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Los vecinos y yo

Una tarde me llamó por teléfono una de mis mejores amigas para avisarme que iba a salir de viaje por tres o cuatro días y quería pedirme el favor de que cuidara su apartamento mientras ella estaba fuera de la ciudad.
como entre ella y yo había mucha confianza, acepté.
Antes de irse y después de entregarme las llaves de su casa y de hacerme las recomendaciones de costumbre, me dijo que tuviera paciencia con los vecinos de al lado porque eran bastante escandalosos y les gustaba mucho el sexo.

En el momento en que estaba por irse, dio la media vuelta y me dijo:

—¿Sabes qué? Como eres mi mejor amiga y no quiero que te aburras estos días te voy a hacer una confesión y un regalo.
La confesión es esta. Desde hace algún tiempo que me hice amante del vouyerismo, y el regalo es este. En la recamara, debajo del cuadro de Frida hay un mirador que da a la recamara de los vecinos, así que puedes verlos cuando quieras. Son una pareja muy particular.

Nos reímos mucho y le agradecí el obsequio, después se fue.

Esa misma tarde me mudé a su departamento, después de darme un baño cociné algo para cenar y me dispuse a ver televisión.
Llevaba ya dos horas viendo tele, cuando comenzaron a escucharse unos gemidos muy fuertes que venían sin duda del apartamento de al lado.
Sin pensarlo mucho me dirigí a la recamara y efectivamente, ahí estaba, una copia muy barata de una pintura de Frida kahlo enmarcada. La levanté del muro y encontré algo parecido a uno de esos ojillos que ponen en las puertas para ver quien toca, pero este era mucho mas pequeño por lo que al otro lado seguramente ni se notaba que estaba ahí. A pesar que era pequeño, el agujero tenia algo así como un lente porque al ver a través de él se tenía una visión completa de la recamara de los vecinos.

Lo que pude ver fue impactánte, para empezar el cuarto no era para nada una habitación convencional. Estaba totalmente equipado para el sexo, en especial para el bondage y la dominación, había cadenas con muñequeras colgando del techo y de las paredes, había dos potros de distinto tamaño, de los barrotes de la cama colgaban toda clase de cuerdas y sobre ella alcanzaban a verse toda clase de objetos de sumisión, esposas, vibradores de todos los tipos y tamaños, mordazas también de distintas clases y para distintos fines, tubos extensibles con grilletes en los extremos para mantener las piernas y brazos abiertos y muchas cuerdas.

Al fondo de la habitación estaban ellos: un hombre moreno, delgado, no era un galán pero tenía algo que provocaba atracción, estaba desnudo, su pene era de tamaño normal, pero a mi me llamó mucho la atención porque me excitan mucho los penes morenos. La mujer era de tez blanca, y si bien no tenía mal cuerpo, tampoco era delgada en exceso, su sexo estaba rasurado y enrojecido como si hubiera sido golpeado. Los gritos tan fuertes que había escuchado antes no eran para menos.
La mujer estaba colgada del techo por las manos juntas, sus piernas estaban abiertas sujetas por uno de esos tubos con grilletes, sus senos, de tamaño normal, estaban anudados al rededor lo que los hacía sobresalir mas aún. En cada pezón tenía una pinza grande, el cabello suelto y una mordaza que le mantenía la boca bien abierta y un consolador incrustado en ella, a pesar de eso, los quejidos eran muy fuertes.
El hombre estaba detrás de ella, le jalaba el cabello fuertemente mientras la azotaba con un látigo en las nalgas y las piernas. Después de un rato, paró de golpearla y le quito la mordaza, le vendó los ojos y salió de la habitación, tardo como media hora en regresar, ella comenzó a llorar del cansancio y a gritarle que regresara y la bajara.
Cuando se cansó de gritar el regresó, sin hacer ruido, ella solo se dio cuenta porque el jalo fuertemente de una de las pinzas en sus senos y ella grito de dolor y su cuerpo comenzó a balancearse, pues sus pies apenas tocaban el suelo.

Yo no podía dejar de ver aquel espectáculo. Me estaba excitando tanto que comenzaba a sentirme mojada entre las piernas.
Después la descolgó, le quitó todos los accesorios del cuerpo, le dio dos bofetadas, ella solo lloraba, pero cuando el le preguntaba si quería que pararan, ella respondía que no.
La dejó tirada en el suelo, ella no tenía fuerzas ni para moverse. Cuando regresó traía varias cosas que dejó sobre una mesa. Acostó a su esclava en la cama y la amarró con las manos juntas sobre la cabeza y las piernas bien abiertas, ella tenía los ojos vendados y temblaba, me imagino que se sentía desvalida , además el la tenía a su completa disposición.
De la mesa, tomó un recipiente con cubos de hielo, y le puso uno en la boca, en cuanto ella lo sintió, comenzó a decir que por favor no, prácticamente estaba suplicando, obviamente ya le había hecho algo antes con hielo, ella le pedía que le quitara la venda de los ojos, pero el la ignoró. La indiferencia de aquel hombre ante el dolor y las suplicas de su esclava me atraía mucho. Seguí observando.
Le llenó la boca con un trapo y le puso una mordaza. Tomó otro cubo de hielo y lo puso entre sus pechos, ella temblaba y se quejaba bajo la mordaza. El le vació hielo picado en el pecho, ella grito y su cuerpo se estremeció. Cuando sus pezones estuvieron bien duros, el comenzó a lamerlos y morderlos muy fuerte.
De repente ella comenzó a retorcerse, y es que el hombre le restregaba un hielo en el clítoris, ella seguía quejándose cada vez mas fuerte cuando de repente él le metió el hielo completo en el coño, ella se movía como desesperada tratando de sacarse el hielo, se quejaba mucho. El puso su mano, en la entrada de la vagina impidiendo que el hielo saliera, no lo sacó hasta que se derritió. Cuando esto pasó, pensé que todo terminaría, pero parecía que ellos jamas descansaban.
Seguí observando, entonces sin desatar las manos de la esclava, él la puso boca abajo y le coloco una varilla para separar las piernas en las rodillas y comenzó a abrirlas, cuando ya no podía abrirse mas, ella se quejaba, pero el no paraba, cuando fue suficiente, él la dejó con las piernas abiertas y trajo un consolador que no parecía muy grueso, pero tenía una textura como de pequeñas púas, se lo metió en el coño y comenzó a moverlo, creo que ella comenzó a excitarse porque trataba de mover las caderas, cuando el se dio cuenta de esto comenzó a inflar el consolador, hasta que tuvo un grosor como de diez centímetros, ella trataba de gritar, el dolor del consolador creciendo en su interior y las púas clavándose en ella, parecía insoportable, el seguía metiendo y sacando el consolador probablemente hasta que se cansó, de reponed lo infló un poco mas y lo jaló bruscamente, ella se quejó aun mas fuerte.
La desató de las piernas y le metió unas almohadas bajo el vientre, su culo quedaba a la disposición de su amo, el fue a la mesa y trajo una especie de palo, como de 20 cm de largo y 2 de ancho, lo embadurnó de algo que parecía crema y se lo comenzó a meter por el culo, ella ya no podía mas, se retorcía pero él no tenía piedad, sacaba y metía el palo de su culo a la vez que la golpeaba en las nalgas, de repente paro de mover el palo, pero no lo sacó, lo dejo metido como a la mitad, apuntó su pene hacia el coño de la mujer y comenzó a follarla fuertisimo, de repente, creo que ella comenzó a tener un orgasmo, cuando el se dio cuenta de esto, metió hasta el fondo de su culo el palo y ella gritó mas que nunca, en ese momento yo me comencé a excitar muchísimo creo que era lo que estaba esperando, verlo follársela, pero no me alejé hasta ver como el derramo todo su semen en la espalda de la mujer, entonces no pude mas y fui a la cama, comencé a desnudarme, me tocaba a mi misma por todas partes, y después de haber visto el espectáculo de mis vecinos se me ocurrieron muchas cosas, fui hasta la cocina y busque algo que me sirviera de consolador, y otras cosas como cuerdas, pinzas, en fin.

Regresé al cuarto y me desnude por completo me ate los pies separados a los barrotes de la cama, me puse las pinzas en los pezones, no me imaginaba cuanto iba a dolerme, pero el dolor me excitó aun mas, como la zanahoria era delgada la envolví en una tela hasta que tuvo como 6 cm de grosor, entonces comencé a metérmela en el coño que ya sentía completamente mojado, lo estuve metiendo hasta que tuve tres orgasmos, mi deseo no paraba, me excitaban los gritos que todavía se oían en la habitación de los vecinos, así seguí como una hora hasta que me cansé. Me desaté y me preparé para dormir, pero no pude, toda la noche estuve deseando ser dominada por ese hombre y mas aún, dominarlo yo.
No tardaría mucho en hacer mis fantasías realidad, en realidad pasaron cosas que ni imaginaba hasta antes de vivirlas.
Pero eso se los contaré en la segunda parte de este relato. Espérenlo.

sexymac.
sexymac@excite.com

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