Dios mío, que trío.

A los 25 años salía con Fabián.
Lo había conocido en un boliche y desde la primera vez que lo vi me lo quise coger. Era hermoso, un vago, un tipo de la noche, lo que se diría un caravanero, pero era irresistible. Un bombón.
Obviamente esa primera vez que lo vi me lo cogí entero, y también la segunda y la tercera y así empezamos a salir.
Llevábamos casi un año juntos y hasta ese entonces puedo afirmar que ese había sido el mejor sexo de mi vida. Nos enseñamos un montón de cosas juntos.
Supongo que por su manera de ser Fabián se habría acostado con otras chicas mientras salía conmigo, nunca me enteré. Igualmente yo tampoco era una carmelita descalza y a alguno me comí en ese entonces, pero para ambos bandos jugaba eso de “Ojos que no ven, corazón que no siente”.
En ese entonces yo salía muy seguido con Paula, una compañera de facultad con la que nos habíamos hecho íntimas amigas.
Un día Paula, llegó llorando a casa. Yo justo estaba a mitad de un polvo memorable con Fabián, pero amigos son los amigos así que abrí la puerta y la atendí. Entró hecha un trapo de piso. Me contó que Mauro su novio la había dejado por otra y que estaba hecha mierda, que no sabía que hacer. Debo aclarar que Paula es de esas personas que dramatizan todo y viven ahogándose en vasos de agua. Le dije a Fabi que me disculpe, que se fuera que yo después lo llamaba. Obvio no se hizo drama, Fabián era todo lo contrario de Paula, no se calentaba por nada. Preparé dos cafés y tuve, con mi amiga, una larga noche de charla ininterrumpida. Me tocó hacer de pañuelo y me la banqué bastante bien.
Estaba tan destrozada que daba lástima verla.
La consolé hasta donde pude.
Le dije que no se hiciera problema, que los hombres son todos unos hijos de puta, que ya encontraría a alguien que la mereciera.
Se tranquilizó y le dije que para alejarnos un poco de todo, el próximo fin de semana, que era largo, nos íbamos a ir a Mar del Plata a revolear las patas las dos juntas.
Le conté lo del viaje a Fabián y no se hizo drama, al contrario me alentó para hacerlo, ojo, no le dije la parte de revolear las patas, pero imaginaba que él también algo se iba a organizar, no era de los que le gusta ir a dormir solo.
La cuestión es que llegamos con Paula a Marpla el viernes a la mañana y nos acomodamos en el hotel, muy lindo por cierto, en el barrio Los Troncos. Almorzamos juntas y nos fuimos a caminar por la peatonal. Hay que decir que la ciudad en esos feriados largos es un hormiguero. Gente que sobra por todos lados. Viendo el lado positivo, es un muestrario de pibes lindos por doquier, sobre todo a la noche en los boliches. Pero ese fin de semana no iba a ser tan largo como suponía. Cayendo la tarde sentadas en la peatonal y mientras tomábamos un café organizábamos nuestro raid nocturno. Yo le decía que nos íbamos a levantar a dos flacos que nos íbamos a ir con ellos y se la iban a coger tan bien que se iba a olvidar de Mauro y de todos sus problemas. En lo mejor de charla estábamos cuando pasó lo increíble, porque las cosas pasan y cuando se dan por algo es. Caminando por la peatonal muy tranquilo, Mauro, el ex de Paula, abrazado con la “otra”.
Paula se desmoronó, empezó a llorar a moco tendido y a los gritos. De más está decir que Mauro ni se enteró.
La paré, pagué la cuenta y nos subimos a un taxi para volver al hotel.
En la habitación y aun llorando Paula sacó su bolso y empezó a meter todo adentro.
—Yo de acá me vooooooy!!!!!!, no quiero estar en la misma ciudad que este hijo de puta!!!!!— gritaba como una parturienta.
—Pará Pau, tranquilizate— intentaba poner paños fríos.
—No me tranquilizo nada, este hijo de puta me va a perseguir toda la vida— y seguía llorando
—No Pau, es una casualidad, por favor calmate.
—No me calmo, me voy.
No la pude convencer, así que llamé a la terminal y reservé dos pasajes para las 21:30 de vuelta a Buenos Aires.
De nuevo en Buenos Aires me ofrecí para ir a la casa de ella para estar juntas y calmarla en caso de depresión.
Me dijo que no, que quería estar sola.
Para mi pensé que era lo mejor, había tenido dos viajes en un día, una escena de llanto incontenible en la peatonal de Mar del Plata y sinceramente quería llegar a casa y dormir.
Así que me tomé un taxi desde Retiro.
Pagué y bajé del auto.
Primera sorpresa, estaba el auto de Fabián estacionado en la puerta. Viernes dos de la mañana y este en mi casa. Dos opciones o prestó su dpto. a algún secuaz o no tenía nada para comer en su casa y aprovechó que en mi heladera siempre hay algo.
Después de todo no todo estaba perdido, pensé que luego de tanto trajín un buen polvo con mi chico sería algo así como refrescante.
Entré tratando de no hacer ruido, para sorprenderlo.
Segunda sorpresa en el living había ropa de mujer tirada en el piso. Podría haber empezado a los gritos, pero no se que parte de mi morbo me obligó a mantener el silencio y averiguar lo que estaba pasando sin armar un escándalo.
De la pieza venía luz y se escuchaban ciertos gemidos, había ruido a movimientos, el garche se olía en el ambiente a medida que me acercaba.
Me asomé por la puerta y ahí estaba él montándose por atrás a una rubia.
O sea repasemos la situación, me voy de pañuelo descartable de una amiga a 500 kilómetros, pensaba divertirme pero no se me dio, me tengo que volver porque la otra histérica hizo un melodrama de su vida y encima mi novio se está garchando a una mina en mi casa y en mi cama. ¿Una situación de mierda no?
Tenía dos opciones o armaba un escándalo ahí nomás y empezaba a repartir sopapos o me hacía la lady y manejaba la situación con frialdad. Elegí la segunda.
—Fabi, ¿que sorpresa?— dije y la voz me traicionó en el final de la frase.
Se dio vuelta en el aire y no podía creer lo que estaba viendo.
—¿Qué hacés acá, no estabas en Mar del Plata?
—Es una historia larga, otro día te cuento, ahora quisiera dormir— no entendía por qué, pero se me había hecho un nudo en la garganta.
—¿Quién es este bombón?— preguntó ella
Tercera sorpresa, cuando ella se dio vuelta para mirarme noté que tenía entre sus piernas una pija tan linda y tan grande como la de Fabián.
El muy hijo de puta se estaba comiendo un travesti.
La cara que debo haber puesto fue fatal, porque Fabi saltó de la cama…
—Dejá que te explique—
—Salí hijo de puta, qué me vas a explicar?—
Me di media vuelta y me fui a la cocina.
Me siguió.
Me alcanzó.
—Fionna, mi amor…
—Que Fionna mi amor, pelotudo, no defiendas lo indefendible.
Debo confesar que parado adelante mío en pelotas, transpirado ese cuerpo tatuado, estaba para cogerlo ahí mismo.
No se por que, tal vez el día que había sido agitado, quizás por Paula y su llanto o por el mismo cansancio es como que me ablandé.
El me puso una mano en el hombro y sentí una descarga en todo el cuerpo.
Me abrazó fuerte, me rodeó toda.
Su cuerpo largaba olor a sexo y transpiración.
Me besó, lo dejé besar. Metió su lengua en mi boca y me apretó con fuerza. La duración del beso fue lo que tardó su pija en ponerse tiesa. La sentía dura en mi vientre y me empecé a mojar. No digo que me había olvidado lo vivido quince minutos antes, pero como que lo corrí del plano de importancias.
Me alzó y me sentó en la mesa de la cocina.
Me abrió las piernas y me seguía besando con fuerza.
Las tetas se me endurecieron, eso me delató.
Sin decir nada me metió la mano entre las piernas y se dio cuenta de mi humedad. Cortó el beso y me miró. Sonrió y me guiño el ojo. Yo dura, no mostré ni media mueca.
Me sacó la remera y el corpiño y empezó a chuparme las tetas con esa suavidad que tienen los hombres cuando quieren hacer las cosas bien. Me empecé a dejar hacer lentamente, me solté de a poquito, tenía ganas de coger. Su lengua iba y venía, mis tetas, mi cuello, mis hombros. Me empezó a besar el ombligo y bajó a la concha. Como chupaba ese hijo de puta. Si tuviera que hacer un top five de los mejores mineteros de mi vida Fabi estaría segundo o tercero.
Yo ya estaba como para ponerme uno de esos carteles amarillos que hay en las casa de comidas rápidas, “cuidado piso húmedo”, cambiando la palabra piso, por concha.
Cinco minutos de lengua hasta mi primer orgasmo.
Me bajó, me sacó la bombacha y la falda. Se sentó en una silla, me quiso sentar arriba suyo, pero preferí diferirlo y directamente me arrodillé entre sus piernas, jamás perdí la oportunidad de meterme tremenda hermosura de carne en la boca y esa no iba a ser la excepción. Todavía tenía olor a culo, pero a esa altura no me importó y de un bocado me la metí hasta los huevos. Empecé a subir y bajar succionando, cada vez que tocaba fondo mi lengua pasaba por sus huevos.
Sentía que le latía la verga, iba a estallar de un momento a otro.
—Bueno, bueno, hay una fiesta y no me invitan—
Parado o parada en la puerta estaba el travesti, que se ve hacía rato estaba espiando porque estaba al palo.
No pude evitar mirarle la verga, disimuladamente la comparé con la de Fabián en un vistazo rápido, estaban las dos cabeza a cabeza, como a alguien con ese don se le había ocurrido patear para el otro lado.
—Seguí con lo tuyo nena que se ve que lo hacés bien— me dijo y se me acercó por atrás.
Me agarró de la cintura mientras yo seguía chupando y me abrió las piernas. Me la mandó hasta el fondo, mucho no le costó porque yo estaba empapada.
Me empezó a bombear lentamente, tranquila, con la suavidad de una mujer, más allá de tener la pija de un toro.
Les comento que es muy raro dar vuelta la cabeza y ver un par de tetas, grandes, bambolearse mientras te cogen, nunca lo había experimentado, lo demás era conocido, un pito adentro, centímetros más centímetros menos, siempre es un pito adentro.
A Fabián la situación lo debe haber vuelto loco porque enseguida empezó a eyacularme en la boca.
—Seguí Tamara, no pares— decía mientras acababa.
Además de puto, mal gusto, si te vas a elegir un nombre no te podés poner Tamara, creo que después de Felix, es el nombre más felino que conozco.
La cuestión es que Tamara no paraba y cada vez me daba con más fuerza.
Me separó de Fabián y me acomodó en la mesada.
Me la sacó y de mi concha salió ese ruido que sale siempre cuando se despide aire. Se rió y yo también.
Se agachó y me empezó a lamer el culo, con los dedos arrimaba el jugo de mi vagina y lubricaba mi ano. Me metió un dedo y yo me aflojé. Se me paró atrás y me la empezó a acomodar. La cabeza era enorme y con trabajo entró y ya se sabe que una vez que entra la cabeza lo demás va solo. Así que me empezó a hacer el culo. Trabajaba el polvo como un animal. Yo ya no sabía si estaba siendo cogida por un tipo, una mina o un burro, la cuestión que la suavidad del principio pasó a ser violencia.
Fabián, espectador VIP se había empezado a tocar y ya la tenía empalmada de nuevo.
Tamara lo miró y le dijo..
—Ya que estás por qué no terminás lo que empezaste hoy.
Fabi se rió. Se paró, abrió la heladera y sacó un pan de manteca (todos vimos “El último tango en París”) y tomó un pedazo con su mano y lo frotó por el culo de Tamara.
Enseguida estábamos los tres en un tren de sexo terrible. Tamara me hacía el culo a mi y Fabián a ella.
Se ve que cuando Fabián se la puso le aceleró la excitación ya que ella me llenó el culo de semen. Tuve un orgasmo. Quería más.
Así que me la saqué de adentro y dejé a Fabián culeandolá, me agaché y empecé a tragarme el pito de Tamara, todo pegoteado, aun con restos de leche y con un poco de olor a culo, el mío.
Se lo hice poner tieso de nuevo, era hermoso en serio.
Le pedí a Fabián que parara. Me hizo caso. Lo agarré de la mano y lo senté en una silla, me agarré el culo con ambas manos y lo abrí y me senté arriba de él que estaba más al palo que yo.
Me recosté contra su pecho y abrí las piernas mostrándole mi Concha a Tamara.
Advirtió la jugada y me la puso toda en la cajeta.
Estuvimos así cinco minutos.
Mi novio me hacía el culo y un trava la concha
estaba plena, en una situación rara, pero plena.
Tamara la sacó totalmente dura y mojada.
Fabi me paró y me puso en cuatro en el suelo.
Me empezó a coger violento.
Cuarta sorpresa, ahora era Tamara la que tenía el pan de manteca en la mano.
Un minuto después, mientras Fabi me rompía el culo a mi, Tamara lo montaba a él. Yo siempre era la locomotora, los vagones rotaban.
Veinte minutos trenzados hasta que Fabián me llenó el culo y Tamara se lo llenó a él. Tuve un gran orgasmo
Nos quedamos los tres tirados en el piso de la cocina.
Ella pidió darse una ducha.
Fabi y yo nos miramos y nos reimos.
Mientras ella se bañaba, Fabián y yo nos tiramos en el sofá e hicimos un 69, de puro viciosos.
Cuando salió, aun estábamos desnudos, pero recostados en diferentes sillones.
Cuando ya se dirigía a la puerta Fabi dijo.
—Esperá que voy a buscar la billetera—
—No bombón, esta la invita la casa, la próxima la pagás—
Debo confesar que ese trío volvió a verse alguna vez más, pero eso, es otra historia.

FIN

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