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Una tarde en el chat

Era una aburrida tarde de domingo, estaba sola en casa, en la calle hacía frío, me agobiaba pensar que el día siguiente sería lunes y otra vez vuelta a la rutina, pasé un ratito mirando la tele, pero la misma basura de siempre, me puse a mirar por la ventana y sorpresa!!! Estaba abierto el cybercafé, cogí un poco de dinero y bajé volando. Estaba repleto de gente jugando, humo, ruido y todo eso, el encargado se acercó a mi y me dijo:
– ¿Que deseas?
– Quisiera navegar una horita o más a mis anchas.
– Esta la cosa un poco jodida, ya ves como tengo el local de gente, pero espera, al fondo hay un ordenador vacío no lo utilizamos porque no esta preparado para jugar, pero si dices que solo es para navegar… te lo preparo en un momento.
Le hice un gesto indicándole que si.
Ya estaba sentada en el ordenador, sola y empecé a navegar por los grandes portales y decidí meterme en un chat, uno en el que hablaban de sexo, me pareció curioso. Entre a la sala y estaba toda llena de tíos todos salidos, me acosaban, era super molesto, que si como te llamas, que si donde eres, que si nos podemos conocer, etc etc etc, era una conversación de tontos, nadie escuchaba a nadie, todo el mundo escribía a la vez, decidí salir de ese horrible lugar. Y entre en un chat que pensé que sería más ameno: amistad. Por lo menos allí se podía hablar un poquito más y conoci a Lucas, un chico la mar de simpático, poco a poco, fue captando mi atención, solo le enviaba privados a él, hablamos de lo tipico, trabajo, estudios, experiencias, vivencias, y empezamos a intimar. Me dijo que hacía tiempo que no sentía el calor de una mujer y que se moría de ganas. Nos hechamos a reír.
Pero paré la risa en seco:
– ¿Donde estas? – le pregunté.
– En mi casa.
– ¿Te has masturbado alguna vez con otra chica?
– No, nunca.
– Yo tampoco. Pero hoy estoy un poco juguetona.
Se hizo el siencio, parecía que se había sentido incómodo. Mi respiración se aceleraba a segundos.
– Frota tus pezones con el borde de la mesa – me dijo – imagina que son mis dientes mordisqueandote.
Empecé a frotarme, con el riesgo que corría de ser descubierta, pero eso me excitaba aún más, me estaba mojando por momentos.
– Sácate la polla y empieza a acariciarla – le dije.
– Estoy rodeando la polla con mi mano, acaricio el capullo, esta super suave, te encantaría verla Judith.
– Me encantaría chuparla Lucas. Imagina que tu mano es mi boca, lamiendo cada rincón, lamiéndote desde el perineo, subiendo por los huevos, por debajo del tronco y acabar metiendo la lengua en el agujerito.
Mientras iba diciendo esas palabras, empecé a deslizar mi mano por debajo de la mesa y la pose en el interior del muslo.
– Lucas, me encataría meterme tus huevos en mi boca y chuparlos, imaginate que lo hago.
– Si, Judith.
– Ahora te estoy chupando la polla Lucas, te la chupo con cara de viciosa ¿te gusta?
– Me encanta. Separa un poco tus braguitas y tócate Judith.
La idea de estar en un sitio público me excitaba aún más, y eso hice, apoyé mi pierna donde pude y separé la otra, mientras iba deslizando mis braguitas a un lado. Sentí el airé fresco acariciandome, eso me puso malísima, empecé a acariciarme el clítoris.
– ¿Que haces?
– Me toco el clítoris, me imagino que es tu polla desnuda rozándolo suavemente.
– Uuuuuuhhhmmmm. Metete mi polla.
Deslicé mis dedos hacia dentro, tenía todo el coño mojado, no me costó nada metérmelos, sentí un gran placer, como si me quemara y mis dedos me hubieran refrescado, aliviado.
Empecé a mover mi mano con mis dedos dentro, fui subiendo el ritmo, miraba a todos lados, no quería que me pillaran.
– Me encanta meterte la polla Judith, ¿te gusta como te follo?
– Si, Lucas, si!!
Moví mis dedos con más rapidez, mi respiración se aceleraba, movía mi pelvis casi involuntariamente, si en ese momento hubiera llegado el encargado, me hubiera dado igual, no había marcha atrás, mi boca semiabierta, mis pechos botaban, mi respiración agitada, cuando empecé a arañar la mesa, con fuerza, me estaba corriendo, apreté los dientes, no sé porque pero sabía que Lucas también estaba llegando al orgasmo y eso hizo que la sensación fuera más intensa!! Mi cuerpo se convulsionaba involuntariamente y termino la tormenta, me quedé exhausta, sin respiración.
– ¿Lucas?
– Judith, estoy todo perdido.
– Jajaja, Lucas, se me acaba la hora, apunta mi teléfono: 600 000 000
– Te llamaré Judith.
– Te esperaré.

Judith

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