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Toqueteos con mi novia

Desperté yo primero. Estaba en la habitación de mi novia, sábado por la mañana, ella dormía a mi lado. Mucha luz se filtraba por los resquicios de la persiana rota, que no bajaba del todo, y ambos habíamos dormido en dos camas de 1 plaza, que juntamos para poder dormir untos. Me acerqué a ella y la desperté entre mimos. Debido al trabajo y al estudio, no nos habíamos visto en toda la semana, y aunque la noche anterior ya habíamos follado, yo estaba realmente muy caliente. Mientras se despertaba yo le hablaba, y le contaba algunas cosas que me habían pasado, y que por teléfono no había tenido tiempo de contarle.
Al rato estaba yo desnudo encima de ella, que tenía un hermoso comisoncito azul, pero ella me dijo que no podía follar. Le dolía el coño, pues la tenía sensible por ciertos óvulos que le había dado la ginecóloga, agravada la situación por el polvo de la noche anterior; pero me dijo que igualmente podíamos hacer algo alternativo. Ya estabamos habituados, varios años de noviazgo hacen que, ante la falta de preservativos, por ejemplo, recurriéramos al sexo oral. Pero en esta ocasión los óvulos que ella se ponía hacían de su coño un terreno algo fangoso, por lo que la idea de chupársela no me sedujo. Le bajé los breteles, descubriendo sus tetas muy hinchadas por una próxima indisposición, grandes y hermosas, y se la comencé a chupar. Le pedí que se saque la tanga, y dejó al descubierto su coñito depilada, con tan sólo un mechón de pelitos castaños en su pubis. Puse un dedo sobre su coño, masajeando con suavidad el clítoris, sin dejar de chupar los pezones que ya estaban duros, durísimos. Al cabo de unos minutos, entre gemidos entrecortados —para evitar que su familia nos escuchara— llegó el orgasmo, que se sintió llegar a medida que yo iba presionando cada vez mas firmemente el botón mágico de su coñito.
Después de dejarla descansar unos minutos, me puse sobre ella, poniendo mi polla sobre sus tetas, pajeándome con una mano y tocándoselas con la otra. Ella ponía sus brazos bien pegados al cuerpo, apretando sus tetas como si fueran globos. Luego la hice darse vuelta, y sin dejar de pajearme le metí un dedo en el culo, apenas la primer falange de mi dedo meñique, pero me exitaba muchísimo. esto duró poco , la hice ponerse nuevamente boca arriba, y le acerqué mi polla a los labios para que me la chupara un poquito. Cuando sentí que estaba por acabar, me corrí derramando mi semen sobre sus tetas. A ella le gusta sentir mi leche caliente sobre sus pechos, y a mí me gusta darle el gusto. La limpié con un pañuelo de papel, y me acosté a su lado para descansar un poco y conversar. Un rato después nos fuimos a bañar —por separado, claro, estábamos en casa de su familia— y ya limpitos y frescos bajamos a desayunar en companía de su madre.

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