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Los travestis de Palermo

Recuerdo como si fuera hoy, el día que volvíamos, con mi mujer, Virginia, de un cumpleaños en el barrio de Palermo en Buenos Aires, como teníamos unas copitas de más, veníamos hablando de nuestras fantasías sexuales, siempre yo le decía que quería juntarla en la cama con otra mina más y ella me histeriqueaba que me quería ver con un tipo, pero nunca pasaba a mayores.

Esa noche, transitábamos con el auto por el centro de la zona roja que todavía estaba por allí, y en un momento empezaron a aparecer travestis muy lindas, en diminutas tangas y algunas hasta mostrando las tetas.

Cuando ya habíamos cruzado el barrio yo sabía que no aparecerían más transexuales, pero quería ver más y entonces le dije:
− Damos otra vueltita, me parece curioso ver esto.
− Bueno − me dijo Victoria mi mujer− Yo los veo y no lo puedo creer.
Y ahí mismo di la vuelta y agarramos por otra de las calles (la que va para el otro lado y era muy famosa). Llegando a una cortada que hay por ahí, había una travesti que pintaba bien y medio que nos hace una seña.
Entonces mi mujer, me dice
− A ver pará un momento.
Bajó la ventanilla, la chica/chico se acerca y empiezan a conversar entre las dos.
Yo no sabía donde meterme, me daba un poco de vergüenza y miraba para abajo. En eso oigo que mi mujer le dice “subí” y le abre la puerta de atrás. La travesti sube y nos guió hasta un hotel con el que tenía onda.

Ahí mismo, dentro del auto y camino al hotel, Virginia (la travesti) le empieza a manosear los pechos a mi mujer, que comenzó a hacer unos ruiditos tipo cachorra en celo. A medida que pasan las cuadras le empieza a tocar las tetas pero por debajo de las pilchas. Yo casi ni podía manejar de lo caliente que estaba. Entonces la chica me dice:
− Esperá un poquito, que para vos también hay eh? − y me pasa la lengua por la oreja.
Casi me muero !!! Cuando llegamos al hotel, le pedí­ al conserje la mejor habitación posible, con hidromasaje y todos los lujos. Vamos a la pieza, entramos y mi mujer se sienta en la silla que está al lado de la cama y me dice:
− Yo hago lo que vos quieras, pero primero vos vas a hacer lo que yo te diga, OK?.
A esa altura, yo ya estaba jugado, la travesti en tanga cola less y un corpiño que le abultaba los pechos y mi mujer con la camisa abierta y la pollera arremangada, y tocándose con una mano una lola con la otra por debajo de la bombacha.
− Vos que siempre me decís que no me la trago toda, quiero ver como se la chupás a Virginia.
Y cuando la travesti se estaba sacando la tanga y sentándose, mi mujer interrumpe y le dice:
− Vos quedate parada y él de rodillas en el piso. Quiero ver bien esta situación.
Así que ahí mismo, me puse de rodillas y, con un poco de asco, le empecé a lamer los huevos perfectamente depilados y lentamente, sólo con la lengua, fui subiendo hasta la cabeza.
− Cométela toda te dije − escucho que viene, desde el sillón, la voz firme de mi querida esposa.
Así que como pude, abrí bien grande la boca y me metí el trozo de Virginia, cada vez más adentro, entraba y salía y debo decir que no molestó tanto. Mientras se la iba chupando, mi mujer vino desde la silla y me fue desvistiendo hasta que quedé en pelotas y con la pija bien al palo y ya sacando liquido preseminal.
Pensé que ahora sería turno de ver un poquito yo, pero me equivoqué. Mi esposa empezó a besarme el orificio anal y chapármelo bien, a meterme un dedito y a lubricarme un poco la zona. Cuando ya me la vení­a venir, me dice
− Si querés la fiesta completa, ella te va a hacer el orto como vos me lo hiciste anoche.
Para qué ! Entre las dos me pusieron en cuatro y Virginia me la empezó a meter. Como no pudo, sólo jugó un poco con la cabeza de su pija en la puerta mi ano, como moviéndose en círculos. Mi calentura era tal que podía hervir entero al lago de Palermo que estaba enfrente. Y entonces mientras la travesti me jugaba por atrás, mi mujer me empezó a chupar la pija como nunca, se ve que ella también estaba recaliente. Cuando ya mi cara empezó a desorbitarse, la llama a Virginia y entre las dos me la empiezan a chupar, una los huevos, otra el pito y me pajearon hasta que ahí acabé con todo. Mi mujer corrió un poquito la cara y Virginia le siguió dando, tragando leche y chapándome la pija con todo. Cuando terminó y mi pija ya estaba flácida y sentida, Virginia la soltó y dijo:
− Me lavo un poco y vuelvo.
Por suerte, la noche no terminó ahí­ ya que Victoria me dijo:
− Te portaste muy bien, así que ahora hay premio, pero no vale tocar hasta que yo te diga. Sentáate ahí.
En eso, aparece la travesti viniendo del baño, otra vez en tanga y corpiño. Se acercó a mi mujer, se miran y se empiezan a chuponear, desde la silla veía como las dos sacaban las lenguas y se encontraban a mitad de camino entre las dos bocas, mi mujer se saca el corpiño y hace lo propio con el de nuestra compañera; me mira y me dice:
− Esto te gusta, no? − y juntó sus pechos con los de Virginia y empiezan a frotarse teta a teta mientras siguieron con los besos. No podía creer que estaba ahí, viendo como se erectaban los pezones de las dos. En eso, mi mujer corta un poco, me miró fijo y me dice:
− Ahora me toca a mí y que ustedes sean dos hombres.
Le agarró la pija de Virginia y, en cuatro patas, se la empezó a chupar mientras que yo le metía la mía por la concha. El ritmo era súper intenso. Casi incontrolable. Así que fuimos cambiando de posición una y otra vez. Y nos hacíamos sangüichito. Primero
Virginia pasó a bombear a mi mujer mientras ella me chupaba la pija, después le dimos a la yegua de mi mujer uno por delante y otro por detrás. Después, como me quedé con ganas de meterla en otro agujero, la travesti le daba a mi mujer mientras yo le hacía el culito y cuando ya no dábamos más y mi mujer había acabado tres veces, mi mujer nos junto y nos iba chupando las pijas a mi y a Virginia por turnos, un lengüetazo a cada uno hasta que, pajeándonos le acabamos casi a dúo en la cara.

Nos cambiamos y la llevamos a Virginia de nuevo a la zona roja. Al día siguiente estábamos los dos recalientes. Le propuse ir a buscarla a Verónica de nuevo. Me dijo que ni loca cruzaba la ciudad y me miró de forma temible. Cuando Victoria me mira de esa forma yo tiemblo.
− De ahora en más, el trava lo tengo en casa y sos vos!!!!
− Comiste porotos pasados − le dije yo − Ni en pedo!
− Sos mi trava! No voy a pagar cuatrocientos mangos a un puto porque se pone una peluca. Me encantó, pero no pagamos eso ni en pedo. De ahora en adelante sos mi trava personal.

Dicho esto me llevó al baño, me desnudó y me arrasó con los pocos pelos que tengo en el cuerpo.
− Ahora, estás como me gusta a mí − dijo Victoria.
Luego sacó un montón de ropa de cuando estaba embarazada y me la hizo probar. A mi me revienta probarme ropa, pero aquello me ponía al palo y Virginia me alentaba y me manoseaba para que siguiera al mango.

Desde aquel sábado, yo desde el viernes a la tardecita hasta el domingo a la noche soy una señorita por determinación de mi mujer. Ella pone los suyo, por lo que todo se hace más divertido. Ahora trae a amigas que me las cojo o me culean con straps. Un antiguo novio de Victoria, casado y con hijos, ya vino cuatro veces este año y ella le dijo que yo era un trava contratado. Me culeó cada vez que vino yo se la chupé. Nuestra vida cambió. Ella esta de mejor humor y yo

autor: universalis

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