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La confesión de Perla

Este relato me lo contó la protagonista de los hechos en una noche de lujuria, cuando pasadas de copas y antes de sumarme a su larga lista de tipos con quienes ha tenido trato carnal.
En ese entonces, Perla, como le dicen, tenía 16 años e iba a la secundaria, su cuerpo era delgado, bien proporcionado, de elegante figura y lindas piernas que, aun hoy conserva intactas con sus 46 años y tres hijas.
Había debutado a los 12 años, un tío de 37 años la había iniciado en los placeres sexuales y desde entonces, no perdía oportunidad de seguir gozando con cuanto hombre se le cruzase.
Sucedió una tarde, luego de acostarse con Gerardo, su novio ocasional, sorprendido por la experiencia que ella desplegó aparte de su fama de “putita”, le preguntó si había participado en orgías, o con cuantos hombres había estado.
Ella rió y le dijo que había cojido a muchos hombres y el no sería el último. Lo hacía porque le gustaba sentir ese pedazo de carne moviéndose dentro de ella.
-“Soy capaz de voltearme a toda la clase de una sola vez”- Desafío Perla aquel muchacho que estaba haciendo sus primeras armas.
-“¡Para chiquita, tendrás mas calle que yo, pero a toda la clase, no te creo..!”- dijo el joven mientras se vestían.
-“¿Cuánto apostamos a que me los cojo a todos en un día?”- Volvió arremeter Perla con la seguridad de los ganadores.
Y allí pactaron el desafío, los muchachos pondrían los preservativos más $ 100 pesos por cabeza y ella su cuerpo…
Hasta ese momento, ella había estado con muchos hombres, pero nunca con varios a la vez, esa idea le atraía pues quería experimentar eso de tener varias pijas a su disposición.
Un viernes a la salida de clase, Gerardo con un grupo de compañeros, se le acercó para acordar que el tan ansiado encuentro se llevaría a cabo en el galpón de la casa de Jiménez, otro compañero que justo ese día sus padres no estarían en casa. Eso sí, también estaría su hermano de treinta años, quien se sumo para que saliera aquella festichola sexual, siendo un total de 19 participantes aparte de ella, claro está.
-“Uno más o uno menos no importa.” – Respondió la joven, asegurando su presencia ante los gritos de ovación de aquella manada de adolescentes alzados.
El sábado había llegado, Perla, se levantó ansiosa, se llevo su caja de maquillaje escondido en el bolso, se lavó bien, pues como dice ella: “puta pero limpita”, y les dijo a sus padres que iría a la casa de Jiménez a estudiar toda la tarde para la prueba de matemáticas.
Cuando al fin terminó la clase, ella con todos los muchachos enfilaron hasta el lugar de reunión a unas pocas cuadras de allí. Percibía la excitación de todos esos jóvenes babeantes, que le decían cosas como: -“Te vamos a coger toda mamita”, “Que linda boquita para chupar pijas”, “Vamos a partirte la colita”, etc. etc… esas palabras, la sonrojaban y la convencía más de lo que estaba a punto de hacer con aquel grupo ansioso de poseerla.
Al llegar, los estaba esperando el hermano de Jiménez, había arreglado el galpón para la ocasión, había puesto un colchón, varias revistas porno para inspirarse, un lugar para poner la ropa, entre otras cosas, ningún detalle se le había escapado al bribón.
“Yo me maquillé toda, como si fuera a salir con el hombre de mi vida”- Recordó Perla, mientras Hugo como se llamaba aquel hombre, le propuso que hiciera un strip-tease como precalentamiento para la muchachada. Esa idea le encantó y así empezó la fiesta, con Perla bailando en el centro de un circulo de chicos tan desnudos como excitados, para algunos esa seria su primera vez.
Mientras danzaba, lentamente iba sacándose la ropa, ante el griterío de aquellos precoces rostros lascivos que, como fieras se relamían por la presa que estaban a punto de comerse.
Ya totalmente desnuda, Perla sentía como la quemaban los ojos de sus compañeros, llenándola de una sensación sublime, que nunca había sentido, estimulándola hacer movimientos sensuales que, levantó uno a uno los penes de los presentes.
El primero en tocarla fue Hugo, sus manos acariciaron todo su cuerpo con avidez y experiencia lo que hizo emitir su primer quejido placentero, dejando a todos boquiabiertos porque no imaginaban que Perla la calladita, fuera tan puta..
Aquel camionero de pie, la levanto con sus poderosas manos aferradas a sus nalgas y le penetro sus 20 centímetros hasta el fondo, Perla suspiró de gozo, grata fue su sorpresa, aquel poderoso aparato la había llenado completamente y se sintió invadida de hedonismo, además, eso de verse observada como se la cojían , acrecentaba su ardor gritando que no parase, aferrándose con ganas aquel cuerpo masculino cuya virilidad estaba disfrutando a pleno.
Tuvo una gran acabada, sintió al hombre correrse también, acto seguido, se arrodillo para sacarle el condón aquella enorme pija y lamérsela hasta dejársela limpita .-
“Se la chupe toda, estaba a dos manos, que divino”- Saboreó Perla como si la tuviera otra vez en su boca.
-“ A la mierda, tú si sabes como hacerlo… tenemos que salir tú y yo en el camión”- Dijo el hombre complacido.
Llegó el turno de Carlos, que se la puso en la cola, su pistola era de buen tamaño, pero no tan grande como la de su hermano. Al principio le dolió pero enseguida se amoldo su aro de carne aquel pedazote. Las envestidas fueron duras, aquel chico estaba muy caliente, Perla gozaba gritando como una perra en celo, pronto vino Ricardo y le tapo la boca con su berguita graciosa y sabrosa. Los demás celebraban y alentaban a sus compañeros a darle duro aquella chica tan excitada como ellos.
Luego vino Rodríguez, el tonto de la clase que asusto a los presentes con su poronga, la más grande de todas, se la mando a guardar en la vagina sin piedad haciéndola acabar varias veces, ya que también fue el más aguantador de todos, mientras Adrián, se la metía por el recto al mismo tiempo y Gerardo colocaba su pene en la boca de ella, haciendo un movimiento de mete y saca.
La chica estaba embriagada de erotismo, sentía como sus agujeros estaban tapados por pijas furiosas que invadían su cuerpo, dándole gran deleite . Perla, totalmente fuera de sí, sentía el deseo de sus compañeros saciarse en sus entrañas, por eso, no paraba de arquearse de regodeo, su fantasía se estaba haciendo realidad. Entre acabada y acabada, sus compañeros iban relevándose, algunos lo hicieron hasta dos y tres veces.
Luis, el gordo se hizo hombre con ella, Perla le puso el preservativo con la boca y se la puso en la puerta de su vagina y no le importó soportar todo su peso encima de ella, para ser la primera vez de aquel gordito, lo hizo muy bien, a tal punto cuando acabó, todos lo felicitaron aquel tímido muchacho que no tenía suerte con las chicas, pero ese día hubo una excepción.
-“Nunca voy a olvidar lo agradable de sentir tantas manos tocarme, nada de mi escapo aquel manoseo interminable. Todos muchachos sanos, viriles, ningún loco que te quisiera lastimar….los termine amando a todos aquel año”- Dijo con nostalgia Perla que para ese entonces su mano estaba entre mis piernas palpando mi erección.
-“Había quedado muerta pero les gané a todos, apenas me podía sostener de pie, mi boca estaba pegajosa por tanto semen. Me prestaron el baño y me ayudaron a bañarme aprovechando para seguir tocándome, mirándome y llevándome otra cojida del negro Ortiz que estuvo sensacional, me sentía una diosa. Luego me ayudaron a vestirme y me
acompañaron hasta casa como buenos caballeros…¡Qué tiernos!. Cuando caí en la cama aun me parecía sentir miles de pijas penetrándome por todos lados y en esa hermosa sensación me dormí.”- Concluyo la mujer, para bajar a lamer mi pene y yo, aprecié una buena mamada de aquella mujer conocedora de los placeres de la carne.
Perla terminó cobrando la apuesta, unos dos mil pesos, en ese entonces valía y los gasto en ropa que le gustaba.
Con los compañeros se acostó con todos, pero no colectivamente, ya que no se encontró otro lugar disponible para albergar a tanta gente.

EL TACUARA

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