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Una noche con Josefina

Adoro a Josefina desde que la conocí en la calle, a sus trece años. Josefina era en ese momento una travesti muy hermosa, de largos cabellos rubios y lacios que le llegaban hasta la cintura. Su rostro era perfecto: de ojos verdes enormes, custodiados por unas pestañas larguísimas, con unos labios pequeños y carnosos y de nariz pequeña, casi inexistente. El detalle que embellecía a Josefina era que su cuerpo estaba plagado de pecas, lo cual le daba un aire infantil y hacía que tuviera un rostro aniñado. Sus tetas siempre fueron enormes, con unos pezones que se notaban perfectamente por debajo de sus camisetas y t-shirts que usaba de manera ajustadísima. De estrecha cintura y culo redondo y bien formado, caminaba de la manera más sensual que jamás he visto.

Hasta el día de hoy, tres años después, sigue siendo mi amante preferida entre las travestis de mi ciudad.

Nunca me he cansado de chuparle su exquisita pija y de penetrarla hasta el cansancio. Incluso es tan hermosa y delicada que no tengo reparos en salir con ella a cenar o a ver una obra de teatro. Es más, considero que me siento orgulloso de saber que es más hermosa que más de una mujer que se digna de serlo despreciándola al saber que Josefina es travesti.

La historia que quiero relatar comienza cuando un día Josefina fue a mi casa y nos pusimos a ver páginas de internet en donde un grupo de jovencitas orientales practicaban Bukkake, tomando vasos y copas llenos de semen y recibiendo en sus rostros decenas de eyaculaciones que las dejaban cubiertas de esperma.

Josefina se interesó demasiado en el asunto y hasta me preguntó de qué manera podría ella hacer lo mismo. Le dije que necesitaría unos cuantos hombres que estuvieran dispuestos a eyacularle en su rostro y en todo el cuerpo o que eyacularan dentro de cualquier recipiente que acumulara la leche que largaran para que luego se la bebiera. Claro que al gusto del esperma Josefina lo conocía a la perfección. Jamás dejó de tragarse una buena acabada que terminara en su boca y no dejaba gota de semen en su rostro sin que su lengua la atrapara.

Días después Josefina me pidió que le organizara una reunión donde pudiera juntar a varios hombres que la llenaran de semen como en los videos que habíamos visto. Estaba dispuesta a hacerlo y a que también la filmaran. Decidí ayudarla y participar del proyecto.

Mi primer medida fue encontrar un lugar donde pudieran permanecer varios hombres a la espera de su turno para eyacular sobre Josefina. Pero lo solucioné fácilmente cuando un amigo me prestó una quinta en las afueras de la ciudad. Luego comencé a juntar el grupo de hombres dispuestos a hacerlo. Le dije a cada uno de ellos que podría venir con uno o dos amigos de confianza, con lo cual aumentaría la cantidad de participantes. De esa manera llegué a juntar cincuenta y tres hombres dispuestos a regar de leche a Josefina.

El día acordado fue un día sábado a la mañana temprano.

Cuando llegó el momento de que conocieran a Josefina les comenté recién ahí que se trataba de una travesti.

Recibí un par de quejas, pero cuando la vieron a Josefina vestida con una malla color negra y unos zapatos de tacos altísimos, nadie se retiró del proyecto. En verdad Josefina estaba espléndida. Su cabello suelto y su maquillaje le proporcionaban un rostro muy bello. La malla negra ajustaba sus enormes tetas cubriéndole apenas sus pezones, ajustándole su miembro de manera perfecta, de modo que apenas parecía que entre sus piernas hubiera una buena pija con sus bellos testículos.

Luego de las presentaciones comenzaron a formarse grupos de a cinco hombres que ingresaban a la habitación donde estaba Josefina esperándolos. Todos la rodeaban mientras ella observaba maravillada cómo iban a apareciendo cinco pijas ante su rostro. Los hombres comenzaron a masturbarse mientras le tocaban sus tetas o la tomaban de sus cabellos pasándole las vergas erectas por su rostro. Ella los dejaba hacer, e inclusive se metía una o dos pijas en su boca. Estaba como enloquecida diciéndoles cuanto se le cruzaba por la mente: “dénmelas todas”, “quiero ver la leche ya mismo”, “hasta la garganta”.

De repente uno de los cinco de la primera tanda la tomó por la cintura y la puso boca abajo, con su redondo culo bien para arriba. Los demás protestaron porque entonces Josefina dejaba de chupárselas.

Inclusive ella pidió seguir con esa actividad. Pero este joven era fuerte y tenía decididas ganas de penetrarla. Se puso un preservativo en su enorme miembro y luego de lubricarla le introdujo su pija hasta los testículos. Josefina gritaba de dolor y placer, lo que sirvió para calentar a los otros cuatro que entonces se pusieron delante de ella metiéndole todas las pijas en la boca o pasándoselas por el rostro.

Josefina aullaba de placer, su pija colgaba semierecta entre sus piernas y entonces no aguanté y dejando la filmadora me metí entre ella y el joven penetrador y comencé a chupársela. A los demás no le importó en los más mínimo. El grandote que la estaba penetrando por el culo sacó su pija y anunció que iba a acabar. La puso a Josefina acostada boca arriba y entonces largó tres chorros de esperma sobre su cara.

Tres más hicieron lo mismo y finalmente el otro restante y yo largamos nuestra leche sobre el inundado rostro de Josefina que mientras tanto se masturbaba con su pija erecta.

Esa primera tanda fue increíble. Todas las eyaculaciones habían ido a parar directamente sobre su rostro. Josefina pasaba su lengua por sus labios y tragaba todo lo que podía, además juntaba esperma con sus dedos y se llevaba lo recogido a su boca. Era un espectáculo maravilloso. Los cinco hombres que la habían inundado de leche no paraban de hacer comentarios y de decirle a Josefina que se tragara hasta la última gota. Ella así lo hizo mientras se masturbaba frenéticamente tomándose con su mano derecha su pija y con la izquierda juntando semen de su cara. Uno de los cinco entonces se recostó junto a ella y comenzó a chuparle las tetas mientras el que la había penetrado le tomaba sus testículos y se los apretaba levemente para luego soltárselos y apretarlos nuevamente.

Josefina gritaba exageradamente, pero algo de real había en esa especie de dolor y goce al mismo tiempo.

El joven gigante se divertía y se excitaba enormemente con la pija de la travesti. De repente la tomó por la cintura y cargándola hasta el baño la introdujo bajo la ducha y él mismo la enjabonó sin que nadie pudiera acercarse. Josefina reía y por momentos gritaba, pero fuera de la habitación quedaban más de cuarenta hombres preparados para destrozar a la hermosa travesti. Unos minutos después salió espléndida para los otros cinco hombres que ya habían entrado al dormitorio.

El gigantón, que se llamaba Peter, a partir de ese momento se quedó en la habitación hasta que el último de los hombres se fue de la quinta un par de días después. Él mismo se encargaba de bañarla y vestirla para cada tanda que ingresaba al dormitorio. Sin dudas que se habían atraído mutuamente y durante las jornadas que duró aquella experiencia la penetró al menos ocho veces, eyaculando en cada una de ellas directo dentro de su boca.

La segunda tanda de hombre fue más agresiva que la primera, por lo que de entrada uno de ellos la tomó de los cabellos y besó agresivamente a Josefina. Peter se disgustó por esta actitud, pero estaba claro que nada podría hacer contra cuarenta hombres llenos de semen esperando a descargarlo en el rostro de Josefina. A la travesti no le gustó esta actitud agresiva y así lo hizo saber, pero pronto fue atada de pies y manos por un experto sado masoquista que realizó un excelente trabajo. Josefina lloraba y pedía por favor que la soltaran, pero solo logró excitarnos más.

Las pijas que comenzó a tragarse eran bastante grandes en esta segunda tanda y los hombres parecían estar muy excitados con la idea de tener a una niña travesti de dieciséis años, hermosa, indefensa y a su plena disposición.

De pronto todo se convirtió en un ir y venir de hombres que eyaculaban sobre Josefina en cualquier parte del cuerpo que tuviera sin cubrir de semen.

Mientras tanto ella gritaba e imploraba para que la desataran. Sin embargo era en vano, cada uno que entraba olvidaba cualquier norma de romanticismo y de piedad y le hacía lo que se le ocurría. Ya nadie se cuidaba con preservativos y la leche que tragaba Josefina la volvía a largar por su boca con náuseas acompañadas de gemidos y grititos de dolor y placer.

En el fondo Josefina estaba feliz por todo lo que le estaba ocurriendo.

No solamente yo era quien le chupaba la pija, varios de los festejantes se arrodillaban frente a ella y se metían su exhausta verga en la boca a la vez que le metían dedos en el culo que entraban y salían por su agujero más que dilatado.

A veces algunos de los hombres la daba vuelta y la penetraba mientras los otros no paraban de meterle las pijas erectas en su boca. Esa situación era hermosa de presenciar y a mi me excitaba sobremanera. Peter y yo a veces le masajeábamos las tetas cuando podíamos meter nuestras manos entre tantas piernas.

Luego llegaba el momento de bañar a Josefina y Peter volvía a llevarla de la cintura hacia el baño. En la tercera ocasión que lo hizo lo acompañé y pude ver de qué manera la trataba. Parecía que tenía a una niña entre sus enormes brazos. Josefina entonces se largó a llorar tomando su rostro con sus manos y preguntándose a sí misma qué era lo que estaba haciendo. Peter la calmaba y le decía que faltaba poco, lo cual no era verdad. Afuera la esperaban varios hombres que todavía no habían participado de la fiesta y otros que ya lo estaban por hacer hasta por tercera vez. Uno de los que allí estaba entonces le metió cocaína por la nariz para que se reanimara y tomara fuerzas y seguir la diversión. Recuerdo que le pedí a este amante un poco de esa cocaína y se la metí por el culo a la travesti para que le hiciera efecto de manera más directa.

Confieso que me calentó tremendamente abrirle bien el culo a Josefina y meterle con mis dedos una buena dosis de polvo hasta el fondo de sus intestinos. Esa decisión dio grandes resultados, porque a los pocos minutos ya estaba pidiendo nuevamente más semen para tragar.

Hacia la noche Josefina estaba destruida. Ya no había baño ni droga que le diera ánimo. Entonces todos tomamos un descanso y con Josefina acostada sobre la cama, atada al respaldo con unos pañuelos rojos, comenzamos a masturbarnos y a largar el semen en un copón de cristal que en poco tiempo se llenó hasta el borde. Luego de que Josefina descansara y durmiera unas dos horas, totalmente agotada, pero aun hermosamente bella, se levantó de la cama y se vistió como una colegiala. Se hizo un par de trenzas que ató con unos lazos azules, se puso unas medias rojas hasta las rodillas y se calzó unos zapatos de estudiante que le quedaban perfectos. Una falda corta y una camisa con una corbata color roja completaban su vestuario.

Nuevamente Josefina no hacía otra cosa que excitar aun más a todos los sementales que allí estábamos. Uno de ellos entonces la obligó a arrodillarse frente a una bandeja que tenía dos rayas largas de cocaína para que las aspirara. La imagen era fabulosa. La joven travesti y colegiala aspirando polvo y con el rostro lleno de lágrimas, con un copón de esperma que esperaba a ser bebido hasta la última gota. Aún con su nariz empolvada fue tomada de las trenzas y obligada a tomar del recipiente. Josefina bebía lentamente, deteniéndose de a ratos para no vomitar lo que ya tenía en su estómago, que era bastante. Todos la observábamos maravillados del espectáculo. El nivel del semen descendía lentamente hasta que de repente la tomé por las trenzas y le dije que no se hiciera la niña inocente, pedazo de puta reventada, que se tomara todo de una vez y que ni se le ocurriera dejar una gota porque entonces las penetraríamos hasta lastimarla. Josefina gritó cuando le tiré del cabello y se llevó el copón a la boca tomando tres grandes tragos que lo dejaron vacío. Se pasaba la lengua por los labios y se chupaba los dedos de una manera que calentaba hasta el último de los que allí estábamos mirándola. Era claro que todo aquello le encantaba y que lo disfrutaba como la terrible y tremenda puta que era.

Luego de casi un día y medio de sometimiento, Josefina quedó casi inconsciente cuando Peter la llevó al baño para lavarle el semen que tenía pegoteado desde hacía un par de horas. Realmente ya no estaba en condiciones de seguir, por lo que muchos de los sementales comenzaron a irse, quedando en contacto para próximas fiestas ya fueran con Josefina o cualquier otra travesti. Y la verdad era que mi proposición de llevar una travesti para la ocasión había caído muy bien, los había entusiasmado más que si hubiese sido una mujer. Muchos de los que habían asistido a esta sesión de bukkake, nunca habían tenido la experiencia de chuparle la pija a una travesti y luego de hacerlo por primera vez me confesaron que les había encantado.

Josefina estaba muy cansada. Necesitó dormir unas cinco horas antes de poder despertarla y una vez que lo hizo hubo que meterle cocaína por la nariz y el culo para siguiera con los siete u ocho que habíamos quedado. Por otra parte nosotros mismos ya estábamos un poco agotados y sabíamos que la fiesta estaba llegando a su fin. La joven travesti tomó fuerzas y se puso de pie con orgullo juvenil, diciéndonos que si todavía teníamos leche ya era hora de que la fuéramos soltando en su rostro. Se arrodilló frente a nosotros y comenzó a chupar salvajemente cuanta pija se le cruzó por sus labios. Lo hacía de una manera agresiva, gimiendo desesperada mientras ella misma tomaba su verga erecta y se masturbaba frenéticamente. Los chorros de semen comenzaron a saltarle sobre el rostro; abría enormemente su boca y dejaba que el semen le llegara bien profundo a su garganta. ¡Estaba muy drogada y excitada! Era un espectáculo verla de semejante manera. Después que cada uno eyaculara sobre su rostro, Josefina quedó como si le hubieran colocado una máscara de cera para tomarle un molde de su rostro. La travesti entonces comenzó a llevarse el semen con sus dedos a la boca y se lo tragó absolutamente todo.

La fiesta había llegado a su fin. Peter la lavó por última vez luego de que se retiraran los últimos que habían aguantado hasta el final de la fiesta. Cuando quedamos solos los tres en la quinta, Josefina se sentó frente a nosotros y se largó a llorar desconsoladamente. No la podíamos detener por más esfuerzo que hicimos. Nos decía que se sentía horrorizada por todo lo que se había dejado hacer, por las bajezas a las que se sometió y el dolor físico que se le había causado. Ella imaginaba otra cosa cuando lo habíamos planeado.

Peter la consolaba abrazándola con sus enormes brazos, confesándole que la amaba, cosa que a Josefina poco le importó. A mí dejó de conmoverme cuando antes de subirnos al automóvil, mientras guardaba algunas cosas que habíamos llevado hasta la quinta, alcance a ver a Josefina a través de la ventana y sin que ella lo percatara, tomar con sus manos uno de los copones que utilizamos para realizar bukkake, meter sus dedos hasta el fondo y sacar unas últimas gotas de semen que habían quedado allí depositadas. Luego cerró sus ojos y se metió los dedos en su boca chupándoselos con una pasión que me hizo pensar que Josefina era, efectivamente, la puta travesti más puta, hermosa e insaciable que jamás conocería en mi vida.

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