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Incomunicada

Una fuerte inquietud se apoderó de mi al darme cuenta que además de sola estaba incomunicada pues mi teléfono no funcionaba. Me estiré en la cama sintiendo que esa soledad, que tanto aprecio por ser la dueña de mis confidencias, se me hacía ahora amenazante.

Yo sin teléfono soy persona no solo mutilada, sino que soy una persona sin personalidad, no soy persona. Sin teléfono no existo.

La mayoría de las cosas desagradables que me han pasado en mi vida, sucedieron antes que tuviera teléfono. Desde que lo tengo mi personalidad se ha desarrollado, ha crecido, soy mas inteligente, mas buena, mas sociable, mas amorosa, mas mentirosa y mas ardiente.

De manera que sola si, pero sin teléfono ¡No!

Bajo esta consigna político intimista me duché me arreglé y me apersoné en la casa de la vecina para reclamar, vía telefónica, la reposición del servicio.

Esta tarde sin falta… fue la novedosa respuesta metálica de la inútil que me contestó.

Esta tarde ¿cuál tarde?. ¿La del comienzo, la del medio, o la del final? – Era la del comienzo, cuando el hombre apareció por la casa.

Con bastante trabajo logré incorporarme desde mi hamaca y con una sonrisa de agradecimiento lo recibí. ¿El teléfono? que bueno… por fin, pase usted. Casi sin mirarlo lo encaminé al lugar donde estaba el aparato.

El hombre, sin saludar siquiera, entró. En esta casa hay una extensión, murmuró, como detectando en el aire en que lugar estaba. Sí. le contesté, en mi pieza… está al final del pasillo… Trabaje usted tranquilo y avíseme cuando termine.

Con una revista en la mano volví hasta la terraza desde donde podría observarlo trabajar.

Súbitamente como para cerciorarme que el tipo iniciaba el trabajo volví la cabeza para mirarle. Me di cuenta que con una herramienta en la mano el había seguido mi trayectoria y supe también por qué.

Yo vestía esos pantaloncitos cortos que únicamente me atrevía a lucir en mi intimidad porque las dimensiones que daban a mi culo eran impresionantes y recordé haberme mirado al espejo de espaldas y hasta me dió un poco de risa la evocación planetaria de mi aspecto posterior. He ahí lo que el tipo miraba. Sentí una mezcla de vergüenza y halago total, si el hombre miraba sería porque lo que veía no le era desagradable. Nadie mira las cosas desagradables.

Desde mi hamaca podía ver como el tipo trabajaba, con calma, pero con seguridad. A veces levantaba las manos y movía los dedos como si fuera a tocar la guitarra. No entendía ese movimiento. Luego seguía estirando un cable con los dedos, como si lo quisiera hacer crecer, casi con ternura. Me di cuenta que el tenía bonitas manos, no eran manos de obrero, podría haber dicho que eran manos de pianista. Así se ven a veces en los primeros planos del cine, dedos largos y flexibles.

De pronto me cercioré que ya no leía y que solamente me cubría parcialmente la cara con la revista y que hacía rato que lo observaba.

Era joven, de estatura mediana con unos pantalones deportivos nuevos y una camisa abierta. No llevaba nada colgando del cuello, se lo habría visto, lucía el cabello bien cortado.

En un momento quedó de espaldas a mi y luego de costado, el pantalón muy ceñido denotaba claramente unos glúteos poderosos. Siempre le he mirado los glúteos a los hombres y cuando son hermosos me excito. En este momento me doy cuenta que hace minutos que lo estoy mirando estética y analíticamente y que mi cuerpo, como de costumbre, ha respondido antes que mi mente.

No es la primera vez que me caliento mirando un hombre, pero nunca lo había hecho con tanta calma, en mi propia casa y en compañía de esta soledad que es la culpable de todo.

Cambio de posición en la hamaca y al mover las piernas siento que realmente estoy excitada, me pongo de lado y comienzo a recorrerlo ahora con toda intención, claro que lo encuentro deseable, definitivamente deseable, me imagino apretándolo mas que siendo apretada por él. Junto la piernas y deseo sentir duras las suyas entre las mías y mejor me incorporo porque este juego personal podría resultarme torturante.

Bajo de mi hamaca y entro en la casa.

Debo estar roja porque él me mira como sorprendido. Media asomada por la puerta le hablo, no quiero que me vea entera siempre he pensado que la calentura a mi se me nota en el cuerpo mas que en la cara. Con la cara miento permanentemente, con el cuerpo no puedo, él como que se gobierna solo. ¿Y como va la cosa, tiene arreglo?

Sí… sí, ya está… ahora voy a ver si funciona la extensión. Camina por el pasillo. Estoy a punto de impedírselo porque en mi pieza tengo un desorden total. Está sembrado de mi ropa íntima, pero ya es inevitable. Mientras avanza lo vuelvo a mirar. Es tonto no admitir que lo encuentro cada vez mas hermoso, pero ahora es mi cabeza la que actúa, porque mi cuerpo ya había llegado a esa misma conclusión.

Tengo que refrescarme, esto ya no es muy normal. Me preparo un trago con mucho hielo, comienzo a beberlo, tengo calor en el rostro… voy al baño me miro, estoy ardiendo y sé perfectamente la causa. La causa está ahora en mi cuarto, en silencio y eso es lo peor, no ha dicho sino unas palabras desde la hora que está en mi casa y no tiene idea de lo que a mi me ha pasado, me pasa, me sigue pasando.

Oigo su voz… — Ya está, señora.

Siento que guarda unas herramientas en su bolso. Se va a marchar. En cinco, cuatro, tres, dos, un minuto se va a cerrar la puerta y se va a marchar para siempre. No va a volver. Estoy loca… algo tengo que hacer. Puedo desmayarme, puedo llorar, puedo inventar algo. No, nada… Puedo lanzarme sobre su cuello y comérmelo a besos, eso es lo que mi cuerpo quiere hacer, pero…

Camina hacia mi por el pasillo, con su bolso en la mano y yo estoy frente a él como una imbécil en ebullición. Me mira… me muero, me va a decir algo, me va a decir que se va. ¿Sabe? usted… me dice turbado ¿Podría pedirle un favor? Me comienzo a morir.

Diga, usted. Estoy paralizada y muda (dí por favor lo que quieras, quieres besarme, quieres tenerme, quieres penetrarme, quieres violarme, quieres que te coma… todo …todo lo que tu quieras).

Sabe.. hace demasiado calor… si usted fuera tan amable que me permitiera darme una ducha…

Me mató… siento que comienzo a correrme, siento que me voy a caer, me afirmo en el brazo del sofá.

Sí, si… por supuesto, claro que si.. ahí esta el cuarto de baño, le indico la dirección de mi cuarto que él ya conoce y él avanza, entra y cierra la puerta.

Yo me tiendo en el sofá para agonizar.

Lo odio, deseo matarlo.

Mirarlo y calentarme, bien, imaginar cosas, muy bien, disfrutar mirándolo, una cosa divertida y bien. Derretirse por él como una ilusión imposible, de pronto tan real, bien…

Pero… tenerlo a tres metros, en mi ducha, completamente desnudo, chorreando de agua seguramente jabonándose ese miembro maravilloso que yo le imagino, que estoy segura que tiene. No… por favor. Nooo…. Eres cruel, eres malo eres un bandido, sabes que te amo, que te comencé a amar desde que entraste por esa puerta. No desde antes te amo desde que se echo a perder el teléfono… No, te miento, te amaba desde antes, desde que me instalaron el teléfono, aun antes cuando se concibió la idea del teléfono yo ya te estaba amando. Y ahora me desprecias y te vas a duchar solo, mientras me muero por ti aquí echada boca abajo sobre este sofá mordiéndolo para no gritar lo que te deseo, apretando las piernas para que mi orgasmo no se desparrame por toda la casa.

No, eso no, mi amor déjame jabonarte así por la espalda, mírame tócame como estoy así pásamelo por el culo, deja darme vuelta te lo siento fabuloso como lo imaginé déjame tomártelo mientras el agua te empapa junto a mi, así me lo imaginé como te lo tengo. Déjame tirártelo como tu lo hacías con el cable… lo hacías porque querías, mi amor, que yo te masturbara de esa manera con ese ritmo con esa ternura… y yo capté tu mensaje, porque soy la más ardiente que nunca tuviste, la mas erótica, la mas amorosamente puta para ti. Déjame sentírtelo reventando mi mano… así quise masturbarte como lo hago para liberar tu cabeza que estaba esperando esta liberación desde que entraste por la puerta.

Así. Mi amor, pásamelo por la cara eso me excita más… así… más …golpéame con él en un tormento maravilloso. ¿Te gusto mi amor? ¿No pensaste en hacerme tuya desde que me viste? Dámelo, dámelo, eso es, dame vuelta, déjame agacharme ahora… así ahí la tienes, entra en mi definitivamente. Lléname como nunca nadie me llenó, como tu nunca llenaste a nadie, aquí solos porque la soledad nos juntó ella tiene la bendita culpa de todo. Trae todas tus desilusiones y conviértelas en gloria dentro de mi porque estaba esperando recibirte y sentirte con la violencia que te siento, empújame con esos muslos duros que adiviné durante atormentadores minutos. Empújame, párteme y reviéntame las tetas con tus manos mientras empujas así como empujas como solo tu sabes empujar, como nunca nadie me empujo, te lo siento crecer tu crecimiento me abre hasta el infinito y me llena al mismo tiempo.

Ahora dámelo, déjame besártelo, así… aquí es donde debes dejarme tus jugos aquí en mi boca que no puede hablar… lléname hasta el infinito quiero tragármelo todo y quedarme solo con tu aroma, que toda tu producción se adentre para siempre en mi y no me abandone nunca.

Hazme correrme así, por tercera… por cuarta vez ya no sé… me dá lo mismo. Nunca amé a nadie como a ti.

Me voy, mi amor… me voy … nunca me había ido así.

Me voy, señora. Me voy… Oigo su voz.

Me incorporo rápidamente en el sofá… Instintivamente cierro las piernas siento todo mi centro y mis muslos como una gran zona gelatinosa abrazada por mis secreciones.

Lo miro, está de pie frente a la puerta.

Camino casi desfalleciendo. La abro… ya no lo miro.

El sí me mira… para decirme:

Muchas gracias, señora. Es usted muy amable. Y se va. Y yo me quedo con la soledad, y él se va… y yo me sigo corriendo mientras desaparece entonces suena el telefono y me doy cuenta que ya no estoy incomunicada.

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