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En la oficina

Mi historia no es ni mejor ni peor que las otras, pero para mí fue lo mas. Resulta que yo empecé a trabajar en una empresa desde que tenía casi 20 años y era soltero. La primera vez que la vi ella tenía 24 y era la cadeta de la empresa. Morocha de pelo lacio, ojos verdes enormes y un culo y piernas para alquilar balcones. Bueno, el hecho es que esta chica estaba de novia hacia bastante, pero yo no podía parar de pensar en ella. Me provocó incluso una obsesión tal que llegué a pensar estar enamorado. Eso pasó durante tres años, pero nunca pasó nada, pese a que mis reiteradas declaraciones de “amor” no hacían mella en ella. Incluso se casó con su novio y yo me sentí desgarrado por dentro. Luego de esos tres años me trasladaron a otro sector y ya no la ví mas. En ese ínterin me puse de novio con otra chica con la que me fui a vivir. Luego de 5 años me devolvieron a mi lugar de origen, pero ya no sentía nada por ella porque estaba enamorado de mi mujer real. Sin embargo, sentía que me corría un bichito. El bichito de la calentura, del que deja algo pendiente y quiere concretarlo. Ella ya tenía dos hijos, pero estaba todavía muy potente. Era muy afecta a los chistes de dobre sentido, asi que siempre andaba jugando con eso. Le gustó que yo volviera y ya la relación fue igual, pero un poco mas con roce, ya que yo estaba conciente de que no era amor y me calentaba mucho tocarla o hacerle masajes. Se me ponía el pene duro como garrote de olerle el perfume nomás.
Una de las cosas que solíamos hacer era que yo le hiciera masajes mientras estaba en la recepción. Un sábado nos tocó trabajar a los dos y, como siempre fui a hacerle masajes. Ese día había ido con una camisa sin mangas y una pollera larga hasta los tobillos. Comencé a hacerle los masajes de rutina mientras charlábamos, pero noté que se calló en un momento y se comenzó a relajar. Mis manos comenzaron a bajar por su pecho y a masajearle las tetas. Ella sólo había ladeado la cabeza y sonreía con los ojos cerrados. Acerqué mi boca a su cuello y comencé a lamerlo, pero ella no sólo no decía nada, sino que comenzaba a jadear. Fui desabrochándole la camisa lentamente mientras con la otra mano le levantaba la pollera, mientras sentía el ardor de sus firmes muslos en mis yemas. Seguí besándole el cuello, luego la cara y cuando llegué a la boca me sorprendió notar cómo introducía su lengua en mi boca y se apretaba a mí. Le terminé de desabrochar todo y la abracé, algo que ella respondió. La paré y ya no podia mas, y así abrazados giramos y la logré sentar sobre el escritorio, mientras nuestras lenguas no se separaban un instante. Le abrí las piernas y levanté un poco la pollera que le llegaba a los tobillos y le acaricié frenéticamente esas piernas que durante 8 años me tuvieron loco. Le metí una mano en la zona de la vagina, mientras la otra seguía masajeandole las tetas. Noté que tenía bombacha, pero yo estaba a punto de estallar así que se la corrí a un costado y, tomándola del culo la levanté y ella enroscó sus piernas a mi cintura, hasta que sentí mi miembro dentro de ella. Jadeó de placer y así la penetré una vez, otra vez, otra vez mientras mis manos le servían de apoyo a su hermoso culo. Le acabé y cuando terminé ella se apretó a mí así como estaba enroscada y me dijo al oído, luego de morderme el lóbulo “Esto era algo que lo teníamos pendiente hace años”.

Desde ese momento es que de vez en cuando rememoramos ese día en el que por primera vez me cojí a mi compañera de trabajo.

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