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Lola

Abrió la puerta sigilosamente, quería ver si estaba todo en orden. Recolocó las rosas que ella misma había cortado y las olió
– Uhmmmm, si….
Desprendían un agradable olor. Al levantar la mirada se encontró a si misma en el espejo. Desde hacia unos meses había un brillo nuevo en sus ojos…una primavera desconocida brotaba en su interior…florecía de dentro hacia fuera y pugnaba por salir aunque fuera en forma de rubores y brillos, imponiéndose con fuerza a una consolidada imagen de rigidez minuciosamente cosechada a base de años. Esa seriedad la privaba de aflorar a su exterior lo que con tanta fuerza nacía por dentro… No era capaz de aceptarlo, no quería reconocerlo, así que reparando en esa frivolidad apartó la vista del espejo. Luego abrió la puerta del baño rehuyendo, esta vez, su reflejo…miró que no faltaran los jaboncillos…colocó las toallas de nuevo asegurándose de que fueran del último pedido. Impecable, todo estaba impecable. Dio un último vistazo y cerró la puerta, satisfecha.
No es que su misión fuera la de inspeccionar las habitaciones, para eso ya tenia a la gobernanta, muy eficiente, por cierto, en este caso el empeño era personal, el deseo de agradar se le imponía como algo indominable y pese a su austeridad, osaba cortar rosas que ella misma retiraría clandestinamente por la noche, cuando ellos abandonan la habitación y cuando todavía oliera a amor y a sexo.
Ese era su momento, su privilegio…su alboroto y su placer. Entraría en la habitación presa de mucha ansiedad, el corazón le latiría con fuerza…Sellaría la puerta tras de si y con los ojos cerrados, respiraría profundamente el aire de aquella habitación…Intentaría, como las otras veces, descomponerlo buscando todos los ingredientes en cada bocanada…Buscaría su perfume….Buscaría en sus átomos el que componía el sudor de él…el del aliento y, muy avergonzada, pero buscando sin poderlo evitar… el olor del sexo…Esa fragancia que más que oler, intuía y, que su imaginación y su deseo, potenciarían desmesuradamente.
Luego cogería las copas, buscaría la marca de carmín y restregaría la púrpura huella en su propios labios…como si por medio de esa reliquia orgánica se pudiera transformar en ella, y así recibir aquellos besos tan ansiados. Luego apuraría la otra copa, la de él, bebiendo lentamente el escaso contenido, transformándose en amante…en deseo…en pasión…Luego la cama. Las sabanas actuaban como recipiente de mil olores….Se tumbaría sobre el lecho, y como si le faltara el aire, absorbería como poseída de algún maleficio, todo el aroma que el sexo había dejado impregnando en sus sabanas. Solían dejar la cama muy revuelta, ella se entretendría en deshacer el embrollo buscando el testimonio innegable el éxtasis…Allí mismo…rebuscaría bajo su estrecha falda negra…y rozaría sus marmoleos muslos hasta apagar el renovado y desconocido alboroto de su sexo…
Gemiría y suspiraría en un lecho donde adivinaba las más bellas escenas de amor. Escenas que ella nunca había protagonizado, pero que tantas noches había imaginado leyendo en su solitaria cama novelas de Corin Tellado. El amor, la pasión…unos cuerpos retozando…caricias de pieles y labios…
Sus experiencias no habían pasado de rápidas y torpes caricias, y un abre-mete-saca… y ronquidos a los dos minutos…Y ahora ni eso…su viudez le pesaba como una losa…y aunque no se consideraba una mujer con una vida marital satisfactoria por lo menos si había tenido oportunidad de dejar volar su imaginación en los simulacros en los que habían consistido sus experiencias.
Ella sabia que el sexo no era eso…que si tanto bombo y platillo se le daba era por alguna razón. Pero ella no lo conocía!. Pasó toda su vida, persiguiéndolo, buscó información en libros y hacían sus delicias las revistas pornográficas que algún cliente, extranjero, olvidara en la habitación al finalizar sus vacaciones. Las cogía y las guardaba como un tesoro bajo las sabanas de hilo, lienzos tan blancos que no armonizaban con aquellas pasiones tan oscuras…Ese era su escondite, entre tallos de lavanda, como para purificar esos obscenos pensamientos que en solitario tanto la excitaban.
Nunca se atrevió a confesar su pecado, ni siquiera a su marido…Siempre lo ocultó pensando, incluso, que tal obsesión obedecía a alguna enfermedad incurable, aunque por otra parte no tenia ninguna intención de curar.
Así los días iban pasando, ella se disfrazaba de seriedad, de austeridad y supervisaba que nada en su establecimiento osara traspasar el decoro que siempre lo había caracterizado.
Así fue también construyendo una imagen de sobriedad. ¡Impensable que Doña Lola tuviera secretos de este tipo…! Nunca nadie lo pudo sospechar.
Pero Doña Lola los ocultaba. Tal vez en recompensa a los desasosiegos de toda una vida el azar trajo a su propia casa un escenario de sexo furtivo, un decorado donde el amor y la pasión se daban cita, para vivir, para pintar… escenas de amor.

Acudían al Hotel aproximadamente una vez al mes. El llamaba por la mañana y reservaba una habitación. Pocas llamadas hicieron falta para que le reconociera al otro lado del teléfono y notara, sin poderlo evitar, como su voz se tornaba amable y coqueta. Después alborotada por la noticia de su visita, se preocupaba en prepararles la habitación preferida, esa buhardilla que recogía por su ventanuco los rayos dorados de la tarde…la más bonita del hotel, y la que ella intentaba mantener desocupada por si se presentaban de improviso.
Solía llegar sobre las 15:30h. Ni que decir tiene que doña Lola le esperaba impaciente, su bolsillo escondía una barra de labios rosa pálido, discreta como ella misma, y se daba un azorado retoque a la espera de él.
Llegaba con su porte elegante, con un maletín, y con su encantadora sonrisa. Con mirada de complicidad solicitaba su reserva… Pedía, las primeras veces, una botella de vino y dos copas. Después no hacía falta, ella misma era quien preguntaba si la iba a querer. Al ofrecerle la 604 le correspondía con la misma mirada. Cruzaban algún comentario precipitado, en el que ella volcaba disimuladamente toda su euforia.
Ella llegaba unos minutos más tarde, era una chica muy discreta, entraba con decisión…sabía donde iba. Nunca preguntaba por él, sus pasos eran firmes y por su forma de andar se diría que no corría por no llamar la atención. Saludaba amablemente con un brillo especial en los ojos y se perdía en el ascensor que la elevaría hasta el cielo mientras ella se quedaba tras el mostrador obsesionada por esa situación.
¡Así fue elaborando una historia para sus amantes al más puro estilo telenovela!. Quiso que su protagonista fuera un hombre casado, pues llevaba alianza. Pudiera ser viajante, o tal vez un hombre de negocios puesto que sus trajes eran impecables y su aspecto mostraba un cierto refinamiento. Su mirada… ¡Dios mío…! que mirada tan viva! y su sonrisa… tremendamente seductora, le ponían en la bandeja de los irresistibles! No le extrañaba en absoluto que ella estuviera tan loquita por él, ¡solo había que verla cuando dejaban la habitación y liquidaban la cuenta…!
No había llegado a ninguna conclusión respecto a ella, por la edad podría estar casada, o separada… o…? No llevaba alianza, ni la huella de ella. Se le ocurrió que podía ser enfermera. Su novela rosa le hizo pensar que se conocieron en un hospital. Allí había surgido el flechazo, no le cabía duda de que estaban enamorados y de que aquello no obedecía a canitas al aire. Sus amantes eran auténticos, de los de derrochar amor en sus encuentros, de los de hacer saltar las pasiones por sentirlas con autenticidad.
Había tomado buena cuenta de sus datos, así supo que había nacido en Palma de Mallorca hacia 46 años y que residía en Barcelona.

El poder de seducción de su protagonista y la propia fantasía de Doña Lola le convirtieron en su objeto de deseo, de sueños y turbaciones. Fue calando poco a poco como un riego por goteo en su sediento cuerpo que se empezó a humedecer con sus visitas germinando una euforia desconocida. Sin duda ella ayudaba en esta labor, puesto que estaba completamente predispuesta después de tantos años de infructuosos desvelos.
Bajó las escaleras esperando ya el momento, esa misma mañana había llamado, así que estaba al llegar…
– Buenas tardes – dijo él al entrar por la puerta.
– Buenas tardes! ¿qué tal?- Respondió esbozando una magnifica y evidente expresión de satisfacción.- Le he preparado la 604 como siempre. ¿Le parece bien?
– Si, si, perfecto. Gracias
– Le hago subir el vino?…- Continuó en ese consentido dialogo de complicidades, tendiéndole la llave que ya conocía. La cogió acariciándola entre sus dedos y le contestó que si.
Ya no eran necesarios formularios, ni firmas y su breve conversación había acabado. Solo le quedaba acompañarle con la mirada hasta el ascensor. Sus manos, aunque entrelazadas bajo su barbilla, le acariciaron desde el pelo a los pies…. De repente se dio la vuelta, se volvió hacia ella como si hubiera sentido esos dedos…Sacó un paquetito de su maletín se lo ofreció
– Vaya, se me olvidaba, le he traído unos bombones!
– Para mi? – Respondió doña Lola ruborizada como no era capaz de recordar!
– Si, para usted, por amable y simpática! – Le contestó ganándose así un trofeo más a su ya desmesurada condición de preferido.
– Bueno…pues gracias…- Es lo único que pudo salir por su boca, amen de una exagerada sonrisa.
Doña Lola se quedó confusa, azorada, y muy, pero que muy excitada. Ordenó que subieran el vino a la habitación y esperó impaciente la llegada de ella.

La vio aparcar su coche en la placita frente al hotel. Entró, como siempre con la ilusión en los ojos y la prisa metida en sus zapatos, directa al ascensor. Doña Lola la miró, la observó con la envidia a flor de piel. A pesar de su soso “Buenas tardes”, sabía que en escasos segundos se iba a convertir en fuego, en deliro. Imaginaba que los brazos de él la esperaban en la buhardilla en la que unas rosas cortadas por ella misma decorarían la escena.
Una idea fugaz se coló en su agitada mente y la atrapó al vuelo. Se censuró a ella misma…pero eran demasiados los deseos que tenía…Pasó por encima de su autocontrol, y obedeciendo a ese impulso, cogió la llave de la 603, libre en ese momento, y subió tras ella. Al pasar por delante de la puerta se paró a escuchar. No oyó nada. Les imaginó en un beso silencioso, con las cabezas ladeadas, compensándose por los muchos días de ausencias…Abrazos, besos, suspiros, no oía nada, pero esa puerta emanaba unas vibraciones que se le metían en el cuerpo sin pedir permiso, sin preguntar….
Sigilosamente entró en la habitación contigua y, muy avergonzada pegó la oreja a la pared. Seguían en silencio. Sonaron besos mas chasqueantes, besos que se dan con alegría, con euforia…besos de chacha que demuestran “CUANTO TE QUIERO”. Besos sonoros de cariño, de “TE ADORO”. Luego unas risas de ella y sonar los cubitos de hielo de la cubitera. Iban a descorchar el vino. El crujir del corcho…servirlo en las copas, “cling” del cristal…y las palabras tibias y profundas de él “POR NUESTRO AMOR” y las de ella ” PARA QUE DURE TODA LA VIDA”. Les imaginó bebiendo lentamente sin peder la mirada de sus ojos.
Seguidamente oyó ruidos de tacones, una puerta de armario, deslizar una cremallera… Parecía como si de repente les hubiera entrado la prisa…más tacones…risas…correr de agua…sonido de cama…de muelles de colchón…de cisterna del inodoro, otra vez agua…dedujo que era el bidé, y pasos…otra vez silencio…un grito de sorpresa y risas de nuevo…y ” NO SABES CUANTO TE HE DESEADO”…”OH…”jadeos, suspiros…”TE QUIERO”…pasos desnudos y un golpe brusco en la pared, en su pared…a unos escasos 10 cm. de su oído, de sus manos, de ella misma!
Se paralizó, temió moverse para no alertarles de su presencia. Se quedó muy quieta. Oyó besos, esta vez acaban con largos y hondos suspiros… Su piel empezó a sudar. Sin darse cuenta tenía el cuerpo tenso y agarrotado, las manos crispadas, aferradas a la pared. Escuchó una serie de gemidos que la volvieron loca de excitación…un murmullo jadeante salía de la garganta de su hombre. Les imaginó desnudos: ella de espaldas a la pared, y el frente a ella, acariciándola desesperantemente por todo el cuerpo, buscando entre besos y succiones, sus pechos…amasados, apretados, lamidos, devorados… Sintió como se humedecía y como un calor insoportable le invadía la pelvis….Diossss … … ¡Como la envidiaba!. Ella profirió un gemido más gutural… más profundo… entendió que la había penetrado.
Violentamente se quitó el pendiente que se le estaba clavando en el lóbulo de la oreja y se aplastó a la pared como si quisiera fundirse en ella. Ahora no sonaban más golpes, solo un rítmico gemir entre palabras de pasión…y besos…y más gemidos… y más, y más.
Estaban haciendo el amor a 10 cm. de una doña Lola desesperada, involucrada en esa pasión de forma que no podían imaginar. Apostados apasionadamente los tres, en la misma pared que les separaba. Podía notar en su cuerpo las vibraciones del sexo. Los jadeos se le metían en el alma… palpaba los abrazos como propios. Su mano apretó su húmeda entrepierna y sus dedos hurgaron en su madura vagina, olvidada de esos fuegos desde hacia muchos años. Se acompasó a ellos, y sintió como si fuera penetrada por alguno de aquellos penes tan impresionantes que viera en aquellas revistas y que su memoria se empeñó en atesorar durante tantos años. Gozó como nunca lo había hecho, y manoseó aquella pared, y la besó y la lamió, mientras oía el tap-tap de los cuerpos golpeando en ella. Los gritos de placer de sus amantes se confundían con el agitado fluir de su respiración. No podía parar, se encontraba presa en esa pared, adherida a ella como un clavo en un imán. Escucho un desesperante gemido gutural y un intenso suspiro y entendió que habían explotado en la ultima maravillosa acometida…Doña Lola se fue tranquilizando oyendo como se alejaban sus voces temblorosas.
Se separó de la pared como pudo. La habitación estaba a media luz, suficiente como para ocultarse de ella misma, de su osadía y de su censurable conducta…si alguna vez había ocultado un secreto, este se convertía en el más obsceno a su juicio.
Dudó, no obstante, en escuchar un poco más, pero la recepción estaba sola y debía atender su negocio.
Así que bajó sigilosamente…no había movimiento, probablemente nadie notó su ausencia. Pero ella seguía en un estado de tremenda excitación, sus instintos habían sufrido una fuerte impresión y era imposible concentrarse en nada más. Solo deseaba verles bajar para revivir ese episodio. Esta vez les observaría bien, les sentía cómplices de su secreto.

Bajaron cogidos de la mano presos en almibaradas sonrisas. Solicitaron la cuenta como siempre.
Les miró a ambos, con rubor en las mejillas y con los ojos chispeantes…Se sentía azorada pero decidida, era como si haber compartido ese momento con ellos, le otorgara una confianza desacostumbrada. Aun así procuró no equivocarse en la secuencia de teclas que harían salir la factura por la impresora que recientemente le habían instalado, y que no dominaba demasiado bien.
– Hemos visto que tiene un comedor muy acogedor. ¿Es restaurante también? – Preguntó esta vez ella para su sorpresa.
– Si, es restaurante, me alegra que le guste – Contestó complacida.
– Se lo preguntaba por que nos ha gustado mucho y hemos pensado en celebrar una comida como para 20 personas- Siguió- El próximo mes es nuestro 25 aniversario de boda.
¿CASADOS??????… Notó como un jarrón de agua fría se le vaciaba sobre su cabeza, y como sin poderlo evitar su boca exclamaba – ¿ESTÁN CASADOS???!!! –
Ellos se miraron y estallaron en una carcajada. Doña Lola rió también de puros nervios a pesar de que su fantasiosa ilusión, ese alboroto que había atesorado en silencio durante unos meses, se acababa de hacer añicos.
Lia

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