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Probando a don Nicasio

Acababa de cumplir 16 años, mis visitas alternas con mis dos amantes, me satisfacían sexualmente; pero deseaba sentir como era la seducción de una mujercita hacia un hombre; a 2 cuadras de mi casa, había un taller mecánico, el dueño don Nicasio, hombre de mas de 40 años asemejaba a un oso por la corpulencia de su cuerpo, siempre que pasaba por ahí, se me acercaba y me decía “cuanta carne y yo chimuelo”, en alusión a mi gran trasero, el cual era notorio (para entonces ya mi cuerpo asemejaba mas al de una señorita), al principio me ponía roja y me incomodaba, pero después me gustó, por lo que ajustaba mas mi pantaloncito y me contoneaba muy sexy).

Una tarde estando sola, me bañé muy bien, me puse crema y me vestí, la tanguita era suave de color negro de encajes, quedándome a la perfección, la falda azul marino acentuaba mi cintura y mis caderas, hacía resaltar mi enorme trasero y dejaba ver unas piernas blancas y parejitas, que ya enfundadas en las medias y zapatillas, lucían espectaculares; sin ponerme sostén, me abroché la ajustada blusa crema, trasluciendo mis pequeños pezones dibujando tenuemente mis pequeños pero redondos senos que ya eran talla 32b, la práctica del maquillaje me trasformó en una colegiala coqueta, por lo que tome mi bolso y decidida salí hacia el taller, en el trayecto varios coche me invitaron a subir; obviamente no acepte, mi tirada era el taller mecánico.

Por fin llegue a la entrada al taller y salude “buenas noches”, don Nicasio volteó y se quedo boca abierta, reponiéndose apenas balbuceó “bubuenas nonoches, en que que pupuedo servirle seseñorita” (¡no me había reconocido!), me acerque contoneando mi cuerpecito y le dije “soy Sandrita: en verdad esta usted chimuelo” ¡Sandrita! Pero-pero queque bella estas, pa-pasa por favor, cerrando la puerta del taller tras de mi, en ese momento sentí una mezcla de miedo y excitación, tomo mi mano y nos fuimos hacia un camastro, nos sentamos y me ofreció un trago de licor de una botella el cual no acepté, saque de mi bolso una botellita de agua y bebí sin despintar mi carmín de la boca, mientras él le dio un gran trago a la botella. Ya repuesto agarro mi cintura, jalándome hacia el me dijo “Sandra que linda y fina te vez” me beso en la boca, fue un beso largo al que respondí instintivamente; sus manos acariciaban mis pechos por sobre la blusa, la cual fue desabrochando, el contacto de sus manotas en mis pequeños senos pusieron mis pezones totalmente erectos, su boca ya besaban mi cuello y se dirigían a mis pechos, mientras una de sus manos acariciaban mis piernas, al sentir su boca en uno de mis senos, sentí morir de placer su lengua rasposa hacia las delicias de mis pezones; don Nicasio tomó mis manos y las puso en su bragueta, para entonces yo solo tenia puesta la tanguita y mi faldita estaba hasta mi cintura; al sentir su bulto y le baje la bragueta salió disparado su enorme pene, ¡dios! Nunca había visto una verga tan larga y gorda, quise huir pero don Nicasio me sujetó de las caderas diciéndome, “no te preocupes nena solo lo que tú puedas, además a tu mamá le súper encantó (ya había escuchado esos rumores), se paró enfrente de mi y pude admirar este descomunal pene que con su único ojo parecía verme desafiante, lo tome y no me cupo en la boca por lo empecé a besárselo mientras sus peludas bolas eran acariciadas por mis manos, oí sus gemidos de placer, mientras yo temblaba, me recostó en el camastro, se desvistió rápidamente y lo pude ver, tal cual era un enorme y peludo oso con un bat y dos pelotas de béisbol de entre sus piernas; se me encimo, separó mis piernas, ya no podía escapar cerré los ojos y me encomendé a todos los santos; don Nicasio, suavemente me separo las piernas me las puso en su cadera de tal manera que al besarme los pechos, mis nalgas quedaron exactamente a la altura de su pene el cual ya estaba bien lubricado, mi culo (el cual gracias a mis ejercicios siempre estaba húmedo y calientito, asemejando a una vagina capaz de recibir cualquier trozo de carne) sintió la enorme cabeza, se abrió para recibirlo. Don Nicasio, me chupaba los senos y mordía mis pezones, me tenia súper excitada, por lo que afloje el cuerpo y me metió de un tirón la cabeza de su pene, se me salieron las lágrimas y lentamente, me empezó a meter toda la verga, sentí que mi culo se habría, sentí como me entraba centímetro a centímetro, mis lágrimas eran mas abundante pero eran de placer, un placer enorme, ardía en una fiebre de sexo, al darse cuenta de mis lagrimas don Nicasio las sorbió con mucha ternura, ya no pude mas, ese gesto y sus caricias me volvieron loca vi mis pierna en sus hombros y mis nalgas al aire me susurro al oído “así nena preciosa así mueve tus caderas” yo deseba que esto no terminara, mi cadera se movía circularmente haciendo mas profunda y deliciosa la cogida, sentí como me tronó la cadera, todo mi cuerpo se me puso como carne de gallina y sentí uno y mil orgasmos (valga la expresión) al momento que sus huevos chocaban con mis nalgas, sin poder evitarlo mis largas uñas rasguñaron la espalda de don Nicasio, quien reaccionó con una fuerte y profunda cogida, alcance a ver por un espejo como mi lindo trasero era ultrajado por esa descomunal verga, fueron 30 deliciosos minutos hasta que Don Nicasio bufando se vino en torrentes que inundaron todo mi trasero, mojando mis nalgas y piernas, sin sacármela se recostó a un lado de mi, ambos empapados en sudor, balbuceando dijo “nena preciosa, mi reina, mi muñequita, que culo tan rico, que patas, que nalgas tan sabrosas” alternado sus besos en mi boca, cuello y senos; yo estaba exhausta pero muy feliz de haberme comido toda esa sabrosa, larga y gorda verga. Me vestí rápidamente nos despedimos con un beso tierno y muy largo. Llegué a mi casa como a las doce de la noche me bañe y acosté satisfecha de poder dar placer a un hombre. Don Nicasio, me ha pedido que viva con él, pero no, solo lo visito de vez en cuando y disfrutando mucho a ese osote.

Sandra

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