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Mañana de lluvia

La lluvia fue la culpable. Odio el metro, no me gustan las aglomeraciones, solemos ir al trabajo es bus, dando un paseo hasta la parada… pero la lluvia determinó que tomásemos el metro, lógicamente abarrotado de gente, pues eran las 8:30h de la mañana.

Cogida de la mano de mi novio, nos embutimos en un vagón repleto, … estudiantes la mayoría, gente de todas las edades y condiciones, pegados unos a otros sin respetar las distancias mínimas vitales, por supuesto no había ni un solo asiento libre, pero nos pudimos sujetar a una barra, por lo menos un punto de apoyo!. Mi novio situado a mi derecha me protegía con su presencia, yo así lo sentía… una vez en marcha me miró levantando las cejas… él, como yo, estaba incomodísimo con semejante multitud. Teníamos que aguantar, como el resto de los allí presentes, los olores corporales, el vaho de la ropa húmeda, los constantes roces de brazos, traseros, abdómenes… en fin solo teníamos que esperar las 6 paradas que nos separaban de nuestra salida.

Una mano izquierda me rodeó la cintura, bajó por mi cadera, y con una ligera presión me pellizcó la nalga… miré a mi novio y le guiñe un ojo, él me respondió con una sonrisa. Me extrañaba mucho esa actitud en él, pues no solía hacer esto en público, pero a la misma vez me alegró que lo hiciera, era un juego excitante y me apetecía seguirlo… Le sonreí con complicidad.

La mano recorrió mis nalgas y se deslizó hacia mis muslos, recorriéndolos de arriba abajo, queriendo entrar hacia el interior de ellos. Como llevaba una falda no podía meter su mano, pero la intención estaba allí, y yo me estaba excitando mucho, le miraba sonriendo, él me miraba extrañado, como si no comprendiera lo que le estaba comunicando…

La mano curiosa y atrevida se hizo paso a través de la abertura trasera de mi gabardina, me la había puesto para protegerme de la lluvia. Ya en su interior y con una precisión más palpable, fue recorriendo mis muslos, mi cadera, mi cintura, llegó hasta delante y bajó hasta la pelvis, deteniéndose allí.
La gabardina fue mi cómplice, ocultaba lo que ocurría dentro de ella, entre la mano curiosa, y mi cuerpo, que respondía de una forma especial al tacto provocador de esos cinco dedos…

Le miré de nuevo, aquello empezaba a coger mucha temperatura y la multitud estaba allí, rodeándonos. Estaba muy excitada, pero era consciente de la situación y del lugar, y además estaba muy extrañada por esa actitud nada típica en él.

—Cielo— le dije— ahora no es el momento. No tenemos tiempo…
Él me miró sorprendido, y levantando su brazo izquierdo, miró su reloj. Pero la mano atrevida y curiosa seguía posada en mi cuerpo acariciándome por encima de la falda.
—¿Tiempo de que…?— Respondió.
—Pepep…pero…, ¿tu…, no…?
—¿Qué te pasa…? ¿Te encuentras mal? Estas muy colorada cariño. ¿Te estás mareando?— Me preguntó.

Mientras, la mano, había subido por mi vientre y me recorría los pechos, buscando además, desabrochar un botón de la camisa, para hacerse paso a través de ella, y alcanzar los pechos, dentro del sujetador.
—No nada, nada, no es nada… Le respondí.
Me miró extrañado y afortunadamente desvió la mirada.
Entonces comprendí que la mano me era ajena, no era su mano, pero me había ganado la batalla, porque yo no tenia ni fuerzas ni ganas de detenerla, y me entregué absolutamente, al placer que me daba.

Sentí, además, la caricia de otra mano, de una mano derecha esta vez, que me rodeaba la pelvis y esta vez me apretaba contra su dueño… Primero noté en mi culo la presión de un miembro empalmado… eso me desarmó totalmente, y me abandoné a su antojo. Después noté su vientre y su pecho pegados a mi espalda, mientras las manos tocaban y tocaban cada vez con más intensidad todo mi cuerpo.
La izquierda se entretenía con mis pechos, mientras la derecha había levantado mi falda y rodeando el culo se metía por entre mis piernas como un sobre en un buzón. Calculo que su dedo índice fue el que me rozó más íntimamente. Mi clítoris había alcanzado un tamaño notable, pues lo sentía con el roce de sus dedos…

Me resistía a mirar a mi novio, no podía hacerlo, lo que me ocurría no tenia explicación, y sin embargo no quería que esa mano se detuviera, no quería que llegara la parada que determinaría el fin de aquella locura.
Noté su aliento prudentemente jadeante en mi cuello, y el sonido de su fluir, en mi oído izquierdo, sin duda eso era un juego tremendamente excitante para él y también para mi…
Notaba la flojedad de mis piernas, y mis manos se debatían entre sujetarse a la barra del vagón, o lanzarse en su busca para apretarle aun más contra mí. El calor sofocante que sentía, la humedad en mi sexo, y el aire cálido de su aliento en mi oído, pudieron más que mi voluntad, y mi mano izquierda le atrapó por su pierna izquierda, y le clavó las uñas acercándole más a mí. Entonces noté más próximo el jadeo, incluso creo que su boca me rozó la piel del cuello. Yo estaba como loca de excitación.

No miraba a mi novio, no me atrevía. Las manos curiosas y atrevidas habían desatado en mi, un torbellino de sensaciones, de fantasías, de placer… Mi cuerpo ardía de deseo y lo único que me importaba en ese momento era que me poseyera por completo, que se detuviera el mundo, y que el tiempo, solo existiera para mi enigmático amante, y para mi …

El tren se paró… sabia que habíamos llegado. La mano, esta vez si de mi novio buscó mi mano derecha y la cogió. Me arrastró fuera del vagón a través de la gente, arrancándome de ese paraíso de sensaciones… de esas garras ardientes. Al despegarme del cuerpo de mi enigmático amante, sus manos fueron deslizándose lentamente por mi cuerpo, por mis brazos, como soltando cuidadosamente la presa, mientras en un susurro me decía… adiós preciosa….
La voz cálida… y sensual, fue repiqueteando en mi cerebro mientras llegábamos al andén… Mi novio me miró y me dijo.

—¿Qué te pasa? Estás extraña…

Di unos pasos más de la mano de él, pero me detuve, le arrastré hacia la pared, y detrás de una columna le dije.
—Bésame…!— El no entendía nada, claro… pero me besó… Después le pedí con un hilillo de voz que me hiciera el amor…! El no salía de su asombro…, me miro…y me volvió a besar, esta vez apasionadamente.

Lía

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