mi apasionado suegro con el que una vez por semana, o diez días a lo sumo me encuentro para tomar el té y luego hacer el amor como dos adolescentes en un hotelito al que vamos siempre. En prueba de mi infinito agradecimiento por mi maravilloso desvirgamiento y como testimonio de mi eterno amor hay algo que a mi adorado suegro le pertenecerá por siempre, algo que mi querido esposo nunca tuvo ni tendrá porque es exclusivamente de su padre por el resto de su vida, mi culo.

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